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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Enrique Florescano, <i>La funci&oacute;n social de la historia</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carmen M&eacute;ndez Serralta</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, FCE, 2012 (Colecci&oacute;n Breviarios, 576).</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>CIESAS&#45;Peninsular</i></font>.</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">"Debemos a los que nos precedieron una par&#45;    <br>     te de lo que somos".</font></p> 	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Paul Ricoer, <i>La memoria, la historia, el olvido.</i></font></p> 	    <p align="right">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro es una recopilaci&oacute;n de charlas impartidas y art&iacute;culos ya publicados por el autor, y dispersos en revistas especializadas, tanto nacionales como internacionales, en el que Florescano busca "contribuir a coser los desparramados hilos de la memoria colectiva que nos ha formado, y servir a comprender mejor el presente acelerado y cambiante que nos ha tocado vivir" (p. 13). De esta forma, el texto pretende mostrar las variadas funciones que los pueblos y los historiadores le han asignado a la recuperaci&oacute;n del pasado; cuyo objeto es la reflexi&oacute;n sobre la labor desempe&ntilde;ada por los historiadores en la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro se encuentra dividido en dos apartados. En el primero, titulado "La funci&oacute;n social de la historia", el autor discute justo esa "funci&oacute;n social", vista como un reencuentro con lo irrepetible, la memoria del poder o una reconstrucci&oacute;n cr&iacute;tica del pasado; mientras que en el segundo, "Los pilares de la construcci&oacute;n historiogr&aacute;fica", ahonda en los cimientos que dieron pie al surgimiento de esta construcci&oacute;n, como el redescubrimiento de la narrativa oral y su impacto en la reconstrucci&oacute;n del pasado, desde el mito, la memoria o la ficci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primera instancia Florescano discierne las que a su parecer son las funciones de la historia, empezando por la <i>identidad,</i> entendida como la recuperaci&oacute;n del pasado, cuyo fin es la creaci&oacute;n de valores sociales compartidos, como la idea de que el grupo o la naci&oacute;n tuvieron un origen com&uacute;n cohesionador. Otra funci&oacute;n social es el <i>conocimiento de lo extra&ntilde;o y remoto,</i> referido a que el estudio del pasado obliga a conocer lugares nunca antes vistos, al mismo tiempo que familiarizarnos con condiciones de vida diferentes a las propias, y reconocer la diversidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <i>registro del transcurrir temporal,</i> la historia es entendida como "el estudio de los cambios de las sociedades y los individuos en el tiempo" (p. 29), en donde la periodizaci&oacute;n es inmanente a la empresa historiogr&aacute;fica, y permite dar cuenta de los cambios y las transformaciones de un colectivo. Al hablar sobre el <i>encuentro con lo irrepetible,</i> Florescano indica que se procede con el criterio de autenticidad en la que el historiador le confiere a los hechos una significaci&oacute;n propia y un valor duradero, singular e irrepetible dentro del desarrollo humano general. Por esa v&iacute;a las experiencias sociales y los actos nacidos de la intimidad m&aacute;s rec&oacute;ndita se convierten en testimonios imperecederos, pero que nos hablan de un momento fugaz, en ese tiempo de larga duraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <i>pasado como historia contempor&aacute;nea,</i> se refiere a que el historiador por m&aacute;s esfuerzos que haga por situarse en el pasado y analizarlo en sus propios t&eacute;rminos, no puede escapar de la determinaci&oacute;n de interrogarlo desde el presente, lo que origina mirar los sucesos pasados con preguntas actuales, pero tratando de evitar los anacronismos. Tambi&eacute;n la cualidad de <i>magistrae vitae,</i> aunque a la historia no puede atribu&iacute;rsele esta, s&iacute; podr&iacute;a servirse de esos conocimientos para no incurrir en los errores que afectaron a nuestros ancestros, o