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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>          <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La concepci&oacute;n colectivista de la democracia y sus enemigos</b></font></p>  	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Roberto Gargarella*</b></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto Christian Michelsen de Bergen, Noruega y Universidad Torcuato di Tella, Argentina.</i></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 28/10/2005    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Aceptaci&oacute;n: 12/07/2006</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con pocas las veces que, aqu&iacute; en Latinoam&eacute;rica, uno tiene la oportunidad de leer un trabajo te&oacute;rico tan articulado, abarcativo, ambicioso, interdisciplinario, y preocupado por la argumentaci&oacute;n, como <i>La concepci&oacute;n colectivista de la democracia,</i> de David Mena.<sup><a href="#notas">1</a></sup> A pesar de las diferencias que pueda guardar con parte de su contenido, debo decir que el libro es muy excepcional, y deja en claro que, detr&aacute;s del mismo, existe alguien con un proyecto potente y poderoso en mente. Uno puede advertir de qu&eacute; modo, y guiado por ciertas ideas&#45;fuerza muy firmes, Mena se pone de pie para enfrentar sin miedos a muchos de los autores m&aacute;s importantes de la teor&iacute;a pol&iacute;tica o la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de nuestro tiempo. Incitado por tama&ntilde;a empresa, en lo que sigue, quisiera avanzar algunos breves comentarios sobre el libro. Mi objetivo principal ser&aacute; el de forzar, a su autor y a eventuales lectores del libro, a seguir una discusi&oacute;n que Mena ha despertado y que merece ser retomada y continuada.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La concepci&oacute;n colectivista y sus enemigos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mena defiende en su texto, y desde sus primeras p&aacute;ginas, lo que denomina una <i>concepci&oacute;n colectivista de la democracia</i> que, seg&uacute;n reconoce, est&aacute; llamada desde su nombre a generar pol&eacute;micas. Para clarificar la idea de una democracia colectivista, Mena se refiere al hecho de que, "lo que hacemos juntos en una democracia" es algo que tiene una dimensi&oacute;n "irreductiblemente colectiva" (p. 10). Ejemplos de tales actividades son el sufragio, las expresiones pol&iacute;ticas manifestadas a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, la atenci&oacute;n que prestamos a los debates p&uacute;blicos. Adem&aacute;s del car&aacute;cter colectivo de nuestras principales actividades de ra&iacute;z pol&iacute;tica, el autor destaca, de la mano de Joseph Raz (autor a quien, seg&uacute;n reconoce, debe muchas de sus afirmaciones), que tambi&eacute;n existen bienes "irreductiblemente" colectivos, necesarios para hacer posible el autogobierno. Estos elementos de car&aacute;cter colectivo son los que dan cuerpo y sentido a la democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una preocupaci&oacute;n central en el libro de Mena es la vinculada con el dise&ntilde;o de las instituciones y pr&aacute;cticas requeridas por los ideales de la democracia colectivista. Tal dise&ntilde;o, nos dice el autor, debe contribuir a la suerte de "generaciones sucesivas" (lo que requiere que ellas no respondan a las preferencias particulares de una cierta generaci&oacute;n, sino "a los requisitos funcionales que garanticen la permanencia de tales instituciones," p. 41). y para que dicho objetivo sea posible, el autor nos sugiere reflexionar desde "el punto de vista del hombre de estado" (p. 47), lo que implica decir que la mirada debe estar levantada y dirigida a cuestiones que trascienden la coyuntura. Entre las actividades que, seg&uacute;n Mena, deben ser promovidas para dar visos de posibilidad a la democracia colectivista, ninguna parece tan importante como la vinculada con el "promover y facilitar la participaci&oacute;n de los ciudadanos en el autogobierno colectivo" (p. 11). En opini&oacute;n del autor, lo que aqu&iacute; propone la democracia colectivista se lleva de bruces con lo que las visiones individualistas de la democracia suelen proponer. ocurre que las visiones individualistas est&aacute;n demasiado interesadas en preservar derechos individuales como (incluso) el de "no involucrarse en lo absoluto en los asuntos p&uacute;blicos" (p. 11). En definitiva, seg&uacute;n Mena, "la filosof&iacute;a moral individualista no nos puede decir por qu&eacute; es bueno" (pero s&iacute; por qu&eacute; es malo) que "nos autogobernemos colectivamente" (p. 10).