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</front><body><![CDATA[ 
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Esquinas</font></p>
	    <p align="center">&nbsp;</p>
	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Un pa&iacute;s, dos electorados. </b></font><b><font face="verdana" size="4">El caso de Costa Rica (1890&#45;1950)<a href="#nota">*</a></font></b></p>
	    <p align="center">&nbsp;</p>

	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Iv&aacute;n Molina Jim&eacute;nez*</font></b></p>
    <p align="center">&nbsp;</p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Profesor de la Escuela de la Universidad de Costa Rica. Actualmente realiza una investigaci&oacute;n sobre el desempe&ntilde;o electoral del Partido Comunista costarricense entre 1931 y 1948.</i></font></p>
	    <p align="justify">&nbsp;</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pregunta que origin&oacute; el presente art&iacute;culo fue una de &iacute;ndole metodol&oacute;gica: &iquest;c&oacute;mo caracterizar a escala nacional, en t&eacute;rminos demogr&aacute;ficos, &eacute;tnicos y culturales, a un electorado del pasado y, a la vez, identificar los principales cambios que experiment&oacute; a largo plazo? La complejidad de esta cuesti&oacute;n se aprecia mejor cuando se considera que interrogantes como la anterior en el caso de las y los votantes de finales del siglo XX son posibles de responder por la existencia de un amplio conjunto de datos estad&iacute;sticos oficiales y no oficiales, de diferenciada cobertura geogr&aacute;fica;<sup><a href="#nota">1</a></sup> pero la escasez o ausencia de tales materiales para otras &eacute;pocas, en especial antes de 1950,es un primer obst&aacute;culo a vencer para tratar de aproximarse a quienes, otrora, eran peri&oacute;dicamente convocados a asistir a las urnas.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>
	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="2" face="verdana"><img src="../img/revistas/desacatos/n6/a9f1.jpg"></font></p>
    <p align="center">&nbsp;</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>1. INSCRIPCI&Oacute;N ELECTORAL Y ASISTENCIA A LAS URNAS</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso de Costa Rica es un laboratorio apropiado para emprender el experimento metodol&oacute;gico ya expuesto, por tres razones b&aacute;sicas: desde 1889, cuando se constituyeron los primeros partidos pol&iacute;ticos, el pa&iacute;s gozaba de una trayectoria de pr&aacute;cticas electorales que no fue interrumpida por la breve dictadura de los Tinoco (1917&#45;1919) ni por la guerra civil de 1948.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Desde el siglo XIX se han efectuado censos nacionales de poblaci&oacute;n de una calidad aceptable, con un subregistro usualmente inferior al 10 por ciento;<sup><a href="#nota">4</a></sup> y entre 1871 y 1948 estuvo vigente la Constituci&oacute;n de 1871, que autorizaba para votar a todos los costarricenses varones de 20 a&ntilde;os y m&aacute;s, o de 18 a&ntilde;os y m&aacute;s si estaban casados o eran profesores de alguna ciencia.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aparte de la edad y el sexo, el votante no ten&iacute;a que satisfacer otros requisitos, ya que no se le exig&iacute;a que estuviera alfabetizado y, en cuanto a su situaci&oacute;n econ&oacute;mica, lo &uacute;nico que estableci&oacute; la Constituci&oacute;n fue que deb&iacute;a contar con un ingreso que le permitiera vivir de acuerdo con su condici&oacute;n social. Esta disposici&oacute;n tan poco restrictiva se reflej&oacute; en una elevada inscripci&oacute;n: seg&uacute;n el censo electoral de 1885, estaban inscritos para votar el 62.7 por ciento de todos los varones costarricenses de veinte a&ntilde;os y m&aacute;s.<sup><a href="#nota">6</a></sup> Esta proporci&oacute;n es muy superior a la encontrada, por ejemplo, para la Argentina de la d&eacute;cada de 1890,donde s&oacute;lo la mitad de poblaci&oacute;n elegible para votar estaba inscrita en Buenos Aires, en tanto que en las provincias la cifra era todav&iacute;a m&aacute;s baja: entre un 5 y un 15 por ciento.<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien en Costa Rica la inscripci&oacute;n baj&oacute; a un 50 por ciento en la d&eacute;cada de 1890,durante los gobiernos autoritarios de Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Rodr&iacute;guez (1890&#45;1894) y Rafael Iglesias (1894&#45;1902), a comienzos del siglo XX se elev&oacute; hasta abarcar pr&aacute;cticamente a todos los varones costarricenses h&aacute;biles para votar. Entre 1913 y 1948, el tama&ntilde;o del electorado fue m&aacute;s sobrevalorado que subestimado, y en las pocas ocasiones en que esto &uacute;ltimo ocurri&oacute;, la proporci&oacute;n en que lo fue oscil&oacute; entre un m&aacute;ximo del 4 y un m&iacute;nimo del 0.4 por ciento. El aumento en la inscripci&oacute;n no fue producto de ninguna reforma legal, sino de la intensificaci&oacute;n de la competencia entre los partidos, una vez que Iglesias dej&oacute; el poder en 1902 y se dio una progresiva apertura democr&aacute;tica. A tono con esta tendencia, la asistencia a las urnas en las elecciones presidenciales (medida como una proporci&oacute;n del total de votos emitidos con respecto a la poblaci&oacute;n masculina del pa&iacute;s calificada para sufragar) ascendi&oacute; de casi un 40 por ciento en las elecciones de 1897 y 1901 a un promedio de 70 por ciento en las de 1905 y 1909.<sup><a href="#nota">8</a></sup></font>	</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La asistencia a las urnas subi&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s a partir de 1913,cuando se aprob&oacute; el voto directo (antes las elecciones eran de dos grados, en las primarias los votantes escog&iacute;an electores, y en la segunda vuelta, estos &uacute;ltimos eleg&iacute;an al presidente, a los diputados y a los regidores municipales). En los comicios presidenciales del per&iacute;odo 1913&#45;1948 la participaci&oacute;n electoral fue, en promedio, de un 74.1 por ciento, una cifra que supera en mucho, por ejemplo, la proporci&oacute;n respectiva para las votaciones colombianas de 1922 y 1930 (alrededor de un 48 por ciento).