para normar los actos de la propia vida, apoy&aacute;ndolos en las experiencias del pasado. Del mismo modo nos habla de la historia como un <i>tribunal,</i> partiendo de la idea de que el estudio de la historia proporcionaba sustento para hacer juicios morales sobre el pasado, y en este contexto se juzgaba a los acontecimientos a los ojos de los sucesos actuales; sin embargo, en el planteamiento realizado por Florescano, se se&ntilde;ala que el problema de los historiadores no es si debemos emitir juicios morales o no, sino hacerlo con responsabilidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra funci&oacute;n es la de la historia como <i>proveedora de arquetipos.</i> El pasado es un proveedor irreprimible de arquetipos que influyen en la conducta y la imaginaci&oacute;n de las generaciones posteriores. A trav&eacute;s de relatos dedicados a dar cuenta del misterio de los or&iacute;genes, a dotar a los pueblos de valores comunes y a legitimar el poder de los gobernantes, pero sobre todo a la extracci&oacute;n de ejemplos morales. En la actualidad el libro, el museo y los medios masivos de comunicaci&oacute;n son los principales difusores de im&aacute;genes y tradiciones provenientes del pasado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El apartado "De los anticuarios a la <i>ars hist&oacute;rica</i> y la aparici&oacute;n de una historia con fines propios y dimensi&oacute;n universal", me parece muy pertinente, ya que da cuenta del nacimiento y formaci&oacute;n de la historia como ciencia y su desarrollo, empezando por los "anticuarios", pasando por la corriente <i>ars historica,</i> que concluye con la creaci&oacute;n de nuevas instituciones universitarias. De igual manera da cuenta de una historia separada de la tradici&oacute;n cristiana y convertida en una disciplina con fines propios, cuya meta es alcanzar la verdad; su llegada al siglo XIX estar&aacute; ligada a su funci&oacute;n social y pol&iacute;tica, adem&aacute;s de una aproximaci&oacute;n con la sociolog&iacute;a. En este apartado, Florescano recurre a diversos autores, tratando de enmarcarlos en esta temporalidad propuesta, y demostrar que estas aseveraciones no s&oacute;lo las dice &eacute;l, sino que se encuentra fundamentado en lo que otros han dicho con anterioridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto en "La creaci&oacute;n de 'comunidades imaginadas'" como en la "Memoria del poder", Florescano nos se&ntilde;ala c&oacute;mo en el discurso se fue configurando la idea del Estado&#45;naci&oacute;n, se&ntilde;alando que en los gobiernos de algunos pa&iacute;ses hispanoamericanos, asi&aacute;ticos y europeos en el siglo XIX, se manipul&oacute; el pasado, inventando lazos de identidad, con el prop&oacute;sito de unir a poblaciones de lenguas y culturas diferentes, forjando s&iacute;mbolos nacionales que definieron los ideales y emblemas que les dieron identidad y hegemon&iacute;a, creando as&iacute; "comunidades imaginadas" (pp. 88&#45;89), aunque son las personas que est&aacute;n en el poder las que configuran el derrotero que ha de seguir este proyecto de naci&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra de las funciones sociales de la historia es la de hacer una <i>reconstrucci&oacute;n cr&iacute;tica del pasado,</i> a trav&eacute;s de la "cr&iacute;tica de fuentes", pero siempre relacion&aacute;ndolos con el contexto donde se inscriben, para dotarlos de un significado m&aacute;s profundo. En este apartado se hace hincapi&eacute; en la adhesi&oacute;n a una l&oacute;gica de inquisici&oacute;n, gracias a la cual los resultados de la indagaci&oacute;n hist&oacute;rica pueden ser verificados, confrontados y validados de la misma manera como se hace en otras disciplinas (p. 116). En la <i>ampliaci&oacute;n de las fronteras,</i> se habla de los rasgos m&aacute;s notables del desarrollo de la historia como disciplina, ligada esta a la Escuela de los Anales; es decir, nos habla de la complejizaci&oacute;n del m&eacute;todo de estudio, as&iacute; como de la inclusi&oacute;n de nuevos modelos de an&aacute;lisis, pero sobre todo de nuevas preguntas del pasado, que abrieron al mismo tiempo el cambio de perspectiva, ya no macrohist&oacute;rica, sino tambi&eacute;n microhist&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un