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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La visión trágica de la vida en la obra de Luigi Pirandello]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Pirandello and "Sicilianity". The problematic relation of the individual with society: main subject of Pirandello's narrative and dramatic works. Success of Pirandello's theatre during the first European post-war period. Narrative trilogy concerning the topic of identity: The late Mattia Pascal; Shoot! (si gira) the Notebooks of Serafino Gubbio, Cinematograph Operator; One, No one and One Hundred Thousand. The late Mattia Pascal and the influence of the French Philosopher Blaise Pascal. Copernicus' heliocentric system and the beginnings of the crisis of modern individual. Pirandello's Psychology. Dialogues between the Great Self and the Small Self. Relation between life and form. Life as a mask game. Humor in Pirandello. Piradello as a playwright.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La visi&oacute;n tr&aacute;gica de la vida en la obra de Luigi Pirandello</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Annunziata Rossi</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pirandello y la "sicilianidad". Tema central de la obra narrativa y teatral de Pirandello: la problem&aacute;tica relaci&oacute;n del individuo con la sociedad. &Eacute;xito del teatro pirandelliano en la primera posguerra europea. Trilog&iacute;a narrativa sobre el tema de la identidad: <i>El difunto Mat&iacute;as Pascal, Serafino Gubbio camar&oacute;grafo, Uno, ninguno y cien mil. El difunto Mat&iacute;as Pascal</i> y la influencia del pensador franc&eacute;s Blaise Pascal. El heliocentrismo copernicano y el inicio de la crisis del individuo moderno. La psicolog&iacute;a de Pirandello: Los di&aacute;logos entre el Gran Yo y el Peque&ntilde;o Yo. La relaci&oacute;n vida&#45;forma. La vida como juego de m&aacute;scaras. Humorismo pirandelliano. Pirandello dramaturgo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pirandello and "Sicilianity". The problematic relation of the individual with society: main subject of Pirandello's narrative and dramatic works. Success of Pirandello's theatre during the first European post&#45;war period. Narrative trilogy concerning the topic of identity: <i>The late Mattia Pascal; Shoot! (si gira) the Notebooks of Serafino Gubbio, Cinematograph Operator; One, No one and One Hundred Thousand. The late Mattia Pascal</i> and the influence of the French Philosopher Blaise Pascal. Copernicus' heliocentric system and the beginnings of the crisis of modern individual. Pirandello's Psychology. Dialogues between the Great Self and the Small Self. Relation between life and form. Life as a mask game. Humor in Pirandello. Piradello as a playwright.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Para Federico Campbell</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando en una entrevista se le pregunt&oacute; a Leonardo Sciascia qui&eacute;n era, contest&oacute;: "uno, ninguno y cien mil", el t&iacute;tulo de una c&eacute;lebre novela de Pirandello. Una respuesta, pues, que podr&iacute;a haber dado cualquiera. Algo m&aacute;s une a Sciascia y Pirandello, no obstante las generaciones que los separan, y es un modo de ser, la "insularidad", la sicilianidad. Como dice Sciascia, una "insularidad vencida", a diferencia de la insularidad victoriosa de Inglaterra. No obstante, Sicilia marca profundamente a todos sus escritores y artistas &#151;de Giovanni Verga y Pirandello, a Tomasi di Lampedusa, Brancati, Sciascia, etc.&#151;, ligados a ella por una relaci&oacute;n de amor&#45;odio, de insatisfacci&oacute;n por su realidad hist&oacute;rica, fruto de las diversas estratificaciones culturales que se han alternado y condensado en la isla: la griega, la latina, la &aacute;rabe, la normanda, la espa&ntilde;ola, hasta esa unidad italiana hacia la cual han manifestado su rechazo los movimientos separatistas del siglo XIX y de la segunda posguerra mundial del siglo XX. Antonio Gramsci, hablando de Sicilia, observa que cincuenta a&ntilde;os de vida unitaria hab&iacute;an sido en gran parte dedicados por los pol&iacute;ticos a crear la apariencia de una uniformidad italiana inexistente: los peque&ntilde;os estados que conformaban a Italia antes de su unidad en el siglo XIX hubieran tenido que desaparecer en la naci&oacute;n, los dialectos en la lengua literaria. Sicilia, sigue diciendo Gramsci, es la regi&oacute;n que m&aacute;s activamente ha resistido a esa manipulaci&oacute;n de la historia y de la libertad, y ha demostrado que vive una vida con car&aacute;cter nacional propio m&aacute;s que regional, manteniendo una independencia espiritual manifiesta de manera m&aacute;s espont&aacute;nea y con mayor fuerza en el teatro. Sin embargo, el inmovilismo pol&iacute;tico siciliano, su arcaica y sofocante estructura social (estamos hablando de los tiempos de Pirandello), su atraso econ&oacute;mico y &#151;<i>last but not least</i>&#151; la mafia siempre omnipotente, provocan el fen&oacute;meno impresionante de la deserci&oacute;n al Norte de sus trabajadores, paralela al abandono de sus intelectuales que se van al "continente", desde N&aacute;poles y Roma hasta el norte. Hay que a&ntilde;adir que Italia recibi&oacute; y sigue recibiendo de Sicilia y del sur de la pen&iacute;nsula la mayor&iacute;a de sus intelectuales y entre ellos a Luigi Pirandello, que "emigr&oacute;" a Roma, en donde, adem&aacute;s de dedicarse a su obra, ejerci&oacute; una larga actividad docente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sicilia es el punto de partida de las creaciones de Pirandello, cuyas tramas, estrafalarias y parad&oacute;jicas, han sido a menudo criticadas como inveros&iacute;miles. Nacen, sin embargo, de situaciones reales. Sus personajes son, en su mayor&iacute;a, sicilianos. Pirandello no los elige, los toma al azar, como le salen al encuentro, como un "pescador con su red". Son, por lo general, provincianos de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a, casi siempre vestidos de negro como para expresar un eterno luto; campeones, como dice Leonardo Sciascia, de aquella "onom&aacute;stica siciliana" &#151;Alcoz&egrave;r, Bobbio, etc.