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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Estado y violencia en el medio rural de México y Brasil]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[There are two aims to this article: to show that up to now repression is a constant but not inherent characteristic to the forms of government prevailing in Mexico and Brazil, and prove that the current motives for violence in both countries are more related to the privileges and interests of the dominant classes than to the formal differences or the type of colonization each of these countries experienced. To achieve these aims the author makes a superficial review of the more constant and general motives for which both countries have resorted to violence in recent decades. The outline, with no historical pretension, includes the most frequent and recent trends for which both States have used violence in the rural sphere.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Esquinas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Estado y violencia en el medio rural de M&eacute;xico y Brasil<a href="#notas">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jes&uacute;s Ruvalcaba Mercado</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>CIESAS.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ruvalca@sni.conacyt.mx">ruvalca@sni.conacyt.mx</a></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los objetivos de estas l&iacute;neas son dos: mostrar que hasta hoy la represi&oacute;n es una caracter&iacute;stica constante pero no inherente a las formas de gobierno que imperan en M&eacute;xico y Brasil y probar que los motivos actuales de la violencia en los dos pa&iacute;ses tienen que ver m&aacute;s con los privilegios e intereses de las clases dominantes que con las diferencias formales o el tipo de colonizaci&oacute;n por el que atraves&oacute; cada uno de estos pa&iacute;ses. Para lograr estos objetivos, el autor revisa a grandes rasgos los motivos m&aacute;s constantes y generales por los que se ha recurrido a la represi&oacute;n en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas en uno y otro lugar. El esbozo, sin pretensi&oacute;n de historia, comprende las tendencias m&aacute;s frecuentes y recientes por las que ambos Estados han usado de la violencia en el medio rural.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">There are two aims to this article: to show that up to now repression is a constant but not inherent characteristic to the forms of government prevailing in Mexico and Brazil, and prove that the current motives for violence in both countries are more related to the privileges and interests of the dominant classes than to the formal differences or the type of colonization each of these countries experienced. To achieve these aims the author makes a superficial review of the more constant and general motives for which both countries have resorted to violence in recent decades. The outline, with no historical pretension, includes the most frequent and recent trends for which both States have used violence in the rural sphere.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONSIDERACIONES INICIALES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&eacute;xico y Brasil son pa&iacute;ses con cierto liderazgo en el &aacute;mbito latinoamericano. Esta influencia se debe a su capacidad industrial, a la infraestructura y los servicios instalados, a la riqueza de sus recursos naturales, a su extensi&oacute;n geogr&aacute;fica y al tama&ntilde;o de su poblaci&oacute;n. M&eacute;xico se encuentra entre los 15 pa&iacute;ses m&aacute;s extensos y entre los 12 m&aacute;s poblados del mundo (Warman, 2003: 111), mientras que Brasil se ubica entre los cinco m&aacute;s grandes y m&aacute;s poblados del orbe y como el m&aacute;s poblado y m&aacute;s extenso de Latinoam&eacute;rica. Para la propiedad rural el tama&ntilde;o del pa&iacute;s tiene repercusiones inmediatas pues mientras en Brasil el minifundio se define como la propiedad menor a 20 hect&aacute;reas, en M&eacute;xico es el menor de cinco hect&aacute;reas, que entre los campesinos es, cada vez m&aacute;s, tan s&oacute;lo una aspiraci&oacute;n. Al mismo tiempo las dos naciones son las m&aacute;s endeudadas de Am&eacute;rica Latina y la desigualdad en ellas existente entre la c&uacute;spide y la base de la pir&aacute;mide social se cuenta entre las mayores del planeta, adem&aacute;s de que crece d&iacute;a con d&iacute;a. Actualmente, en cada uno de estos pa&iacute;ses viven m&aacute;s de 53 millones de personas en la pobreza; para dar una idea de la desigualdad imperante, baste decir que ambas naciones cuentan con algunos de los hombres m&aacute;s ricos del continente mientras la mayor parte de la poblaci&oacute;n sobrevive con menos de dos d&oacute;lares al d&iacute;a. Unas cuantas familias que conforman la oligarqu&iacute;a regional y nacional controlan y disfrutan la riqueza que se produce socialmente. Esta situaci&oacute;n se agrava y adquiere tonos dram&aacute;ticos en el campo, donde existen terratenientes, latifundistas, <i>fazendeiros</i> y caciques que ejercen un f&eacute;rreo control pol&iacute;tico y social sobre la poblaci&oacute;n campesina e ind&iacute;gena con la anuencia de los gobernantes y el apoyo log&iacute;stico del Estado. A cambio, ellos apoyan al gobierno en turno, frenan las demandas campesinas, extraen excedente y llevan a cabo el despojo agrario y la expoliaci&oacute;n de los recursos.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a9f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los dos pa&iacute;ses, la proporci&oacute;n entre la poblaci&oacute;n rural y la urbana cambi&oacute; a partir de la segunda mitad del siglo XX y sus sistemas pol&iacute;ticos pasaron por nuevas etapas consideradas m&aacute;s democr&aacute;ticas con respecto a los reg&iacute;menes del pasado. En las elecciones presidenciales mexicanas del a&ntilde;o 2000, luego de 75 a&ntilde;os de monopolio pol&iacute;tico de un solo partido (el Partido Revolucionario Institucional, PRI) triunf&oacute; un partido de oposici&oacute;n (Partido Acci&oacute;n Nacional, PAN), mientras que en Brasil, en el a&ntilde;o 2001 lleg&oacute; a la presidencia el Partido del Trabajo (PT), luego de un periodo de transici&oacute;n y varios gobiernos militares. No obstante, la desigualdad econ&oacute;mica y la injusticia social &#151;que se traducen en la opulencia de unos cuantos y la miseria de la inmensa mayor&iacute;a&#151; siguen siendo parte de sus grandes problemas nacionales, tanto entre la poblaci&oacute;n rural como entre las clases sociales mayoritarias que habitan las ciudades. En &eacute;stas se concentran la industria, la principal actividad econ&oacute;mica y el poder pol&iacute;tico, condiciones que las convierten en polos de atracci&oacute;n para la migraci&oacute;n desde el campo.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL PROBLEMA DE LA VIOLENCIA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia, esa lacra social, no se explica si se analiza aislada pues forma parte de un problema mayor y m&aacute;s complejo. La violencia desempe&ntilde;a un papel fundamental como mecanismo para mantener el orden social favorable a las clases dominantes y s&oacute;lo se entiende cuando se ubica dentro de un marco mayor que incluye: 1) <i>la explotaci&oacute;n econ&oacute;mica</i> de las clases trabajadoras y <i>la expoliaci&oacute;n de los recursos naturales,</i> mismas que se conforman como un proceso hist&oacute;rico y global; 2) <i>la opresi&oacute;n social</i> que tambi&eacute;n comprende la discriminaci&oacute;n, el racismo y la descalificaci&oacute;n de las expresiones culturales de los dominados y 3) <i>la represi&oacute;n en contra de los dominados</i> (en general campesinos, ind&iacute;genas, obreros, menores, colonos y mujeres) cuando protestan por la explotaci&oacute;n de que son objeto o por el respeto a sus derechos individuales y colectivos. Los tres factores son parte pero cada uno comprende diferentes esferas del problema; en la pr&aacute;ctica no se echa mano de ellos de manera indiscriminada. El proceso es uno pero sus etapas y circunstancias son diferentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) <i>La explotaci&oacute;n</i> tanto de los recursos naturales como de la mano de obra es una relaci&oacute;n econ&oacute;mica; en ella se basa la acumulaci&oacute;n y el despilfarro de la riqueza por las clases gobernantes, es el pilar principal de la desigualdad social. Asimismo, es el aspecto m&aacute;s amplio del problema te&oacute;rico. En la vida cotidiana se ejerce a trav&eacute;s de mecanismos que se consideran legales o parte de los usos y costumbres. Es decir, la explotaci&oacute;n constituye la trama social y a la vez proporciona la estrategia operativa de la interacci&oacute;n entre las clases dominantes y dominadas. La discriminaci&oacute;n, el racismo y la descalificaci&oacute;n cultural, por separado o todos juntos, son los factores estructurales que aportan &#151;y refuerzan&#151; la justificaci&oacute;n ideol&oacute;gica para explotar a los ind&iacute;genas y campesinos. Por su parte, la violencia se utiliza para sustentar, reforzar y mantener la explotaci&oacute;n cuando los mecanismos econ&oacute;micos e ideol&oacute;gicos son insuficientes o han agotado su eficacia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La explotaci&oacute;n econ&oacute;mica en M&eacute;xico y Brasil comprende varios mecanismos.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Los tres m&aacute;s comunes son: a) la cotizaci&oacute;n de los productos y el trabajo de campesinos e ind&iacute;genas por debajo de su costo social, b) el sobreprecio de los productos y servicios del sector industrial, y c) la apropiaci&oacute;n no remunerada de los recursos naturales ajenos. Juntos propician la transferencia de excedente econ&oacute;mico que capitalizan para su beneficio las clases dominantes regionales y nacionales.