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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>M&oacute;nica Guiti&aacute;n Gal&aacute;n y Gina Zabludovsky Kuper, coords. <i>Sociolog&iacute;a y modernidad tard&iacute;a: entre la tradici&oacute;n y los nuevos retos</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Benjam&iacute;n Arditi*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>(M&eacute;xico: UNAM/Juan Pablos, 2003), 332 pp.</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si hubiera que identificar el marco general en el que se mueven los once trabajos incluidos en este volumen colectivo &eacute;ste ser&iacute;a, sin duda, el contrapunto entre primera y segunda modernidades. El subt&iacute;tulo del libro <i>(entre la tradici&oacute;n y los nuevos retos)</i> refleja la tem&aacute;tica del libro mejor que el propio t&iacute;tulo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de ese marco, los temas y autores abordados son muy diversos y en gran medida sintom&aacute;ticos del estado actual de la investigaci&oacute;n sociol&oacute;gica. Los cap&iacute;tulos tratan la teor&iacute;a de sistemas, la burocracia en la era postfordista, el redescubrimiento del impacto de los <i>afectos</i> para pensar la racionalidad burocr&aacute;tica, la noci&oacute;n de imaginario social, la sociedad de riesgo, los intelectuales, la noci&oacute;n de extranjero, o m&aacute;s gen&eacute;ricamente, nuestra relaci&oacute;n con el otro, etc. Entre los autores citados figuran cl&aacute;sicos como Comte, Durkheim, Marx y Weber, h&iacute;bridos entre cl&aacute;sicos y contempor&aacute;neos como Manheim y Simmel, y contempor&aacute;neos como Castoriadis, Luhmann, Beck, Bauman, Giddens, Koselleck y Albrow.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ALGUNOS LOGROS DEL LIBRO</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Margarita Olvera me parece particularmente l&uacute;cido en su esfuerzo por posicionar el campo sociol&oacute;gico precisamente en el tr&aacute;nsito entre la primera y la segunda modernidades. Para ello Olvera invoca una frase de Weber que deber&iacute;a estar grabada en la mente de todo estudiante de sociolog&iacute;a, a saber, que las ciencias hist&oacute;rico&#45;sociales son eternamente j&oacute;venes porque sus herramientas cambian a medida que va modific&aacute;ndose el tipo de horizonte de significaci&oacute;n cultural que tenemos, lo cual va de la mano con las transformaciones de la propia estructura de las sociedades. No hay invariantes en la producci&oacute;n de conceptos de las ciencias sociales pues esa producci&oacute;n se resignifica a s&iacute; misma resignific&aacute;ndose continuamente. Al igual que en el t&iacute;tulo de un libro de Norbert Lechner, <i>La conflictiva y nunca acabada construcci&oacute;n del orden deseado,</i> podr&iacute;amos decir que Weber habla de una conflictiva y nunca acabada construcci&oacute;n de los conceptos deseados de las ciencias sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olvera hace una descripci&oacute;n clara y somera del optimismo de la primera modernidad (cuyo arquetipo en la sociolog&iacute;a ser&iacute;a alguien como Comte), con su fe en la ciencia y el progreso, y la creencia en que tarde o temprano podr&iacute;amos tornar al mundo transparente. Esta fe permit&iacute;a establecer la superioridad de la modernidad en relaci&oacute;n con las &eacute;pocas anteriores, dando origen a una visi&oacute;n unitaria de la historia y al eurocentrismo presente en las reflexiones de la sociolog&iacute;a cl&aacute;sica. En contraste con esto, Olvera asocia la segunda modernidad con el advenimiento de una cierta humildad en las ciencias sociales que dejan de creer en claves universales para descifrar la realidad "tal cual es". Esta segunda modernidad ya no espera llegar en un momento dado a una idea de la humanidad reconciliada consigo misma y acepta la ambig&uuml;edad o el car&aacute;cter contradictorio de la existencia como algo normal y no como anomal&iacute;a. Adem&aacute;s, si el mito movilizador de los pensadores de la Ilustraci&oacute;n fue la b&uacute;squeda de leyes generales del esp&iacute;ritu humano y del desarrollo social, la segunda modernidad las pone en cuesti&oacute;n dado que se interesa menos por lo necesario que por lo contingente (entendiendo que 'contingente' aqu&iacute; no se refiere a lo aleatorio, sino m&aacute;s bien a que las cosas siempre podr&iacute;an haber podido ser distintas).