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del mismo modo, y como forma de favorecer al autogobierno colectivo, el autor considera &#151;inspirado, seg&uacute;n nos dice, en John Stuart Mill, James Madison y Alexander Hamilton&#151; que la concepci&oacute;n colectivista requiere la promoci&oacute;n de ciertos "bienes colectivos" como la tolerancia, la civilidad pol&iacute;tica, la informaci&oacute;n veraz sobre asuntos p&uacute;blicos y un debate p&uacute;blico confiable (p. 21). La obtenci&oacute;n de dichos "bienes colectivos" exige, en su opini&oacute;n, que junto con los derechos individuales sean afirmados ciertos "deberes pol&iacute;ticos." Apoy&aacute;ndose en Raz, nos dice que "todos los miembros de la sociedad deben cooperar mediante la asunci&oacute;n de deberes relevantes para la adecuada provisi&oacute;n de bienes colectivos, que son constitutivos de la posibilidad misma de la autonom&iacute;a" (p. 30).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habiendo fijado estas prioridades democr&aacute;ticas, y como forma de dotar de solidez a la concepci&oacute;n colectivista, Mena contrasta a la misma con otras varias visiones alternativas de la democracia. Algunas de las visiones a las que objeta, en dicho proceso comparativo, son las defendidas por John Rawls y Brian Barry, que rechazan el presupuesto que el colectivismo considera central, es decir, la existencia de "necesidades irreductiblemente colectivas." Otras concepciones a las que objeta, en cambio &#151;concepciones como las defendidas por Charles Beitz, James Fishkin u Owen Fiss&#151; suscriben dicho presupuesto colectivista, pero sin embargo no reconocen &#151;como s&iacute; lo hace la concepci&oacute;n colectivista&#151; que los ciudadanos comparten ciertas obligaciones b&aacute;sicas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el ejemplo que utiliza Mena para, dig&aacute;moslo as&iacute;, poner en movimiento el armaz&oacute;n te&oacute;rico presentado en los primeros cap&iacute;tulos del libro, es el de las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas. La selecci&oacute;n de dicho ejemplo se debe a que el mismo es, seg&uacute;n el autor, "uno de los procesos colectivos m&aacute;s significativos en el cual, actores pol&iacute;ticos con distintos intereses, deben cooperar y coordinar sus actividades" (p. 50). puesto en esta tarea de "aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica" de su teor&iacute;a, Mena hace especial hincapi&eacute; en la campa&ntilde;a de la elecci&oacute;n general brit&aacute;nica de 1997 &#151;campa&ntilde;a que, seg&uacute;n nos dice, reviste especial inter&eacute;s dado que en ella se discutieron dos propuestas de reforma constitucional que importaban la introducci&oacute;n de "cambios radicales a la estructura de gobierno y representaci&oacute;n" ( p. 51).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para afirmar su propuesta, Mena avanza parsimoniosamente en su argumentaci&oacute;n, y a cada paso atiende a una diversidad de argumentos que podr&iacute;an ser presentados en su contra. En dicha cuidadosa tarea, el libro gana sin dudas en atractivo y valor, y se diferencia claramente de muchas de las obras que aqu&iacute; se han escrito sobre cuestiones vagamente similares. por lo dem&aacute;s, Mena sabe que muchos de sus reclamos son controvertibles y que invitan a los m&aacute;s diversos ataques. Ello, tanto por la diversidad como por la importancia de los temas que toca. Sin embargo, lee con atenci&oacute;n a los autores con los que polemiza, y se esmera por atender sus posibles reclamos y r&eacute;plicas. Estos rasgos hacen de su obra un trabajo saliente, y de &eacute;l un autor que habr&aacute; que seguir