&#151; que se puede encontrar en el directorio telef&oacute;nico de la provincia de Agrigento, donde naci&oacute; Pirandello, precisamente en la villa paterna de Caos, nombre casi emblem&aacute;tico de su obra futura. El escritor los encuentra en el momento en que la explosi&oacute;n de un hecho imprevisto, casi siempre grotesco &#151;en el sentido que le da Jan Kott, lo que un d&iacute;a fue tr&aacute;gico hoy es grotesco&#151;, despierta la conciencia de sus protagonistas y rompe de manera determinante la tranquilidad s&oacute;lo aparente de su modesta, rutinaria existencia. Nace as&iacute; el conflicto que los enfrenta a la inquietante pregunta: &iquest;qui&eacute;n soy?, pregunta a la cual es imposible responder, ya que el hombre est&aacute; hecho de m&uacute;ltiples individuos: uno, ninguno y cien mil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de esa realidad regional, Pirandello llega a una realidad m&aacute;s universal, ya que al dirigir su atenci&oacute;n al individuo en su problem&aacute;tica relaci&oacute;n con la sociedad, logra registrar la crisis del individuo como unidad que trasciende los l&iacute;mites de Sicilia, mucho antes de que la explosi&oacute;n de la Primera Guerra Mundial la revelara a la conciencia europea. En una rese&ntilde;a de <i>El Placer de la honestidad,</i> Antonio Gramsci, que de 1916 a 1920 fue cr&iacute;tico teatral del "Avanti!" de Mil&aacute;n, afirmaba que las comedias pirandellianas eran bombas de mano que explotaban en el cerebro de los espectadores produciendo derrumbes de banalidades, ruinas de sentimientos y de pensamiento, im&aacute;genes de vida que se salen de los esquemas acostumbrados de la tradici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La narrativa pirandelliana pas&oacute; casi inadvertida hasta la primera posguerra del siglo XX, cuando el revuelo que caus&oacute; el escritor con su teatro y la irrupci&oacute;n de las corrientes irracionales filos&oacute;ficas orientaron el inter&eacute;s hacia &eacute;l. Sciascia explica este hecho observando que Pirandello presinti&oacute; una realidad de la que las sociedades europeas tomaron conciencia s&oacute;lo despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial, que hizo <i>t&aacute;bula rasa</i> de la Europa de preguerra: "En una Europa tranquila, c&oacute;moda, dice Sciascia, apenas sacudida por escalofr&iacute;os sociales, toda emocionada por descubrimientos arqueol&oacute;gicos y jubileos regios, Pirandello entreve la feroz y grotesca m&aacute;scara de un mundo convulsionado, enloquecido". El &eacute;xito le llega "cuando los hombres que regresan de la guerra advierten con terror el disolverse de su identidad, la tr&aacute;gica desintegraci&oacute;n de su yo, el loco juego de espejos alrededor de su individualidad mutilada".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la vasta producci&oacute;n narrativa de Pirandello, me detendr&eacute; en tres novelas de innegable valor literario y cultural que, en mi opini&oacute;n, constituyen una trilog&iacute;a alrededor del tema de la identidad: <i>Il fu Mattia Pascal (El difunto Mat&iacute;as Pascal), I quaderni di Serafino Gubbio operatore (Los cuadernos de Serafino Gubbio camar&oacute;grafo), Uno, nessuno e centomila (Uno, ninguno y cien mil),</i> as&iacute; como en uno que otro relato. Con <i>El difunto Mat&iacute;as Pascal,</i> de 1904, empieza la crisis del personaje, que es el tema obsesivo de la obra narrativa y teatral del escritor de Agrigento. Pirandello enfrenta con medio siglo de anticipaci&oacute;n el problema de la identidad que, no por haberse puesto de moda, deja de ser un problema angustioso. Se ha hablado de la crisis de identidad como del "nuevo mal del siglo". "Cuando se hunden h&aacute;bitos seculares, cuando desaparecen modos de vida, cuando se evaporan las viejas solidaridades, dice L&eacute;vi&#45;Strauss en 1977, es f&aacute;cil, por cierto, que se produzca una crisis de identidad". Y es obvio que el problema de la identidad est&aacute; ligado estrictamente con el de la alteridad. No hay una sin la otra, como ocurre en Pirandello.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pascal no es un patron&iacute;mico siciliano. Leonardo Sciascia revela, y creo que ha sido el &uacute;nico en hacerlo, que Mat&iacute;as Pascal repite, diluy&eacute;ndolo a lo largo de su narraci&oacute;n, un pensamiento de Blaise Pascal a quien Pirandello admiraba. Cito al pensador franc&eacute;s: "Yo no s&eacute; por qu&eacute; he venido al mundo, ni qui&eacute;n soy. Y si me pongo a reflexionar regreso confundido por una ignorancia cada vez m&aacute;s pavorosa. No s&eacute; qu&eacute; son mi cuerpo, mis sentidos, mi alma; esta parte de m&iacute; que piensa lo que estoy escribiendo y que medita sobre todo y sobre s&iacute; misma nunca puede conocerse. En balde intento medir estos inmensos espacios del universo que me rodea...". &iquest;Se trata de una reminiscencia involuntaria de la lectura de Pascal, o bien de una referencia precisa al pensador franc&eacute;s, en un momento en el que Pirandello llega a acariciar la idea del suicidio o de la huida? A la cita de Sciascia se pueden a&ntilde;adir otras de <i>El difunto</i> <i>Mat&iacute;as Pascal</i> que prueban c&oacute;mo la referencia a Blaise Pascal es intencional, y de hecho Pirandello lo cita de manera expl&iacute;cita en uno de sus relatos, "Sopra e sotto" ("Arriba y abajo"), donde la visi&oacute;n tr&aacute;gica pascaliana es el n&uacute;cleo de la violenta discusi&oacute;n entre los dos protagonistas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al inicio de su narraci&oacute;n, Mat&iacute;as Pascal impreca de vez en cuando "&iexcl;Maldito sea Cop&eacute;rnico!", y a don Eligio, que le pregunta qu&eacute; ten&iacute;a que ver Cop&eacute;rnico, le contesta: "S&iacute; que tiene que ver. Cop&eacute;rnico ha arruinado irremediablemente a la humanidad. Antes de Cop&eacute;rnico la gente no sab&iacute;a que la tierra giraba, y era como si no girara. Nosotros poco a poco nos hemos acostumbrado a la nueva concepci&oacute;n de nuestra infinita peque&ntilde;ez, y a considerarnos menos que nada en el universo, con todos nuestros bellos descubrimientos e invenciones...", y Mat&iacute;as concluye con amargo humorismo que la humanidad ha sido reducida a unos millares de bichos quemados por el sol.