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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jos&eacute; Luis Velasco, <i>Insurgency, Authoritarianism, and Drug Trafficking in Mexico's Democratization</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Cristina Puga</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>(Nueva York: Routledge, 2005), 239 pp.</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;ndo podemos decir que una democracia re&uacute;ne las condiciones m&iacute;nimas para llamarla de ese modo? Numerosos autores se han planteado el problema de los requisitos con los que una democracia debe cumplir y que, de acuerdo con la perspectiva de cada autor, pueden ser desde normas procedimentales referidas fundamentalmente a procesos electorales peri&oacute;dicos, transparentes y participativos, hasta cambios econ&oacute;micos sustantivos que den un contenido social a la libertad y la igualdad contenidas en las reglas del funcionamiento pol&iacute;tico. La existencia de un Estado de derecho y la afirmaci&oacute;n de valores como la tolerancia, el respeto a la pluralidad y a los derechos humanos han sido tambi&eacute;n incluidos como caracter&iacute;sticas deseables de una democracia integral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Luis Velasco se hace esta pregunta referida al proceso de transici&oacute;n democr&aacute;tica en M&eacute;xico, el cual condujo a la alternancia partidaria y al gobierno de Vicente Fox. La pregunta contiene al menos dos zonas de incertidumbre: s&iacute; se puede hablar verdaderamente de un proceso de transici&oacute;n de un r&eacute;gimen autoritario a uno cabalmente democr&aacute;tico y otra, m&aacute;s coyuntural, referida a las posibilidades de ejercicio democr&aacute;tico en el gobierno que se iniciaba en diciembre de 2000. La respuesta de Velasco, fundada en lo ocurrido en la d&eacute;cada 1990&#45;2000, es pesimista. Sostiene la existencia de una democracia incompleta en la que sobreviven pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas autoritarias, en la que la insurgencia constituye un problema latente y en la que el narcotr&aacute;fico amenaza permanentemente la soberan&iacute;a estatal y el poder del Estado. Todo lo anterior lo conduce al diagn&oacute;stico de que "la transici&oacute;n democr&aacute;tica mexicana es real &#45;pero tambi&eacute;n es parcial, d&eacute;bil, contradictoria y superficial". Ello hace que la mexicana sea, por decir lo menos, una democracia amenazada permanentemente por sus propias contradicciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La insurgencia se refiere, por supuesto, al movimiento zapatista que, a pesar de haber depuesto las armas, se mantiene como una importante manifestaci&oacute;n opositora en 2000 &#45;y podr&iacute;amos decir que, a pesar de su decreciente importancia no se puede, de ninguna manera, considerar desaparecido seis a&ntilde;os despu&eacute;s&#45;, y que constituye, por un lado, una voz de alerta acerca de las condiciones de extrema pobreza de muchas comunidades en el pa&iacute;s y, por otro, un fermento de rebeli&oacute;n que, aunque sea desmantelado a la larga por el gobierno, puede resurgir, dadas las caracter&iacute;sticas de desigualdad econ&oacute;mica en el territorio mexicano. M&aacute;s a&uacute;n, dice Velasco, la existencia del movimiento rebelde en un contexto de cambio democr&aacute;tico demuestra que no se requieren condiciones pol&iacute;ticas extremas para que la insurgencia aparezca y amenace la estabilidad de un pa&iacute;s. En contradicci&oacute;n con las expectativas de la literatura de la transici&oacute;n, "en lugar de eliminar &#91;la insurgencia&#93; la transici&oacute;n democr&aacute;tica tiende a hacerla cr&oacute;nica". Ello, en la medida en que los integrantes del movimiento no se atreven a una acci&oacute;n decisiva en contra de gobiernos legitimados electoralmente, y en tanto que los gobiernos tampoco act&uacute;an para eliminar el movimiento porque ello afectar&iacute;a su propia legitimidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al autoritarismo, Velasco lo encuentra fundamentalmente en la persistencia del corporativismo, de la existencia de caciques y de pr&aacute;cticas clientelares y populistas, todo lo cual influye todav&iacute;a en elecciones en las que la participaci&oacute;n es desigual respecto de los grados de escolaridad, de desarrollo econ&oacute;mico regional y de la proveniencia urbana o rural de los votantes, y donde &#45;en la d&eacute;cada estudiada&#45; el PRI segu&iacute;a obteniendo votos a partir del control de sus bases corporativas y del impulso a programas de asistencia social. De hecho, Velasco lleva al extremo el an&aacute;lisis y sostiene que la existencia de procedimientos democr&aacute;ticos no elimina las pr&aacute;cticas autoritarias las cuales, a su vez, se benefician de la desigualdad econ&oacute;mica que favorece el control pol&iacute;tico de los grupos organizados y de comunidades numerosas, es decir, en su opini&oacute;n, la desigualdad es funcional al autoritarismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer elemento que act&uacute;a en contra de una transici&oacute;n democr&aacute;tica integral es el narcotr&aacute;fico, cuya expansi&oacute;n Velasco atribuye a la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, la cual simplifica el flujo de mercanc&iacute;a ilegal a trav&eacute;s de las fronteras y facilita las operaciones financieras. El narcotr&aacute;fico pone en jaque la capacidad del Estado para hacer cumplir la ley, argumenta el autor, al mismo tiempo que propicia tendencias hacia la corrupci&oacute;n, por un lado, y hacia la militarizaci&oacute;n estatal y la violaci&oacute;n de derechos humanos, por el otro. El narcotr&aacute;fico, problema de dimensi&oacute;n mundial, a&ntilde;ade a la transici&oacute;n democr&aacute;tica mexicana un problema m&aacute;s: el de la posici&oacute;n de Estados Unidos, principal consumidor de la droga que se produce o se distribuye desde M&eacute;xico, y que exige una acci&oacute;n eficaz del gobierno mexicano en contra del narcotr&aacute;fico, creando lo que Velasco advierte como un serio dilema que incluso afecta a la soberan&iacute;a estatal: "mantener una lucha contra las drogas que &#91;el gobierno mexicano&#93; es incapaz de ganar, o enfrentar las consecuencias de la hostilidad por parte de los Estados Unidos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a todo lo anterior, Velasco considera insuficiente la definici&oacute;n procedimental de la democracia y sostiene que no es posible considerar que la misma existe solamente a partir de que existan reglas que aseguren procesos electorales y libertades pol&iacute;ticas. Es necesaria una mayor igualdad econ&oacute;mica y social que inhiba pr&aacute;cticas autoritarias y levantamientos rebeldes y que d&eacute; mayor fuerza al Estado frente a la delincuencia organizada. Sugiere inclusive que la postulaci&oacute;n de la democracia como forma deseada de r&eacute;gimen ha invertido el viejo postulado de la teor&iacute;a modernizadora, que consideraba al desarrollo econ&oacute;mico como precondici&oacute;n de la democracia, y la ha sustituido con la noci&oacute;n de que un gobierno democr&aacute;tico es suficiente para lograr la mejora de las condiciones sociales. Con ello no se quiere decir, dice el autor, que un alto nivel de vida es condici&oacute;n indispensable para llegar a la democracia, sino que "en sociedades con una pobreza generalizada y alta desigualdad, el cambio democr&aacute;tico requiere, para tener &eacute;xito, de una mejora sustancial en la distribuci&oacute;n del ingreso", y que "por s&iacute; sola, la democracia procedimental no es capaz de lograr dicho cambio".