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<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA["Las Lupes" oaxaqueñas: obligaciones familiares y económicas]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,California State University Departamento de Antropología ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article is the result of a larger study conducted from 1996-2000 with sex workers in the city of Oaxaca de Juarez, capital of one of the poorest states in Mexico.The author examines the women's experiences and the reasons they are involved in this type of work. Specific questions asked include, What do these sex workers say about their economic obligations and social relationships? What are their living and work conditions like? What plans do they have for their own futures and those of their dependents?]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Saberes y razones</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>"Las Lupes" oaxaque&ntilde;as: obligaciones familiares y econ&oacute;micas</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jayne Howell</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Antropolog&iacute;a, California State University, Long Beach.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente art&iacute;culo es resultado de una investigaci&oacute;n m&aacute;s extensa realizada entre 1996 y 2000 con trabajadoras sexuales en la ciudad de Oaxaca de Ju&aacute;rez, capital de uno de los estados m&aacute;s pobres del pa&iacute;s. La autora se pregunta por las condiciones de vida de las trabajadoras y por las razones que las llevaron a optar por este trabajo. &iquest;Qu&eacute; dicen las trabajadoras sexuales sobre las obligaciones econ&oacute;micas, y las relaciones sociales que establecen? &iquest;Cu&aacute;les son las condiciones de su trabajo y su vida? &iquest;Qu&eacute; planes tienen para su propio futuro y para el bienestar de sus dependientes?</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This article is the result of a larger study conducted from 1996&#45;2000 with sex workers in the city of Oaxaca de Juarez, capital of one of the poorest states in Mexico.The author examines the women's experiences and the reasons they are involved in this type of work. Specific questions asked include, What do these sex workers say about their economic obligations and social relationships? What are their living and work conditions like? What plans do they have for their own futures and those of their dependents?</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, los antrop&oacute;logos que estudian a las trabajadoras sexuales han hecho tres tipos de an&aacute;lisis: 1) Muchos investigadores han realizado estudios en los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, principalmente sobre las ni&ntilde;as, adolescentes y mujeres que fueron obligadas al trabajo sexual, siendo secuestradas, enga&ntilde;adas y violadas como parte de su iniciaci&oacute;n (Farley y Kelly, 2000; McCaghy y Hou, 1994; Muecke, 1992). 2) Estas mujeres y ni&ntilde;as (igual que miles de ni&ntilde;os) fueron contagiadas por la pandemia del sida (Barry, 1995), lo que gener&oacute; otra rama de investigaci&oacute;n que se concentra en la necesidad de estudiar la transmisi&oacute;n del sida en relaci&oacute;n con el trabajo sexual e investigar las precauciones que toman las trabajadoras sexuales para protegerse. Este tipo de an&aacute;lisis se preocupa tambi&eacute;n por el desarrollo de programas educativos para proteger la salud de las trabajadoras y, por lo tanto, la salud de sus clientes y la sociedad en general (de Zalduondo, 1991).<sup><a href="#notas">1</a></sup>3) El tercer tipo de an&aacute;lisis considera la estructura del mercado laboral y se pregunta sobre las condiciones que llevan a las mujeres a desempe&ntilde;ar ese trabajo, las condiciones en que trabajan, y la posici&oacute;n que ocupan en la sociedad donde com&uacute;nmente existe un "estigma" sobre la prostituci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se pueden negar las dificultades que viven las mujeres y muchachas en el primer caso, ni podemos rechazar la importancia de estudiar las maneras en que las trabajadoras sexuales pueden cuidarse frente al sida. Pero el enfoque de este ensayo est&aacute; relacionado con el tercer tipo de an&aacute;lisis. &iquest;Qu&eacute; dicen las trabajadoras sexuales sobre las obligaciones econ&oacute;micas, la decisi&oacute;n de optar por este trabajo y las relaciones sociales que establecen? &iquest;Cu&aacute;les son las condiciones de su trabajo y su vida? &iquest;Qu&eacute; planes tienen para su propio futuro y para el bienestar de sus dependientes? Los ejemplos que se presentan fueron tomados de un estudio etnogr&aacute;fico realizado durante 1996 y 2000 con trabajadoras en la ciudad de Oaxaca de Ju&aacute;rez, capital de uno de los estados m&aacute;s pobres de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los argumentos que las feministas plantean sobre el trabajo sexual se enmarcan en dos perspectivas principales: La primera es de la "agencia", que quiere decir que las mujeres tienen el derecho a trabajar en el &aacute;rea que m&aacute;s les conviene. Si el trabajo sexual les sirve por "la libertad" que da, no lo podemos criticar (Jolin, 1994; Lamas, 1993, 1995; Shrage, 1989). La otra perspectiva se refiere al trabajo sexual femenino como una situaci&oacute;n resultado de las estructuras sociales, pol&iacute;ticas, y econ&oacute;micas. Una econom&iacute;a que proviene de la sociedad patriarcal, despu&eacute;s siglos de dominaci&oacute;n social y econ&oacute;mica de las mujeres por los hombres que tienen el poder. Esta estructura resulta de un mercado laboral dividido o estratificado por g&eacute;nero, en donde las mujeres no tienen la oportunidad de estudiar carreras profesionales mejor pagadas y de mayor prestigio social (Nash, 1990). Los trabajos apropiados para mujeres dan menos remuneraci&oacute;n comparados con los apropiados para hombres con similares niveles de educaci&oacute;n, y no permiten a las mujeres independientes vivir en un estilo igual a lo que tiene el hombre del mismo &aacute;mbito familiar y econ&oacute;mico. Desde esta perspectiva, el trabajo sexual, aunque puede dar una ganancia m&aacute;s elevada que la remuneraci&oacute;n para los trabajos m&aacute;s "respetables", aparece como "la mejor de un grupo de las peores opciones" (Judith O'Connell Davidson, 1998: 5).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La prostituci&oacute;n no est&aacute; vista como los dem&aacute;s trabajos. Las trabajadoras sexuales dependen de la matriz social, religiosa y familiar del pa&iacute;s donde viven; es una instituci&oacute;n compleja y var&iacute;a de un pa&iacute;s a otro. De acuerdo con las observaciones de Pierre Bourdieu (1977) sobre lo complejo del fen&oacute;meno de la prostituci&oacute;n, se reconoce aqu&iacute; la importancia de estudiarlo dentro del ambiente local. Se reconoce la necesidad de estudiar las condiciones en que las mujeres toman la decisi&oacute;n de optar por este trabajo en un contexto local.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente ensayo se basa en un estudio realizado con 15 ambulantes<a href="#notas">*</a> oaxaque&ntilde;as que al mismo tiempo son madres. Se centra en el an&aacute;lisis de las razones que ellas presentan para describir la realidad de su vida cotidiana y los motivos para optar por este trabajo. Analiza sus obligaciones familiares, las relaciones con sus hijos, familias y vecinos, y los deseos para su futuro y el de sus hijos. </font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n11/a4i1.jpg" target="_blank">De la serie: Lupe sale de casa, 2003 &#47; Roxana Acevedo</a></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL TRABAJO SEXUAL FEMENINO EN M&Eacute;XICO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El paradigma de la "Madonna/Whore" (como se dice en ingl&eacute;s) es muy reconocido como algo que define los papeles de mujeres en los pa&iacute;ses cat&oacute;licos de Am&eacute;rica Latina, y como algo que ha contribuido al concepto negativo de las trabajadoras sexuales mexicanas espec&iacute;ficamente. En s&iacute;ntesis, esta estructura estima a la "buena mujer" satisfecha en su papel de madre. Esas "buenas mujeres" cuidan su virginidad antes de casarse y son fieles y modestas con sus esposos despu&eacute;s de casarse. En palabras simples: su mundo revuelve sus responsabilidades familiares con las religiosas y ellas est&aacute;n satisfechas con este papel limitado. La santificada mujer abnegada tiene que sacrificar sus propios deseos y necesidades por el bienestar de su esposo y sus hijos. En contra, la "mujer mala" rechaza este papel de madre y esposa, y en lugar de cuidar a su familia, es liberal en sus pensamientos y moralidad, manteniendo relaciones sexuales con varios hombres. La prostituta &#151;que intercambia servicios sexuales por dinero o cualquier otro bien (de Zalduondo, 1991)&#151; es en muchos pa&iacute;ses como M&eacute;xico la ep&iacute;tome de la mujer mala.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Gomezjara y Barrera (1992 &#91;1978&#93;) nos presenta una lista de los peyorativos mexicanos que se usan para referirse a las trabajadoras sexuales con referencia al vicio: siniestras, terribles, degeneradas, pecadoras, inmorales y corruptas. Pero muchos investigadores (Castillo, 1998; Franco, 1989; Tu&ntilde;on Pablos, 1999) han criticado lo limitado de este concepto; por una parte por el &eacute;nfasis puesto en el papel reproducido en lugar de anotar la importancia de las contribuciones econ&oacute;micas que las mujeres hacen a sus familias. Este modelo sugiere que las mujeres no pueden ser madres buenas y prostitutas al mismo tiempo. Pero la realidad es que investigadores como Debra Castillo estiman que aproximadamente el 80% de las prostitutas mexicanas son madres (Castillo, 1998;Uribe <i>et al.,</i> 1999).