<sup><a href="#nota">9</a></sup> Fue, de nuevo, la creciente competencia electoral &#151;en particular los esfuerzos de los partidos por inscribir y movilizar al mayor n&uacute;mero de votantes&#151; lo que condujo a que el abstencionismo fuera tan bajo.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estabilidad institucional que prevaleci&oacute; a partir de 1871, la ausencia de profundos conflictos &eacute;tnicos o de clase, la exclusi&oacute;n de las mujeres del derecho al sufragio (la cual s&oacute;lo se elimin&oacute; en la Constituci&oacute;n de 1949),<sup><a href="#nota">10</a></sup> la pr&aacute;cticamente total inscripci&oacute;n electoral de la poblaci&oacute;n masculina nacional de 20 a&ntilde;os y m&aacute;s y el elevado porcentaje de asistencia a las urnas, son todas condiciones que facilitan utilizar provechosamente los valiosos datos censales para tratar de caracterizar al electorado costarricense de la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XIX y la primera parte del XX. El per&iacute;odo escogido se ubica, precisamente, entre dos censos nacionales cercanos a dos eventos pol&iacute;ticos claves: el de 1892, efectuado tres a&ntilde;os despu&eacute;s de la campa&ntilde;a de 1889, base de la competencia electoral entre los partidos, y el de 1950, que se realiz&oacute; a un bienio de distancia de la guerra civil de 1948, a resultas de la cual Costa Rica experiment&oacute; una transformaci&oacute;n social y estatal sin precedente.<sup><a href="#nota">11</a></sup></font>	</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los censos de 1892 y 1950 ofrecen datos bastante detallados sobre la distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de la poblaci&oacute;n seg&uacute;n grupo de edad y sexo, su nivel de alfabetismo y su ocupaci&oacute;n.<sup><a href="#nota">12</a></sup> La informaci&oacute;n de este &uacute;ltimo tipo, sin embargo, est&aacute; mucho m&aacute;s completa para los hombres, raz&oacute;n que explica por qu&eacute; la exclusi&oacute;n femenina del derecho a votar facilita el examen de un electorado que era completamente masculino. El censo de 1950 permite descartar a los extranjeros y a los varones de menos de 20 a&ntilde;os que integraban la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa (PEA). En el de 1892, es imposible efectuar tales deducciones, pero tal sesgo es limitado porque la proporci&oacute;n de for&aacute;neos era m&iacute;nima (menos del 3 por ciento del total de almas) y era muy peque&ntilde;o el contingente de j&oacute;venes menores de veinte a&ntilde;os incluidos en la PEA.<sup><a href="#nota">13</a></sup></font></p>
    <p align="justify">&nbsp;</p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>2.</b> <b>CENTRO Y PERIFERIA</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Evidentemente, todo intento por examinar el electorado costarricense de la primera mitad del siglo XX debe partir de las importantes diferencias regionales que han caracterizado hist&oacute;ricamente a Costa Rica. Al igual que en el presente, en el per&iacute;odo 1890&#45;1950, el pa&iacute;s estaba dividido en siete unidades administrativas, a saber, San Jos&eacute;, asiento de la capital, Alajuela, Cartago, Heredia, Guanacaste, Puntarenas y Lim&oacute;n (v&eacute;ase el <a href="../img/revistas/desacatos/n6/a9m1.jpg" target="_blank">mapa 1</a>).<sup><a href="#nota">14</a></sup> En las cuatro primeras provincias, se ubica lo que se conoce como el Valle Central, un &aacute;rea de apenas 3 200 kil&oacute;metros cuadrados (el 6.4 por ciento del territorio nacional), en la que viv&iacute;a el 61 por ciento de la poblaci&oacute;n en 1927.<sup><a href="#nota">15</a></sup></font>	</p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Epicentro del cultivo del caf&eacute;, el Valle Central se ha caracterizado por la importancia que han tenido los peque&ntilde;os y medianos productores agr&iacute;colas. En tal &aacute;rea, adem&aacute;s, se ubican las ciudades principales, cuya irradiaci&oacute;n cultural sobre el espacio agrario circundante se acrecent&oacute; a medida que avanz&oacute; el siglo XX. Como lo se&ntilde;al&oacute; el futuro diplom&aacute;tico estadounidense, Dana G. Munro, en 1918, 'cu&aacute;n elevado es el porcentaje de alfabetizaci&oacute;n es evidenciado por la gran circulaci&oacute;n de los peri&oacute;dicos en los distritos rurales".<sup><a href="#nota">16</a></sup> Por &uacute;ltimo, la poblaci&oacute;n mestiza del Valle Central, que se consideraba a s&iacute; misma "blanca",<sup><a href="#nota">17</a></sup> fue la principal beneficiaria de las pol&iacute;ticas de sanitarias y escolares emprendidas por el Estado liberal desde fines del siglo XIX.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La provincia de Guanacaste, a diferencia del Valle Central, se caracterizaba por un campesinado pobre, de fuertes ra&iacute;ces mulatas e ind&iacute;genas y por la presencia de grandes propiedades dedicadas a la ganader&iacute;a extensiva, y de compa&ntilde;&iacute;as mineras extranjeras. En Lim&oacute;n, que fue el eje de la actividad bananera controlada por la United Fruit Company hasta principios de la d&eacute;cada de 1930, prevalec&iacute;an los obreros agr&iacute;colas y hab&iacute;a una fuerte presencia de inmigrantes afrocaribe&ntilde;os (angl&oacute;fonos) y nicarag&uuml;enses. Y Puntarenas, a cuya zona sur se traslad&oacute; la United en la d&eacute;cada de 1930, se caracterizaba tambi&eacute;n por &aacute;reas ocupadas por campesinos pobres y por obreros agr&iacute;colas. En tales provincias, en las que resid&iacute;a tambi&eacute;n la mayor parte de la reducida poblaci&oacute;n ind&iacute;gena del pa&iacute;s (cerca del 1 por ciento en 1927), los servicios en salud y educaci&oacute;n eran menores.