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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pensando la violencia que ejercen los hombres contra sus parejas: problemas y cuestionamientos]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Guadalajara Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present article aimes to describe the problematic aspects involved in the exertion of male violence within the couple. Firstly, some data about male violence within the couple gathered from surveys are presented. In them, males are considered as units of analysis. From these data, some points about the stereotyped perception of genders are introduced. Secondly, a brief note is made about the main orientations used in psychology to deal with violent males. Also, typologies used here are outlined to some extent. Finally, emphasis is made on the importance of sociocultural contexts, considered as spaces of sense and meaning of male domestic violence within the couple.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Pensando la violencia que ejercen los hombres contra sus parejas: problemas y cuestionamientos<a href="#nota">*</a></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Carlos Ram&iacute;rez Rodr&iacute;guez</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Guadalajara.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo se propone problematizar algunos aspectos sobre la violencia dom&eacute;stica masculina contra la pareja. En primer t&eacute;rmino se presentan a reflexi&oacute;n algunos datos de encuestas sobre la violencia dom&eacute;stica masculina contra la pareja, en las que se incluye a los hombres como unidades de an&aacute;lisis. A partir de estos datos se introducen algunos puntos sobre la percepci&oacute;n estereotipada de los g&eacute;neros. En segundo lugar se hace una breve anotaci&oacute;n sobre las orientaciones que se utilizan en psicolog&iacute;a para intervenir con hombres que ejercen violencia contra sus parejas y se hacen algunos se&ntilde;alamientos sobre las tipolog&iacute;as utilizadas. La tercera parte enfatiza la importancia de los contextos socioculturales como espacios de sentido y significaci&oacute;n de la violencia dom&eacute;stica masculina contra la pareja.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">The present article aimes to describe the problematic aspects involved in the exertion of male violence within the couple. Firstly, some data about male violence within the couple gathered from surveys are presented. In them, males are considered as units of analysis. From these data, some points about the stereotyped perception of genders are introduced. Secondly, a brief note is made about the main orientations used in psychology to deal with violent males. Also, typologies used here are outlined to some extent. Finally, emphasis is made on the importance of sociocultural contexts, considered as spaces of sense and meaning of male domestic violence within the couple.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intenci&oacute;n de este trabajo es hacer una reflexi&oacute;n sobre algunos aspectos de la violencia masculina contra la pareja. En una primera parte se discuten los resultados de encuestas donde se incluyen a los hombres como unidades de an&aacute;lisis. En segundo t&eacute;rmino se tratan de identificar algunos rasgos de los hombres violentos y las dificultades para el establecimiento de tipolog&iacute;as, haci&eacute;ndose evidente la necesidad de partir de perspectivas que muestren el contexto sociocultural del grupo social donde se estudia la violencia masculina, lo que se se&ntilde;ala como una tercera parte. Finalizo con las conclusiones.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Armando un rompecabezas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kempe (1962) acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino "S&iacute;ndrome del ni&ntilde;o maltratado" <i>(battered child syndrome).</i> Podr&iacute;a decirse que fue un detonador para iniciar una discusi&oacute;n desmitificadora sobre la familia como una instituci&oacute;n social segura, protectora de sus miembros, como la instancia privilegiada que favorece el desarrollo de los individuos y contribuye a la formaci&oacute;n de ciudadanos sanos, libres y productivos. Los estudios sobre el abuso infantil mostraron una cara no grata pero real de la sociedad estadunidense y r&aacute;pidamente las investigaciones sobre el tema y sus resultados sobre el panorama devastador del abuso infantil dentro de la familia atrajo la atenci&oacute;n de la sociedad entera, no s&oacute;lo en Estados Unidos, sino en muchos pa&iacute;ses del mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tiempo despu&eacute;s, ya en la d&eacute;cada de 1970, se iniciaron estudios sistem&aacute;ticos y de gran alcance para conocer la problem&aacute;tica del que se denunci&oacute; como el s&iacute;ndrome de la mujer golpeada <i>(battered woman syndrome)</i> (Walker, 1983). Vencer la resistencia social para reconocer el problema, hablar de &eacute;l, investigar su magnitud, el proceso y sus consecuencias, as&iacute; como las estrategias de intervenci&oacute;n y la evaluaci&oacute;n de las mismas, fueron aspectos de un rompecabezas que se inici&oacute; a armar durante la d&eacute;cada de 1980 y todav&iacute;a hoy, iniciando el siglo XXI, siguen coloc&aacute;ndose piezas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los hombres son pieza clave para tener una mejor comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno de la violencia contra las mujeres. Entre los hallazgos m&aacute;s consistentes en estudios de corte cuantitativo en muchos pa&iacute;ses del mundo se encuentra los siguientes: a) la violencia contra las mujeres ocurre fundamentalmente en el espacio dom&eacute;stico, b) el principal agente que perpetra esta violencia es la pareja, independientemente de la forma de uni&oacute;n (casados, uni&oacute;n libre, separados o divorciados) e incluso antes del matrimonio, durante el noviazgo (Heise <i>et al.,</i> 1999). Las consecuencias de su actuaci&oacute;n violenta es destructiva en muchos sentidos. En t&eacute;rminos f&iacute;sicos la enumeraci&oacute;n de las lesiones producidas por la violencia ejercida es muy vasta. Cualquier casu&iacute;stica de pr&aacute;cticamente cualquier centro de urgencias m&eacute;dicas, servicio m&eacute;dico forense, procuradur&iacute;a de justicia, centro de atenci&oacute;n a mujeres, da cuenta de las mismas; s&oacute;lo para darse una idea oscilan entre un dolor que no se ve hasta el homicidio.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este escalofriante escenario es compartido por otro tipo de violencia, que seg&uacute;n las propias mujeres es mucho m&aacute;s destructivo. Se refieren a la violencia psicol&oacute;gica y sus efectos que trascienden cualquier fractura, sutura o morete. La violencia psicol&oacute;gica prescinde del contacto f&iacute;sico directo, puede y de hecho es sutil o tambi&eacute;n evidente, eso no es quiz&aacute; lo m&aacute;s importante, donde radica su esencia es en el efecto lesivo, la destrucci&oacute;n de la autoestima, la desvalorizaci&oacute;n como ser humano que produce en las mujeres. Al no dejar huella aparente, esta forma de violencia es m&aacute;s dif&iacute;cil de aprehender.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La condici&oacute;n <i>sine qua non</i> para empezar a comprender el fen&oacute;meno de la violencia contra las mujeres fue romper el silencio en que estaba sumergido. Este rompimiento signific&oacute; el inicio y consolidaci&oacute;n de una batalla contra los sistemas de creencias que legitiman la violencia como una forma aceptable e incluso deseable de sostener una relaci&oacute;n de pareja. La lucha ha sido contra la concepci&oacute;n naturalizada de la violencia, ya que es un hecho construido socialmente. Impacta desfavorablemente a las mujeres v&iacute;ctimas de forma directa y a quienes se encuentran alrededor ya sea directa o indirectamente. Otro de los silencios que hay que romper es el de los hombres. Hablar de la violencia que ejercen es una necesidad porque contribuye al entendimiento del fen&oacute;meno en s&iacute; mismo. Adem&aacute;s, es una premisa indispensable para llevar a cabo estrategias de intervenci&oacute;n con hombres que vayan m&aacute;s all&aacute; de la necesaria penalizaci&oacute;n de este tipo de pr&aacute;cticas y, a la vez, no se limiten a intervenciones psicoterap&eacute;uticas.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>&iquest;Un sin sentido de los datos?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las cr&iacute;ticas m&aacute;s fuertes que se le han hecho a los estudios sobre violencia contra las mujeres es la ausencia de los hombres como sujetos de an&aacute;lisis. Su incorporaci&oacute;n viene a complementar la perspectiva de las mujeres. Al respecto existen trabajos que han incorporado a los hombres como parte de sus observaciones. Me refiero, en este primer momento, a aquellos que tienen un acercamiento cuantitativo y que entre sus principales objetivos est&aacute; determinar la prevalencia del fen&oacute;meno. No es la intenci&oacute;n hacer un recuento del conjunto de encuestas que incluyen a los hombres como unidades de an&aacute;lisis. Tampoco hacer una discusi&oacute;n de las metodolog&iacute;as que se emplearon, los supuestos te&oacute;ricos de los que se parti&oacute; para el dise&ntilde;o de las encuestas, el muestreo y su representatividad poblacional, la estrategia del trabajo de campo, el an&aacute;lisis de la informaci&oacute;n efectuada y las implicaciones &eacute;ticas de este tipo de estudios.<sup><a href="#nota">2</a></sup> Sin lugar a duda, cada uno de ellos tiene su particular importancia y conviene aprehender y comprender las limitantes y fortalezas de las mismas. El inter&eacute;s en este momento est&aacute; centrado en la selecci&oacute;n de algunos de los resultados, los que intencionalmente se limitaron porque llaman a la reflexi&oacute;n sobre la percepci&oacute;n que, sobre la violencia dom&eacute;stica, tuvieron las mujeres y los hombres cuando se les cuestion&oacute; sobre la existencia de dichos eventos. S&oacute;lo se mencionan de forma superficial algunas caracter&iacute;sticas generales de las investigaciones cuando as&iacute; se requiera. Para tal efecto, se hace referencia a algunos aspectos que de forma sint&eacute;tica se encuentran en el <a href="#c1">cuadro 1</a>.