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a4i2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cultura y el arte popular de M&eacute;xico dan im&aacute;genes de las trabajadoras sexuales como objetos de deseo sexual, piedad o desprecio (Castillo, 1998). Desde una perspectiva, se ve a las trabajadoras como la base de actividades sexuales para los j&oacute;venes de familias de las clases alta y media, como Mc Creery (1986) tambi&eacute;n reporta para Guatemala. Desde otra perspectiva, el concepto de la prostituta se concibe como una "mujer mala" donde puede resultar una situaci&oacute;n en que los padres las ridiculizan frente a sus ni&ntilde;as como ep&iacute;tome de los vicios que una mujer debe evitar tener. Matthew Guttman en <i>Meanings of Macho</i> (1985: 85) nos da un ejemplo de la ciudad de M&eacute;xico: un padre que muestra unas trabajadoras sexuales a sus hijas. Las ambulantes est&aacute;n esperando a sus clientes en la calle y lo que el padre persigue es que las ni&ntilde;as sepan y observen "la diferencia entre una mujer normal y una prostituta".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la evidencia etnogr&aacute;fica tambi&eacute;n sugiere que hay mexicanos que ven a las mujeres que se sacrifican por sus hijos. Por ejemplo, Sarah LeVine y Clara Sutherland Correa (1993) reportan que mujeres en una colonia popular de Cuernavaca comentaron sobre una vecina que acept&oacute; dinero de sus amantes: "Ella siempre llega en las ma&ntilde;anitas para poner a sus ni&ntilde;os listos para la escuela. Ellos fueron para ella como un regalo de Dios. Ella hubiera matado por ellos" (p. 13).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estudios estad&iacute;sticos indican la realidad, hay muchas trabajadoras sexuales mexicanas que tambi&eacute;n son madres. Por ejemplo, un estudio realizado por los soci&oacute;logos Francisco Gomezjara y Estanislao Barrera (1992: 154) plantea que por lo regular las trabajadoras sexuales viven como jefas de familia con sus ni&ntilde;os dependientes. Castillo (1998: 225) se refiere a un estudio de Rosas Sol&iacute;s (no publicado) que indica que la mayor&iacute;a de las trabajadoras sexuales son madres y realizan este trabajo como respuesta a la necesidad econ&oacute;mica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hablando sobre las influencias que motivan a una mujer a desempe&ntilde;ar este trabajo, Marta Lamas (1995) observa que "la 'ventaja' del trabajo callejero es, en palabras de las propias chicas, 'la libertad'. Esto quiere decir varias cosas: tanto la libertad de escoger a los clientes... como una mayor libertad de trabajar los d&iacute;as que quieran." Con respecto a la "gran variedad de trabajadoras sexuales" que incluye desde "las m&aacute;s pobres" hasta "las m&aacute;s refinadas que atienden en apartamentos de lujo" (p. 34), Lamas anota que el trabajo de las callejeras ocupa el lugar m&aacute;s bajo en la jerarqu&iacute;a. Pero puede ser atractiva como opci&oacute;n para mujeres sin primaria terminada, porque comparado con los dem&aacute;s trabajos en el sector informal es posible que gane dos o tres veces m&aacute;s que el salario m&iacute;nimo (p. 47).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL TRABAJO SEXUAL EN LA ECONOM&Iacute;A OAXAQUE&Ntilde;A</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sylvia Chant (1991) en su estudio sobre el papel econ&oacute;mico de la mujer mexicana plantea que por la necesidad econ&oacute;mica, la prostituci&oacute;n ha sobresalido como una opci&oacute;n para mujeres en las ciudades mayores de M&eacute;xico y en varias capitales estatales como Oaxaca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Oaxaca es un lugar ideal para estudiar el tema como opci&oacute;n econ&oacute;mica para mujeres por las condiciones en las que se encuentran sus habitantes. En el medio rural, donde vive la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n, el nivel promedio de educaci&oacute;n es menor a cinco a&ntilde;os de primaria y la tasa de analfabetismo llega a m&aacute;s del 20%. Las mujeres que viven en medios rurales constituyen la poblaci&oacute;n menos preparada del estado (INEGI, 2000). La poblaci&oacute;n de la ciudad de Oaxaca creci&oacute; hasta 400 mil habitantes en la d&eacute;cada de los noventa (INEGI, 2000), la mayor parte por la migraci&oacute;n urbana. Con poca industria, aparte del turismo, el sector mayor de la econom&iacute;a es el terciario: servicios. Casi una tercera parte de la poblaci&oacute;n activa en la econom&iacute;a son mujeres (INEGI, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estudios anteriores indican que las familias urbanas necesitan generar al menos dos veces el salario m&iacute;nimo (de 32 pesos al d&iacute;a) para alcanzar sus gastos cotidianos. Para sostenerse, la estrategia de las familias m&aacute;s marginadas frecuentemente incluye el tener a varios miembros &#151;ni&ntilde;os y mujeres tambi&eacute;n&#151; trabajando (Murphy y Stepick, 1991: 94). Al mismo tiempo, ellos anotan que hay una correlaci&oacute;n entre algunos factores &#151;sexo, edad, y escolaridad&#151; y el tipo de trabajo que uno realiza con el sueldo que percibe. En s&iacute;ntesis, "ser hombre, preparado y joven se vincula con la mayor probabilidad de tener acceso al sector formal y las plazas fijas, los beneficios, y un sueldo alto".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las mujeres del medio rural que migran a la ciudad a trabajar y que no tienen altos niveles de escolaridad, encuentran los trabajos menos remunerados en el mercado laboral urbano, en el sector terciario como sirvientas dom&eacute;sticas, vendedoras y lavanderas (Howell, 1999). Muchas (en particular las sirvientas) trabajan m&aacute;s de 12 horas al d&iacute;a y ganan menos del salario m&iacute;nimo. Un problema que exacerba la situaci&oacute;n es que ellas no reciben beneficios como prestaciones, vacaciones pagadas, d&iacute;as libres de salud o maternidad. Lo peor es que despu&eacute;s de a&ntilde;os de no percibir un sueldo adecuado, no reciben una pensi&oacute;n cuando a cierta edad o despu&eacute;s de trabajar "20" a&ntilde;os tienen que dejar de hacerlo. No tendr&aacute;n la oportunidad de jubilarse con un ingreso fijo. En contraste, aunque las trabajadoras sexuales tambi&eacute;n laboran en el sector informal sin los beneficios, es posible, seg&uacute;n muchas de ellas, ganar m&aacute;s que el sueldo m&iacute;nimo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo sexual no es un delito en Oaxaca; desde 1885 el gobierno de la ciudad reconoc&iacute;a a la prostituci&oacute;n "como necesaria", pero instrument&oacute; reglamentos para controlarla (Overmyer Vel&aacute;zquez, 2000). La Regidur&iacute;a de Salud, Rastros y Panteones registra trabajadoras sexuales que cumplen con sus reglas y est&aacute; encargada del Centro de Atenci&oacute;n y Control de Enfermedades de Transmisi&oacute;n Sexual (CACETS). Los doctores de CACETS hacen ex&aacute;menes semanales a las trabajadoras sexuales y administran los libretos. Hay cuatro tipos de libretos disponibles para las trabajadoras que laboran en diferentes lugares y ambientes. Primero, las ambulantes o callejeras trabajan en las calles por su cuenta, y el libreto dice en qu&eacute; manzana de tal calle puede trabajar. Segundo, las ficheras trabajan en cantinas y normalmente ganan un sueldo fijo m&aacute;s una comisi&oacute;n por las bebidas de los clientes con quien bailan, platican o comparten copas. Algunas de ellas tienen relaciones sexuales, otras dicen que trabajan solamente como meseras o ficheras. El tercer grupo incluye a las mujeres que trabajan en casas de citas, donde una madrina maneja el negocio. Los homosexuales o travestis constituyen el grupo final, Michael Higgins describe la vida de estos "gals" en su libro (Higgins y Coen, 2000). Tambi&eacute;n hay mujeres que trabajan por su cuenta en los restaurantes y bares, que solicitan clientes a trav&eacute;s de tarjetas en las que ofrecen sus servicios como "escorts".<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque algunos turistas se aprovechan de las mujeres j&oacute;venes que trabajan en bares, casas de cita o como "escorts" (y conozco a muchos hombres que han recibido las tarjetas que anuncian los servicios mientras est&aacute;n en el z&oacute;calo) o que visitan a los travestis que trabajan en las calles cerca de los sitios de las ambulantes (Higgins y Coen, 2000), Oaxaca no es bien reconocida como lugar con <i>sex tourism.</i> Las ambulantes no reportan que los turistas sean gran parte de sus clientes. Puede ser que el turismo en Oaxaca est&aacute; promovido como una experiencia "cultural" o "art&iacute;stica" que incluya visitar los museos, ruinas arqueol&oacute;gicas y pueblos ind&iacute;genas donde producen arte, en lugar de tener la experiencia de "fiesta" que se encuentra en los centros hoteleros y ciudades en la frontera con Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Solamente 400 mujeres fueron registradas en la ciudad de Oaxaca como callejeras en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los noventa (Mayoral, 1996). Las mujeres de 18 a&ntilde;os y m&aacute;s pueden solicitar un libreto y deben cumplir con las regulaciones de CACETS. Esto significa que pasan por los ex&aacute;menes y se toman an&aacute;lisis para el c&aacute;ncer uterino, enfermedades sexuales como la s&iacute;filis y el sida. Las trabajadoras registradas (que no tengan enfermedades) reciben un libreto con el nombre que ellas quieren usar, su foto, el lugar donde trabajan y la indicaci&oacute;n de que est&aacute;n sanas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>M&Eacute;TODOS Y PERFIL DE LA MUESTRA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el verano de 1996 he estado en contacto con ambulantes que trabajan por una calle cerca del mercado Benito Ju&aacute;rez. Pasaba horas observando y hablando con ellas mientras esperaban a sus clientes y he sido invitada a las casas de algunas de ellas para conocer a sus familiares. En el verano de 1997 recib&iacute; permiso para entrevistar a algunas mujeres que van a CACETS para sus an&aacute;lisis y ex&aacute;menes.