</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) Pagar los productos campesinos o ind&iacute;genas por debajo de su valor real se hace posible para los compradores porque los precios se fijan en el &aacute;mbito nacional y porque regionalmente se aprovecha el car&aacute;cter estacional de la producci&oacute;n de los alimentos b&aacute;sicos y el nivel de pobreza en que viven los ind&iacute;genas y campesinos en ambos pa&iacute;ses. En general, las artesan&iacute;as y mercanc&iacute;as que venden ind&iacute;genas y campesinos se abaratan cuando escasean los alimentos b&aacute;sicos, al mismo tiempo que se especula con lo necesario para su alimentaci&oacute;n. Y cuando las cosechas abundan, los alimentos b&aacute;sicos producidos por los campesinos e ind&iacute;genas se abaratan y se acaparan para encarecerlos otra vez cuando comienzan a escasear. Estas pr&aacute;cticas se ejercen de manera legal pero injusta a trav&eacute;s del sistema mercantil (acaparamiento comercial, salario m&iacute;nimo, precios bajos a los productos campesinos). En M&eacute;xico todav&iacute;a se pueden encontrar otras pr&aacute;cticas como el rescate o las atajadoras, que son acciones muy cercanas al despojo mismo.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Por lo dem&aacute;s, en ambos pa&iacute;ses existen todav&iacute;a haciendas y plantaciones en las que se mantiene a la mano de obra en condiciones de semiesclavitud o como peones acasillados.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) El segundo mecanismo por el cual se extrae valor a los productores primarios es el de venderles o cobrarles las mercanc&iacute;as producidas por los pa&iacute;ses industrializados o por el sector industrial nacional entre dos y diez veces m&aacute;s que su precio corriente en los centros urbanos en los que se fabrican. Este sobreprecio es diferente a la tasa de ganancia que lleva en s&iacute; cada mercanc&iacute;a y a los gastos de transporte que tambi&eacute;n se cargan al bolsillo del consumidor. El caso extremo se da en la atenci&oacute;n m&eacute;dica donde los servicios se pueden pagar multiplicados por diez. Los caminos por los que llegan las mercanc&iacute;as industriales tambi&eacute;n son variados; comprenden desde el comercio establecido y los circuitos semanales o tianguis en M&eacute;xico, hasta pr&aacute;cticas de endeudamiento a plazos, el bombardeo propagand&iacute;stico y la entrega a domicilio de los productos, as&iacute; est&eacute;n las casas de los consumidores fuera de comunicaci&oacute;n automotor.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">c) La tercera pr&aacute;ctica com&uacute;n es la de pagar salarios a menos de su costo real e incluso por debajo de los salarios m&iacute;nimos oficiales hasta en la mitad. A la vez, maderas finas, petr&oacute;leo, minerales, agua y otros recursos naturales que existen en las tierras de grupos ind&iacute;genas y campesinos se expropian o se explotan sin reportarles beneficio alguno. <i>Fazendeiros,</i> caciques y latifundistas se valen de diversas argucias para no pagar a sus trabajadores o para expoliar los recursos; a veces, se les obliga a asistir por coerci&oacute;n y se les paga con aguardiente; a los ni&ntilde;os, mujeres y ancianos se les paga por mitad. Tambi&eacute;n se apropian de los recursos por la fuerza o bajo pretextos legales como el llamado "beneficio de la naci&oacute;n". Hasta hace poco (y no dudo que todav&iacute;a en algunas partes de la Huasteca) en M&eacute;xico era com&uacute;n la extorsi&oacute;n, el cohecho o la amenaza contra las autoridades ind&iacute;genas para que a su vez presionaran u obligaran a la comunidad a que el trabajo comunitario semanal, <i>tequio,</i> se hiciera en tierras de los latifundistas. Adem&aacute;s, monopolizan el comercio de productos necesarios para la vida religiosa y el sistema de creencias de las comunidades, tan caras a los pueblos ind&iacute;genas.</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tres anteriores son las pr&aacute;cticas econ&oacute;micas m&aacute;s comunes que conforman el cambio desigual entre la oligarqu&iacute;a regional y los productores rurales. Todas son consideradas normales y tienen un sustento legal. Este hecho impide que las agrupaciones de los productores primarios tengan &eacute;xito en su desmantelamiento. Pero dado que los campesinos diagnostican con toda claridad por d&oacute;nde se fuga la riqueza que generan, ha habido intentos en ambos pa&iacute;ses para romper esos c&iacute;rculos viciosos a trav&eacute;s de cooperativas tanto de producci&oacute;n como de consumo con diversos grados de eficacia. Los resultados de tales intentos para Brasil se pueden consultar en R. Cardoso (1987), Pereira (2003), Perz (2000), Veltmeyer y Petras (2002). Baste aqu&iacute; decir que cuando las organizaciones campesinas tienen &eacute;xito y logran enjuiciar al sistema de poder establecido, los argumentos que se esgrimen para reprimirlas parecen haber sido sacados del mismo manual: las acusan de acopio de armas y de preparar y mantener campos de entrenamiento para la guerrilla (Sallinger&#45;McBride y Roberts, 1998, en el caso de Brasil y numerosos testimonios reportados en la prensa nacional para el caso de M&eacute;xico. Por ejemplo, <i>La Jorna</i>da, 2 de septiembre de 1994; <i>La Jornada,</i> 13 de diciembre de 1995 y <i>Cr&oacute;nica,</i> 18 de julio de 1996).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a9f2.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">2) <i>La opresi&oacute;n</i> es una relaci&oacute;n sociocultural que se funda en la discriminaci&oacute;n y en la descalificaci&oacute;n del idioma, la religi&oacute;n, las costumbres, las creencias del grupo dominado, en suma, se trata de fortalecer o justificar el despojo de los recursos naturales y el control pol&iacute;tico del grupo que los posee. Si la dominaci&oacute;n pol&iacute;tica requiere de una base econ&oacute;mica, los componentes de la opresi&oacute;n tienden hacia la justificaci&oacute;n de la explotaci&oacute;n. Para quienes asumen esta posici&oacute;n, el ind&iacute;gena carece de historia, su cultura es arcaica o primitiva, su lengua no se puede escribir, su agricultura es atrasada y depredadora, su religi&oacute;n es propia de paganos e id&oacute;latras, su l&oacute;gica de producci&oacute;n y mercadeo es ca&oacute;tica y primitiva, son tontos o flojos y, por consiguiente, no son sujetos de su propio destino. Es decir, requieren de un tutor. Y &iquest;qui&eacute;n mejor para asumir ese papel que los herederos del mundo del conquistador, del encomendero colonial, del plantador liberal o del hacendado conservador, del empresario neoliberal, poseedores de la cultura occidental, que se constituyen al mismo tiempo en los usurpadores de la historia ind&iacute;gena? De all&iacute; que en ambos pa&iacute;ses se haya trabajado tanto para incorporar a los indios al sistema para que dejen de ser ind&iacute;genas pero no marginados.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a9f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico y Brasil los artificios m&aacute;s importantes por los que funciona la opresi&oacute;n sociocultural y el dominio pol&iacute;tico, que sirven de refuerzo a la explotaci&oacute;n econ&oacute;mica son cuatro:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a) La marginaci&oacute;n social. Los 21 jefes de Estado de los pa&iacute;ses iberoamericanos se han reunido en varias ocasiones con el fin de buscar soluciones conjuntas a los problemas por los que atraviesa Am&eacute;rica Latina. En las declaraciones que firmaron y avalaron todos ellos en 1991, en la primera Cumbre Latinoamericana, entre una veintena de puntos, en el n&uacute;mero 8 de la primera reuni&oacute;n reconocieron: "...la inmensa contribuci&oacute;n de los pueblos ind&iacute;genas al desarrollo y pluralidad de nuestras sociedades y... &#91;reiteraron el&#93; compromiso con su bienestar econ&oacute;mico y social, as&iacute; como la obligaci&oacute;n de respetar sus derechos y su identidad cultural" (<i>La Jornada,</i> 21 de julio de 1991).</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trece a&ntilde;os despu&eacute;s, estos prop&oacute;sitos no pasan de ser meros enunciados pues los acontecimientos diarios desmienten cualquier afirmaci&oacute;n en contrario. A pesar del reconocimiento oficial de su existencia, en M&eacute;xico y Brasil, firmantes por supuesto de esa carta, a los pueblos ind&iacute;genas como grupos con una cultura propia se les excluye de la toma de decisiones, se les margina de los beneficios de educaci&oacute;n y salud, se les afecta en sus derechos b&aacute;sicos. Es decir, se les ignora como ciudadanos de sus propias tierras sobre las que tienen derechos ancestrales. Del relativo proteccionismo paternalista en que los mantuvo el r&eacute;gimen colonial pasaron a la categor&iacute;a civil de marginados del reparto social de la riqueza nacional que les impusieron sucesivamente los gobiernos independentistas, militares, neoliberales y ahora los "gobiernos del cambio". En las regiones ind&iacute;genas, la marginaci&oacute;n adquiere visos de genocidio, palabra fuerte pero no alejada de la verdad cuando se revisan los &iacute;ndices de mortalidad infantil, los grados de desnutrici&oacute;n, el desarrollo f&iacute;sico y las enfermedades m&aacute;s comunes por los que se muere all&iacute;. El hecho de que el c&oacute;lera, la tuberculosis y otras enfermedades que se cre&iacute;an erradicadas desde el siglo pasado fustiguen con mayor virulencia a los pueblos indios y mestizos descendientes de ellos en todos los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica en los que se presentan como epidemia es el testimonio m&aacute;s contundente al respecto.