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Est&aacute; claro que Pirandello ve el inicio del proceso de desintegraci&oacute;n del individuo en el heliocentrismo copernicano, en la transici&oacute;n del "mundo cerrado al universo infinito" que destron&oacute; al ser humano de su posici&oacute;n privilegiada, provocando una crisis de identidad que se manifiesta precisamente a partir del Barroco, cuando la humanidad empieza a percibir con espanto la inconstancia de todas las cosas, su oscilaci&oacute;n entre el ser y la nada. Y fue precisamente Pascal el primero en experimentar frente al descubrimiento copernicano la crisis del cambio; frente al espacio infinito Pascal sinti&oacute; v&eacute;rtigo, pavor, soledad, sentimientos que est&aacute;n en la base de su concepci&oacute;n pesimista del mundo. Nadie como J. L. Borges, en su "Esfera de Pascal", ha sabido revivir el terrible impacto que el universo infinito provoc&oacute; en el pensador franc&eacute;s. "La naturaleza, dice Pascal, es una esfera infinita, cuyo centro est&aacute; en todas las partes y la circunferencia en ninguna". Pero, observa Borges, Pascal en el borrador hab&iacute;a cancelado un adjetivo que es testigo del terror c&oacute;smico que lo hab&iacute;a sacudido: hab&iacute;a escrito, en lugar de <i>sph&egrave;re infinie</i> (esfera infinita), <i>sph&egrave;re effroyable</i> (esfera espantosa). El ser humano frente al espacio vac&iacute;o tiene miedo de perderse, y su v&eacute;rtigo en el campo del arte se vuelve met&aacute;fora de la p&eacute;rdida de identidad. Hay que observar que cuando Mat&iacute;as repite "&iexcl;Maldito sea Cop&eacute;rnico!" hab&iacute;an pasado otras dos revoluciones, la darwiniana y la freudiana, que hab&iacute;an empobrecido todav&iacute;a m&aacute;s la imagen del ser humano, reduci&eacute;ndolo a un &aacute;tomo infinitesimal en un mundo sin Dios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con <i>El difunto Mat&iacute;as Pascal</i> inicia, como ya se dijo, la desintegraci&oacute;n individual de los personajes pirandellianos, desintegraci&oacute;n que el escritor siciliano continuar&aacute; de manera obsesiva, martillante, en las dos novelas sucesivas ya citadas que constituyen, en mi opini&oacute;n, una trilog&iacute;a. El protagonista Mat&iacute;as, que narra su "caso" en primera persona, es uno de los tantos "muertos&#45;vivos" que encuentran su <i>alter ego</i> en la vida real (a menudo los encontramos en las cr&oacute;nicas de los peri&oacute;dicos, la mayor&iacute;a de ellos desaparecidos para siempre). El Mat&iacute;as adolescente lleva una vida descabellada, es uno de los "muchachos de vida" que la provincia produce, que desahogan su energ&iacute;a vital en actos gratuitos, aparentemente inocuos pero que pueden determinar el curso de una vida, como en el caso de Mat&iacute;as, que cae en la trampa de un matrimonio forzado y opresivo. Con un dinero ca&iacute;do del cielo se aleja de su pueblo por un breve lapso y llega a Montecarlo donde gana una fortuna. Cuando est&aacute; por regresar a su casa lee en un peri&oacute;dico que se hab&iacute;a encontrado en el r&iacute;o de su pueblo el cad&aacute;ver de Mat&iacute;as Pascal. Decide desaparecer definitivamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Libre de la identidad de Mat&iacute;as Pascal, due&ntilde;o virtual de una plena disponibilidad &#151;palabra clave de la narrativa del siglo XX&#151;, est&aacute; en condici&oacute;n de construirse una nueva existencia m&aacute;s acorde con su ser &iacute;ntimo. Se le ofrece la posibilidad de saber no s&oacute;lo lo que no es y no quiere, sino lo que es y lo que quiere ser. Pero, despu&eacute;s de una veleidosa intenci&oacute;n de cambio: "me hubiera gustado, dice, que no s&oacute;lo exteriormente, sino tambi&eacute;n en lo &iacute;ntimo no quedara ning&uacute;n rasgo de mi viejo yo", es incapaz de abrirse a la metamorfosis que se hab&iacute;a propuesto, y permanece esclavo de las presiones de la identidad externa. En fin, una vez que ha logrado escapar, de pura casualidad, de la condici&oacute;n insatisfactoria que su estado civil le hab&iacute;a impuesto, concluye que sin estado civil, sin los documentos que lo legalicen en forma manifiesta frente a la sociedad, no puede vivir. El hecho es que Mat&iacute;as es un burgu&eacute;s de buena fe, que cree en el mito de los valores de la respetabilidad, de la decencia, del honor, de la legalidad, y en el respeto de esos valores, quiere construirse una vida de aut&eacute;nticos afectos familiares. Detesta la mentira a la que se ve obligado bajo el falso nombre de Adriano Meis. Entonces, finge el suicidio de Meis para poder reencarnar en Mat&iacute;as Pascal. Pero, al tener que renunciar a sus derechos sobre su esposa (que encuentra casada y con un ni&ntilde;o), se convierte en nadie: el "difunto Mat&iacute;as Pascal". As&iacute;, el viaje que hubiera podido ser de iniciaci&oacute;n, de encuentro con su verdadero ser, concluye en un par&eacute;ntesis que lo deja pr&aacute;cticamente fuera del estado civil; armado, esto s&iacute;, de un humorismo que le hace aceptar su fracaso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro siciliano de carne y hueso, Ettore Majorana, ya hab&iacute;a demostrado que se puede desaparecer sin dejar huellas. En efecto, el m&aacute;s grande f&iacute;sico italiano, preocupado por el camino peligroso que iba tomando la f&iacute;sica, desapareci&oacute; sin dejar rastro, no obstante las b&uacute;squedas del gobierno italiano. Majorana hab&iacute;a sido gran lector de Shakespeare y de Pirandello, sobre todo <i>El difunto Mat&iacute;as Pascal.