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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Lecturas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Espacio p&uacute;blico y g&eacute;nero en Ciudad Ju&aacute;rez, Chihuahua*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rese&ntilde;ado por Angela Giglia<i>**</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>*&nbsp;C&eacute;sar M. Fuentes Flores, Luis E. Cervera G&oacute;mez, Julia E. Mon&aacute;rrez Fragoso y Sergio Pe&ntilde;a Medina (coords.), <i>Espacio p&uacute;blico y g&eacute;nero en Ciudad Ju&aacute;rez, Chihuahua,</i> El Colegio de la Frontera Norte/Universidad Aut&oacute;noma de Ciudad Ju&aacute;rez, Tijuana, 2011, 352 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>**&nbsp;Profesora&#45;investigadora del Departamento de Antropolog&iacute;a de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Av. San Rafael Atlixco n&uacute;m. 186, col. Vicentina, delegaci&oacute;n Iztapalapa, 09340, M&eacute;xico, D. F.</i> &lt;<a href="mailto:giglia.angela@gmail.com">giglia.angela@gmail.com</a>&gt;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A ra&iacute;z del fen&oacute;meno denominado <i>feminicidio</i> &#45;una serie de asesinatos perpetrados con lujo de violencia sobre mujeres, en su mayor&iacute;a j&oacute;venes, a lo largo de la &uacute;ltima d&eacute;cada&#45;, es bien conocida en todo el mundo la situaci&oacute;n vivida por las mujeres en Ciudad Ju&aacute;rez (CJ). Uno de los rasgos distintivos de estos cr&iacute;menes, considerados <i>cr&iacute;menes de odio,</i> especialmente dirigidos <i>contra las mujeres por el hecho de ser mujeres,</i> consiste en que las v&iacute;ctimas fueron abordadas y secuestradas mientras recorr&iacute;an el espacio p&uacute;blico. De la misma forma, sus cuerpos ultrajados suelen encontrarse abandonados en alg&uacute;n lugar poco frecuentado del espacio p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro parte de un esfuerzo por entender la relaci&oacute;n de las mujeres y el espacio p&uacute;blico en CJ que, junto con Acapulco, fueron se&ntilde;aladas en 2012 como las ciudades m&aacute;s violentas del mundo. Contiene un conjunto de ensayos que desde diferentes &aacute;ngulos tratan la condici&oacute;n del espacio p&uacute;blico en CJ, vista a partir de diversos actores y teniendo en cuenta las diferencias socioterritoriales existentes en la ciudad. En particular examina esta problem&aacute;tica desde cuatro ejes descriptivos y anal&iacute;ticos: accesibilidad, sociabilidad, participaci&oacute;n y seguridad. El volumen se divide en cuatro secciones &#45;una por cada eje&#45; y un cap&iacute;tulo introductorio en el cual se expone el marco te&oacute;rico metodol&oacute;gico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de un an&aacute;lisis interesante no s&oacute;lo porque habla de CJ y de las mujeres en los espacios p&uacute;blicos de esta ciudad, sino porque sus resultados y hallazgos, aunque con rasgos exacerbados, no son muy distintos de los que pueden encontrarse en otras zonas urbanas del pa&iacute;s, incluso en la Ciudad de M&eacute;xico. Por lo tanto, tambi&eacute;n es una lectura que propicia la reflexi&oacute;n sobre el estado del espacio p&uacute;blico en las ciudades mexicanas en general. En un momento en el cual se han implementado en todo el pa&iacute;s programas y pol&iacute;ticas dirigidos a la mejora del espacio p&uacute;blico, su lectura sugiere plantear la cuesti&oacute;n del papel que puede o no tener el espacio p&uacute;blico en los procesos de cambio social. En otras palabras, es un libro &uacute;til para preguntarse <i>qu&eacute; se le puede pedir al espacio p&uacute;blico en este momento en M&eacute;xico,</i> y qu&eacute; se puede esperar de un mejoramiento del espacio p&uacute;blico en relaci&oacute;n con los grandes problemas que tiene el pa&iacute;s: pobreza, desempleo, violencia, corrupci&oacute;n y desigualdad crecientes. Sobre esta pregunta regresar&eacute; una vez que haya comentado partes significativas de la obra, sin pretender abarcar todos y cada uno de los cap&iacute;tulos, pero destacando que todos resultan sugerentes y bien documentados. Los textos se organizan a partir de