</font></p> </blockquote>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a9f4.jpg"></font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">b) La discriminaci&oacute;n y el racismo en contra de los grupos ind&iacute;genas se consideran como algo normal y son parte de la vida cotidiana. Adem&aacute;s de <i>atrasados, extra&ntilde;os</i> o <i>salvajes</i> se les cataloga como <i>flojos, sucios, indolentes</i> y <i>borrachos.</i> En las regiones indias, dentro del n&uacute;cleo familiar, el estereotipo se les inculca con tal fuerza a los ni&ntilde;os mestizos que cuando son adolescentes hacen objeto de burla a los ind&iacute;genas y piensan que son sus sirvientes naturales. Los m&uacute;ltiples cr&iacute;menes en su contra no se consideran homicidios y no causan mayor conflicto de conciencia que matar a un ser irracional. Otras formas de discriminaci&oacute;n incluyen la descalificaci&oacute;n acr&iacute;tica y etnoc&eacute;ntrica del conocimiento y de los rasgos culturales que dan identidad a los grupos ind&iacute;genas. Para los mestizos de las zonas indias s&oacute;lo existen <i>los de raz&oacute;n,</i> que por supuesto son ellos, y los indios o irracionales.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">c) La educaci&oacute;n vigente tiende a eliminar el uso de las lenguas indoamericanas y a inculcar los valores de la cultura occidental como los m&aacute;s altos en la escala sociocultural. S&oacute;lo en las declaraciones se contemplan pol&iacute;ticas para apoyar la cultura ind&iacute;gena. Cuando se emplean las lenguas o los conocimientos indios es con el fin de lucrar, aculturar o comercializar con ellos pero no de fortalecerlos. Experimentos como las radiodifusoras comunitarias en las zonas indias son apenas intentos que a&uacute;n no tienen repercusi&oacute;n y falta tiempo para evaluar sus efectos verdaderos; en general se les niegan permisos, apoyos y autonom&iacute;a. Aspectos como la religi&oacute;n o el sistema de creencias ind&iacute;genas son objeto de manipulaci&oacute;n para disminuir el potencial revolucionario de la comunidad cuando su poblaci&oacute;n se aglutina en torno a ellas. La excepci&oacute;n en ambos pa&iacute;ses ha sido la tendencia de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n dentro de la Iglesia cat&oacute;lica, con la que se relacion&oacute; la creaci&oacute;n o el fortalecimiento del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra en Brasil (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra, MST) y la aparici&oacute;n del Ej&eacute;rcito Zapatista de Liberaci&oacute;n Nacional (EZLN) en Chiapas.</font></p> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">d) Las relaciones entre mestizos e indios son racistas; entre &eacute;stas se deben incluir las de tipo paternalista que es una forma m&aacute;s sutil pero igual de perniciosa. En estas relaciones no influye la riqueza de cada uno. Bien puede ser que el ind&iacute;gena tenga m&aacute;s recursos que el mestizo y, con todo, el mestizo trata al ind&iacute;gena de t&uacute;, no le habla por su nombre de pila sino con alg&uacute;n gen&eacute;rico despectivo y utiliza siempre un tono autoritario. Adem&aacute;s de establecer relaciones asim&eacute;tricas de parentesco ritual, los caciques, <i>fazendeiros</i> y terratenientes se sienten due&ntilde;os de las tierras y vidas de los indios, de manera que hasta &eacute;pocas recientes exig&iacute;an el derecho de pernada. En sus feudos, la voluntad del cacique es ley. A veces se requer&iacute;a del permiso expreso para salir o entrar no s&oacute;lo de la propiedad particular sino de todo el territorio que controlaba el terrateniente. Muchos ind&iacute;genas han muerto en el intento cuando se dirig&iacute;an o regresaban de gestionar tr&aacute;mites agrarios, de una escuela, del camino, etc&eacute;tera.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de las relaciones patr&oacute;n&#45;cliente, los caciques aseguran la lealtad de los campesinos pobres e ind&iacute;genas: apadrinan ni&ntilde;os, prestan dinero, hacen peque&ntilde;os favores, utilizan el sistema de castigos y recompensas de manera discriminada y establecen compadrazgos con aqu&eacute;llos que tienen cierta influencia dentro de las comunidades. Para los ind&iacute;genas, este tipo de relaciones representa la posibilidad de poder acudir a alguien en un caso de urgencia o un apoyo en el mundo de los mestizos. De hecho, los caciques han sido intermediarios entre el mundo ind&iacute;gena y la sociedad nacional, aunque en a&ntilde;os recientes las organizaciones campesinas e ind&iacute;genas independientes tambi&eacute;n disputan ese papel.</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3) <i>La represi&oacute;n,</i> esto es, el conjunto de actos f&iacute;sicos que conforman la violencia, es una relaci&oacute;n cuyas ra&iacute;ces se encuentran en la esfera de lo econ&oacute;mico, de lo pol&iacute;tico y en el &aacute;mbito de la justicia social pero sus manifestaciones se hacen patentes en lo corporal, en lo f&iacute;sico. Las medidas violentas m&aacute;s frecuentes en contra de los pueblos indios han sido el genocidio y el exterminio indirecto. A trav&eacute;s de pistoleros, aunque a veces se recurra a los cuerpos del Estado, el genocidio comprende asesinatos, masacres, violaci&oacute;n de mujeres, cercos militares, policiacos o armados a los poblados ind&iacute;genas, guerras de exterminio e introducci&oacute;n de enfermedades para las cuales no tienen defensas t&eacute;cnicas ni inmunol&oacute;gicas los pueblos americanos. El recuento parecido de las acciones del Estado en contra de los campesinos que quer&iacute;an recuperar tierra en Brasil que presentan Sallinger&#45;McBride y Roberts (1998) con lo que sucedi&oacute; en la Huasteca en las d&eacute;cadas de 1970 y 1980 no es una casualidad sino una semejanza que habla de la naturaleza del Estado en ambos pa&iacute;ses. El exterminio indirecto, por su parte, atenta en contra de la base material de la subsistencia del grupo y se materializa a trav&eacute;s del despojo agrario y de sus recursos naturales, de la evangelizaci&oacute;n, del confinamiento en reservaciones o tierras inadecuadas para su subsistencia y desarrollo, en condiciones de miseria e insalubridad que provocan la muerte de varios miles de sus integrantes al a&ntilde;o por enfermedades curables y de desnutrici&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Los casos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las condiciones en que viven y se mantiene a los campesinos y a los pueblos ind&iacute;genas se ocultan o se minimizan en ambos pa&iacute;ses, por lo que es una idea com&uacute;n dentro y fuera que debido a las caracter&iacute;sticas del sistema gubernamental, las dos naciones gozan de sistemas democr&aacute;ticos que si bien no acabados, al menos preservan cierta estabilidad pol&iacute;tica que permite el libre juego del mercado pol&iacute;tico y un equilibrio entre las diversas fuerzas sociales que las componen. En M&eacute;xico se afirma que a pesar, o quiz&aacute; por lo mismo, del monopartidismo que imper&oacute; hasta fines de 1980, la violencia ha sido un recurso ocasional, espor&aacute;dico, usado en casos extremos cuando la inestabilidad ha amenazado a la naci&oacute;n, igual que en Brasil, a trav&eacute;s de unos pocos individuos organizados en "grup&uacute;sculos, pandillas o bandas", cuyos objetivos obedecen a (nunca se sabe qu&eacute; son) <i>oscuros intereses.</i> Se da por sentado el que esos intereses van en contra de otra entidad abstracta, nebulosa: <i>la patria, la democracia, la seguridad nacional, la libertad</i> o el <i>orden establecido,</i> abstracciones que empa&ntilde;an el an&aacute;lisis del problema entre la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n y no dejan lugar al cuestionamiento de los cr&iacute;ticos hacia el Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a M&eacute;xico, este lugar com&uacute;n tiene una base de verdad sobre la cual se trata de fundamentar como verdadera la proposici&oacute;n usada para montar una imagen p&uacute;blica de paz social, de apertura democr&aacute;tica y de apoyo a las comunidades ind&iacute;genas, producto de un modelo econ&oacute;mico desarrollista que analistas nacionales y extranjeros han cre&iacute;do ser cierto, pero que los acontecimientos de Chiapas y otras regiones indias han puesto al descubierto. La base cierta de la cuesti&oacute;n es que dentro de Latinoam&eacute;rica, M&eacute;xico es el &uacute;nico pa&iacute;s que no ha sufrido golpes militares en los &uacute;ltimos 75 a&ntilde;os, problema que ha sido una plaga en los dem&aacute;s pa&iacute;ses de esta parte del continente. Sin embargo, la paz social con justicia, aparejada al respeto por los derechos humanos, individuales y colectivos, brilla por su ausencia. Por ejemplo, respecto a las contiendas electorales, Pinchetti prueba en dos breves art&iacute;culos (La <i>Jornada,</i> 16 y 17 de diciembre de 1990), que el avance de la democracia ha sido mucho m&aacute;s burlado en M&eacute;xico que en el resto de los pa&iacute;ses del continente. Para el caso de Brasil, se considera que la reforma agraria promovida por el presidente Fernando Henrique Cardoso (1995&#45;2002) rompi&oacute; con la tendencia hist&oacute;rica y la pol&iacute;tica agraria de los gobiernos anteriores que favorecieron la concentraci&oacute;n de las tierras en pocas manos. Esta reforma se juzg&oacute; como "quiz&aacute; la m&aacute;s grande que se haya realizado en una atm&oacute;sfera de estabilidad democr&aacute;tica, con respeto a las instituciones" (Pereira, 2003) ya que, seg&uacute;n los datos oficiales, se distribuyeron alrededor de 20 millones de hect&aacute;reas entre unas 287 000 familias sin tierra. Con todo, las cifras se contradijeron y varios analistas, entre ellos Pereira, se&ntilde;ala que en el campo no hubo un verdadero rompimiento ni la reforma agraria tuvo el efecto pregonado por el gobierno, aunque en otros aspectos, como la estabilidad econ&oacute;mica nacional, hubo verdaderos avances (Pereira, 2003).