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/pp/v8n31/a10c1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Straus y Gelles (1988) entrevistaron a mujeres y hombres de Estados Unidos utilizando una encuesta denominada <i>Conflict Tactic Scale</i> (CTS)<sup><a href="#nota">3</a></sup> en los a&ntilde;os 1975 y 1985. No se aplic&oacute; a parejas, sino a una u otro. La violencia general dirigida del esposo a la esposa y viceversa fue muy parecida, alrededor del 12 por ciento en el a&ntilde;o previo. La diferencia entre 1975 y 1985 es que en el primero la frecuencia de la violencia fue mayor del esposo <i>vs</i> esposa y en la segunda fue esposa <i>vs</i> esposo. Las diferencias son m&iacute;nimas, podr&iacute;a suponerse que son aleatorias y que ambos miembros en la pareja son tanto blanco como ejecutores de violencia. Adem&aacute;s identificaron la violencia severa, entendida como "actos que tienen alta probabilidad de lesionar" (Straus y Gelles, 1988:16).<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este caso la frecuencia esposa <i>vs</i> esposo en ambas encuestas es mayor y, adem&aacute;s, se ensancha la diferencia en 1985. Straus y Gelles hacen un se&ntilde;alamiento respecto a la violencia severa, la que adjetivizan como "golpiza" <i>(wife beating)</i> cuando &eacute;sta es en direcci&oacute;n esposo <i>vs</i> esposa (la prevalencia menor), dadas las diferencias en el tama&ntilde;o y la fuerza entre las mujeres y los hombres.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta informaci&oacute;n que presenta    a la mujer m&aacute;s como perpetradora que como v&iacute;ctima, sin duda contraviene    cualquier discusi&oacute;n sobre los datos acerca de la violencia dom&eacute;stica    contra la mujer proporcionados por casu&iacute;sticas que dan atenci&oacute;n    a v&iacute;ctimas de violencia intrafamiliar (Stark, <i>et al.,</i> 1979; Gonz&aacute;lez    e Iracheta, 1987; Profamilia, 1992; Duarte y Gonz&aacute;lez, 1994; Benbow,    1995 y Duarte, 1995) y desde luego del sentido com&uacute;n. Se volver&aacute;    m&aacute;s delante para discutir estos datos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rollins y Oheneba (1990), utilizando el mismo instrumento entrevistaron tambi&eacute;n a hombres y mujeres del estado de Utah, Estados Unidos. Por una parte, muestran la prevalencia de la violencia severa reportada por ambos, hombres y mujeres, tal cual se refiri&oacute; en el trabajo arriba citado. El &iacute;ndice alcanzado fue mayor a lo reportado por Straus y Gelles. Por otro lado, presentan de forma diferenciada la violencia reportada por los hombres y aquella reportada por las mujeres, esto es, la violencia esposo <i>vs</i> esposa y la violencia esposa <i>vs</i> esposo. La prevalencia esposa <i>vs</i> esposo reportada tanto por las mujeres como por los hombres fue mayor en comparaci&oacute;n con la violencia esposo <i>vs</i> esposa. Cuando se compara la declarada por los hombres con la declarada por las mujeres, esta &uacute;ltima es menor (7.6 por ciento y 4.7 por ciento respectivamente).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un tercer trabajo es el de Nelson y Zimmerman (1996) que se llev&oacute; a cabo en Camboya. Ellas hicieron una selecci&oacute;n del CTS referido a la violencia f&iacute;sica. Los datos reportados son de las mujeres que se perciben violentadas f&iacute;sicamente. Tambi&eacute;n aquellas que sufrieron una lesi&oacute;n como consecuencia de la violencia f&iacute;sica. En ambos casos es notablemente m&aacute;s elevado entre las mujeres que entre los hombres. Asimismo, los hombres se reconocieron como perpetradores en una proporci&oacute;n mayor que las mujeres (10.3 por ciento y 7.1 por ciento respectivamente). No obstante, esta diferencia no es tan importante como la anterior. Lo que llama la atenci&oacute;n es que las mujeres se perciban m&aacute;s perpetradoras (7.1 por ciento) que los hombres violentados (3.1 por ciento). Si bien no se podr&iacute;a esperar una coincidencia porque no son parejas a las que se est&aacute;n entrevistando, si se esperar&iacute;a una proporci&oacute;n similar puesto que es una muestra aleatoria de la poblaci&oacute;n de mujeres y hombres.<sup><a href="#nota">6</a></sup></font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de entrar a discutir estos    datos, hay que tener en mente que se estudiaron sociedades dis&iacute;mbolas,    en contextos y grupos sociales heterog&eacute;neos. Una asi&aacute;tica (Camboya),    el resto estadunidenses. Incluso las particularidades del estado de Utah, no    permite hacer extrapolaciones a la sociedad estadunidense. </font><font face="verdana" size="2">El inter&eacute;s tampoco est&aacute; en querer extrapolar sus resultados a nuestro contexto, sino propiciar la discusi&oacute;n sobre diversos aspectos que pueden alimentar una reflexi&oacute;n sobre la violencia masculina.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen distintas posibilidades de interpretar la informaci&oacute;n que ha sido reportada en estos estudios. Mi intenci&oacute;n no es minimizar la proporci&oacute;n de mujeres que han sido objeto de violencia a manos de sus parejas, ni menospreciar los efectos que tienen en su salud f&iacute;sica y mental. Tampoco dejar de insistir en la necesidad de continuar con estudios de largo plazo sobre las formas de intervenci&oacute;n requeridas para atender a las v&iacute;ctimas de la violencia, detener y evitar nuevos episodios de violencia, de los cuales se ha dado cuenta en otros trabajos (Ram&iacute;rez y Uribe, 1993; Ram&iacute;rez y Vargas, 1996, 1997 y Ram&iacute;rez y Pati&ntilde;o 1996, 1997). De la misma forma, no existe una idea expl&iacute;cita ni encubierta de reivindicaci&oacute;n de la violencia contra los hombres, el inter&eacute;s radica en la necesidad de reflexionar de forma problematizadora sobre la violencia dom&eacute;stica que ejercen los hombres contra sus parejas, la cual tiene varias aristas que tratar&eacute; de anotar a continuaci&oacute;n, esperando ser claro y preciso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo primero que llama la atenci&oacute;n es que estos estudios incluyan hombres, a quienes se les pregunta sobre la violencia contra sus parejas<a href="#nota"><sup>7</sup></a> y algunos otros sobre la violencia intrafamiliar en general, donde la pareja es una m&aacute;s de la familia. De hecho, la mayor&iacute;a de los estudios sobre la violencia contra las mujeres s&oacute;lo incluyen a los hombres en t&eacute;rminos de perpetradores<sup><a href="#nota">8</a></sup> y no como eventuales blancos de violencia por sus parejas. La perspectiva de considerar a los hombres &uacute;nicamente como perpetradores parte de considerar a las mujeres solamente como v&iacute;ctimas de la violencia, lo cual ha sido necesario por dos motivos esenciales. Primero, para mostrar su existencia y su distribuci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Traspasa, pr&aacute;cticamente, a todas las sociedades y grupos sociales.<sup><a href="#nota">9</a></sup> Segundo, enfatizar la condici&oacute;n de subordinaci&oacute;n de las mujeres a la dominaci&oacute;n masculina. Sin embargo, esto ha propiciado tambi&eacute;n tener una apreciaci&oacute;n est&aacute;tica de la violencia donde "siempre" hay una v&iacute;ctima y "siempre" hay un perpetrador, y en que a pesar de que se se&ntilde;ale que la violencia es un fen&oacute;meno que hay que entenderlo en forma relacional, &eacute;sta se limita a una concepci&oacute;n activa&#45;pasiva permanente, asociada con el hombre/activo, mujer/pasiva, reforzada por una visi&oacute;n estereotipada de los g&eacute;neros. Entonces, habr&iacute;a que repensar la relaci&oacute;n, que rompa la dicotom&iacute;a y que se pueda identificar como una relaci&oacute;n en movimiento, donde la v&iacute;ctima tambi&eacute;n es capaz de llevar a cabo acciones para enfrentar dicha violencia activamente, y el perpetrador tambi&eacute;n asume y transita por la pasividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veamos ahora la prevalencia de la violencia reportada por hombres y mujeres, en que b&aacute;sicamente se ha utilizado el CTS. La lectura de estos datos puede hacerse sin atender la forma como fueron generados, que no es lo m&aacute;s correcto. Sin el &aacute;nimo de hacer una discusi&oacute;n sobre ello, tal cual se mencion&oacute;, tan s&oacute;lo hay que indicar que en el caso del CTS las preguntas sobre conductas que son calificadas en los reportes de investigaci&oacute;n como violentas, parten del supuesto de la existencia de un conflicto y la forma de resolverlo. Este punto es una de las debilidades de este instrumento. Con esta acotaci&oacute;n de por medio, vayamos a examinarlos. Llama la atenci&oacute;n que los hombres se identifiquen a s&iacute; mismos como blanco de la violencia por parte de sus parejas, y que estas &uacute;ltimas as&iacute; lo hagan. Una respuesta l&oacute;gica a esto y que se ha plasmado de forma reiterada en distintos trabajos, es que lo que se identifica como violencia esposa <i>vs</i> esposo, no es otra cosa que las conductas de autodefensa ante la violencia de que son objeto las mujeres, esto es, son conductas reactivas, acciones en defensa propia o en defensa de terceros, tales como las/os hijas/os<sup><a href="#nota">10</a></sup> o personas ligadas afectivamente con las mujeres. Otra posibilidad de interpretar esta informaci&oacute;n es pensarla como formas de percepci&oacute;n estereotipadas, naturalizadas, calific&aacute;ndose no s&oacute;lo diferente, sino que pueden estigmatizarse y por tanto verse de forma desproporcionada. Si el estereotipo de la mujer indica un comportamiento pasivo, sumiso, abnegado,..., cualquier posibilidad de pr&aacute;ctica social que vaya en contra del mismo es percibido por la propia mujer y por terceros como "anormal". Lo esperado es que los hombres, que por "naturaleza" son activos, independientes, agresivos, fuertes, resistentes, que soportan el dolor, etc. sean los violentos, pero adem&aacute;s que no muestren debilidad, ni se&ntilde;ales de dolor o sumisi&oacute;n, que los pondr&iacute;a en una posici&oacute;n vulnerable, cercanos a lo femenino, lo que trata de negarse para as&iacute; afirmarse como hombres. Bajo estos supuestos se podr&iacute;an esperar al menos dos reacciones. Una es negar la existencia de violencia por