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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>Cr&iacute;tica de libros </b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Entre yoris y guarij&iacute;os</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hilario Topete Lara</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Doctor en antropolog&iacute;a. Profesor de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y docencia adscrito a la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. Su labor editorial abarca desde ediciones, coordinaciones, art&iacute;culos cient&iacute;ficos, ensayos y art&iacute;culos de divulgaci&oacute;n.</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dice el dicho: "m&aacute;s vale tarde que nunca". Otro m&aacute;s reza: "a cada capillita le llega su fiestecita". Ambos vienen "como anillo al dedo" en esta ocasi&oacute;n en que Mar&iacute;a Teresa Valdivia Dounce nos concede el privilegio de re&#45;presentar una de sus obras en la instituci&oacute;n donde deber&iacute;a ser m&aacute;s le&iacute;da (la ENAH) y nos invita (concita) regala su presencia no para recibir el elogio vano o el halago gratuito y sin sentido, sino para hacer lo que mejor se le da: prodigarse hacia los dem&aacute;s en toda su riqueza pol&eacute;mica, creatividad, tes&oacute;n, honestidad... y su libro <i>Entre yoris y guarij&iacute;os. Cr&oacute;nicas sobre el quehacer antropol&oacute;gico</i> es su mejor carta de presentaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es frecuente que rese&ntilde;e libros pero en esta ocasi&oacute;n no pude resistirme. Tengo mis razones: con frecuencia mi ignorancia o mi candidez se ruborizan cuando luego de asumir una actitud cr&iacute;tica ante el libro presentado, se me replica con alg&uacute;n as bajo la manga o con un reclamo por la mala lectura que hubiese hecho del libro. Eventualmente los aciertos reciben como respuesta silencios ("al buen entendedor pocas palabras", supongo) y, salvo las felicitaciones, lo dem&aacute;s me deja el amargo sabor de la insatisfacci&oacute;n. Para rematar, casi siempre se piensa que "nunca segundas partes fueron mejores" (y, en cierta forma, esta es una re&#45;presentaci&oacute;n y una rese&ntilde;a alterna), aunque no lo creo ni en un &aacute;pice. Pero pusieron en mis manos un texto que, incre&iacute;blemente llevaba ya dos a&ntilde;os victimizado por mi ignorancia sobre su existencia. Ya me he arrepentido por ello. Y como "de arrepentidos est&aacute;n llenos los infiernos", desde mi arrepentimiento voy a referirme a <i>Entre yoris y guarij&iacute;os...</i> cuyas virtudes, de inicio, son su estupenda calidad, adem&aacute;s de ser ameno, enriquecedor, propositivo y did&aacute;ctico, lo que no es poca cosa. Una vez le&iacute;do, decid&iacute; que merec&iacute;a algo m&aacute;s que un comercial vacuo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Radiogr&aacute;ficamente es f&aacute;cil describir la obra: Es un libro editado por el Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas de la UNAM, con s&oacute;lo 500 ejemplares de tiraje, compuesto por Rub&iacute; Fern&aacute;ndez y Martha Gonz&aacute;lez, corregido por Mauricio L&oacute;pez y Adriana Inch&aacute;ustegui y editado por Ada Ligia Torres. Consta de 261 p&aacute;ginas. En su secci&oacute;n media, la autora dispuso 27 fotograf&iacute;as y cinco mapas y, hacia el final, una secci&oacute;n de Ap&eacute;ndices compuesta por una cronolog&iacute;a con noticias sobre el pueblo guarij&iacute;o, otra de fuentes sobre guarij&iacute;os en Sonora y la bibliograf&iacute;a de apoyo utilizada por la autora. Pero como a una rese&ntilde;a nadie se acerca para ver formas, sino contenido, podemos adelantar que el texto tiene una presentaci&oacute;n autoral mediante la cual hacemos un breve recorrido por las andanzas de la autora entre los guarij&iacute;os y los avatares y