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, en M&eacute;xico, por mandato constitucional, no se permite la reelecci&oacute;n en los puestos de elecci&oacute;n popular. Con base en esta prohibici&oacute;n se afirma que el sistema mexicano tiene sus propios m&eacute;todos de autocorrecci&oacute;n: cada nuevo presidente mejora los aspectos m&aacute;s exagerados del precedente (Hirshman, 1987: 82) y vuelve el sistema a su equilibrio. La forma de considerar estas tendencias como una nivelaci&oacute;n es importante porque de all&iacute; se deducen dos conclusiones falsas: a) <i>Sin golpes militares y sin la permanencia en el poder de la misma persona ni equipo de gobernantes, el sistema gubernamental mexicano sustenta una cierta apertura para los diversos grupos sociales existentes en la arena pol&iacute;tica nacional, dentro de la cual los indios gozan de los mismos derechos que el resto de fuerzas sociales.</i></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a9f5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ende, y esta segunda conclusi&oacute;n errada bajo cualquier punto de vista es la que m&aacute;s importa, se sostiene desde diferentes enfoques que, b) <i>Por el relevo de mandos obligado, el Estado mexicano no requiere de la violencia ni hace uso de ella de manera sistem&aacute;tica.</i> Tanto el hecho de prohibirse por mandato constitucional la reelecci&oacute;n a los cargos p&uacute;blicos de elecci&oacute;n popular como la sucesi&oacute;n en la presidencia nacional cada seis a&ntilde;os conllevan, seg&uacute;n este enfoque, una renovaci&oacute;n en los puestos de mando que alejan al sistema del autoritarismo, lo mismo que de una desviaci&oacute;n desmedida hacia los extremos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casos como la represi&oacute;n feroz desatada en M&eacute;xico en contra del movimiento estudiantil de 1968, los asesinatos estudiantiles de 1971, la matanza de Acteal en diciembre de 1997, la de Aguas Blancas en 1998 o el asesinato y desaparici&oacute;n de l&iacute;deres obreros, campesinos e ind&iacute;genas, de opositores pol&iacute;ticos que luchan dentro de la legalidad siguen hasta hoy d&iacute;a,<sup><a href="#notas">3</a></sup> pero se distorsionan ante la opini&oacute;n p&uacute;blica. Al mismo tiempo se desv&iacute;a la atenci&oacute;n de las denuncias por corrupci&oacute;n, que seg&uacute;n numerosas personas y opiniones es uno de los problemas m&aacute;s graves del sistema gubernamental mexicano y brasile&ntilde;o, incluidos los de Vicente Fox Quesada y Luiz In&aacute;cio Lula da Silva. Unos y otros se minimizan como si no fueran actos pol&iacute;ticos, como si fuesen circunstanciales. Si algunas veces se emplean los cuerpos policiacos o militares es porque son necesarios quiz&aacute;s por la coyuntura, pero que nunca dejan de ser considerados como hechos aislados, hasta lamentables, de los que pueden ser responsables un individuo o una instituci&oacute;n, pero no el sistema en su conjunto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto en M&eacute;xico como en Brasil, la violencia en contra de los colonos y menores en las grandes ciudades, la que se aplica en contra de campesinos e ind&iacute;genas d&iacute;a a d&iacute;a, si llega a captar la atenci&oacute;n de alg&uacute;n noticiero radial, televisivo o period&iacute;stico se presenta como operativos o golpes policiacos y militares en contra de la delincuencia com&uacute;n o del narcotr&aacute;fico y, por lo tanto, algo que el com&uacute;n ciudadano debe aplaudir. En estos casos, la eficiencia judicial es impresionante. Denuncias de violencia en contra de mujeres, menores e indios rara vez aparecen en la prensa nacional m&aacute;s cr&iacute;tica o bien se publican en las secciones de nota roja. Cuando existen pruebas contundentes, no se acusa de frente a instituciones como el ej&eacute;rcito. Si no queda alternativa, se utiliza el eufemismo: "seg&uacute;n la fuente, hombres vestidos con uniforme militar..."</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a9f6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este velo sobre la informaci&oacute;n, esta alianza y control de los medios de comunicaci&oacute;n hacen posible que los gobiernos de los dos pa&iacute;ses repriman, por un lado, y celebren la libertad de prensa, por el otro. Por lo mismo, en el exterior los gobernantes pueden adoptar una postura que defiende la autodeterminaci&oacute;n y la democracia, cuyas reglas deben aplicarse a otros pueblos pero no al pa&iacute;s que representan. En el caso de M&eacute;xico, su imagen democr&aacute;tica (que se ha visto empa&ntilde;ada por la rebeli&oacute;n zapatista de Chiapas) ha sido tan publicitada que, con base en la premisa cierta acerca de la continuidad del sistema gubernamental y ahora de la alternancia pac&iacute;fica, M&eacute;xico se cataloga como un pa&iacute;s estable seg&uacute;n diversos par&aacute;metros, casi todos indicadores de la macroeconom&iacute;a, que no se reflejan en los bolsillos o est&oacute;magos de las personas concretas. Adem&aacute;s, debido al crecimiento econ&oacute;mico que tuvieron M&eacute;xico y Brasil en el tercer cuarto del siglo XX, son tomados como ejemplo entre los especialistas para otros pa&iacute;ses subdesarrollados para enfrentar la crisis econ&oacute;mica que afecta en diferentes grados a Latinoam&eacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;nto de cierto hay en estas aseveraciones? Lo primero que hay que decir es que el bienestar aparejado al crecimiento econ&oacute;mico sostenido de m&aacute;s del 5% anual durante varios a&ntilde;os seguidos &#151;calificado en ambos pa&iacute;ses como "milagro"&#151; no benefici&oacute; a la poblaci&oacute;n rural de bajos y medios ingresos sino al sector agroexportador. Adem&aacute;s de sus sectores industriales, en Brasil los beneficiarios fueron los productores de soya, jugos de frutas, ganado y aves para el mercado mundial (Perz, 2000: 8) mientras que en M&eacute;xico fueron los agricultores de trigo y hortalizas, principalmente destinados al mercado estadounidense.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque se aplica a todas las zonas ind&iacute;genas del territorio nacional, lo ocurrido en la Huasteca refleja de cerca las relaciones violentas y represivas que imponen las clases dominantes de M&eacute;xico, a trav&eacute;s del Estado, a las comunidades y grupos subordinados desde la conquista, pasando por la Independencia, la Reforma, la Revoluci&oacute;n y los gobiernos neoliberales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como en el resto de Am&eacute;rica, la llegada de los europeos a la Huasteca estuvo ligada a un proceso que desencaden&oacute; a trav&eacute;s de la violencia un flujo de riquezas, productos y trabajo humano hacia Europa (Warman, 1988: 13), en el que las comunidades indias fueron las explotadas. En la Huasteca se trafic&oacute; con esclavos, mantas de algod&oacute;n, pescado y productos artesanales. Ya que carec&iacute;a de metales preciosos, fueron otros los factores que la hicieron atractiva a los ojos de los europeos, como el hecho de ser una zona de alta densidad demogr&aacute;fica, contar con puertos de enlace con las Antillas y por consiguiente, con Europa, y tener un clima que propici&oacute; la r&aacute;pida expansi&oacute;n de la ca&ntilde;a de az&uacute;car y de la ganader&iacute;a. Con todo, al inicio de la etapa colonial fue la fuerza de trabajo la que se constituy&oacute; en su mayor riqueza, por lo que la despoblaci&oacute;n fue m&aacute;s r&aacute;pida que en otras regiones. De poco m&aacute;s de un mill&oacute;n de habitantes que exist&iacute;an antes de 1519, medio siglo m&aacute;s tarde hab&iacute;an desaparecido al menos las cuatro quintas partes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre el inicio de la Colonia, 1521, y la etapa independiente, 1810, los huastecos se rebelaron en diversas ocasiones y de las mismas se sabe poco. En 1523, 1525 y 1527 se registran las primeras guerras, cuando los huastecos se rebelaron en contra de la imposici&oacute;n de tributos y encomiendas que favorec&iacute;an a los espa&ntilde;oles. As&iacute; mismo, se sublevaron por la saca de esclavos que se increment&oacute; sobremanera cuando Cort&eacute;s reparti&oacute; las primeras encomiendas y, luego, cuando Nu&ntilde;o de Guzm&aacute;n fue gobernador de la provincia de P&aacute;nuco entre 1527 y 1528. A partir de entonces, hasta la &eacute;poca independiente, informaci&oacute;n fragmentaria nos habla de acciones varias en contra de la colonizaci&oacute;n que inclu&iacute;an hechos pac&iacute;ficos (migraci&oacute;n para no pagar tributos, no tener hijos, continuar los rituales religiosos ocultos) y luchas armadas como motines, revueltas, rebeliones, que ni siquiera disminuyeron al terminar la lucha de Independencia. Entre los pueblos de la Huasteca no todas las comunidades perdieron sus tierras por la lucha que opusieron y no en todas se reparti&oacute; el fundo legal en lotes individuales como era la intenci&oacute;n del Estado decimon&oacute;nico. Todo esto se dirimi&oacute; a trav&eacute;s de la lucha armada pues en ese mismo periodo, 1810&#45;1910, hubo 52 rebeliones de diferente magnitud y alcances.