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<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Monstruo, discurso y caracterización en Melanipa sabia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the testimonies and critical reactions to the famous speech of the protagonist of Melanippe the Wise in the light of an important theme of the play: that of supernatural portents and their interpretation. By means of this speech, the character reveals herself as an intellectual prodigy; likewise, Melanippe's rhetorical strategy based upon emphasis, transforms her discourse into a sign akin to that of a portent, whose true significance is left for others (audience and readers included) to interpret.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Monstruo, discurso y caracterizaci&oacute;n en <i>Melanipa sabia</i></b><a href="#notas">*</a></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Francisco Barrenechea Cuadra</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo se analizan los testimonios del famoso discurso de la protagonista de la tragedia de Eur&iacute;pides, <i>Melanipa sabia,</i> as&iacute; como las reacciones de los cr&iacute;ticos ante &eacute;l, a la luz de un tema importante de la obra: los portentos sobrenaturales y su interpretaci&oacute;n. Mediante este discurso, Melanipa se revela como un prodigio intelectual; de la misma manera, su estrategia ret&oacute;rica, que se basa en el &eacute;nfasis, transforma su discurso en un signo semejante al de un portento, cuya significaci&oacute;n verdadera debe ser interpretada por otros, incluyendo el p&uacute;blico y los lectores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> tragedia, Eur&iacute;pides, fragmentos, Melanipa, monstruo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This article analyzes the testimonies and critical reactions to the famous speech of the protagonist of <i>Melanippe the Wise</i> in the light of an important theme of the play: that of supernatural portents and their interpretation. By means of this speech, the character reveals herself as an intellectual prodigy; likewise, Melanippe's rhetorical strategy based upon emphasis, transforms her discourse into a sign akin to that of a portent, whose true significance is left for others (audience and readers included) to interpret.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La protagonista de <i>Melanipa sabia</i> ha despertado inter&eacute;s entre los cr&iacute;ticos actuales por su caracterizaci&oacute;n como una joven intelectual. Incluso una cr&iacute;tica, S. Auffret, la ha considerado como el primer intento en la literatura occidental de imaginar a una mujer fil&oacute;sofa.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Este inter&eacute;s resulta sorprendente si consideramos que la tragedia no sobrevive, y que el personaje s&oacute;lo se conoce indirectamente a partir de ciertas noticias y unos cuantos fragmentos, de muy pocos versos, de la pieza. Aun as&iacute;, esta escasa evidencia ofrece la suficiente informaci&oacute;n para darnos una idea de la trama de la obra y ubicar con seguridad la mayor&iacute;a de estos fragmentos. Sin duda, ya en la antig&uuml;edad, la fuerza de este personaje caus&oacute; un fuerte impacto entre los cr&iacute;ticos, quienes transmitieron las acciones y palabras de Melanipa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los estudios sobre Melanipa, destacan los de Auffret y Mayhew, quienes le dedican a este inusual personaje sendos an&aacute;lisis feministas y filos&oacute;ficos de los que en gran medida se ha beneficiado el presente trabajo. En las siguientes p&aacute;ginas me propongo revisar los testimonios y fragmentos de esa tragedia para examinar la forma en que un discurso de Melanipa, famoso en la antig&uuml;edad, se relaciona con lo monstruoso, un tema importante de la tragedia, y con el temor y la ansiedad que ese tema suscita para hallarle un significado. Brevemente, sostengo que, en el discurso en que Melanipa busca desacreditar la creencia en portentos monstruosos, emplea una estrategia ret&oacute;rica que convierte sus palabras en un signo similar a un portento, que debe interpretarse. Adem&aacute;s, a trav&eacute;s de esa estrategia, la protagonista se revela a su vez como un ser extraordinario, excesivo y, a fin de cuentas, peligroso para la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de entrar al tema, resumir&eacute; lo que se conoce de la trama de <i>Melanipa sabia.</i> Un testimonio nos informa que Melanipa pronunciaba el pr&oacute;logo de la obra, del cual se conserva un fragmento; en ese pr&oacute;logo, Melanipa daba a conocer que ella era hija de Eolo, rey de Tesalia, y de Hipo, la hija del centauro Quir&oacute;n. En seguida, relataba que Poseid&oacute;n la hab&iacute;a violado y que, despu&eacute;s de quedar encinta, hab&iacute;a dado a luz gemelos.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Tambi&eacute;n existe un argumento de la tragedia que nos informa que la violaci&oacute;n hab&iacute;a ocurrido mientras estaba ausente el padre, que hab&iacute;a sido exiliado de su reino por haber cometido un asesinato, y que Melanipa, temerosa de su inminente regreso y siguiendo las instrucciones del dios, hab&iacute;a dado a los hijos a su nodriza para que los expusiera en un establo.<sup><a href="#notas">3</a></sup> No sabemos si este suceso ya formaba parte del desarrollo de la obra, o si Melanipa tambi&eacute;n lo mencionaba en el pr&oacute;logo; la misma incertidumbre se aplica al retorno de Eolo. Lo que s&iacute; es seguro es que el descubrimiento de los ni&ntilde;os ten&iacute;a lugar dentro de la acci&oacute;n dram&aacute;tica, con el rey ya de vuelta en su reino. Un grupo de vaqueros, contin&uacute;a el argumento, se presentaba ante Eolo con los ni&ntilde;os, porque, al hallarlos, hab&iacute;an visto que una vaca los amamantaba y un toro los proteg&iacute;a, y hab&iacute;an concluido que estos animales los hab&iacute;an parido y que, por tanto, los ni&ntilde;os eran <i>t&eacute;rata,</i> es decir, monstruos, portentos.<sup><a href="#notas">4</a></sup> El argumento menciona asimismo que Hel&eacute;n, padre de Eolo, persuad&iacute;a a su hijo para que quemara esos supuestos portentos.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Otras fuentes confirman que Hel&eacute;n ten&iacute;a un papel importante en la tragedia: por un lado, hay una cratera, descubierta en Apulia, que muestra a este personaje observando de cerca el descubrimiento del vaquero;<sup><a href="#notas">6</a></sup> por el otro, en dos fragmentos de la adaptaci&oacute;n latina que hizo Enio de la tragedia euripidea, quien habla es Hel&eacute;n.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Eolo, prosigue el argumento, encargaba a Melanipa que amortajara a los ni&ntilde;os para que fueran quemados; &eacute;sta obedec&iacute;a a su padre y, en seguida, interced&iacute;a por ellos con un discurso en que argumentaba, seg&uacute;n sabemos por otras fuentes, que no eran <i>t&eacute;rata.<sup><a href="#notas">8</a></sup></i> Hasta aqu&iacute; llega la evidencia que se tiene sobre la trama de esta obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De lo que ocurr&iacute;a despu&eacute;s de este discurso s&oacute;lo sabemos que Hipo, la madre, aparec&iacute;a en escena: esto lo sabemos, en parte, porque el lexic&oacute;grafo P&oacute;lux informa que exist&iacute;a una m&aacute;scara especial para este personaje que, en alguna obra de Eur&iacute;pides, se transformaba en caballo;<sup><a href="#notas">9</a></sup> por otro lado, hay un testimonio donde se menciona que Hipo hab&iacute;a subido al cielo convertida en una constelaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">10</a></sup> Los estudiosos concuerdan en que estas dos alusiones deben referirse a la tragedia de <i>Melanipa sabia,</i> que seguramente es la &uacute;nica en que Hipo figuraba.<sup><a href="#notas">11</a></sup> En efecto, en el fragmento que se conserva del pr&oacute;logo, Melanipa rememora extensamente esa metamorfosis, y la presenta como un castigo divino que hab&iacute;a sido infligido a su madre por utilizar su vasto conocimiento (prof&eacute;tico, m&eacute;dico e incluso astrol&oacute;gico) para ayudar a la humanidad.