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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Las desigualdades en la educaci&oacute;n b&aacute;sica</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Felipe Mart&iacute;nez Rizo*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad de Lovaina. Profesor&#45;investigador del Departamento de Educaci&oacute;n de la Universidad Aut&oacute;noma de Aguascalientes. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y la Academia Mexicana de Ciencias. Director General fundador del Instituto Nacional para la Evaluaci&oacute;n de la Educaci&oacute;n (2002&#45;2008). Su trabajo de investigaci&oacute;n cubre todos los niveles educativos, en temas de calidad, planeaci&oacute;n, evaluaci&oacute;n y desigualdad. Actualmente desarrolla una l&iacute;nea de investigaci&oacute;n sobre evaluaci&oacute;n en aula en educaci&oacute;n primaria. Publicaciones recientes: (2012), La evaluaci&oacute;n en el aula, vol. 1: Promesas y desaf&iacute;os de la evaluaci&oacute;n formativa, Aguascalientes, Universidad Aut&oacute;noma de Aguascalientes; (2012), La escuela y el futuro. Alegato por la esperanza, Aguascalientes, Universidad Aut&oacute;noma de Aguascalientes. </i>CE: <a href="mailto:fmartin@correo.uaa.mx">fmartin@correo.uaa.mx</a></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo presenta una visi&oacute;n de conjunto sobre la desigualdad educativa en M&eacute;xico. En un primer apartado, de car&aacute;cter descriptivo, se presentan mediciones de la desigualdad entendida en varios sentidos: como escolaridad de la poblaci&oacute;n adulta, utilizando el &Iacute;ndice de Gini con datos de 1970 a 2010; como rezago escolar y abandono prematuro de quienes est&aacute;n en edad escolar; y como diferencias en los niveles de aprendizaje que alcanzan los estudiantes, seg&uacute;n las pruebas nacionales e internacionales. El segundo apartado explora los factores causales que inciden en la desigualdad, considerando en particular la convergencia de factores del entorno familiar y social con factores de la escuela. En el tercer punto se presentan consideraciones sobre pol&iacute;ticas e intervenciones educativas que puedan reducir la desigualdad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave</b>: Desigualdad educativa, Escolaridad, Diferencias de rendimiento, &Iacute;ndice de Gini, Estudios explicativos, Pol&iacute;ticas de equidad, Programas compensatorios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><b><span style="font-size:10.0pt;font-family:&quot;Verdana&quot;,&quot;sans-serif&quot;">INTRODUCCI&Oacute;N</span></b></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las nociones de igualdad y desigualdad se refieren a la manera en que se distribuye un bien entre una poblaci&oacute;n. Para concretar esta idea se necesita precisar de qu&eacute; bien y de qu&eacute; poblaci&oacute;n se trata. Adem&aacute;s, y dado que hay diferencias que pueden considerarse normales, en tanto que otras se ven como inaceptables, es necesario aclarar los criterios para entender las diferencias entre unas y otras (cfr. Osberg, 2001:7371).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El bien al que se refieren los estudios de desigualdad m&aacute;s usuales es la "riqueza", identificada con el ingreso. Si se estudia la distribuci&oacute;n de "educaci&oacute;n" se debe precisar qu&eacute; se entiende por &eacute;sta: se puede identificar con acceso a la escuela, y entender la igualdad como la existencia de una oferta educativa suficiente para atender a toda la poblaci&oacute;n en edad de cursar ciertos grados. Pero la posibilidad de que una persona asista realmente a la escuela depende de muchos factores, de manera que aunque te&oacute;ricamente haya lugar para todos los potenciales alumnos, por diversas razones algunos pueden quedar afuera. Por ello, cuando se habla de igualdad educativa parece mejor definir el bien a distribuir como el acceso real a la escuela, o como la cantidad y calidad de insumos escolares, la permanencia en la escuela, el n&uacute;mero de personas que termina cierto grado