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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>Neohistoricismo para el siglo </b></i><b><i>XXI</i></b><i></i></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luis Vergara Anderson</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Frank Ankersmit, <i>Meaning,Truth, and Reference in Historical Representation, </i>Ithaca, N. Y, Cornell University Press, 2012, 264 pp.</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> <i>Departamento de Historia/UIA.</i></font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un comentario que puede leerse en la cuarta de forros de este libro, comentario sin duda promocional, pero tambi&eacute;n, sin discusi&oacute;n, emitido por una voz reconocidamente autorizada para formularlo, Allan Megill, &eacute;ste declara: "A mi parecer, Frank Ankersmit es el fil&oacute;sofo de la historia m&aacute;s original y m&aacute;s importante de cuantos hoy escriben". (Es claro que "filosof&iacute;a de la historia" ha de entenderse en el sentido de filosof&iacute;a cr&iacute;tica o anal&iacute;tica, en la conocida terminolog&iacute;a de Arthur Danto). Nosotros suscribimos sin reservas esa apreciaci&oacute;n. Por otra parte, hacia el fin de su brev&iacute;simo prefacio, el propio Ankersmit afirma acerca de su obra:</font></p>      <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro pretende presentar una exposici&oacute;n coherente de los que a mi parecer son los problemas principales ocasionados por la "escritura de la historia" <i>&#91;historical writing&#93; (Geschichtsshreibung), </i>como distintos de los que surgen en el contexto de la "investigaci&oacute;n hist&oacute;rica" <i>&#91;historical research&#93; (Geschichtsforschung). </i>Considero que lo que no se discute en el libro carece en absoluto de relevancia para una comprensi&oacute;n adecuada de la escritura de la historia" (p. X).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos detendremos m&aacute;s adelante en la distinci&oacute;n que hace Ankersmit entre "escritura de la historia" e "investigaci&oacute;n hist&oacute;rica" (distinci&oacute;n que califica de "absolutamente b&aacute;sica"). Lo que ahora nos interesa destacar es que un libro escrito por quien voces autorizadas proclaman como el m&aacute;s importante te&oacute;rico de la historia en la actualidad y sobre el cual el propio autor expresa lo citado, se constituye por lo mismo en una referencia absolutamente imprescindible (y actualizada) para cualquier estudioso de la teor&iacute;a de la historia.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un valor adicional de este libro es que puede, finalmente, aclarar en definitiva la posici&oacute;n de Ankersmit en relaci&oacute;n con diversos debates acerca de los cuales ha sido ubicado de un lado por unos lectores y cr&iacute;ticos, y en el otro por los dem&aacute;s (y a veces parecer&iacute;a que en ambos a la vez por s&iacute; mismo). Dos ejemplos: ¿es un pensador posmodernista? ¿Es un te&oacute;rico narrativista (en el sentido que &eacute;l confiere al t&eacute;rmino y que aplica a Hayden White y a Paul Ricoeur)? Hay que decir a este respecto que en las tres d&eacute;cadas transcurridas desde la publicaci&oacute;n de <i>Narrative Logic </i>(1983) hasta el de la de <i>Meaning, Truth, and Reference </i>(2012) &#45;en las que entre otros varios t&iacute;tulos public&oacute; <i>History and Tropology </i>(1994), <i>Historical Representation </i>(2001) y <i>Sublime Historical Experience </i>(2005), por no hablar de decenas de importantes art&iacute;culos&#45;, su pensamiento ha evolucionado y se ha modificado en aspectos esenciales (por ejemplo en cuanto al posmodernismo, del que antes era considerado un exponente y que ahora rechaza de manera enf&aacute;tica). <i>Meaning, Truth, and Reference </i>permite &#45;finalmente, como hemos dicho&#45; apreciar con claridad las constantes y continuidades que han estado presentes a lo largo de toda su obra, as&iacute; como los puntos en los que su pensamiento se ha modificado con el tiempo; da pie tambi&eacute;n, por supuesto, a la apropiaci&oacute;n de importantes aportaciones novedosas; por &uacute;ltimo, ofrece un tratamiento sistem&aacute;tico y original de las cuatro categor&iacute;as mencionadas en el t&iacute;tulo (sentido, verdad, referencia y representaci&oacute;n) y de las implicaciones de este tratamiento en las cuestiones de presencia, experiencia y subjetividad, todo ello naturalmente en relaci&oacute;n con la escritura de la historia. Pero nos estamos adelantando.