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de M&oacute;nica Guiti&aacute;n en torno a las sociedades de riesgo retoma el tipo de preocupaciones expuestas por Olvera. Se pregunta acerca del nacimiento de la sociolog&iacute;a como disciplina en la segunda mitad del siglo XIX en el contexto de una crisis originada en el tr&aacute;nsito de una sociedad tradicional a una sociedad industrial. Guiti&aacute;n apela a la conocida reflexi&oacute;n de Marx y Engels acerca de la aceleraci&oacute;n del proceso de cambio en el <i>Manifiesto,</i> cuando dicen que "todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire, todas las relaciones anquilosadas saltan por los aires, todo lo que es sacro termina siendo profanado". &Eacute;ste es el contexto en el que surge la sociolog&iacute;a como esfuerzo por comprender lo que est&aacute; pasando. Quiere producir alg&uacute;n tipo de certezas reordenando el mundo, un mundo que aceptamos, seg&uacute;n Weber, como finalmente desencantado, desprovisto de esp&iacute;ritus detr&aacute;s de los procesos naturales y las relaciones sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A medida en que nos adentramos en la segunda modernidad, la sociolog&iacute;a no s&oacute;lo pregona la humildad de las ciencias sociales, sino que desarrolla tambi&eacute;n una visi&oacute;n pesimista. Guiti&aacute;n la asocia inicialmente con los diagn&oacute;sticos de la Escuela de Frankfurt, la cual percibe el <i>irracionalismo</i> de la modernidad all&iacute; donde antes las ciencias sociales ve&iacute;an un proceso sin fin de racionalizaci&oacute;n del mundo. Este irracionalismo tiene cuando menos dos nombres propios y un concepto: Auschwitz e Hiroshima, y el totalitarismo del siglo XX. La raz&oacute;n que nos iba a hacer libres tambi&eacute;n nos dio Auschwitz y los sistemas totalitarios. Como parte de esta visi&oacute;n pesimista, Guiti&aacute;n se remite a Maquiavelo para recordarnos la importancia de la noci&oacute;n de <i>fortuna</i> en este autor. La usa en el sentido habitual de aquello que rebasa toda acci&oacute;n y decisi&oacute;n humanas, aquello que es impredecible, pero tambi&eacute;n como s&iacute;ntoma de lo contingente. Propone esto en relaci&oacute;n con la tesis de Beck acerca de las sociedades de riesgo y la incertidumbre que instauran. Dicho sea de paso, esto no es muy distinto de lo que plantea Derrida en <i>Fuerza de ley</i> cuando sostiene que toda decisi&oacute;n implica riesgo y que el riesgo necesariamente implica incertidumbre acerca de las consecuencias de cualquier decisi&oacute;n. Guiti&aacute;n agrega que la incertidumbre es un efecto de la propia intervenci&oacute;n humana y no de un mundo natural que tarde o temprano podremos domesticar. Podemos construir diques para que no se desborden los r&iacute;os, como dec&iacute;a Maquiavelo, pero eso no sirve para la incertidumbre que surge de la intervenci&oacute;n humana. Seg&uacute;n esta autora, la idea resume la visi&oacute;n de la segunda modernidad le&iacute;da desde la &oacute;ptica de la sociedad de riesgo. Como Olvera, nos recuerda que la segunda modernidad ha perdido su fe en el progreso e instaura lo que Giddens y otros llaman la reflexividad generalizada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Gina Zabludovsky busca poner al d&iacute;a el estudio de Weber acerca de la dominaci&oacute;n legal racional de las burocracias modernas. Su tesis b&aacute;sica es que es necesario historizar los tipos ideales de la dominaci&oacute;n legal racional, algo que es consonante con la referencia a la eterna juventud de las ciencias hist&oacute;rico&#45;sociales o hist&oacute;rico&#45;humanas de Weber. Cuando Zabludovsky habla de <i>historizar</i> los tipos ideales, nos est&aacute; recordando que algo ha cambiado. Weber hablaba de la dominaci&oacute;n legal racional como un esfuerzo por racionalizar el mundo, lo cual implicaba reglas impersonales, la profesionalizaci&oacute;n