<sup><a href="#nota">18</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A tales diferencias socioculturales, se agregaba un decisivo desequilibrio demogr&aacute;fico y, en &uacute;ltima instancia, electoral, que dej&oacute; su impronta en los datos censales de finales del siglo XIX y principios del XX. San Jos&eacute;, Alajuela, Cartago y Heredia concentraban el 80.4 por ciento de los varones costarricenses de 20 a&ntilde;os y m&aacute;s en 1892,el 79 por ciento de esos varones en 1927 y el 73.2 por ciento de los mismos en 1950. As&iacute;, la distribuci&oacute;n espacial del electorado entre centro y periferia vari&oacute; poco, en un proceso en el cual la proporci&oacute;n de votantes correspondiente a Guanacaste, Puntarenas y Lim&oacute;n aument&oacute; de 19.6 a 26.8 por ciento entre 1892 y 1950, es decir, apenas un 7.2 por ciento en casi sesenta a&ntilde;os. &Eacute;tnica, social y culturalmente distinta, la periferia tambi&eacute;n era electoralmente marginal, lo que colacaba a las comunidades ubicadas en esas &aacute;reas en una posici&oacute;n desventajosa para competir por la distribuci&oacute;n del gasto p&uacute;blico.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La particular combinaci&oacute;n de condiciones que se dio en la Costa Rica perif&eacute;rica se expres&oacute; en ciertas especificidades propiamente electorales. En la d&eacute;cada de 1930 se fund&oacute; en Guanacaste, el principal partido regional que compiti&oacute; en la pol&iacute;tica costarricense del siglo XX, Con fraternidad Guanacasteca.<sup><a href="#nota">19</a></sup> Lim&oacute;n y Puntarenas, gracias al peso que ten&iacute;an los trabajadores bananeros en los electorados de esas provincias, se convirtieron en plazas fuertes del Partido Comunista, fundado en 1931. Esta fuerte afiliaci&oacute;n pol&iacute;tica se mantuvo aun despu&eacute;s de la guerra civil de 1948, cuando los principales l&iacute;deres de izquierda fueron encarcelados o exiliados, y s&oacute;lo se extingui&oacute; en el curso de la d&eacute;cada de 1980.<sup><a href="#nota">20</a></sup></font>	</p>
	    <p align="justify">&nbsp;</p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>3. ELECTORADOS EN CAMBIO</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n precedente permite leer mejor los datos presentados en el <a href="../img/revistas/desacatos/n6/a9c1.jpg" target="_blank">cuadro 1</a>, el cual destaca que el electorado costarricense experiment&oacute; un proceso lento, pero creciente, de urbanizaci&oacute;n. Si bien el porcentaje de poblaci&oacute;n ubicada en ciudades y villas (es decir, en entornos urbanos y semiurbanos) pas&oacute; de 27.3 a 33.5 por ciento entre 892 y 950; cabe indicar que dichos espacios eran cualitativamente m&aacute;s urbanos en 950 que en 892. Este cambio cualitativo se aprecia en parte en la disminuci&oacute;n de la poblaci&oacute;n masculina ocupada en la agricultura, que baj&oacute; de un 74.8 por ciento en 892 a un 62.6 por ciento en 1950, un descenso mayor (casi en un 50 por ciento) que el aumento en la proporci&oacute;n de habitantes urbanos y semiurbanos.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con lo anterior, cabe a&ntilde;adir que el porcentaje de varones de 20 a&ntilde;os y m&aacute;s asentados en ciudades y villas superaba ligeramente la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n que resid&iacute;a en ellas. En 892,el porcentaje de poblaci&oacute;n asentada en las principales ciudades del pa&iacute;s (las capitales provinciales) era del 16.3 por ciento, mientras que el de varones de 20 a&ntilde;os y m&aacute;s que habitaban dichas ciudades ascend&iacute;a a un 17.1 por ciento. Y en 1950, el porcentaje de poblaci&oacute;n costarricense (excluidos los extranjeros) asentada en ciudades y villas era del 33. por ciento, mientras que el de varones costarricenses de 20 a&ntilde;os y m&aacute;s localizados en esos espacios alcanzaba un 33.6 por ciento.<sup><a href="#nota">21</a></sup></font></p>
        ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con el cuadro , ese proceso de urbanizaci&oacute;n del electorado se concentr&oacute; en San Jos&eacute;, Alajuela, Cartago y Heredia, donde la proporci&oacute;n de poblaci&oacute;n en ciudades y villas aument&oacute; en un 10.5 por ciento entre 1892 y 1950. Entre esos mismos a&ntilde;os, el porcentaje de varones que laboraban en la agricultura disminuy&oacute; en un 17.3 por ciento, un indicador de los importantes procesos de diversificaci&oacute;n y especializaci&oacute;n ocupacional que ten&iacute;an por escenario el universo urbano, y en especial los cascos de las capitales provinciales.<sup><a href="#nota">22</a></sup> As&iacute;, al contraste entre centro y periferia, se agreg&oacute; a largo plazo una diferenciaci&oacute;n cada vez m&aacute;s definida entre ciudad y campo.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Guanacaste, Puntarenas y Lim&oacute;n la proporci&oacute;n de poblaci&oacute;n asentada en ciudades y villas m&aacute;s bien disminuy&oacute; entre 892 y 950. Esta baja podr&iacute;a ser puramente ficticia, derivada de que en 950 se calcul&oacute; con mayor precisi&oacute;n la poblaci&oacute;n urbana y semiurbana que en 892. Sin embargo, que en esas provincias perif&eacute;ricas m&aacute;s bien aumentara levemente el porcentaje de varones ocupados en la agricultura, y que disminuyera tambi&eacute;n el n&uacute;mero de trabajadores asalariados en el agro, son dos datos que indican el impacto de experiencias de colonizaci&oacute;n agr&iacute;cola campesina y de ruralizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n. Los estudios existentes confirman que hubo procesos de ese tipo en diversas &aacute;reas del Caribe y del Pac&iacute;fico en las d&eacute;cadas de 930 y 940.