con atenci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Discutiendo la concepci&oacute;n colectivista</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los comentarios que despierta el libro de Mena son numerosos, y aqu&iacute; s&oacute;lo quisiera detenerme en algunos pocos de entre ellos, que son los que seg&uacute;n creo resultan m&aacute;s relevantes para examinar la obra con cierto detalle. El primero de ellos tiene que ver con la propia idea central del libro, vinculada con la concepci&oacute;n colectivista de la democracia. La propuesta de fundar una concepci&oacute;n de este tipo es abiertamente provocativa. Ello, ante todo porque la misma sale a desafiar de modo directo uno de los presupuestos m&aacute;s importantes de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica moderna &#45;el individualismo. pero as&iacute;, tambi&eacute;n, porque la contundencia de los t&eacute;rminos utilizados ("acciones irreductiblemente colectivas," "necesidades irreductiblemente colectivas," "bienes irreductiblemente colectivos") no alcanza para dotar de verdad a lo que dichos t&eacute;rminos proclaman o quieren decirnos. Elegir un gobierno es un acto que hacemos entre todos, pero que sin problemas puede ser desarmado y evaluado en sus "tuercas y tornillos." Podemos decir, por ejemplo, que ning&uacute;n individuo debe ser privado del voto, o que el voto de cada uno debe valer s&oacute;lo uno. Y en este sentido, el acto que aparece como una t&iacute;pica manifestaci&oacute;n colectiva, puede analizarse bien con anteojos individualistas, y ser perfectamente desmenuzado en sus partes componentes. Estos comentarios no implican negar la existencia de bienes colectivos como los que le interesan a Raz, ni rechazar la conveniencia de hablar, a veces, de grupos o de entidades colectivas. Pero s&iacute; me generan un cierto escepticismo respecto de las consecuencias que el autor quiere derivar de la idea de que algo es "irreductiblemente" colectivo. Porque, para ingresar a la misma cuesti&oacute;n desde el otro extremo, alguien podr&iacute;a reclamar que tiene derechos "irreductiblemente" individuales. Ello ser&iacute;a, en todo caso, tan cierto como lo que Mena proclama en torno a las necesidades colectivas. Ahora bien, a la hora de ver qu&eacute; importancia le otorgamos a esos reclamos, o a la hora de determinar qu&eacute; es lo que esos reclamos son capaces de hacer (&iquest;pueden, por ejemplo, "derrotar" a cualquier otro reclamo que se les oponga? Y si no a todos, &iquest;a cu&aacute;les, y por qu&eacute; razones?), necesitamos entrar en una discusi&oacute;n diferente. Es decir, la discusi&oacute;n no termina sino que reci&eacute;n empieza cuando se realizan afirmaciones contundentes como las del ejemplo del caso. Y creo, con temor a equivocarme, que Mena &#151;a pesar de que, como se&ntilde;alara ya, no leescapa a la discusi&oacute;n de argumentos&#151; le asigna a sus afirmaciones y definiciones un poder mayor que el que ellas tienen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo personal, simpatizo con las intuiciones colectivistas del autor, y m&aacute;s de una vez produje trabajos en torno a ideas similares. sin embargo, mi impresi&oacute;n es que Mena prepara una m&aacute;quina de una gran potencia pero que luego, tal vez por prudencia o tal vez por otras razones, se muestra demasiado t&iacute;mido cuando la pone en marcha. En definitiva, me parece, nos encontramos con una m&aacute;quina que brama y ruge cuando la encendemos, pero que finalmente s&oacute;lo puede llevarnos muy cerca de donde el liberalismo o, en general, el individualismo, es capaz de llevarnos. Me interesa desarrollar algo m&aacute;s este punto, pero antes quisiera detenerme un poco en las referencias de Mena a teor&iacute;as rivales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, dir&iacute;a que no sorprende que, en el desarrollo de sus intuiciones colectivistas, Mena busque tan recurrente apoyo en autores como Mill, u "hombres de estado" como Madison o Hamilton &#45;figuras que, para decirlo de alg&uacute;n modo, no pueden sino ser calificadas como "irreductiblemente" individualistas. Por supuesto, Mena no ignora el detalle. Lo que ocurre es