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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Mirando... &iquest;hacia afuera?</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Servando Ortoll</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>
	
	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>GABRIELA VARGAS CETINA (coord.)  CIESAS, M&eacute;xico, 1999.</b></font></p>
	
	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Colima.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pocos de los que hemos seguido con inter&eacute;s la historia y desarrollo de la antropolog&iacute;a mexicana podemos dudar de la importancia del libro que rese&ntilde;o. Es un libro que, como buen rompecabezas, puede llevar, a quien pretenda armarlo, a callejones sin salida, o recompensarlo permiti&eacute;ndole construir un todo con el conjunto de sus partes. En mi caso particular quiero pensar que obtuve un panorama general de su contenido, incluso antes de leer la &uacute;ltima de sus p&aacute;ginas. El libro que coordin&oacute; Gabriela Vargas Cetina trae consigo nuevas interesantes, entre ellas, la que nos marca el rumbo que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha tomado "eso que llamamos antropolog&iacute;a mexicana". El libro de nueve cap&iacute;tulos
con tomas fotogr&aacute;ficas realizadas por casi todos sus autores, una bibliograf&iacute;a general adem&aacute;s de una introducci&oacute;n, incorpora la labor en el extranjero de nueve antrop&oacute;logos que, aunque no son todos mexicanos, s&iacute; pertenecen en su totalidad a una de las instituciones de trabajo y entrenamiento antropol&oacute;gico m&aacute;s importantes de toda Am&eacute;rica Latina. He mencionado al CIESAS y a sus centros repartidos por los cuatro puntos cardinales mexicanos.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a12f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para que se entienda mejor qu&eacute; quiero decir por "cambio de rumbo de la antropolog&iacute;a mexicana", ser&aacute; necesario que bosqueje lo que hasta ahora yo entend&iacute;a por antropolog&iacute;a en nuestro pa&iacute;s, en particular a partir del siglo XX, y que subraye en qu&eacute; puntos se distancia de la antropolog&iacute;a anglosajona tradicional. En lo que sigue rese&ntilde;ar&eacute; de manera breve aspectos de la historia de la antropolog&iacute;a mexicana; mencionar&eacute; los elementos b&aacute;sicos de la antropolog&iacute;a anglosajona y comparar&eacute; ambas perspectivas con las que emergen de los ensayos que aparecen en este volumen.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Antropologia "moderna"</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fue a partir del siglo XX que se dio lo que Ralph L. Beais llama la "antropolog&iacute;a moderna", aquella que dej&oacute; de depender en la palabra escrita para dedicar sus esfuerzos a obtener informaci&oacute;n directa del trabajo de campo. Pero hay un elemento adicional: la antropolog&iacute;a moderna mexicana recibi&oacute; en 1911 una inyecci&oacute;n vitalizadora a trav&eacute;s de la Escuela Internacional de Arqueolog&iacute;a y Etnograf&iacute;a Americanas en la Ciudad de M&eacute;xico, financiada y sancionada en parte por instituciones y gobiernos extranjeros. Cito a Beais:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Oficialmente, la idea para esta instituci&oacute;n fue expresada, por primera vez en 1904, por el doctor Nicholas Murray Butier, entonces presidente de la Universidad de Columbia. En esta idea estaba influido por Franz Boas, frecuentemente considerado como el fundador de la antropolog&iacute;a moderna en Estados Unidos. Boas concibi&oacute; la idea de un gran centro internacional de antropolog&iacute;a &#91;...&#93;. La escuela fue aprobada oficialmente por el gobierno mexicano en 1909, cuando Justo Sierra, entonces secretario de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, autoriz&oacute; un subsidio anual de 6 000 pesos y el uso de las instalaciones del Museo Nacional de Arqueolog&iacute;a e Historia. Los estatutos de la escuela fueron aprobados el