<sup><a href="#nota">23</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La incidencia de esos procesos migratorios sobre la din&aacute;mica electoral se aprecia en el <a href="../img/revistas/desacatos/n6/a9c2.jpg" target="_blank">cuadro 2</a>, seg&uacute;n el cual la inscripci&oacute;n de votantes, hacia 946, iba a la zaga de los movimientos de poblaci&oacute;n. Al contrastar las estad&iacute;sticas oficiales de personas inscritas para votar con una estimaci&oacute;n de la distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de los varones de 20 a&ntilde;os y m&aacute;s calculada con base en el censo de 1950, resulta que en las provincias con mayores saldos positivos de migrantes (Puntarenas y Lim&oacute;n) el subregistro electoral era mayor. En cambio, en dos de las provincias que m&aacute;s expulsaban poblaci&oacute;n (Alajuela y Cartago), el tama&ntilde;o del electorado estaba significativamente sobre valorado. Inevitablemente, tales "deficiencias" en la inscripci&oacute;n de votantes se convert&iacute;an, en v&iacute;speras de los comicios, en un factor que agudizaba las luchas entre los partidos.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El efecto de la migraci&oacute;n sobre la din&aacute;mica electoral debe considerarse, adem&aacute;s, en dos sentidos adicionales. En primer lugar, la dificultad para actualizar el registro electoral no se tradujo en bajos niveles de asistencia a las urnas, ya que como hemos visto, esta &uacute;ltima fue casi de un 74. por ciento en los comicios presidenciales efectuados entre 1913 y 1948. No obstante, es posible que los problemas asociados con la inscripci&oacute;n contribuyeran a que el abstencionismo no fuera m&aacute;s bajo. Y en segundo lugar, el grueso de la migraci&oacute;n de las d&eacute;cadas de 1930 y 1940 supuso traslados de poblaci&oacute;n de los espacios rurales del centro a la periferia, un desplazamiento que contribuy&oacute; tambi&eacute;n, dadas las diferencias sociales y culturales entre un &aacute;rea y otra, a la modificaci&oacute;n cualitativa a largo plazo del electorado perif&eacute;rico.<sup><a href="#nota">24</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En virtud de lo expuesto, se entienden mejor las variaciones experimentadas por los porcentajes de jornaleros y asalariados, en el centro y la periferia, entre 1982 y 1950. Tales cifras, sin embargo, no son indicadores precisos de la diferenciaci&oacute;n social, por dos razones principales. Por un lado, los jornaleros o asalariados de 950 lo eran m&aacute;s en este &uacute;ltimo a&ntilde;o que en 892 ,cuando todav&iacute;a un importante sector de peones pod&iacute;a disponer de peque&ntilde;as parcelas. Por otro lado, la poblaci&oacute;n campesina del Valle Central era, en t&eacute;rminos generales, menos pobre que la asentada en Guanacaste, Puntarenas y Lim&oacute;n, la cual dispon&iacute;a de un utillaje tecnol&oacute;gico m&aacute;s limitado, enfrentaba mayores problemas para el transporte y la comercializaci&oacute;n de sus productos y se beneficiaba menos de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas (por decirlo as&iacute;, su salario "indirecto" era menor).</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, en San Jos&eacute;, Alajuela, Cartago y Heredia, la creciente diferenciaci&oacute;n social, especialmente notoria en  las &aacute;reas cafetaleras m&aacute;s antiguas, fue compensada de alguna manera por las pol&iacute;ticas sociales del Estado liberal. A nivel nacional, la proporci&oacute;n del gasto p&uacute;blico consagrada a educaci&oacute;n, salud y obras p&uacute;blicas (que inclu&iacute;a tambi&eacute;n la construcci&oacute;n de infraestructura escolar y sanitaria) se elev&oacute; de 24.4 a 39.2 por ciento entre 1890&#45;1901 y 1930&#45;1939.<sup><a href="#nota">25</a></sup> Aunque se desconoce a&uacute;n cu&aacute;l fue la distribuci&oacute;n regional del gasto, la evidencia disponible indica que la mayor parte la captur&oacute; el centro. Como se aprecia en el cuadro ,esta &aacute;rea experiment&oacute; un importante proceso de alfabetizaci&oacute;n entre 1892 y 1950, el cual fue m&aacute;s limitado en Guanacaste, Puntarenas y Lim&oacute;n. El mayor impacto del gasto p&uacute;blico en el centro fue potenciado por la concentraci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en un espacio muy peque&ntilde;o, mientras que los habitantes de la periferia estaban mucho m&aacute;s dispersos. En 1927, la densidad demogr&aacute;fica en el Valle Central y en el resto del pa&iacute;s ascend&iacute;a, respectivamente, a 88 y diez personas por kil&oacute;metro cuadrado.<sup><a href="#nota">26</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La disminuci&oacute;n de la proporci&oacute;n de varones ocupados en el agro en las provincias centrales fue acompa&ntilde;ada por una diferenciaci&oacute;n social creciente, muy visible hacia 1950, cuando seis de cada diez de ellos fueron clasificados como asalariados. Seg&uacute;n el <a href="../img/revistas/desacatos/n6/a9c3.jpg" target="_blank">cuadro 3</a>, en las distintas actividades econ&oacute;micas, los trabajadores por cuenta propia y familiares sin remuneraci&oacute;n ten&iacute;an m&aacute;s importancia en la periferia que en el centro. De esta tendencia se exceptuaban los que laboraban en servicios y transportes, contraste que podr&iacute;a explicarse porque en Lim&oacute;n y Puntarenas se ubicaban los principales puertos del pa&iacute;s, con la consiguiente concentraci&oacute;n de fuerza de trabajo asalariada.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mundo rural, de acuerdo con el <a href="../img/revistas/desacatos/n6/a9c3.jpg" target="_blank">cuadro 3</a>, se perfilaban dos modelos de relaciones sociales: la de los asalariados con respecto a sus patronos, y la de los familiares sin remuneraci&oacute;n con respecto a los jefes de familia (t&iacute;picamente, trabajadores por cuenta propia). En los espacios urbanos y semi&#45;urbanos, en contraste, los familiares sin remuneraci&oacute;n eran poco importantes, al tiempo que destacaban los trabajadores por cuenta propia, especialmente en el comercio al por menor (los due&ntilde;os de pulper&iacute;as y taquillas). En cambio, la diferenciaci&oacute;n social fue muy profunda en las actividades artesanales, industriales y de construcci&oacute;n, una especificidad vinculada con el crecimiento de los talleres y la incorporaci&oacute;n de m&aacute;s y mejor tecnolog&iacute;a.