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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Fran&ccedil;ois Hartog, <i>Reg&iacute;menes de historicidad. Presentismo y experiencias del tiempo</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rogelio Jim&eacute;nez Marce</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Universidad Iberoamericana, M&eacute;xico, 2007, 243 pp. (El Oficio de la Historia)</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Iberoamericana&#150;Puebla</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fran&ccedil;ois Hartog es un reconocido investigador franc&eacute;s que ha dedicado una buena parte de su vida intelectual a estudiar el pensamiento griego, tal como lo muestran obras como <i>Le miroir d'H&eacute;rodote</i> y <i>M&eacute;moire d'Ulisse. R&eacute;cits sur la fronti&egrave;re en Gr&eacute;ce ancienne,</i> ambas traducidas al espa&ntilde;ol y publicadas por el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. A diferencia de sus anteriores libros, en <i>Reg&iacute;menes de historicidad,</i> texto editado en 2007 por la Universidad Iberoamericana, Hartog analiza la relaci&oacute;n que el historiador establece con el tiempo, categor&iacute;a que considera que no s&oacute;lo se encuentra en el coraz&oacute;n mismo de su trabajo sino que constituye su raz&oacute;n de ser. Con la intenci&oacute;n de que el historiador ponga el presente en perspectiva y haga un ejercicio cr&iacute;tico de la historia, el autor propone que se utilice el esquema de r&eacute;gimen de historicidad, que es una manera de interrogar las diversas experiencias del tiempo o "crisis del tiempo", es decir, el momento en el que el pasado, el presente y el futuro se articulan y pierden su evidencia. Con el r&eacute;gimen de historicidad se pueden hacer inteligibles las experiencias del tiempo; permite adem&aacute;s realizar ejercicios comparativos de "las crisis del tiempo", de tal forma que se puede reflexionar sobre la manera en que el presente actual difiere de otros presentes del pasado, con lo que el historiador se vuelve contempor&aacute;neo de lo contempor&aacute;neo. El r&eacute;gimen de historicidad no s&oacute;lo es una manera de articular pasado, presente y futuro, sino que permite aprehenderlo, decirlo, ordenarlo y darle sentido. Hartog advierte que el r&eacute;gimen de historicidad no es una realidad dada o directamente observable, sino que es construido por el historiador, motivo por el que es necesario reflexionar sobre sus implicaciones pues los investigadores, por lo regular, lo "naturalizan" o "instrumentalizan".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior ha ocasionado que no se perciba que los &oacute;rdenes del tiempo var&iacute;an en cada &eacute;poca y lugar, situaci&oacute;n que ha llevado, por un lado, a que la perturbaci&oacute;n de la relaci&oacute;n con el tiempo, influido sobre todo por los fundamentalismos, convierta el concepto de memoria en una categor&iacute;a metahist&oacute;rica y, por el otro, que la historia del tiempo presente adquiera primac&iacute;a y se ostente como una "medicina" contra las "ilusiones &oacute;pticas" que pueden generar la distancia y el alejamiento. El r&eacute;gimen de historicidad es una manera adecuada, seg&uacute;n Hartog, de hacer frente a las demandas de realizar una historia contempor&aacute;nea o muy contempor&aacute;nea, pues permite desplegar un cuestionamiento "historiador" en torno a nuestras relaciones con el tiempo, en otras palabras, un cuestionamiento que opere en varios tiempos e instaure un vaiv&eacute;n entre el pasado y el presente. Hartog plantea que el r&eacute;gimen de historicidad es una herramienta que busca aprehender "momentos de crisis", es decir, cuando las articulaciones entre pasado, presente y futuro dejan de parecer obvias. Siguiendo a Reinhardt Koselleck, el autor advierte que el tiempo hist&oacute;rico se engendra en la tensi&oacute;n que existe entre el campo de la experiencia y el horizonte de espera, tensi&oacute;n en la que el r&eacute;gimen de historicidad busca arrojar nuevas luces sobre el campo de la historia. As&iacute;, el r&eacute;gimen de historicidad se convierte en un nuevo itinerario entre la experiencia del tiempo y las historias. Es de destacar que la noci&oacute;n de r&eacute;gimen de historicidad se nutri&oacute; de los aportes de la mirada antropol&oacute;gica m&aacute;s que de la filos&oacute;fica. Aunque Hartog reconoce que el fil&oacute;sofo Claude Lefort hab&iacute;a propuesto que las nociones de "principio" y "modos de historicidad" pod&iacute;an ayudar a plantear de mejor manera el problema de las formas de historicidad, lo cierto es que su principal categor&iacute;a, "g&eacute;nero de historicidad", que entiende como la relaci&oacute;n general que los hombres mantienen con el pasado y el porvenir, carec&iacute;a de una toma de conciencia expl&iacute;cita