<sup><a href="#notas">12</a></sup> La noticia del posible catasterismo, la apariencia monstruosa de la m&aacute;scara y la menci&oacute;n que hace Melanipa sobre la desaparici&oacute;n de su madre (suceso que, en Eur&iacute;pides, apunta a una divinizaci&oacute;n) hacen pensar que Hipo aparec&iacute;a como <i>deus ex machina</i> en el desenlace de la obra.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;stos son, a grandes rasgos, los acontecimientos que con seguridad conformaban la trama de <i>Melanipa sabia.</i> Entre ellos, destacan dos temas que encuentran paralelo en otras tragedias de Eur&iacute;pides; su an&aacute;lisis puede ayudar a detectar las peculiaridades de la acci&oacute;n dram&aacute;tica en <i>Melanipa sabia</i> y, por extensi&oacute;n, de la protagonista. El primer tema est&aacute; conformado por tres elementos: la muchacha violada por un dios, la exposici&oacute;n de los ni&ntilde;os nacidos de esta uni&oacute;n, y el eventual descubrimiento y castigo de la muchacha por su padre. Otras tres piezas de Eur&iacute;pides, <i>D&aacute;nae, Alope</i> y <i>Auge,</i> comparten estos elementos en el desarrollo de la acci&oacute;n dram&aacute;tica, aunque var&iacute;a la manera en que ocurren los hechos.<sup><a href="#notas">14</a></sup> Tanto en <i>Alope</i> como en <i>Auge,</i> los ni&ntilde;os estaban tambi&eacute;n bajo el cuidado de animales (una yegua y una cierva, respectivamente),<sup><a href="#notas">15</a></sup> pero no son tomados por monstruos. &Eacute;ste es el segundo tema de la tragedia: el descubrimiento de un portento sobrenatural, y la ansiedad por hallar el significado de su aparici&oacute;n. Este tema, como apuntan Webster y Schmid, aparece en <i>Los cretenses</i> de Eur&iacute;pides, que trata del nacimiento del Minotauro;<sup><a href="#notas">16</a></sup> yo a&ntilde;adir&iacute;a tambi&eacute;n <i>Poliido,</i> tragedia en la que aparece en el reba&ntilde;o de Minos un becerro que cambia de color tres veces al d&iacute;a.<sup><a href="#notas">17</a></sup> En estas dos tragedias, los monstruos son verdaderos, pero &eacute;se no es el caso en <i>Melanipa sabia,</i> donde es claro, desde el principio, que los ni&ntilde;os no son monstruos sino que solamente se les toma como tales. La conjunci&oacute;n de los dos temas, la corrupci&oacute;n sexual y lo monstruoso, se manifiesta plenamente en la dram&aacute;tica intercesi&oacute;n de Melanipa por sus hijos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como bien se&ntilde;ala Auffret, desde el momento en que el dramaturgo introduce la confusi&oacute;n sobre los engendros, y la consecuente decisi&oacute;n de eliminarlos, el discurso de Melanipa se sit&uacute;a como el acontecimiento central de la obra:<sup><a href="#notas">18</a></sup> la vida de los ni&ntilde;os depende de las palabras de su madre, pero &eacute;sta, a su vez, corre el riesgo de denunciar su deshonra. Sin duda, la fuerza dram&aacute;tica de su intercesi&oacute;n impresion&oacute; tanto a los espectadores como a los lectores de la obra, y su discurso se consider&oacute; tan extraordinario, que incluso el argumento se toma la molestia de afirmar &#151;cosa rara en este tipo de textos, usualmente enfocados en la simple narraci&oacute;n de la trama&#151; que era un "discurso ambicioso" <i>(l&oacute;gon phil&oacute;timon).<sup><a href="#notas">19</a></sup></i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Afortunadamente, conocemos, aunque de manera muy esquem&aacute;tica, la estrategia ret&oacute;rica y los argumentos de Melanipa en ese famoso discurso. Dos tratados atribuidos a Dionisio de Halicarnaso conservan una descripci&oacute;n general de &eacute;ste.<sup><a href="#notas">20</a></sup> En ambos se cita este discurso como ejemplo de una figura de pensamiento que recibe el nombre de "&eacute;nfasis"; esta figura se utiliza, como explica Lausberg, "cuando el orador quiere expresar algo determinado, pero no puede o no quiere, en vista de las circunstancias. Por ello se limita a una alusi&oacute;n, tras la cual el p&uacute;blico debe buscar y encontrar la verdadera significaci&oacute;n".<sup><a href="#notas">21</a></sup> En el caso de esta tragedia, la intenci&oacute;n de Melanipa era probar que los ni&ntilde;os no eran portentos y que, por lo tanto, no deb&iacute;an ser quemados; todo esto, por supuesto, sin revelar que <i>ella</i> era la madre, para evitar las represalias de su padre. Esta estrategia ret&oacute;rica es central en la defensa y contribuye en gran medida al suspenso de la trama.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a los argumentos, los    tratados citan dos; el primero, del cual se conserva un fragmento, aparece al    comienzo del discurso y consiste en un curioso razonamiento cosmog&oacute;nico:    Melanipa describe c&oacute;mo todas las criaturas vivientes comparten un mismo    origen, pues todas provienen de la uni&oacute;n del Cielo con la Tierra; de    esa uni&oacute;n nacieron los &aacute;rboles, los animales del cielo, de la    tierra y del mar, por una parte, y, por la otra, la raza humana.<sup><a href="#notas">22</a></sup>    Al separar la generaci&oacute;n de los humanos de la de los restantes animales,    parecer&iacute;a que Melanipa argumenta que una especie no puede nacer de otra:    en este caso, ni&ntilde;os de vacas. Una vez que se demuestra que los hombres    no nacen de los animales, hace falta explicar la aparici&oacute;n de los supuestos    portentos, y esto es lo que Melanipa arguye a continuaci&oacute;n. Los tratados    relatan que, al enumerar las razones para salvar a los ni&ntilde;os, la muchacha    preguntaba a su padre lo siguiente: "y si una muchacha que ha sido violada expuso    a sus ni&ntilde;os por temor a su padre, &iquest;cometer&aacute;s t&uacute;    un asesinato?" <i>(ei de parthenos phthareisa ex&eacute;th&#275;ke ta paid&iacute;a    kai phoboumen&#275; ton patera, sy phonon draseis).</i><sup><a href="#notas">23</a></sup>    Eolo, recordemos, acababa de regresar del exilio, que hab&iacute;a sufrido como    castigo de un asesinato, as&iacute; que el argumento de su hija parece encaminarse    tanto a persuadirlo de que estaba en peligro de cometer otro crimen como a despertar    su compasi&oacute;n por una muchacha violada. En todo caso, como indica Mayhew,    parecer&iacute;a que el discurso comienza por desacreditar el miedo religioso    a un portento, y procede hasta una nueva definici&oacute;n del problema de los    ni&ntilde;os en otro plano, el moral: no se trata de portentos, dir&iacute;a    Melanipa, sino de una violaci&oacute;n, de una exposici&oacute;n de ni&ntilde;os    y del peligro de derramar sangre inocente.<sup><a href="#notas">24</a></sup>    &Eacute;sta es la situaci&oacute;n verdadera, y Melanipa la insin&uacute;a mediante    el &eacute;nfasis ret&oacute;rico de su discurso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al centrarse la trama en este discurso crucial, el inter&eacute;s dram&aacute;tico no s&oacute;lo radica en la forma en que &eacute;ste se articula de manera efectiva, sino tambi&eacute;n, e inusualmente, en la forma en que esta articulaci&oacute;n descubre aspectos inquietantes del personaje. De hecho, &eacute;ste es el momento en que las cr&iacute;ticas concuerdan en que el personaje se vuelve problem&aacute;tico.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Melanipa no le agrad&oacute;    mucho a Arist&oacute;teles; en su <i>Po&eacute;tica,</i> al definir los requerimientos    de una caracterizaci&oacute;n dram&aacute;tica, la cita como ejemplo de un personaje    "inapropiado" <i>(aprep&#275;s kai m&#275; harmott&#333;n):</i> "en lo que respecta a las caracterizaciones    &#91;...&#93; debe buscarse que sean apropiadas: hay valent&iacute;a de car&aacute;cter,    pero es inapropiado que una mujer sea as&iacute; de valiente o astuta &#91;...&#93;    Un ejemplo &#91;...&#93; de una caracterizaci&oacute;n no apta e inapropiada    es &#91;...&#93; el discurso de Melanipa".