de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, la pir&aacute;mide jer&aacute;rquica en las instituciones, etc. Pero en esta aproximaci&oacute;n a la dominaci&oacute;n burocr&aacute;tica, las <i>emociones</i> est&aacute;n ausentes o al menos tratadas de manera tangencial. Zabludovsky las recupera, y esta recuperaci&oacute;n es parte de lo que ella entiende por 'historizar' los tipos ideales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sus principales fuentes son los trabajos de Rossabeth Moss Kanter y Martin Albrow. El estudio de Moss Kanter, que se basa en los niveles medios y altos de la burocracia, descubre la importancia de dos elementos que hab&iacute;an sido pasados por alto en el estudio de las organizaciones: la funci&oacute;n de las secretarias ejecutivas y la de las esposas en la carrera de altos funcionarios. Las esposas no figuran en el organigrama de las organizaciones y no tienen la obligaci&oacute;n de participar en sus actividades, pero su funci&oacute;n informal como diplom&aacute;ticas, dice Zabludovsky, puede ayudar o perjudicar la carrera de su c&oacute;nyuge. En este quehacer, la esposa, supuestamente parte del &aacute;mbito privado, irrumpe en la esfera de lo p&uacute;blico y con ello trastoca las fronteras tradicionales entre lo p&uacute;blico y lo privado. Las secretarias hacen otro tanto. Si antes su funci&oacute;n era vista como una suerte de anomal&iacute;a dentro de la racionalidad jer&aacute;rquica del sistema burocr&aacute;tico, la sociolog&iacute;a actual ve en ellas algo distinto, a saber, una manera de romper con el car&aacute;cter impersonal y rutinario de las jerarqu&iacute;as: las secretarias funcionan como s&iacute;mbolo del estatus de los superiores y su movilidad dentro de la jerarqu&iacute;a de la organizaci&oacute;n est&aacute; dada por la movilidad de sus jefes. Zabludovsky conecta esto con la reflexi&oacute;n de Albrow acerca del lado emocional de las organizaciones. Albrow alega que Weber y otros soci&oacute;logos descartaron o no le dieron suficiente importancia a emociones como el amor, el odio o, en general, el afecto en la reflexi&oacute;n acerca de la burocracia. Para Zabludovsky la cr&iacute;tica es correcta, pero la matiza diciendo que Weber no se olvid&oacute; por completo del lado afectivo o del lado emocional dado que hablaba de la pasi&oacute;n y la entrega que est&aacute;n presentes en la mentalidad empresarial (y sin las cuales no puede haber un buen empresario).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s adelante Zabludovsky aborda el tema del riesgo &#151;y con ello establece un puente con el escrito de Guiti&aacute;n&#151; diciendo que las sociedades de riesgo han roto con la idea de modelos estandarizados. Sabemos que en la concepci&oacute;n cl&aacute;sica, la burocracia funciona con base en una pir&aacute;mide y un organigrama regido por el principio de obediencia al superior jer&aacute;rquico. Las sociedades actuales, en cambio, caracterizadas por la preeminencia de flujos transversales en vez de encierros en espacios disciplinarios, comienzan a parecerse cada vez m&aacute;s a lo que gente como Deleuze y Negri denominan 'sociedades postfordistas'. &Eacute;stas privilegian la adaptabilidad ante cambios r&aacute;pidos y frecuentes, la comunicaci&oacute;n e innovaci&oacute;n en el lugar de trabajo, la <i>total quality</i> y la producci&oacute;n <i>just in time.</i> Si bien &eacute;sta no es la terminolog&iacute;a que usa Zabludovsky, su escrito se remite a ella directamente cuando menciona las redes, esto es, las transformaciones del pensamiento sociol&oacute;gico en torno a la dominaci&oacute;n legal racional a partir de la noci&oacute;n de redes. Nos dice que las redes funcionan con equipos de trabajo horizontales que van mucho m&aacute;s all&aacute; del organigrama y la pir&aacute;mide organizativa de una empresa o dependencia p&uacute;blica. Algo similar se da en los sistemas de expertos, pues su funcionamiento excede los par&aacute;metros jer&aacute;rquicos de la dominaci&oacute;n legal racional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ALGUNOS SILENCIOS TEM&Aacute;TICOS</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, pues, de un libro serio, interesante y relevante