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Las mujeres que conoc&iacute; (de 21 a 62 a&ntilde;os) trabajaban desde hace cinco y 20 a&ntilde;os antes de conocernos. Por respeto a su confianza me refiero a ellas con seud&oacute;nimos. </font><font face="verdana" size="2">Mis observaciones en la calle, junto con las conversaciones con las callejeras y otros oaxaque&ntilde;os de diferentes clases y ocupaciones que pertenecen al mundo del trabajo sexual, sirven como contexto para entender las condiciones laborales de estas mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las entrevistas les pregunt&eacute; sobre siete temas. Al principio busqu&eacute; informaci&oacute;n demogr&aacute;fica: edad, lugar de nacimiento y residencia actual, estado civil, n&uacute;mero de hijos, nivel de estudios y experiencia laboral. Despu&eacute;s les pregunt&eacute; sobre sus experiencias como trabajadoras sexuales: d&oacute;nde y por qu&eacute; comenzaron. El tercer tema correspondi&oacute; a sus circunstancias econ&oacute;micas y c&oacute;mo mantienen a sus familias. El cuarto se refiri&oacute; a sus relaciones con hombres ajenos a los que conocen por su trabajo. Quinto, sus pensamientos sobre su papel de madre y sus relaciones con sus hijos. Sexto, los problemas que han tenido por su trabajo &#151;relaciones sociales con vecinos, clientes, familiares, adem&aacute;s de los problemas violentos o verbales que hubieran sucedido con sus clientes o con otras trabajadoras sexuales, y el del sida. Finalmente, hablaron sobre sus planes para el futuro y sus esperanzas para el futuro de sus hijos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las caracter&iacute;sticas econ&oacute;micas, educativas y familiares de la gran mayor&iacute;a de las mujeres entrevistadas coinciden con las estad&iacute;sticas presentadas en estudios anteriores por Guadalupe Musalem (no publicado), Vilma Barahona, Guadalupe Garz&oacute;n&#45;Arag&oacute;n, Musalem (1986) y otro por Cesar Mayoral (1996) sobre las trabajadoras sexuales oaxaque&ntilde;as. Tal como ellos encontraron en sus muestras m&aacute;s grandes, las ambulantes que conoc&iacute; nacieron en pueblos rurales y no viv&iacute;an con un hombre en una relaci&oacute;n fija. Son madres de 1&#45;6 ni&ntilde;os y m&aacute;s del 20% eran abuelas.<sup><a href="#notas">5</a></sup> La mayor&iacute;a no termin&oacute; la primaria y, como report&oacute; Musalem, muchas eran analfabetas. Algunas afirmaron haber dejado de estudiar porque "no me gust&oacute;" o "no quise estudiar", pero la mayor&iacute;a dijo que porque ten&iacute;an que trabajar en sus mismas casas o afuera, por lo regular como sirvientas o vendedoras.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a4i3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de entrar al trabajo sexual, ellas trabajaron en otras partes del sector informal como meseras, vendedoras, sirvientas o cocineras. Reiteradamente dijeron que "los sueldos no alcanzan" para los gastos cotidianos. Aunque afirmaron que sus ganancias en el trabajo sexual son mayores que en otros trabajos, la descripci&oacute;n de su situaci&oacute;n econ&oacute;mica coincide con la observaci&oacute;n de Musalem, las ambulantes viven "una precaria y dif&iacute;cil situaci&oacute;n econ&oacute;mica".</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EL RITMO DE LA CALLE</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las observaciones sistem&aacute;ticas e interacciones en la calle se realizaron por el d&iacute;a, y los comentarios sobre las actividades de noche est&aacute;n basados en las respuestas de las ambulantes sobre sus experiencias y observaciones, as&iacute; como mis observaciones casuales cuando iba a la calle por la noche. Las mujeres normalmente trabajan seis d&iacute;as a la semana y a veces cambian sus horarios por necesidades familiares y para asistir a la cl&iacute;nica. La mayor&iacute;a de las que hacen trabajo diurno llegan entre las 9 y las 10 de la ma&ntilde;ana, y terminan a las 3 o 4 de la tarde. Normalmente entre 10 y 12 mujeres est&aacute;n trabajando al mismo tiempo. Hay variantes en su conducta y manera de vestir. Sobre todo, la mayor&iacute;a de las callejeras de d&iacute;a no parece tener entre 35 y 55 a&ntilde;os. Muy pocas usan ropa provocativa, la mayor&iacute;a de ellas no se muestra apenada ni se viste en la manera asociada con las prostitutas. Usan ropa casual como blusas y chamarras, faldas por debajo de sus rodillas y zapatos sencillos. Este patr&oacute;n es obvio para muchos oaxaque&ntilde;os, como me dijo un mesero de 22 a&ntilde;os cuando le platiqu&eacute; en qu&eacute; calle hac&iacute;a mis observaciones: "Pero ellas no son putas verdaderas. Se visten como sirvientas. Nadie va con ellas." Me dijeron que es m&aacute;s com&uacute;n que las mujeres que trabajan de noche usen ropa provocativa, mucho maquillaje y joyer&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tina, una abuela de 54 a&ntilde;os que conoc&iacute; en la calle al empezar el proyecto, me inform&oacute; que hay "puros pleitos" entre esas mujeres.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Esto puede explicar el rango de interacciones que observ&eacute;: aunque algunas nunca hablaban entre s&iacute;, otras platicaban si no hab&iacute;a clientes. Yo pas&eacute; muchos d&iacute;as escuchando a tres mujeres que se quejaron de sus hijos, la poca ganancia, sus interacciones con sus clientes y su deseo de abandonar ese trabajo. Algunas pasan su tiempo leyendo historietas o tejiendo por tejer; Higgins y Coen (2000) las llamaron como "the Knitters (las tejedoras)". Yo prefiero llamarlas "las Lupes" porque es el nombre que escogen m&aacute;s frecuentemente para conservar su identidad verdadera, y por eso lo usan en sus libretos o cuando se presentan a un desconocido.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n11/a4i4.jpg" target="_blank">De la serie: Lupe sale de casa, 2003 &#47; Roxana Acevedo</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las callejeras saben distinguir a los posibles clientes entre los hombres que caminan por esta calle. La mayor&iacute;a de los hombres pasa como parte de sus actividades cotidianas con sus esposas, mam&aacute;s e hijos. No hablan con las prostitutas. Un grupo de ancianos anda en la calle, muchas veces a la semana, para observar y criticar a las trabajadoras sexuales, pero tampoco son clientes. Una minor&iacute;a de los hombres que pasa por la calle est&aacute; ah&iacute; por las prostitutas. Ellas dicen que sus clientes normalmente vienen de la clase baja con sueldos bajos (obreros y campesinos), o que son j&oacute;venes oaxaque&ntilde;os. </font><font face="verdana" size="2">Sus interacciones en p&uacute;blico pasan en menos de un minuto y consisten en determinar el servicio que el cliente busca, as&iacute; como si ella est&aacute; de acuerdo con el precio.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando inici&eacute; las entrevistas, las mujeres empezaron a cobrar entre 40 o 50 pesos, aunque frecuentemente aceptaban 20 o 30 pesos por "lo normal" (sexo vaginal con cond&oacute;n). Algunas todav&iacute;a aceptan el antiguo precio, otras dijeron que ya piden unos 100 o 150 pesos. Excepcionalmente llegan a ganar 500 pesos (en d&iacute;as festivos cuando la ciudad est&aacute; llena de gente, o por el fin de a&ntilde;o cuando la gente recibe aguinaldo), pero hay muchos m&aacute;s d&iacute;as en que "no hay nada" de clientes ni ganancia. Las mujeres que est&aacute;n dispuestas a hacer "extras" (como tener sexo oral, anal o sin cond&oacute;n) pueden atraer m&aacute;s hombres y pedir m&aacute;s dinero, pero la mayor&iacute;a las critican por ser "tontas" o "burras". La abuela Tina coment&oacute; que para ella hacer cosas "extras" es algo repugnante: "Hay una muchacha que trabaja ac&aacute; en la noche, dicen que hay una cola de hombres que est&aacute;n esper&aacute;ndola. Qui&eacute;n sabe qu&eacute; hace esta mujer, pero s&iacute;, ella tiene un chingo de clientes." Debo mencionar que el estudio hecho por Mar&iacute;a Rangel G&oacute;mez (cf. Castillo, 1998: 234&#45;235) indica que la mayor&iacute;a de las trabajadoras entrevistadas en Tijuana no ten&iacute;an sexo con cond&oacute;n, y como se hacen ex&aacute;menes peri&oacute;dicos saben que no padecen ninguna enfermedad, pero no saben si el cliente tiene sida. En cambio, Lamas (1993) reporta que las chicas que entrevist&oacute; en la ciudad de M&eacute;xico no pierden a los clientes por hacerlo sin cond&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las m&aacute;s viejas de la calle hacen notar que las m&aacute;s j&oacute;venes tienen m&aacute;s suerte en llamar la atenci&oacute;n de los clientes, por el hecho de que parecen "m&aacute;s atractivas" o porque los hombres las consideran m&aacute;s disponibles de hacer "lo que sea". Como anot&eacute; arriba, hay mujeres que no vieron como una cosa positiva hacer los "extras".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dijeron que las muchachas que andan "haciendo lo que puedan para ganar" lo hacen para solventar su adicci&oacute;n a las drogas. Otras las consideraron "sinverg&uuml;enzas". Hablando de una mujer joven que acepta realizar el sexo oral, una abuela coment&oacute;: "&iquest;C&oacute;mo voy a dar un beso a mi hijo si estoy chupando as&iacute;? Dime c&oacute;mo puedo. Para nada. Es sucio. Ella es sucia." Otras hablaron sobre la importancia de "cuidarse". Para ellas, eso quiere decir dos cosas: la necesidad de protegerse contra el sida y la de nunca "mecerse con un hombre loco". Afortunadamente ninguna de las mujeres report&oacute; haber sido golpeada por un cliente, pero todas dijeron que conocen a "pobrecitas" que sufrieron violencia por sus clientes, y en algunos casos han muerto. La que habl&oacute; sobre la situaci&oacute;n de la violencia es Marta, cuya amiga tuvo la experiencia de estar amenazada durante horas por un "loco" con pistola. Marta se asust&oacute; por varias razones. Primero: su amiga "se hubiera muerto por ese loco". Segundo, porque "yo he conocido a muchos hombres enfermos (de la cabeza) por mi trabajo. Algunos tienen fantas&iacute;as perversas, y a veces no me gustan, pero hay que jugar con ellos si quieres ganar. Pero nunca conoc&iacute; a un hombre que iba con una prostituta sin ganas de tener relaciones". Finalmente, que ella sepa, la polic&iacute;a nunca encontr&oacute; al hombre, aunque su amiga s&iacute; cooper&oacute; con ellos. El problema, dice Marta, es que el hombre se parece a "cualquier otro, o como un loco" y sigue libre, quiz&aacute;s haciendo da&ntilde;o a otras mujeres. Ella dijo que estaba impresionada por las ganas que la polic&iacute;a puso para capturarlo porque "cuando un hombre maltrata o abusa de una prostituta, hay muchas personas que dicen que ella lo merece".