del presente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el contrario, la antropolog&iacute;a evidencia que cada orden cultural tiene su propio r&eacute;gimen de historicidad. El grado de historicidad de las sociedades puede ser el mismo, pero su imagen subjetiva y sus formas de experimentaci&oacute;n var&iacute;an. Bajo esta premisa se puede entender por qu&eacute; los modos de historicidad son distintos entre unas sociedades y otras, esto es, las maneras de vivir y de pensar esa historicidad (formas de temporalidad) as&iacute; como la manera en la que se articula el presente con el pasado y el futuro (reg&iacute;menes de historicidad). En este contexto, un r&eacute;gimen de historicidad es la expresi&oacute;n de un orden dominante del tiempo que se entreteje a partir de diferentes reg&iacute;menes de temporalidad, en otras palabras, es una manera de traducir y ordenar las experiencias del tiempo y de darles sentido. Hartog plantea que se debe cuestionar el orden del tiempo y buscar un nuevo modo de articular el pasado y el futuro. Si bien es cierto que la descripci&oacute;n fenomenol&oacute;gica agustiniana de los tres tiempos constituye un punto de referencia esencial, se debe tener en cuenta que existen diversos reg&iacute;menes de historicidad que difieren del modelo de la historia europea, el cual se fundamentaba, desde la antig&uuml;edad hasta por lo menos el siglo XVII, en la historia <i>magistra vitae,</i> que era una manera de esclarecer el presente por medio del pasado y en la que se enfatizaba sobre todo la repetici&oacute;n de lo ejemplar. El historiador franc&eacute;s advierte que existen dos reg&iacute;menes de historicidad que se encuentran confrontados: el que se estudia y el del que lo estudia. Para plantear una reflexi&oacute;n sobre el orden del tiempo y los reg&iacute;menes de historicidad, se debe establecer una distancia que permita cuestionar las evidencias, dudar de sus categor&iacute;as y hacer posible la comparaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, en el r&eacute;gimen de historicidad anterior al siglo XIX dominaba el pasado, pero en el del XX se produjo una interesante uni&oacute;n de futurismo con presentismo. En un principio m&aacute;s futurista que presentista pero al final m&aacute;s presentista que futurista, pues el futurismo es presentismo debido a que el presente se encuentra "futurizado", esto es, la historia se hace en nombre del porvenir y debe escribirse de la misma manera. La preeminencia del presentismo no se debe considerar radical o espont&aacute;nea, pues en ultima instancia todo grupo y sociedad, tanto de ayer como de hoy, no cuenta m&aacute;s que con su presente. Hartog advierte que las modernas expresiones del presentismo inducen a despreciar el pasado, fen&oacute;meno derivado de hechos como el consumismo, las innovaciones tecnol&oacute;gicas, la b&uacute;squeda de beneficios vertiginosos, el desempleo, la negaci&oacute;n de envejecer y la guerra, s&oacute;lo por citar algunos. La econom&iacute;a medi&aacute;tica del presente hace que este se convierta en pasado. En este panorama, el historiador se ha convertido en un experto de la memoria que se encuentra preso en el c&iacute;rculo del testimonio. El dominio del presentismo ha ocasionado que se ponga atenci&oacute;n en tres asuntos: la conservaci&oacute;n y defensa del medio ambiente, el deseo de preservar el patrimonio contempor&aacute;neo y la transformaci&oacute;n de la memoria. Hartog refiere que la concepci&oacute;n de memoria, bajo el presentismo, ha creado una nueva econom&iacute;a de la "identidad del yo" pero es excesivamente archiv&iacute;stica, debido a que se busca hacer memoria de todo. La memoria ya no se concibe como la necesidad de retener el pasado para preparar el porvenir, sino que ofrece al presente el presente en s&iacute; mismo. As&iacute;, la memoria se convierte en un instrumento del presentismo y permite que el historiador se ubique en el centro de los debates intelectuales gracias a la cercan&iacute;a que establece con los estudiosos de lo contempor&aacute;neo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta interesante mencionar que el presentismo cuestiona la historia nacional, misma que articula el pasado con el futuro pues la naci&oacute;n se considera una evidencia, un arma pol&iacute;tica, un esquema cognoscitivo y un programa hist&oacute;rico. Al desplazarse lo nacional del centro de atenci&oacute;n, la preponderancia del futuro disminuy&oacute;, en tanto que el presente se volvi&oacute; la categor&iacute;a dominante, motivo por el que era necesario visitar y revisitar el pasado reciente. Para reivindicar la centralidad del presente se requiere convertir la memoria, en cuanto contenido m&aacute;s que forma, en un modo de cuestionamiento hist&oacute;rico y de escritura de la historia, y al historiador, en el ejercicio mismo de su profesi&oacute;n, en