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, Velasco coincide con la conclusi&oacute;n que, apenas unos cuantos meses despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de su libro, expresar&iacute;a la comisi&oacute;n encargada del estudio sobre la democracia en Am&eacute;rica Latina del Programa para el Desarrollo de la Organizaci&oacute;n de Naciones Unidas (PNUD). La misma advirti&oacute; del riesgo para el sostenimiento de las democracias de una creciente poblaci&oacute;n dispuesta a sacrificar las libertades democr&aacute;ticas por una mejora en sus condiciones de vida, lo cual obliga tanto a poner atenci&oacute;n al problema de la desigualdad como al de la calidad de la democracia. Se trata, sin duda, de un problema largamente discutido, y en el que con frecuencia la disimilitud de los puntos de partida &#45;es decir, de las sociedades avanzadas en donde la democracia se ha impuesto como forma de vida pol&iacute;tica y social&#45; obstruye una visi&oacute;n objetiva de los innumerables obst&aacute;culos con los que tropieza la instauraci&oacute;n de una verdadera democracia en pa&iacute;ses con diversos grados de atraso econ&oacute;mico y social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su libro, Velasco apunta un programa m&iacute;nimo de pol&iacute;tica redistributiva que deber&iacute;a acompa&ntilde;ar al proceso de transici&oacute;n democr&aacute;tica en M&eacute;xico. El mismo incluye programas antipobreza, reformas hacendarias, apoyo a peque&ntilde;as y medianas unidades de producci&oacute;n, infraestructura, inversi&oacute;n en educaci&oacute;n y ciencia y una estrategia de aumento gradual de salarios. Una respuesta que apunta a un programa m&iacute;nimo de cambios que podr&iacute;an mejorar la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y social del pa&iacute;s pero que, dada la magnitud de los problemas reportados por Velasco parecer&iacute;a quedarse corta y susceptible de ser utilizada solamente como propuesta ret&oacute;rica en una campa&ntilde;a pol&iacute;tica. Probablemente, a la luz de la experiencia pol&iacute;tica de los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os, se requerir&iacute;a de un programa m&aacute;s puntual que no s&oacute;lo atienda a las carencias, sino que corrija los errores y omisiones del primer gobierno de alternancia en el pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, a cierta distancia del periodo analizado, sorprende en el trabajo de Velasco la persistencia de problemas que, un sexenio completo m&aacute;s tarde, est&aacute;n lejos de solucionarse. La amenaza del levantamiento armado tal vez se haya disipado gradualmente, pero la organizaci&oacute;n alternativa de los zapatistas en Chiapas sigue vigente y constituye un reto frente al Estado y una denuncia permanente de la todav&iacute;a precaria situaci&oacute;n econ&oacute;mica de la regi&oacute;n. En el caso del narcotr&aacute;fico, su avance ha creado nuevas amenazas a la seguridad interna, en la medida en que se nutre tanto de ex miembros de fuerzas polic&iacute;acas o militares como posiblemente de antiguos integrantes de movimientos de corte revolucionario, y debido a que ha comenzado a disputar abiertamente el monopolio de la violencia en el pa&iacute;s. La creciente presencia de fuerzas militares como garantes del orden pone de manifiesto la peligrosa situaci&oacute;n de un gobierno que trata, sin mucho &eacute;xito, de controlar a grupos delictivos transnacionalizados cada vez m&aacute;s audaces y m&aacute;s agresivos. De otra parte, el autoritarismo, modificado, resurge en acciones gubernamentales, como fue el uso de la autoridad presidencial para influir en las elecciones del 2006, al igual que en la persistencia de monopolios gremiales con l&iacute;deres de moralidad dudosa al frente o en los procesos internos de los partidos pol&iacute;ticos. As&iacute;, pese a un creciente proceso de institucionalizaci&oacute;n democr&aacute;tica, a cambios importantes en la conciencia ciudadana y en las pr&aacute;cticas electorales y a una creciente adopci&oacute;n de valores democr&aacute;ticos, la visi&oacute;n pesimista de Jos&eacute; Luis Velasco constituye una llamada de atenci&oacute;n que no se puede dejar de atender.</font></p>     ]]></body>
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