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, en el per&iacute;odo bajo estudio hab&iacute;a dos Costa Ricas, contrastantes tanto en t&eacute;rminos econ&oacute;micos, como &eacute;tnicos y culturales. Esta diferenciaci&oacute;n fue la base, a su vez, de los distintos patrones de relaciones sociales prevalecientes en el centro del pa&iacute;s y en las &aacute;reas perif&eacute;ricas, los cuales se expresaron en formas de conflictividad diferenciadas. Mientras en el Valle Central los conflictos sociales fueron menos violentos y agudos, en Guanacaste, Puntarenas y Lim&oacute;n ocurri&oacute; lo contrario, a lo cual contribuy&oacute; una respuesta estatal tambi&eacute;n diferenciada. Si en el centro del pa&iacute;s el Estado privilegi&oacute; la negociaci&oacute;n sobre la represi&oacute;n, en las &aacute;reas perif&eacute;ricas la represi&oacute;n tendi&oacute; a ser m&aacute;s fuerte y sistem&aacute;tica.<sup><a href="#nota">27</a></sup> La cuesti&oacute;n, entonces, es si tan diferentes fueron la sociedad y la cultura en el centro y la periferia del pa&iacute;s, &iquest;cu&aacute;n distinta fue la pol&iacute;tica en una y otra &aacute;rea?</font></p>
	    <p align="justify">&nbsp;</p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>4. POL&Iacute;TICAS DIFERENCIADAS</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En varios estudios previos, hemos tratado de responder a la pregunta anterior con base en un an&aacute;lisis del fraude electoral, cuyas principales conclusiones cualitativas son las siguientes. En el per&iacute;odo 1901&#45;1948, la mayor parte de las acusaciones de fraude correspondieron a las provincias perif&eacute;ricas, las cuales, adem&aacute;s, concentraron las m&aacute;s graves. Mientras en el centro las "irregularidades" impugnadas se relacionaban usualmente con "deficiencias" formales, por ejemplo falta de firmas en la documentaci&oacute;n electoral, en la periferia se denunciaba la suplantaci&oacute;n de votantes, la sustracci&oacute;n de papeletas, el hecho de que personas no calificadas para sufragar lo hicieran (extranjeros, menores de edad y difuntos) y, en particular, el uso de la fuerza por parte de las autoridades contra los votantes.<sup><a href="#nota">28</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un examen de las pr&aacute;cticas fraudulentas seg&uacute;n espacios urbanos y rurales descubre otra diferenciaci&oacute;n fundamental. La mayor parte de las acusaciones de fraude, y las m&aacute;s graves tambi&eacute;n, se localizaban en el campo (especialmente en las provincias perif&eacute;ricas). En cambio, en las capitales provinciales (sobre todo en las del centro), la denuncia de "irregularidades" electorales era mucho m&aacute;s baja, y los cargos formulados se relacionaban b&aacute;sicamente con "deficiencias" formales. Por &uacute;ltimo, en las villas y ciudades menores (tanto en el centro como en la periferia), los tipos de fraude impugnados iban de los "defectos" de forma a la coacci&oacute;n de los votantes por parte de las autoridades. Tales espacios semiurbanos parecen haberse constituido as&iacute; en una zona de frontera entre la pol&iacute;tica urbana, m&aacute;s cercana al modelo te&oacute;rico de la democracia electoral, y la rural, con sus mayores niveles de abuso y coerci&oacute;n.<sup><a href="#nota">29</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n anterior indica una cierta correlaci&oacute;n entre las especificidades del electorado y las de la lucha pol&iacute;tica. En efecto, de acuerdo con las denuncias planteadas, el fraude no se daba, o asum&iacute;a formas muy sutiles, en las &aacute;reas del pa&iacute;s donde los votantes estaban m&aacute;s alfabetizados, la cultura urbana ten&iacute;a un mayor desarrollo y se concentraba una prensa diversa y vigilante .Lo contrario ocurr&iacute;a en aquellas regiones de Costa Rica donde la poblaci&oacute;n era mayoritariamente rural, m&aacute;s pobre, menos alfabetizada y &eacute;tnicamente inferior seg&uacute;n los criterios de la cultura oficial. En otras palabras: en el centro del pa&iacute;s, y particularmente en sus principales ciudades, se configuraron una sociedad civil y una esfera p&uacute;blica en las cuales las pr&aacute;cticas fraudulentas, y en especial sus peores formas, resultaban crecientemente inadmisibles.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La correlaci&oacute;n expuesta, en la que la estructura social y cultural parece determinar la din&aacute;mica pol&iacute;tica, requiere, sin embargo, ser corregida en varios sentidos. Primero, la marginalidad electoral de la periferia (que a lo sumo concentraba una cuarta parte del electorado del pa&iacute;s en 950) coloc&oacute; a Guanacaste, Puntarenas y Lim&oacute;n en una posici&oacute;n desventajosa para competir por mayores cuotas del gasto p&uacute;blico, lo cual hubiera podido contribuir a compensar los menores &iacute;ndices sanitarios y escolares de esas provincias. Segundo, el que en estas &aacute;reas hubiera, en promedio, menos votantes por partido que en el centro,<sup><a href="#nota">30</a></sup> coadyuv&oacute; a que la competencia electoral tendiera a ser m&aacute;s intensa en la periferia, lo que se traduc&iacute;a en un mayor n&uacute;mero de denuncias de pr&aacute;cticas fraudulentas, incluidas las m&aacute;s graves.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y en tercer lugar, los patrones de fraude descritos variaron decisivamente en ciertas coyunturas pol&iacute;ticas. En efecto, tras las votaciones de diputados de 1915 y 1946, y las presidenciales 1944, el centro concentr&oacute; la mayor parte de las acusaciones de fraude, incluidas las que denunciaban sus peores formas.