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posibilidad de que un cliente pueda ser un loco violento tiene que ver con la decisi&oacute;n de escoger los hoteles para trabajar. Despu&eacute;s de confirmar el precio, el cliente paga el cuarto (normalmente 10&#45;15 pesos) en el hotel que la trabajadora designa. Las mujeres prefieren ir a cuartos con agua caliente para limpiarse despu&eacute;s de estar con sus clientes, aunque normalmente van a un hotel con agua fr&iacute;a ubicado en la misma manzana o calle donde trabajan. La trabajadora sexual sabe que los empleados del hotel la ayudar&iacute;an si lo solicitara dando un golpe en la pared, un chiflido o un grito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las mujeres hablaron sobre los problemas que ocurren en su trabajo. Dijeron que muchos clientes son sucios, feos, codos, incompetentes o que huelen muy mal. Tambi&eacute;n reciben insultos como: "Oyes puta, &iquest;por qu&eacute; te rentas?" Entre ellas se dicen que esos hombres son "locos" o "cochinos". Otras dicen "a volar" o "l&aacute;rgate", y si no se van les pegan con un zapato o les echan agua. Algunas contrastaron su situaci&oacute;n con la de una fichera que tiene que aguantar "abuso" porque el due&ntilde;o de la cantina lo demanda. Tina dijo: "Yo no dejo a nadie insultarme. Y ning&uacute;n hombre va a tocarme sin pagar antes."</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS CASOS INDIVIDUALES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las condiciones en la calle, junto con el problema del sida y otras enfermedades sexuales, as&iacute; como la posibilidad de la violencia, dan una perspectiva de vida dif&iacute;cil, en los mejores casos, y llena de riesgos, pleitos y preocupaciones de dinero en los peores. &iquest;Por qu&eacute; trabajan ellas en esta ocupaci&oacute;n? &iquest;Piensan que el trabajo les da m&aacute;s remuneraci&oacute;n por el tiempo invertido que los dem&aacute;s trabajos en el sector informal? &iquest;Cu&aacute;les son sus obligaciones econ&oacute;micas y familiares? &iquest;C&oacute;mo son sus relaciones con familiares y vecinos? &iquest;Sienten culpa por dedicarse a un trabajo mal visto por la sociedad, o como reporta Castillo (1998), que no se fijan en los roles idealizados? Para entender un poco mejor las vidas de las mujeres que trabajan en esta calle, pasamos a cuatro casos que son representantes de la muestra: nacieron en pueblos rurales, tienen bajo nivel de estudios, han trabajado en diferentes sectores de la econom&iacute;a y sobre todo son madres que reciben poca ayuda econ&oacute;mica, si es que reciben alg&uacute;n apoyo de los padres de sus hijos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Caso uno: Marta</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marta, de 43 a&ntilde;os, trabaja en la noche y a veces gana hasta 300 pesos, pero otros d&iacute;as gana solamente 50.Tiene tres hijos y vive en una casa de l&aacute;mina en una colonia popular. Ella dice: "Si yo tuviera una casa de dos pisos, bien arreglada, yo no tendr&iacute;a que trabajar as&iacute;." Estudi&oacute; 68 4 hasta el cuarto grado de la primaria y luego empez&oacute; a trabajar como mesera en el Istmo. Hace 16 a&ntilde;os qued&oacute; embarazada de un hombre que "me enga&ntilde;&oacute;'. Sigue trabajando como mesera, pero no puede pagar a una criada para que cuide a su hija. Marta le pidi&oacute; a su t&iacute;a que le ayudara, pero ella le dijo: "T&uacute; tuviste el problema. Arr&eacute;glalo t&uacute;."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marta lleg&oacute; a Oaxaca buscando ganar un poco m&aacute;s para mantener a su hija. Encontr&oacute; a otro hombre en Oaxaca y se junt&oacute; con &eacute;l. Despu&eacute;s de tener dos hijos en tres a&ntilde;os con &eacute;l la dej&oacute;. Dice ahora: "Tengo a&ntilde;os de no estar con nadie." Marta explica que ten&iacute;a tres hijos menores de cuatro a&ntilde;os y "yo me pregunt&eacute; qu&eacute; har&iacute;a para mantener a mis hijos. &iquest;Qui&eacute;n me los cuida? No tengo familia ac&aacute;". Encontr&oacute; a una mujer que los cuidara y se inici&oacute; como trabajadora sexual. Despu&eacute;s de trabajar como diez a&ntilde;os, Marta decidi&oacute; dejarlo para "descansar" porque (se&ntilde;al&oacute; su vagina) "el cuerpo se cansa mucho" trabajando en esto. Trat&oacute; de "descansar" trabajando en la limpieza de un edificio federal, donde ganaba 238 pesos a la semana, y en otro del gobierno estatal que le pagaba 350 a la quincena. Regres&oacute; al trabajo sexual cuando su hija mayor empez&oacute; a estudiar la secundaria porque "los sueldos que me daban no me alcanzaron para los gastos de la escuela como zapatos, libros, mochilas, uniformes, autobuses. M&aacute;s la comida. Ya sabes, la vida cuesta. Todo cuesta" Ella comenta que siempre les dice a sus hijos: "Sin educaci&oacute;n no hay esperanza de encontrar un buen sueldo." Sus hijas no saben en qu&eacute; trabaja. "Les digo que trabajo en un restaurante". Pero saben que ella no estudi&oacute; despu&eacute;s de la primaria. "Les digo que sigan estudiando para que no sean igual que yo. Les digo que no se puede trabajar en nada &#151;ni en la limpieza&#151; si no estudias. De veras, los patrones te piden tus certificados de la prepa. Les digo que estudien ahora, para que luego te cases y ya est&eacute;s preparada. Si no te va bien, tendr&iacute;as algo con qu&eacute; defenderte."</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Caso dos: Araceli</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Araceli, de 54 a&ntilde;os, es madre de tres hijos. Dos ya tienen m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y un joven todav&iacute;a vive en su casa en el distrito de Etla donde ella tiene un terreno chico que se lo dejaron sus padres. Empez&oacute; a ser trabajadora sexual hace siete a&ntilde;os, "como andaba de lavandera y no me alcanzaba. Ten&iacute;a yo que dar a mis hijos". Va a la ciudad seis d&iacute;as a la semana. Llega m&aacute;s o menos a las 10 de la ma&ntilde;ana y regresa a su pueblo a las dos o tres de la madrugada. El colectivo le cuesta seis pesos al d&iacute;a. Ella reporta que sus ganancias son m&iacute;nimas: "Las muchachas cobran mucho m&aacute;s &#91;que yo&#93;. Como ya soy grande, les digo 10 o 15 &#91;pesos&#93;. No les voy a decir 50. A veces llevo 50 al d&iacute;a. No mucho."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando le pregunt&eacute; sobre los problemas con este trabajo, ella respondi&oacute;: "Como una trata a ellos, ellos tratan a una", para explicar que nunca ha encontrado a un cliente que la maltrate. Pero al mismo tiempo admit&iacute;a que hay problemas por su edad: "La cosa m&aacute;s dif&iacute;cil es... estar con los hombres. Una se aburre. Y ya grande, pues, imag&iacute;nate... Yo quiero salir este a&ntilde;o. Ya grande es imposible." Hablaba indirectamente sobre otros dos problemas. Por una parte, tiene verg&uuml;enza que sus hijos sepan que ella tiene ese trabajo: "Les digo que yo soy lavandera." Pero como (seg&uacute;n ella) "la calle es un lugar p&uacute;blico", algunos de sus vecinos la han visto, y "son bien chismosos", hablan con sus hijos y la critican directamente a ella: "La gente all&aacute; a veces me ve en la calle y les dicen cosas a mis hijos. Mis hijos me han preguntado pero les digo que as&iacute; es la gente, chismosa. Digo que hablen, que digan lo que quieran. No les hago caso."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre sus planes para el futuro, Araceli dice que tiene la esperanza de abrir una miscel&aacute;nea en su casa el pr&oacute;ximo a&ntilde;o, despu&eacute;s de que su hijo salga de la preparatoria. Seg&uacute;n ella, &eacute;l quiere ser militar y para entonces ella no necesitar&aacute; trabajar para sostenerse. Dice que no tiene ning&uacute;n plan de buscar un hombre "ni amante, novio ni esposo; quiero vivir tranquila, con mi hijo". Pero hay otro problema que le preocupa: aunque dice que siempre usa condones con los hombres, confes&oacute; que tiene miedo de haber contra&iacute;do el sida. Explica que "cuando salgo voy a hacer mis an&aacute;lisis para tranquilizarme".</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Caso tres: Pamela</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pamela tiene 29 a&ntilde;os, es soltera, y empez&oacute; a trabajar cuando ten&iacute;a 12 a&ntilde;os. Ella explic&oacute; sobre su familia: "Mis padres no ten&iacute;an nada. Mi mam&aacute; fue madre soltera. Trabajaba como vendedora de comida. Yo no estudi&eacute; nada. Nunca me mand&oacute; a la escuela. Me mand&oacute; a trabajar como sirvienta. Pues una amiga m&aacute;s grande me llev&oacute; a la ciudad y me dijo que pod&iacute;a ganar m&aacute;s as&iacute;. Yo era chamaca. no sab&iacute;a yo qu&eacute; hac&iacute;a. qu&eacute; significaba. Pasaron cinco a&ntilde;os as&iacute;, hasta que encontr&eacute; al padre de mis hijos mayores."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se embaraz&oacute; de su hija que ahora tiene 12 a&ntilde;os, y dej&oacute; de trabajar unos 10. Encontr&oacute; a otro hombre "que nunca trabajaba" y tuvo dos hijos con &eacute;l. Terminaron hace tres a&ntilde;os, y "me llev&oacute; mi nene". No daba dinero para su hijo que le dej&oacute; y "me puse a trabajar otra vez para mis hijos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ella prefer&iacute;a hablar sobre el bienestar de sus hijos m&aacute;s que sobre su trabajo. Explic&oacute; que ten&iacute;a que planear su tiempo y su dinero para tener suficiente para los gastos cotidianos. Est&aacute; rentando una casa sencilla de l&aacute;mina con una rec&aacute;mara para ella y sus dos hijos. Tambi&eacute;n va al DIF por su despensa; paga ocho pesos por 36 litros de leche, cereal y chocolate. Sobre sus hijos dice: "Pago a una se&ntilde;ora que me los cuide en su casa", pero Pamela les prepara su comida: "normalmente una sopita de frijol, no comemos mucha carne" y les lava la ropa para no pagar a una lavandera.