</i> La hip&oacute;tesis de Sciascia, tras una estupenda investigaci&oacute;n sobre el f&iacute;sico italiano, de que la novela le hab&iacute;a sugerido la idea de desaparecer, es m&aacute;s que probable. Cuando sali&oacute; la novela, Benedetto Croce, que pocas simpat&iacute;as ten&iacute;a para la narrativa contempor&aacute;nea, coment&oacute; con iron&iacute;a que se trataba de un drama de registro civil. Dicho sin iron&iacute;a, esto es <i>El difunto Mat&iacute;as Pascal,</i> un drama de registro civil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de esta obra vienen <i>Los cuadernos de Serafino Gubbio camar&oacute;grafo,</i> de 1915, que son un paso obligado para llegar a las conclusiones de <i>Uno, ninguno y cien mil.</i> Si Mat&iacute;as Pascal result&oacute; incapaz de ver al <i>"altro da s&eacute;"</i> ("otro que s&iacute; mismo"), Serafino Gubbio &#151;&eacute;l tambi&eacute;n narrador en primera persona&#151; declara desde el inicio que "hay algo m&aacute;s all&aacute; en todas las cosas", y lo busca. Este algo m&aacute;s all&aacute; no es, como podr&iacute;a suponerse, algo metaf&iacute;sico, externo al individuo, sino m&aacute;s bien el "otro" que est&aacute; adentro de uno, relegado y condenado al silencio. O mejor dicho, seg&uacute;n Serafino, "el ser &iacute;ntimo, a menudo destinado a ocult&aacute;rsenos por toda la vida". Una de las protagonistas de la novela, la actriz Naria Nestoroff &#151;que recuerda a las hero&iacute;nas obsesas de Dostoiewski&#151; queda pasmada, estremecida ante su propia imagen en la pantalla, ve a una que es ella, pero que no conoce; quisiera no reconocerse en ella, pero por lo menos conocerla. Es evidente que percibe en esa imagen el lado tenebroso, oscuro, de su ser.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese "algo m&aacute;s all&aacute;" inexplicable puede ayudarnos a entender otro texto de Pirandello, los <i>Dialoghi tra il Gran Me e il Piccolo Me (Di&aacute;logos entre el Gran Yo y el Peque&ntilde;o Yo),</i> donde el "Peque&ntilde;o Yo", esa conciencia normal, esas ideas acomodadas, ese sentimiento burgu&eacute;s de la vida, son una simple astucia que nos ayuda a vivir, mientras que el "Gran Yo" es el otro al que el hombre no puede enfrentar sin arriesgarse a la muerte, al suicidio o a la locura. As&iacute;, los personajes pirandellianos, divididos entre el impulso hacia la trasformaci&oacute;n y la incapacidad o la imposibilidad de lograrla, viven un desdoblamiento que los hace infelices. En fin, el narrador Serafino Gubbio indica, sin formularlo claramente, el desequilibrio entre consciente e inconsciente. Ese "dios terrible", el Gran Yo &#151;<i>diabolus absconditus,</i> como lo llama ir&oacute;nicamente Giacomo Debenedetti, uno de los cr&iacute;ticos m&aacute;s inteligentes del escritor siciliano&#151;, irrumpe en los dominios visibles del yo, trastornando la fisonom&iacute;a de los protagonistas, deform&aacute;ndola en sentido expresionista. De hecho casi todos los personajes pirandellianos son caricaturescos, llenos de tics, desagradables, m&aacute;scaras que ocultan una conciencia infeliz. Su deformaci&oacute;n exterior es la manifestaci&oacute;n f&iacute;sica de un desequilibrio interno, de una tara moral, de una sorda infelicidad que se manifiesta en la fealdad de los rostros (Mat&iacute;as Pascal es estr&aacute;bico, no tiene ment&oacute;n y se oculta tras la barba). La metamorfosis negada &#151;las "tantas vidas muertas" que el ser humano alberga&#151; se venga a trav&eacute;s de la fealdad de los rostros, de la misma manera que en El&iacute;as Canetti la metamorfosis reprimida, atrofiada, sobrevive en la m&iacute;mica, en la gesticulaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Los cuadernos de Serafino Gubbio camar&oacute;grafo</i> el problema de la identidad&#45;alteridad se entrelaza tambi&eacute;n con la cr&iacute;tica despiadada a la m&aacute;quina, ese "monstruo" que devora el alma del ser humano y mecaniza la vida: "nueva divinidad" que de instrumento de liberaci&oacute;n se ha convertido en instrumento de esclavitud y con el tiempo sustituir&aacute; a la humanidad. Doble enajenaci&oacute;n, pues, para el ser humano: la m&aacute;scara y la m&aacute;quina. Siempre por boca de Gubbio &#151;t&eacute;cnico que termina reduci&eacute;ndose a "una mano que maneja una manivela"&#151;, Pirandello ampl&iacute;a su cr&iacute;tica al cine, que aborrece; a sus mecanismos, subrayando el extra&ntilde;amiento del actor que est&aacute; obligado a actuar ante la maquinaria, al contrario del actor de teatro que act&uacute;a frente a su p&uacute;blico. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, Walter Benjamin en "La obra de arte en la &eacute;poca de su reproducibilidad t&eacute;cnica" (1936) retoma la cr&iacute;tica de Pirandello y la hace suya, citando algunos p&aacute;rrafos de la novela y ahondando en ellos. Cita a Pirandello cuando dice que el actor de cine se siente como en el exilio; exiliado no s&oacute;lo de la escena, sino de su propia persona. La actuaci&oacute;n del actor de cine, contin&uacute;a Benjamin, apoyando al escritor de Agrigento, "no es unitaria sino que se compone de muchas ejecuciones" ya que "las necesidades de la maquinaria desmenuzan la actuaci&oacute;n del artista en una serie de episodios montables", provocando el extra&ntilde;amiento que es tal y como lo describe Pirandello: de la misma &iacute;ndole que el que siente el hombre ante su aparici&oacute;n en el espejo. El espejo, otra obsesi&oacute;n pirandelliana...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Uno, ninguno y cien mil</i> (publicada en 1925, pero iniciada diez a&ntilde;os antes) es, como dice su autor, la novela que "llega a las conclusiones m&aacute;s extremas, a las consecuencias m&aacute;s lejanas". La continu&oacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde, someti&eacute;ndola a cambios que le causaron una enorme fatiga. Mientras tanto, publicaba cuentos y llevaba a la escena varios dramas, entre ellos <i>Seis personajes en busca de autor</i> y <i>Enrique IV.