parte de su pareja porque pondr&iacute;a en entredicho su estereotipada masculinidad. La segunda ser&iacute;a calificar cualquier reacci&oacute;n de su pareja como una violencia porque atenta contra la autoridad que representa la que socialmente se le ha asignado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es probable que esta forma estereotipada de percepci&oacute;n de la violencia masculina (contra su pareja) se haya adoptado como la "natural", la socialmente correcta, como criterio valorativo que permite calificar las conductas de terceros como las propias. Hay que tener presente que la violencia masculina contra la pareja se va modelando en el transcurso del tiempo, por medio, entre otros, de las propias percepciones que se construyen cotidianamente. Pearson entiende las percepciones como el "proceso creativo a trav&eacute;s del cual los individuos organizan sus factores fisiol&oacute;gicos, sus experiencias y sus circunstancias actuales" (Pearson <i>et al.,</i> 1993: 38). Dicho proceso implica la selecci&oacute;n de est&iacute;mulos, mismo que organiza e interpreta de acuerdo, entre otros, con sus referentes gen&eacute;ricos, los que trata de reforzar exponi&eacute;ndose a mensajes coherentes con los mismos, de ah&iacute; que una consecuencia sea identificar a la violencia como una parte que conforma la masculinidad y estigmatiza la feminidad activa. Los mismos autores refieren una correlaci&oacute;n estrecha entre la experiencia y las actitudes que adoptan hombres y mujeres en relaci&oacute;n con otros hombres y otras mujeres. "Los hombres que mostraban actitudes negativas hacia las mujeres recordaban m&aacute;s detalles en contra de la mujer que en favor de ella", pero tambi&eacute;n se daba el caso contrario, los hombres que ten&iacute;an actitudes positivas de las mujeres estaban asociadas a buenos recuerdos de las mismas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva el sentido de los datos que aparec&iacute;an contradictorios, esto es, que tanto hombres como mujeres perciban a los hombres m&aacute;s como v&iacute;ctimas que como perpetradores, adquieren una dimensi&oacute;n donde su coherencia est&aacute; dada por el posicionamiento que los sujetos adquieren en tanto sujetos gen&eacute;ricamente constituidos. El marco normativo de las relaciones intergen&eacute;ricas al ser transgredido, inmediatamente identifica tales acciones como "anormales".</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Algunos aportes desde el trabajo con hombres violentos</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora quisiera fijar la atenci&oacute;n en aquello, se ha insistido en cierta bibliograf&iacute;a, sobre todo de la psicolog&iacute;a, de establecer el perfil del hombre violento, que en ocasiones parte de una concepci&oacute;n esencialista, que no comparto, pero que impregna a los sistemas de creencias sobre la violencia dom&eacute;stica masculina<sup><a href="#nota">11</a></sup> y por tanto es necesario atender reflexivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la Real Academia de la Lengua, una de las acepciones de perfil es el "conjunto de rasgos peculiares que caracterizan a una persona o cosa" (Real Academia de la Lengua, 1992: 1575). Si la pregunta fuera &iquest;cu&aacute;les son esos rasgos del "hombre violento"?, otra que surge inmediatamente es &iquest;de qu&eacute; rasgos se habla? Unos ser&iacute;an los individuales, que en t&eacute;rminos del componente psicol&oacute;gico incluyen a la personalidad y el temperamento. Otros rasgos ser&iacute;an los sociodemogr&aacute;ficos como: la edad, escolaridad, empleo, posici&oacute;n en el trabajo, ingreso, etc. Estos &uacute;ltimos no han sido sensibles para establecer el perfil de riesgo del "hombre violento",<sup><a href="#nota">12</a></sup> dificult&aacute;ndose la conformaci&oacute;n e identificaci&oacute;n de tipolog&iacute;as de hombres violentos. Las consistencias se han encontrado en la perspectiva psicol&oacute;gica, desprendida de la pr&aacute;ctica cl&iacute;nico&#45;terap&eacute;utica, que no es una sola, sino que existe una amplia gama de opciones de intervenci&oacute;n que va desde el individuo al trabajo en grupos, y de los acercamientos conductuales hasta los hol&iacute;sticos (Dutton y Golant, 1997 y Sonkin, 1995). Podr&iacute;a decirse que la gran mayor&iacute;a no son ortodoxos y lo m&aacute;s frecuente es encontrar combinatorias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es dentro de las aproximaciones hol&iacute;sticas que se ha incorporado la perspectiva de g&eacute;nero como eje central para analizar e intervenir en grupos de hombres violentos,<sup><a href="#nota">13</a></sup> ya que se considera que la violencia masculina gira en torno a, y fundamentalmente, las concepciones r&iacute;gidas de los g&eacute;neros, y no son, en cambio, producto de disfunciones o psicopatolog&iacute;as. Es a partir de aquellas que se mencionar&aacute;n algunos aspectos relacionados con el perfil del hombre violento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Corsi y Sot&eacute;s (1995) agruparon las caracter&iacute;sticas del hombre violento en tres polos, que denominan como:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.&nbsp;Polo cognitivo, en que se concentran los pensamientos, creencias y suposiciones que enmarcan las acciones propiamente dichas de tales individuos. Entre ellas mencionan a las siguientes: no definir su conducta como violenta o minimizarla, creer que la mujer es la que provoc&oacute; su reacci&oacute;n, creer que la mujer y los hijos deben obedecerlo, atribuir la causa de su conducta a factores externos, percibirse a s&iacute; mismo como perjudicado.<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;Polo comportamental, se refiere a las acciones concretas, observables como: disociar la conducta p&uacute;blica y privada, actuar impulsivamente, adoptar conductas posesivas, controlar y dominar, tomar decisiones unilateralmente, forzar situaciones sexuales, tener conductas autodestructivas (uso de alcohol y drogas), hostigar, golpear y destruir, utilizar armas.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;Polo afectivo, que engloba el &aacute;rea emotiva. Entre las caracter&iacute;sticas que identifican a los hombres violentos est&aacute;n: el ser restrictivos emocionalmente, se autodeval&uacute;an acompa&ntilde;&aacute;ndose de sentimientos de impotencia e indefensi&oacute;n y est&aacute;n rodeados por temores.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las formas de manifestaci&oacute;n de los individuos que involucran estos tres polos de caracter&iacute;sticas (lo cognitivo, lo conductual y lo afectivo) no deben considerarse como aisladas sino en permanente interacci&oacute;n, de forma que la intervenci&oacute;n debe estar orientada al trabajo con cada una de estas facetas que hacen reacci&oacute;n en cadena. Lo que nos muestra esta aproximaci&oacute;n es un panorama complejo de la vivencia de los hombres inmersos en relaciones de violencia con sus parejas. Se destacan aqu&iacute; algunos aspectos. Uno tiene que ver con el perfil propiamente dicho. &iquest;Qui&eacute;nes son estos hombres que acuden a los grupos de hombres violentos? Son en la casi totalidad hombres que tienen problemas con la violencia f&iacute;sica, quiz&aacute; no los m&aacute;s violentos, aquellos que est&aacute;n condicionados para continuar la relaci&oacute;n con sus parejas en funci&oacute;n de parar su violencia f&iacute;sica, aquellos que participan en los grupos como una pena impuesta por el poder judicial por el delito de violencia dom&eacute;stica contra la mujer (que es el caso de algunos pa&iacute;ses como Argentina. El ejemplo m&aacute;s conspicuo es el de Estados Unidos de Am&eacute;rica). Este grupo de hombres es aquel que por su violencia deja evidencia de su comportamiento que es reconocido como un quebranto a la norma jur&iacute;dica.<sup><a href="#nota">15</a></sup> Otra caracter&iacute;stica es la elevada deserci&oacute;n de los hombres que participan en estos grupos. La experiencia que tiene el Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias (Coriac) en la ciudad de M&eacute;xico es la misma que en otros lugares. Los hombres que permanecen durante m&aacute;s tiempo en el programa psicoeducacional son los que menos problemas de violencia tienen con sus parejas y que est&aacute;n interesados en llevar a cabo una mejor&iacute;a sustantiva en la relaci&oacute;n que mantienen con ellas.<sup><a href="#nota">16</a></sup> Esto deja fuera a aquellos hombres que son, fundamentalmente, violentos psicol&oacute;gicamente. Como se anot&oacute; arriba, de acuerdo con las mujeres es la violencia m&aacute;s destructiva. Estos hombres dif&iacute;cilmente pueden consignarse jur&iacute;dicamente. En caso de poder llevarse a cabo, en ciertos pa&iacute;ses, requiere de peritajes especializados. Con ello no se est&aacute; descartando la validez del perfil descrito, sino se&ntilde;al&aacute;ndose que el mismo, sin duda, tendr&iacute;a que sufrir algunas modificaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo aspecto tienen que ver con la violencia psicol&oacute;gica<sup><a href="#nota">17</a></sup> que ejercen los hombres contra sus parejas. Como se anot&oacute; en los polos que conforman el perfil de los hombres violentos, una buena parte de sus caracter&iacute;sticas se relacionan con la violencia psicol&oacute;gica. El efecto de la socializaci&oacute;n tradicional de g&eacute;nero es tan importante que tiende a naturalizarlas y asumirlas como "formas de ser de los hombres", generaliz&aacute;ndose, y no en cambio delimit&aacute;ndolo a "ciertos hombres", como es el caso de la violencia f&iacute;sica, que cada d&iacute;a es menos aceptada y legitimada como una forma "normal" de relaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sutileza a la que se puede llegar con el ejercicio de la violencia psicol&oacute;gica por parte de los hombres es descrita minuciosamente por Bonino M&eacute;ndez. Basado en una combinatoria de la concepci&oacute;n foucaultiana de poder y la perspectiva de g&eacute;nero, nombra como micromachismos a las pr&aacute;cticas imperceptibles de dominaci&oacute;n masculina que se dan a nivel interpersonal y que atentan contra la autonom&iacute;a de las mujeres, intentan:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">mantener el dominio y supuesta superioridad sobre la mujer; reafirmar o recuperar dicho dominio ante una mujer que se rebela por su lugar en el v&iacute;nculo; resistirse al aumento de poder personal o interpersonal de una mujer con la que vincula, o se aprovecha de dichos poderes (Bonino, 1995: 196).