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Terminada la Revoluci&oacute;n en 1921, en casi todo el territorio rural mexicano los caudillos revolucionarios regionales y sus descendientes se adue&ntilde;aron de las instituciones surgidas de la revoluci&oacute;n y del territorio, de manera que concentraron tierras y poder pol&iacute;tico. En este panorama casi general, los caciques de la Huasteca descollaron por su ferocidad, su intransigencia y su primitivismo. Ferocidad en contra de los ind&iacute;genas y las comunidades que se destacaron o destacan por su combatividad; intransigencia hacia cualquier cambio en las formas de control pol&iacute;tico o de mejor&iacute;a en las condiciones de vida de las comunidades; primitivismo por su cerraz&oacute;n al di&aacute;logo y, en lo econ&oacute;mico, por su negativa rotunda a introducir mejoras en la explotaci&oacute;n agropecuaria, actividad a la que todos ellos se han dedicado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta situaci&oacute;n empez&oacute; a cambiar a fines de la d&eacute;cada de 1970, cuando nacieron organizaciones campesinas independientes, construidas y dirigidas por los propios nahuas, teenek, otom&iacute;es, etc. Aunque no se pueden agrupar bajo la misma bandera ni signo, cada una de ellas ha hecho su aportaci&oacute;n a la lucha campesina&#45;ind&iacute;gena de la Huasteca. Las m&aacute;s combativas son tambi&eacute;n las que han pagado una cuota m&aacute;s alta de sangre, presos y acoso gubernamental. Baste decir que en el transcurso de 1976 a 1990, debido a la acci&oacute;n de todas ellas que por desgracia no ha sido conjunta, a cambio de un medio millar de muertos, cientos de detenidos, secuestrados y encarcelados seg&uacute;n las propias fuentes oficiales, se recuperaron alrededor de 20 000 hect&aacute;reas en toda la regi&oacute;n. Para las dimensiones del Brasil, donde uno de los propios l&iacute;deres del MST, Joao Pedro Stedile, propuso que el l&iacute;mite de la propiedad privada se estableciera en mil hect&aacute;reas (Pereira, 2003: 11) ese territorio es peque&ntilde;o. Pero hay que pensar que M&eacute;xico agot&oacute; su frontera agr&iacute;cola, que la Huasteca es una regi&oacute;n rural con una densidad promedio cercana a los 100 habitantes por kil&oacute;metro cuadrado y tierras f&eacute;rtiles con un &iacute;ndice de agostadero de una hect&aacute;rea por cabeza de ganado. Todo esto, en una regi&oacute;n en donde las actividades agropecuarias dependen de las lluvias.</font></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta recuperaci&oacute;n de tierras oblig&oacute; a los latifundistas a invertir sus capitales en otros renglones econ&oacute;micos. El Estado los recompens&oacute; con creces despu&eacute;s de que muchas comunidades ya hab&iacute;an tomado posesi&oacute;n de la tierra: perdieron los ranchos pero incrementaron de esa manera su capital, que enseguida transfirieron al sector de los servicios y del comercio o a las mismas actividades agropecuarias en otros estados de la Rep&uacute;blica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Brasil, con el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, que reparti&oacute; m&aacute;s tierra que sus antecesores, pas&oacute; algo semejante: "De esta manera, la compensaci&oacute;n pagada a los terratenientes es a menudo mucho m&aacute;s alta que el valor estimado de la tierra seg&uacute;n lo calcula el gobierno" (Martins, en Pereira, 2003: 15).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la Huasteca, los momentos m&aacute;s cr&iacute;ticos de la represi&oacute;n coincidieron con la etapa en que se recuperaron m&aacute;s tierras (1976&#45;1983); sin embargo, tanto antes como despu&eacute;s se pueden documentar y probar hechos violentos continuos que dan idea de su constancia y frecuencia aunque se afirme por voceros oficiales que hay estabilidad social. La tierra como generadora de riqueza, como medio de producci&oacute;n, es un elemento importante de la lucha pero ni ahora ni hist&oacute;ricamente su despojo ha sido el motivo &uacute;nico, aunque s&iacute; lo ha sido en los movimientos campesinos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Brasil, la colonizaci&oacute;n portuguesa gir&oacute; al principio en torno a las plantaciones de az&uacute;car en el litoral, lo que abarat&oacute; y generaliz&oacute; su consumo mundial; luego, en torno a la ganader&iacute;a y la extracci&oacute;n de oro en el interior y despu&eacute;s, al caf&eacute;, a partir del siglo XIX. La ocupaci&oacute;n de las tierras por parte de los portugueses se dio a lo largo de la costa atl&aacute;ntica y s&oacute;lo cuando se encontr&oacute; oro en el interior del pa&iacute;s hubo intentos serios para establecer poblados permanentes tierra adentro. Ni en el caso de Brasil ni en el de M&eacute;xico se puede hablar de un proceso de colonizaci&oacute;n uniforme; tampoco fue semejante en todo el territorio, aunque para la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena tuviera a fin de cuentas resultados parecidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cuellos de botella en la producci&oacute;n agropecuaria colonial brasile&ntilde;a se presentaban por la escasez de la mano de obra y no por la extensi&oacute;n territorial que requer&iacute;an las plantaciones (Furtado, 1974: 59, 117). Por lo tanto, antes de que se fundaran colonias estables en el interior, ya varios grupos indios hab&iacute;an sido esclavizados por expediciones de blancos que surt&iacute;an a las plantaciones con mano de obra ind&iacute;gena. As&iacute;, "la primera actividad comercial a la cual se dedicaron los colonos &#91;portugueses&#93; fue la caza del indio" (Furtado, 1974: 63). El t&eacute; en las mesas europeas se endulz&oacute; con la sangre, el dolor y el sufrimiento esclavo de indios y despu&eacute;s de negros tra&iacute;dos de &Aacute;frica. A diferencia de M&eacute;xico, donde la ocupaci&oacute;n europea se centraba primero alrededor de los centros urbanos donde se concentraba la poblaci&oacute;n y se pod&iacute;a extraer tributo y, luego, de los enclaves mineros, la esclavitud en el Brasil ocurri&oacute; "en los lugares en que los finqueros eran los jefes pol&iacute;ticos &#91;...&#93; los se&ntilde;ores de la sociedad brasile&ntilde;a durante el periodo colonial y el Imperio" (Freyre, 1978: 59). Por otro lado, los grupos indios que en un primer momento lograron escapar del colonizador occidental, lo mismo que en M&eacute;xico, se vieron luego despojados de su territorio, muchos de ellos sirvieron como peones en los ranchos que pasaron a ocupar sus tierras ancestrales (Wagley y Harris, 1964: 32).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la actualidad, al revisar de manera general las denuncias y los an&aacute;lisis sociales sobre la violencia en Brasil, impresionan las similitudes del proceso, lo mismo que sus causas y consecuencias, con lo que pasa en M&eacute;xico, y tal parece que, aparte de lo que acontece por cuestiones del narcotr&aacute;fico, lo mismo sucede en el resto del continente. Impresiona, por ejemplo, que en el pa&iacute;s m&aacute;s grande de Am&eacute;rica Latina, con alrededor de 8.5 millones de kil&oacute;metros cuadrados y unos 180 millones de habitantes, la violencia en el medio rural est&eacute; ligada de manera primordial a la propiedad de la tierra, al despojo agrario y a la explotaci&oacute;n del trabajo ajeno. De igual manera, es un hecho que la represi&oacute;n virulenta de los gobiernos militares en contra de la sociedad brasile&ntilde;a no se puede entender si no est&aacute; relacionada a un proyecto econ&oacute;mico espec&iacute;fico; en este caso, en estrecha relaci&oacute;n con el llamado <i>milagro brasile&ntilde;o,</i> que someti&oacute; la soberan&iacute;a nacional al capital extranjero (Senese, en Weil <i>et al.,</i> s.f.: 18).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a9f7.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s recientemente, aunque sus gobernantes pretenden por diversos medios presentarlo como un pa&iacute;s democr&aacute;tico y pac&iacute;fico, llama la atenci&oacute;n el que la violencia forme parte de la vida cotidiana de los trabajadores rurales del Brasil, de norte a sur del pa&iacute;s (IBASE, 1985: 8&#45;9). Es decir, la violencia es un problema nacional (Sigaud en Velho <i>et al.,</i> 1987: 6). Como tambi&eacute;n pasa en M&eacute;xico, no son los terratenientes en persona, aunque a veces lo hagan, quienes ejercen la agresi&oacute;n, sino que contratan, arman y pagan a pistoleros, con frecuencia reclutados entre los mismos campesinos e ind&iacute;genas, con quienes forman cuerpos armados especializados en la represi&oacute;n. Es com&uacute;n en ambos pa&iacute;ses que tanto represores como reprimidos guarden lazos de parentesco. En M&eacute;xico los llaman guardias blancas, columnas volantes, pistoleros; mientras que en Brasil se les nombra <i>cabras, capangas, jagun&ccedil;os,</i> bandos armados o milicias privadas (A. Garc&iacute;a Jr., 1988: 14; IBASE, 1985: 8; Sigaud en Velho <i>et al.,</i> 1987: 6). A fines del siglo XX, matar a un l&iacute;der campesino costaba alrededor de 40 d&oacute;lares en Brasil (Sallinger&#45;McBride y Roberts, 1998) y unos 100 d&oacute;lares en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mismo tenor, la impunidad de los asesinos y de los represores es casi absoluta (Fajardo, 1988: 5) cuando se trata de castigar los cr&iacute;menes en contra de indios o campesinos. Por lo general, ni en M&eacute;xico ni en Brasil se castiga a los terratenientes, aun cuando haya evidencias irrefutables de sus cr&iacute;menes. Ni a la mano armada ni a la cabeza intelectual las alcanza la justicia; &eacute;sta no se hizo para los pobres. Algunos casos de castigo son excepcionales y s&oacute;lo se logran a trav&eacute;s de la presi&oacute;n internacional. La violencia no la desencadenan las personas pobres, sino grupos que ocupan diferentes lugares en la jerarqu&iacute;a social (Velho <i>et al.,</i> 1987: 3). Otra similitud es la ferocidad de la represi&oacute;n que se desata cuando una de las v&iacute;ctimas, individual o colectivamente, se hace justicia por su propia mano. Se usa el ej&eacute;rcito, se reprime a la poblaci&oacute;n civil, se les atrapa y acusa de delincuentes del orden com&uacute;n, se les juzga y se les castiga con rigor excesivo sin respetar las m&iacute;nimas garant&iacute;as individuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el enfoque de este escrito, el proceso de la violencia en el medio rural no se desata de por s&iacute;, sino que