<sup><a href="#nota">31</a></sup> Algo similar ocurri&oacute; en 1932, cuando buena parte de este &uacute;ltimo tipo de denuncias proced&iacute;an de la ciudad de San Jos&eacute;. Tal cambio en los patrones generales de fraude del per&iacute;odo 1901&#45;1948 contribuy&oacute;, en cada una de esas ocasiones, a agravar una crisis pol&iacute;tica ya en curso: lo de 1915 fue seguido por el golpe de Estado que dio origen a la dictadura de los Tinoco; lo de 1932 por un intento de golpe de Estado que al final fracas&oacute;; y lo de 1944 y 1946 por la guerra civil de 1948.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo expuesto destaca que las pr&aacute;cticas fraudulentas pod&iacute;an tener un impacto diferenciado en el centro y en la periferia, pero resalta ante todo que, aunque las especificidades &eacute;tnicas, sociales y culturales del electorado pod&iacute;an influir en la forma que asum&iacute;a la competencia electoral, esta &uacute;ltima no estaba completamente determinada por esas particularidades. En efecto, como lo demuestran los casos de 1915, 1932 y 1944&#45;1946, la intensificaci&oacute;n de la lucha entre los partidos pod&iacute;a llevar a un deterioro de las pr&aacute;cticas electorales aun en aquellas &aacute;reas del pa&iacute;s donde se concentraban los votantes "blancos" (&eacute;tnicamente "sanos" desde la perspectiva oficial), m&aacute;s urbanizados y con elevados &iacute;ndices de alfabetizaci&oacute;n. El mayor desarrollo de la sociedad civil y de la esfera p&uacute;blica no bast&oacute; para inmunizar a las provincias centrales de Costa Rica contra los peores efectos de una competencia pol&iacute;tica intensificada.</font></p>
    <p align="justify">&nbsp;</p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reciente propuesta de Gary King para enfrentar la falacia ecol&oacute;gica y explorar las relaciones entre ciertos sectores de votantes y determinadas preferencias electorales<sup><a href="#nota">32</a></sup> constituye un aporte fundamental en el campo de las ciencias sociales, ya que posibilita investigar, desde una perspectiva nueva, las conexiones entre las lealtades e identidades pol&iacute;ticas de grupos espec&iacute;ficos y sus particulares trasfondos &eacute;tnicos, de clase o de g&eacute;nero. Esta metodolog&iacute;a permite, en un nivel m&aacute;s amplio, replantear el problema de las relaciones entre sociedad y pol&iacute;tica, entre las especificidades de la estructura social y las particularidades de los procesos electorales e institucionales.</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente art&iacute;culo est&aacute; dominado por una preocupaci&oacute;n similar: en ciertas condiciones, un apropiado an&aacute;lisis de los datos censales puede ser muy &uacute;til para investigar la distribuci&oacute;n demogr&aacute;fica, la composici&oacute;n ocupacional y las caracter&iacute;sticas culturales de los votantes del pasado, y para identificar los principales cambios que, como electorado, experimentaron a largo plazo y a escala nacional. Sin embargo, para una mejor lectura de la informaci&oacute;n censal, conviene confrontar esas especificidades de los votantes y, por a&ntilde;adidura, del contexto sociocultural al que pertenec&iacute;an, con las formas que asum&iacute;a la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica en los lugares donde ellos resid&iacute;an, paso indispensable para explorar las complejas conexiones entre lo social y lo institucional, los condicionantes estructurales y las escogencias de los actores.<sup><a href="#nota">33</a></sup></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso costarricense ha sido, sin duda, un provechoso objeto de estudio, por lo menos en dos sentidos. Por un lado, las dimensiones territoriales y demogr&aacute;ficas del pa&iacute;s facilitan un estudio de conjunto y diacr&oacute;nico, lo que permite superar los problemas de representatividad, tan frecuentes cuando se analizan experiencias a nivel local o regional, o cuando se examina la estructura del electorado con base en una muestra de los inscritos en el registro electoral en un a&ntilde;o espec&iacute;fico. Y por otro, las importantes diferencias encontradas en Costa Rica entre centro y perifieria, y entre mundos urbanos y rurales, constituyen un pertinente recordatorio de la importancia de prestar atenci&oacute;n, a&uacute;n en pa&iacute;ses peque&ntilde;os, a las especificidades regionales y locales. Estas &uacute;ltimas eran los escenarios m&uacute;ltiples (y entrecruzados) de las luchas electorales y las din&aacute;micas institucionales.</font></p>
    <p align="justify">&nbsp;</p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">*Este art&iacute;culo forma parte de un proyecto m&aacute;s amplio sobre el fraude electoral y la reforma institucional en Costa Rica, realizado junto con Fabrice Lehoucq, cuyos comentarios agradezco, y financiado por el National Endowment for Humanities (Collaborative Projects Grant RO&#45;22864&#45;95).</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;V&eacute;ase, por ejemplo, Ivor Crewe, Anthony Fox y Neil Day, 1995, <i>The British Electorate</i> <i>1963&#45;1992:</i> <i>A Compendium of Data from the British Election Studies,</i> Cambridge University Press, Nueva York.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Entre los estudios de este tipo destacan los de Valenzuela, O'Gor&#45;man, Graham, Alonso y Sabato. V&eacute;ase J. Samuel Valenzuela, 1985, <i>Democrat&iacute;zac&iacute;&oacute;n v&iacute;a reforma. La expansi&oacute;n del sufragio en Chile,</i> IDES, Buenos Aires, pp. 115&#45;120; Frank O'Gorman, 1989, <i>Voters, Patrons and Parties: The Unreformed Electoral System of Hannoverian England,</i> <i>1734&#45;1832,</i> Clarendon Press, Oxford, pp. 199&#45;223; Richard Graham, 1990, <i>Patronage and Politics in Nineteenth&#45;Century Brazil,</i> Stanford University Press, Stanford, pp. 105&#45;114; Paula Alonso, 1993, "Politics and Election in Buenos Aires, 1890&#45;1898: The Performance of the Radical Party", en <i>Journal of Latin American Studies,</i> vol. 25, n&uacute;m. 3, octubre, pp. 474&#45;480; y Hilda Sabato, 1998, <i>La pol&iacute;tica en las calles: entre el voto y la movilizaci&oacute;n: Buenos Aires,</i> <i>1862&#45;1880,</i> Editorial Sudamericana, Buenos Aires, pp. 92&#45;102.