personajes que constituyeron parte del contexto y el proceso de creaci&oacute;n de la obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo apartado, que ning&uacute;n escritor &#151;ni estudiante&#151; de antropolog&iacute;a deber&iacute;a dejar de leer, es la presentaci&oacute;n erudita y cr&iacute;tica que realiza Andr&eacute;s Medina Hern&aacute;ndez a la cual titul&oacute; "La l&iacute;nea difusa: etnograf&iacute;a y literatura en la antropolog&iacute;a mexicana", centrado en la etnograf&iacute;a (como actividad y como producto) y en la literatura. En &eacute;ste, Andr&eacute;s penetra en los estilos y formas de escribir antropolog&iacute;a y sus alrededores. Uno no puede menos que sentir que toman otra direcci&oacute;n algunas de las impresiones propias dejadas por las lecturas de materiales contrastantes como las imposturas de Carlos Castaneda, el sensacionalismo period&iacute;stico de Fernando Ben&iacute;tez, el periodismo serio de Fernando Jord&aacute;n, y, claro, los contrastes entre los textos antropol&oacute;gicos de Malinowski, Villa Rojas y otros, frente a <i>Los hijos de S&aacute;nchez, Juan P&eacute;rez Jolote</i> y <i>El antrop&oacute;logo inocente,</i> no sin reconocer los trabajos de etnograf&iacute;a literaturizada de Francisco Rojas Gonz&aacute;lez y, con las distancias del caso, de Rosario Castellanos, un excelente recorrido cr&iacute;tico que nos recuerda "aquello que no se ve" porque est&aacute; "m&aacute;s antes" del producto, y que Carlos Garc&iacute;a Mora (2004) lo hab&iacute;a puesto en relieve a&ntilde;os atr&aacute;s en "El delicioso suplicio de escribir antropolog&iacute;a". Hacia el final centra su atenci&oacute;n en la autora y de ella exalta, entre otras virtudes, su calidad acad&eacute;mica, &eacute;tica y pol&iacute;tica que se trasluce a cada paso de las tres secciones siguientes, salidas "de su pluma".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un tercer apartado lo constituye "Sierra de nadie", un documento testimonial de Teresa que nos habla de sus andares en el extinto Instituto Nacional Indigenista (INI), de su esp&iacute;ritu respond&oacute;n e indome&ntilde;able, de su compromiso con su profesi&oacute;n y su ideolog&iacute;a pol&iacute;tica, de su palabra empe&ntilde;ada con los guarij&iacute;os, de la solidaridad y hospitalidad de los guarij&iacute;os y yoris, de los mayos, de los yaquis, de tierra apropiadas por los mestizos y trabajadas en condiciones miserables por los ind&iacute;genas, de los campos de amapola en la Sierra de &Aacute;lamos y monta&ntilde;a m&aacute;s arriba, del caf&eacute; con lim&oacute;n y harta az&uacute;car (el m&eacute;dico del INI, al parecer, nunca les provey&oacute; de pastillas de sal) para combatir la deshidrataci&oacute;n, de los dormires a cielo raso, en un catre (en el porche, en la banqueta, en el corral), de los acosos e intr&iacute;ngulis de los jefes, de sus denuncias y renuncia (al INI), de los ind&iacute;genistas de escritorio, del agua puerca para beber y de las hambres sufridas constantemente, de su acompa&ntilde;amiento a los ind&iacute;genas para conseguir tierra, escuela, centro de salud, profesores y m&eacute;dico, de su gusto por la Pac&iacute;fico pero que no bebi&oacute; <i>yocojihua</i> o <i>bachomohaqui,</i><sup><a href="#notas">1</a></sup> del olor (y agrego, del color) de la miseria, de su condici&oacute;n de mujer en un mundo de "machines" donde hubo de ganarse un lugar y hacerse respetar, de una pluma que "no tiene pelos en el <i>roll on",</i> que no le tiembla el <i>mouse</i> ni se le "amacha el teclado" para escribir las cosas como las vio, como las vivi&oacute; andando por la serran&iacute;a semides&eacute;rtica del sur de Sonora que colinda con Chihuahua.