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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Turri, E. (2004),</b> <b><i>Il paesaggio e il silenzio</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Fabiana D'Ascenzo*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Marsilio, Venezia,</b> <b>248 p. ISBN 88&#45;317&#45;8413&#45;7</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universit&agrave; di L'Aquila.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s <i>de Antropologia del paesaggio</i> (Comunit&agrave;, Milano, 1974), <i>Semiologia del paesaggio italiano</i> (Longanesi, Milano, 1979) e <i>Il paesaggio come teatro</i> (Marsilio, Venezia, 1998), las reflexiones del ge&oacute;grafo Eugenio Turri confluyen en un nuevo libro, <i>Il paesaggio e il silenzio,</i> en el que desarrolla el discurso empezado con las obras anteriores, siguiendo una peculiar l&iacute;nea de evoluci&oacute;n. El autor, que ha ense&ntilde;ado "Geografia del paesaggio" (Geograf&iacute;a del paisaje) en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo del Polit&eacute;cnico de Mil&aacute;n, sin perder de vista los aspectos naturales y pragm&aacute;ticos del tema, lo ti&ntilde;e de tonalidades simb&oacute;licas para empujar el an&aacute;lisis hacia nuevas profundidades, explorando los valores existenciales que el paisaje geogr&aacute;fico puede asumir para el hombre y la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reanudando conceptos anteriormente tratados en las tres obras citadas, en el presente volumen Eugenio Turri los ampl&iacute;a y los profundiza, demostrando que la vena del paisaje de ninguna forma est&aacute; agotada y al contrario, se enriquece de nuevas posibilidades tem&aacute;ticas cuando el autor, por medio de la pr&aacute;ctica de la investigaci&oacute;n y la escritura, reafirma el concepto de interdisciplinariedad &#45;intr&iacute;nseco al objeto de estudio&#45; con el que se abren el primero y el tercero de los libros que preceden <i>Il paesaggio e il silenzio.</i> Esta &uacute;ltima obra parece entonces la encarnaci&oacute;n de la colaboraci&oacute;n, solicitada muchas veces, entre los estudiosos de diferentes &aacute;mbitos de investigaci&oacute;n, pues el autor considera el paisaje un terreno prioritario para la apertura de las fronteras entre las disciplinas a la que tanto se anhela por ser considerada m&aacute;s y m&aacute;s necesaria y urgente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hombre contempor&aacute;neo es el hombre de la civilizaci&oacute;n del ruido: autor y operador de una t&eacute;cnica sofisticada que lo emancipa siempre m&aacute;s de la <i>physis,</i> &eacute;l es m&aacute;s creador que observador, incapaz de descubrir el sentido del mundo ya que ha perdido la dimensi&oacute;n del silencio. Precisamente, el texto se organiza alrededor de esta primera bipartici&oacute;n enfrentada entre ruido y silencio. El ruido es met&aacute;fora de la racionalidad, testigo de la incesante labor del hombre para refrenar a la naturaleza, lo que demasiado a menudo desemboca en las desarmon&iacute;as de una l&oacute;gica dirigida solamente a perseguir la ganancia econ&oacute;mica, despojando a la naturaleza de su propia energ&iacute;a y sus secretos. El autor se refiere exactamente al ruido &lt;&lt;de la continua explosi&oacute;n energ&eacute;tica para que funcione la mega m&aacute;quina&gt;&gt; (p. 31) y citando a Serge Latouche crea nexos inmediatos con un pensamiento dirigido hacia los asuntos de las desigualdades econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, a los problemas de la distribuci&oacute;n de los recursos, a la &eacute;tica del actuar en el territorio &#45;todos temas que son imprescindibles, seg&uacute;n el an&aacute;lisis de Eugenio Turri, de la armon&iacute;a que el hombre tendr&iacute;a constantemente que perseguir en sus relaciones con el medio ambiente. Esta llamada a la &eacute;tica, que concluye el prefacio del libro, establece el sentido primero y &uacute;ltimo de la obra, y regresa, a veces m&aacute;s expl&iacute;cita, a veces m&aacute;s latente, en el trascurso del texto, latiendo incesantemente bajo las palabras del autor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el ruido pertenece al tiempo del hombre, el silencio remite a los procesos de constituci&oacute;n del mundo y entra en otro tiempo, que es el tiempo de la naturaleza. Desde siempre favorable para la meditaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n con lo divino, el silencio es la condici&oacute;n necesaria para captar las armon&iacute;as naturales y, por tanto, se vuelve vital para aprender a reconocerlas, a respetarlas, a entrar en sus juegos sin alterarlos, pero volvi&eacute;ndonos parte integrante. No