<sup><a href="#notas">25</a></sup>    Ahora bien, lo que el fil&oacute;sofo quiere decir aqu&iacute; por "apropiado"    est&aacute; relacionado, como explica Halliwell, con la creencia de que existe    un fuerte v&iacute;nculo entre el car&aacute;cter moral y las condiciones objetivas    de la vida, incluyendo la edad, el sexo, el origen y la condici&oacute;n social.<sup><a href="#notas">26</a></sup>    Por ejemplo, y parafraseando un poco el argumento de Arist&oacute;teles en el    pasaje mencionado, una mujer puede actuar de manera valiente o inteligente,    es decir, virtuosamente, pues, para Arist&oacute;teles, cada acto es el resultado    de una decisi&oacute;n &eacute;tica; sin embargo, la mujer siempre ser&aacute;    valiente o inteligente en un grado inferior al hombre, debido a la diferencia    entre los sexos, que hace que una misma virtud se manifieste de manera distinta    en cada uno.<sup><a href="#notas">27</a></sup> Aunque Arist&oacute;teles nunca    especifica en qu&eacute; radica la impropiedad de la acci&oacute;n de Melanipa,    los estudiosos concuerdan en que &eacute;l, al mencionar que en una mujer es    inapropiada la cualidad de ser <i>dein&#275;,</i> es decir, de poseer una agilidad    intelectual extraordinaria, se refiere a la argumentaci&oacute;n de la muchacha    al defender a sus hijos.<sup><a href="#notas">28</a></sup> En el discurso, por    lo tanto, la habilidad y la agudeza de Melanipa exceden las que son propias    de una mujer en su condici&oacute;n de vida, seg&uacute;n concluye Mayhew.<sup><a href="#notas">29</a></sup>    Y si esta virtud es excesiva para este personaje, que no s&oacute;lo es mujer,    sino joven, soltera y de familia noble, Melanipa se vuelve inapropiada.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me pregunto si esta cr&iacute;tica de "impropiedad" trae consigo, adem&aacute;s, una censura moral por parte de Arist&oacute;teles hacia la acci&oacute;n exc&eacute;ntrica del personaje. Mayhew lo duda y a&ntilde;ade que Arist&oacute;teles hubiera considerado su discurso, aunque inapropiado para el personaje, como algo noble, por el hecho de que busca la salvaci&oacute;n de los ni&ntilde;os.<sup><a href="#notas">30</a></sup> Otras voces de la &eacute;poca, sin embargo, no dudaron en tachar de inmoral a la muchacha, como veremos m&aacute;s adelante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No deja de sorprender el hecho de que los tratadistas hayan cuestionado el mismo aspecto del personaje que Arist&oacute;teles encontr&oacute; fallido: el razonamiento inusualmente refinado del discurso de Melanipa. Sin embargo, ellos dan a ese problema una soluci&oacute;n distinta: desdoblan el personaje. Ya hemos hablado del &eacute;nfasis ret&oacute;rico utilizado por la muchacha, que esconde su verdadero inter&eacute;s en el asunto por miedo a su padre; lo curioso es que los tratadistas distinguen un <i>segundo</i> &eacute;nfasis en sus palabras: destacan el argumento cosmog&oacute;nico y se lo adjudican al poeta mismo, que habla a trav&eacute;s de su personaje.<sup><a href="#notas">31</a></sup> Aqu&iacute;, los tratados recurren a una noticia biogr&aacute;fica curiosa para explicar la figura utilizada: Eur&iacute;pides, siendo disc&iacute;pulo de S&oacute;crates, quer&iacute;a emplear en sus obras las ideas de su viejo maestro Anax&aacute;goras, y, as&iacute;, las cita al comienzo del discurso de Melanipa, pero se las atribuye a la figura m&iacute;tica de Hipo; &eacute;sta ser&iacute;a la manera en que Eur&iacute;pides dar&iacute;a a su p&uacute;blico un indicio de la buena voluntad que a&uacute;n le ten&iacute;a a su maestro.<sup><a href="#notas">32</a></sup> Ahora bien, la veracidad hist&oacute;rica de esta an&eacute;cdota no interesa;<sup><a href="#notas">33</a></sup> lo que importa es el hecho de que con ella se busque separar al personaje femenino de su propio argumento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consecuentemente, seg&uacute;n los tratadistas, en el discurso habr&iacute;a un doble &eacute;nfasis: el que es propio del personaje de la muchacha, y el correspondiente al dramaturgo; as&iacute;, Melanipa queda separada de la parte intelectual de su discurso, y esta parte se adjudica, en cambio, al poeta, que, sin embargo, no tiene parte en el dilema de la joven.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &eacute;nfasis propio de Melanipa tiene detr&aacute;s, como motivos particulares, su deseo de salvar a sus hijos, y su necesidad de ocultar la violaci&oacute;n por el terror que le tiene a su padre.<sup><a href="#notas">34</a></sup> Estos motivos ser&iacute;an completamente apropiados a la condici&oacute;n del personaje, si consideramos el punto de vista aristot&eacute;lico que se mencion&oacute; antes. Sin embargo, en su af&aacute;n por explicar la parte "filos&oacute;fica" del primer argumento de Melanipa, los tratadistas convierten al personaje en un h&iacute;brido, en una mezcla de dos voces y dos intenciones.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es dif&iacute;cil ver por    qu&eacute; Arist&oacute;teles y los tratadistas se enfocaron en esta disyunci&oacute;n    del personaje. El dramaturgo ten&iacute;a muy presente la incredulidad que suscitar&iacute;a    el conocimiento excesivo del personaje, como puede observarse en otro fragmento    del discurso de Melanipa; ella dice en un verso: "Yo soy mujer, pero tengo inteligencia"    <i>(eg&#333; gun&#275; men eimi, nous d' &eacute;nesti moi).</i><sup><a href="#notas">35</a></sup>    No cabe duda de que, con estas palabras, Melanipa afirma su capacidad intelectual,    pero lo hace en tono defensivo y mediante el contraste entre inteligencia y    sexo, que anticipa ya la cr&iacute;tica de Arist&oacute;teles y los tratadistas.    Detr&aacute;s de esta defensa parecer&iacute;a estar el supuesto de que una    mujer es incapaz de dar consejo por carecer de inteligencia, o por tenerla en    grado tan reducido que su opini&oacute;n resulta intrascendente.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El verso anterior tambi&eacute;n    lo emplea la Lis&iacute;strata de Arist&oacute;fanes al comienzo de su propio    discurso, que busca reconciliar a los delegados atenienses con los espartanos;<sup><a href="#notas">36</a></sup>    la defensa de su capacidad intelectual frente a su p&uacute;blico masculino    calca la estrategia de Melanipa, que intenta desechar ese prejuicio en sus oyentes.    Lis&iacute;strata, por su parte, para hacer m&aacute;s persuasivas sus palabras,    recurre a un argumento de autoridad, y declara que la idea que va a presentar    la escuch&oacute; de su padre y de sus mayores.<sup><a href="#notas">37</a></sup>    Melanipa hace la misma declaraci&oacute;n en relaci&oacute;n con el contenido    cosmog&oacute;nico de su discurso, que constituye su primer argumento: "y no    son m&iacute;as estas palabras, sino de mi madre" <i>(k'ouk emos ho mythos,    all' em&#275;s m&#275;tros para).</i><sup><a href="#notas">38</a></sup> A juzgar    por el eco de Arist&oacute;fanes, estas palabras parecer&iacute;an demostrar    que Eur&iacute;pides estaba enteramente consciente de la incredulidad que suscitar&iacute;a    el argumento cosmog&oacute;nico de Melanipa, y, por consiguiente, su grado de    inteligencia. Los tratadistas, por su parte, entend&iacute;an el parentesco    que Eur&iacute;pides establece entre su protagonista e Hipo, famosa por su don    prof&eacute;tico, como un intento de que la "filosof&iacute;a" de Melanipa no    resultara poco convincente <i>(apithanos).</i><sup><a href="#notas">39</a></sup></font></p>  	     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El argumento de autoridad y el    tono defensivo de Melanipa son estrategias ret&oacute;ricas usuales en los proemios    de Eur&iacute;pides; en esta tragedia, la estrategia de la muchacha busca paliar    cualquier ofensa que su discurso pudiera causar a sus mayores y, a la vez, reclamar    su derecho a hablar. Sin embargo, por la reacci&oacute;n de quienes oyeron sus    palabras, queda claro que la estrategia no result&oacute; efectiva; quiz&aacute;    por ello, el argumento de autoridad de Melanipa se volvi&oacute; proverbial    en la literatura griega posterior.