una encuesta realizada a una muestra de la poblaci&oacute;n o de etnograf&iacute;as y materiales orales obtenidos en entrevistas de grupo a diversos usuarios del espacio p&uacute;blico. En su conjunto, es un an&aacute;lisis minucioso del estado de los espacios p&uacute;blicos en CJ y, al mismo tiempo, un cuestiona&#45;miento y una denuncia de la situaci&oacute;n en la que se hallan estos espacios, mostrando los resultados especialmente delet&eacute;reos que &eacute;sta conlleva para todos los habitantes de CJ, pero de manera se&ntilde;alada para las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los espacios p&uacute;blicos de la ciudad son muy desiguales, con m&aacute;s opciones y en mejores condiciones en las zonas donde viven los sectores m&aacute;s acomodados. Dicho esto, el volumen muestra en primer lugar el descuido y abandono cr&oacute;nico en que se encuentran las calles, las banquetas y los parques en la mayor parte de la ciudad, as&iacute; como la falta de alumbrado, el casi nulo mantenimiento del que son objeto por parte de las instituciones y la difusa percepci&oacute;n de inseguridad que tanto hombres como mujeres advierten en los espacios p&uacute;blicos. Pese a que la percepci&oacute;n de la inseguridad es igual, las mujeres no tienen las mismas pr&aacute;cticas de uso del espacio que los varones. Mientras &eacute;stos se mueven en un radio urbano m&aacute;s amplio, ellas se limitan al propio barrio y a un radio de circulaci&oacute;n menor. Cuando el barrio carece de sitios de encuentro las mujeres padecen una suerte de encierro invisible, por la imposibilidad de acudir a lugares donde puedan estar y compartir con otras personas. Adem&aacute;s, no s&oacute;lo se mueven menos, sino que a menudo lo hacen en compa&ntilde;&iacute;a de alg&uacute;n familiar y no solas, como un efecto de la inseguridad y de la extendida percepci&oacute;n de su mayor vulnerabilidad en el espacio p&uacute;blico, lo que restringe significativamente su autonom&iacute;a y su libertad. Los espacios que ellas prefieren son aquellos que les brindan la impresi&oacute;n de un cierto resguardo, como por ejemplo los centros comerciales, que se han constituido en lugares suplentes de los verdaderos espacios p&uacute;blicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, en CJ encontramos un conjunto de procesos socioespaciales interrelacionados, que tambi&eacute;n son comunes en otras ciudades y que se refuerzan los unos con los otros: descuido y abandono del espacio p&uacute;blico; refugio en los espacios privados de uso p&uacute;blico para la realizaci&oacute;n de un n&uacute;mero creciente de actividades urbanas vinculadas con el consumo y el esparcimiento; cierre de calles con el objetivo de privatizar el espacio de proximidad como un mecanismo de protecci&oacute;n ante la creciente inseguridad que se advierte en el espacio p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aparece evidente que el espacio p&uacute;blico no es un hecho f&iacute;sico inerte, sino m&aacute;s bien una construcci&oacute;n social, en la cual y mediante la cual se hacen patentes las desigualdades y las diferencias sociales, incluidas las de g&eacute;nero. En cuanto a las mujeres, el que se sientan m&aacute;s vulnerables en el espacio p&uacute;blico tiene que ver con la inseguridad espec&iacute;fica que viven en CJ, pero simult&aacute;neamente con una condici&oacute;n m&aacute;s general que ata&ntilde;e a las mujeres en muchas ciudades del mundo en donde <i>las mujeres est&aacute;n menos legitimadas a estar en el espacio p&uacute;blico que los hombres,</i> pues el lugar que tienen asignado socialmente es la casa, y las actividades que se esperan de ellas tienen que ver con la reproducci&oacute;n familiar y el &aacute;mbito dom&eacute;stico. En los contextos en los cuales se considera de manera m&aacute;s o menos impl&iacute;cita que las mujeres est&aacute;n <i>para el cuidado de otros, in primis</i> de su hombre y de sus familiares, teniendo en cuenta que sus derechos en cuanto individuos son de cierto modo menores a los de los hombres, las mujeres tienen poco o ning&uacute;n derecho a <i>estar</i> en el espacio p&uacute;blico, a menos que lo hagan para transitar hacia la