</i> El autor lament&oacute; siempre el haberla publicado "a destiempo", porque en ella "est&aacute; la s&iacute;ntesis completa de lo que hice y de lo que har&eacute;. Hubiera tenido que ser el proemio de mi obra teatral y ser&aacute;, al contrario, su ep&iacute;logo".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Uno, ninguno y cien mil,</i> Pirandello lleva a su conclusi&oacute;n aquel proceso de desintegraci&oacute;n individual que hab&iacute;a empezado en <i>El difunto Mat&iacute;as Pascal.</i> El protagonista, Vitangelo Moscarda, se niega definitivamente al yo que &eacute;l es para los otros. Gianfranco Ven&egrave; indica, si se quiere esquem&aacute;ticamente pero con gran claridad, las etapas por las que pasa la maduraci&oacute;n de los protagonistas del escritor. La primera es la pasiva, cuando el ciudadano acepta las relaciones legales con la sociedad y tiene la ilusi&oacute;n de que sean justas. La segunda se inicia con la toma de conciencia del yo no expresado, y con la constataci&oacute;n de que la sola relaci&oacute;n posible con los dem&aacute;s est&aacute; mediada por la m&aacute;scara falsa y asfixiante que cada uno est&aacute; obligado a llevar para significar algo a los ojos de la comunidad; es cuando el protagonista toma conciencia de la ilusi&oacute;n de que ha sido c&oacute;mplice. La tercera ser&iacute;a cuando su situaci&oacute;n le parece insoportable; es decir: el momento de la rebeli&oacute;n. Yo a&ntilde;adir&iacute;a una &uacute;ltima fase, en la que, agotada la lucha est&eacute;ril en contra de las estructuras sociales, el personaje se encuentra frente a dos alternativas: o la aceptaci&oacute;n y la conformidad, como en el caso de Mat&iacute;as, o la huida de la vida, como en el caso de Vitangelo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La rebeld&iacute;a individual, sostiene Pirandello, es ilusoria pero necesaria, muy necesaria, en cuanto lleva al individuo a tomar "conciencia" &#151;palabra muy recurrente en la obra pirandelliana&#151; de su inutilidad, porque la conciencia individual no coincide ni puede coincidir con la conciencia social. Esta escisi&oacute;n entre individuo y sociedad no s&oacute;lo es inevitable sino grave, ya que el individuo, por su misma naturaleza "est&aacute; abierto a los dem&aacute;s", necesitado de los dem&aacute;s. Sin embargo, la relaci&oacute;n entre el yo y los otros nunca podr&aacute; ser aut&eacute;ntica porque est&aacute; mediada por la "m&aacute;scara" que es falsa. Esta condici&oacute;n deriva de la sociedad que, en cuanto tal, es represiva y el individuo, auto&#45;represivo. Pirandello llega, por tanto, a la misma conclusi&oacute;n a la que llega Freud a trav&eacute;s de sus estudios cient&iacute;ficos. La represi&oacute;n es la palabra clave del sistema freudiano que, como se sabe, la considera como la esencia de la sociedad, as&iacute; como la esencia del individuo es la auto&#45;represi&oacute;n. Dicho sistema hace hincapi&eacute; en el "inconsciente din&aacute;micamente reprimido", y en el consciente como &oacute;rgano de adaptaci&oacute;n al ambiente y a la cultura. Pirandello, se sabe, le&iacute;a muchos libros de psicolog&iacute;a y rele&iacute;a a menudo <i>Les alt&eacute;rations de la personnalit&eacute;</i> de Alfred Binnet, pero no conoc&iacute;a a Freud. Se habla mucho de las sugestiones freudianas en la obra de Pirandello, atribuy&eacute;ndolas al hecho de que el psicoan&aacute;lisis en aquel momento estaba ya en el aire (aunque no en Italia). M&aacute;s convincente me parece el mismo Freud cuando dice que lo que la ciencia descubre est&aacute; presagiado y anunciado mucho antes por la literatura, por el arte; el inconsciente est&aacute; presente en la literatura aunque no formulado en t&eacute;rminos cient&iacute;ficos. Me remito a Hermann Hesse, que lo confirma cuando dice que "hay m&aacute;s verdad directamente legible en una obra de arte con respecto a las que son las grandes corrientes del alma colectiva, que en muchas otras producciones; en verdad, el inconsciente siempre aflora en la obra de arte". Y el inconsciente de los personajes pirandellianos, censurado y reprimido, hierve, protesta, reclama, presiona para salir a flote, y se manifiesta bajo la forma de perturbaciones y delirio, de una angustia perenne, la angustia del sujeto destrozado por su subsuelo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La visi&oacute;n pirandelliana se configura como la ineludible separaci&oacute;n entre la "criatura" sacrificada y la "m&aacute;scara" con la que se presenta ante los dem&aacute;s y que es lo &uacute;nico que &eacute;stos ven de ella. A su vez, la criatura s&oacute;lo ve las m&aacute;scaras, ya que los dem&aacute;s son tambi&eacute;n m&aacute;scaras. Esta separaci&oacute;n se traduce en la incomunicabilidad y en la soledad; de aqu&iacute; el significativo t&iacute;tulo que Pirandello da a toda su obra teatral: <i>M&aacute;scaras desnudas.</i> La vida es un juego de m&aacute;scaras, un juego de representaciones en el que los seres humanos son, a sabiendas o no, actores que desempe&ntilde;an un papel que nada o poco tiene que ver con la verdad de su yo profundo que, adem&aacute;s, no es conocible. La &uacute;nica verdad es la del arte, superior a la vida, que es pura ilusi&oacute;n. S&oacute;lo las obras de arte, dice Pirandello, tienen una consistencia eterna. La existencia humana es ef&iacute;mera: "Todo lo que vive, por el mismo hecho de estar vivo, tiene una forma y por eso mismo muere; excepto la obra de arte que, en cuanto forma inmutable, vive para siempre". Es el caso de referir una an&eacute;cdota real y humor&iacute;stica que confirma la posici&oacute;n del escritor. Un senador de carne y hueso tiene por casualidad el nombre del personaje antip&aacute;tico de una comedia de Pirandello. Una personalidad del mundo de la pol&iacute;tica pide al escritor que, para evitar malentendidos, cambie el nombre de su personaje. Pirandello contesta con humor: "&iquest;Por qu&eacute;? Mi personaje es una criatura de arte, existe; el de ustedes en la vida cuenta cero, no existe. &iquest;C&oacute;mo quieren que un personaje real ceda el paso a uno inexistente? Si ese nombre fastidia a su senador, que lo cambie &eacute;l".