est&aacute; ligado al proceso econ&oacute;mico que acompa&ntilde;a a la expansi&oacute;n o irrupci&oacute;n del capitalismo en determinadas &aacute;reas de la econom&iacute;a. Tanto en el caso de Brasil como en el de M&eacute;xico, la violencia actual en el campo se liga a la expansi&oacute;n de la agricultura tipo <i>revoluci&oacute;n verde,</i> que consigue en ambos pa&iacute;ses un apoyo irrestricto del Estado sobre cualquier otra forma de producci&oacute;n agr&iacute;cola, y a la falsa lucha en contra del narcotr&aacute;fico. Seg&uacute;n uno de los estudiosos brasile&ntilde;os, la violencia en Brasil tiene como una de las causas principales la pobreza, la miseria y la desigualdad en la distribuci&oacute;n de la renta (Velho <i>et al.,</i> 1987: 3). Tan s&oacute;lo para poner un ejemplo, en 1995, en Brasil, 1% de la poblaci&oacute;n pose&iacute;a 45% de la tierra. En otras palabras, lo mismo que en M&eacute;xico, la violencia es condici&oacute;n caracter&iacute;stica del Estado brasile&ntilde;o no por su forma de gobernar, sino para mantener las jerarqu&iacute;as y la desigualdad sociales, mismas que en el campo tienen como base la propiedad agraria, el monopolio del comercio y la explotaci&oacute;n de los recursos naturales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFLEXIONES FINALES</b></font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. A pesar de las diferencias hist&oacute;ricas entre M&eacute;xico y Brasil, a pesar de haber pasado ambos pa&iacute;ses por procesos de colonialismo motivados por el despojo de diferentes tipos de recursos, a pesar de sus divergencias coloniales, biogeogr&aacute;ficas, ling&uuml;&iacute;sticas, demogr&aacute;ficas y tecnol&oacute;gicas, ninguno de sus gobiernos se puede calificar de respetuoso de los derechos humanos de sus ciudadanos; menos a&uacute;n de sus pueblos indios. Las evidencias pasadas y presentes de la represi&oacute;n que ejercen o han ejercido sus clases dominantes en contra de los trabajadores y los grupos minoritarios muestran que mientras que sus proyectos econ&oacute;micos est&eacute;n supeditados a la explotaci&oacute;n de la mano de obra y a la expoliaci&oacute;n de los recursos naturales, no habr&aacute; &aacute;mbito para terminar con la desigualdad y la injusticia social que impera dentro de ellos.</font></p> </blockquote>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a9f8.jpg"></font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Sin duda, la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n mundial quiere vivir y trabajar en paz; este hecho no necesita comprobaci&oacute;n estad&iacute;stica, sino sensibilidad para percibir la vida cotidiana del com&uacute;n de los vecinos. A pesar de las encuestas que muestran lo contrario, es imposible aceptar que 85% de la poblaci&oacute;n pueda estar de acuerdo con una guerra, cualquiera que &eacute;sta sea. Y aun cuando fuera cierto, aun con la anuencia de la ONU y la aceptaci&oacute;n de su Consejo de Seguridad, ning&uacute;n motivo justifica el empleo de la violencia en contra de un pa&iacute;s, grupo social, organizaci&oacute;n pol&iacute;tica o persona a menos que se trate de la defensa leg&iacute;tima ante la represi&oacute;n. En pocas palabras, ninguna raz&oacute;n existe para que se declare que una guerra es justa o legal, no importa cu&aacute;nto se publicite o se manipule la informaci&oacute;n. Si el Consejo de Seguridad o la ONU aprueban tales barbaries, ello no es se&ntilde;al de que se trate de guerras justas, sino que es un testimonio contundente de su fracaso en conservar el esp&iacute;ritu con que fueron creados esos organismos y de que la sociedad mundial debe dise&ntilde;ar nuevos mecanismos, si no para vivir la paz, que parece que todav&iacute;a nos queda grande, al menos para erradicar la violencia.</font></p>        	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Plantear y analizar los componentes de la expoliaci&oacute;n que ejerce la clase gobernante sobre campesinos, ind&iacute;genas, obreros, mujeres y menores, sin embargo, no es suficiente en t&eacute;rminos de una explicaci&oacute;n m&aacute;s profunda del fen&oacute;meno ni de las acciones que se contraponen para anular o aminorar el saqueo. A su separaci&oacute;n metodol&oacute;gica en las fases de explotaci&oacute;n, opresi&oacute;n y represi&oacute;n se debe a&ntilde;adir su relaci&oacute;n anal&iacute;tica con la vida cotidiana y los recursos con los que cuenta el grupo. En este sentido, aunque sin duda influye la capacidad de sustentaci&oacute;n del medio ambiente, se concluye que las causas profundas de la violencia radican en el orden social: 1) la desigualdad extrema en la producci&oacute;n y el reparto de la riqueza social que genera el conjunto humano en que unos cuantos concentran la mayor parte de beneficios, 2) las formas de acceso y propiedad de los recursos naturales, tanto vitales como estrat&eacute;gicos, 3) la propiedad de los medios de producci&oacute;n y del capital, y 4) las crisis regionales.</font></p>        	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Durante la segunda mitad del siglo XX, la poblaci&oacute;n de M&eacute;xico y Brasil se convirti&oacute; de predominantemente rural en urbana. Dicha transformaci&oacute;n se debi&oacute; a que con la intrusi&oacute;n del capitalismo en el sector rural disminuyeron las posibilidades de los productores rurales medianos y peque&ntilde;os y no porque haya habido un desarrollo tecnol&oacute;gico tendiente a aliviar la pobreza ni las enormes diferencias entre los distintos sectores y clases de cada naci&oacute;n. El &eacute;xodo rural se debe a la cancelaci&oacute;n de oportunidades para los pobres en el campo y a que en la pol&iacute;tica econ&oacute;mica los pobres se consideran desechables. Se ambicionan sus tierras y recursos naturales, al menos los mejores, pero no sus organizaciones ni su forma de producci&oacute;n. De hecho, los migrantes rurales ocupan los cinturones de miseria en las ciudades mexicanas (ciudades perdidas) y brasile&ntilde;as (fabelas) y s&oacute;lo se les contrata en empleos de muy baja remuneraci&oacute;n, calificaci&oacute;n y salario. Estos barrios carecen de servicios, seguridad y empleos y, en cambio, abundan en delincuencia, tristeza y abandono. En el campo no se apoya a los peque&ntilde;os productores, categor&iacute;a donde se ubican los pueblos ind&iacute;genas, sino a los grandes empresarios agr&iacute;colas y consorcios que producen para el mercado internacional. Las ayudas que reciben las comunidades campesinas e ind&iacute;genas provienen de su propia iniciativa, de una o varias iglesias y, reci&eacute;n, de organizaciones no gubernamentales o fundaciones internacionales.</font></p>            <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. Vale la pena regresar a una pregunta inicial, o sea, la de si todos los procesos violentos responden a las mismas razones. La respuesta depende del enfoque. Si nos ubicamos del lado de la v&iacute;ctima, si analizamos nada m&aacute;s el sentido o finalidad de la violencia, la respuesta es positiva. Si nos percatamos de las formas que adquiere en cada proceso, si nos detenemos en los mecanismos sociales de que echa mano cada grupo dominador, es obvio que la respuesta es negativa. No es lo mismo someter a un grupo a trav&eacute;s del asesinato generalizado que hacerlo a trav&eacute;s del machismo; ni son lo mismo las guerras mundiales con potencial nuclear que las que acontecen entre grupos sin armas de fuego. Como apunta Sussekind (en Velho <i>et al.,</i> 1987: 10): "La violencia no consiste en una misma desgracia igualmente impuesta a todas las v&iacute;ctimas por el mismo tipo de autor." Sin embargo, cuando se ha empleado en contra de los grupos indios, las medidas que se utilizan, as&iacute; como muchas de sus manifestaciones, son semejantes o muy parecidas, como si estuvieran sacadas del mismo manual.</font></p> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n14/a9f9.jpg"></font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. Hay que insistir en que la represi&oacute;n y la violencia, ya sea que se den individual o colectivamente, implican un acto consciente, una especificidad sobre el blanco al que se dirigen, y de otra inteligencia que resiste. Por lo mismo, al menos desde este enfoque, no es posible hablar de <i>violencia estructural, violencia institucional, violencia indirecta</i> y menos de <i>estructuras violentas. Lo</i> que existe son instituciones sociales y grupos especializados a trav&eacute;s de los cuales se ejerce la violencia y un grupo o clase que controla tales instancias. Estas incluyen el Estado, las bandas paramilitares y los cuerpos armados, en defensa de intereses bien definidos ya sean individuales, familiares o de clase. Lo anterior es evidente en el caso de M&eacute;xico y Brasil.</font></p>        	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. Las ideas centrales y la mayor parte del contenido de este art&iacute;culo se elaboraron hace unos diez a&ntilde;os. Desde entonces, ha habido cambios en los sistemas pol&iacute;ticos de M&eacute;xico y Brasil se&ntilde;alados a lo largo de la exposici&oacute;n. Encabezada por Vicente Fox Quesada y Luiz In&aacute;cio Lula da Silva, la alternancia gubernamental en los dos pa&iacute;ses implic&oacute; el triunfo de partidos de oposici&oacute;n; en M&eacute;xico, de un partido de derecha, el PAN, y en Brasil, del PT, de centro izquierda. Esta alternancia, cabe preguntarse, &iquest;cambi&oacute; la situaci&oacute;n de la violencia rural? La respuesta depende de c&oacute;mo se mida. Si se hace en t&eacute;rminos de asesinatos es evidente que ha disminuido con respecto a los reg&iacute;menes pasados. Pero si se eval&uacute;a en cuanto a las condiciones que imperan entre campesinos e ind&iacute;genas la respuesta es negativa. Quiz&aacute;s en Brasil hayan mejorado algo con el actual gobierno, aunque la informaci&oacute;n disponible no apunta en esa direcci&oacute;n, sino a la continuidad de asesinatos y complicidades con los latifundistas seg&uacute;n afirman organizaciones y analistas varios (<a href="http://prod.brasil.indymedia.org" target="_blank">http://prod.brasil.indymedia.org</a>). Hay que decir, sin embargo, que es demasiado pronto para emprender un diagn&oacute;stico del gobierno del presidente Lula, pero en M&eacute;xico la situaci&oacute;n de pobreza se ha profundizado y se ha hecho m&aacute;s extensa.