14 de septiembre de 1910 por representantes de los gobiernos de Prusia, Francia y M&eacute;xico y por las universidades de Harvard, Columbia y Pennsylvania. Estos estatutos convocaban a la investigaci&oacute;n en arqueolog&iacute;a, etnolog&iacute;a y antropolog&iacute;a de M&eacute;xico y de los pa&iacute;ses vecinos. Tambi&eacute;n hac&iacute;an un llamado a la publicaci&oacute;n de resultados de investigaci&oacute;n y a la formaci&oacute;n de estudiantes para que fueran investigadores competentes. En su corta vida, antes de la primera guerra mundial, los directores de la escuela incluyeron a Edward Seler, Franz Boas, Alfred M. Tozzer, George Engerrand y Manuel Gamio.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es significativo que la idea de esta Escuela Internacional de Arqueolog&iacute;a y Etnograf&iacute;a Americanas se originara en la Universidad de Columbia y que fuera el polifac&eacute;tico Manuel Gamio, primer egresado mexicano de antropolog&iacute;a en esa universidad, quien la dirigiera durante parte de su ef&iacute;mera existencia. Gamio fue fundamental en m&aacute;s de un sentido: concibi&oacute;, como se le critica con frecuencia, una antropolog&iacute;a mexicana que trabajara con el Estado mexicano y bajo su influencia directa. "Para Gamio &#45;afirma el antrop&oacute;logo Arturo Warman&#45;, la ubicaci&oacute;n de la antropolog&iacute;a como servidora del Estado era no s&oacute;lo l&oacute;gica y natural, sino deseable. Para &eacute;l,
la funci&oacute;n del antrop&oacute;logo era la de gobierno. Cre&iacute;a que el ejercicio de esta disciplina dar&iacute;a un car&aacute;cter cient&iacute;fico al quehacer pol&iacute;tico. No pod&iacute;a, no deb&iacute;a existir brecha entre ciencia y Estado, sino maridaje estrecho."<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viene al cuento Gamio porque, de manera un tanto indirecta, fue tambi&eacute;n antecesor del grupo que particip&oacute; en el libro que rese&ntilde;o: cuando su apuesta de colaborar de manera estrecha con el gobierno no funcion&oacute;, decidi&oacute; investigar mexicanos fuera de M&eacute;xico. Lo pudo hacer porque, como ocurri&oacute; con muchos de los autores rese&ntilde;ados, Gamio estudi&oacute; en el extranjero y esto le permiti&oacute; establecer redes con antrop&oacute;logos e instituciones filantr&oacute;picas m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras. Adem&aacute;s, su nombre, dada su energ&iacute;a inagotable, hab&iacute;a despertado inter&eacute;s entre varios observadores extranjeros. En un memor&aacute;ndum que encontr&eacute;
en el Rockefeller Archive Center, se dice lo que sigue sobre Gamio, quien hab&iacute;a decidido para entonces adentrarse en el campo de la educaci&oacute;n:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay en la Ciudad de M&eacute;xico un antrop&oacute;logo con el nombre de M. Gamio. Gamio estudi&oacute; antropolog&iacute;a en Harvard &#91;<i>sic</i>&#93; y regres&oacute; a la Ciudad de M&eacute;xico impresionado por el hecho de que cualquier pol&iacute;tica nacional de educaci&oacute;n deber&iacute;a estar basada en un estudio antropol&oacute;gico y etnol&oacute;gico muy cuidadoso de las gentes de M&eacute;xico.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n la misma fuente, Gamio hab&iacute;a persuadido al gobierno mexicano de que se realizara una encuesta antropol&oacute;gica, misma que &eacute;l dirigi&oacute; durante cinco o seis a&ntilde;os, durante los cuales dos "revoluciones" hab&iacute;an ocurrido sin que interfirieran en su estudio.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Gamio demostr&oacute; que la "cultura subyacente" en la regi&oacute;n que hab&iacute;a analizado &#45;al parecer cercana a la Ciudad de M&eacute;xico&#45; era predominantemente india, y que por lo tanto, "el sistema educacional derivado de antecedentes occidentales europeos tendr&iacute;a valor dudoso".<sup><a href="#notas">5</a></sup> El entusiasmo del rese&ntilde;ador del trabajo de Gamio no fue compartido por