realizaci&oacute;n de alguna tarea dom&eacute;stica, y de preferencia en compa&ntilde;&iacute;a de otros familiares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta dif&iacute;cil discernir hasta qu&eacute; punto el hecho de evitar que circulen solas es el producto de una medida de seguridad o es una forma de destacar su falta de autonom&iacute;a para andar y estar por su cuenta en el espacio p&uacute;blico. Esto explicar&iacute;a la aparente paradoja de que las mujeres en CJ, igual que en otras zonas urbanas del pa&iacute;s, sean las que m&aacute;s se involucran en la participaci&oacute;n vecinal en el nivel local en aras de conseguir los servicios b&aacute;sicos para su barrio o su colonia. Pueden, e incluso deben hacerlo, justamente porque es una lucha en beneficio de sus familiares, es un trabajo para otros. Hace falta que las mujeres de CJ &#45;y de todas las urbes mexicanas&#45; conquisten el derecho a estar presentes sin m&aacute;s en el espacio p&uacute;blico, el mismo derecho que tienen los hombres, toda vez que se juntan en la esquina para platicar entre ellos, fumar o tomar juntos. Sobra decir que para que esto sea posible es necesario un cambio de sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto que aparece con nitidez en el libro es el car&aacute;cter profundamente desigual del espacio de la ciudad, que presenta rasgos muy marcados de segregaci&oacute;n socioespacial, con una fuerte concentraci&oacute;n de los sectores m&aacute;s acomodados en el norponiente del &aacute;rea urbana y una concentraci&oacute;n igualmente importante de los sectores de ingresos bajos y muy bajos en las periferias (esto puede confirmarse en los mapas de las pp. 49 y 50 del libro). En el &aacute;rea central, en buena medida abandonada, persisten todav&iacute;a un conjunto de usos del espacio entre los cuales destaca la prostituci&oacute;n masculina. Al respecto, resulta de especial inter&eacute;s el cap&iacute;tulo dedicado a las visiones y pr&aacute;cticas del espacio p&uacute;blico que realizan los hombres que se dedican al sexoservicio, para mostrar c&oacute;mo su actitud frente al espacio es por completo diferente de la de las mujeres. Pese a estar colocados en una posici&oacute;n de vulnerabilidad por el tipo de actividad que realizan, estos j&oacute;venes sexoser&#45;vidores reivindican su presencia en el espacio, consider&aacute;ndose plenamente legitimados a estar en la calle. "Los hombres visualizan la calle como un mundo amplio de posibilidades y de superaci&oacute;n, adem&aacute;s de diversi&oacute;n, dinero y sexo" (p. 292). Lo cual confirma, por contraste, el papel de relegaci&oacute;n y la no legitimidad de las mujeres para estar en el espacio p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se mencion&oacute; antes, considero que este libro ofrece un diagn&oacute;stico que va m&aacute;s all&aacute; de CJ, propiciando una reflexi&oacute;n acerca de los espacios p&uacute;blicos en las ciudades del pa&iacute;s. Salvo por los llamados a la "recuperaci&oacute;n de espacios p&uacute;blicos" y por los programas de mejoramiento de unos pocos sitios, no existe todav&iacute;a en M&eacute;xico ninguna atenci&oacute;n institucional hacia los espacios p&uacute;blicos cotidianos, comunes y corrientes, por los que transitamos todos los d&iacute;as: banquetas, luminarias, aceras, puentes peatonales, se&ntilde;ales de tr&aacute;nsito, todo aquello que constituye el entorno urbano cotidiano, que en el fondo es el eje vertebral de nuestras ciudades, lo que verdaderamente hace la imagen urbana y posibilita habitar la ciudad. Este &aacute;mbito del espacio p&uacute;blico cotidiano est&aacute; desatendido casi en su totalidad, y no s&oacute;lo en CJ, igualmente en otras zonas urbanas, incluida la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace falta un cuidado ordinario y cotidiano del espacio, que no est&eacute; orientado al cumplimiento de programas especiales, sino simplemente a la atenci&oacute;n rutinaria de cada peque&ntilde;a necesidad que se va presentando en el d&iacute;a a d&iacute;a: si se funde un foco hay que repararlo sin que los vecinos tengan que hacer un sinf&iacute;n de gestiones para obtenerlo; si los &aacute;rboles crecen