un lugar de memoria. Con la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n en 1989 y del socialismo real se comprendi&oacute; que era necesario buscar nuevas relaciones con el tiempo y el r&eacute;gimen de historicidad al que estaba vinculado. Aunque el futuro se consideraba imprevisible, el pasado no se concibe lineal o un&iacute;voco sino como un campo en el que se cruzan pasados que hab&iacute;an sido, durante un tiempo, futuros posibles. Ahora bien, la nueva caracterizaci&oacute;n de la historia ha hecho que lo nacional pierda su car&aacute;cter mesi&aacute;nico para convertirse en lo que el autor denomina "naci&oacute;n patrimonio". El &eacute;nfasis puesto en el patrimonio revela que este se ha convertido en la categor&iacute;a dominante de la vida cultural y de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, situaci&oacute;n que ha generado un desequilibrio en el r&eacute;gimen de memoria que lleva de la "historia memoria" a la "historia patrimonio", en la que el patrimonio adquiere una doble faceta: memoria de la historia y s&iacute;mbolo de identidad. Es de destacar que el concepto de patrimonio ha trascendido la esfera de los derechos privados y se ha utilizado para definir los bienes culturales colectivos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior se explica por el hecho de que se ha considerado que el fundamento del patrimonio es la conservaci&oacute;n, motivo por el que la cultura y la naturaleza deb&iacute;an insertarse en la esfera del patrimonio, con la intenci&oacute;n de dotarlas de recursos jur&iacute;dicos que permitieran su preservaci&oacute;n para el ma&ntilde;ana. Lo interesante del asunto es que el patrimonio vuelve visible un cierto orden del tiempo, en el que el presente no puede o no quiere desvincularse del pasado. Hartog advierte que el concepto de patrimonio no tiene el mismo sentido en todos los lugares, por ejemplo, a los japoneses s&oacute;lo les interesa la permanencia de la forma antes que la conservaci&oacute;n o la restauraci&oacute;n. As&iacute;, la pol&iacute;tica cultural japonesa no descansa en la visibilidad sino en la actualizaci&oacute;n, pues lo que interesa es reafirmar la intenci&oacute;n que presidi&oacute; la edificaci&oacute;n de un monumento. La ola patrimonial, asociada a la memoria, ha ocasionado que se piense en que todo es patrimonio, lo cual ha generado que se consideren bajo esta categor&iacute;a lo cultural, lo natural, lo vivo, lo inmaterial, lo gen&eacute;tico y lo &eacute;tico. Esta diversificaci&oacute;n ha generado que el Estado naci&oacute;n no imponga sus valores, sino salvaguarde lo que es considerado patrimonio por los diversos actores sociales. Desde esta perspectiva, el patrimonio no se mira desde el pasado, sino como categor&iacute;a de acci&oacute;n del presente y sobre el presente. La vinculaci&oacute;n establecida entre patrimonio y naturaleza ha generado la constituci&oacute;n de parques naturales y ecomuseos, circunstancia que ha contribuido a hacer visible el paso de una percepci&oacute;n est&eacute;tica de la naturaleza a una representaci&oacute;n patrimonial del entorno, en la que existe una vinculaci&oacute;n entre memoria y territorio que se sustenta en una nueva interacci&oacute;n entre presente y futuro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La invocaci&oacute;n a la noci&oacute;n de patrimonio no s&oacute;lo se puede concebir como una toma de conciencia y una respuesta a una ruptura, sino que tambi&eacute;n es una manera de se&ntilde;alar un peligro potencial y de hacerle frente, pues la l&oacute;gica de tipo patrimonial, aunque se proclama preocupada por la transmisi&oacute;n, en realidad da lugar a un tipo de "patrimonio inmaterial". Hartog considera que existe una tendencia a la historizaci&oacute;n inmediata del presente, lo que ha llevado al l&iacute;mite extremo del presentismo, lo que ha generado la presencia de un tiempo desorientado y la aparici&oacute;n de las incertidumbres que se convierten en categor&iacute;as de pensamiento y objetos de trabajo de los cient&iacute;ficos. Para el autor franc&eacute;s, el presente no se debe considerar como una brecha entre pasado y futuro sino que se debe determinar por s&iacute; mismo. En este sentido, el rostro del presentismo de este presente debe ser el nuestro. El ejercicio intelectual planteado por Hartog es sumamente sugestivo, pues evidencia la necesidad de que los historiadores repensemos la manera en la que utilizamos nuestras categor&iacute;as de trabajo, pero sobre todo revela, con ayuda de las herramientas de la antropolog&iacute;a, que nuestra manera de entender el tiempo es una construcci&oacute;n cultural y que se debe tener en cuenta este hecho pata poder comprender la manera en la que concebimos nuestras experiencias en y con el tiempo.</font></p>      ]]></body>
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