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tesis central del libro es que la comprensi&oacute;n historicista de la historia escrita, en concreto la de Leopold von Ranke y Wilhelm von Humboldt, es en lo esencial correcta. Esa comprensi&oacute;n, sin embargo, fue articulada en los t&eacute;rminos propios del idealismo y del romanticismo de los a&ntilde;os veinte y treinta del siglo XIX, por lo que requiere reelaborada en el marco del pensamiento de nuestro tiempo. El libro pretende ser a la vez una argumentaci&oacute;n convincente de la tesis y el desarrollo del proyecto apuntado. M&aacute;s importante a&uacute;n, la categor&iacute;a central en el libro es la de representaci&oacute;n (hist&oacute;rica): es a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de la representaci&oacute;n (hist&oacute;rica), y de c&oacute;mo se transforman y vinculan entre s&iacute; las nociones de referencia, verdad y sentido a la luz de ese an&aacute;lisis, como se realiza la argumentaci&oacute;n se&ntilde;alada, siendo m&aacute;s importante el desarrollo de la argumentaci&oacute;n que la tesis argumentada. En definitiva, se trata de un libro sobre la representaci&oacute;n hist&oacute;rica, asunto sobre el cual Ankersmit ya ha publicado un volumen y muchos art&iacute;culos, que ahora quedan explicados, superados y consumados por el texto que nos ocupa.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como el autor lo declara en su prefacio, el libro est&aacute; organizado en doce cap&iacute;tulos y estructurado en tres partes. La primera parte (cap&iacute;tulos 1 a 3) versa sobre historicismo, tiempo e interpretaci&oacute;n. Ah&iacute;, antes de cualquier otra cosa, se exponen la tesis y el proyecto a los que acabamos de referirnos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte (cap&iacute;tulos 4 a 7), el coraz&oacute;n del libro seg&uacute;n su autor, se aborda lo concerniente a las categor&iacute;as de representaci&oacute;n, referencia, verdad y sentido (el orden es importante). Termina esta parte con la afirmaci&oacute;n de que la demostraci&oacute;n que en ella se hace de que la representaci&oacute;n antecede a la descripci&oacute;n constituye una "revoluci&oacute;n copernicana" en el pensar sobre la escritura de la historia (y la historia escrita).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la tercera parte (cap&iacute;tulos 8 a 11) se examinan, como ya hemos dicho, las implicaciones, de lo visto en la segunda, sobre las cuestiones de presencia, experiencia (que se trata en dos cap&iacute;tulos) y subjetividad.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro termina con un duod&eacute;cimo cap&iacute;tulo que no puede ubicarse propiamente en la tercera parte. Su t&iacute;tulo es "Pol&iacute;tica" y en &eacute;l se argumenta, contra todo lo que desde 1929 &#45;con la fundaci&oacute;n de la escuela de los <i>Annales&#45; </i>se ha tenido como una verdad incontrovertible: que la historia pol&iacute;tica es el eje de toda la pr&aacute;ctica historiogr&aacute;fica. A este respecto, no hay que olvidar que por m&aacute;s de 20 a&ntilde;os (por lo menos) Ankersmit ha venido trabajando paralelamente (desde la teor&iacute;a est&eacute;tica) la teor&iacute;a de la historia y la teor&iacute;a pol&iacute;tica. A &eacute;l debemos, por ejemplo, la revelaci&oacute;n de que la representaci&oacute;n historiadora y la representaci&oacute;n pol&iacute;tica (que tradicionalmente parecer&iacute;an estar ubicadas en esferas te&oacute;rico-conceptuales disjuntas) pueden ser abordadas con provecho a partir de una base te&oacute;rica &uacute;nica. &Eacute;sta, empero, no es en esta ocasi&oacute;n el modo de aproximaci&oacute;n al tema.