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al leerlo, no pude menos que rememorar los paisajes de <i>etchos</i> (sahuaros, cactus) y mezquites, de <i>yoris</i> (mestizos) entonando <i>tuburi</i> (cantos) o asistiendo, quiz&aacute; a un <i>conti</i> (reuni&oacute;n fiestera o conmemorativa) en el Bajo R&iacute;o Mayo, o compartiendo un <i>wakabaki</i> (caldo de res) o un <i>shivobaki</i> (caldo de chivo) mientras se escucha y se ve la danza de <i>pajkola</i> ejecutada por hombres enfundados en su "azapeta" y su <i>kotes&iacute;</i> y misteriosamente ocultos tras una m&aacute;scara. Y al narrarnos su experiencia para convencer a <i>yoris</i> y a autoridades gubernamentales para dotar de tierras a sus guarij&iacute;os, y c&oacute;mo "tirios y troyanos" se pon&iacute;an ariscos, no se puede m&aacute;s que recordar que algunos funcionarios de ayuntamientos, de gobierno (profesores entre ellos) eran verdaderos terratenientes exprimidores se ind&iacute;genas que, entecos, arrastrando su miseria, se acercaban a pedir trabajo en las tierras que la tradici&oacute;n les dec&iacute;a, antes eran suyas. La muina tiene sus "razones que hacen engordar las venas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le&iacute; el apartado de un jal&oacute;n, "como Dios manda", y, de la misma forma que cuando le&iacute; <i>El antrop&oacute;logo inocente,</i> no pude contener las carcajadas. "Me gan&oacute; la risa", pues. Tambi&eacute;n record&eacute; a cada rato que "en tierra de mentirosos el c&iacute;nico es un virtuoso" pero en cada ocasi&oacute;n prefer&iacute; pensar, porque conozco algo de la trayectoria profesional de Queresa (como le llamaba Cipriano Buitimea, el testimoniante del apartado "Como una huella pintada, en este libro), que no fue cinismo, sino "la pura verd&aacute;": s&oacute;lo los que conocieron al monstruo de los Centros Coordinados en sus entra&ntilde;as saben c&oacute;mo a veces el alimento se trasformaba en otra cosa; y pocos, como la autora, supieron c&oacute;mo no embarrarse con esa cosa. Tambi&eacute;n me gan&oacute; la nostalgia porque casi justo cuando ella llegaba a San Bernardo, desde Navojoa, yo sal&iacute;a de esa ciudad sursonorense luego que en las v&iacute;as de esa localidad hab&iacute;an destrozado una de las &uacute;ltimas c&eacute;lulas guerrilleras de la Liga Comunista 23 de Septiembre; en ese tiempo cualquier profesor, y m&aacute;s si le&iacute;a a Marx, a Engels, a Lenin, a Stalin o a Mao, era comunista, tanto como era la autora de este libro por sus nexos con una UNAM pasada por huelgas. "Justos por Pecadores". Y si se pon&iacute;a del lado de los indios o cualquier otro explotado, el asunto era peor: tal era el caso de los profesores de primaria y los indigenistas del temple de La Queresa, cuyo nombre con "Q", ya se qued&oacute;, "Como una huella pintada" en la memoria de los guarij&iacute;os de por all&aacute;, arriba de San Bernardo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay provocaciones, algunas de corte epistemol&oacute;gico como aquella donde dice que la ciencia social "no es m&aacute;s que el resultado del sentido com&uacute;n y la imaginaci&oacute;n organizados coherentemente y que esa coherencia tiene un sustrato l&oacute;gico cuyo cuerpo responde al pensamiento vigente". Comparto casi en su totalidad el dicho, y agregar&iacute;a, apoy&aacute;ndome parcialmente en Feynmann (1999), que toda ciencia es el resultado selectivo, ignominioso, infame, soberbio, que arroj&oacute; los miles de fracasos al anonimato (como si no hubiesen servido de cosa alguna) que antecedieron a un cuerpo de ideas l&oacute;gicas, coherentes con una parcela de la realidad (siempre construida por el hombre) y que sirven "as&iacute; no'm&aacute;s", "por mientras". Y la ciencia social es el proceso veridictorio de una parcela de la realidad social de cuya observaci&oacute;n y provisi&oacute;n de informaci&oacute;n, sometidos a una reflexi&oacute;n, produce un entramado de interpretaciones que son dispuestos como explicaciones, como conocimientos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">O