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Para un an&aacute;lisis de la historia pol&iacute;tico&#45;electoral costarricense del per&iacute;odo 1890&#45;1948, v&eacute;ase: Orlando Salazar Mora, 1990, <i>El apogeo de la rep&uacute;blica liberal en Costa Rica,</i> 1870&#45;1914, Editorial de la Universidad de Costa Rica, San Jos&eacute;; y Jorge Mario Salazar Mora, 1995, <i>Crisis liberal y Estado reformista. An&aacute;lisis pol&iacute;tico&#45;electoral,</i> <i>1914&#45;1949,</i> Editorial de la Universidad de Costa Rica, San Jos&eacute;.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;Acerca de la calidad de esos censos, v&eacute;ase: Arodys Robles, 1986, "Patrones de poblaci&oacute;n en Costa Rica (1860&#45;1930)", en <i>Avances de Investigaci&oacute;n del Centro de Investigaciones Hist&oacute;ricas,</i> n&uacute;m. 14, San Jos&eacute;, pp. 3&#45;4 y 25.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;Oficial, 1874, "Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica", en <i>Colecci&oacute;n de las leyes, decretos y &oacute;rdenes expedidos por los supremos poderes Legislativo y Ejecutivo de Costa Rica en el a&ntilde;o de</i> <i>1871,</i> t. XX, Imprenta de La Paz, San Jos&eacute;, p. 173. En 1917, al inicio del r&eacute;gimen de los Tinoco, se aprob&oacute; una nueva Constituci&oacute;n, la cual estuvo vigente por poco tiempo, ya que fue anulada tras la ca&iacute;da de la dictadura en 1919.</font></p>
        ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;Iv&aacute;n Molina y Fabrice Lehoucq, "Estad&iacute;sticas electorales de Costa Rica (1897&#45;1948): una contribuci&oacute;n documental", en prensa. Todos los datos costarricenses de inscripci&oacute;n y participaci&oacute;n electoral proceden de este trabajo.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;Alonso, "Politics and Election in Buenos Aires", p. 474. Entre 1904 y 1910, la inscripci&oacute;n electoral en Buenos Aires subi&oacute; como m&aacute;ximo a 67.3 por ciento. Dar&iacute;o Canton y Jorge Ra&uacute;l Jorrat, 1999,"Buenos Aires en tiempos del voto venal: elecciones y partidos entre 1904 y 1910", en <i>Desarrollo Econ&oacute;mico. Revista de Ciencias Sociales,</i> vol. 30, n&uacute;m. 155, octubre&#45;diciembre, Buenos Aires, p. 441.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;En 1894 la participaci&oacute;n fue mayor que en 1897 y 1901, ya que vot&oacute; un 49 por ciento de los varones costarricenses de veinte a&ntilde;os y m&aacute;s. La asistencia a las urnas represent&oacute; en 1894 un 11.4 por ciento de la poblaci&oacute;n total, proporci&oacute;n similar a la de Gran Breta&ntilde;a (12 por ciento en 1890) y muy por encima de la de Brasil (2.2 por ciento en 1894), Chile (3.5 por ciento en 1888) y Buenos Aires (1.8 por ciento en 1896). Alonso, "Politics and Election in Buenos Aires", p. 475.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;Eduardo Posada&#45;Carb&oacute;, 1997, "Limits of Power: Elections under the Conservative Hegemony in Colombia, 1886&#45;1930", en <i>Hispanic American Historical Review,</i> vol. 77, n&uacute;m. 2, mayo, p. 260.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;Eugenia Rodr&iacute;guez, "'&iexcl;Dotar de voto pol&iacute;tico a la mujer!' &iquest;Por qu&eacute; se aprob&oacute; el sufragio femenino en Costa Rica hasta en 1949?", en Sara Poggio y Monserrat Sagot (eds.), 2000, <i>Irrumpiendo en lo p&uacute;blico. Seis facetas de las mujeres en Am&eacute;rica Latina,</i> Maestr&iacute;a Regional en Estudios de la Mujer y Latin American Studies Association, San Jos&eacute;, pp. 175&#45;206.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp;Jorge Rovira, 1982, <i>Estado y pol&iacute;tica econ&oacute;mica en Costa Rica,</i> <i>1948</i>&#45;<i>1970,</i> Editorial Porvenir, San Jos&eacute;; y Fabrice Lehoucq, 1997, <i>Lucha electoral y sistema pol&iacute;tico en Costa Rica</i> <i>(1948&#45;1998),</i> Editorial Porvenir, San Jos&eacute;.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;Oficial, 1983, <i>Censo General de la Rep&uacute;blica de Costa Rica,</i> <i>18</i> <i>de febrero de</i> <i>1892,</i> Tipograf&iacute;a Nacional, San Jos&eacute;; <i>&iacute;dem,</i> 1975, <i>Censo de poblaci&oacute;n de Costa Rica,</i> <i>22</i> <i>de mayo de</i> <i>1950,</i> 2da. ed., Direcci&oacute;n General de Estad&iacute;stica y Censos, San Jos&eacute;.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;Oficial, <i>Censo General de la Rep&uacute;blica de Costa Rica,</i> <i>18</i> <i>de febrero de</i> <i>1892,</i> pp. xix&#45;xlix, liv&#45;lvi y lxxxvi&#45;cix.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;En 1892, Lim&oacute;n y Puntarenas eran comarcas. Fueron elevadas a la categor&iacute;a de provincias a comienzos del siglo XX.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;Oficial, 1960, <i>Censo de poblaci&oacute;n de Costa Rica,</i> <i>11</i> <i>de mayo de</i> <i>1927,</i> Direcci&oacute;n General de Estad&iacute;stica y Censos, San Jos&eacute;, p. 40. Puesto que la forma de presentaci&oacute;n de los datos ocupacionales del censo de 1927 no es similar a la de los censos de 1892 y 1950, excluimos este censo al elaborar el cuadro 1. V&eacute;ase adem&aacute;s Mario E. Fern&aacute;ndez, <i>et al.</i>, 1977, "La poblaci&oacute;n de Costa Rica", en <i>Poblaci&oacute;n de Costa Rica y or&iacute;genes de los costarricenses,</i> Editorial Costa Rica, San Jos&eacute;, pp. 293&#45;295; y Herm&oacute;genes Hern&aacute;ndez, 1985, Costa Rica: evoluci&oacute;n territorial y principales censos de poblaci&oacute;n 1502-1984, Editorial Universidad Estatal a Distancia, San Jos&eacute;, p. 176.