escolar, o incluso como el nivel de aprendizaje alcanzado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La igualdad (o desigualdad) educativa puede referirse a las oportunidades de acceso, a la permanencia, al egreso o incluso al nivel de aprendizaje. Esto &uacute;ltimo es, por supuesto, lo m&aacute;s interesante, pero tambi&eacute;n lo m&aacute;s dif&iacute;cil de medir. Por ello el estudio de la igualdad (o desigualdad) educativa suele limitarse a los a&ntilde;os de escolaridad alcanzados <i>(attainment),</i> sin considerar el nivel de aprendizaje que puedan haber alcanzado, tambi&eacute;n denominado logro <i>(achievement).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay varias medidas de desigualdad, entre las cuales la m&aacute;s conocida es el &Iacute;ndice de Gini, que puede tomar valores entre 0 y 1. Cero corresponde a ausencia de desigualdad o perfecta igualdad, si todos los sujetos reciben exactamente la misma proporci&oacute;n del ingreso. Uno significa desigualdad absoluta, cuando un solo sujeto concentra la totalidad de los ingresos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para una discusi&oacute;n de las medidas de desigualdad se pueden ver algunos trabajos en los que se basa &eacute;ste (Mart&iacute;nez Rizo, 2003), as&iacute; como los textos en que se basan Allison (1978), Cort&eacute;s y Rubalcava (1982), Culter (1989), y Schmidt&#45;Hebbel y Serv&eacute;n (2000).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>MEDICI&Oacute;N DE LA DESIGUALDAD EDUCATIVA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Distribuci&oacute;n de la escolaridad de poblaci&oacute;n adulta seg&uacute;n &Iacute;ndice de Gini</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Primero se presenta la situaci&oacute;n en M&eacute;xico y sus entidades, con la media de escolaridad de la poblaci&oacute;n de 15 a&ntilde;os o m&aacute;s, y el &Iacute;ndice de Gini.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Los datos de 1970 a 2000 se toman de trabajos previos (Mart&iacute;nez Rizo, 2003), a los que en este art&iacute;culo se a&ntilde;aden los de 2010.</font></p>  	    <p align="center"><img src="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t1.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede verse una clara relaci&oacute;n inversa entre media y Gini, fuertes diferencias entre las entidades mejor y peor situadas, y que se mantienen las brechas, pese al avance general.</font></p>  	    <p align="center"><img src="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t2.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chiapas, Oaxaca y Guerrero permanecen al final, en tanto que el Distrito Federal (DF) y Nuevo Le&oacute;n se mantienen a la cabeza. Muchos estados cambian de posici&oacute;n ligeramente, pero s&oacute;lo algunos lo hacen de manera clara, como Quintana Roo y Quer&eacute;taro en sentido ascendente, y Chihuahua, Jalisco o Durango al contrario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La distancia entre las entidades que ocupan los primeros y &uacute;ltimos lugares equivale a varias d&eacute;cadas: el DF supera diez a&ntilde;os y medio de escolaridad y Nuevo Le&oacute;n casi los alcanza,&nbsp;no muy lejos de pa&iacute;ses desarrollados. Chiapas&nbsp;y Oaxaca tienen en 2010 medias entre la del DF&nbsp;en 1970 y 1980, y m&aacute;s desigualdad que el DF 40&nbsp;a&ntilde;os antes.</font></p>  	    <p align="center"><img src="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t3.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los valores del &Iacute;ndice de Gini no son interpretables intuitivamente; para darles sentido es &uacute;til tomar, como contexto de referencia, los casos de pa&iacute;ses con distintas distribuciones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t4.