es casualidad que el silencio requiere suspensi&oacute;n, distanciamiento y no irrupci&oacute;n, acci&oacute;n arrogante: por eso mismo es siempre m&aacute;s inalcanzable para el hombre contempor&aacute;neo que no sabe escuchar el tiempo largo y no sabe tener acceso a &eacute;l. &lt;&lt;El silencio es una conquista dura y magn&iacute;fica&gt;&gt; (p. 40), necesaria para ponerse a la escucha del mundo, pues &lt;&lt;el paisaje no es agresivo&gt;&gt; (p. 76), no es entrometido, no se impone, mas se ofrece, pero solamente a la mirada atenta del que, reconoci&eacute;ndose parte integrante del paisaje, decide aprender de su lenguaje y, al mismo tiempo, aprender algo sobre s&iacute; mismo y sobre la vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cielo, &lt;&lt;la otra mitad del paisaje&gt;&gt;, encuentra lugar en estas reflexiones. Desde siempre poco tomado en cuenta, considerado vac&iacute;o y no representable, no sol&oacute; hoy d&iacute;a no nos es ajeno sino que tambi&eacute;n &eacute;l es explorado y explotado de manera indiscriminada. Eugenio Turri se refiere a las emisiones, los aviones, las redes de infraestructuras, las torres pero tambi&eacute;n a algunas construcciones desmesuradas en las aristas de los montes que desfiguran al paisaje celeste. Al cielo el autor dedica p&aacute;ginas casi <i>dardelianas;<sup><a name="n1b"></a><a href="#n1a">1</a></sup></i> el cielo es percibido en su redondez, pues es un abrazo que envuelve a la Tierra, o tambi&eacute;n en su pesadez, cuando la permanencia de capas de nubes lo vuelve casi un techo; pero su percepci&oacute;n puede ser tambi&eacute;n ur&aacute;nica, cuando se le indaga como recipiente inmenso de fen&oacute;menos astron&oacute;micos, que evocan la profundidad y el misterio. El Sol, entonces, es el regreso a los ritmos cotidianos, la seguridad del d&iacute;a de hoy. El espacio sobre la Tierra es organizado e interpretado sobre la base de su recorrido diario y el paisaje vive vidas distintas bajo su mirada, ya que el Sol conduce la luz y cambia la apariencia de las cosas. En cambio la Luna es silencio, entrada en lo desconocido, en el infinito. Anta&ntilde;o el car&aacute;cter sagrado del cielo era reafirmado continuamente en las edificaciones humanas, sea por la elecci&oacute;n de lugares altos para colocar los templos o los eremitorios, sea por la forma de las mismas construcciones, a menudo propiamente representaciones celestes, por su estructura &#45;la c&uacute;pula, que sugiere el hemisferio que nos envuelve &#45;o por su ordenaci&oacute;n&#45; las pir&aacute;mides, que reproducen la disposici&oacute;n de las estrellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El paisaje inevitablemente es la proyecci&oacute;n de una realidad que el mismo no puede expresar totalmente. Lo "visible" que el paisaje ofrece a la mirada implica un "invisible" que constituye, seg&uacute;n la fascinante visi&oacute;n del autor, una posibilidad ontol&oacute;gica como condici&oacute;n necesaria para las revelaciones portadoras de conocimientos aunque no ciertos por lo menos potenciales. En el paisaje, en realidad, hay un &lt;&lt;sentido que nace en el margen de los signos&gt;&gt;, una &lt;&lt;inminencia del todo en las partes&gt;&gt; (p. 68): Eugenio Turri se inspira a Merleau&#45;Ponty y a las analog&iacute;as que se pueden establecer con el lenguaje seg&uacute;n las sugestiones de De Saussure, relacionando el paisaje con la oraci&oacute;n, ya que tambi&eacute;n en el caso de &eacute;sta no es necesario comprender todas las palabras para captar su sentido. Tal intr&iacute;nseca &lt;&lt;latencia sem&aacute;ntica&gt;&gt; es adem&aacute;s doble, ya que de un lado pertenece a la dimensi&oacute;n local, pero a espacios y tiempos que no pueden ser referidos al presente, mientras que por otro lado se ata a los espacios que van m&aacute;s all&aacute; del mismo &aacute;mbito local: es as&iacute; que el paisaje nos lleva a uno de los asuntos m&aacute;s actuales y debatidos, el asunto de las conexiones entre lo local y lo global, por ser el paisaje &lt;&lt;la manifestaci&oacute;n de una organizaci&oacute;n que supera lo local&gt;&gt; pero sigue siendo un objeto, un microcosmos que &lt;&lt;se percibe localmente&gt;&gt; (p. 79).