</font></p>            <p align="justify"><font face="verdana" size="2">8. Por lo visto, para terminar con la violencia en el campo no es suficiente el reparto de la tierra. Tanto en M&eacute;xico como en Brasil se hizo un reparto considerable de tierras entre los campesinos, pero este hecho, por s&iacute; solo, no erradic&oacute; la violencia ni fue suficiente para sacar a los campesinos de su ancestral abandono. Tampoco los programas asistenciales han logrado paliar la pobreza del campo. Es decir, seg&uacute;n el enfoque aqu&iacute; expuesto, es necesario un cambio de orientaci&oacute;n en las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas nacionales que contemplen el apoyo decidido a los peque&ntilde;os y medianos productores rurales. Estas pol&iacute;ticas debieran incluir la construcci&oacute;n de infraestructura productiva, la construcci&oacute;n de cooperativas y organizaciones aut&oacute;nomas campesinas, as&iacute; como tender redes para la compra de los insumos necesarios y para la comercializaci&oacute;n de los productos campesinos. Como muestra el ejemplo del movimiento de los trabajadores sin tierra de Brasil, la educaci&oacute;n y la capacitaci&oacute;n de cuadros es tambi&eacute;n una condici&oacute;n para lograr un desarrollo rural sostenido y aut&oacute;nomo. Por ahora, ninguna de las dos naciones camina en ese sentido sino que, por el contrario, los logros de las organizaciones campesinas se han dado a pesar de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas nacionales, con el apoyo de otros sectores de la sociedad.</font></p>  	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">9. En suma, la alternancia de gobernantes sin un cambio de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas no podr&aacute; sacar de la pobreza a los peque&ntilde;os productores rurales ni detendr&aacute; la migraci&oacute;n hacia los enclaves urbanos. En consecuencia, no habr&aacute; forma de romper ese c&iacute;rculo vicioso de marginaci&oacute;n urbana, delito e inseguridad mientras no se atienda la situaci&oacute;n de los pobladores rurales, para con ello detener la migraci&oacute;n y el abandono del campo.</font></p> 	      <p>&nbsp;</p> </blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amara, Guiseppe, 1976, <i>La violencia en la historia</i>, Programa Nacional de Formaci&oacute;n de Ense&ntilde;anza Superior (ANUIES), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664532&pid=S1607-050X200400010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arante, Jos&eacute; Montero Filho, Mar&iacute;a Bernadete Ramos Flores, V&iacute;ctor Antonio Peluso Junior, Rafael Jos&eacute; de Menezes Bastos, Valdir Martins, Mauro Jos&eacute; Machado, 1990, <i>Farra do boi. Introdu&ccedil;&atilde;o ao Debate,</i> IOESC, Florian&oacute;polis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664534&pid=S1607-050X200400010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barreira, Julio, 1978, <i>Violencia pol&iacute;tica en Am&eacute;rica Latina,</i> Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664536&pid=S1607-050X200400010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beltr&aacute;n del R&iacute;o, H., 1991, "Tres a&ntilde;os de comicios locales: nuevas leyes, vieja violencia", <i>Proceso,</i> n&uacute;m. 771,pp. 23&#45;25, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664538&pid=S1607-050X200400010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bonin, Ana Mar&iacute;a Aimor&eacute;, &Aacute;ngela Duarte Damasceno Ferreira, Cecilia Vieira Helm, Horacio Martins de Cavalho, Joao Carlos Torrens y Marcia Scholz de Andrade Kersten, 1987, <i>Movimientos sociais no campo,</i> Criar&#45;Ed. da Universidade Federal do Paran&aacute;, Curitiba.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664540&pid=S1607-050X200400010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Calder&oacute;n, Fernando, y Elizabeth Jelin, 1987, "Clases sociais e movimientos sociais na America Latina. Perspectivas e realidades", <i>Revista Brasileira de Ci&ecirc;ncias Sociais,</i> Associa&ccedil;&atilde;o Nacional de Pos&#45;gradua&ccedil;&atilde;o e Pesquisas em Ci&ecirc;ncias Sociais (ANPOCS), vol. 2, n&uacute;m. 5, pp. 67&#45;85, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664542&pid=S1607-050X200400010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cardoso, Ruth Correa leite, 1987, "Movimientos sociais na America Latina", <i>Revista Brasileira de Ci&ecirc;ncias Sociais,</i> ANPOCS, vol. 1, n&uacute;m. 3, pp. 27&#45;37, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664544&pid=S1607-050X200400010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">C&oacute;rdova, Arnaldo, 1984, <i>La formaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico en M&eacute;xico,</i> Era, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664546&pid=S1607-050X200400010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chagnon, Napole&oacute;n A., 1988, "Life Histories, Blood Revenge, and Warfare in a Tribal Population", <i>Science,</i> n&uacute;m. 239, pp. 985&#45;992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664548&pid=S1607-050X200400010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Darcy de Oliveira, Miguel, Leila Linhares Barsted y Rosiska Darcy de Oliveira, 1985, <i>Voc&ecirc; e a viol&ecirc;ncia. Guia pr&aacute;ctico para se defender da viol&ecirc;ncia urbana e dos excessos da pol&iacute;cia,</i> Ordem Dos Advogados do Brasil (OAB)&#45;Instituto A&ccedil;&atilde;o Cultural (IDAC)&#45;Vozes, R&iacute;o de Janeiro.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664550&pid=S1607-050X200400010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donoso Pareja, Miguel, 1973, <i>La violencia en el Ecuador,</i> Di&oacute;genes, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664552&pid=S1607-050X200400010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fajardo, El&iacute;as, 1988, <i>Em Julgamento. A Viol&ecirc;ncia no Campo (Relato das mortes analisadas pelo Tribunal Nacional dos Crimes do Latif&uacute;ndio),</i> Vozes&#45;Instituto Apoio Jur&iacute;dico Popular&#45;FASE, Petr&oacute;polis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664554&pid=S1607-050X200400010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Feder, Ernest, 1978, <i>Violencia y despojo del campesino: latifundismo y explotaci&oacute;n,</i> Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664556&pid=S1607-050X200400010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ferreyra Moyano, Horacio, 1972, <i>Cerebro y agresi&oacute;n,</i> Ediciones Nueva Visi&oacute;n, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664558&pid=S1607-050X200400010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Freyre, Gilberto, 1978 (1945), <i>Interpretaci&oacute;n del Brasil,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664560&pid=S1607-050X200400010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Furtado, Celso, 1974, <i>Formaci&oacute;n econ&oacute;mica del Brasil,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664562&pid=S1607-050X200400010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Jr., Afranio, 1988, "Libertos e sujeitos: sobre a transi&ccedil;&atilde;o para trabalhadores livres do Nordeste", <i>Revista Brasileira de Ci&ecirc;ncias Sociais,</i> ANPOCS, vol. 3, n&uacute;m. 7, pp. 5&#45;41, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664564&pid=S1607-050X200400010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garver, Newton, s.f., "&iquest;Qu&eacute; es la violencia"?, Archivo CIDOC, documento 34, pp. 159, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664566&pid=S1607-050X200400010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Genov&eacute;s, Santiago, 1977, <i>Violencia. Una visi&oacute;n general,</i> UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664568&pid=S1607-050X200400010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hirschman, Albert, 1987, "A econom&iacute;a pol&iacute;tica do desenvolvimento latinoamericano", <i>Revista Brasileira de Ci&ecirc;ncias Sociais,</i> ANPOCS, vol. 1, n&uacute;m. 3,pp. 51&#45;72, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664570&pid=S1607-050X200400010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Houtzager, Peter P., 2000, "Social Movements Amidst Democratic Transitions; Lessons from the Brazilian Countryside", <i>The Journal of Development Studies,</i> vol. 36, n&uacute;m. 5,pp.59&#45;88, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664572&pid=S1607-050X200400010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Huizer, Gerrit, 1974, <i>El potencial revolucionario del campesino en Am&eacute;rica Latina,</i> Siglo XXI, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664574&pid=S1607-050X200400010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Instituto Brasileiro de An&aacute;lisis Sociais e Economicos (IBASE), 1985, <i>Viol&ecirc;ncia no campo,</i> Vozes, Petr&oacute;polis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664576&pid=S1607-050X200400010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luxemburgo, Rosa, 1967, <i>La acumulaci&oacute;n del capital,</i> Grijalbo, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664578&pid=S1607-050X200400010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maffesoli, Michel, 1987, <i>Din&atilde;mica da viol&ecirc;ncia,</i> Biblioteca V&eacute;rtice, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664580&pid=S1607-050X200400010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McNeil, Elton B., 1975, <i>La naturaleza del conflicto humano,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664582&pid=S1607-050X200400010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Michaud, Yves, 1989, <i>A viol&ecirc;ncia,</i> Atica, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664584&pid=S1607-050X200400010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Oliven, Ruben George, 1989, <i>Viol&ecirc;ncia e cultura no Brasil,</i> Vozes, Petr&oacute;polis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664586&pid=S1607-050X200400010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ortiz, Orlando, 1971, <i>La violencia en M&eacute;xico,</i> pr&oacute;l. y sel. de Orlando Ort&iacute;z, Di&oacute;genes, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664588&pid=S1607-050X200400010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palafox Vargas, Miguel, 1985, <i>Violencia, droga y sexo entre los huicholes,</i> INAH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664590&pid=S1607-050X200400010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pereira, Anthony, 2003, "Brazil's Agrarian Reform: Democratic Innovation or Oligarchic Exclusion Redux?, <i>Latin American Politics and Society,</i> vol. 45, n&uacute;m. 2, pp. 41&#45;III, Coral Gables.