<a href="#notas"><sup>40</sup></a> En el <i>Simposio</i>    de Plat&oacute;n, por ejemplo, Erix&iacute;maco lo emplea, "a la manera de la    Melanipa de Eur&iacute;pides" <i>(kata t&#275;n Euripidou Melanipp&#275;n),</i>    cuando propone el tema de conversaci&oacute;n para la velada: "no son m&iacute;as    estas palabras, sino de este Fedro".<sup><a href="#notas">41</a></sup> En el    empleo par&oacute;dico de la frase en este pasaje, &eacute;sta se entiende como    una ingeniosa manera de hacer pasar lo propio como ajeno. La pretensi&oacute;n    del personaje de no saber nada del tema, por tanto, es una mera treta ret&oacute;rica    para disfrazar juguetonamente el propio inter&eacute;s en el t&oacute;pico de    la pl&aacute;tica. A la luz de esta parodia, parecer&iacute;a que la estrategia    ret&oacute;rica de Melanipa result&oacute; demasiado transparente, aunque es    &eacute;ste, creo yo, el prop&oacute;sito del uso del &eacute;nfasis: el p&uacute;blico    deb&iacute;a percatarse de las insinuaciones del personaje y tambi&eacute;n,    a fin de cuentas, de su aspecto excepcional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, el sexo, la edad, la inteligencia y la habilidad contrastan y se disocian en el discurso de Melanipa. Para Arist&oacute;teles, el conflicto es el resultado de una inteligencia inmoderada que rompe con el esquema &eacute;tico de un cierto car&aacute;cter femenino, una virtud que alinea m&aacute;s al personaje a lo masculino que a lo femenino. Por ello, en su opini&oacute;n, el personaje no s&oacute;lo es inapropiado sino tambi&eacute;n excesivo. Los tratadistas llevan esa ruptura al extremo, cuando postulan un &eacute;nfasis doble, y separan al intelectual de la muchacha violada y temerosa, creando as&iacute; dos voces. A la vez, Eur&iacute;pides se revela consciente de este exceso y de esta disyuntiva, y hace que Melanipa misma, en el proemio de su discurso, por un lado, contraponga la inteligencia a su sexo, y, por el otro, atribuya el conocimiento a su madre. Esta estrategia ret&oacute;rica, que busca enmascarar el propio inter&eacute;s con el fin de persuadir, se basa precisamente en la disociaci&oacute;n del personaje de su propio conocimiento, disociaci&oacute;n que, como vemos en la parodia de Erix&iacute;maco, no convenci&oacute; del todo a todos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Excesiva e inconsistente, la caracterizaci&oacute;n de Melanipa transgrede diversas convenciones mediante su ret&oacute;rica. A la larga, como intento probar, Melanipa se revela a s&iacute; misma como un verdadero portento, a diferencia de sus hijos gemelos, que son portentos falsos. Ya que la tragedia de <i>Melanipa sabia</i> est&aacute; poblada por criaturas extraordinarias, reales o supuestas, ser&iacute;a necesario, ante todo, precisar la definici&oacute;n de lo que se entiende por "monstruoso". Seg&uacute;n afirma Lada Richardson, en su revelador ensayo sobre el papel que juegan los monstruos en el ritual griego, la definici&oacute;n de lo monstruoso es dif&iacute;cil, pues este concepto es altamente din&aacute;mico, como lo muestran las diferentes maneras en que se presenta en diversos discursos (por ejemplo, los discursos cient&iacute;ficos y los religiosos).<sup><a href="#notas">42</a></sup> En su estudio, la autora limita ese concepto a seres "tales que confunden y hacen borrosas algunas de las categor&iacute;as que el sistema taxon&oacute;mico de una sociedad se esfuerza por mantener bien diferenciadas".<sup><a href="#notas">43</a></sup> Una definici&oacute;n similar emplea Auffret en su an&aacute;lisis de Melanipa: para ella, el personaje es metaf&oacute;ricamente un monstruo, en el sentido en que en ella se confunden tanto categor&iacute;as sociales como tipos de discurso. Melanipa es, al mismo tiempo, madre y muchacha soltera e hija de familia; adem&aacute;s, ella combina el discurso racional de un fil&oacute;sofo con el conocimiento prof&eacute;tico que hab&iacute;a heredado de su madre Hipo, la vidente.<sup><a href="#notas">44</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la caracterizaci&oacute;n de Melanipa (excesiva e inconsistente) no s&oacute;lo responde a esa visi&oacute;n transgresiva y figurada del personaje, sino que tambi&eacute;n se relaciona con un segundo aspecto del concepto de lo monstruoso: la calidad de ser signo, en cuanto portento. Melanipa es, pues, un monstruo, un <i>teras,</i> pero lo es a partir de la estrategia ret&oacute;rica de su discurso, que eventualmente convierte a esta oradora extraordinaria en un signo que debe interpretarse. En este sentido, resulta crucial examinar la forma en que el descubrimiento del portento (aunque se trata de uno falso) y la consecuente ansiedad por interpretarlo se establecen como el origen del conflico dram&aacute;tico de la tragedia, y establecen su din&aacute;mica interpretativa.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Melanipa sabia,</i> como ya    he mencionado, no es la &uacute;nica tragedia que habla de ni&ntilde;os expuestos    criados por animales, pero s&iacute; es la &uacute;nica, seg&uacute;n sabemos,    en que esos ni&ntilde;os son considerados monstruos.<sup><a href="#notas">45</a></sup>    Tanto en esta obra como en <i>Los cretenses,</i> que tambi&eacute;n trataba    de un nacimiento monstruoso, estos ni&ntilde;os son engendros que despiertan    asombro, curiosidad e incluso un cierto temor supersticioso,<sup><a href="#notas">46</a></sup>    porque son considerados portentos. El argumento y los tratadistas, en su resumen    de la acci&oacute;n dram&aacute;tica de <i>Melanipa sabia,</i> los llaman repetidamente    <i>terata:</i><sup><a href="#notas">47</a></sup> no est&aacute; de m&aacute;s    recordar que este t&eacute;rmino puede englobar tanto al monstruo como al signo    divino.<sup><a href="#notas">48</a></sup> Los hijos de Melanipa fueron identificados    como monstruos porque, aunque su apariencia no era deforme (como la del Minotauro),    el hecho de que, como se cre&iacute;a, hubieran nacido de una vaca y de un toro    transgred&iacute;a el orden natural de las especies. Hay que analizar si ese    acontecimiento monstruoso fue tambi&eacute;n considerado un signo divino que    motiv&oacute; el af&aacute;n por interpretar su significado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No sabemos si Hel&eacute;n pensaba que los ni&ntilde;os tra&iacute;dos por los vaqueros eran simplemente engendros de la naturaleza, o si tambi&eacute;n los ve&iacute;a como un portento sobrenatural; si pens&oacute; que eran signos divinos, desconocemos la explicaci&oacute;n que podr&iacute;a haber dado. Sin embargo, afortunadamente queda un fragmento de sus palabras en <i>Melanipa,</i> la tragedia que el poeta latino Enio adapt&oacute; de la euripidea, que quiz&aacute; aclare ese problema; en &eacute;l, Hel&eacute;n dice a Eolo: "&#91;No hay duda&#93; de que es una se&ntilde;al divina. Esto te lo digo y auguro mediante una interpretaci&oacute;n".<sup><a href="#notas">49</a></sup> La palabra latina <i>monstrum</i> equivale al griego <i>teras</i> en su aspecto de portento. Jocelyn, en su comentario a este fragmento, se&ntilde;ala que la palabra, en su sentido de se&ntilde;al divina, formaba parte del lenguaje sacro de los augures romanos.<sup><a href="#notas">50</a></sup> Por las palabras de Hel&eacute;n, es evidente que, en la adaptaci&oacute;n latina, los ni&ntilde;os se consideran un signo, puesto que el portento es objeto de un proceso interpretativo <i>(coniectura auguro).</i> Por supuesto, Enio no ten&iacute;a que copiar servilmente a su modelo griego (adem&aacute;s, resulta claro que el pasaje est&aacute; adaptado a la cultura latina), pero el uso de esos tecnicismos, propios de las preocupaciones religiosas de la sociedad latina, podr&iacute;a indicar que esa misma idea, la de que los ni&ntilde;os sean un signo, existiera tambi&eacute;n en Eur&iacute;pides.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lenfant arguye que, en contraste con el terror que los nacimientos monstruosos sembraban entre los latinos, la sociedad griega de la &eacute;poca de Eur&iacute;pides no daba mayor importancia a estas criaturas, en cuanto se&ntilde;ales divinas.<sup><a href="#notas">51</a></sup> Sin embargo, como tambi&eacute;n apunta Lenfant, el miedo a lo portentoso y la b&uacute;squeda de su significado estaban presentes en los viejos mitos y, por consiguiente, en la tragedia.