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a4i5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pamela trabaja dos turnos, siete d&iacute;as a la semana, para ganar "lo m&aacute;ximo posible". Est&aacute; en la calle a las 11 de la ma&ntilde;ana y sale en la tarde para ir a su casa con suficiente tiempo para preparar la comida para sus hijos. Regresa a la calle a las siete de la noche y se queda all&aacute; hasta la una de la ma&ntilde;ana. Normalmente "cobro unos 30, 40. A veces 20... Cuando hay pues gano hasta 100.Pero cuando no hay, pues nada." Lo peor del trabajo, dijo con &eacute;nfasis, es que "hay que soportar a los hombres". Sobre su vida personal dice que est&aacute; "s&oacute;lita por ahora" porque despu&eacute;s de su &uacute;ltima relaci&oacute;n no quiere andar con otro. Tampoco quiere seguir como trabajadora sexual, pero dice que piensa seguir "hasta que yo comprara mi terreno y haga mi casa". No sabe en qu&eacute; trabajar&aacute; luego, aunque no quiere trabajar como fichera: "No me gusta. Hay que fumar y una se enferma r&aacute;pido." Tiene miedo que los hijos sepan qu&eacute; hace, aunque su mam&aacute; y sus hermanos ya saben: "Mi mam&aacute; me rega&ntilde;a por mi trabajo. Me dice que me salga de eso. Mis hermanos se enojan. Ya no me hablan. Me pongo mal, pero tengo que salir para mis hijos."</font></p> 	    <p align="center"><font size="2" face="verdana"><a href="../img/revistas/desacatos/n11/a4i6.jpg" target="_blank">De la serie: Alto, mujeres trabajando, 2003 &#47; Roxana Acevedo</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Caso cuatro: Navidad</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Navidad es divorciada y tiene 36 a&ntilde;os. Es madre de dos j&oacute;venes. Viene de una familia grande (de siete hermanos) de la Costa, donde sus padres siguen trabajando como campesinos. Describe su nivel de escolaridad: "Nada. Estoy media aprendida por una maestra" para quien trabajaba como sirvienta. Empez&oacute; a trabajar en un comedor y conoci&oacute; a su esposo cuando &eacute;l iba ah&iacute; a comer. Se casaron y &eacute;l la llev&oacute; a vivir con su familia en otro pueblo coste&ntilde;o. Trabaj&oacute; en el negocio de la familia del esposo donde su suegra la trat&oacute; "como a una esclava. Peor de como ella trataba al mozo que ten&iacute;an". Su esposo "tomaba mucho" y recuerda que "peleamos mucho. No nos entendimos". Se separaron despu&eacute;s de seis a&ntilde;os y se fue a Puerto Escondido donde encontr&oacute; trabajo como recamarera en un hotel. "Pero no me alcanzaba. Tuve que pagar la escuela, la comida. a las que me cuidaban los hijos. Empec&eacute; ir a las cantinas cuando ten&iacute;a unos 25 a&ntilde;os. Una muchacha me llev&oacute; a Veracruz a trabajar en una 'casa de cita' donde ella ganaba 'suficiente'", pero se vino a Oaxaca, donde empez&oacute; a trabajar por primera vez como ambulante.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escogi&oacute; un turno de noche (de las seis de la tarde hasta las 11:30) porque gana m&aacute;s comparado con la ganancia de d&iacute;a. Dice que gana hasta 300 pesos al d&iacute;a. "Les cobro unos 50 pesos m&aacute;s 15 para el cuarto. Ellos siempre lo pagan." Explica su preferencia por los clientes frecuentes. "En mi trabajo se trata con hombres que son tomados. Yo nunca les digo nada, para no tener problemas. </font><font face="verdana" size="2">Siempre uso condones y voy a la cl&iacute;nica cada semana para mis an&aacute;lisis." Habla sobre problemas en la calle "por la competencia entre ellas". Dice: "No me meto con otras mujeres en la calle. Yo trabajo de mi cuenta. Para m&iacute; misma." Toma un taxi cuando termina en la noche para "llegar r&aacute;pido a la casa para estar con mis hijos en la noche. Es muy importante para ellos". Adem&aacute;s, la presencia p&uacute;blica del trabajo sexual conlleva problemas con varios familiares, incluso con su ex esposo y miembros de su familia. "Me critican, por supuesto" Su ex esposo trat&oacute; de quitarle a los hijos cuando se fue, pero ella fue con un abogado "que arregl&oacute; todo. Me cost&oacute; mucho. Mucho trabajo". Sobre sus familiares y vecinos dice: "S&iacute; me criticaban. Pero me hace igual si me hablan o no me hablan. Yo no vivo para ellos. Ni trabajo para ellos. Trabajo para que mis hijos salgan adelante. Ahora mi hija sabe que estoy trabajando para que ella estudie. Y ella tambi&eacute;n trabaja. Ya tiene un a&ntilde;o trabajando como estilista y va a seguir mientras estudie la universidad. Luego, espero que me ayude con los gastos de la casa, porque ya no quiero salir. Unos cuatro a&ntilde;os m&aacute;s y ya."</font></p>     <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LAS SITUACIONES INDIVIDUALES EN UN CONTEXTO M&Aacute;S AMPLIO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las caracter&iacute;sticas de los casos presentados arriba tienen mucho en com&uacute;n con las cifras de Barahona <i>et al.</i> y Mayoral, planteados en estudios anteriores sobre el trabajo sexual en Oaxaca, y tambi&eacute;n se vinculan con las muestras de los an&aacute;lisis realizados en M&eacute;xico por Gomezjara y Barrera y Castillo. Muchos temas emergen sobre las situaciones de estas mujeres, incluso las obligaciones y circunstancias econ&oacute;micas como jefas de familia, las relaciones sociales con familiares y otros miembros de la sociedad, los planes para el futuro con respecto a los riesgos f&iacute;sicos que enfrentan en su trabajo, y sus ideas sobre la posici&oacute;n que ocupan en la sociedad oaxaque&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, las seis mujeres entrevistadas vienen de pueblos rurales, las cuatro que migaron a la ciudad no tienen familiares que vivan cerca que les puedan ayudar con sus familias. Ninguna de ellas vive con una pareja buena, con los padres de sus hijos y que les d&eacute; suficiente para mantener a sus familias. Cada una se ve como la jefa de su familia, la que tiene toda la responsabilidad econ&oacute;mica y moral para el bienestar de sus hijos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Circunstancias econ&oacute;micas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todas las ambulantes toman en serio las obligaciones econ&oacute;micas para con sus hijos. Seg&uacute;n ellas, las necesidades b&aacute;sicas son la comida, casa, ropa, transporte, atenci&oacute;n m&eacute;dica y, mientras los ni&ntilde;os son peque&ntilde;os, alguien que los cuide. Otra obligaci&oacute;n econ&oacute;mica que les preocupa es dar educaci&oacute;n formal a sus hijos.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Hablan del hecho de que su ganancia, aunque var&iacute;a, nunca les alcanza para los gastos del hogar. Una mujer que conoc&iacute; por casualidad en la calle estaba llorando porque acababa de saber que necesitaba 200 pesos para comprarle lentes a su hija.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto a los gastos cotidianos y las urgencias que viven, cada una indica que si deja el trabajo sexual no puede generar un ingreso suficiente para sostener a su familia en un nivel b&aacute;sico. Todas han tenido otros trabajos del sector informal (como mesera, sirvienta, cocinera, lavandera) y rechazan la idea de trabajar como empleadas dom&eacute;sticas. Ese trabajo es uno que oaxaque&ntilde;os "decentes" me sugirieron, y a veces ellas lo consideran como una alternativa. Dicen que las familias de las clases altas y medias prefieren "tener una sirvienta joven y virgen en lugar de una prostituta vieja, y mucho menos una que tiene tres o cuatro hijos". No quieren vivir "en casa" porque han vivido muchos a&ntilde;os con sus hijos y no aceptan vivir bajo las reglas de los patrones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe mencionar que los sueldos que pagan a las trabajadoras dom&eacute;sticas no son suficientes para vivir. Cada una de las entrevistadas, como otras que conoc&iacute; en el estudio, rechazaron la idea de que pueden trabajar como lavanderas porque dicen que "trabajan mucho y ganan muy poco". Hablan del hecho de que la lavandera gana 40&#45;50 pesos en cuatro horas, y que las callejeras tendr&aacute;n que trabajar dos turnos de lavanderas para generar un sueldo igual a lo que ganan ahora, y despu&eacute;s lavar su propia ropa para no pagar a una lavandera. Hablan tambi&eacute;n sobre el hecho de que la lavandera usa agua fr&iacute;a, y pierde sus d&iacute;as de trabajo porque se enferman de gripe, neumon&iacute;a y artritis. Dicen que aunque su ganancia en la prostituci&oacute;n es variable, les conviene m&aacute;s trabajar en esto que en otros trabajos del sector informal donde el sueldo "no alcanza" y, como dicen muchas, "es que no me queda otra opci&oacute;n".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a4i7.