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vamos ahora a intentar apuntar las ideas fundamentales de la argumentaci&oacute;n que se desarrolla a lo largo del libro. Se comprender&aacute; que una empresa de este tipo es en mucho una selecci&oacute;n y que, por limitaciones de espacio, es menester hacer uso de una redacci&oacute;n extremadamente apretada. Tenemos la ambici&oacute;n, sin embargo, de s&iacute; comunicar en unos cuantos p&aacute;rrafos lo esencial.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A decir de Ankersmit, la filosof&iacute;a de la historia ha tenido un giro literario, m&aacute;s no su giro ling&uuml;&iacute;stico. La historia requiere de la filosof&iacute;a del lenguaje el mismo trato que dio al lenguaje. El historicismo &#45;que entiende como la afirmaci&oacute;n de que la naturaleza de una cosa reside en su historia&#45; es el camino para ello. La consideraci&oacute;n del historicismo conduce a la del tiempo, el cual es exhibido como la categor&iacute;a fundacional de la historia y de la escritura de la historia, tanto desde una perspectiva ontol&oacute;gica como de una epistemol&oacute;gica. Pero, ¿de qu&eacute; tiempo se trata? Despu&eacute;s de rechazar otras opciones, Ankersmit concluye que del tiempo vivido. Argumenta, sin embargo, que la aproximaci&oacute;n m&aacute;s fruct&iacute;fera para sus prop&oacute;sitos a este tiempo no es desde la fenomenolog&iacute;a (al modo de Paul Ricour o de David Carr), sino en una l&iacute;nea de pensamiento que parte de Arthur Danto y es trascendentalizada por Hans Michael Baumgartner. Las conclusiones a las que arriba son que la trascendencia del tiempo por raz&oacute;n de los "verbos proyecto" y las "oraciones narrativas" (Danto) es la condici&oacute;n trascendental de posibilidad del conocimiento hist&oacute;rico y que la unidad y la continuidad de los relatos hist&oacute;ricos son producto de la s&iacute;ntesis narrativa, no reflejos de aspectos del pasado en s&iacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que concierne a la interpretaci&oacute;n, lo primero que hay que destacar es que, para Ankersmit, no es lo mismo representaci&oacute;n; se&ntilde;ala que el lenguaje es el objeto protot&iacute;pico de la interpretaci&oacute;n, en tanto que el de la representaci&oacute;n es la realidad. M&aacute;s all&aacute; de ello, sostiene que la representaci&oacute;n (objeto de la est&eacute;tica) es l&oacute;gicamente anterior a la interpretaci&oacute;n (objeto de la hermen&eacute;utica) y que si la interpretaci&oacute;n no est&aacute; anclada en la representaci&oacute;n, ir&aacute; a la deriva, como a su parecer ocurre en el caso de la deconstrucci&oacute;n y teor&iacute;as afines de la interpretaci&oacute;n de textos. Suscribe una teor&iacute;a de la representaci&oacute;n como sustituci&oacute;n: una representaci&oacute;n funciona como un sustituto de lo que representa. Aqu&iacute; la idea central es la de que como la interpretaci&oacute;n es siempre de textos, la "interpretaci&oacute;n del pasado" no puede ser m&aacute;s que una met&aacute;fora; no as&iacute; con la representaci&oacute;n. El discurso hist&oacute;rico <i>&#91;historic text&#93; </i>no es menos representaci&oacute;n que una obra de arte, pero el discurso hist&oacute;rico pretende aportar conocimiento y verdad hist&oacute;ricas. Una representaci&oacute;n hist&oacute;rica est&aacute; conformada por un relato hist&oacute;rico como un todo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ankersmit se esfuerza por distinguir con la mayor claridad posible las representaciones en relaci&oacute;n con las descripciones. La forma l&oacute;gica de una descripci&oacute;n es "r es a", donde R es un objeto del mundo, el referente, y a es un aspecto atribuido a dicho objeto. El referente siempre ha de poder ser distinguido un&iacute;vocamente mediante el uso de un nombre propio o de una descripci&oacute;n que lo identifique. En contraste, en una representaci&oacute;n no se pueden separar las operaciones de referencia y atribuci&oacute;n, y, en consecuencia, de una representaci&oacute;n no se puede predicar verdad o falsedad con base en el criterio de verdad proposicional (verdad como correspondencia).