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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Editorial</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El poder de la palabra y del conocimiento que la inspira</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el editorial del n&uacute;mero anterior de nuestra revista, correspondiente a enero&#150;marzo de 2009, mencion&eacute; la posibilidad de que los s&iacute;ntomas adversos de una crisis global entonces en ciernes se agudizaran en plazos inmediatos y asegur&eacute; que, de ser as&iacute;, la educaci&oacute;n no ser&iacute;a ajena a ninguna de las secuelas previsibles. Ante ello, ratifiqu&eacute; un exhorto previo para nutrir y ampliar las reflexiones que pudiera hacer la comunidad dedicada a la investigaci&oacute;n educativa respecto de las problem&aacute;ticas del "d&iacute;a al d&iacute;a", que a final de cuentas son las m&aacute;s trascendentes. Con el af&aacute;n de que la RMIE cumpla a cabalidad el prop&oacute;sito que le dio vida, plantee la necesidad de poner "en blanco y negro", es decir, en letra impresa, ensayos, rese&ntilde;as, notas y art&iacute;culos de opini&oacute;n que dieran cuenta del sentir y del pensar de los individuos y de las colectividades ante lo cotidiano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La respuesta a estos llamados ha sido amplia y generosa. En el n&uacute;mero citado de la revista, cuya secci&oacute;n tem&aacute;tica est&aacute; dedicada a la historia de la educaci&oacute;n, fue publicado un ensayo de Pablo Latap&iacute; acerca de uno de los temas m&aacute;s a&ntilde;ejos, y a la vez m&aacute;s actuales y vigentes, de la agenda p&uacute;blica de todas las naciones modernas, el derecho a la educaci&oacute;n. Unas cuantas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, Bonifacio Barba recrea su lectura de un libro de actualidad para recordar algunas de las tragicomedias m&aacute;s dolorosas de nuestro pasado inmediato y alertarnos sobre nuestra p&eacute;rdida de memoria de estas realidades hirientes y gravosas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos son s&oacute;lo dos ejemplos, entre muchos otros publicados en la RMIE, de c&oacute;mo la pasi&oacute;n, el conocimiento, la libertad y la medida pueden hallar sus cauces en las muchas variedades de la cultura escrita, sin desde&ntilde;ar ning&uacute;n g&eacute;nero ni pretender dar "la &uacute;ltima palabra" sobre los temas tratados. Cedo la voz a Octavio Paz, en cuya despedida a Alfonso Reyes, encontr&eacute; la mayor inspiraci&oacute;n y la m&aacute;s osada pretensi&oacute;n en mi labor como editora:</font></p>     <blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esp&iacute;ritu en b&uacute;squeda de equilibrio, aspiraci&oacute;n hacia la medida; y tambi&eacute;n, gran apetito universal, deseo de abarcarlo todo, lo mismo las disciplinas m&aacute;s alejadas que las &eacute;pocas m&aacute;s distantes. No suprimir las contradicciones sino integrarlas en afirmaciones m&aacute;s anchas; ordenar el saber en esquemas generales &#150;siempre provisionales. Curiosidad y prudencia: todos los d&iacute;as descubrimos que a&uacute;n nos falta algo por saber y que, si es cierto que todo ha sido pensado, tambi&eacute;n lo es que nada se ha pensado. Nadie tiene la &uacute;ltima palabra. Es f&aacute;cil darse cuenta de las ventajas y riesgos de una actitud semejante. Por una parte, irrita a los esp&iacute;ritus categ&oacute;ricos, que tienen la verdad en el pu&ntilde;o; por la otra, el exceso de saber a veces nos vuelve t&iacute;midos y nos quita confianza en nuestros impulsos espont&aacute;neos. A Reyes la erudici&oacute;n no lo paraliz&oacute; porque se defendi&oacute; con un arma invencible: el humor. Re&iacute;rse de s&iacute; mismo, re&iacute;rse de su propio saber, es una manera de aligerarse el peso.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tengo en m&iacute; que estas "m&aacute;ximas" me acompa&ntilde;aron en el momento de decidir continuar un a&ntilde;o m&aacute;s en la direcci&oacute;n de la RMIE y al aceptar fungir como directora de la revista <i>Avance y Perspectiva </i>del Cinvestav. Acept&eacute; estos "cargos" (por cierto, totalmente desvalorados en el Sistema Nacional de Investigadores y en los otros sistemas de evaluaci&oacute;n del trabajo acad&eacute;mico) no por resignaci&oacute;n sino por apego. &iquest;A qu&eacute;?, a la vida ante todo, en un tiempo en el que, como en el de los &uacute;ltimos d&iacute;as de Alfonso Reyes, se acrecienta la violencia y se venera no tanto a la muerte misma sino a la <i>ausencia de vida. </i>El silencio, la intolerancia, la desconfianza, las "sospechas infundadas", las acusaciones mutuas..., son tantos los indicios de este culto entre nosotros, que a ratos me olvido de que editar es v&aacute;lido e importante, una forma de compromiso y de acci&oacute;n. Pero entonces llegan a mi escritorio las revistas, admiro las portadas, reviso los &iacute;ndices, releo los textos, y me maravillo, una vez m&aacute;s, del enorme poder de la palabra y del conocimiento que la inspira.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Susana Quintanilla</b>, Directora</font></p>      ]]></body>
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