para estudiantes y profesores de sociolog&iacute;a y otras ciencias sociales. Pero tambi&eacute;n cabe mencionar algunos temas que el libro deja de lado o que est&aacute;n presentes sin ser explicitados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de ellos es la creencia impl&iacute;cita en que la modernidad reflexiva da en el blanco en su comprensi&oacute;n del mundo. El contraste es claro entre primera y segunda modernidades: fe en el progreso y creencia en certezas 'duras', en la primera, y descubrimiento del irracionalismo que est&aacute; presente en la propia modernidad cuando se pasa a la segunda. A ratos parece que los autores impl&iacute;citamente sugieren que la ingenuidad de la primera modernidad ha sido superada en la modernidad reflexiva y que &eacute;sta, adem&aacute;s, describe mejor al mundo al reconocer la contingencia como un dato constitutivo y no accidental del an&aacute;lisis. Dicho de otro modo, si bien alguien como Marx nos hablaba de la contingencia ya en el siglo XIX al sostener que todo lo que es s&oacute;lido se desvanece, la segunda modernidad, que acepta abiertamente la ausencia de fundamentos &uacute;ltimos, es la que efectivamente produce un acoplamiento correcto entre conocimiento y mundo en una suerte de teor&iacute;a de la verdad como correspondencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo tema tiene que ver con el reverso de la segunda modernidad. Guiti&aacute;n menciona algo al respecto cuando se refiere a Auschwitz, Hiroshima y los fen&oacute;menos totalitarios en general, pero no hay una puesta en escena del reverso generado por algunos de los supuestos de la propia modernidad reflexiva. Me refiero especialmente a la relaci&oacute;n entre particularismo y universalismo. La primera modernidad reivindic&oacute; el universalismo, cosa que algunos de sus cr&iacute;ticos &#151;en especial Lyotard&#151; pusieron en cuesti&oacute;n al sostener que los grandes relatos de la Ilustraci&oacute;n no son universales, sino m&aacute;s bien metonimias de la parte (Europa) por el todo (el planeta). En contraste, la reivindicaci&oacute;n de los particularismos en la modernidad tard&iacute;a sirvi&oacute; como contrapeso al imperialismo de las grandes narrativas, lo cual result&oacute; ser muy positivo pues permiti&oacute; rescatar la dignidad de las culturas perif&eacute;ricas. Sin embargo, la propia reivindicaci&oacute;n radical del particularismo tambi&eacute;n gener&oacute; efectos negativos. Me refiero al propio reverso de la diferencia o de los particularismos. Si anteriormente la relaci&oacute;n centro&#45;periferia pon&iacute;a a las culturas perif&eacute;ricas en una relaci&oacute;n subalterna y de dominaci&oacute;n en relaci&oacute;n con las emanadas del centro, el debate de los a&ntilde;os ochenta y parte de los noventa acerca de la 'pol&iacute;tica de la identidad' y de lo 'pol&iacute;ticamente correcto' busc&oacute; revertir esta jerarqu&iacute;a, pero al hacerlo, gener&oacute; un cierto separatismo identitario o endurecimiento de las fronteras entre grupos subalternos. Por ejemplo, si todo universal deviene sospechoso, entonces s&oacute;lo un particularismo como 'los latinos' est&aacute; habilitado para hablar leg&iacute;timamente sobre la latinidad dado que un blanco o una blanca estar&iacute;an marcados de partida por provenir de sectores dominantes. Habr&iacute;a sido interesante hacer alguna referencia a este reverso ya no del eurocentrismo, sino de su cr&iacute;tica. &iquest;Qu&eacute; ha pasado con la reivindicaci&oacute;n multiculturalista en t&eacute;rminos de las posibles fragmentaciones del espacio social en t&eacute;rminos de la dificultad de las articulaciones supraparticulares o supragrupales?