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede comparar la situaci&oacute;n en que ellas viven desde la perspectiva de Katie Willis (2000), en su estudio sobre los hogares oaxaque&ntilde;os con jefatura femenina (es decir, las familias donde las mujeres no viven con ninguna pareja), que ahora son una de cada siete familias en el estado (INEGI, 2001). Willis concluy&oacute; en su estudio que las familias de este tipo en la clase media<sup><a href="#notas">10</a></sup> tienen una estructura extendida y miembros adultos (incluso la mam&aacute; y ni&ntilde;os) con altos niveles de escolaridad que les permiten trabajar en profesiones y otros trabajos del sector formal. De hecho, estas mam&aacute;s com&uacute;nmente son viudas o est&aacute;n solas porque as&iacute; lo desean. Los hijos han estudiado un nivel escolar alto y contribuyen con la mayor parte del dinero en la familia. En este estudio sobre las ambulantes, anotamos que ellas y sus familiares tienen las caracter&iacute;sticas que Willis apunta para la clase baja, en donde las mujeres no terminaron la primaria, est&aacute;n trabajando para sus hijos, no tienen coches ni salen de vacaciones y no cuentan con un sueldo suficiente para pagar ayudantes de la casa, por lo que hacen las labores del hogar adem&aacute;s de trabajar. Lo &uacute;nico que tienen en com&uacute;n es el &eacute;nfasis que ponen a la educaci&oacute;n de sus hijos, pero notamos que mientras los hijos en la clase media asisten a escuelas privadas, los de la clase baja van a las instituciones p&uacute;blicas. M&aacute;s adelante regresaremos a la importancia que ellas ponen a la educaci&oacute;n de sus hijos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La red de relaciones sociales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las mujeres estudiadas en esta muestra afirman tener buenas relaciones con sus hijos, pero no con sus familiares ni se llevan bien con los padres de sus hijos. En las palabras de la mayor&iacute;a de ellas, sus ex esposos y ex novios son "huevones" o "flojos" que nunca mantuvieron a sus hijos. Un ejemplo t&iacute;pico es Marisol, madre de cuatro, quien vive "m&aacute;s tranquila" despu&eacute;s de ser abandonada por su esposo. Dice: "&Eacute;l era borracho. Me pegaba. Tomaba, buscaba otras mujeres. Hasta fumaba marihuana." Sobre sus clientes, muchas se&ntilde;alan que en ellos ven los mismos vicios de sus amantes, y esto sirve para convencerlas de que la vida es mejor sin un hombre. Por ejemplo, Gladis, la &uacute;nica ambulante que nunca se cas&oacute; (aunque ten&iacute;a muchos novios cuando era m&aacute;s joven) ni tuvo hijos, dijo sobre sus clientes (dentro de una conversaci&oacute;n sobre los hombres en general): "Yo veo a los que vienen ac&aacute;, a la calle, y s&eacute; que no tienen dinero. Trabajan como obreros, jornaleros y no ganan nada. Unos 30, 40 pesos al d&iacute;a. Yo s&eacute; que esto no alcanza para sus gastos, para sus hijos. Pero vienen ac&aacute; y yo les pido 40 o 50 pesos, y quedamos en unos 30. Luego va a ir con su esposa y ella tendr&aacute; que buscar la manera de cuidar a su familia, para que coman. &iquest;Porque de donde viene el dinero? Para m&iacute;, &eacute;stos no son hombres. Un hombre cuida a su familia. No gasta su dinero en tomar, en mujeres, mientras sus hijos no coman. Pero as&iacute; son los hombres."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las callejeras que viven en sus pueblos comentan que no tienen buenas relaciones con sus familiares porque tienen pena de que ellas sean trabajadoras sexuales y por cosas que pasaron en la familia antes de que ellas empezaran a trabajar. Por eso, no les piden que les ayuden a cuidar a sus hijos ni que les presten dinero. Las que mantienen buenas relaciones con algunos de sus familiares dicen que sus hermanos o padres no tienen dinero para ayudarles econ&oacute;micamente. Por ejemplo, Marta dice que ten&iacute;a miedo que su hermano mayor la rega&ntilde;ara despu&eacute;s de que algunos vecinos de su pueblo natal que sab&iacute;an de ella le podr&iacute;an decir a su familia que se prostitu&iacute;a. Pero dice que al contrario, que su hermano &#151;un campesino con cinco hijos&#151; le dijo que &eacute;l ten&iacute;a pena por no poder ayudarla. Explic&oacute; que &eacute;l estaba enojado con el ex esposo de Marta porque no cuidaba a sus hijos. Sobre todo, su hermano le suplic&oacute; cuidarse para que no se infectara de sida y para que sus hijos no se queden solos, igual le piden sus hijos a Tina y la mam&aacute; de Laura.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Deseos para el futuro</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El deseo de salir lo m&aacute;s pronto posible de este trabajo &#151;con sus problemas de la calle, los hombres y el riesgo de infectarse de una enfermedad fatal&#151; se expresa en cada conversaci&oacute;n y entrevista que realic&eacute;. Por un lado, todas comentaron que en lugar de estar satisfechas el trabajo las "cansa" o "aburre". Algunas dijeron que esperaban, igual que Marta, llegar a "descansarse" un rato despu&eacute;s de a&ntilde;os de trabajo. Un problema, seg&uacute;n ellas, es que "una no gana si deja de trabajar", y el estr&eacute;s de no ganar es peor que seguir trabajando. Tambi&eacute;n quieren dejar de prostituirse por sus preocupaciones de su salud, y para no estar sin recursos econ&oacute;micos cuando lleguen a mayor edad. La mayor&iacute;a (incluso las que ya pasaron los 50 a&ntilde;os) afirma tener que "jubilarse" m&aacute;s o menos a los 50 porque la demanda y ganancia para las viejas disminuye en relaci&oacute;n con las edades menores. Todas conocen a Ravi, de 62 a&ntilde;os, quien es la m&aacute;s vieja de las trabajadoras registradas. Aunque Ravi pide cinco o diez pesos de los hombres, no gana suficiente para sostenerse. Trata de aumentar su ganancia vendiendo cosas de pl&aacute;stico, pero vive m&aacute;s que nada por las almas que le dan en la calle. Ninguna de las callejeras querr&iacute;a quedar igual a esta "pobrecita", y dijeron tener mucha pena cuando una callejera les dijo que Ravi tuvo que aceptar dos pesos por tener relaciones con un joven porque no ten&iacute;a dinero para su pasaje del autob&uacute;s para llegar a su casa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro problema muy grave es que sin recibir una pensi&oacute;n no pueden tener f&aacute;cilmente dinero ahorrado. Muchas se resisten a trabajar varias veces por semana, y sue&ntilde;an con abrir una taquer&iacute;a o una tiendita en donde viven. Por lo general, quieren trabajar por su cuenta para no depender de un patr&oacute;n que determine su horario o su sueldo. Pero en realidad muchas reconocen que no lograr&aacute;n este sue&ntilde;o, pues al gastar su ganancia en mantener a la familia, no alcanzan a ahorrar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas dijeron no contar con ahorros por gastar en la educaci&oacute;n de sus hijos, con la esperanza de que ellos las mantengan despu&eacute;s de terminar sus estudios. Pero destacan que sus hijos no est&aacute;n obligados a hacerlo y que no pueden confiar completamente que eso pase. Normalmente tienen una actitud m&aacute;s altruista sobre la educaci&oacute;n de sus hijos. Ramona, con un hijo de 14 a&ntilde;os, dice que trabaja para que &eacute;l salga adelante. "Yo creo que la educaci&oacute;n es la herencia que les damos a nuestros hijos. No tengo casa ni dinero que le pueda dar pero pago sus estudios para que tenga opciones." Hay mujeres de la clase media que coinciden en que trabajan fuera de casa para dar educaci&oacute;n a sus hijos (Hubbell, 1993). Al principio todas dicen que la falta de estudios limitaba sus opciones para tener un trabajo fijo, con buen sueldo. Tambi&eacute;n aluden al "credencialismo" que existe hoy en Oaxaca, donde los trabajos disponibles en el sector formal piden, seg&uacute;n ellas, a lo menos credenciales de la secundaria.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Respuestas a la cr&iacute;tica social</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ellas saben que su trabajo est&aacute; mal visto por la sociedad, sus vecinos y algunos de sus familiares. Han escuchado insultos de clientes (como "&iquest;Por qu&eacute; te rentas?") y comentarios de sus vecinos dici&eacute;ndoles que son "flojas" o que lo hacen "por gusto". Algunas se enojan, mientras que otras dicen que los insultos vienen de personas que no entienden realmente el est&aacute;ndar de su vida. Marta afirma no tomar en cuenta esos comentarios porque son "rid&iacute;culos", si supieran c&oacute;mo vive: "Ser&iacute;a diferente si mi casa fuera de dos pisos, si yo tuviera dinero para comprar ropa o joyer&iacute;a de lujo. La gente dijera que no hay necesidad de andar de prostituta, de tener relaciones con hombres desconocidos. Pero yo vivo en una casita. No tenemos refrigerador. Ni tenemos estufa. Muchas personas dicen que la vida de la prostituta est&aacute; f&aacute;cil, pero no saben los riesgos que hay."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras algunas rechazan el estigma y la imagen de la "mujer buena" proveniente de la hegemon&iacute;a de las clases altas y medias, otras ambulantes han internalizado la idea de que la prostituci&oacute;n es algo para avergonzarse, por lo que no quieren que sus hijos sepan en qu&eacute; trabajan. De ah&iacute; que comenten: "digo que soy una lavandera" o "piensan que trabajo en un restaurante". Las que dicen la verdad a sus hijos lo hacen para reforzar la importancia de salir adelante y de vivir una vida diferente a la suya. Al trabajar en un lugar p&uacute;blico, no quer&iacute;an que sus vecinos o los amigos de sus hijos les dijeran que las hab&iacute;an visto. La madre quiere que sepan los sacrificios que ella hace para su familia, y que realiza ese trabajo por las circunstancias, porque en sus palabras, "si no cobro, no como". Este sentimiento tiene mucho en com&uacute;n con las observaciones de los estudios m&aacute;s extensos realizados por soci&oacute;logos, antrop&oacute;logos y trabajadores sociales en otras partes de M&eacute;xico (como reporta Castillo, 1998), donde las mujeres hablan sobre su trabajo como un sacrificio que hacen en su papel de mam&aacute;, sin tener la libertad de fijarse en la imagen o preguntas que tiene la sociedad en general sobre su moral o su habilidad para ser buenas madres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay registros de que aunque mucha gente oaxaque&ntilde;a critica e insulta a las trabajadoras sexuales, en general y sobre todo a las que lo hacen "por gusto", otras personas est&aacute;n conscientes de la realidad econ&oacute;mica que empuja a algunas madres a trabajar en ello, y no condena la conducta. Por ejemplo, Higgins y Coen (2000: 64) citan las palabras de una mujer que coment&oacute; sobre las acciones de una vecina que era trabajadora sexual: "Muchas veces una mujer se mete en el mundo de prostituci&oacute;n... por necesidad. Hay madres que tienen muchos hijos y el sueldo en muchos trabajos no les alcanza y empiezan a prostituirse. Es una manera de mantener a sus hijos... aunque no lo har&iacute;a, tampoco veo mal su decisi&oacute;n." Una maestra que conozco dijo algo semejante despu&eacute;s de pasar por la calle Iguana: "Yo s&eacute; que muchas personas dicen que ellas hacen algo malo, pero yo no las critico. Pienso, 'pobrecitas que tienen que hacer algo tan feo'. Yo no lo har&iacute;a, pero no estoy en esa situaci&oacute;n. Mi mam&aacute; se sacrific&oacute; &#91;trabajaba como vendedora&#93; para que yo estudiara. &iquest;Pero qui&eacute;n sabe qu&eacute; pas&oacute; con ellas? No, yo no las juzgo."