aquellas otras &#151;provocaciones&#151; en las que, a "o&iacute;dos sordos" es decir, de espaldas al academicismo que ha convertido a los seres humanos en relaciones estructurales, en organizaciones, instituciones y dem&aacute;s categor&iacute;as de una u otra teor&iacute;as, la autora nos habla de la tristeza, la nostalgia, del car&aacute;cter taciturno, de la verg&uuml;enza (Cipriano es quien m&aacute;s habla de ella con la palabra "verg&uuml;enzoso") de la rabia, que, curiosamente, nos permite ver a los otros "m&aacute;s humanos", y atravesados por la cultura, que "sujetos" sociales. Pero se detuvo y eso habr&iacute;a que reclamarle el d&iacute;a de hoy: que no haya convocado a las emociones, a los sentimientos y a los afectos como elementos antropol&oacute;gicos y los haya dejado en la periferia del quehacer, como si no fuesen m&aacute;s que el prescindible aderezo de un suculento manjar que es el resto de su libro. Habr&iacute;a que inconformarse con ella porque parece que cuando se les convoca son "convidados de piedra" que poco o nada ayudan al an&aacute;lisis, no'm&aacute;s porque no sabemos qu&eacute; hacer con ellos. Cipriano, en "Como una huella pintada", para mi verg&uuml;enza, me parece m&aacute;s antrop&oacute;logo a momentos porque no desgarra a la gente: la ve explotada y triste; en lucha y con coraje, con cosas que los asemejan, los identifican, y con cosas que los distancian de los dem&aacute;s... en suma., la ve diferente pero m&aacute;s integrada, menos desgarrada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto y el quinto apartados, titulados respectivamente "Como una huella pintada" y "Sobre los testimonios ind&iacute;genas y la tarea antropol&oacute;gica al editarlos", forman una unidad con dos n&uacute;cleos diversos: el primero refiere a un producto, una historia de vida obtenida por testimonios grabados y editados, y el segundo, la reflexi&oacute;n y justificaci&oacute;n del proceso y del producto. Esta es toda una propuesta epistemol&oacute;gica que comparto casi en plenitud. Veamos:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando en mis cursos de t&eacute;cnicas etnogr&aacute;ficas nos aproximamos a la entrevista, indispensable para emprender historia oral o tradici&oacute;n oral, o historias de vida, yo, como Prudencio Descartes (o el fil&oacute;sofo de G&uuml;emes, da lo mismo): "pienso, luego insisto". Insisto en que el estudiante no puede ir por la vida invisibilizando a sus informantes y arroj&aacute;ndolos, en el mejor de los casos, al estrecho y difuso arc&oacute;n de los agradecimientos. Insisto en que los testimonios tienen un informante con nombre y apellidos; que los productos de las conversaciones no provienen del polvo dorado de <i>Thinker Bell,</i> sino de personas reales "vivitas y coleando". Insisto en que se entrevista "de salida", cuando se conoce muy bien lo que puede ser el contenido de la entrevista, cuando se tienen los c&oacute;digos para saber mutuamente de qu&eacute; se habla cuando &#151;y como&#151; se habla; cuando, incluso, estamos en condiciones de completar y orientar el discurso del testimoniante. Insisto en que no puede ser un informante, y menos para una historia de vida, cualquier persona, porque el testimonio es un documento coautoral, elaborado por el testimoniante y el entrevistador. Insisto en que cualquier g&eacute;nero de intervenci&oacute;n en el testimonio debe hacerse con pleno conocimiento de lo que se hace y con el prop&oacute;sito honesto de no adulterar &#151;intencionalmente o por desconocimiento&#151; el contenido (todav&iacute;a mejor: con el consentimiento del testimoniante). Valdivia Dounce nos proporciona un endec&aacute;logo con base en el cual editar un testimonio ind&iacute;gena; y todo estudiante &#151;o escritor&#151; de antropolog&iacute;a, etnohistoria y etnolog&iacute;a deber&iacute;a de conocerlo. Me sorprende, para cerrar, que sin haberla le&iacute;do antes hayamos llegado a tantas coincidencias. Pero tambi&eacute;n me alegra saber que tenemos diferencias:</font></p>  	 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>a)</i> Las grabaciones, por m&aacute;s que se realicen con base en una cronolog&iacute;a determinada, suelen ser casi siempre un galimat&iacute;as en materia de orden. El orden termina proporcion&aacute;ndolo el investigador, luego de hacer "corta y pega", "circo maroma y teatro" o "tru&#45;tr&uacute;" editorial.