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una representaci&oacute;n (a diferencia de la descripci&oacute;n, que es un operador biposicional) es un operador triposicional: (1) la representaci&oacute;n, (2) el aspecto <i>presentado, </i>y (3) la realidad representada. Lo <i>presentado </i>por una representaci&oacute;n es siempre un aspecto de lo representado. Una representaci&oacute;n es as&iacute; un todo y no un simple agregado de las oraciones que la constituyen y determinan. Cada oraci&oacute;n constitutiva de una representaci&oacute;n desempe&ntilde;a tanto una funci&oacute;n descriptiva como una representacional. La filosof&iacute;a del lenguaje disponible no reconoce la distinci&oacute;n descripci&oacute;n/representaci&oacute;n. Piensa s&oacute;lo en t&eacute;rminos de descripciones. La ilusi&oacute;n referencialista surge de tratar a la representaci&oacute;n como si fuera descripci&oacute;n. El lenguaje representacional de la historia exige reelaborar para el caso las nociones de referencia, verdad y sentido. Lo presentado por una representaci&oacute;n parece ubicarse en un punto intermedio entre la referencia y el sentido (o entre denotaci&oacute;n y connotaci&oacute;n). Los aspectos &#45;los "presentados"&#45; parecen ser menos que entes y m&aacute;s que propiedades: combinan lo un&iacute;voco de los entes con la generalidad de las propiedades.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el centro de todo el argumento del libro se encuentra la definici&oacute;n propuesta por Ankersmit de la <i>verdad representacional </i>(que recuerda la tesis de la verdad como <i>aletheia </i>&#45;sin coincidir con ella&#45; propuesta por Heidegger en <i>Ser y tiempo: </i>"Lo que el mundo, o sus objetos, nos revelan en t&eacute;rminos de sus aspectos" (p. 107). As&iacute;, la representaci&oacute;n hist&oacute;rica no ofrece verdad como correspondencia, sino la revelaci&oacute;n de verdad intr&iacute;nseca al pasado mismo (concretamente, en un aspecto del pasado). Concierne al historiador &#45;y s&oacute;lo a &eacute;l&#45; determinar qu&eacute; aspectos del pasado aportar&aacute;n m&aacute;s a la comprensi&oacute;n del pasado, y la discusi&oacute;n sobre ello no corresponde a la teor&iacute;a de la historia sino a los historiadores.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, el concepto de verdad representacional es tambi&eacute;n aplicable a la novela. A decir de Ankersmit, el origen de la verdad en la novela radica en la verdad en la historia, y las diferencias entre la novela hist&oacute;rica y la historia (en tanto que representaciones) son formales, no materiales.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ankersmit sostiene que el sentido es m&aacute;s b&aacute;sico que la referencia y que la verdad, y que, por lo mismo, no podr&aacute; ser definido en t&eacute;rminos de ellos. (Sostiene, en cambio, que el sentido y la referencia, como los entendi&oacute; Frege, s&iacute; pueden derivarse de &eacute;l). As&iacute; como Saussure en relaci&oacute;n con los elementos constitutivos de una lengua, piensa que el sentido (representacional) puede establecerse en t&eacute;rminos del mismo sentido (y que s&oacute;lo as&iacute; puede establecerse): el sentido de una representaci&oacute;n se fija en sus relaciones con otras representaciones. La verdad representacional acaba consistiendo en la <i>presencia </i>de lo que se revela a trav&eacute;s de una representaci&oacute;n hist&oacute;rica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Suele suponerse que no es posible tener una experiencia del pasado (que no existe), sino s&oacute;lo de las evidencias del pasado. Ankersmit, empero, sostiene que s&iacute; hay experiencias hist&oacute;ricas del pasado (que adem&aacute;s tienen el car&aacute;cter de sublimes), lo que aqu&iacute; viene a significar que son