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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Trabajo y justicia social: m&aacute;s all&aacute; de las fronteras</b></font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El periodo de entreguerras de la primera mitad del siglo XX fue, posiblemente, el momento en el que el movimiento obrero internacional tuvo la mejor oportunidad para incidir en la conformaci&oacute;n de una pol&iacute;tica laboral justa garantizada no solamente por las acciones de las organizaciones de trabajadores, sino tambi&eacute;n por el compromiso de gobiernos y empresarios alrededor del mundo. La creaci&oacute;n de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT), tras la Conferencia de Paz que dio fin a la Primera Guerra Mundial con el Tratado de Versalles (1919), fue vista por los dirigentes obreros y trabajadores de diversos pa&iacute;ses como una coyuntura propicia para consolidar garant&iacute;as jur&iacute;dicas laborales y para establecer v&iacute;nculos internacionales que pudiesen reforzar los objetivos de sus organizaciones tanto a en el nivel nacional como trasnacional. En este sentido, los miembros de las organizaciones de trabajadores de varios pa&iacute;ses no solamente aprovecharon la coyuntura, sino que aportaron, con mayor ah&iacute;nco y esperanza, su larga experiencia en la lucha por mejores condiciones de trabajo que, con la creaci&oacute;n de la OIT, se pod&iacute;an traducir en el dise&ntilde;o de una pol&iacute;tica laboral de justicia social m&aacute;s all&aacute; de las fronteras nacionales, a una escala tanto macrorregional como internacional. Pero, al mismo tiempo, la actividad y experiencia internacionalista previa de algunas organizaciones de trabajadores entraron, muchas veces, en conflicto directo con la pol&iacute;tica de la propia OIT, con lo que se registr&oacute; una serie de disensos entre la Sociedad de Naciones (SDN) y diversas organizaciones de trabajadores. Paralelamente, como veremos, la OIT se interes&oacute; en problemas que eran no solamente laborales, sino tambi&eacute;n en cuestiones de g&eacute;nero y edad para el trabajo en el mundo no occidental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La secci&oacute;n tem&aacute;tica de este n&uacute;mero de <i>Relaciones</i><sup><a href="#nota">1</a></sup> se encarga precisamente de abrir una serie de ventanas a diversas realidades relacionadas con esa coyuntura propiciada por el fin de la Primera Guerra Mundial, que nos permiten elaborar una reflexi&oacute;n acerca de la historia de los trabajadores, los empresarios, las pol&iacute;ticas gubernamentales y el cometido de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas en sus albores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El movimiento obrero adquiri&oacute; una importante experiencia organizativa entre las revoluciones de 1848 y finales del siglo XIX tanto en Europa como en las Am&eacute;ricas anglosajona y latina. La historia es larga y bien conocida: desde el cartismo brit&aacute;nico a los sindicatos, desde las asociaciones gremiales a la Internacional de los Trabajadores, con acciones que fueron desde la organizaci&oacute;n clandestina hasta la huelga. La contraparte de los gobiernos y empresarios, generalmente represora, tuvo una de sus peores expresiones en mayo de 1886, con los m&aacute;rtires de Chicago. Pero, tras casi medio siglo de tensiones, demandas y conflictos laborales, diversos gobiernos de las llamadas democracias burguesas comprendieron que la estrategia para mediar entre los industriales y los trabajadores era mediante la atenci&oacute;n de demandas laborales a trav&eacute;s de una legislaci&oacute;n laboral cada vez m&aacute;s humanitaria y justa, mas nunca perfecta, que permitiese mantener una relativa paz social mediante el di&aacute;logo a la vez que neutralizar los movimientos obreros m&aacute;s radicales y, sobre todo tras 1917, los efectos de la revoluci&oacute;n bolchevique. Para la primera d&eacute;cada del siglo XX, la atenci&oacute;n de los gobiernos por legislar en materia laboral hab&iacute;a dado pasos muy importantes; tal fue el caso de pa&iacute;ses como Estados Unidos, Argentina y Chile, por ejemplo en el caso americano. De tal manera que, cuando se fund&oacute; la OIT tras el Tratado de Versalles, muchas de las organizaciones obreras as&iacute; como oficinas gubernamentales, encargadas de la cuesti&oacute;n laboral en sus propios pa&iacute;ses, adquirieron influencia internacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ejemplo de ello son tres de los textos de nuestra secci&oacute;n tem&aacute;tica. El art&iacute;culo de Laura Caruso muestra la manera en la que la pol&iacute;tica laboral argentina, muy definida desde la creaci&oacute;n del Departamento Nacional del Trabajo (DNT) en 1907, se proyect&oacute; en el &aacute;mbito internacional con mucha m&aacute;s fuerza a partir de 