<sup><a href="#notas">52</a></sup> El patr&oacute;n interpretativo del Hel&eacute;n latino aparece claramente en <i>Los cretenses,</i> donde Pas&iacute;fae explica el parto del Minotauro, fruto de su propia pasi&oacute;n por el toro, y principal portento de esa obra, como la manifestaci&oacute;n de un castigo divino contra Minos.<sup><a href="#notas">53</a></sup> En <i>Poliido,</i> Minos llama al vidente Poliido expresamente para hallarle un significado al becerro multicolor:<sup><a href="#notas">54</a></sup> de nueva cuenta, el <i>teras</i> no es s&oacute;lo un monstruo, sino tambi&eacute;n un signo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro fragmento de la versi&oacute;n latina, Hel&eacute;n insiste en que su hijo Eolo queme a los ni&ntilde;os, tal como lo indica el argumento de la tragedia de Eur&iacute;pides: el verbo griego es <i>holokautoun,</i> que se refiere al acto de hacer ofrendas arroj&aacute;ndolas al fuego.<sup><a href="#notas">55</a></sup> Es dif&iacute;cil pensar que, en el original griego, Hel&eacute;n no asumiera el mismo papel de int&eacute;rprete sagrado que tiene en la versi&oacute;n latina: &iquest;c&oacute;mo explicar de otro modo su papel como consejero? Ya los vaqueros hab&iacute;an pensado que los ni&ntilde;os eran <i>t&eacute;rata,</i> y por eso los llevaron ante el rey.<sup><a href="#notas">56</a></sup> &iquest;Para qu&eacute; tendr&iacute;a que repetir lo mismo el padre de Eolo? &iquest;Por qu&eacute; el pintor de la cratera de Apulia, que mencion&eacute; antes, decidi&oacute; situar a Hel&eacute;n en el centro de su composici&oacute;n, en el momento en que examina atentamente a las criaturas?<sup><a href="#notas">57</a></sup> Finalmente, &iquest;por qu&eacute; Hel&eacute;n tiene que <i>persuadir</i> a su hijo de que las criaturas deben ser tratadas de una cierta manera y de que deben ser quemadas?<sup><a href="#notas">58</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No sabemos cu&aacute;l era la interpretaci&oacute;n que Hel&eacute;n daba al portento. En <i>Los cretenses,</i> Pas&iacute;fae explica que el nacimiento del Minotauro responde al enojo de Posid&oacute;n por la falta que Minos hab&iacute;a cometido contra ese dios; en <i>Poliido,</i> el becerro de tres colores, un acertijo viviente, se refiere a una mora. &iquest;A qu&eacute; podr&iacute;an referirse unos ni&ntilde;os nacidos de una vaca en <i>Melanipa sabia?</i> El &uacute;nico acontecimiento importante con el cual podr&iacute;a relacionarse un portento en esta tragedia es el exilio del rey, despu&eacute;s de haber cometido un asesinato, y su subsecuente retorno: quiz&aacute; por ello el argumento resalta que el descubrimiento de los monstruos coincide con el momento de su arribo;<sup><a href="#notas">59</a></sup> quiz&aacute; tambi&eacute;n por ello Melanipa, en su segundo argumento, menciona que su padre corre el peligro de cometer otro asesinato. En cualquier caso, creo yo, Hel&eacute;n hubiera interpretado ese portento como un signo poco auspicioso para el retorno de Eolo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Los cretenses</i> y en <i>Poliido,</i> al igual que en <i>Melanipa sabia,</i> lo que motiva el sentimiento de asombro y ansiedad ante un portento no es s&oacute;lo el trastocamiento del orden natural, sino tambi&eacute;n la raz&oacute;n detr&aacute;s de tal trastorno, que deb&iacute;a ser algo muy grave, tanto como para alterar la naturaleza misma. Los nacimientos monstruosos apuntan a algo fuera de ellos mismos; se refieren a un suceso indeterminado, humano o divino, que ha roto el curso normal de las cosas. Como signo claramente identificado de un suceso oculto, el portento causa un intento ansioso por determinar su significado, por aclarar y tratar de entender el suceso que se&ntilde;ala; el temor que el portento ocasiona se debe principalmente a la ansiedad de interpretar. El asombro y el miedo trascienden la apariencia f&iacute;sica del portento y se dirigen al acontecimiento del cual es signo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, los espectadores de <i>Melanipa sabia,</i> c&oacute;mplices de Melanipa desde el comienzo, saben que los gemelos hallados en el establo no son monstruos, y que, por lo tanto, Hel&eacute;n se equivoca al interpretar el supuesto portento. Aun as&iacute;, y aunque Melanipa se empe&ntilde;a en descalificar este miedo supersticioso, los ni&ntilde;os s&iacute; resultan signos, en el sentido de que apuntan hacia un problema grave en el hogar de Eolo. En cierta manera, estos "engendros" no son muy distintos al Minotauro de <i>Los cretenses:</i> &eacute;ste apunta a la secreta uni&oacute;n de Pas&iacute;fae con un toro, que resulta un oprobio para el hogar de Minos;<sup><a href="#notas">60</a></sup> los ni&ntilde;os de Melanipa denuncian la verg&uuml;enza de esta muchacha, aunque no se refieran a un personaje con pasiones desordenadas. El hallazgo de los ni&ntilde;os ocasiona que Melanipa, en el acto mismo de desacreditar la interpretaci&oacute;n de Hel&eacute;n mediante una explicaci&oacute;n racional, se revele a s&iacute; misma &#151;as&iacute; lo se&ntilde;alan los cr&iacute;ticos e incluso el mismo dramaturgo&#151; como una mujer de inteligencia excesiva, poco acorde con su sexo. A su vez, al esconder su parte en el asunto mediante la figura del &eacute;nfasis, Melanipa da a sus palabras un significado oculto, que s&oacute;lo conocen los espectadores de la obra, y que motivar&iacute;a en ellos un mismo nivel de ansiedad: ellos saben que fue Melanipa quien expuso a los ni&ntilde;os, y que su discurso representa la estrategia de una mujer corrupta para burlar a su padre y salirse con la suya.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La destreza ret&oacute;rica de    los personajes tr&aacute;gicos con frecuencia suscita alg&uacute;n tipo de ansiedad,    como bien lo explica Halliwell; &eacute;l ve este fen&oacute;meno como el reflejo    de una zozobra mayor, presente en la sociedad ateniense de la &eacute;poca,    a causa del uso y abuso de la ret&oacute;rica.<sup><a href="#notas">61</a></sup>    Lo curioso del discurso de Melanipa es que esta ansiedad ret&oacute;rica est&aacute;    mezclada con la ansiedad supersticiosa referida a los portentos. En este sentido,    no deja de sorprender el paralelo entre el aspecto ret&oacute;rico figurado    del discurso y el signo que representan los portentos. Los tratadistas, al discutir    el &eacute;nfasis del poeta, hacen hincapi&eacute; en que Eur&iacute;pides,    a trav&eacute;s de esta figura ret&oacute;rica, habla en clave <i>(ainittetai),</i>    a manera de acertijo, para que su auditorio descubra el significado oculto de    sus palabras. Quintiliano define la figura del &eacute;nfasis en t&eacute;rminos    similares: "Mediante una insinuaci&oacute;n, buscamos que se entienda lo que    no decimos, &#91;...&#93; algo oculto, y que debe ser descubierto por el oyente".<sup><a href="#notas">62</a></sup>    Lausberg, de hecho, rescata este &uacute;ltimo aspecto al explicar las palabras    de Quintiliano: "&#91;El&#93; <i>signum</i> ling&uuml;&iacute;stico y conceptual,    que, mirado superficialmente, parece insignificante, es para el oyente atento    la expresi&oacute;n infalible de una realidad m&aacute;s amplia, asequible a    la <i>coniectura".</i><sup><a href="#notas">63</a></sup> El Hel&eacute;n de    Enio, como vimos, sigue este mismo proceso interpretativo y descubre el significado    del <i>monstrum,</i> en su car&aacute;cter de signo, precisamente mediante una    <i>coniectura.