experiencias de presencia no mediada por el lenguaje o el sentido; esto es, que anteceden al uso del lenguaje. Distingue entre experiencias hist&oacute;ricas colectivas e individuales. Para &eacute;l, la experiencia hist&oacute;rica (sublime) arquet&iacute;pica es la narrada por los mitos fundacionales originarios. El pasado en cuanto tal, como contraparte del presente, viene a la existencia (junto con el presente) gracias a un mito originario que crea la distancia entre pasado y presente, o a una reefectuaci&oacute;n posterior ocasionada por un acontecimiento extremadamente traum&aacute;tico. La contraparte de la experiencia hist&oacute;rica sublime colectiva es la disciplina hist&oacute;rica como tal y no los historiadores individuales. La experiencia hist&oacute;rica sublime colectiva del pasado es as&iacute;, para Ankersmit, la ra&iacute;z de toda representaci&oacute;n hist&oacute;rica.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La palabra "nostalgia puede ser analizada en t&eacute;rminos de sus dos componentes: <i>nostos </i>(deseo de retorno) y <i>algia </i>(dolor); as&iacute; lo hace Ankermit, siguiendo a Svetlana Boym, quien habla de dos tipos de nostalgia: restaurativa (con predominio de <i>nostos) </i>y reflexiva (con preponderancia de <i>algia). </i>La experiencia nost&aacute;lgica del pasado (como pasado) es de un car&aacute;cter reflexivo; es una experiencia de distancia o diferencia.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La experiencia hist&oacute;rica individual puede ser imaginada como un movimiento (al pasado) ortogonal a la direcci&oacute;n sincr&oacute;nica (presente) en la que de ordinario se mueve el historiador. La experiencia hist&oacute;rica sublime concierne ante todo a la forma en la que nos relacionamos con el pasado y, por tanto, tiene una dimensi&oacute;n existencial. En &uacute;ltima instancia, la experiencia hist&oacute;rica sublime colectiva del pasado es la ra&iacute;z de toda representaci&oacute;n hist&oacute;rica.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los historiadores en su pr&aacute;ctica parecen profesar una creencia impl&iacute;cita en alguna suerte de experiencia hist&oacute;rica individual; sin embargo tienden a rechazar el concepto. De hecho, muchos grandes historiadores pretenden que en su discurso sea la historia misma la que hable (hay incluso el que pretende que su discurso sea el pasado mismo). La tesis de que en historia la experiencia antecede al lenguaje se hace plausible si se atiende al hecho de que la experiencia hist&oacute;rica individual es una experiencia de estados an&iacute;micos (en los que no figura la distinci&oacute;n sujeto/objeto). Por otra parte, el ejemplo del color muestra que el contenido puede determinar (y anteceder) a la forma. Si consideramos a las formas hist&oacute;ricas como los objetos potenciales de la experiencia hist&oacute;rica, nos ubicamos en la frontera entre aspectos y cosas (objetos); esto es, entre representaci&oacute;n y descripci&oacute;n, y tambi&eacute;n entre verdad representacional y verdad proposicional.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien las ciencias emp&iacute;ricas no dejan lugar para la experiencia entre el sujeto y el objeto (a no ser que se asuma el idealismo); en la historia, en cambio, se desdibuja la frontera entre objeto y sujeto y, en la experiencia hist&oacute;rica sublime, desaparecen objeto y sujeto. Es verdad que el texto hist&oacute;rico no es transparente en relaci&oacute;n con el pasado; no se ve a trav&eacute;s del texto, se ve el texto, pero hay que reconocer que en historia no ha habido giro ling&uuml;&iacute;stico, sino s&oacute;lo giro ret&oacute;rico. La filosof&iacute;a de la historia puede ser el v&iacute;nculo entre la est&eacute;tica y la filosof&iacute;a del lenguaje.