1919. La participaci&oacute;n de la DNT en reuniones internacionales organizadas por la OIT permiti&oacute; no solamente que la experiencia argentina aportara elementos hacia el exterior, sino que hubiese tambi&eacute;n una retroalimentaci&oacute;n que fortaleci&oacute; el trabajo hacia el interior del pa&iacute;s. Uno de los resultados m&aacute;s importantes fue la elaboraci&oacute;n de c&oacute;digos laborales muy detallados en la propia Argentina (1921) as&iacute; como en otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n latinoamericana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una d&eacute;cada despu&eacute;s, y entrelazada con el desarrollo del panamericanismo incentivado por los Estados Unidos desde la primera d&eacute;cada del siglo XX mediante las Conferencias Panamericanas, la historia laboral muestra una din&aacute;mica muy interesante al llevarse a la mesa de discusi&oacute;n y an&aacute;lisis los problemas regionales de los pa&iacute;ses latinoamericanos sobre la cuesti&oacute;n de los trabajadores. Juan Carlos Y&aacute;&ntilde;ez Andrade se detiene precisamente en los trece a&ntilde;os que median entre 1923 y 1936, en la que los esfuerzos se encaminaron a la creaci&oacute;n fallida de un Instituto del Trabajo para la regi&oacute;n latinoamericana contrapuesto en cierta manera a la OIT y a la influencia estadounidense. Como corolario de este proceso en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os treinta, destaca la realizaci&oacute;n del Congreso Obrero Latinoamericano, en el que Vicente Lombardo Toledano tuvo una importante participaci&oacute;n, tal y como lo estudia Patricio Herrera Gonz&aacute;lez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero mientras que en el mundo europeo y americano la historia laboral y de los trabajadores sigui&oacute; ciertas pautas m&aacute;s o menos homog&eacute;neas, el problema del trabajo en el extremo oriente era completamente distinto. En el sur de China y parte del sudoeste asi&aacute;tico prevaleci&oacute; abiertamente, hasta mitad del siglo XX, una serie de sistemas de trabajo que inclu&iacute;a el trabajo infantil dom&eacute;stico sin remuneraci&oacute;n, una especie de esclavitud a ojos de los activistas occidentales que aprovecharon todas las instancias y organizaciones internacionales para acabar con dichas pr&aacute;cticas. Sobre ello nos ilustra el art&iacute;culo de Magaly Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es sabido que el antiguo arte de la traducci&oacute;n cobr&oacute; una fuerza inusitada gracias al inter&eacute;s por elaborar un trasunto los m&aacute;s fidedigno posible de las Sagradas Escrituras. Primero, con la traducci&oacute;n de los textos hebreos al griego, desde el siglo III a.C.; luego, con la traducci&oacute;n de los textos arameos, hebreos y griegos fijados hacia el a&ntilde;o 100 d.C., al lat&iacute;n vulgar, labor sistem&aacute;tica atribuida a San Jer&oacute;nimo hacia el siglo iv. Si bien hubo mucho inter&eacute;s por traducir otro tipo de obras, como lo atestigua la labor de la escuela de traductores de Toledo, el inter&eacute;s por el trasunto de los libros sagrados lleg&oacute; a su m&aacute;xima expresi&oacute;n en el siglo XVI con la traducci&oacute;n de la Biblia del lat&iacute;n al alem&aacute;n, por obra de Mart&iacute;n Lutero. De &eacute;l, Her&oacute;n P&eacute;rez Mart&iacute;nez rescata un conocido texto, la "Carta del traductor", documento que no solamente pone en contexto, sino aprovecha para adentrarnos en los problemas te&oacute;ricos de dicha actividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, la secci&oacute;n general est&aacute; compuesta de dos art&iacute;culos que, si bien est&aacute;n muy alejados en el tiempo y en las realidades abordadas, tienen algo en com&uacute;n: el an&aacute;lisis de las acciones de gobierno por hacer m&aacute;s eficiente la administraci&oacute;n de los recursos. Por un lado, el texto de Rossend Rovira Morgado presenta evidencias arqueol&oacute;gicas y etnohist&oacute;ricas que le sirven para analizar el proceso de abasto, almacenamiento, distribuci&oacute;n y comercio de bienes en una de los m&aacute;s grandes centros urbanos mesoamericanos a principios del siglo xvi: Tenochtitlan. Por otro lado, el trabajo de Carlos T&eacute;llez Valencia hace un an&aacute;lisis de la instrumentaci&oacute;n de estrategias para la administraci&oacute;n p&uacute;blica que involucran participaci&oacute;n ciudadana, en la ciudad de Le&oacute;n, Guanajuato.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Gayol</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Nota</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Propuesta y coordinada por Patricio Herrera Gonz&aacute;lez (Universidad de Valpara&iacute;so, Chile), y autor tambi&eacute;n de uno de los art&iacute;culos que la componen.</font></p>      ]]></body>
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