que &eacute;l mismo prematuramente delata que el liberalismo individualista tiene (con independencia de sus voceros) buenas herramientas te&oacute;ricas para defender posturas demasiado similares a las que Mena defiende. Por lo dem&aacute;s, y como nota al pie, agregar&iacute;a que autores como los citados no resultan, en mi opini&oacute;n, el mejor apoyo posible a la hora de fundar una concepci&oacute;n robusta y demandante de la democracia. Ninguno de ellos, por razones diversas, era muy amigo de lo que en la actualidad llamar&iacute;amos una incluso modesta (o modestamente exigente) concepci&oacute;n de la democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, y a pesar del buen recorrido te&oacute;rico que emprende, Mena deja de lado el tratamiento de concepciones y autores alternativos con las que merecer&iacute;a dialogar. Por supuesto, ning&uacute;n autor tiene por qu&eacute; cubrir, al desarrollar alg&uacute;n punto, toda la literatura relevante imaginable. sin embargo, creo que algunas de las visiones en las que pienso resultan demasiado significativas para sus discusiones. Retomemos, por caso, la cr&iacute;tica que hace Mena al individualismo en raz&oacute;n de su incapacidad para pensar en t&eacute;rminos de autogobierno colectivo, o por su directa hostilidad hacia el mismo. En este caso, como en otros, creo que Mena es algo injusto en su acusaci&oacute;n, a&uacute;n cuando personalmente coincida con &eacute;l en dirigir dicha cr&iacute;tica a muchos y muy reconocidos autores individualistas. Pero, y s&oacute;lo para citar a una de las concepciones ausentes en el libro, el <i>republicanismo</i> se ha mostrado siempre especialmente preocupado por honrar el ideal del autogobierno colectivo y ello no siempre &#45;aunque s&iacute; en ocasiones&#45; renunciando a mantener presupuestos metodol&oacute;gicos individualistas.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Datos como los citados, en definitiva, trabajan todos en la misma direcci&oacute;n: nos ayudan a pensar que la maquinaria colectivista, tan "amenazadora" en principio frente a otras concepciones "dominantes," no genera resultados tan diferentes de aquellas. Alguien podr&iacute;a decir, por supuesto, que "basta con que esta nueva concepci&oacute;n nos provea de mejores fundamentos para apoyar ciertos principios y, eventualmente, sugerir ciertas reformas institucionales" como para darle la bienvenida. De mi parte, creo que ello no basta. En lo personal, reprochar&iacute;a al colectivismo propuesto por Mena el no haber ido tan lejos como el mismo es capaz de ir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Claros ejemplos de lo que digo se ven en los casos espec&iacute;ficos que a Mena, genuinamente, le interesa estudiar: la tolerancia pol&iacute;tica, el debate p&uacute;blico, las campa&ntilde;as electorales. Ante todo, es muy notable que Mena haya escogido estas &aacute;reas que son, justamente, aquellas en las que el liberalismo individualista ha trabajado desde siempre, y sobre las que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ha alcanzado desarrollos extraordinarios. Dicha elecci&oacute;n es llamativa, en principio, porque la maquinaria preparada Mena le hubiera permitido abordar una cantidad de cuestiones trabajadas menos de lo necesario por la filosof&iacute;a moral y jur&iacute;dica contempor&aacute;neas, como la desigualdad econ&oacute;mica o los derechos sociales. creo que una concepci&oacute;n colectivista, interesada en el autogobierno y sus precondiciones debe hacerse cargo &#45;agregar&iacute;a, prioritariamente&#45; de temas como los citados, tan importantes y tan habitualmente marginados. Pero bien, Mena tiene todo el derecho del mundo de analizar su objeto de estudio con la &oacute;ptica que prefiera, y ha preferido aqu&iacute; tomar como casos centrales aquellos que resultan m&aacute;s habituales dentro de la tradici&oacute;n liberal. La estrategia resulta todav&iacute;a prometedora, en la medida en que la misma le va a permitir, como en parte le ha permitido, mostrar en el "frente a frente," las relaciones y diferencias entre su concepci&oacute;n preferida y otras alternativas, hoy dominantes. sin embargo, una vez que aceptamos las razones de esta elecci&oacute;n tem&aacute;tica, llama la atenci&oacute;n que las propuestas derivadas de la postura colectivista sean, en muchos casos, bastante m&aacute;s modestas que las que viene proponiendo el liberalismo desde tiempo atr&aacute;s.