apartado que lleva a la cr&iacute;tica y a la reflexi&oacute;n, es el de "Las ataduras de la instituci&oacute;n acad&eacute;mica y el gremio", porque da cuenta de c&oacute;mo las instituciones, intereses y prop&oacute;sitos, afectaron y deformaron, de distintas maneras, el desarrollo de la historia como disciplina cient&iacute;fica y su posici&oacute;n en la sociedad; en donde el reduccionismo grupal produjo una separaci&oacute;n creciente del profesional con respecto al conjunto social, y una correlativa sobrevaloraci&oacute;n de los intereses corporativos, los cuales tendieron a colocarse por encima de los colectivos. En este apartado Florescano habla de forma dura contra el academicismo, concentrado en publicar para sus colegas y profesionales, dejando a un lado al conglomerado social al cual deber&iacute;an fluir las ideas, y se&ntilde;ala que</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el trabajador intelectual es secuestrado de la vida de relaci&oacute;n que forma la experiencia pol&iacute;tica de los individuos, y es obligado a practicar una relaci&oacute;n dependiente con la burocracia administrativa, ante la cual siempre est&aacute; en condiciones de inferioridad" (p. 139),</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">en donde el rasgo que distingue la situaci&oacute;n actual de los historiadores es la institucionalizaci&oacute;n y profesionalizaci&oacute;n de sus actividades. Sin embargo, un dato sumamente revelador es el que se&ntilde;ala que a partir de los a&ntilde;os sesenta, los investigadores lograron imponer sus distintos proyectos personales como programa institucional. Y en donde la compulsi&oacute;n por publicar est&aacute; en relaci&oacute;n directa con los modelos profesionales que hoy rigen el oficio de historiador.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de esta explicaci&oacute;n sobre la funci&oacute;n social de la historia, el autor, en la segunda parte, entra de lleno a explicar las sucesivas relaciones, roturas y nuevos acoplamientos que el relato hist&oacute;rico estableci&oacute; con el lenguaje hablado y con la escritura (p. 151). Abarca, como &eacute;l mismo se&ntilde;ala, la reconstrucci&oacute;n propiamente dicha del discurso hist&oacute;rico, comenzando con el establecimiento de la prueba documental, siguiendo con los m&eacute;todos de explicaci&oacute;n y terminando con la "representaci&oacute;n historiadora". Tambi&eacute;n incluye un apartado dedicado a mostrar los cambios asumidos por el historiador en las distintas fases de su oficio y que concluye con dos apartados: en el primero resume los desaf&iacute;os que hoy enfrenta el historiador y el otro se refiere al papel que cumple la historia en la formaci&oacute;n del ciudadano (p. 152).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "El redescubrimiento de la narrativa oral", el autor enumera las caracter&iacute;sticas de la tradici&oacute;n oral, como luego indagar en el paso de la historia oral a la cultura escrita, pero se&ntilde;alando <i>los efectos negativos de la escritura sobre los pueblos "sin historia",</i> en donde la aparici&oacute;n de la escritura signific&oacute; tambi&eacute;n una separaci&oacute;n radical entre la alta cultura, dominada por el alfabetismo, y la cultura popular, significada por el lenguaje oral, la tradici&oacute;n y la noci&oacute;n de arca&iacute;smo (p. 172). En contraparte, el paso del manuscrito al libro impreso tuvo entre sus efectos un aumento considerable en la producci&oacute;n de libros y una reducci&oacute;n en las horas para elaborarlos, seguidos por un incremento s&uacute;bito de los lectores y la propagaci&oacute;n de los contenidos del libro, dando un nuevo impulso al renacimiento de los autores cl&aacute;sicos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el apartado sobre <i>mito, rito e historia,</i> establece una clara diferenciaci&oacute;n entre uno y otro. De igual manera da cuenta del estrecho v&iacute;nculo entre la <i>memoria y la historia,</i> roto por la aparici&oacute;n de la imprenta; posibilitando la lectura de las historias de otros y trabajar en soledad con apuntes, con la libertad de releer lo que hab&iacute;a escrito. Uno de los apartados m&aacute;s importantes es el