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toda la obra de Pirandello est&aacute; mediada por el humorismo que subraya de manera parad&oacute;jica las contradicciones y los absurdos de la vida, los aspectos dolorosos de la felicidad y los lados risibles del dolor. <i>Hilaris in tristia et tristis in hilaritate</i>, hab&iacute;a dicho de s&iacute; mismo Giordano Bruno, a quien Pirandello cita en su largo ensayo sobre el humorismo. El humorismo de Pirandello va m&aacute;s all&aacute;, nace del "sentimiento de lo contrario", de la desproporci&oacute;n entre una situaci&oacute;n real y objetiva y una condici&oacute;n individual opuesta, una desproporci&oacute;n entre la vida real y el ideal: lo que se es y lo que se cree ser. En este sentido Pirandello puede decir que Cop&eacute;rnico ha sido el primer gran humorista moderno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de <i>Uno, ninguno y cien mil,</i> Pirandello retoma los temas anteriores, enriqueci&eacute;ndolos: la angustia del relativismo &#151;no existe una realidad fuera de nosotros&#151;, de la identidad imposible, del juego entre el ser y el parecer, entre la criatura y la m&aacute;scara, entre la realidad y la ficci&oacute;n, que se imbrican de tal manera que es dif&iacute;cil discernir los l&iacute;mites que las separan; de all&iacute; la imposibilidad de conocer la realidad tras las apariencias. La m&uacute;ltiple personalidad del ser humano, que supondr&iacute;a el libre desplegarse de fuerzas vitales en una continua metamorfosis &#151;en un sentido cercano al que le dar&aacute; El&iacute;as Canetti&#151;, se ve impedida por el tr&aacute;gico conflicto inmanente entre la Vida que se mueve y cambia y la Forma determinada por las normas, las leyes, las costumbres de una sociedad que todo lo fija y lo inmoviliza en una identidad fija, antivital. Y este verse forzado a una identidad fija lleva al ser humano a un desdoblamiento &#151;tanto en el nivel de su intimidad como en el nivel de su relaci&oacute;n social&#151; que produce neurosis, esquizofrenia, locura, e incluso puede conducir al suicidio. El escritor siciliano se debate entre dos alternativas que se excluyen. Su problema es todav&iacute;a el del romanticismo: contraste entre la Vida &#151;movimiento vital, cambio, contenido&#151; y la Forma &#151;la ley est&aacute;tica&#151; que reduce al g&eacute;nero humano a la esclavitud aplastante. Los rom&aacute;nticos no lograron llevar a un equilibrio estos dos polos, ni desde el punto de vista pr&aacute;ctico ni metaf&iacute;sico. En su &uacute;ltima novela, Pirandello resuelve el contraste disgreg&aacute;ndolo desde la ra&iacute;z, en la negaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La formulaci&oacute;n, debida a Adriano Tilgher, de la oposici&oacute;n vida&#45;forma como n&uacute;cleo de la obra pirandelliana ha dado motivo en Italia a muchas especulaciones filos&oacute;ficas que llevaron a hablar de "pirandellismo". Son especulaciones, dice Leonardo Sciascia, que descuidan los valores po&eacute;ticos y literarios de una obra tan variada y compleja: "un mundo de poes&iacute;a fue consumido y calcinado hasta el punto de convertirlo en filos&oacute;ficas cenizas". Hay que ver qu&eacute; significa esa oposici&oacute;n en la obra del escritor y no en sus declaraciones hechas bajo la influencia de Tilgher. Hablar de oposici&oacute;n entre vida y forma es una contradicci&oacute;n, porque la antinomia est&aacute; entre la misma vida que deber&iacute;a ser un proceso de metamorfosis, "un incesante fluir de forma en forma en el que cada forma vive de la muerte de otra". Sin embargo, no es as&iacute;. La sociedad represiva, el mundo moderno dedicado exclusivamente a la producci&oacute;n, a lo &uacute;til y a la especializaci&oacute;n, que descuida lo m&uacute;ltiple y lo aut&eacute;ntico, paralizan ese fluir y lo condenan a una forma fija. Por eso, los seres humanos sufren silenciosos, solos. Encerrados en s&iacute; mismos, viven, trabajan enajenados con metas que no les pertenecen y, al final de su vida, se dan cuenta con p&aacute;nico de que nunca han estado vivos. Bajo el yugo de la m&aacute;scara inmutable de la que no han sabido desvincularse, sienten con horror no haber tenido nunca una verdadera vida; han vivido su vida "en el ojo siempre abierto e implacable de los otros" (Sciascia). Ninguno de ellos se reconoce en esa m&aacute;scara, y todos advierten con espasmo el hervor de una vida distinta, que no es suya, pero hubiera podido serlo... Todos, dice un personaje pirandelliano, "desperdiciamos y ahogamos cada d&iacute;a el florecer de qui&eacute;n sabe cuantos g&eacute;rmenes, cuantas posibilidades que hay en nosotros (.), obligados como estamos a continuas mentiras, a hipocres&iacute;as".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la forma que inexorablemente los inmoviliza, los personajes de Pirandello pueden salvarse en la locura o en la ficci&oacute;n de la locura <i>(Enrique IV),</i> o en el suicidio (Uno <i>y dos, Vestir a</i> <i>los desnudos),</i> o en momentos de evasi&oacute;n, como el protagonista de <i>La carriola,</i> severo jurista que saborea todos los d&iacute;as, a escondidas y temblando, "la voluptuosidad de una divina locura consciente, que por un momento (lo) libera y venga de todo". La zancadilla que el protagonista asesta, en un ritual que se repite todos los d&iacute;as, siempre igual y en la misma hora, a su vieja perra, que lo mira con ojos "aterrados", es la manifestaci&oacute;n neur&oacute;tica de la angustia. En este caso, como en otros, es la raz&oacute;n la que se encarga de ir m&aacute;s all&aacute; de sus propios l&iacute;mites, en una zona de locura, como tentativa terap&eacute;utica, exorcismo necesario para regresar del ef&iacute;mero goce a la insoportable realidad. Patolog&iacute;a de la vida cotidiana, pero gesto