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer y &uacute;ltimo tema es el de la naturaleza del pasaje entre primera y segunda modernidades, pues parecer&iacute;a que hay un apego impl&iacute;cito a lo que Althusser sol&iacute;a llamar 'ruptura epistemol&oacute;gica', esto es, la idea de que lo nuevo se puede liberar de las huellas contaminantes del pasado. Por ejemplo, cuando critica las utop&iacute;as racionalistas de la primera modernidad, se puede ver en el escrito de Margarita Olvera una inclinaci&oacute;n a pensar que esa cr&iacute;tica supone un cambio irreversible. Hay que sospechar de la idea de rupturas sin residuos del pasado, de que la historia no se puede torcer o que el pasado no sobrevive en el presente. La reversibilidad es o deber&iacute;a ser vista como una de las posibilidades estructurales de la segunda modernidad. De lo contrario, no podr&iacute;amos explicar el resurgimiento de nacionalismos genocidas o fanatismos religiosos en una modernidad que se ha vuelto consciente de la contingencia de la existencia. Ni el nacionalismo ni la religi&oacute;n son utop&iacute;as racionalistas, claro, pero son s&iacute;ntomas de lo que podr&iacute;a ser un reverso presente en un mundo que ha aceptado la contingencia. &iquest;Cu&aacute;les podr&iacute;an ser algunos de los l&iacute;mites de la propia contingencia defendida por la modernidad reflexiva?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">UN POCO DE ESTO Y OTRO POCO DE AQUELLO</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Querr&iacute;a tambi&eacute;n mencionar algunas observaciones adicionales acerca de otros trabajos del volumen. El cap&iacute;tulo de Laura Hern&aacute;ndez sobre Luhmann es claro e instructivo, una buena introducci&oacute;n a la teor&iacute;a de sistemas, pero al leerlo surge la sospecha de una cierta endogamia que comparte con otros investigadores dentro de la tradici&oacute;n de la teor&iacute;a de sistemas. Hay una tendencia a explicar en qu&eacute; consiste la teor&iacute;a de sistemas, la autopoiesis, la observaci&oacute;n de segundo orden o la l&oacute;gica de Spencer&#45;Brown, lo cual es importante en un texto que pretende clarificar a Luhmann y servir como apoyo a la docencia, pero no hay un esfuerzo comparable por tender puentes con debates que est&aacute;n ocurriendo fuera de la teor&iacute;a de sistemas. Tomemos como ejemplo la tesis de Luhmann de que todo sistema tiene un afuera, que ese afuera es un entorno y que el entorno no es la cosa en s&iacute;, sino m&aacute;s bien otro sistema. Esto podr&iacute;a conectarse con lo que sostienen quienes trabajan en la teor&iacute;a del discurso, sea la tradici&oacute;n anglosajona de juegos y actos de lenguaje (Wittgenstein, Austin, Searle) o la tradici&oacute;n francesa asociada con trabajos de Derrida. Cuando Derrida sostiene que con la muerte de Dios, es decir, con la desaparici&oacute;n de los referentes trascendentales, ya no hay nada fuera del texto, pues todo se vuelve discurso, tenemos algo similar a lo que propone Luhmann al decir que el afuera del sistema no es lo real, sino un entorno sist&eacute;mico. &Eacute;ste es s&oacute;lo un ejemplo, pero hay otros. Hubiera sido interesante ver en el trabajo de Hern&aacute;ndez algunos puentes con otras tradiciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo de H&eacute;ctor Vera sobre los intelectuales tiene, entre otros m&eacute;ritos, el de haber rescatado la acertada distinci&oacute;n que hace Zygmunt Bauman en <i>Legisladores e int&eacute;rpretes</i> para pensar la autopercepci&oacute;n de los intelectuales en la primera y segunda modernidades: en una son legisladores que ordenan el mundo mientras que en la otra devienen int&eacute;rpretes de un mundo cuyo sentido &uacute;ltimo se les escapa. Sin embargo, hay un silencio en cuanto a la relaci&oacute;n entre intelectuales y pol&iacute;tica. Por ejemplo, la noci&oacute;n de 'intelectual org&aacute;nico' popularizada por Gramsci, que sigue siendo usada en la reflexi&oacute;n pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. Alternativamente, si se considera que la idea de intelectual org&aacute;nico es sesgada por cuanto se refiere a hombres y mujeres de partido y con un compromiso de clase, se podr&iacute;a haber abordado el tema de la relaci&oacute;n intelectual&#45;pol&iacute;tica viendo, como sugiere Castoriadis, la figura del intelectual como ciudadano, como persona que interviene en la esfera p&uacute;blica sea para diagnosticar un estado de cosas existente, para mantenerlo o para transformarlo. Tambi&eacute;n habr&iacute;a sido interesante, aunque tal vez de manera m&aacute;s tangencial, mencionar a los 'trabajadores de la cultura', otro rostro de los