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664592&pid=S1607-050X200400010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perz, Stepehn G., 2000, "The Rural Exodus in the Context of Economic Crisis, Globalization and Reform in Brazil", <i>The International Migration Review,</i> vol. 34, n&uacute;m. 3, pp. 842&#45;881, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664594&pid=S1607-050X200400010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Romanucci&#45;Ross, Lola, 1973, <i>Conflict, Violence and Morality in a Mexican Village,</i> National Press Book, Palo Alto, California.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664596&pid=S1607-050X200400010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruvalcaba Mercado, Jes&uacute;s, 2002, "Explotation &eacute;conomique, discrimination et violence dans la Huasteca", en Annam&aacute;ria Lammel y Jes&uacute;s Ruvalcaba Mercado (eds.), <i>Adaptation, violence et r&eacute;volte au Mexique,</i> L'Harmattan (Recherches Am&eacute;riques Latines), Par&iacute;s, pp. 223&#45;246.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664598&pid=S1607-050X200400010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sallinger&#45;McBride, Jan y Lia K. Roberts, 1998, "Conflict Between the Landed and the Landless in Brazil", <i>International Journal on World Peace,</i> vol. 15, n&uacute;m. 4,pp. 61&#45;90, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664600&pid=S1607-050X200400010000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Santos, Silvio Coelho Dos, 1975, <i>Educa&ccedil;&atilde;o e sociedades tribais,</i> Editora Movimento, Porto Alegre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664602&pid=S1607-050X200400010000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1987, <i>Indios e brancos no sul do Brasil. A dram&aacute;tica experi&ecirc;ncia dos Xokleg,</i> Editora Movemento, Porto Alegre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664604&pid=S1607-050X200400010000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sorel, Georges, 1970, <i>Reflections on Violence,</i> Collier MacMillan, Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664606&pid=S1607-050X200400010000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vel&aacute;zquez Rivera, Luis, 1985, <i>Bamba violenta,</i> Oc&eacute;ano, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664608&pid=S1607-050X200400010000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Velho, Gilberto, Ruth Correa Leite Cardoso, Maria Luiza Heilborn, Luiz Mott, Maria Manuela Carneiro da Cunha, Tereza Cristina Nascimento de Araujo, Alba Zaluar, Julita Lemgruber y Augusto Thompson, 1987, <i>Ci&ecirc;ncia Hoje,</i> vol. 5, n&uacute;m. 28, suplemento especial sobre la violencia, S&atilde;o Paulo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664610&pid=S1607-050X200400010000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veltmeyer, Henry y James Petras, 2002, "The Social Dynamics of Brazil's Rural Landless Workers' Movement: Ten Hypotheses on Successful Leadership", <i>Revue Canadienne de Sociologie et d'anthropologie,</i> vol. 39, n&uacute;m. 1, pp. 79&#45;99, Toronto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664612&pid=S1607-050X200400010000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viqueira, Carmen y &Aacute;ngel Palerm, 1954, "Alcoholismo, brujer&iacute;a y homicidio en dos comunidades rurales de M&eacute;xico", <i>Am&eacute;rica Ind&iacute;gena,</i> vol. XIV, n&uacute;m. 1,pp. 7&#45;36, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664614&pid=S1607-050X200400010000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wagley, Charles y Marvin Harris, 1964, <i>Minorities in the New World,</i> Columbia University Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664616&pid=S1607-050X200400010000900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Warman, Arturo, 1988, <i>La historia de un bastardo. Ma&iacute;zy capitalismo,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664618&pid=S1607-050X200400010000900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2003, <i>Los indios mexicanos en el umbral del milenio,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664620&pid=S1607-050X200400010000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weil, Jean Louis, Joseph Comblin y Judge Senese, s.f., T<i>he Represive State. The Brazilian "National Security Doctrine" and Latin America,</i> Brazilian Studies&#45;LARU, documentos III, 2, Toronto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664622&pid=S1607-050X200400010000900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weil, Simone, 1982, <i>Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresi&oacute;n social,</i> Premi&aacute;, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664624&pid=S1607-050X200400010000900047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"><b>Notas</b></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Esta reflexi&oacute;n se basa en trabajo de campo y varias noticias acerca de la Huasteca y en material bibliogr&aacute;fico sobre ambos pa&iacute;ses. Luego de escribir una versi&oacute;n previa, se me pidi&oacute; actualizar los datos para su publicaci&oacute;n. A&ntilde;ad&iacute; cuestiones que me parecieron relevantes para la argumentaci&oacute;n del trabajo. Los escritos de los &uacute;ltimos tiempos referentes a Brasil los obtuve de la red electr&oacute;nica mundial; los de M&eacute;xico, de mi propia experiencia y de los diarios nacionales. Agradezco al doctor Pablo Hern&aacute;ndez sus comentarios y la lectura cr&iacute;tica que hizo desde el punto de vista m&eacute;dico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Desarroll&eacute; estos puntos m&aacute;s ampliamente en otro escrito (Ruvalcaba, 2002). Por lo mismo, aqu&iacute; s&oacute;lo resaltar&eacute; lo m&aacute;s importante del asunto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> El rescate consiste en adelantar peque&ntilde;as sumas de dinero a cambio de comprometer la producci&oacute;n agr&iacute;cola o artesanal; las atajadoras son personas que esperan a los productores ind&iacute;genas a la orilla de las ciudades los d&iacute;as de mercado para arrebatarles sus mercanc&iacute;as a cambio de algunas monedas. Warman menciona que estas pr&aacute;cticas y otras parecidas se han erradicado (2003: 84). No es el caso en la Huasteca en donde hasta hace muy poco se practicaron o se han sustituido por otras parecidas. El mismo autor se&ntilde;ala que: "Hay nuevas oportunidades y espacios para los ind&iacute;genas pero persiste una frontera que condena a los indios a la pobreza y a la discriminaci&oacute;n" <i>(idem:</i> 84).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> S&oacute;lo como par&aacute;metro, se han se&ntilde;alado casi 300 asesinatos de personas afiliadas a la oposici&oacute;n mexicana entre 1988 y 1994, a los que habr&iacute;a que sumar la gente sin partido y que sin ser opositores al r&eacute;gimen han muerto por la represi&oacute;n en el campo; sin duda, tambi&eacute;n suman varias centenas.</font></p>      	    <p align="justify">&nbsp;</p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INFORMACI&Oacute;N SOBRE EL AUTOR</b></font></p>      	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jes&uacute;s Ruvalcaba Mercado. Ingeniero agr&oacute;nomo, con maestr&iacute;a y doctorado en antropolog&iacute;a social. Trabajador del CIESAS y profesor de la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. L&iacute;neas principales de investigaci&oacute;n: problemas t&eacute;cnicos y sociales, hist&oacute;ricos y presentes de la agricultura; sociedades campesinas; grupos indios de la Huasteca; la violencia y sus causas. Publicaciones recientes: "C&oacute;mo hacer un proyecto de investigaci&oacute;n", en Tloque Nahuaque. Revista de Estudiantes de Etnohistoria, 1999; "Exploitation &eacute;conomique, discrimination et violence dans la Huasteca", en Annam&aacute;ria Lammel y Jes&uacute;s Ruvalcaba (eds.), Adaptation, violence et r&eacute;volte au Mexique, L'Harmattan, Par&iacute;s, 2002; "La recopilaci&oacute;n de datos y el trabajo de campo", en Bricolage. Revista de Estudiantes de Antropolog&iacute;a Social, 2003; "The Huastec Maya", en Alan R. Sandstrom y Hugo Valencia (coords.), Native Peoples ofthe GulfCoast of M&eacute;xico, en prensa. Se agradecer&aacute; cualquier comentario al art&iacute;culo.</font></p>      ]]></body><back>
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