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para apoyar las afirmaciones anteriores tomemos, por caso, el trabajo de un autor como Cass Sunstein.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Sunstein ha venido desarrollando una serie de escritos extraordinarios sobre la libertad de expresi&oacute;n y los modos en que regularla. A pesar de provenir indiscutiblemente de una tradici&oacute;n liberal e individualista, muchas de las intuiciones de las que parte y de las conclusiones a las que llega resultan m&aacute;s radicales que las que presenta Mena. Para tomar s&oacute;lo un ejemplo de relevancia, el liberal sunstein hace insistentes referencias al papel que juegan los grandes grupos econ&oacute;micos en la determinaci&oacute;n de lo que se discute o no se discute en p&uacute;blico. Llama la atenci&oacute;n, frente a dicho caso, que desde el colectivismo, Mena insistentemente minimice el peso de aquella influencia propia de los grupos de poder (y aqu&iacute; es cuando uno vuelve a preguntarse acerca de las razones que explican que Mena no tome como objeto de an&aacute;lisis, desde el colectivismo, la desigualdad econ&oacute;mica o los derechos sociales). Mena sugiere frente a an&aacute;lisis de este tipo (an&aacute;lisis que ponen tanta atenci&oacute;n sobre el accionar de los grandes grupos econ&oacute;micos en la definici&oacute;n de los contornos del debate p&uacute;blico), que son los ciudadanos quienes "compran peri&oacute;dicos y sintonizan programas noticiosos, por su alto contenido de entretenimiento, bajo contenido de informaci&oacute;n p&uacute;blica relevante y por sus posiciones editoriales recalcitrantes" (p. 136). Para &eacute;l, "la responsabilidad de due&ntilde;os y editores de prensa y medios electr&oacute;nicos es relativa, dado que tanto la prensa como los medios simplemente se limitan a satisfacer la demanda de sus audiencias. Su l&oacute;gica simplemente es la de 'darle al cliente lo que le pida' " (pp. 136&#45;7). Debo decir que, en lo personal, no hay secci&oacute;n del libro frente a la que est&eacute; m&aacute;s en desacuerdo, y me gustar&iacute;a por ello conocer m&aacute;s sobre las posiciones del autor al respecto. Explicar&eacute; brevemente mis desacuerdos al respecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por un lado, creo que presentaciones como las que hace el autor ignoran una porci&oacute;n muy relevante de la literatura, que habla sobre cuestiones de primer inter&eacute;s para Mena, como la referida a la transformaci&oacute;n de las preferencias, la formaci&oacute;n "end&oacute;gena" de las mismas, o las preferencias "adaptivas." Tanto te&oacute;ricos jur&iacute;dicos como Sunstein como otros provenientes de la filosof&iacute;a, como Jon Elster, han estado trabajando sobre cuestiones como las citadas desde hace al menos dos d&eacute;cadas.<sup><a href="#notas">4</a></sup> El punto sobre el que ellos, seg&uacute;n creo, insistir&iacute;an es el siguiente: las preferencias que manifiestan los individuos son, en buena medida, moldeadas por las instituciones y pr&aacute;cticas dentro de las cuales viven. De all&iacute; que ideas como las defendidas por el autor, cuando dice que las grandes empresas period&iacute;sticas s&oacute;lo le dan al cliente lo que el cliente les pide, sean tan cuestionables. Tales empresas se hacen en buena medida responsables de la pobreza del debate p&uacute;blico, por ejemplo, cuando se niegan a presentar ciertos temas por temor a perder alg&uacute;n patrocinador; cuando insisten con otros temas por complacer a &#151;o por pedido de&#151; sus patrocinadores; cuando optan por exhibir trivialidades antes que dedicarse a temas que le puedan quitar audiencia a sus emisiones. Hace pocos d&iacute;as, en mi pa&iacute;s &#151;la Argentina&#151; se vio una nueva muestra de este tipo de problemas tan cotidianos, cuando se debi&oacute; levantar la exposici&oacute;n de un artista pl&aacute;stico controvertido