intelectuales en la modernidad, particularmente en la primera mitad del siglo XX. Esta figura incluye no s&oacute;lo a fil&oacute;sofos e intelectuales asociados con un proyecto pol&iacute;tico, sino tambi&eacute;n a artistas pl&aacute;sticos, compositores e int&eacute;rpretes, literatos, profesores, etc. Esta denominaci&oacute;n, que busca desmitificar el trabajo cultural y acercarlo al trabajo del proletariado, est&aacute; muy relacionada con los fen&oacute;menos totalitarios, especialmente el fascismo italiano y el comunismo sovi&eacute;tico. A diferencia del trabajador manual, el trabajador de la cultura no genera plusvalor, pero al denominar a este &uacute;ltimo como 'trabajador', se le dignificaba por asociaci&oacute;n con los trabajadores manuales. La categor&iacute;a 'cultura' dejaba de ser algo superior o especial y quedaba subsumida dentro de las generalidades de la producci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el escrito de Deborah Roitman sobre el extranjero hay una referencia sumamente sugerente tomada de Simmel, a saber, que el extranjero es visto como el otro disonante u ofensivo, y es ofensivo porque constituye una proximidad lejana. Lo interesante aqu&iacute; es el ox&iacute;moron 'proximidad lejana', aquello que es familiar pero al mismo tiempo desconocido y tal vez por eso mismo, amenazante. Roitman procede a conectar esta idea de Simmel con la tesis de las m&uacute;ltiples modernidades de Eisenstadt y habla de m&uacute;ltiples formas de ser extranjero: m&uacute;ltiples formas de experimentar esta proximidad lejana de la extranjeridad. Lo que tal vez diminuye un tanto la fuerza de esta sugerente conexi&oacute;n entre Simmel y Eisenstadt es la tendencia del trabajo a pensar al Otro simplemente como excluido, o a pensarlo como aquel que afecta a un cierto nosotros concebido como homog&eacute;neo. &iquest;Qu&eacute; ocurre cuando el otro se inserta en un medio pero al mismo tiempo evita toda contaminaci&oacute;n con ese medio erigiendo una suerte de 'condones culturales' (como los describe el fil&oacute;sofo belga Rudi Visker)? No se trata de lo que se conoce como 'asimilaci&oacute;n', sino m&aacute;s bien de una inversi&oacute;n de la 'proximidad lejana' de Simmel: es el entorno el que deviene extranjero, pr&oacute;ximo y a la vez lejano. Es posible conectar esto con lo que se ha mencionado acerca del reverso de la diferencia. Si hay m&uacute;ltiples formas de ser extranjero, y &eacute;stas invierten la configuraci&oacute;n habitual de la proximidad lejana, entonces es posible pensar en una multiplicaci&oacute;n de figuras excluyentes del 'nosotros'. En vez de un 'nosotros' los ciudadanos, por ejemplo, habr&iacute;a una serie de nosotros: 'nosotras' las lesbianas, 'nosotros' los musulmanes, 'nosotros' los chicanos y as&iacute; por el estilo, con sus respectivos 'condones culturales' que llevan a un cierto separatismo el cual dificulta las articulaciones horizontales entre estos distintos 'nosotros' excluyentes. El problema, pues, es qu&eacute; se hace cuando el otro, para poder afirmar su otredad, termina erigiendo barreras que separan a grupos culturalmente diversos. Una de las posibilidades es una suerte de <i>apartheid</i> progresista en el que el otro no es la v&iacute;ctima de un exclusi&oacute;n forzada, sino m&aacute;s bien alguien que se glorifica a s&iacute; mismo en cuanto otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, &iquest;el libro funciona o no funciona? Me parece que s&iacute;, pues cumple el prop&oacute;sito para el cual fue pensado, a saber, brindar una reflexi&oacute;n en torno a la modernidad que sirva como apoyo para la docencia. Uno puede simpatizar o no con un abordaje te&oacute;rico, con el tratamiento de un autor o con el tratamiento de un tema, pero se trata de un volumen interesante e informativo. Cubre a autores que son parte del canon sociol&oacute;gico contempor&aacute;neo &#151;Albrow, Bauman, Beck, Castoriadis, Eisenstadt, Giddens o Luhmann, por mencionar s&oacute;lo algunos&#151; y los debates centrales de esa disciplina. Es un libro recomendable para estudiantes y maestros de ciencias sociales.</font></p>      ]]></body>
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