</i> Al igual que el portento, el discurso de Melanipa crea tambi&eacute;n    una ansiedad por interpretar, pero esa ansiedad es de otro tipo, social m&aacute;s    bien, y tiene otras circunstancias: el pleno conocimiento de causa del p&uacute;blico    de lo que yace detr&aacute;s de esta figuraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, la violaci&oacute;n de Melanipa no se compara ni de lejos con el adulterio de Pas&iacute;fae, pero lo que le falta en tremendismo se suple con la gran ansiedad y las peligrosas consecuencias que este acontecimiento supone dentro de la familia. Ya mencionamos otras tres obras de Eur&iacute;pides, <i>Alope, Auge</i> y <i>D&aacute;nae,</i> en que se trataba el tema de muchachas violadas por dioses, el ocultamiento de los hijos nacidos de tal uni&oacute;n y las diversas reacciones de los parientes una vez que se percatan del suceso. Las cuatro muchachas de las tragedias hom&oacute;nimas se hallaban en una situaci&oacute;n precaria: aun cuando hab&iacute;an sido violadas y la uni&oacute;n no hab&iacute;a sido consensual, ellas hab&iacute;an tenido una relaci&oacute;n sexual sin el consentimiento del padre. La reputaci&oacute;n de estas mujeres, y, con ella, la integridad de su familia, quedaba comprometida; sus vidas pod&iacute;an ser incluso amenazadas por sus propios familiares.<sup><a href="#notas">64</a></sup> Esta situaci&oacute;n reflejaba una importante preocupaci&oacute;n de la sociedad ateniense de la &eacute;poca: la necesidad de asegurar la continuidad de la propiedad y de la estructura familiar mediante el nacimiento de herederos leg&iacute;timos.<sup><a href="#notas">65</a></sup> De ah&iacute; que estas muchachas descarriadas fueran motivo de ansiedad no s&oacute;lo para sus padres en la tragedia misma, sino tambi&eacute;n para los espectadores de &eacute;sta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la corrupci&oacute;n en el caso de Melanipa no se da s&oacute;lo por la relaci&oacute;n sexual. Un personaje de <i>Las tesmoforias</i> de Arist&oacute;fanes critica a Eur&iacute;pides por montar siempre obras en donde una mujer se vuelve mala <i>(gyn&#275; pon&#275;ra)</i> y, como ejemplo, menciona a Melanipa junto a Fedra.<sup><a href="#notas">66</a></sup> Esta conjunci&oacute;n sorprende a primera vista, ya que, a diferencia de la Fedra del primer <i>Hip&oacute;lito</i> (donde ella declaraba abiertamente su amor por el muchacho),<sup><a href="#notas">67</a></sup> Melanipa es v&iacute;ctima y no agresora. &iquest;De d&oacute;nde viene, pues, esta comparaci&oacute;n? De nueva cuenta, el discurso parece estar en el fondo del problema. Hasta donde sabemos, de las cuatro tragedias que trataban sobre muchachas violadas, <i>Melanipa sabia</i> es la &uacute;nica en que el personaje se expone voluntariamente al peligro de ser descubierto, al interceder por sus hijos. Mediante el &eacute;nfasis ret&oacute;rico, Melanipa esconde su inter&eacute;s personal en el asunto: en el proemio a su discurso, asume la imagen de la hija obediente, atribuye su sabidur&iacute;a a su madre, y luego, en su segundo argumento, cuenta su propia historia, su violaci&oacute;n y su parto, como si fuera la historia de una muchacha hipot&eacute;tica que, seg&uacute;n sugiere a su padre, podr&iacute;a estar detr&aacute;s de todo. Pero este desdoblamiento s&oacute;lo sirve para destacar, ante los espectadores, que conocen ya el asunto, exactamente lo que ella querr&iacute;a ocultar: su excesiva inteligencia y su corrupci&oacute;n moral. No es de extra&ntilde;arse, pues, de que este discurso haya causado cierto esc&aacute;ndalo por el descaro al defender agudamente un hecho indefendible socialmente: una uni&oacute;n il&iacute;cita sin el consentimiento del padre. En ese sentido, Arist&oacute;fanes puede presentar a Melanipa como ejemplo de una mala mujer, puesto que ella utiliza su habilidad ret&oacute;rica para un prop&oacute;sito vergonzoso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, el discurso figurado de Melanipa &#151;un enigma para los personajes, una estrategia clara para el auditorio&#151; es, en cierto modo, paralelo a los portentos que ella se empe&ntilde;a en desacreditar: el aspecto figurado de su discurso comparte con ellos la cualidad de signo, pues sus palabras aluden al grave suceso que tuvo lugar en el hogar de Eolo. M&aacute;s a&uacute;n, la conjunci&oacute;n de esta estrategia ret&oacute;rica con la habilidad extraordinaria del personaje refuerza el car&aacute;cter prodigioso de &eacute;ste. En su discurso, Melanipa niega los portentos y, a la vez, se revela ella misma como un portento igual de asombroso y preocupante, en un plano moral y sexual, que el nacimiento monstruoso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si, en su discurso, Melanipa se revela como un prodigio, la aparici&oacute;n de su madre en el &eacute;xodo de la tragedia nos trae de vuelta al comienzo del conflicto: el temor sobrenatural que causan los seres monstruosos. La madre y maestra de Melanipa aparec&iacute;a en escena <i>ex machina,</i> como una divinidad, y con una m&aacute;scara que la mostraba "transform&aacute;ndose en caballo" <i>(hupallattomen&#275; eis hippon)</i>.<sup><a href="#notas">68</a></sup> La m&aacute;scara de Hipo, hija y alumna del centauro Quir&oacute;n, marca el retorno de esa mujer al mundo animal que le hab&iacute;a dado origen. Esa aparici&oacute;n, como todo <i>deus ex machina,</i> deb&iacute;a tener la &uacute;ltima palabra sobre el destino de su hija, o para rescatarla de un peligro o para lamentar el mal que le sucediera.<sup><a href="#notas">69</a></sup> Al mismo tiempo, la mera apariencia f&iacute;sica de ese personaje deb&iacute;a tener un efecto directo sobre la caracterizaci&oacute;n de Melanipa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conacher se&ntilde;ala que Eur&iacute;pides tiende a yuxtaponer los aspectos conflictivos de sus personajes, haci&eacute;ndolos pronunciar, por ejemplo, un discurso razonado despu&eacute;s de un arrebato l&iacute;rico y emocional.<sup><a href="#notas">70</a></sup> El impacto dram&aacute;tico de una llegada <i>ex machina</i> tambi&eacute;n sirve para esas yuxtaposiciones. &iquest;Qui&eacute;n puede olvidar a Medea, montada en su carro volador, al final de su tragedia? Su asombrosa entrada confronta de golpe a los espectadores con la dimensi&oacute;n sobrehumana del personaje, que contrasta fuertemente con la manera en que Medea, para ganarse la compasi&oacute;n de los oyentes, se hab&iacute;a presentado, esto es, como cualquier otra mujer, esposa y madre. En el caso de <i>Melanipa sabia,</i> a&uacute;n es m&aacute;s complejo el efecto de la aparici&oacute;n de Hipo <i>ex machina,</i> ya que ella afecta la percepci&oacute;n que el p&uacute;blico tiene de un segundo personaje, su hija Melanipa; el impacto, creo yo, debi&oacute; de haber sido igualmente memorable, ya que concreta el aspecto figurado de este personaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La m&aacute;scara de Hipo deja constancia f&iacute;sica de la existencia de lo verdaderamente monstruoso y, en retrospectiva, saca a luz la paradoja del discurso de Melanipa: el que la hija apele a la autoridad de esta criatura para salvar a sus ni&ntilde;os del temor que los monstruos engendran en la gente supersticiosa. Su presencia ratifica el origen y el car&aacute;cter prodigioso del discurso e inteligencia de su hija y, a final de cuentas, encara al p&uacute;blico con el problema de una muchacha excepcional, que emplea un discurso figurado y argumentos racionales, pero que tiene como madre y maestra a un monstruo sobrenatural. El monstruo metaf&oacute;rico, producto de sus palabras, resulta ser de la propia sangre del monstruo verdadero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, Melanipa, al buscar desacreditar los supuestos monstruos para invalidar la interpretaci&oacute;n de su abuelo Hel&eacute;n, pronuncia un discurso cuya estrategia ret&oacute;rica, que es el empleo de la figura de pensamiento llamada &eacute;nfasis, lo convierte en un signo que debe interpretarse; en este aspecto, su discurso es comparable al portento que dio origen al conflicto de la tragedia. A trav&eacute;s de sus propias palabras, el personaje se revela como excesivo en un plano intelectual, sexual y moral. &Eacute;sa fue la raz&oacute;n de que este personaje no haya dejado de causar ansiedad y motivar cr&iacute;ticas entre los espectadores y lectores de la tragedia. Como confirmaci&oacute;n del aspecto portentoso de este personaje, al final, la madre Hipo, el verdadero monstruo, aparece en persona para reclamar a su hija. La obra se cierra as&iacute;, habiendo trazado un trayecto que va de lo falso hacia lo verdaderamente prodigioso, de lo supersticioso a lo racional y de vuelta al plano sobrenatural, todo esto enfocado en el extraordinario despliegue ret&oacute;rico del discurso de Melanipa.