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer aspecto de dicha latencia se refiere entonces a lo que ya no se ve, al paisaje como resultado de una serie de procesos y eventos, naturales e hist&oacute;ricos, cuya reconstrucci&oacute;n no solamente es posible por medio de una observaci&oacute;n atenta y un an&aacute;lisis adecuado sino tambi&eacute;n deseable para entender la evoluci&oacute;n de una comunidad reforzando el di&aacute;logo y el v&iacute;nculo social con su paisaje. Con sus consideraciones el autor muestra que es muy real que el paisaje, incluso con lo que calla, hace posible explorar la posibilidad ontol&oacute;gica antes citada. El segundo aspecto de la latencia nos lleva a reflexionar, en el sentido geogr&aacute;fico, sobre el paisaje como porci&oacute;n del mundo y, en el sentido perceptivo, sobre la cuesti&oacute;n de la mirada, del punto de vista del sujeto, que el autor no duda en definir director: de hecho, &lt;&lt;sin nosotros, int&eacute;rpretes, &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a este paisaje?&gt;&gt; (p. 73). Precisamente, los signos esparcidos en &eacute;l son los elementos de un discurso que, cuando analizado apropiadamente, permite remontarse a las estructuras internas de la sociedad correspondiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, gracias a una operaci&oacute;n semi&oacute;tica de varios niveles, y dando por sentado que el punto de partida es infaltablemente perceptivo, es posible reconocer en el escenario que el paisaje ofrece al observador un territorio y su funcionamiento. Los <i>iconemi,</i> signos que emergen de y al mismo tiempo, definen un paisaje, son partes que representan una totalidad: sin&eacute;cdoque geogr&aacute;fica, remiten siempre a la <i>langue</i> de una sociedad. Desde los caracter&iacute;sticos centros enrocados del sur de Italia al Ayers Rock de Australia, Eugenio Turri realiza una reflexi&oacute;n en la que confluyen saber geogr&aacute;fico e hist&oacute;rico, mitos de fundaci&oacute;n y conocimientos antropol&oacute;gicos, pero, especialmente, donde las razones del <i>outsider</i> se cruzan con las del <i>insider,</i> mientras el saber clasificatorio se alimenta del valor del espacio vivido y se vuelve significativo.</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La comunicaci&oacute;n hoy d&iacute;a es expedita y de proporciones colosales; por esto necesita categorizar cada vez m&aacute;s, de simplificar y unificar; &#91;para defenderse de ella&#93; es necesario volverse hist&oacute;rico e indagar en sentido psicosociol&oacute;gico. Hacia esta direcci&oacute;n nos puede conducir la semiolog&iacute;a del paisaje, en cuanto disciplina dedicada a leer el paisaje&#45;texto, a captar en profundidad su sentido &#91;...&#93; como &uacute;nica manera para combatir la tendencia hacia la homologaci&oacute;n y la atop&iacute;a (pp. 96&#45;97).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las perspectivas del autor, para sondear tales profundidades, el investigador tendr&iacute;a que tomar en cuenta ya sea los documentos del catastro o ya sea el saber del <i>griot:</i> tendr&iacute;a que ser capaz de articular la t&eacute;cnica con el mito y la cultura, pues &lt;&lt;el paisaje no puede ser reducido a proyecci&oacute;n objetiva de la realidad territorial &#91;...&#93;; el paisaje en efecto nos lleva al dominio de la representaci&oacute;n&gt;&gt; (p. 135). Hoy d&iacute;a, en el imperio de la t&eacute;cnica, de la geograf&iacute;a de los sat&eacute;lites, del punto de vista totalizador, del desapego extremo, Eugenio Turri nos recuerda que &lt;&lt;esta misma geograf&iacute;a se completar&aacute; y se enriquecer&aacute; solo cuando bajemos del monte para adentrarnos en otras veredas de la selva, o sea batiendo el territorio, penetrando los campos, las ciudades, sus estruendos&gt;&gt; (p. 139).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el carrusel de paisajes que el autor nos propone &#45;tambi&eacute;n por medio de una serie de sugestivas fotos de los distintos rincones del planeta que muestran cu&aacute;n grande es el rol que las im&aacute;genes fotogr&aacute;ficas pueden jugar en el estudio del paisaje&#45; un lugar relevante lo ocupan el desierto y la megal&oacute;polis. El autor enfrenta estos dos "objetos geogr&aacute;ficos" especialmente para sondear la dimensi&oacute;n de la soledad y relacionarla a la "enfermiza" relaci&oacute;n del hombre con su propio ambiente. En el desierto los n&oacute;mades no est&aacute;n solos, en virtud de sus fuertes relaciones interpersonales, mientras en la ciudad contempor&aacute;nea se cierne un aislamiento existencial al que la t&eacute;cnica no sabe como responder. La emancipaci&oacute;n de la naturaleza, demasiado r&aacute;pida y casi siempre sin control, crea disgregaci&oacute;n, p&eacute;rdida de sentido del habitar, catapultando al hombre de hoy en la ruidosa soledad de las metr&oacute;polis. El autor describe este malestar por medio del cinema estadounidense que, desde las batallas con los nativos y las competiciones entre colonos para la posesi&oacute;n de la tierra de los <i>western,</i> pas&oacute; hoy a meter en primer plano las <i>tecnocities,</i> los recovecos desconocidos de los <i>downtowns,</i> y &lt;&lt;las