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de la media y el &Iacute;ndice de Gini, la tabla anterior informa sobre la proporci&oacute;n de personas sin escolaridad (0 a&ntilde;os), con primaria incompleta (3) o completa (6), secundaria b&aacute;sica (9), media superior (12) y superior (16), en pa&iacute;ses de nivel de desarrollo diferente, en una gama de situaciones que van de una cercana a la desigualdad total, con casi toda la poblaci&oacute;n sin escolaridad alguna, hasta una en la que no hay ya personas en esa situaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una media de escolaridad de un a&ntilde;o o menos significa que gran parte de la poblaci&oacute;n es analfabeta, lo que se traduce en una media menor o poco superior a un grado y un &Iacute;ndice de Gini que puede ser mayor a 0.9. Esto ocurr&iacute;a en pa&iacute;ses como Mali en 1976. Si la poblaci&oacute;n sin escolaridad se reduce y representa porcentajes cada vez menores del total, en paralelo aumenta la proporci&oacute;n de personas con m&aacute;s escolaridad: primaria incompleta primero, luego primaria completa, etc. La media de escolaridad aumenta y el Gini disminuye.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La distribuci&oacute;n de la escolaridad de los mexicanos ha mejorado regularmente a lo largo de cuatro d&eacute;cadas, en el conjunto del pa&iacute;s y en cada entidad. Esto refleja el incremento de la cobertura del sistema educativo, la consecuente reducci&oacute;n de la poblaci&oacute;n sin instrucci&oacute;n y el aumento de la escolaridad promedio, en una distribuci&oacute;n que tiene un tope poco arriba de los 18 a&ntilde;os de estudios. Puede apreciarse, adem&aacute;s, que el aumento de la escolaridad y la reducci&oacute;n del &Iacute;ndice de Gini han sido el resultado de un avance general, que no ha tenido en cuenta las ancestrales desigualdades del pa&iacute;s y, por consiguiente, no se ha caracterizado por un esfuerzo compensatorio definido, que busque sistem&aacute;ticamente reducirlas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Desigualdad educativa en edad temprana: extraedad y deserci&oacute;n</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las estad&iacute;sticas de escolaridad consideran a las personas de 15 o m&aacute;s a&ntilde;os de edad, o incluso a las de 25 a&ntilde;os o m&aacute;s, ya que se entiende que antes de esas edades la mayor parte de las personas est&aacute;n todav&iacute;a en el sistema educativo, en educaci&oacute;n media o superior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro tipo de estudios que constituyen una forma de acercarse a la desigualdad educativa de la poblaci&oacute;n que est&aacute; en edades m&aacute;s tempranas, son los que analizan la trayectoria escolar de los estudiantes y, en particular, el abandono de la escuela antes de lo previsto por las normas que establecen la duraci&oacute;n de la escolaridad obligatoria o las pol&iacute;ticas al respecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si todos los j&oacute;venes recorren el trayecto escolar en la forma considerada normal, aprobando un grado cada a&ntilde;o, y no abandonan los estudios prematuramente, el resultado se reflejar&aacute; despu&eacute;s en una mayor igualdad de la escolaridad de la poblaci&oacute;n adulta. En cambio, si una proporci&oacute;n importante no aprueba algunos grados y debe recursarlos, se va rezagando en el trayecto, y es m&aacute;s probable que el resultado final sea la deserci&oacute;n antes de llegar al final del trayecto. Esto se reflejar&aacute; luego en mayor desigualdad en la escolaridad de los adultos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t5.jpg" target="_blank">Tabla 5</a> presenta la situaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n mexicana de 3 a 17 a&ntilde;os de edad en cuanto al avance que llevaban en el trayecto escolar, en el ciclo 2007&#45;2008.