liberatorio para no caer en la locura permanente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los personajes pirandellianos se debaten permanentemente entre sentimientos que no saben conciliar: &aacute;vidos de vida pero "desnudos de energ&iacute;a", <i>nati morti</i> (nacidos muertos, como dir&iacute;a Eugenio Montale). &iexcl;Evadir! &iexcl;Trasformarse! &iexcl;Volverse otro!, es un anhelo vuelto imposible no s&oacute;lo por la forma, la persona&#45;m&aacute;scara que, como se dijo, traga los rostros del ser humano, sino por el sentimiento contrario: &iexcl;Ay del que se mira! &iexcl;Conocerse es morir! Esa m&aacute;scara que lo fija a uno en un papel inmutable, aniquilador de su vitalidad, no s&oacute;lo es determinada por las imposiciones sociales, el filiste&iacute;smo burgu&eacute;s, sino por el mismo ser que tiende a creerse y hacerse creer distinto de lo que es, a conformarse al modelo social y cultural de la &eacute;poca en que vive. Viviendo en sociedad, dice Serafino Gubbio, nos construimos. Pirandello analiza estos rasgos psicol&oacute;gicos sin trasladarlos, como har&aacute; Canetti o Sciascia, al Poder como instrumento de la represi&oacute;n de la personalidad individual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El drama del protagonista de <i>Uno, ninguno y cien mil,</i> Vitangelo Moscarda &#151;&iexcl;vaya nombre!&#151; empieza por un hecho banal: el descubrimiento, frente al espejo, de que su nariz pende hacia la derecha, un hecho del que nunca se hab&iacute;a dado cuenta y que le revela su esposa. Ese hecho tan irrelevante y grotesco hace estallar el drama existencial de Vitangelo, lo pone frente a la pregunta: &iquest;Qui&eacute;n soy yo para m&iacute; y para los dem&aacute;s? Se da cuenta de que &eacute;l no es uno, sino tantos como son los que lo conocen, seg&uacute;n la imagen que cada uno se hace de &eacute;l. Empieza, a diferencia de Mat&iacute;as Pascal, la desesperada b&uacute;squeda de su identidad. Pasa horas frente al espejo observ&aacute;ndose para encontrarse, pero s&oacute;lo se pierde.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema del espejo est&aacute; presente en otra novela contempor&aacute;nea a la de Pirandello, <i>Niebla</i> de Miguel de Unamuno. Su protagonista, Augusto P&eacute;rez, dice: "Mir&aacute;ndome al espejo, a solas, acabo por dudar de mi existencia e imaginarme, vi&eacute;ndome como otro, que soy un sue&ntilde;o, un ente de ficci&oacute;n...". No se puede hablar de influencias entre los dos escritores, ya que ninguno de los dos conoci&oacute; la obra del otro. El punto de encuentro podr&iacute;a buscarse, seg&uacute;n sugiere Sciascia, en la "hispanidad" de Sicilia, v&iacute;a Don Quijote (a quien Pirandello dedica p&aacute;ginas de su ensayo sobre el humorismo). Sciascia acude a un ensayo de Am&eacute;rico Castro, "Cervantes y Pirandello", para subrayar la afinidad entre los dos escritores, que derivar&iacute;a de Cervantes: la interferencia entre lo real y lo fant&aacute;stico, la doble identidad de sus personajes, etc. Sin embargo, hay que buscar esa afinidad tambi&eacute;n en las inquietudes del tiempo, de las que Pirandello y Unamuno fueron geniales anticipadores.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El espejo &#151;s&iacute;mbolo sapiencial en muchos contextos hist&oacute;ricos y culturales&#151; es una presencia obsesiva en Pirandello. La contemplaci&oacute;n de su propia imagen en el espejo no es s&oacute;lo un acto de vanidad, es una operaci&oacute;n intelectual de auto&#45;conocimiento, de confirmaci&oacute;n de la identidad. Los personajes pirandellianos buscan al otro inaccesible que en ellos est&aacute; oculto y que generalmente les inspira miedo (hemos visto con qu&eacute; terror Varia Nestoroff mira su imagen en la pantalla). En uno de sus estupendos y alucinantes cuentos, "La giornata" (La jornada) el protagonista se observa en el espejo y de inmediato tiene la impresi&oacute;n de hundirse en un abismo sin l&iacute;mites. Experimenta un sentimiento de extra&ntilde;eza: la imagen reflejada es un simulacro, una proyecci&oacute;n falaz que s&oacute;lo revela su corporeidad y su finitud, por ende la muerte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el escritor siciliano el espejo conserva la misma polaridad que en la antigua Grecia: en los misterios &oacute;rficos y en la tragedia, donde el conocimiento puede llevar a la muerte. Porque si por un lado el front&oacute;n del templo de Delfos impone el "con&oacute;cete a ti mismo", por otro lado el adivino Tiresias lo contradice cuando anuncia el destino de Narciso: vivir&aacute; largos a&ntilde;os a condici&oacute;n de que no se conozca. Si el sentimiento de vanidad mueve inicialmente a Narciso, lo que lo lleva a la muerte es la revelaci&oacute;n en el agua de su propio rostro y de lo que oculta: su precariedad, su fugacidad, su finitud. Dionisio fue destrozado por los titanes mientras se miraba al espejo. La voluntad de saber lleva a Edipo a la oscuridad del vientre materno y a la ceguera. Lo mismo es para Pirandello. Conocerse es perderse, es morir: "&iexcl;Hay del que se mira!, &iexcl;conocerse es morir!".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el vano intento de conocerse y liberar su yo de las superestructuras adquiridas, de "demoler aquel yo que era para los dem&aacute;s", el protagonista de <i>Uno, ninguno y cien mil</i> se crea fama de loco y, rechazado por todos, perseguido legalmente por su esposa, termina en un hospicio donde, sin embargo, hallar&aacute; la paz en la soledad y en la cercan&iacute;a de la naturaleza. Concluye que si el yo es un yo s&oacute;lo para los dem&aacute;s, mejor no ser. El ser humano s&oacute;lo puede lograr su autenticidad fuera de las relaciones humanas y en el contacto con la naturaleza, que vive ajena a su eterno fluir. Moscarda encuentra la paz en la vida desnuda, en la elementalidad y en la muerte civil. En este sentido, Moscarda es una vez m&aacute;s hermano del protagonista de Niebla de Miguel de Unamuno: "S&oacute;lo a solas, dice de Augusto P&eacute;rez, se sent&iacute;a &eacute;l; s&oacute;lo a solas pod&iacute;a decirse a s&iacute; mismo, tal vez para convencerse, &iexcl;Yo soy yo!; ante los dem&aacute;s, metido en la muchedumbre atareada y distra&iacute;da, no se sent&iacute;a &eacute;l mismo." Y, como Moscarda, Augusto concluye diciendo que "la &uacute;nica verdad es el hombre fisiol&oacute;gico, el que no habla y no miente..."