porque, viendo las disputas que la muestra generaba en ciertos sectores del conservadurismo cat&oacute;lico, los patrocinadores retiraron inmediatamente el apoyo econ&oacute;mico que hab&iacute;an comprometido hacia la exposici&oacute;n. El accionar de estas empresas fue sin dudas "racional," ya que ellas no quer&iacute;an que el nombre de las mismas quedara asociado con una muestra controvertida, pero el resultado nos dice mucho sobre los modos en que se organiza contempor&aacute;neamente el debate p&uacute;blico. Dichas empresas estaban, como suelen estarlo, dispuestas a apoyar exhibiciones o debates incapaces de generar mayores controversias, a la vez que ten&iacute;an todo el inter&eacute;s de alejarse lo m&aacute;s pronto posible de cualquier contacto con temas r&iacute;spidos. En vista de lo anterior, decir que la ciudadan&iacute;a es la que determina qu&eacute; temas se presentan y permanecen en p&uacute;blico y cu&aacute;les no, es por lo menos una exageraci&oacute;n.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, entiendo que la concepci&oacute;n colectivista de Mena va menos al fondo de lo que podr&iacute;a, en relaci&oacute;n con un tema que a&uacute;n el "liberalismo de la neutralidad" se ha ocupado de retomar, y que tiene que ver con el "cultivo de la virtud c&iacute;vica." A&uacute;n autores como John Rawls, tan identificados con el liberalismo neutral, consideran que el mantenimiento de una sociedad justa requiere del compromiso c&iacute;vico de los ciudadanos, y reconocen que ese compromiso debe ser promovido p&uacute;blicamente. De all&iacute; que, ya desde este tipo de liberalismo, estemos muy cerca del tipo de obligaciones que a Mena le interesa considerar. Mientras tanto, es mi impresi&oacute;n, quedamos todav&iacute;a muy lejos de las medidas auspiciadas por otra serie de te&oacute;ricos (tambi&eacute;n ausentes en el libro de Mena), como los provenientes del <i>comunitarismo.</i> En efecto, desde al menos ciertas ramas del comunitarismo &#151;ramas especialmente preocupadas por la promoci&oacute;n del autogobierno colectivo&#151; se presta muy particular atenci&oacute;n al cultivo de una ciudadan&iacute;a comprometida con la suerte de los dem&aacute;s y los destinos de su comunidad. Trabajos como el de Michael Sandel no resultan, entonces, tan benignos como el de Mena con los "muchos" ciudadanos que no cumplen con sus obligaciones pol&iacute;ticas (p. 143).<sup><a href="#notas">6</a></sup> Autores como Sandel van, seg&uacute;n creo, bastante m&aacute;s all&aacute; que Mena en su an&aacute;lisis de las motivaciones apropiadas para la vida en comunidad. Por ello mismo, no sienten la necesidad que siente nuestro autor, de "anclar" las motivaciones requeridas por el autogobierno colectivo (tambi&eacute;n) en el inter&eacute;s ego&iacute;sta de los ciudadanos (pp. 254&#45;5). otra vez, el punto es el mismo que remarcara m&aacute;s arriba: la maquinaria colectivista de Mena no se aleja demasiado de lo que el liberalismo viene reclamando desde hace tiempo, a la vez que queda lejos, en su timidez, de las exigencias que otras concepciones liberales igualitarias, republicanas, o comunitaristas reclaman.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comentarios como los anteriores, de todos modos, no pretenden de ning&uacute;n modo socavar el valor del trabajo de David Mena. Por el contrario, pretenden ser un homenaje al mismo, y una respuesta a la saludable invitaci&oacute;n al di&aacute;logo sobre cuestiones de inter&eacute;s p&uacute;blico que el autor nos hace.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> David Mena, <i>La concepci&oacute;n colectivista de la democracia,</i> Colecci&oacute;n Filosof&iacute;a y Cultura n&uacute;m. 23, M&eacute;xico, Ediciones Coyoac&aacute;n, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806667&pid=S1405-0218200600020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Para tomar un caso importante ver, por ejemplo, Philip Pettit, <i>Republicanismo,</i> Barcelona, Paid&oacute;s, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806669&pid=S1405-0218200600020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> S&oacute;lo como unos pocos ejemplos de sus variados