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anotamos por fin que estas mujeres entrevistadas nunca hablan sobre la sexualidad ni los pecados asociados con el trabajo, ni sobre sus primeras reacciones cuando empezaron a trabajar. Al contrario, ponen &eacute;nfasis en su situaci&oacute;n actual y sus deseos para el futuro, incluso tienen la aspiraci&oacute;n de que sus hijos &#151;y en particular sus hijas&#151; tengan m&aacute;s seguridad financiera para que no lleguen a vivir en las mismas circunstancias.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las mujeres de esta muestra tienen mucho en com&uacute;n con las situaciones de las callejeras que se han reportado en otras &aacute;reas, como tener bajos niveles de educaci&oacute;n y ganancia, ser jefas de familia con hijos menores, encontrar peligro f&iacute;sico e insultos verbales por su trabajo, y vivir en las peores condiciones de la jerarqu&iacute;a de trabajadoras sexuales. El hecho de que ellas defiendan su derecho a "escoger" este trabajo, porque no les queda otra opci&oacute;n en el mercado laboral, indica que se puede entender la complejidad del fen&oacute;meno en la matriz local como una combinaci&oacute;n de la agencia y la estructura. Seg&uacute;n ellas mismas, "andar de prostituta es una decisi&oacute;n econ&oacute;mica", el mercado laboral en Oaxaca privilegia a los individuos con altos niveles de educaci&oacute;n quienes obtienen los trabajos especializados y bien pagados. La situaci&oacute;n de hoy nos hace recordar las palabras de Mark Overmyer Vel&aacute;zquez, quien anota que desde el porfiriato, "las prostitutas jugaron un papel integral en las diversas experiencias de la modernizaci&oacute;n de la ciudad" (2000).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo, la realidad de que hay madres solteras, como resultado de uniones fr&aacute;giles u otras situaciones, que trabajan para mantener a sus familias, junto con la demanda de la poblaci&oacute;n por ese trabajo institucionalizado, asegura que hay algunas oaxaque&ntilde;as que van a optar por ser trabajadoras sexuales. O'Connell Davidson destac&oacute; que la prostituci&oacute;n surge como buena opci&oacute;n cuando no hay otras posibilidades. Pero el hecho que la mayor&iacute;a de las oaxaque&ntilde;as en circunstancias semejantes no lo hacen refuerza las complejidades de este fen&oacute;meno, y el hecho de que es dif&iacute;cil decir realmente por qu&eacute; las mujeres deciden hacer este trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es una realidad que muchos de los trabajos disponibles para las mujeres mexicanas &#151;y m&aacute;s para las mujeres con bajos niveles de estudio&#151; no pagan lo suficiente para mantener a una familia. Esta realidad puede contribuir, como destac&oacute; Sylvia Chant, a que la prostituci&oacute;n resulte m&aacute;s atractiva a las mujeres que viven o migran a las ciudades mexicanas, como sucede en otros pa&iacute;ses. Desgraciadamente, el hecho de que la prostituci&oacute;n en Oaxaca &#151;igual que en la situaci&oacute;n global&#151; sea un trabajo peligroso, en donde las trabajadoras enfrentan cada d&iacute;a las amenazas de "violencia, enfermedades y discriminaci&oacute;n" (Downe, 1999) nos impone saber m&aacute;s sobre las necesidades que tienen ellas y sus hijos para que salgan del ciclo de pobreza que, seg&uacute;n ellas, las compele a trabajar como prostitutas. Al mismo tiempo, esperamos que logren tener acceso a la educaci&oacute;n &#151;demanda de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas desde 1995 reconocida como la forma id&oacute;nea para mejorar la calidad de vida de las mujeres en todas partes del mundo y que, por fortuna, ha crecido en Oaxaca en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&#151; y con ello las hijas de estas mujeres tengan otras oportunidades.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n11/a4i8.jpg"></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Biliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barahona, Vilma, Guadalupe Garz&oacute;n&#45;Arag&oacute;n y Guadalupe Musalem, 1986, <i>La problem&aacute;tica de la prostituci&oacute;n en Oaxaca,</i> Universidad Aut&oacute;noma "Benito Ju&aacute;rez" de Oaxaca, Oaxaca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655192&pid=S1607-050X200300010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barry, Kathleen, 1995, <i>Prostitution of Sexuality, </i>New York University Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655194&pid=S1607-050X200300010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu, Pierre, 1977, <i>Outline of a Theory of Practice, trad.</i> de Richard Nice, Cambridge University Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655196&pid=S1607-050X200300010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castillo, Debra A., 1998, <i>Easy Women: Sex and Gender in Modern Mexican Fiction,</i> University of Minnesota, Minneapolis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655198&pid=S1607-050X200300010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chant, Sylvia, 1991, <i>Women and Survival in Mexican Cities: Perspectives on gender, labour markets and low&#45;income households,</i> Manchester University Press, Manchester.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655200&pid=S1607-050X200300010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Zalduondo, Barbara, 1991, "Prostitution Viewed Cross&#45;Culturally: Toward Recontextualizing Sex Work in AIDS Intervention Research", en <i>Journal of Sex Research,</i> 28(2): 223&#45;248.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655202&pid=S1607-050X200300010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Downe, Pamela, 1999, "Laughing when it hurts: humor and violence in the lives of Costa Rican prostitutes", en <i>Women's Studies International Forum,</i> v<i>.</i> 22, n&uacute;m. 1: 63&#45;78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655204&pid=S1607-050X200300010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Farley, Melissa y Vanessa Kelly, 2000, "Prostitution: A Critical Review of the Medical and Social Sciences Literature", en <i>Women and Critical Justice,</i> 11(4): 29&#45;64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655206&pid=S1607-050X200300010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Franco, Jean, 1989, <i>Plotting Women: Gender and Representation in Mexico,</i> Columbia University Press, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655208&pid=S1607-050X200300010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gomezjara, Francisco y Estanislao Barrera, 1992, <i>Sociolog&iacute;a de la prostituci&oacute;n,</i> Distribuciones Fontamara &#91;1978&#93;, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655210&pid=S1607-050X200300010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guttman, Matthew, 1996, <i>The Meanings of</i> Macho: <i>Being a Man in Mexico City,</i> University of California Press, Berkeley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655212&pid=S1607-050X200300010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Higgins, Michael, 1990, "&iquest;Qui&eacute;nes son los migrantes &eacute;tnicos al teatro urbano del valle de Oaxaca?", en A. Barabas y M. Bartolome (eds.), <i>Etnicidad y pluralismo cultural: la din&aacute;mica &eacute;tnica en Oaxaca,</i> Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, M&eacute;xico, pp. 401&#45;421.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655214&pid=S1607-050X200300010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Higgins, Michael and Tanya Coen, 2000, <i>Streets, Bedroom, and Patios: The Ordinariness of Diversity in Urban Oaxaca,</i> University of Texas Press, Austin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655216&pid=S1607-050X200300010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Howell, Jayne, 1998, <i>"Participant" Observation Among Prostitutas in Southern Mexico,</i> ponencia presentada en la Society for Applied Anthropology Annual Meeting, San Juan, Puerto Rico</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655218&pid=S1607-050X200300010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1999, "Expanding Women's Roles in Southern Mexico: Educated, Employed Oaxaque&ntilde;as", en <i>Journal of Anthropological Research,</i> 55: 99&#45;127.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655219&pid=S1607-050X200300010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hubbell, Linda J., 1993, "Values Under Siege in Mexico: Strategies for Sheltering Traditional Values for Change", en <i>Journal of Anthropological Research,</i> 49(1): 1&#45;16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655221&pid=S1607-050X200300010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INEGI (Instituto Nacional de Estad&iacute;stica, Geograf&iacute;a e Inform&aacute;tica), 1995, <i>La mujer en Oaxaca,</i> INEGI, Aguascalientes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655223&pid=S1607-050X200300010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;</i>, <i>2000, Resultados preliminares del XII Censo General,</i> INEGI, Aguascalientes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655225&pid=S1607-050X200300010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jolin, Annette, 1994, "On the backs of Working Prostitutes: Feminist Theory and Prostitution Policy", en <i>Crime and Delinquency,</i> 40 (69&#45;83).