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que plantea Bonino M&eacute;ndez tiene, desde mi punto de vista, una complejidad mayor, porque los l&iacute;mites de la violencia masculina no son claros, tal cual puede ser la violencia f&iacute;sica. Pero a la vez incide de forma directa en uno de los aspectos clave de la propia violencia masculina, que es la configuraci&oacute;n social de la masculinidad, se&ntilde;alando que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun los varones mejor intencionados los realizan (los micromachismos), porque est&aacute;n fuertemente inscritos en su programa de actuaci&oacute;n con las mujeres. Algunos micromachismos son conscientes y otros se realizan con la 'perfecta inocencia' de lo inconsciente (Bonino, 1995: 196).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El car&aacute;cter instrumental, pero tambi&eacute;n las formas inconscientes de proceder de los hombres que se califican como micromachismos,<sup><a href="#nota">18</a></sup> como se refiere, es otro de los aspectos que es necesario reflexionar como un tercer punto. Coincido con que la violencia no necesariamente es siempre racional, quiz&aacute; en ello cabe tambi&eacute;n pensar en formas reactivas de los hombres, que si bien no son justificables, si permiten repensar la violencia masculina. A qu&eacute; me refiero con esto. Los datos de algunas encuestas mostraban que las mujeres tambi&eacute;n eran perpetradoras de violencia, pero entendida como una reacci&oacute;n de una violencia previa por parte de la pareja. Al menos es una de las posibles explicaciones que se le da. Ahora, volviendo a los micromachismos como no instrumentales, inconscientes, e incluso inscritos como formas de actuar con las mujeres, podr&iacute;an considerarse como reactivos, y en ello va el hecho de que algunos hombres tambi&eacute;n pueden ser, y de hecho son, blanco de la violencia por sus parejas. En este sentido parecer&iacute;a que ning&uacute;n hombre escapa de ser violento con su pareja, cosa que es cuestionable. Por otro, me hace volver a plantear y reafirmar que la violencia habr&iacute;a que verla no como unidireccional, sino con una din&aacute;mica bidireccional. Sin duda, no es algo que se puede concluir, pero si vale la pena volverse a retomar para un an&aacute;lisis m&aacute;s detenido, lo dejo por el momento como un tarea posterior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los aspectos por referir es de los efectos de la violencia masculina. &Eacute;stos no se limitan a los da&ntilde;os que atentan contra la integridad f&iacute;sica y psicol&oacute;gica de las mujeres, sino tambi&eacute;n a otros miembros de la familia principalmente las/(os) ni&ntilde;as/(os). Otro &aacute;mbito es la autodestrucci&oacute;n, que poco se trata. En los tres polos en que se describe el perfil de los hombres violentos, en especial el polo afectivo, se encuentra este tipo de manifestaciones, como el ser restrictivos emocionalmente, tener baja autovaloraci&oacute;n de s&iacute; mismos. Presentan sentimientos de impotencia e indefensi&oacute;n, est&aacute;n rodeados por temores, abusan del alcohol y/o las drogas. Se ha constatado que la violencia en la que se ven involucrados los hombres es sumamente destructiva en t&eacute;rminos de muertes accidentales y violentas asociadas con formas de manifestar la masculinidad. Kaufman (1989) identifica a la violencia como elemento constitutivo de la masculinidad. La violencia masculina se dirige hacia grupos vulnerables que tienen una posici&oacute;n subordinada respecto de los varones, las mujeres y los ni&ntilde;os. Otro grupo es el de los otros varones, los pares. El tercer objeto de violencia es s&iacute; mismo, que se manifiesta con conductas autodestructivas, tomando riesgos a la vida y a la salud.<sup><a href="#nota">19</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los modelos de intervenci&oacute;n utilizados con hombres que ejercen violencia contra sus parejas buscan e intentan ser la mejor opci&oacute;n, o "la opci&oacute;n" para brindar atenci&oacute;n a los mismos. Las orientaciones te&oacute;ricas pueden partir de diversos planteamientos, por ejemplo: algunos hacen &eacute;nfasis en lo cognitivo y conductual; otros, con una orientaci&oacute;n pro feminista, parten de la teor&iacute;a de roles e introducen conceptos como poder y control en la violencia contra las mujeres; otra posibilidad es la perspectiva sist&eacute;mica de familia y tambi&eacute;n hay quien opta por una orientaci&oacute;n psicodin&aacute;mica individual. Pr&aacute;cticamente cada experiencia de trabajo genera su propia tipolog&iacute;a de hombres violentos, dependiendo si el inter&eacute;s est&aacute; puesto en las consecuencias de la violencia, en las maniobras o micromachismos utilizados por los hombres en sus relaciones con sus parejas y en los supuestos te&oacute;ricos que le dan cuerpo y las explican o en una combinatoria de &eacute;stos (Sonkin, 1995; Corsi y Sot&eacute;s, 1995; American Psychological Association, 1996; Ortiz y De Keijzer, 1996; Amuch&aacute;stegui <i>et al.,</i> s/f). De hecho, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en Estados Unidos se han destinado grandes cantidades de dinero en la investigaci&oacute;n sobre modelos de intervenci&oacute;n con hombres violentos. Los enfoques eminentemente psicoterap&eacute;uticos han predominado, existiendo el riesgo de que la problem&aacute;tica de la violencia masculina se reduzca a lo psicol&oacute;gico. Hay que recordar que Estados Unidos fue uno de los primeros pa&iacute;ses que legisl&oacute; y tipific&oacute; como delito a la violencia dom&eacute;stica. Entre las sentencias m&aacute;s frecuentes est&aacute; asistir a un programa de "rehabilitaci&oacute;n" para hombres violentos. En este contexto existe una demanda latente por tener "el modelo" id&oacute;neo al cual deba someterse a cualquier hombre que habiendo cometido el delito de violencia contra su pareja, requiere este tipo de intervenci&oacute;n.<sup><a href="#nota">20</a></sup> En ello no s&oacute;lo se est&aacute; jugando la elecci&oacute;n del modelo de intervenci&oacute;n m&aacute;s eficiente, que evite la reincidencia y logre la rehabilitaci&oacute;n que en t&eacute;rminos medicalizadores ser&iacute;a la "curaci&oacute;n", sino tambi&eacute;n cuantiosas sumas de dinero para capacitaci&oacute;n, replicaci&oacute;n, evaluaci&oacute;n, regal&iacute;as por impresi&oacute;n de materiales, entre otros. Esto le pone el sello mercantil a la violencia masculina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este escenario hace evidente que los supuestos que dan lugar a las tipolog&iacute;as deben analizarse con mucho detenimiento e incluir como parte importante los contextos sociales donde se desarrollan los individuos, para evitar caer en la homogenizaci&oacute;n y generalizaciones siempre limitadas y en ocasiones peligrosas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Importancia del contexto sociocultural</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde una perspectiva antropol&oacute;gica, Gutmann trata de estudiar la masculinidad y su relaci&oacute;n con la violencia dom&eacute;stica en la colonia Santo Domingo en la ciudad de M&eacute;xico. Sin embargo, se enfrenta a un hecho que le sorprende notablemente, el mutismo de los hombres. Ellos hablan sin problemas de diversos aspectos de su vida cotidiana y de los cambios que se han dado en la colonia, pero al entrar en el tema de la violencia, &eacute;sta se queda en la violencia entre hombres, de la que s&iacute; se comenta abiertamente, e incluso es motivo de orgullo para algunos cuando lo que est&aacute; en juego es la defensa de alguna mujer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero golpear a la pareja, si bien es un hecho con el que se encuentra con frecuencia, no es negado por los hombres, simplemente es algo de lo que no se habla, no es de presumir<sup><a href="#nota">21</a></sup> y parece que se identifica como formas no deseables de relaci&oacute;n. Sin referir la experiencia personal, algunos hombres justifican la violencia contra las mujeres como producto de las presiones laborales y el ritmo acelerado de la vida citadina, lo que genera una acumulaci&oacute;n de tensiones, siendo la violencia contra la pareja una forma de sacar las frustraciones que se van juntando. Tambi&eacute;n se adopta una posici&oacute;n de v&iacute;ctima del sistema machista como motivo para golpear a las mujeres, como resultado de un aprendizaje social fatalista. Otro de los motivos es el alcoholismo, como un excelente justificante de comportamientos violentos, encubri&eacute;ndose en el pretexto de la amnesia temporal. No dar el gasto, desentenderse de las obligaciones que le corresponden al marido, entonces, si la mujer le reclama que no est&eacute; trabajando, la golpea. S&oacute;lo uno de sus informantes que inicialmente le hab&iacute;a dicho que no le pegaba a su pareja, despu&eacute;s de meses de conocerlo, llega a comentarle que hac&iacute;a tiempo le pegaba a su pareja y lo dej&oacute; de hacer porque lo amenaz&oacute; con dejarlo (Gutmann, 1996; 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al parecer la perspectiva de Gutmann acerca de la violencia contra las mujeres es la relacionada con los golpes, lo otro es dominaci&oacute;n, no violencia. Esto plantea la necesidad de ir construyendo y delimitando conceptualmente el &aacute;mbito de la violencia masculina. Una salida es la planteada por Bourdieu quien se&ntilde;ala, a partir de una cr&iacute;tica a la relaciones capitalistas, que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras la violencia declarada, la del usurero o el amo sin piedad, tropiece con la reprobaci&oacute;n colectiva y se exponga a suscitar bien la respuesta violenta bien la huida de la v&iacute;ctima, es decir, en los dos casos y debido a la ausencia de cualquier alternativa, la aniquilaci&oacute;n de la misma relaci&oacute;n que se quiere explotar, la violencia simb&oacute;lica, la violencia suave, invisible, ignorada como tal, elegida tanto como sufrida, la de la confianza, el compromiso, la fidelidad personal, la hospitalidad, el don, la deuda, el reconocimiento, la piedad, todas las virtudes, en una palabra que honra la moral del honor, se impone como el modo de dominaci&oacute;n m&aacute;s econ&oacute;mico por ser el m&aacute;s conforme con la econom&iacute;a del sistema (Bourdieu, 1991: 214).