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ankersmit considera la cuesti&oacute;n de la subjetividad del historiador en la escritura de la historia y sostiene que la invade de muy diversas maneras, pero que lo relativo a moral y pol&iacute;tica es diferente a todo lo dem&aacute;s porque se proyecta sobre el pasado representado. A&ntilde;ade que &eacute;ste puede ser un camino de dos sentidos: tambi&eacute;n valores morales y pol&iacute;ticos del pasado pueden proyectarse en la escritura contempor&aacute;nea de la historia. Ahora bien, la continuidad que en la escritura de la historia se da entre sujeto y objeto hace imposible la objetivaci&oacute;n de valores morales y pol&iacute;ticos. Parad&oacute;jicamente, por lo dem&aacute;s, mientras m&aacute;s se busca acatar una prescripci&oacute;n de objetividad, m&aacute;s subjetividad penetra en la escritura de la historia. Sin embargo, el que los contornos de lo subjetivo y de lo objetivo se hayan desdibujado, no disminuye los deberes morales del historiador en cuanto tal, pero no se debe intentar definir estos deberes, ya que reciben su fuerza imperativa del hecho de la imposibilidad de determinarlos de una vez por todas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como ya hemos apuntado, Ankersmit presenta en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de su libro una argumentaci&oacute;n sorprendente a favor de la tesis de que la historia pol&iacute;tica constituye la base y condici&oacute;n para todas las otras variantes historiogr&aacute;ficas. Muestra, en primer t&eacute;rmino, que en cada ocasi&oacute;n en la que la historia pol&iacute;tica fue menospreciada, el argumento empleado para ello acab&oacute; confiri&eacute;ndole aun m&aacute;s fuerza. M&aacute;s adelante se&ntilde;ala que la historia pol&iacute;tica es lo que vincula al mito y a la leyenda con la escritura de la historia como g&eacute;nero, y apunta que para Hegel, el Estado es la "prosa" tanto del pasado en s&iacute; como del relato que hace el historiador del pasado, y que la escritura de la historia comienza y culmina en la historia pol&iacute;tica. Finalmente, ofrece una variante de estas ideas de Hegel, formulada en t&eacute;rminos m&aacute;s apropiados para nuestro tiempo: el uso del lenguaje, especialmente el ret&oacute;rico, es pol&iacute;ticamente creativo: determina de manera poderosa que ser&aacute;n las realidades pol&iacute;ticas, por lo que el historiador que desea comprender el pasado y c&oacute;mo vino a la existencia tendr&aacute; que centrarse en el lenguaje de la pol&iacute;tica. A fin de cuentas, la continuidad entre el lenguaje que crea las realidades pol&iacute;ticas y sociales, por una parte, y el lenguaje pol&iacute;tico del historiador, por otra, hace que de manera natural el historiador centre su atenci&oacute;n en lo relativo a la libertad.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Advertimos al inicio de esta rese&ntilde;a que nos detendr&iacute;amos en la "absolutamente b&aacute;sica" distinci&oacute;n entre "escritura de la historia" e "investigaci&oacute;n hist&oacute;rica". Dos cosas queremos decir a este respecto. La primera es que hemos sido educados por Michel de Certeau y por Paul Ricoeur para entender la operaci&oacute;n historiogr&aacute;fica como un todo cuyos componentes (Certeau) o fases (Ricoeur) s&oacute;lo pueden ser separados anal&iacute;ticamente. En esta manera de entender las cosas, "escritura de la historia" e "investigaci&oacute;n hist&oacute;rica" son dos de los componentes o fases de ese todo, as&iacute; que la distinci&oacute;n, como parece operarla Ankersmit, no es sostenible. Lo segundo es que hay otra distinci&oacute;n que puede &#45;y que a nuestro juicio debe establecerse&#45; y que no encontramos manera expl&iacute;cita y clara en el libro: en ingl&eacute;s (la lengua en la que Ankersmit escribe), <i>historical writing </i>puede significar tanto la actividad de escribir historia como la historia escrita, esto es, el discurso hist&oacute;rico, un objeto. (Esta misma polisemia es la que se presenta en relaci&oacute;n con el t&eacute;rmino "historiograf&iacute;a": ¿escritura de la historia o historia escrita?). En la visi&oacute;n compartida por Certeau y Ricour, es lo primero lo que es inseparable de lo que Ankersmit llama "investigaci&oacute;n hist&oacute;rica". Lo segundo, en cambio, s&iacute; puede ser considerado &#45;para muchos prop&oacute;sitos, no para todos&#45; con independencia de la operaci&oacute;n historiogr&aacute;fica que lo gener&oacute;. Ankersmit parece referirse a lo primero cuando aclara la distinci&oacute;n y dice del nivel de la escritura de la historia: "&#91;...