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como Pirandello, Unamuno piensa que "la palabra, ese producto social, se ha hecho para mentir", y que "todo lo que es producto social es mentira". Son mentira las relaciones sociales porque, dice Augusto, "no hacemos m&aacute;s que representar cada uno su papel". "El hombre en cuanto habla miente y en cuanto se habla a s&iacute; mismo se miente". El mismo pesimismo expresa Pirandello: la palabra hecha para unir en realidad separa. El lenguaje se ha vuelto pura abstracci&oacute;n, no sirve porque las palabras tienen un sentido para uno, un valor "como son dentro de uno", mientras que quien las escucha "las asume inevitablemente con el sentido y el valor que tienen para s&iacute; mismo, el sentido y el valor del mundo que tiene adentro". D&eacute;cadas m&aacute;s tarde, El&iacute;as Canetti dir&aacute; que no hay mayor ilusi&oacute;n que la del lenguaje como medio de comunicaci&oacute;n, y que la deformaci&oacute;n del lenguaje conduce al caos de las figuras separadas. Cada hombre posee una fisonom&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica que lo diferencia de los dem&aacute;s, pero esta fisonom&iacute;a se ha vuelto una "m&aacute;scara ac&uacute;stica" que marca al ser humano, dando la apariencia de una individualidad y una personalidad de hecho inexistentes. "Los hombres se hablan pero no se entienden, y el di&aacute;logo entre ellos se ha transformado en un mon&oacute;logo de paranoicos, un ruido ac&uacute;stico".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se podr&iacute;a objetar que estos escritores denuncian la incomunicabilidad del lenguaje vali&eacute;ndose del mismo lenguaje que ponen en duda. El hecho es que tienen fe en el arte y en la poes&iacute;a, que consideran capaces de "o&iacute;r", percibir y tener acceso a lo que el ser humano es detr&aacute;s de las palabras. El escritor, dir&aacute; bellamente Canetti, otorga particular importancia a las palabras, a las que destrona para entronizarlas luego con mayor aplomo, con la voluntad de responsabilizarse por todo cuanto admita una formulaci&oacute;n verbal, y de expiar incluso sus posibles fallas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los cincuenta a&ntilde;os, Pirandello empieza a escribir para el teatro, y lo que hubiera tenido que ser un breve par&eacute;ntesis para regresar a su aut&eacute;ntica vocaci&oacute;n de narrador lo absorbi&oacute; por completo. Teatro y narrativa son dos tipos de comunicaci&oacute;n diferente; entre escritura y creaci&oacute;n esc&eacute;nica, espect&aacute;culo, hay una relaci&oacute;n de contraste: por un lado la preeminencia de la escritura, y por otro la sumisi&oacute;n del texto a los espejismos transitorios de la escena, un contraste del que Pirandello tiene conciencia. Sin embargo, el paso al teatro le fue f&aacute;cil porque la teatralidad exist&iacute;a en potencia en su obra narrativa, y no pod&iacute;a m&aacute;s que desembocar l&oacute;gicamente en el teatro. Pirandello traspas&oacute; al teatro una problem&aacute;tica ya redondeada en su obra narrativa, machacando sobre los mismos temas de manera obsesiva y fundiendo la deformaci&oacute;n grotesca y la tensi&oacute;n dram&aacute;tica. Su vitalidad visionaria, su genial capacidad de improvisaci&oacute;n, su prodigioso dominio del di&aacute;logo, le permitieron encarnar sentimientos e ideas en los personajes de su drama.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de llegar a la creaci&oacute;n teatral, Pirandello se hab&iacute;a interesado en el teatro como lector y como espectador, y hab&iacute;a sido un apasionado del teatro de marionetas, que en Sicilia tiene una larga tradici&oacute;n popular. En <i>El difunto Mat&iacute;as Pascal</i> se encuentra una divertida y no menos acertada met&aacute;fora de la diferencia entre el teatro cl&aacute;sico y el teatro moderno, que vale la pena referir brevemente. Anselmo Paleari, el due&ntilde;o de la pensi&oacute;n romana donde Mat&iacute;as Pascal vive bajo el nombre de Adriano Meis, le aconseja ir a ver la Electra de S&oacute;focles, puesta en escena por una compa&ntilde;&iacute;a de marionetas. A su regreso, Paleari le pregunta qu&eacute; pasar&iacute;a si en el momento culminante, cuando Orestes est&aacute; por vengar la muerte de su padre, se abriera de repente un hoyo en el techo de cart&oacute;n del teatro. Al ver que Mat&iacute;as no puede responder, le explica: "Es muy f&aacute;cil, se&ntilde;or Meis, Orestes quedar&iacute;a muy desconcertado por aquel agujero. Todav&iacute;a sentir&iacute;a los impulsos de la venganza, querr&iacute;a cumplirlos con ansiosa pasi&oacute;n, pero los ojos se le ir&iacute;an all&iacute;, a aquel agujero, por donde penetrar&iacute;an en la escena toda clase de malos influjos, y se extraviar&iacute;a. Orestes, en fin, se volver&iacute;a Hamlet. Toda la diferencia entre la tragedia antigua y la tragedia moderna consiste en eso, cr&eacute;ame: en ese agujero en el techo de cart&oacute;n." Una met&aacute;fora que puede aplicarse tambi&eacute;n al teatro pirandelliano: el demonio del an&aacute;lisis, lo que Cesare Pavese llama la "carcoma del an&aacute;lisis", de la especulaci&oacute;n que debilita la voluntad y aleja de la acci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dice Vitangelo Moscarda: "A cada palabra que se me dec&iacute;a o mosca que o&iacute;a volar, me hund&iacute;a en abismos de reflexiones y consideraciones que excavaban en m&iacute;, perforando de arriba a abajo mi esp&iacute;ritu, como una madriguera de ratas, sin que nada se advirtiera afuera".</font></p>      ]]></body>
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