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las dificultades referidas por Gutmann para que los hombres hablaran de la violencia f&iacute;sica contra sus parejas puede resultar comprensible en una poblaci&oacute;n que se ha transformado vertiginosamente a partir de su fundaci&oacute;n. La posici&oacute;n de lo masculino y lo femenino cambian en muchos &aacute;mbitos de la vida social, favorecido por modificaciones en las din&aacute;micas del empleo, la escolaridad, la fecundidad, la participaci&oacute;n en movimientos sociales y la masificaci&oacute;n de la informaci&oacute;n, entre muchos otros. En contextos de cambio, donde hay un reposicionamiento del significado de ser mujer, de ser hombre, la violencia contra las mujeres ya no es algo digno de menci&oacute;n, ni presunci&oacute;n, menos entre las nuevas generaciones que mantienen un cuestionamiento permanente y abierto hacia las formas de relaci&oacute;n familiar, en general,<sup><a href="#nota">22</a></sup> y en la violencia f&iacute;sica, en particular. Entonces resulta pertinente plantearse una b&uacute;squeda de lo que s&iacute; es aceptable, de las formas invisibles de violencia, de lo aparentemente "imperceptible", de lo aceptado socialmente, sin descartar que lo otro, lo que se vive pero se encubre deliberadamente por ser sancionado negativamente por la sociedad, est&aacute; presente y tendr&aacute; que buscarse tambi&eacute;n de una forma estrat&eacute;gica y no confrontativa, tal cual parece lo llev&oacute; a cabo Gutmann, lo que puede ser un motivo para responder con el silencio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una muestra de la importancia de partir del contexto para comprender la violencia es una investigaci&oacute;n que se llev&oacute; a cabo en Jamiltepec, Oaxaca, en la d&eacute;cada de 1970. El nivel de violencia es tan sobresaliente que se transforma en el prop&oacute;sito central del trabajo. La violencia no es posible entenderla por s&iacute; misma puesto que es "de una complejidad tal, que su aprehensi&oacute;n necesita antes que nada de un estudio del grupo sociocultural en su totalidad." (Flanet, 1977: 18). La violencia contra las mujeres es otra faceta del contexto general de violencia en la poblaci&oacute;n. Refiere c&oacute;mo muchos matrimonios llegan a formalizarse a trav&eacute;s del embarazo de una mujer con la que no se tiene una relaci&oacute;n amorosa sino eminentemente sexual. De ah&iacute; devienen una serie de problemas. Uno de ellos es el del esposo cada vez m&aacute;s ausente, la falta de ternura en la relaci&oacute;n, limit&aacute;ndose el hombre a adoptar un papel de aprovisionador. "Las relaciones matrimoniales son, en consecuencia, muy limitadas: la mujer tiene sus hijos y su casa, el hombre, sus amigos y su trabajo; hay poco lugar para la ternura; se encuentran s&oacute;lo en la cama." (Flanet, 1977:159).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto Gutmann como Flanet muestran la importancia del contexto como elemento central para comprender la violencia como un proceso cambiante, no homog&eacute;neo, sino que responde a las particularidades de cada sociedad, una rural, otra urbana de r&aacute;pida expansi&oacute;n. En ambas se presentan puntualizaciones concretas sobre las expectativas y pr&aacute;cticas intergen&eacute;ricas. En el espacio urbano &eacute;stas pr&aacute;cticas se encuentran en una transici&oacute;n acelerada y en el espacio rural dar&iacute;a la impresi&oacute;n de que se han detenido en el tiempo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Por qu&eacute; resulta central el contexto sociocultural para la compresi&oacute;n del fen&oacute;meno de la violencia masculina contra la pareja? Porque es ah&iacute; donde se encuentra el fundamento de sentido a las percepciones, representaciones y pr&aacute;cticas sociales. Los g&eacute;neros y la violencia no pueden ser aprehendidos en s&iacute; mismos. Estos guardan una continuidad con cada espacio de sociabilidad en que est&aacute;n inmersos los sujetos. Me refiero a la escuela, la familia, el grupo de pares, el trabajo, el templo, las unidades deportivas, el mercado, la televisi&oacute;n, la radio, etc. Cada una de las instituciones que operan en los espacios de sociabilidad contribuye a normar la pr&aacute;ctica. Aprueba o rechaza valores que son congruentes con visiones espec&iacute;ficas del mundo. Visiones del mundo que no son &uacute;nicas ni lineales, sino contradictorias y en constante cambio. De ah&iacute; que la violencia masculina contra la pareja deba entenderse como un proceso expuesto a criterios valorativos diversos. En un universo simb&oacute;lico m&uacute;ltiple, hay que buscar aquello que representa lo predominante, pero tambi&eacute;n lo que contribuye al cambio, los elementos detonantes para la transformaci&oacute;n. De ah&iacute; que no resulte extra&ntilde;o que en sociedades con una fuerte segmentaci&oacute;n sobre la pr&aacute;ctica social entre los g&eacute;neros, la violencia masculina contra la pareja (cualquier cosa que esto signifique: golpes, humillaciones, sexo no deseado, miradas, restricciones emocionales, etc.) tenga una connotaci&oacute;n leg&iacute;tima absoluta, como en la sociedad Baruya (Godelier, 1986) o sea cuestionada y empiece a limitar sus formas de expresi&oacute;n m&aacute;s brutales y opte por estrategias encubiertas y pol&iacute;ticamente correctas, que es al parecer el caso de ciertos sectores de la sociedad mexicana.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para finalizar, presento tres puntualizaciones sobre lo expuesto y un se&ntilde;alamiento general para cerrar.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Se ha llamado la atenci&oacute;n sobre la aparente "incongruencia" de algunos resultados de encuestas donde se incluyeron a los hombres como sujetos de an&aacute;lisis, de donde se desprenden cuestionamientos que apuntan hacia las percepciones estereotipadas sobre los g&eacute;neros.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp;Los trabajos que se siguen desarrollando con grupos de hombres violentos tienen distintas orientaciones, siendo las de car&aacute;cter psicoeducacional las que han recurrido a los cuestionamientos sobre las relaciones de g&eacute;nero como premisas para modificar los comportamientos de los hombres violentos con sus parejas.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp;La violencia dom&eacute;stica masculina no puede comprenderse sino en la medida en que son mostrados los contextos socioculturales particulares, donde se expresan este conjunto de pr&aacute;cticas sociales con las que est&aacute;n &iacute;ntimamente vinculadas, cimentadas en construcciones gen&eacute;ricas con distintos elementos que facilitan o dificultan su transformaci&oacute;n.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un punto de cierre. Cuestionarnos sobre las relaciones intergen&eacute;ricas entendidas como pr&aacute;cticas sociales, ser&iacute;a una posibilidad rica en t&eacute;rminos de comprensi&oacute;n del proceso relacional de la violencia dom&eacute;stica masculina contra la pareja. Ello plantea desaf&iacute;os tantos te&oacute;ricos como metodol&oacute;gicos a fin de establecer sus formas de operaci&oacute;n que trascienda la perspectiva asistencial, b&aacute;sicamente limitada al &aacute;mbito psicol&oacute;gico con sus distintas variantes, desde lo terap&eacute;utico a lo educativo, de lo individual a lo grupal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La informaci&oacute;n aportada por encuestas y el estudio de las poblaciones cerradas (grupos de atenci&oacute;n) han aportado ciertos conocimientos que requieren complementarse. La recuperaci&oacute;n de los elementos socioculturales, esto es, de los procesos que implica la construcci&oacute;n de la relaci&oacute;n de la violencia que los hombres ejercen contra sus parejas, las pr&aacute;cticas, los imaginarios, las diferencias entre generaciones, lo que en conjunto contribuye a generar tensi&oacute;n entre nuevas expectativas sobre los g&eacute;neros, aportar&aacute;n luz sobre este complejo proceso. Esto demanda el concurso de metodolog&iacute;as, t&eacute;cnicas y planteamientos te&oacute;ricos diferentes. Parecer&iacute;a que el reto es romper el ostracismo de los hombres, que encubre a la violencia masculina, de la que se tiene conocimiento, pero que ha llegado a ser, al menos en ciertos sectores de la poblaci&oacute;n, algo que no es pol&iacute;ticamente correcto, pero cotidianamente ejercida.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AMERICAN PSYCHOLOGICAL ASSOCIATION, 1996, <i>Violence and the Family. Report of the American Psychological Association Presidential Task Force on Violence and the Family,</i> American Psychological Association, Washington, D. C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630978&pid=S1405-7425200200010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AMUCH&Aacute;STEGUI Herrera, A. <i>et al.,</i> s/f. <i>La experiencia de los hombres y las mujeres frente a la violencia dom&eacute;stica: proyecto para la creaci&oacute;n de un modelo de intervenci&oacute;n relacional,</i> mimeo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630980&pid=S1405-7425200200010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ASOCIACI&Oacute;N MEXICANA contra la VIOLENCIA hacia la MUJER (COVAC), 1996, "Violencia en la familia", en <i>Este Pa&iacute;s,</i> julio.