que se refiere a los <i>tres pilares de la operaci&oacute;n historiogr&aacute;fica,</i> y que son, al fin de cuentas, la metodolog&iacute;a a seguir en la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica: 1) la fase documental; 2) la fase explicativa&#45;comprensiva y, 3) la representaci&oacute;n historiadora (escritura), indicando que s&oacute;lo la uni&oacute;n de las tres fases de la operaci&oacute;n historiadora es capaz de acreditar la pretensi&oacute;n de verdad del discurso hist&oacute;rico. Pero para que esto se cumpla cabalmente debe ir acompa&ntilde;ado de una buena escritura, que haga amena la lectura y la comprensi&oacute;n del texto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el apartado sobre los <i>desaf&iacute;os y constricciones que retan el oficio de historiador,</i> Florescano aborda la modificaci&oacute;n relacionada con los cambios motivados por las computadoras y la internet, que trastocaron en forma radical las actividades del profesor&#45;investigador. En este contexto, el autor se&ntilde;ala que la tarea m&aacute;s exigente del historiador debe ser recordar a nuestros conciudadanos c&oacute;mo llegamos a este punto de nuestra historia, recobrando la conversaci&oacute;n con nuestros ancestros; es decir, est&aacute; pidiendo un nuevo renacimiento de la cultura, pero de "nuestra" cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Florescano se&ntilde;ala que la historia contribuye a la <i>forja del ciudadano;</i> es decir, el conocimiento hist&oacute;rico es indispensable para preparar a los j&oacute;venes a vivir en sociedad, ya que les proporciona un conocimiento global del desarrollo de los seres humanos y del mundo que los rodea, en donde la historia, como instrumento de educaci&oacute;n pol&iacute;tica, permite la formaci&oacute;n del ciudadano en una naci&oacute;n moderna y democr&aacute;tica de individuos libres y que, por lo mismo, deber&iacute;a inculcarse en las familias desde la infancia y formar parte de todos los programas de educaci&oacute;n como una disciplina b&aacute;sica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A manera de conclusi&oacute;n puedo se&ntilde;alar que este es un libro que deber&iacute;an leer los estudiosos de la historia, sobre todo en los a&ntilde;os de formaci&oacute;n, ya que nos sit&uacute;a en el acento del texto y el contexto de lo que deber&iacute;a ser el quehacer de todo historiador, adem&aacute;s de que nos da un panorama amplio no s&oacute;lo de las herramientas con las que cuenta esta disciplina, sino de los problemas con los que se encuentra en su desarrollo, al mismo tiempo que plantea las posibles soluciones. Su importancia radica en que da una conciencia global de lo que es la historia y c&oacute;mo se ha ido desarrollando hasta nuestros d&iacute;as, con la llegada de nuevas tecnolog&iacute;as y la apertura del conocimiento hist&oacute;rico a los estudios interdisciplinarios. Pero tambi&eacute;n explica de forma clara la forma en que se dio el viraje al an&aacute;lisis pol&iacute;tico, en donde el historiador dej&oacute; de ser un v&iacute;nculo con el mundo social y se transform&oacute; en un ente pol&iacute;tico, donde tuvo que sujetarse a la "academia", desvincul&aacute;ndose de su entorno social que pas&oacute; a un segundo t&eacute;rmino, y realizando una clara cr&iacute;tica a c&oacute;mo el historiador desarroll&oacute; su trabajo separado de la esfera social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hizo falta al final de cada apartado un cierre que lo conectara con el siguiente y una conclusi&oacute;n que englobara las principales ideas y aportes. Como dimos cuenta, el fin de este libro es analizar la funci&oacute;n del historiador, al considerarlo como el encargado de superar las herencias del pasado y enfrentar los desaf&iacute;os presentes. Y m&aacute;s que hablar de la funci&oacute;n social de la historia, yo concluir&iacute;a que lo que se busca es adentrarse en la funci&oacute;n social que el historiador ha venido desempe&ntilde;ando en su papel pol&iacute;tico de formador de ciudadanos, al mismo tiempo que es un libro para pensar y reflexionar acerca de nuestro propio papel como historiadores.</font></p>      ]]></body>
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