las autoridades gubernamentales, y en menos de dos a&ntilde;os el antrop&oacute;logo mexicano por excelencia estaba desempleado. Aunque no por ello hab&iacute;a perdido por completo sus contactos con el Estado mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De todas formas y para entonces, su suerte lo favorec&iacute;a: ten&iacute;a contactos importantes en Estados Unidos y se hab&iacute;a propuesto analizar un problema de gran envergadura: las condiciones de la poblaci&oacute;n de origen mexicano en nuestro vecino del norte. El 7 de diciembre de 1925, en excelente ingl&eacute;s, Gamio escribi&oacute; desde el Cosmos Club en Washington una carta acompa&ntilde;ada por un proyecto para investigar "los antecedentes y condiciones presentes de la poblaci&oacute;n mexicana extranjera &#91;<i>alien</i>&#93;" en Estados Unidos. Y a&ntilde;adi&oacute;:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras haber dedicado los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os de mi vida a la investigaci&oacute;n de problemas sociol&oacute;gicos an&aacute;logos en mi propio pa&iacute;s, ser&iacute;a muy gratificante para m&iacute; colaborar con ustedes durante el a&ntilde;o pr&oacute;ximo en el estudio de este problema particular, con el entendimiento por supuesto, que yo tendr&iacute;a todas las facilidades necesarias para tal estudio de las autoridades gubernamentales e instituciones cient&iacute;ficas de M&eacute;xico, que poseen datos que yo tendr&iacute;a que consultar.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su proyecto fue aprobado. En carta fechada el 20 de enero de 1926, Gamio escribi&oacute;:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El doctor Charles E. Merrian, director de la Social &#91;Science&#93; Research Council, me escribi&oacute; hace tres d&iacute;as indic&aacute;ndome que los Comit&eacute;s respectivos hab&iacute;an aprobado definitivamente el proyecto que present&eacute; sobre la poblaci&oacute;n mexicana inmigrante en Estados Unidos y me dec&iacute;a que el asunto hab&iacute;a sido turnado a la Spel&#91;l&#93;man Rockefeller Memorial con el fin de obtener los fondos correspondientes.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dije que Manuel Gamio fue el antecesor de varios de los autores que forman parte de este libro y que su trabajo tuvo, entre otras cosas, el m&eacute;rito de ser reconocido en suelo estadounidense. Retorno a la obra que rese&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a12f2.jpg"></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El "campo" antropol&oacute;gico y sus derivados</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde sus inicios anglosajones, la antropolog&iacute;a ha utilizado la met&aacute;fora agraria de "campo" en, al menos, dos sentidos diferentes: se hace trabajo "de campo" cuando se parte hacia un lugar alejado y en extrema pobreza, en donde tambi&eacute;n se habla una lengua extra&ntilde;a, y dentro de su propio h&aacute;bitat se estudia a una tribu primitiva.<sup><a href="#notas">8</a></sup> La noci&oacute;n de "campo" aqu&iacute; tiene que ser diferenciada de la de '"ciudad": al inicio de la investigaci&oacute;n antropol&oacute;gica se iba de la ciudad al campo; del centro a la periferia; del primer al tercer mundo. La otra idea de campo, tambi&eacute;n metaf&oacute;rica, tiene que ver con un "espacio virtual" dentro del cual se realiza,