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AZAOLA, E., 1996, <i>El delito de ser mujer. Hombres y mujeres homicidas en la ciudad de M&eacute;xico: historias de vida,</i> Plaza y Vald&eacute;s, Ciesas, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630983&pid=S1405-7425200200010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BENBOW, N., 1995, <i>Prevalence of Domestic Violence Among Women Attending Chicago Department of Public Health Clinics,</i> Department of Public Health, Epidemiology Program, Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630985&pid=S1405-7425200200010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BONINO M&eacute;ndez, L., 1995, "Develando los micromachismos en la vida conyugal", en J. Corsi <i>et al., Violencia masculina en la pareja. Una aproximaci&oacute;n al diagn&oacute;stico y a los modelos de intervenci&oacute;n,</i> Paid&oacute;s, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630987&pid=S1405-7425200200010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BOURDIEU, P., 1991, <i>El sentido pr&aacute;ctico,</i> Taurus Humanidades, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630989&pid=S1405-7425200200010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CORSI, J. y M. A. Sot&eacute;s, 1995, "Un modelo de intervenci&oacute;n grupal con hombres que ejercen la violencia en el contexto dom&eacute;stico", en J. Corsi <i>et al.,</i> V<i>iolencia masculina en la pareja. Una aproximaci&oacute;n al diagn&oacute;stico y a los modelos de intervenci&oacute;n,</i> Paid&oacute;s, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630991&pid=S1405-7425200200010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">COVAC (Asociaci&oacute;n Mexicana contra la Violencia hacia la Mujer), 1996, "Violencia en la Familia", en <i>Este Pa&iacute;s,</i> julio.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DOBASH, R. <i>et al.,</i> 1992, "The Myth of Sexual Symmetry in Marital Violence", in <i>Social Problem,</i> 39 (1).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630994&pid=S1405-7425200200010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DUARTE, P. y G. Gonz&aacute;lez, 1994, <i>La lucha contra la violencia de g&eacute;nero en M&eacute;xico. De Nairobi a Beijing, 1985&#45;1995,</i> Asociaci&oacute;n Mexicana contra la Violencia hacia las Mujeres, A. C., M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630996&pid=S1405-7425200200010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DUARTE, P., 1995, <i>Sinfon&iacute;a de una ciudadana inconclusa. El maltrato dom&eacute;stico y la ciudadan&iacute;a,</i> Asociaci&oacute;n Mexicana contra la Violencia hacia las Mujeres (Covac), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5630998&pid=S1405-7425200200010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DUTTON, D. y S. Golant, 1997, <i>El golpeador. Un perfil psicol&oacute;gico,</i> Paid&oacute;s, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631000&pid=S1405-7425200200010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ELLSBERG, M. <i>et al.,</i> 1996, <i>Confites en el infierno. Prevalencia y caracter&iacute;sticas de la violencia conyugal hacia las mujeres en Nicaragua,</i> Asociaci&oacute;n de Mujeres Profesionales por la Democracia en el Desarrollo "Las Buj&iacute;as", departamento de Medicina Preventiva, UNAM&#45;Le&oacute;n. Departamento de Epidemiolog&iacute;a y Salud P&uacute;blica, Umea University, Managua.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631002&pid=S1405-7425200200010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FERREIRA, G., 1989, <i>La mujer maltratada. Un estudio sobre las mujeres v&iacute;ctimas de la violencia dom&eacute;stica,</i> Sudamericana, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631004&pid=S1405-7425200200010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FERREIRA, G., 1993, <i>El libreto del hombre violento,</i> Sudamericana, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631006&pid=S1405-7425200200010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FLANET, V., 1977, <i>Vivir&eacute; si dios quiere. Un estudio de la violencia en la Mixteca de la costa,</i> Conaculta, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631008&pid=S1405-7425200200010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GARDA, R., s/f, <i>Para abordar la violencia de los hombres (en el hogar). Reflexiones sobre una experiencia,</i> in&eacute;dito, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631010&pid=S1405-7425200200010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GODELIER, M., 1986, <i>La producci&oacute;n de grandes hombres. Poder y dominaci&oacute;n masculina entre los Baruya de Nueva Guinea,</i> Akal, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631012&pid=S1405-7425200200010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GONDOLF, E. W., 1997b, <i>Patterns of Reassault in Batterer Programs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631014&pid=S1405-7425200200010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GONDOLF, E., 1997, "A comparison of four batterer intervention systems: do court&#45;referral, program length, and services matter?", in <i>The 5th International Family Violence Research Conference,</i> University of New Hampshire, N. H., mimeo, Durham.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631016&pid=S1405-7425200200010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GONDOLF, E., 1997a, "Patterns of reassault in batterer programs", <i>in The 5th International Family Violence Research Conference,</i> University of New Hampshire, N. H., mimeo. Durham.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631018&pid=S1405-7425200200010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GONZALEZ Montes, S. y P. Iracheta Cenegorta, 1987, "La violencia en la vida de las mujeres campesinas: el distrito de Tenango, 1880&#45;1910", en C. Ramos <i>et al., Presencia y transparencia: la mujer en la historia de M&eacute;xico,</i> El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631020&pid=S1405-7425200200010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GUTMANN, Matthew, 1996, <i>The meanings of macho: being a man in Mexico City,</i> University of California Press, Berkeley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631022&pid=S1405-7425200200010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GUTMANN, Matthew, 1997, "The ethnographic gambit: women and the negotiation of masculinity in Mexico City", in <i>American Ethnologist,</i> 24 (4).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631024&pid=S1405-7425200200010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HECKERT, A. y E. Gondolf, 1997, "Assessing patterns of agreement on assault among batterer program participants and their partners", in <i>The 5th International Family Violence Research Conference,</i> University of New Hampshire, N. H., mimeo, Durham.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631026&pid=S1405-7425200200010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HEISE, L. <i>et al.,</i> 1994, <i>Violence Against Women. The Hidden Health Burden,</i> World Bank, Washington, D. C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631028&pid=S1405-7425200200010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HEISE, L. <i>et al.,</i> 1999, "Ending Violence Against Women", in <i>Population Reports,</i> Series L, num. 11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631030&pid=S1405-7425200200010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HEISE, L., 1996, "Sexual Coertion and Women's Reproductive Health", en <i>Seminario Internacional sobre Avances en Salud Reproductiva y Sexualidad,</i> El Colegio de M&eacute;xico, mimeo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631032&pid=S1405-7425200200010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JACOBSON, N. S. <i>et al.,</i> 1996, "Psychological Factors in the Longitudinal Course of Battering: When Do the Couples Split Up? When Does the Abuse Decrease?", in <i>Violence and Victims,</i> 11(4).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631034&pid=S1405-7425200200010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JASINSKI, J. L. y G. K. Cantor, 1997, "Pregnancy and Wife Assaults: Prevalence, Severity, and Onset in a National Sample", in <i>5th International Family Violence Research Conference,</i> University of New Hapmshire, N. H. Durham.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631036&pid=S1405-7425200200010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JOHNSON, H., 1995, <i>Doing Survey Research from the Ground Up: Statics Canada's National Survey on Violence Against Women. Doing Survey Research from the Ground Up: Statics Canada's National Survey on Violence Against Women,</i> Canadian Centre for justice Statistocs Statistics Canada, Washington.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631038&pid=S1405-7425200200010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JONES, A. S. y E. Gondolf, 1997, "Post program predictors of re&#45;assault for batterer program participants", in <i>The 5th International Family Violence Research Conference,</i> University of New Hampshire, N. H., mimeo, Durham.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631040&pid=S1405-7425200200010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KATZMAN, R., 1991, "&iquest;Por qu&eacute; los hombres son tan irresponsables?", en <i>Revista de la Cepal,</i> n&uacute;m. 46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631042&pid=S1405-7425200200010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KAUFMAN, M., 1989, <i>Hombres, placer, poder y cambio,</i> Centro de Investigaci&oacute;n para la Acci&oacute;n Femenina (CIPAF), Santo Domingo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631044&pid=S1405-7425200200010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KEMPE, H. <i>et al,</i> 1962, "The battered&#45;child syndrome", in <i>JAMA,</i> 181 (7).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631046&pid=S1405-7425200200010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MADANES, C. <i>et al.,</i> 1997, <i>Violencia masculina,</i> Granica, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631048&pid=S1405-7425200200010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARSHALL, L. L., 1997, "Effects of Subtle and Overt Psychological Abuse on the Well&#45;Being of 834 Low Income Women", in <i>5th International Family Violence Research Conference,</i> University of New Hampshire, N. H., Durham.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631050&pid=S1405-7425200200010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARSHALL, L., 1992, "Development of the Severity of Violence Against Women Scales", in <i>Journal of Family Violence,</i> 7 (2).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631052&pid=S1405-7425200200010001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NACIONES UNIDAS, 1989, <i>Violencia contra la mujer en la familia,</i> Naciones Unidas, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631054&pid=S1405-7425200200010001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NELSON, E. y C. Zimmerman, 1996, <i>Household Survey on Domestic Violence in Cambodia, Ministry of Women's Affairs, Project Against Domestic Violence,</i> Phnom Penh.