&#93; en el que los resultados de la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica son integrados en una narraci&oacute;n hist&oacute;rica o representaci&oacute;n" (p. 60). En mucho del texto, empero, quiz&aacute; en la mayor parte, "representaci&oacute;n hist&oacute;rica" hace claramente referencia al discurso hist&oacute;rico escrito, no a la actividad de escribirlo. Nos parece que &eacute;sta es una ambig&uuml;edad importante no bien resuelta en el libro.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro asunto con relaci&oacute;n al cual consideramos que debemos decir algo es el relativo a los dos tipos de verdad manejados (simult&aacute;neamente) en el texto: la verdad proposicional (verdad como correspondencia) y la verdad representacional (verdad que no es correspondencia). El problema aqu&iacute; es que la palabra "verdad" significa cosas diferentes en cada caso. ¿Por qu&eacute; usar un mismo t&eacute;rmino? ¿Por qu&eacute; no emplear otro para lo segundo? En relaci&oacute;n con esto, Ankersmit parece querer para s&iacute; el mejor de los mundos posibles ("comerse su pastel y conservarlo para despu&eacute;s", como dir&iacute;an los estadounidenses): que de los enunciados puntuales pueda predicarse verdad como correspondencia, que de las representaciones tambi&eacute;n pueda predicarse verdad (aunque &eacute;sta no sea verdad como correspondencia). A esto se podr&aacute; replicar que el concepto de verdad representacional es af&iacute;n al de verdad como <i>aletheia </i>defendido por Heidegger en <i>Ser y tiempo. </i>As&iacute; lo afirma Ankersmit reiteradamente, pero tambi&eacute;n se&ntilde;ala que Heidegger habla de verdad como <i>aletheia </i>en relaci&oacute;n con juicios; es decir, que habla de verdad como <i>aletheia </i>donde Ankersmit habla de verdad proposicional como correspondencia. En Ankersmit no hay inconsistencia, pero s&iacute; una polisemia del t&eacute;rmino "verdad" que, o bien desdibuja su significado, o bien lleva al lector a conferir (inv&aacute;lidamente) a la verdad representacional connotaciones propias de la verdad representacional, con la que en los hechos colapsa la distinci&oacute;n. En lugar de hablar de "verdad representacional" hubiera podido usar la expresi&oacute;n "revelaci&oacute;n representacional", por decir algo; la ambig&uuml;edad se habr&iacute;a resuelto, pero se hubiera perdido (tal vez con justicia) la mayor parte de las connotaciones usuales del t&eacute;rmino "verdad".</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es imposible no sonre&iacute;r cuando, hacia el fin de la exposici&oacute;n de lo que es el sentido representacional, leemos que si a consecuencia de las guerras de religi&oacute;n del siglo XVI se hubiera llevado a la pr&aacute;ctica con efectividad y hasta nuestro tiempo una prohibici&oacute;n universal de viajes transoce&aacute;nicos "&#91;...&#93; todo nuestro conocimiento del continente americano no habr&iacute;a avanzado m&aacute;s all&aacute; del conocimiento de aspectos" (p. 155). Pero, ¿qui&eacute;nes somos nosotros? (T&eacute;ngase en cuenta que Ankersmit escribe su libro en primera persona del singular). Dif&iacute;cilmente podr&iacute;a pensarse en un mejor ejemplo de que el autor de un texto proyecta su subjetividad en &eacute;l aunque no pretenda hacerlo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun supuestas sus premisas fundamentales, tendr&iacute;amos algunos otros comentarios cr&iacute;ticos en relaci&oacute;n con ciertos aspectos del libro. Sin embargo, el valor de la aportaci&oacute;n que constituye es tan grande que nos parece que ser&iacute;a mezquino y fuera de toda proporci&oacute;n abundar en ellos. </font></p>      ]]></body>
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