idealmente, el trabajo antropol&oacute;gico.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas y otras nociones se ven aplastadas o destruidas parcialmente en el libro que rese&ntilde;o. Me explico. En al menos cinco de los trabajos que aqu&iacute; aparecen, los antrop&oacute;logos van literalmente del tercer al primer mundo: Roberto Melville (Estados Unidos), Lourdes de Le&oacute;n Pasquel (Estados Unidos), Gabriela Vargas Cetina (Canad&aacute;), Steffan Igor Ayora D&iacute;az (Italia) y John B. Haviland (Australia). Dos m&aacute;s van del tercer al otrora llamado segundo mundo: Daniela Spenser (Rusia) y Witold Jacorzynski (Polonia).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si pensamos en lo opuesto al trayecto del "campo" a la "ciudad", debemos incluir a Victoria Novelo, quien en realidad, al hacer su trabajo "de urbe" radic&oacute; en La Habana; Daniela Spenser, quien residi&oacute; en Mosc&uacute;, y Witold Jacorzynski, en Varsovia. S&iacute; hubo, claro, quien fuera al "campo", tras salir de M&eacute;xico. Hablo de Steffan Igor Ayora D&iacute;az, quien trabaj&oacute; en Cerde&ntilde;a; Mauricio S&aacute;nchez &Aacute;lvarez, quien present&oacute; "estampas etnol&oacute;gicas" a todo color con explicaciones al calce que rese&ntilde;an la vida cotidiana de serranos y vallenatos en su nativa Colombia, y de Vargas Cetina, quien visit&oacute; varios lugares en Canad&aacute; y Estados Unidos &#45;durante varios veranos&#45;
para entender mejor el Powwow: supuesta invenci&oacute;n estival de profesores n&oacute;rdicos, interesados en fortalecer la identidad de miembros de diversas tribus canadienses y norteamericanas, a trav&eacute;s de celebraciones rituales, danza y muchas actividades recreativas.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n7/a12f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al "campo antropol&oacute;gico", en su pesquisa pr&aacute;cticamente todos los colaboradores del libro brincaron las empalizadas de su "terreno" profesional: Roberto Melville, por ejemplo, acudi&oacute; a fuentes hist&oacute;ricas para redondear la informaci&oacute;n que obtuvo para su trabajo; Victoria Novelo hizo otro tanto en M&eacute;rida y La Habana, aunque se fundament&oacute; tambi&eacute;n en sus recursos de pesquisa antropol&oacute;gicos; Daniela Spenser trabaj&oacute; &uacute;nicamente en archivos hist&oacute;ricos rusos y Witold Jacorzynski desmenuz&oacute; tres importantes mitos polacos, y analiz&oacute; a la vez sus repercusiones pol&iacute;ticas para Polonia y sus habitantes de siglos: jud&iacute;os y cat&oacute;licos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro elemento importante que diferencia a la antropolog&iacute;a mexicana actual de la anglosajona, seg&uacute;n se practica en el CIESAS, toca la "objetividad" y "distanciamiento" que tradicionalmente se espera que los antrop&oacute;logos asuman al realizar sus tareas. Cito a Clyde Kluckhohn, antrop&oacute;logo de Harvard:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; el investigador debe asegurarse de mantener cierto grado de imparcialidad &#91;<i>detachment</i>&#93;. De lo contrario arriesgar&aacute; la p&eacute;rdida de su propia perspectiva al precio de obtener la cooperaci&oacute;n completa del informante e int&eacute;rprete. En el trabajo de campo general la regla usual es evitar conocer cualquier individuo demasiado bien (esto es, demasiado personal e &iacute;ntimamente).<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras palabras y seg&uacute;n Kluckhohn, el estudioso debe "preservar una emancipaci&oacute;n b&aacute;sica del nexo emocional de la vida que trata de estudiar".<sup><a href="#notas">11</a></sup> Esto era al menos lo que se esperaba del antrop&oacute;logo estadounidense en 1945. Medio siglo despu&eacute;s y seg&uacute;n lo testimonia el libro rese&ntilde;ado, los antrop&oacute;logos del CIESAS han roto esta "regla de oro". La norma es que, lejos de mantenerse objetivos, distantes o imparciales, como se espera &#45;o se esperaba&#45;, participan directamente y cambian la vida de los individuos bajo estudio. Esto lo hicieron varios de los autores del libro, quiz&aacute; m&aacute;s de manera espont&aacute;nea que planeada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consid&eacute;rese el caso de Lourdes de Le&oacute;n Pasquel quien, seg&uacute;n relata su experiencia, trabaj&oacute; del lado de un mixteco acusado injustamente de homicidio en Estados Unidos, para rescatarlo de la c&aacute;rcel. En este inquietante lance, De Le&oacute;n Pasquel puso su experiencia como ling&uuml;ista al servicio de una causa leg&iacute;tima (y tambi&eacute;n legal).<sup><a href="#notas">12</a></sup> Otro tanto aconteci&oacute; con John B. Haviland, quien no s&oacute;lo contribuy&oacute; con su obra publicada al esclarecimiento de ciertas pr&aacute;cticas culturales en el estado australiano de Queensland, sino que actu&oacute; como "experto" en beneficio de los ind&iacute;genas de esa zona y &aacute;reas aleda&ntilde;as. Victoria