</font></p> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Claro, proceder con una intenci&oacute;n de "cronologizar" desde el inicio es una buena intenci&oacute;n, pero no puedo olvidar que de "bienintencionados est&aacute;n llenos los infiernos".</font></p> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>b) </i> El trabajo de edici&oacute;n, luego de una transcripci&oacute;n literal, la calificaci&oacute;n del material, pasa a soporte papel (o virtual), como texto mediante una labor de edici&oacute;n donde las muletillas pasan a ser puntos suspensivos; los problemas de sintaxis y lexicogr&aacute;ficos prefiero corregirlos con el uso de corchetes y entre &eacute;stos tambi&eacute;n adicionar aclaraciones, ampliaciones, ejemplificaciones, traducciones, etc&eacute;tera.</font></p> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>c) </i> Las transcripciones, defiendo, deben ser revisadas por los participantes en la gestaci&oacute;n de documentos, tanto en soporte fonogr&aacute;fico, audiovisual como papel, y un ejemplar, al menos, debe quedar en manos de sendos autores. La edici&oacute;n y el uso de los documentos, tambi&eacute;n.</font></p> </blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; las diferencias tengan su raz&oacute;n de ser en que yo nunca me las he tenido que ver con un Cipriano Buitimea rememorando su vida de guarij&iacute;o antes y despu&eacute;s de la lucha por la tierra; quiz&aacute; los matices que propongo, a la distancia, ya no refieran a tres diferencias entre la autora y yo, sino a un n&uacute;mero menor. Quiz&aacute; sea necesario reflexionar un poco m&aacute;s sobre lo que hacemos cuando recogemos testimonios, cuando los intervenimos. Quiz&aacute; ya es tiempo de que hagamos el lacaniano ejercicio de controlar la cosa por el nombre y digamos a todos de nuestro <i>ethos</i> con la finalidad de perfilar una &eacute;tica profesional hoy tan "alejada de la mano de Dios" y demasiado pr&oacute;xima a los proyectos personales (por cierto, no siempre los m&aacute;s humanamente buenos). Quiz&aacute; lo mejor es aprender de los otros, como podemos hacerlo leyendo a Valdivia Dounce para, as&iacute;, brindarle el mejor de los homenajes a su libro y a su trayectoria. Con todo, y para no extender estos comentarios, atender&eacute; a aquel dicho que reza: "En boca cerrada no entran moscas" y ceder&eacute; el paso para que la lean y, luego, estimulados, podamos decir de su libro: "Confieso que me lo he bebido".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carc&iacute;a Mora, Carlos. "El delicioso suplicio de escribir antropolog&iacute;a", en M. Rutsch&#45;M. M. Wacher (coords.), <i>Alarifes, amanueses y evangelistas. Tradiciones, personajes, comunidades y narrativas de la ciencia en M&eacute;xico,</i> IBERO&#45;INAH, M&eacute;xico, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1213361&pid=S0187-5795201100010001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Feynmann, Richard, <i>Qu&eacute; significa todo eso,</i> Drakontos, Barcelona, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1213363&pid=S0187-5795201100010001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas" id="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Aguardientes de ca&ntilde;a.</font></p>       ]]></body><back>
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