</font></p>
        ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Dana G. Munro, 1918, The Five Republics of Central America: Their Political and Economic Development and their Relation with the United States, Oxford University Press, Nueva York, p. 159. La traducci&oacute;n es m&iacute;a.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> <sup>17</sup> Steven Palmer, 1996, "Racismo intelectual en Costa Rica y Guatemala, 1870-1920", en Mesoam&eacute;rica, vol. 17, n&uacute;m. 31, junio, pp. 99-121.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Los aspectos m&aacute;s cualitativos de estas pol&iacute;ticas sociales se analizan en Steven Palmer, 1999, "Adi&oacute;s Laissez-Faire: la pol&iacute;tica social en Costa Rica (1880-1940)", en Revista de Historia de Am&eacute;rica, n&uacute;m. 124, enero-junio, M&eacute;xico, pp. 99-117; &iacute;dem, 1996, "Confinement, Policing, and the Emergence of Social Policy in Costa Rica, 1880-1935", en Ricardo Salvatore y Carlos Aguirre (eds.), The Birth of the Penitentiary in Latin America. Essays on Criminology, Prison Reform, and Social Control, 1830-1940, University of Texas Press, Austin, pp. 224-253; y Steven Palmer e Iv&aacute;n Molina, 2000, Educando a Costa Rica. Alfabetizaci&oacute;n popular, formaci&oacute;n docente y g&eacute;nero (1880-1950), Plumsock Mesoamerican Studies y Editorial Porvenir, San Jos&eacute;.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Carlos D&aacute;vila, 1987, &iexcl;Viva Vargas! Historia del partido Confraternidad Guanacasteca, Guayac&aacute;n, San Jos&eacute;.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Iv&aacute;n Molina, 1999, "El desempe&ntilde;o electoral del Partido Comunista de Costa Rica (1931-1948)", en Revista Parlamentaria, vol. 7, n&uacute;m. 1, abril, San Jos&eacute;, pp. 491-521; Marielos Aguilar, 1989, Clase trabajadora y organizaci&oacute;n sindical en Costa Rica, 1943-1971, Editorial Porvenir, San Jos&eacute;.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Oficial, <i>Censo de poblaci&oacute;n de Costa Rica,</i> <i>22</i> <i>de mayo de</i> 1950, pp. 160&#45;169.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Para una visi&oacute;n de conjunto del cambio que experiment&oacute; la estructura ocupacional costarricense entre 1864 y 1927, v&eacute;ase Mario Samper, 1978, "Los productores directos en el siglo del caf&eacute;", en <i>Revista de Historia,</i> n&uacute;m. 7, julio&#45;diciembre, Heredia, pp. 123&#45;217.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> Brunilda Hilje, 1991, <i>La colonizaci&oacute;n agr&iacute;cola de Costa Rica</i> <i>(1840</i>&#45;<i>1940),</i> Editorial Universidad Estatal a Distancia, San Jos&eacute;, pp. 31&#45;73; Ronny Viales, 1998, <i>Despu&eacute;s del enclave</i> <i>1927&#45;1950:</i> <i>un estudio de la regi&oacute;n atl&aacute;ntica costarricense,</i> Editorial Universidad de Costa Rica, San Jos&eacute;; Ana Luisa Cerdas, 1993, "El surgimiento del enclave bananero en el Pac&iacute;fico Sur", en <i>Revista de Historia,</i> n&uacute;m. 28, julio&#45;diciembre, San Jos&eacute;, pp. 117&#45;159.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup>&nbsp;Lamentablemente no se ha investigado a fondo el impacto cultural de tal migraci&oacute;n, un tema cuya importancia en t&eacute;rminos de la pr&aacute;ctica y la cultura pol&iacute;tica se comprender&aacute; mejor despu&eacute;s de leer la secci&oacute;n final de este art&iacute;culo. En un estudio anterior encontramos que la inmigraci&oacute;n del centro a la periferia contribuy&oacute; a elevar el &iacute;ndice de alfabetizaci&oacute;n de esta &uacute;ltima. Iv&aacute;n Molina, 1999, "Explorando las bases de la cultura impresa en Costa Rica. La alfabetizaci&oacute;n popular (1821&#45;1950)", en Patricia Vega (comp.), <i>Comunicaci&oacute;n y construcci&oacute;n de lo cotidiano</i>, Departamento Ecum&eacute;nico de Investigaciones, San Jos&eacute;, pp. 23&#45;64.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup>&nbsp;Ana Cecilia Rom&aacute;n, 1995, <i>Las finanzas p&uacute;blicas de Costa Rica: metodolog&iacute;a y fuentes</i> <i>(1870&#45;1948),</i> CIHAC, San Jos&eacute;, pp. 57&#45;59 y 61&#45;63.</font></p>
        ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Oficial, <i>Censo de poblaci&oacute;n de Costa Rica,</i> <i>11</i> <i>de mayo de 1927</i>, p. 40; Fern&aacute;ndez, "La poblaci&oacute;n de Costa Rica", pp. 293&#45;295; Hern&aacute;ndez, <i>Costa Rica: evoluci&oacute;n territorial</i>, p. 76.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> V&iacute;ctor Hugo Acu&ntilde;a, 1986, <i>Los or&iacute;genes de la clase obrera en Costa Rica: las huelgas de</i> <i>1920</i> <i>por la jornada de ocho horas,</i> CENAP&#45;CEPAS, San Jos&eacute;, pp. 61&#45;63; <i>&iacute;dem,</i> 1993, "Clases subalternas y movimientos sociales en Centroam&eacute;rica (1870&#45;1930)", en V&iacute;ctor Hugo Acu&ntilde;a (ed.), <i>Historia general de Centroam&eacute;rica. Las rep&uacute;blicas agroexportadoras,</i> FLACSO&#45;Quinto Centenario, Madrid, p. 288. </font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Iv&aacute;n Molina y Fabrice Lehoucq, 1999, "La competencia pol&iacute;tica y el fraude electoral: un caso latinoamericano", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a,</i> vol. 6 , n&uacute;m. 3, julio&#45;septiembre, pp. 103&#45;137; <i>&iacute;dem,</i> 1999, <i>Urnas de lo inesperado. Fraude electoral y lucha pol&iacute;tica en Costa Rica</i> <i>(1901&#45;1948),</i> Editorial de la Universidad de Costa Rica, San Jos&eacute;.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup>&nbsp;Iv&aacute;n Molina, en prensa, "Fraude local y pol&iacute;tica nacional. El caso de Costa Rica (1901&#45;1948)", en <i>Cuadernos de Historia,</i> Santiago, Chile.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup>&nbsp;Fabrice Lehoucq e Iv&aacute;n Molina, en prensa, <i>Stuffing the Ballot Box: Fraud, Electoral Reform and Democratization in Costa Rica,</i> cap 1.</font></p>
        <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup>&nbsp;Hasta 1948, en Costa Rica se realizaban elecciones presidenciales cada cuatro a&ntilde;os, y diputadiles cada dos a&ntilde;os, cuando se renovaba la mitad del Congreso.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup>&nbsp;Gary King, 997, <i>A Solution to the Ecological Inference Problem,</i> Princenton University Press, Princenton. Para una aplicaci&oacute;n latinoamericana de esa metodolog&iacute;a, v&eacute;ase Canton y Jorrat, "Buenos Aires en tiempos del voto venal", pp. 433&#45;457.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> Para una discusi&oacute;n m&aacute;s amplia sobre este punto, v&eacute;ase Scott, Mainwaring, 1999, "La durabilidad de la democracia en Am&eacute;rica Latina, 1940&#45;1998", en <i>Pol&iacute;tica y Gobierno,</i> vol. VI, n&uacute;m. 2, segundo semestre, pp. 315&#45;363.</font></p>
     ]]></body>
</article>