y cubren las se&ntilde;ales de tr&aacute;nsito hay que podarlos, no &uacute;nicamente una vez al a&ntilde;o y antes de que crezcan demasiado, adem&aacute;s de que lo ideal ser&iacute;a no hacerlo en las horas pico del tr&aacute;nsito vehicular, etc&eacute;tera. Es evidente la ausencia de las instituciones locales en materia del cuidado del espacio f&iacute;sico, legible como el correlato de una m&aacute;s amplia actitud hacia lo p&uacute;blico y hacia los recursos p&uacute;blicos. Estos &uacute;ltimos raras veces son vistos como <i>bienes de todos</i>, se consideran, en cambio, herramientas para ser usadas como trampol&iacute;n electoral. Despu&eacute;s de haber ganado las elecciones los recursos p&uacute;blicos se emplean como un bot&iacute;n que hay que aprovechar mientras se pueda, en total contraste y menosprecio de cualquier idea acerca de lo que deber&iacute;a ser el <i>inter&eacute;s general.</i> Si &eacute;sta es la situaci&oacute;n que priva en el pa&iacute;s, el caso de CJ nos muestra algunos detalles sobremanera llamativos. Por ejemplo, el hecho de que los espacios barriales sean dejados al cuidado de los vecinos, con muy poco apoyo y compromiso de las instituciones locales. Lejos de facilitar la participaci&oacute;n ciudadana en el nivel local, esto propicia un estado de mayor desprotecci&oacute;n y abandono de los barrios donde viven los m&aacute;s pobres.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura de este volumen revela de un modo muy claro que el espacio p&uacute;blico es en gran medida un reflejo de c&oacute;mo est&aacute; lo p&uacute;blico, y un espejo bastante fiel de la sociedad en su conjunto. Una sociedad desigual, fragmentada y pauperizada, forja el espacio p&uacute;blico que le corresponde, en el cual se manifiestan puntualmente la desigualdad, la fragmentaci&oacute;n y la falta de derechos de los m&aacute;s vulnerables. Es por eso que no puede entenderse el espacio p&uacute;blico urbano si no se mira a los procesos sociales generales relacionados con la pol&iacute;tica y el ejercicio de los derechos ciudadanos. En ese sentido es muy acertado lo que mencionan Sonia Bass y Martha P&eacute;rez en su ensayo, cuando examinan los cambios socioecon&oacute;micos que caracterizan el actual modelo neoliberal y sus repercusiones en la sociedad y el espacio de CJ. Estas autoras ponen de relieve el debilitamiento de los sindicatos como uno de los resultados &#45;yo dir&iacute;a de los m&aacute;s negativos&#45; de la implantaci&oacute;n del modelo de acumulaci&oacute;n actual (pp. 306307), porque disgrega y desmantela un pedazo de sociedad civil organizada, cuya ausencia contribuye a la pauperizaci&oacute;n, a la penuria de formas de agregaci&oacute;n y de solidaridad y al abandono del espacio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe entonces regresar ahora sobre la pregunta que se anunci&oacute; al comienzo de esta lectura: qu&eacute; se le puede pedir al espacio p&uacute;blico en estas condiciones. En una sociedad desigual, fragmentada y pauperizada, qu&eacute; se puede esperar de un programa de revalorizaci&oacute;n y recuperaci&oacute;n de espacios p&uacute;blicos. Sin duda es posible esperar que el espacio p&uacute;blico cumpla con su funci&oacute;n de articulador de la vida urbana; se le puede exigir que vuelva a ser un espacio de esparcimiento y de aprendizaje; que sea un &aacute;mbito donde todos puedan estar, en igualdad de circunstancias y con el mismo derecho al anonimato, con lo que esto implica: respeto por el individuo y derecho a ser dejado en paz, en especial para las mujeres, cuyo derecho a estar en el espacio p&uacute;blico es &#45;como hemos visto&#45; extremadamente reducido. Se le puede pedir que sea un lugar para el esparcimiento y el reconocimiento mutuo como ciudadanos, pero en la misma medida como viandantes an&oacute;nimos. Mas ser&iacute;a ilusorio demandar que las mejoras de los espacios p&uacute;blicos resuelvan los problemas de la inseguridad y de la violencia, as&iacute; como ser&iacute;a ilusorio intentar curar una enfermedad s&oacute;lo eliminando algunos de sus s&iacute;ntomas m&aacute;s evidentes.</font></p>      ]]></body>
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