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&Eacute;LION, R., <i>Euripide h&eacute;ritier d' Eschyle,</i> vol. 2, Paris, Les Belles Lettres, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214348&pid=S0185-3082200800010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">AUFFRET, S., <i>M&eacute;lanippe la Philosophe,</i> Paris, Des femmes, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214350&pid=S0185-3082200800010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BLOCH, R., <i>Les prodiges dans l'antiquit&eacute; classique,</i> Paris, Presses Universitaires de France, 1963.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214352&pid=S0185-3082200800010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CHANTRAINE, P., <i>Dictionaire &eacute;tymologique de la langue grecque;</i> Paris, Klincksieck, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214354&pid=S0185-3082200800010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CONACHER, D. J. "Some Questions of Probability and Relevance in Euripidean Drama", <i>Maia,</i> 24, 1972, pp. 199&#45;207.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214356&pid=S0185-3082200800010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CROPP, M. J., C. COLLARD y K. H. LEE, <i>Euripides. Selected Fragmentary Plays,</i> vol. 1, Warminster, Aris &amp; Phillips, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214358&pid=S0185-3082200800010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FOLEY , H. P., "The conception of women in Athenian Drama", en <i>Reflections of Women in Antiquity,</i> New York, Routledge, 1981, pp. 127&#45;168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214360&pid=S0185-3082200800010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HALL, E., "Childbearing Women: Birth and Family Crisis in Ancient Drama", en <i>The Theatrical Cast of Athens: Interactions between Ancient Greek Drama and Society,</i> Oxford, Oxford University Press, 2006, pp. 60&#45;98.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214362&pid=S0185-3082200800010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HALLIWELL, S., "Between Public and Private: Tragedy and Athenian Experience of Rhetoric", en C. Pelling (ed.), <i>Greek Tragedy and the Historian.</i> Oxford, Oxford University Press, 1997, pp. 121&#150;141.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214364&pid=S0185-3082200800010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, <i>Aristotle's Poetics,</i> Chicago, The University of Chicago Press, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214366&pid=S0185-3082200800010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">JOCELYN, H. D., <i>The Tragedies of Ennius,</i> Cambridge, Cambridge University Press, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214368&pid=S0185-3082200800010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KANNICHT, R., <i>Tragicorum Graecorum Fragmenta (TrGF),</i> vol. 5: <i>Euripides,</i> G&ouml;ttingen, Vandenhoek &amp; Ruprecht, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214370&pid=S0185-3082200800010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LADA RICHARDSON, I., " 'Foul monster or good saviour?' Reflections on ritual monsters", en C. Atherton (ed.), <i>Monsters and Monstrosity in Greek and Roman Culture,</i> Bari, Levante Editori, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214372&pid=S0185-3082200800010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LAUSBERG, H., <i>Manual de ret&oacute;rica literaria: fundamentos de una ciencia de la literatura,</i> Madrid, Gredos, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214374&pid=S0185-3082200800010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LENFANT, D., "Monsters in Greek Ethnography and Society in the 5th and 4th Centuries BCE", en R. Buxton (ed.), <i>From Myth to Reason? Studies in the Development of Greek Thought,</i> Oxford, Oxford University Press, 1999, pp. 197&#45;214.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214376&pid=S0185-3082200800010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MAYHEW, R., "Behavior Unbecoming a Woman: Aristotle's <i>Poetics</i> 15 and Euripides' <i>Melanippe the Wise", Ancient Philosophy,</i> 19, 1999, pp. 89&#45;105.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214378&pid=S0185-3082200800010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PARKER, R., <i>Miasma: Pollution and Purification in Ancient Greek Religion,</i> Oxford, Oxford University Press, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214380&pid=S0185-3082200800010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SCHMID, W., <i>Geschichte der Griechischen Literatur,</i> vol. 3.1.1., Munich, C. H. Beck, 1940.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214382&pid=S0185-3082200800010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WEBSTER, T. B. L., <i>The Tragedies of Euripides,</i> London, Methuen, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=214384&pid=S0185-3082200800010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Agradezco a Agust&iacute;n Zarzosa, a Spencer Cole y, en especial, a Helene Foley, sus valiosos comentarios a una versi&oacute;n previa, en ingl&eacute;s, de este art&iacute;culo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Auffret 1983 29&#45;30.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Fr. 481 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Test. i, 8&#45;15 Kannicht. (Lo que sigue es, en parte, una par&aacute;frasis del argumento de la tragedia.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Test. i, 15&#45;20 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Test i, 20&#45;22 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Test. iv, Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Frs. CXX y CXXI Jocelyn.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Test. i, 22&#45;25 Kannicht; para el contenido del discurso, cf. test. ii a, 13&#45;14 y ii, 6&#45;7 Kannicht.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Test. v a Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Test. v b Kannicht; sin embargo, a&uacute;n existen dudas de si este catasterismo formaba parte de la tragedia de Eur&iacute;pides; cf. Cropp 1995, 267&#45;268.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Eur&iacute;pides escribi&oacute; dos tragedias en cuyo t&iacute;tulo figura el nombre de Melanipa: la <i>Sabia,</i> que es de la que tratamos en este art&iacute;culo, y la <i>Encadenada,</i> que contin&uacute;a la historia de la protagonista, con sus hijos ya mayores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Fr. 481, 13&#45;22 Kannicht. La menci&oacute;n del conocimiento astrol&oacute;gico se encuentra en el fr. 483 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Para la desaparici&oacute;n de Hipo, cf. el fr. 481, 18&#45;19 Kannicht. Este pasaje trae a la mente la misteriosa desaparici&oacute;n de Helena, en <i>Orestes</i> (vv. 1493 ss.); Helena, ya divinizada, aparece <i>ex machina</i> junto con Apolo, al final de la tragedia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Cf. Cropp 1995, 245, y A&eacute;lion 1983, 98&#45;9 y n. 43.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> <i>Alope</i> test. *ii b, 1, y <i>Auge</i> test. ii b. 3 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Webster 1967, 156, y Schmid 1940, 411; para el argumento de <i>Los Cretenses,</i> cf. Kannicht 2004, 504.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Test. ii y iv, Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Auffret 1987, 86.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Test. i, 24&#45;25 Kannicht. Sobra decir que, si hacemos a un lado el argumento de la tragedia, los &uacute;nicos testimonios importantes acerca de ella son los que tienen que ver con esta defensa hecha por la muchacha. No deber&iacute;a sorprender, entonces, que s&oacute;lo conozcamos el desarrollo de la trama hasta ese punto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> &#91;Dionisio de Halicarnaso,&#93; <i>Arte ret&oacute;rica</i> VIII, Sobre los discursos figurados a' 10 y IX b' 11 = Test. ii a y b Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Lausberg 1998, &sect; 906.