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655227&pid=S1607-050X200300010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lamas, Marta, 1993, "El fulgor de noche: Algunos aspectos de la prostituci&oacute;n callejera en la ciudad de M&eacute;xico", en <i>Debate Feminista,</i> 8:103&#45;133.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655229&pid=S1607-050X200300010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 1995, "Trabajadores sexuales: del estigma a la conciencia pol&iacute;tica", en <i>Estudios Sociol&oacute;gicos, </i>XIV (40)33&#45;52, Law, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655231&pid=S1607-050X200300010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LeVine, Sarah. y Clara Sutherland Correa, 1993, <i>Dolor y Algeria: Women and Social Change in Urban Mexico</i>, University of Wisconsin Press, Madison.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655233&pid=S1607-050X200300010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mayoral Figueroa, C&eacute;sar, 1996, <i>Prostituci&oacute;n. Reporte, Regidur&iacute;a de Salud, Rastros y Panteones,</i> proyecto municipal de salud. Oaxaca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655235&pid=S1607-050X200300010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McCaghy, Charles y Charles Hou, 1994, "Family Affiliation and Prostitution in a Cultural Context", en <i>Archives of Sexual Behavior,</i> 23: 251&#45;65.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655237&pid=S1607-050X200300010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McCreery, David, 1986, "'This Life of Misery and Shame': Female Prostitution in Guatemala City, 1880&#45;1920'' en <i>Journal of Latin American Studies,</i> 18: 333&#45;353.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655239&pid=S1607-050X200300010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muecke, Marjorie, 1992, "Mother Sold Food, Daughter Sells Her Body: The Cultural Continuity of Prostitution", en <i>Social Science and Medicine,</i> 35(7): 891&#45;901.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655241&pid=S1607-050X200300010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Murphy, Arthur y Alex Stepick, 1991, <i>Social Inequality in Oaxaca: A History of Resistance and Change,</i> Temple University Press, Philadelphia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655243&pid=S1607-050X200300010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Musalem, Guadalupe, s/f, <i>Prostituci&oacute;n,</i> manuscrito no publicado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655245&pid=S1607-050X200300010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nash, June, 1990, "Latin American Women in the World Capitalist Crisis", en <i>Gender and Society,</i> 4(4): 338&#45;353.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655247&pid=S1607-050X200300010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Connell Davidson, Judith, 1999, <i>Prostitution, Power and Freedom,</i> University of Michigan Press, Ann Arbor.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655249&pid=S1607-050X200300010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Overmeyer Vel&aacute;zquez, Mark, 2000, "Espacios p&uacute;blicos y mujeres p&uacute;blicas. La regulaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n en la ciudad de Oaxaca, 1885&#45;1995", en <i>Acervos. Bolet&iacute;n de los Archivos y Bibliotecas de Oaxaca,</i> invierno, Oaxaca.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shrage, Laurie, 1989, "Should Feminists Oppose Prostitution?", en <i>Ethics,</i> 99: 347&#45;361.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655252&pid=S1607-050X200300010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tu&ntilde;on Pablos, Julia, 1999, <i>Women in Mexico: A Past Unveiled,</i> trad. de Alan Hynds, University of Texas Press, Austin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655254&pid=S1607-050X200300010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">United Nations, 1995, <i>Priority Themes: Development. Promotion of Literacy, Education and Training, including Technological Skills,</i> Commission on the Status of Women, 39th Session, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655256&pid=S1607-050X200300010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uribe, Patricia, Mauricio Hern&aacute;ndez, Laura Elena de Caso y V&iacute;ctor Aguirre, 1996, "Prostituci&oacute;n en M&eacute;xico", en Ana Langer and Kathryn Tolbert (eds.), <i>Mujer: sexualidad y salud reproductiva en M&eacute;xico,</i> Edamex y The Population Council, pp. 179&#45;203.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655258&pid=S1607-050X200300010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Willis, Katie, 2000, "No es f&aacute;cil, pero es posible: The Maintenance of Middle&#45;Class Women&#45;Headed Households in Mexico", en <i>European Review of Latin American and Caribbean Studies,</i> 69: 29&#45;46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2655260&pid=S1607-050X200300010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* En esta art&iacute;culo se utiliza la palabra ambulantes para referirse a las trabajadoras sexuales. &#91;N. de T.&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En su estudio sobre las prostitutas en San Jos&eacute;, Costa Rica, Pamela Downe (1999) nos dice que las mujeres son "vistas como los vectores de las enfermedades por la sociedad, sin tomar en cuenta los riesgos que enfrentan, sus sufrimientos o sus costos personales" (p. 65).</font>	</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> V&eacute;ase por ejemplo el estudio de Law (1997) sobre la prostituci&oacute;n en Filipinas, tambi&eacute;n un pa&iacute;s predominantemente cat&oacute;lico &#151;donde se refieren a la prostituta como "la otra Mar&iacute;a".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Cabe mencionar que ni las ambulantes, trasvestis o las mujeres que trabajan en bares en Oaxaca aparecen en las paginas Web (<a href="http://www.smutland.com/guest/prostitution.mexico.html" target="_blank">http://www.smutland.com/guest/prostitution.mexico.html</a> y <a href="http://world-sexguide.org/whatsnew.html" target="_blank">http://world&#45;sexguide.org/whatsnew.html</a>) donde extranjeros escriben en detalle sobre sus "aventuras" con prostitutas en lugares como Canc&uacute;n y las ciudades de la frontera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Les agradezco mucho a los doctores y enfermeras por su ayuda y comentarios sobre las situaciones en que viven y trabajan las callejeras. Les agradezco mucho por haber compartido parte de sus vidas &iacute;ntimas conmigo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Solamente una de las m&aacute;s de dos docenas de callejeras que conoc&iacute; por este proyecto no era madre. No indic&oacute; si fue una decisi&oacute;n que tom&oacute; a la fuerza o algo que no le pas&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Una callejera aconsej&oacute; que me retirara al haber un pleito entre mujeres o cuando una "que se cree importante" empez&oacute; a insultarme. Donde yo hacia las observaciones no hay "sindicato" ni lo quieren. En otras calles hay mujeres que han formado grupos. Una mujer de 42 a&ntilde;os me explic&oacute; que al principio una mujer establecida, "que quer&iacute;a ser l&iacute;der", le pidi&oacute; su libreto. Ella respondi&oacute;: "La calle es libre. A los &uacute;nicos que muestro mi libreto son mis clientes y los inspectores." Despu&eacute;s de muchos pleitos, ella se cambi&oacute; a otra calle. Otro d&iacute;a una mujer nueva en la calle empez&oacute; a hablarle fuerte a otra, la insultada la atac&oacute; y ella qued&oacute; desnuda. Para una discusi&oacute;n m&aacute;s ampliada v&eacute;ase a Howell (1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Me informaron que eligieron el seud&oacute;nimo de "Lupe" porque les permit&iacute;a el anonimato, sin referirse a su connotaci&oacute;n religiosa. En otra obra espero profundizar en sus vidas religiosas y si este s&iacute;mbolo que escogieron significa algo m&aacute;s profundo para ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> A veces interact&uacute;an con polic&iacute;as o inspectores, Me dijeron que ellos saben qui&eacute;nes tienen libretos y nunca las molestan. Cuando un hombre me estuvo molestando, Tina le dijo que yo era "una doctora" que estaba preguntando si toda iba bien. El hombre me pidi&oacute; permiso y se fue a otra calle.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Espero hacer un estudio de largo tiempo sobre la cuesti&oacute;n de si los hijos aprovechan la oportunidad de terminar sus estudios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Ella define la clase media como poseedora de una casa de buena calidad, un coche, posibilidad de viajar en vacaciones, emplear sirvientas dom&eacute;sticas y mandar los hijos a una escuela privada.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Jayne Howell. </b>Doctora en antropolog&iacute;a por la State University de Nueva York en Stoy Brook desde 1993. Es profesora de antropolog&iacute;a en la California State University Long Beach. Lleva 17 a&ntilde;os de hacer investigaciones sobre la importancia de la educaci&oacute;n formal en las vidas de las oaxaque&ntilde;as en el medio rural. Tambi&eacute;n ha realizado estudios sobre las experiencias de las maestras y profesionistas, as&iacute; como de las mujeres que se quedaron sin estudios y que trabajan en el servicio dom&eacute;stico o como trabajadoras sexuales. Entre sus publicaciones m&aacute;s recientes se encuentran: "Ense&ntilde;anza como vocaci&oacute;n y profesi&oacute;n para oaxaque&ntilde;as del medio rural", en <i>Identidades</i> a&ntilde;o 1 (3&#45;4), 2001, pp. 43&#45;51; y "Of Servanthood and Self&#45;Employment: Changing Patterns of Domestic Service in Southern Mexico", En <i>Urban Anthropology</i>, vol. 31 (3&#45;4), 2002, pp. 389&#45;422.</font></p>      ]]></body><back>
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