Novelo fue una antrop&oacute;loga m&aacute;s que rompi&oacute; la regla de oro. En un c&aacute;ndido pie de p&aacute;gina y muy de pasada, reconoce que la se&ntilde;ora que la alberg&oacute; mientras realizaba su trabajo "de campo" en la "ciudad" de La Habana, &iexcl;se convirti&oacute;, "con el tiempo", en su suegra!</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;les pueden ser las implicaciones de estos cambios que percibo y que comparto con ustedes? Para empezar y como lo mencion&eacute; al inicio, aunque no todos los colaboradores de este libro son mexicanos, s&iacute; son profesores del CIESAS (o lo eran en el momento en que se edit&oacute; este libro). Esto significa que, como catedr&aacute;ticos, influyen en la manera de hacer y pensar la antropolog&iacute;a en sus alumnos y estudiantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las pr&oacute;ximas generaciones veremos antrop&oacute;logos mexicanos <i>sui generis,</i> que se diferenciar&aacute;n de la escuela antropol&oacute;gica anglosajona por un sentido del compromiso mucho m&aacute;s firme y solidario con las personas que estudien; continuar&aacute;n seguramente con la corriente iniciada alguna vez por Gamio y reforzada como hemos visto por quienes son ahora sus profesores; aprender&aacute;n idiomas extranjeros aparte del ingl&eacute;s, evitando as&iacute; el uso &#45;tan generalizado por cierto entre antrop&oacute;logos norteamericanos&#45; de int&eacute;rpretes que alteren la informaci&oacute;n rescatada o inhiban a los informantes; no temer&aacute;n asociarse de manera afectiva con parientes de sus estudiados;
cruzar&aacute;n sin temor las fronteras visibles o invisibles entre el primer y el tercer mundo, entre el campo y la ciudad, o entre la antropolog&iacute;a y otras ramas afines, y obtendr&aacute;n para sus estudios importantes becas de instituciones como el CIESAS para realizar sus investigaciones de doctorado. Su trabajo ser&aacute; reconocido, en buena medida, en el extranjero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto mirando hacia fuera, dise&ntilde;ando pesquisas que se realicen m&aacute;s all&aacute; de las fronteras nacionales, y que les den cierto grado de "libertad" o "distancia" del Estado mexicano que alguna vez pens&oacute; trabajar&iacute;an para &eacute;l, y de los bur&oacute;cratas de las agencias gubernamentales que los habr&aacute;n becado.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras finales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No puedo cerrar esta rese&ntilde;a sin mencionar dos art&iacute;culos que a m&iacute;, como historiador, me parecieron particularmente valiosos: el de Victoria Novelo, porque desarrolla con gran amenidad, fino humor y atinada did&aacute;ctica las etapas por las que pas&oacute; la formulaci&oacute;n del problema que deseaba investigar &#45;la presencia de meridanos en La Habana&#45; y todas las dificultades pr&aacute;cticas que tuvo que enfrentar (lo que permite a los lectores tener una idea de c&oacute;mo se vive y la celeridad &#45;n&oacute;tese la iron&iacute;a&#45; con que se realizan pesquisas en esa isla caribe&ntilde;a, en donde tener acceso a un tel&eacute;fono o a una fotocopiadora es un verdadero lujo); y el de Daniela Spenser, estudiosa