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631056&pid=S1405-7425200200010001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ORTIZ Betancourt, E. y B. de Keijzer, 1996, "Los hombres enfrentando su violencia", en <i>Encuentro continental sobre la violencia intrafamiliar,</i> El Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifen), M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631058&pid=S1405-7425200200010001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PANEL on RESEARCH on VIOLENCE AGAINST WOMEN, 1996, <i>Understanding Violence Against Women,</i> National Academy Press, Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631060&pid=S1405-7425200200010001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PEARSON, J. C. <i>et al.,</i> 1993, <i>Comunicaci&oacute;n y g&eacute;nero,</i> Paid&oacute;s, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631062&pid=S1405-7425200200010001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PROFAMILIA, 1992, <i>La violencia y los derechos humanos de la mujer,</i> Profamilia, Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631064&pid=S1405-7425200200010001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C. y G. Uribe V&aacute;zquez, 1993, "Mujer y violencia: un hecho cotidiano", en <i>Salud p&uacute;blica de M&eacute;xico,</i> 35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631066&pid=S1405-7425200200010001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C. y M. C. Pati&ntilde;o Guerra, 1996, "Violencia dom&eacute;stica contra la mujer. Implicaciones soslayadas", en revista <i>Universidad de Guadalajara</i> (3).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631068&pid=S1405-7425200200010001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C. y M. C. Pati&ntilde;o Guerra, 1997, "Algunos aspectos sobre la magnitud y trascendencia de la violencia dom&eacute;stica contra la mujer: un estudio piloto", en <i>Salud Mental,</i> 20 (2).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631070&pid=S1405-7425200200010001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C. y P. N. Vargas Becerra, 1996, "Una espada de doble filo: la salud reproductiva y la violencia dom&eacute;stica contra la mujer", en <i>Semin&aacute;rio Sa&uacute;de Reprodutiva na Am&eacute;rica Latina e no Caribe: Temas e Problemas,</i> Reuni&oacute;n del Programa Latinoamericano de Poblaci&oacute;n (Prolap), MG, mimeo, Caxamb&uacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631072&pid=S1405-7425200200010001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C. y P. N. Vargas Becerra, 1998, "La cifra "negra" de la violencia dom&eacute;stica contra la mujer", en <i>Los silencios de la salud reproductiva: violencia, sexualidad y derechos reproductivos,</i> Fundaci&oacute;n MacArthur/Asociaci&oacute;n Mexicana de Poblaci&oacute;n, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631074&pid=S1405-7425200200010001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C. y V. Enciso Huerta, 1993, <i>Mortalidad en Jalisco: perspectiva general (1985&#45;1987),</i> Universidad de Guadalajara, Guadalajara.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631076&pid=S1405-7425200200010001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C. y V. Enciso Huerta, 1996, <i>Mortalidad en Jalisco: perspectiva general II (1979&#45;1984). An&aacute;lisis de la mortalidad por enfermedad infecciosa intestinal,</i> Universidad de Guadalajara, Guadalajara.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631078&pid=S1405-7425200200010001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C. y V. Enciso Huerta, 1997, <i>Mortalidad en Jalisco: perspectiva general III (1988&#45;1991). An&aacute;lisis de la diabetes mellitus,</i> Universidad de Guadalajara, Guadalajara.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631080&pid=S1405-7425200200010001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C., 1998, "Violencia masculina: algo m&aacute;s que 'gobernarse a s&iacute; mismo'", en <i>La Ventana,</i> n&uacute;m. 8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631082&pid=S1405-7425200200010001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RAMIREZ Rodr&iacute;guez, J. C., 1999, "&iquest;Por qu&eacute; quieres matarme poco a poco?", en <i>La violencia contra la mujer,</i> Funsalud&#45;Smithkline Becan, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631084&pid=S1405-7425200200010001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">REAL ACADEMIA de la LENGUA, 1992, <i>Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola,</i> Real Academia Espa&ntilde;ola, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631086&pid=S1405-7425200200010001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ROLLINS, B. y Y. Oheneba&#45;Sakyi, 1990, "Physical Violence in Utah Households", in <i>Journal of Family Violence,</i> 5(4).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631088&pid=S1405-7425200200010001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RONDEAU, G. <i>et al.,</i> 1997, "Research on Ethical Dimensions of Intervention With Violent Partners: Summary of Quantitative and Qualitative Results", in <i>5th International Family Violence Conference,</i> University of New Hampshire.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631090&pid=S1405-7425200200010001000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SCOTT, J. W., 1997, "El g&eacute;nero una categor&iacute;a &uacute;til para el an&aacute;lisis hist&oacute;rico", en M. Lamas (comp.), <i>El g&eacute;nero: la construcci&oacute;n cultural de la diferencia sexual,</i> Miguel Angel Porr&uacute;a/UNAM&#45;PUEG, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631092&pid=S1405-7425200200010001000057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SILVA, C. <i>et al.,</i> s/f, <i>Symptoms of Post Traumatic Stress Disorder among Abused Women in a Primary Care Setting,</i> mimeo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631094&pid=S1405-7425200200010001000058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SNOW, J. A. y E. W. Gondolf, 1997, "Post Pogram Predictors of Re Assault for Batterer Program Participants", in <i>5th International Family Violence Research Conference,</i> University of New Hampshire, N. H. Durham.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631096&pid=S1405-7425200200010001000059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SONKIN, D. J., 1995, <i>The Conselor's Guide to Learning To Live Without Violence,</i> Volcano Press, United States of America.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631098&pid=S1405-7425200200010001000060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">STARK, E. <i>et al.,</i> 1979, "Medicine and Patrialchal Violence: The Social Construction of a "Private" Event", in <i>International Journal of Health Service,</i> 9 (3).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631100&pid=S1405-7425200200010001000061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">STRAUS, M. A. y R. J. Gelles, 1988, "How Violent Are American Families?", in <i>Estimates from the National Family Violence Resurvey and Other Studies. Family Abuse and Its Consequences: New Directions in Research,</i> Newbury Park.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631102&pid=S1405-7425200200010001000062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WALKER, L. E., 1983, "The Battered Woman Syndrome Study. The Dark Side of Families", in D. Finkelhor <i>et al., Current Family Violence Research,</i> Sage Publications, Beverly Hills.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5631104&pid=S1405-7425200200010001000063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Una versi&oacute;n preliminar de este trabajo fue presentado en el Coloquio de Verano de 1998 dentro del Programa de Doctorado en Ciencias Sociales del CIESAS, Occidente y la Universidad de Guadalajara. Asimismo se present&oacute; el 9 de marzo de 1999, con motivo de la celebraci&oacute;n del d&iacute;a Intencional de la Mujer, en la Facultad de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolas de Hidalgo. Este trabajo forma parte del proyecto "G&eacute;nero y Violencia" que se desarrolla en el Programa Interdisciplinario de Estudios de G&eacute;nero (PIEGE). Departamento de Estudios Regionales&#45;INESER. Universidad de Guadalajara.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Una buena parte de los trabajos emp&iacute;ricos sobre violencia dom&eacute;stica contra la mujer incluyen una secci&oacute;n sobre los efectos de la violencia en la salud f&iacute;sica y/o mental, en este sentido se pueden consultar a Ferreira (1989); Ellsberg, Pe&ntilde;a <i>et al.</i> (1996), Heise (1996); Jacobson <i>et al.</i> (1996); Ram&iacute;rez y Vargas (1996); Jasinski y Kantor (1997); Marshall (1997) y Silva <i>et al.</i> (s/f).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Algunos de estos temas se han analizado en trabajos previos b&aacute;sicamente referidos a las encuestas aplicadas a mujeres. Al respecto puede consultarse a Ram&iacute;rez (1999); Ram&iacute;rez y Pati&ntilde;o (1997); Ram&iacute;rez y Vargas (1996, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Este instrumento (CTS) ha sido el m&aacute;s utilizado para estudiar la violencia dom&eacute;stica contra la mujer, no s&oacute;lo en Estados Unidos, sino en el mundo; existen traducciones del mismo a varios idiomas. Podr&iacute;a decirse tambi&eacute;n que su uso, en muchos casos, ha carecido de un an&aacute;lisis de las limitantes de este instrumento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;Los actos contemplados en esta categor&iacute;a son: patear, golpear con el pu&ntilde;o, morder, golpear con alg&uacute;n objeto, haber amenazado o usado armas u objetos punzo cortantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;Se le da el calificativo de golpiza <i>(wife beating)</i> "Porque el hombre en promedio es m&aacute;s grande y fuerte, as&iacute; las conductas enlistadas en la violencia severa com&uacute;nmente son m&aacute;s da&ntilde;inas cuando quien las ejerce es el esposo. Consecuentemente para facilitar el enfoque sobre la proporci&oacute;n de la violencia severa producida por el esposo, el t&eacute;rmino golpiza <i>(wife beating)</i> ser&aacute; usado para referir tal proporci&oacute;n." (Straus, 1988:16).