trabajos, podr&iacute;a citar los siguientes: Sunstein, C., "Interest Groups in American Public Law", <i>Stanford Law Review,</i> vol. 38, 1987, pp. 29&#45;87;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806671&pid=S1405-0218200600020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> "Beyond the Republican Revival," <i>Yale Law Journal,</i> vol. 97, 1988, pp. 1539&#45;90;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806672&pid=S1405-0218200600020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>After the Rights Revolution. Reconceiving the Regulatory State,</i> Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1990;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806673&pid=S1405-0218200600020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>The Partial Constitution,</i> Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1993;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806674&pid=S1405-0218200600020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> "Democracy and Shifting Preferences," en D. Copp, J. Hampton y J. Roemer (eds.), <i>The Idea of Democracy,</i> Cambridge, Mass., Cambridge University Press, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806675&pid=S1405-0218200600020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Elster, J. 1983, <i>Sour Grapes,</i> Cambridge, Mass., Cambridge University Press, 1983;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806677&pid=S1405-0218200600020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> "Majority Rule and Individual Rights", en S. Shute y S. Hurley (eds.), <i>On Human Rights. The Oxford Amnesty Lectures 1993,</i> Nueva York, Basic Books, 1993;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806678&pid=S1405-0218200600020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> "The Market and the Forum: Three Varieties of Political Theory," en J. Elster y A. Hylland (eds.), <i>Foundations of Social Choice Theory,</i> Cambridge, Mass., Cambridge University Press, 1989;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806679&pid=S1405-0218200600020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> "Arguing and Bargaining." Working paper. Chicago: The University of Chicago, 1991;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806680&pid=S1405-0218200600020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Elster , J. y Slagstad, R. (eds.), <i>Constitutionalism and Democracy,</i> Cambridge, Mass., Cambridge University Press, 1988;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806681&pid=S1405-0218200600020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Elster, J. y Hylland, A. (eds.), <i>Foundations of Social Choice Theory,</i> Cambridge, Mass., Cambridge University Press, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806682&pid=S1405-0218200600020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Una mala r&eacute;plica a este argumento dir&iacute;a que, si la ciudadan&iacute;a lo hubiera realmente deseado, la muestra en cuesti&oacute;n habr&iacute;a continuado con el apoyo de alg&uacute;n otro patrocinador. Al respecto, dir&iacute;a ante todo (sin insistir demasiado en este punto, menos importante) que ello no es lo que tiende a ocurrir en la pr&aacute;ctica (de hecho, no ocurri&oacute; en el ejemplo citado de la Argentina, a pesar del fervor demostrado por los admiradores de la muestra). Pero adem&aacute;s, agregar&iacute;a que lo m&aacute;s importante es lo que pasa en la vida p&uacute;blica cotidianamente, lejos de situaciones como la descrita, capaces de generar gran fervor p&uacute;blico: lo que predomina es la difusi&oacute;n de un discurso "plano" y sin aristas, que las empresas period&iacute;sticas y sus patrocinadores est&aacute;n interesados en preservar, al tiempo en que consistentemente desplazan todo ideario controvertido.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Sandel, M., <i>Democracy's Discontent. America in Search of a Public Philosophy,</i> Cambridge, Harvard University Press, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4806685&pid=S1405-0218200600020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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