de los comunistas mexicanos en los archivos del Comintern, quien, <i>mutatis mutandis,</i> enfrent&oacute; frustraciones parecidas: un archivo desorganizado con poca capacidad y menos personal para atender usuarios, y equipos obsoletos (o inexistentes) para fotocopiar o microfilmar documentos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La interpretaci&oacute;n de ambas antrop&oacute;logas de su experiencia en el extranjero nos habla no s&oacute;lo de su gran trayectoria de investigadoras, sino tambi&eacute;n de la profundidad de sus reflexiones que, m&aacute;s all&aacute; de pertenecer al campo de la antropolog&iacute;a, incumben al psicoan&aacute;lisis: una rama del conocimiento que seguramente aparecer&aacute; cada vez con m&aacute;s frecuencia en los escritos de sus estudiantes.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;Ralph L. Beais, <i>Antropolog&iacute;a en el M&eacute;xico contempor&aacute;neo,</i> traducci&oacute;n de Rub&eacute;n P&aacute;ez y Rosa H. Y&aacute;&ntilde;ez Rosales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2645613&pid=S1607-050X200100020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Arturo Warman, 1970, "Todos santos y todos difuntos: cr&iacute;tica hist&oacute;rica a la antropolog&iacute;a mexicana", en <i>De eso que llaman antropolog&iacute;a mexicana,</i> Arturo Warman (coord.) <i>et al.,</i> Nuestro Tiempo, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2645615&pid=S1607-050X200100020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Rockefeller Archive Center (en adelante RAC), Col. Laura Speliman Rockefeller Memorial (en adelante LSRM). Series III, subseries 6, caja 56, folder 603; memor&aacute;ndum de P.R.a R.B.F. &iquest;Nueva York?, Pocantico Hilis, Nueva York, 27 de mayo de 1924.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;<i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;<i>Ibid.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;RAC, Col. LSRM, series III, subseries 6, caja 56, folder 603; carta de Gamio y propuesta al se&ntilde;or Lawrence K. Frank; Cosmos Club, Washington, 7&nbsp;de diciembre de 1925.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> RAC, col. LSRM, series III, subseries 6, caja 56, folder 306; carta de Manuel Gamio al se&ntilde;or Lawrence K. Frank; M&eacute;xico, 20 de enero de 1926.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Algunas de las ideas que presento en esta secci&oacute;n provienen de mi relectura de Clyde Kluckhohn, "The Personal Document in Anthropologcal Science", en Louis Gottschalk, Clyde Kluckhohn y Robert Angell, 1945, <i>The Use of Personal Documents in History, Anthropolopy and Sociology,</i> Social Science Research Council, Nueva York, pp. 77&#45;173.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2645622&pid=S1607-050X200100020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Esta segunda met&aacute;fora, como se sabe, no es privativa de la antropolog&iacute;a. Los interesados en una discusi&oacute;n sobre el tema que propone abatir las "empalizadas" entre disciplinas pueden consultar el siguiente art&iacute;culo, al cual me suscribo por completo: Sigmund Diamond, 1995, "&iquest;Producen las buenas vallas distinguidos acad&eacute;micos?", en <i>Estudios del Hombre,</i> 2: 13&#45;26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2645624&pid=S1607-050X200100020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;Klyde Kluckhohn, "The Personal Document in Anthropological Science", p. 118.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;<i>Ibid.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Este tipo de labor de "campo", dicho sea de paso, se diferencia de la postura tradicional y pro&#45;gobiernista de la ling&uuml;&iacute;stica oficial que profesa la Direcci&oacute;n de Ling&uuml;&iacute;stica del Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. V&eacute;ase Carlos Garc&iacute;a Mora, "Y tambi&eacute;n existe la ling&uuml;&iacute;stica mexicana...", comunicado de Garc&iacute;a Mora a H&#45;M&eacute;xico, 13 de octubre de 2000.</font></p>      ]]></body><back>
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