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> No he encontrado para M&eacute;xico investigaciones en este sentido. M&aacute;s bien hacen referencia a los hombres en tanto perpetradores de la violencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;Hay que dejar claro que algunos acercamientos a la violencia contra las mujeres forman parte de aproximaciones a la violencia dentro de la familia. Este es el caso del grupo lidereado por M. Straus de la Universidad de New Hampshire en Estados Unidos. De hecho el instrumento CTS, desarrollado por Straus, incluye secciones destinadas a la violencia padres&#45;hijos/as; esposo&#45;esposa; esposa&#45;esposo; entre hermanos/as. Como lo mencion&eacute; anteriormente el CTS ha sido utilizado de forma poco cuidadosa en otras investigaciones, o se ha fragmentado tom&aacute;ndose ciertas secciones que entre las m&aacute;s utilizadas ha sido la referida a la secci&oacute;n de la violencia esposo&#45;esposa. Algunos otros trabajos han desarrollado cuestionarios particulares sobre la violencia dom&eacute;stica contra las mujeres que tienen otra fundamentaci&oacute;n te&oacute;rica y desde luego un contenido distinto del planteado por Straus. Para identificar similitudes y diferencias, as&iacute; como cr&iacute;ticas al CTS en comparaci&oacute;n con otros instrumentos desarrollados para cuantificar la violencia contra las mujeres se puede consultar a (Dobash <i>et al.</i> 1992; Marshall 1992 y Johnson 1995).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;Hay que recordar que la violencia contra las mujeres tambi&eacute;n es ejercida por mujeres que pueden ser familiares masculinos, amistades o agentes del marido/compa&ntilde;ero, como puede ser la suegra de la mujer e incluso su propia madre o familiares de ella. Un concepto que integra esta perspectiva se encuentra en Naciones Unidas (1989).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;Un recuento de investigaciones que dan cuenta de la violencia contra las mujeres en distintas sociedades se encuentra en Heise <i>et al.</i> (1994); Heise <i>et al.</i> (1999). Para Estados Unidos puede consultarse a Panel on Research on Violence Against Women (1996).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;Ejemplos de esta naturaleza han sido difundidos por los medios de comunicaci&oacute;n y particularmente explotados por espacios amarillistas. Pero tambi&eacute;n hay trabajos de investigaci&oacute;n seria como el reporte sobre mujeres encarceladas por homicidio de sus parejas llevado a cabo por Azaola (1996).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> En un trabajo previo se present&oacute; una revisi&oacute;n de algunas caracter&iacute;sticas de las creencias que se han construido sobre la violencia masculina (Ram&iacute;rez, 1998), por lo que no se incorpora en la discusi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Una obsesi&oacute;n en las ciencias sociales ha sido la detecci&oacute;n de regularidades de los fen&oacute;menos que se estudian, a fin de hacer generalizaciones. La violencia dom&eacute;stica no ha sido la excepci&oacute;n. Basta hacer una revisi&oacute;n de la bibliograf&iacute;a donde se hace referencia al perpetrador, al que se identifica seg&uacute;n variables como edad, ingreso, escolaridad y empleo, fundamentalmente. Los resultados de tales an&aacute;lisis no arrojan informaci&oacute;n consistente que permita identificar el ansiado perfil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Este acercamiento que incorpora la perspectiva de g&eacute;nero se le ha denominado como pro feminista. En algunas ocasiones se menciona tambi&eacute;n entre psicoterapeutas que trabajan con mujeres v&iacute;ctimas de violencia que utilizan una metodolog&iacute;a feminista, porque se enfatiza y critica particularmente la concepci&oacute;n estereot&iacute;pica de comportamiento femenino y masculino, de forma que se incorporan aspectos como el denominado <i>Empowerment.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Madanes <i>et al.</i> (1997) y Ferreira (1993) ofrecen ejemplos irrebatibles surgidos del trabajo con hombres violentos. Uno dice de su esposa: "Yo no le pego, s&oacute;lo le di unas cachetadas". Otro menciona: "Yo no soy violento, pero me provoca y me descontrolo". Otro m&aacute;s aduce haber sufrido meningitis cuando ni&ntilde;o como explicaci&oacute;n de su violencia como p&eacute;rdida de control.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;Para el caso de Jalisco, no est&aacute; tipificado como delito la violencia dom&eacute;stica contra la mujer, por lo que cualquier demanda para fin de que proceda por la v&iacute;a penal, debe cumplir con el requisito legal de que la mujer sufra lesiones que tarden m&aacute;s de 15 d&iacute;as en sanar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;La deserci&oacute;n es de 80 por ciento en el transcurso del m&oacute;dulo inicial (Ortiz y de Keijzer, 1996 y Garda, s/f).</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;Existe una    discusi&oacute;n sobre las tipolog&iacute;a de la violencia contra las mujeres    a la que no se va a referir en estos momentos. En este trabajo para diferenciar    entre violencia f&iacute;sica y psicol&oacute;gica, se entender&aacute; &eacute;sta    &uacute;ltima como aquella que no involucra el contacto f&iacute;sico con la    mujer.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Las maniobras que se describen como micromachismos son agrupadas en tres tipos. Micromachimos coercitivos, cuando "El var&oacute;n usa la fuerza moral, ps&iacute;quica, econ&oacute;mica o de la propia personalidad, para intentar doblegar y hacer sentir a la mujer sin la raz&oacute;n de su parte". Los encubiertos, que &laquo;Impiden el pensamiento y la acci&oacute;n eficaz de la mujer, llev&aacute;ndola a hacer lo que no quiere y conduci&eacute;ndola en la direcci&oacute;n elegida por el var&oacute;n&raquo; y por &uacute;ltimo, los de crisis, que son utilizados en momentos de desequilibrio del estable disbalance donde se beneficia la mujer (trabajo, estudio, etc) y pierde el hombre (p&eacute;rdida de trabajo, etc). Las maniobras tienden a restablecer el <i>statu quo</i> (Bonino, 1995: 196).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> En Jalisco, 8 de cada 10 muertes ocurridas por accidentes y violencia ocurren entre hombres, principalmente entre los 15 y 44 a&ntilde;os de edad (Ram&iacute;rez y Huerta, 1993, 1996, 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Los siguientes son apenas algunos ejemplos de los muchos trabajos que se presentaron en la 5a <i>Conferencia Internacional de Violencia en la Familia,</i> que se llev&oacute; a cabo en julio de 1997 en la Universidad de New Hampshire, Estados Unidos (Gondolf ,1997; Gondolf 1997a; Gondolf 1997b; Heckert y Gondolf, 1997; Jones y Gondolf, 1997; Rondeau <i>et al.</i> 1997 y Snow y Gondolf, 1997). Esta perspectiva que trataba de imponer una visi&oacute;n &uacute;nica del trabajo que "debe" hacerse con los hombres, al parecer y por fortuna tiende hacia una transformaci&oacute;n que de cabida a una diversidad de modelos, donde no sean los hombres que se encuentran inmersos en relaciones de violencia los que tienen que adaptarse al modelo de atenci&oacute;n, sino que el modelo est&eacute; acorde con los requerimientos de los hombres. Esto est&aacute; generando una controversia que enfrenta resistencias de distinta &iacute;ndole. Este tema ser&aacute; motivo de discusiones profundas en el futuro inmediato.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Tanto en el refranero    popular como en la canci&oacute;n vern&aacute;cula se encuentran manifestaciones    transparentes del ejercicio de la violencia de los hombres contra las mujeres.    Todav&iacute;a hace unas d&eacute;cadas, su aceptaci&oacute;n y legitimaci&oacute;n    eran absolutas. De manera jocosa Pedro Infante hizo famosa una canci&oacute;n    que pas&oacute; a ser del dominio popular a mediados del siglo XX. Festejada    por unos/(as) y cantada por otros/(as) dec&iacute;a: "un d&iacute;a fui tan    hombre que hasta me cas&eacute;/ahora me arrepiento/caray que mal me fue/tiene    sus bemoles eso del querer...Yo le pego a mi mujer/soy muy hombre/y despu&eacute;s    hech&oacute; a correr/soy muy hombre/yo la dejo sin comer/soy muy hombre/porque    eso es lo que hay que hacer".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Que es el caso que plantea Katzman (1991) sobre el papel del hombre en los sectores populares de Am&eacute;rica Latina.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Carlos Ram&iacute;rez Rodr&iacute;guez.</b> M&eacute;dico y Maestro en Salud P&uacute;blica por la Universidad de Guadalajara. Hizo estudios de posdoctorado en Pol&iacute;ticas en Salud Reproductiva en The Institute for Health Policy Studies, University of California, San Francisco. Es doctorante en Ciencias Sociales en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (CIESAS, Occidente) de la Universidad de Guadalajara. Se desempe&ntilde;a como investigador titular en la Universidad de Guadalajara dentro del Programa Interdisciplinario de Estudios de G&eacute;nero (PIEGE) del Departamento de Estudios Regionales&#45;INESER. Centro Universitario de Ciencias Econ&oacute;mico Administrativas (CUCEA), de la Universidad de Guadalajara. Sus tem&aacute;ticas de inter&eacute;s son el estudio de la mortalidad, g&eacute;nero y salud, g&eacute;nero y violencia, y masculinidad, temas sobre los que tiene diversas publicaciones en revistas especializadas as&iacute; como libros y colaboraciones en compilaciones. </font><font face="verdana" size="2">Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:jucarlos@cucea.udg.mx">jucarlos@cucea.udg.mx</a></font></p>      ]]></body><back>
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<collab>AMERICAN PSYCHOLOGICAL ASSOCIATION</collab>
<source><![CDATA[Violence and the Family. Report of the American Psychological Association Presidential Task Force on Violence and the Family]]></source>
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<source><![CDATA[Prevalence of Domestic Violence Among Women Attending Chicago Department of Public Health Clinics]]></source>
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