desaforadas periferias de la ciudad que se extienden como mancha de aceite&gt;&gt;, paisajes en los que se esconden enemigos insospechados y que provocan miedos siempre m&aacute;s cercanos o interiores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la contemporaneidad Eugenio Turri dedica un amplio espacio de reflexi&oacute;n, a trav&eacute;s del paisaje urbano que inmediatamente la refleja. Cargado de signos y exhibicionista, el paisaje urbano ha exaltado lo artificial al punto que todo, en su interior, se ve acondicionado por &eacute;l y se vuelve ficticio: los campos circundantes, las vacaciones al mar, a la monta&ntilde;a o lo ex&oacute;tico, nuestros comportamientos de individuos desubicados que han hecho del consumo un factor de identidad pensando, con ingenuidad, poder sustituir con un supuesto bienestar &#45;que se revela, al contrario, m&aacute;s y m&aacute;s artificial y enfermizo&#45; las relaciones intensas y ancestrales con el lugar. De esta manera:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... en Italia y en Occidente en general se tiene la impresi&oacute;n que la fuerza de los intereses econ&oacute;micos y de los juegos de poder se ponga encima de cualquiera instancia en defensa de las nostalgias y los v&iacute;nculos sentimentales con el territorio y sus valores m&aacute;s sagrados, adhiri&eacute;ndose a una ideolog&iacute;a de la modernidad que ha constituido la fuerza del hombre occidental hasta hoy.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hombre ha exasperado su trayectoria hacia la acci&oacute;n &#45;o sea hacia lo artificial, lo racional, lo urbano&#45; hasta el punto de opinar que esa fuera la &uacute;nica manera para responder al silencio que lo rodea, al mutismo inaprensible de las cosas, ilusion&aacute;ndose que la acci&oacute;n fuera una manera para olvidar, evitando las grandes interrogantes, olvidando que la existencia no puede consistir s&oacute;lo de acciones, empe&ntilde;os tenaces, invenciones astutas, sino tambi&eacute;n de pausas, clausuras en la soledad durante las que surgen las preguntas, los momentos en los que nos detenemos para mirar desde afuera el espect&aacute;culo del mundo &#91;...&#93;, condici&oacute;n necesaria para salvar al paisaje y con &eacute;l al hombre (pp. 225&#45;226).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy d&iacute;a, de hecho, &lt;&lt;no es solamente el paisaje que muere sino, como nos hacen entender los poetas, tambi&eacute;n algo importante en el alma de los hombres&gt;&gt; (p. 230). El hombre consumidor ya no conoce los frutos de su territorio y de sus tradiciones, pues adopta productos que vienen de lejos, &lt;&lt;pensados y planeados en los centros de gesti&oacute;n ligados al poder, y trabajados en pa&iacute;ses de mano de obra abundante y barata&gt;&gt; (p. 224); desenganchado de su mundo y de s&iacute; mismo, se mueve en paisajes domesticados y preempaquetados, sean ellos ecum&eacute;nicos anecum&eacute;nicos, pues hoy el paisaje se encuentra en las manos de los planificadores que, en su gran mayor&iacute;a, responden al orden productivo. Sin embargo, aun dentro de un escenario desalentador, parecer&iacute;a sobrevivir para el individuo una posibilidad que el autor vislumbra en:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">un rinc&oacute;n apartado en el <i>saltus,</i> tambi&eacute;n no muy lejos de la casa, encerrado entre los espacios megapolitanos, para colocarse en el silencio contemplando la naturaleza, captando su orden que nos revela &#45;cient&iacute;ficamente, laicamente&#45; la eterna verdad (p. 239).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una posici&oacute;n, esa de Eugenio Turri, que deber&iacute;a ser no s&oacute;lo apreciada sino tambi&eacute;n seriamente considerada especialmente por todos los que, ocup&aacute;ndose de asuntos relacionados con el territorio y el ambiente, corren el riesgo de ser fagocitados por las din&aacute;micas de competici&oacute;n y de la praxis productiva, olvidando el sentido primero que constituye el fundamento de las acciones mismas que generan el paisaje geogr&aacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Traducci&oacute;n al castellano: Rosalba Piazza</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1a"></a><a href="#n1b">1</a> De Eric Dardel, el ge&oacute;grafo humanista que contribuy&oacute; al tema del paisaje en la disciplina. V&eacute;ase especialmente <i>L'homme et la terre,</i> Presses Universitaires de France, Paris, 1952.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4665575&pid=S0188-4611200500020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> &#91;Nota de la traductora.&#93;</font></p>      ]]></body><back>
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