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Fr. 484 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> Fr. 485 = test. ii a, 16&#45;17 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Mayhew 1999, 98.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> <i>Po&eacute;tica</i> 15. 1454a 16&#45;37 = Test. iii a Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Halliwell 1998, 159.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Mayhew 1999, 92&#45;93.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Po&eacute;tica 1454 a 31 y 23&#45;4, respectivamente. Mayhew (1999, 93, n.11) proporciona un buen resumen de los argumentos en que se fundamenta este consenso.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> Mayhew 1999, 102.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> Mayhew 1999, 100.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> Test. ii b.2&#45;4 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32</sup> &#91;Dionisio de Halicarnaso,&#93; <i>Arte ret&oacute;rica</i> VIII, <i>Sobre los discursos figurados</i> a' 10. 5&#45;14, y IX b' 11. 13&#45;19.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33</sup> Cropp (1995, 269&#45;70), en su comentario al fr. 484, echa por tierra la conexi&oacute;n anaxag&oacute;rica del discurso, y lo relaciona, correctamente en mi opini&oacute;n, con mitos cosmog&oacute;nicos tradicionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> Un testimonio (test. ii b. 4&#45;8 Kannicht) menciona la intenci&oacute;n de Melanipa de salvar a sus hijos, as&iacute; como el segundo argumento de su discurso: la violaci&oacute;n de una muchacha y el miedo a su padre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>35</sup> Fr. 482 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>36</sup> Arist&oacute;fanes, <i>Lis&iacute;strata</i> 1124.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>37</sup> Arist&oacute;fanes, <i>Lis&iacute;strata</i> 1125&#45;1127.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>38</sup> Fr. 484. 1 Kannicht.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>39</sup> Test. ii a, 5 Kannicht; para el don prof&eacute;tico de la madre, v&eacute;ase la nota 12.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>40</sup> V&eacute;anse los testimonios del verso 1 del fr. 484 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>41</sup> Plat&oacute;n <i>Simposio</i> 177 a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>42</sup> Lada 1998, 76.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>43</sup> Lada 1998, 49.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>44</sup> Auffret 1987, 87&#45;88.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>45</sup> Como apunta Schmid (1940, 411).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>46</sup> V&eacute;ase Bloch 1963, 16&#45;18.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>47</sup> V&eacute;ase el argumento, test. i 19 Kannicht, y los tratados: test. ii a 11&#45;14 y b 5&#45;7 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>48</sup> Cf. Chantraine, <i>s.v. teras.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>49</sup> &dagger;certo hic est nulla&dagger; quin monstrum siet. / hoc ego tibi dico et coniectura auguro: fr. CXXI Jocelyn.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>50</sup> V&eacute;ase el comentario de Jocelyn (1967, 385&#45;386) al fr. CXXI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>51</sup> En este sentido, el argumento racional que emplea Melanipa para explicar la aparici&oacute;n de los supuestos monstruos parece inscribirse dentro de esta actitud despreocupada del siglo v a. C.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>52</sup> Lenfant 1999, 206 y 213.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>53</sup> Fr. 472 e, 20&#45;30 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>54</sup> <i>Poliido,</i> test. ii, iv a, 1&#45;11, y iv b, 4&#45;8 Kannicht. El becerro es llamado <i>monstrum</i> en la versi&oacute;n latina del argumento de la tragedia: test. iv a, 3 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>55</sup> Hay muy poca informaci&oacute;n sobre la manera en que los griegos trataban a sus <i>t&eacute;rata.</i> Parece que no hab&iacute;a una manera sistem&aacute;tica y ritual de librarse de ellos (Bloch 1963, 33&#45;35). Al menos en esta tragedia, la soluci&oacute;n de Hel&eacute;n quiz&aacute; puede asociarse a un ritual de purificaci&oacute;n, como sugiere Parker (1993, 220&#45;221).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>56</sup> Test. i, 19&#45;20 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>57</sup> V&eacute;ase la nota 6. En la cratera, no hay contacto con los ni&ntilde;os: el pintor del vaso represent&oacute; al vaquero llevando a los ni&ntilde;os arropados en una piel de becerro que cuelga de un palo que sostiene con sus dos manos; Hel&eacute;n, a su vez, los observa con detenimiento, pero no los toca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>58</sup> Test. i, 20&#45;22 Kannicht.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>59</sup> Test. i, 15&#45;16 Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>60</sup> V&eacute;ase el fr. 472 e Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>61</sup> Halliwell 1997, 141.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>62</sup> Quintiliano, <i>Institutio Oratoria</i> 9.2.65.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>63</sup> Lausberg 1998 &sect; 905</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>64</sup> A las tres muchachas, Alope, Auge y D&aacute;nae, las descubrieron sus padres, y fueron castigadas. Cf. <i>Alope,</i> test *ii b. 10; <i>Auge,</i> test. ii b y iv, y <i>D&aacute;nae,</i> test. ii Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>65</sup> Cf. Auffret 1987, 80&#45;81, y Foley 1981, 150&#45;151; para un tratamiento m&aacute;s extenso de los problemas de estos partos (il&iacute;citos o no), en el teatro y en la sociedad griega, cf. Hall 2006.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>66</sup> Arist&oacute;fanes, <i>Las tesmoforias</i> 546&#45;8 = test. iii b Kannicht.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>67</sup> V&eacute;ase Kannicht 2004, 466, y el fr. 430.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>68</sup> Test. v a Kannicht.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>69</sup> No se sabe c&oacute;mo fue descubierto el enga&ntilde;o de Melanipa, pero con seguridad ella terminaba en alguna situaci&oacute;n precaria que motivaba la intervenci&oacute;n de su madre; cf. Cropp 1995, 241. Por un testimonio de <i>Melanipa encadenada,</i> sabemos que, al menos en esa tragedia, su padre, despu&eacute;s de descubrir que ella era la madre de los gemelos, la hab&iacute;a cegado y la hab&iacute;a puesto en prisi&oacute;n (test. iii 1&#45;5).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>70</sup> Conacher 1972, 199&#45;203.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Francisco Barrenechea Cuadra</b>. Doctor en filolog&iacute;a por la Universidad de Columbia; es profesor visitante en el &aacute;rea de los Estudios Griegos, Latinos y Cl&aacute;sicos del Bryn Mawr College. Se ha especializado en el &aacute;rea de Drama Antiguo y su representaci&oacute;n contempor&aacute;nea, y actualmente trabaja sobre el <i>Pluto</i> de Arist&oacute;fanes. Ha publicado art&iacute;culos sobre Eur&iacute;pides, Lucano y los papiros griegos, en revistas como <i>Zeitschrift f&uuml;r Papyrologie und Epigrqphik</i>, <i>Bulletin of the American Society of Papyrologists</i> y <i>Classical Quarterly.</i> Fue colaborador del proyecto <i>Lecturas Aticas</i> y particip&oacute; con el ensayo "Modelo para romper: Vel&aacute;squez y la cr&iacute;tica a la autoridad m&eacute;dica del Siglo de Oro" en <i>El siglo de oro de la melancol&iacute;a de Roger Bartra.</i></font></p>      ]]></body><back>
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