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la <a href="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t5.jpg" target="_blank">Tabla 5</a> se distinguen tres grupos de personas: las que se encontraban en situaci&oacute;n regular, las que presentaban rezago grave y las que estaban fuera de la escuela. La situaci&oacute;n regular se defini&oacute; como la de quienes cursaban el grado correspondiente a su edad seg&uacute;n la normatividad, o bien que estaban adelantados o retrasados s&oacute;lo un a&ntilde;o respecto de la norma: comenzar el primero de los tres grados de preescolar a los tres a&ntilde;os de edad; primero de primaria a los seis, comenzar sexto a los 11 y entrar a secundaria a los 12. El rezago grave se entiende entonces como la situaci&oacute;n de quienes tienen dos o m&aacute;s a&ntilde;os de edad m&aacute;s de los que deber&iacute;an tener en un grado. El rezago de s&oacute;lo un a&ntilde;o de edad se considera leve y se asimila a la situaci&oacute;n regular. La situaci&oacute;n de los que est&aacute;n fuera de la escuela se entiende sin m&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede apreciar que en preescolar no hay rezago, ya que en ese nivel de la educaci&oacute;n b&aacute;sica no se maneja reprobaci&oacute;n. Tampoco hay rezago grave a los seis y siete a&ntilde;os de edad, ya que a esa edad ning&uacute;n ni&ntilde;o puede haber acumulado dos a&ntilde;os de rezago; esto comienza a ocurrir a los ocho a&ntilde;os de edad, cuando seg&uacute;n la <a href="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t5.jpg" target="_blank">Tabla 5</a>, casi 2 de cada 100 ni&ntilde;os tiene tal situaci&oacute;n, lo que quiere decir que est&aacute; inscrito en primero de primaria. A partir de ese momento el rezago grave aumenta, llegando a 8.6 por ciento a los 12 y 13 a&ntilde;os de edad, con chicos que a esa edad todav&iacute;a est&aacute;n en primaria. Luego las cifras de rezago grave disminuyen, al tiempo que aumentan las de quienes est&aacute;n ya fuera de la escuela, los desertores que abandonaron la escuela sin terminar secundaria, en muchos casos tras haber acumulado rezago en primaria, por reprobar en dos ocasiones o m&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las cifras negativas de chicos fuera de la escuela son anomal&iacute;as que se pueden deber a errores de las proyecciones de poblaci&oacute;n con que se comparan las estad&iacute;sticas de matr&iacute;cula escolar, o tambi&eacute;n a la inflaci&oacute;n de las cifras de estas &uacute;ltimas. Los datos m&aacute;s an&oacute;malos, que se refieren a cifras de ni&ntilde;os de cinco, seis y siete a&ntilde;os de edad en situaci&oacute;n regular superiores al 100 por ciento, se explican por el n&uacute;mero at&iacute;pico de alumnos adelantados debido al cambio de la fecha oficial de admisi&oacute;n en la escuela por una decisi&oacute;n apresurada del Poder Legislativo.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>La desigualdad del nivel de aprendizaje: niveles de logro en Excale y PISA</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La desigualdad de grados de escolaridad alcanzados no tiene en cuenta la manera en que se distribuye el aprendizaje logrado por la poblaci&oacute;n. Hasta hace poco tiempo, sin embargo, no era posible estudiar la desigualdad educativa en este sentido, ya que no se contaba con instrumentos para medir aprendizajes en forma confiable y comparable en gran escala.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los sistemas educativos enfrentan progresivamente nuevos retos: primero, lograr que todos los ni&ntilde;os accedan a la escuela, no la abandonen prematuramente y terminen los grados obligatorios. Despu&eacute;s surge el tema del aprendizaje, ya que no basta con que un alumno termine cierto nivel si no alcanza los objetivos, lo que tiende a la masificaci&oacute;n, porque llegan a la escuela ni&ntilde;os de hogares cada vez menos favorecidos. Los est&aacute;ndares de evaluaci&oacute;n de los docentes tienden a ajustarse en funci&oacute;n del contexto de cada grupo y as&iacute;, en ausencia de mecanismos que aseguren la uniformidad de criterios, terminar cierto grado o nivel escolar ya no garantiza que se hayan adquirido ciertos conocimientos o habilidades. Todo esto explica el desarrollo de evaluaciones estandarizadas en gran escala del rendimiento escolar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico se cuenta con resultados confiables de los niveles de aprendizaje de los alumnos de algunos grados a partir del a&ntilde;o 2000, por las evaluaciones del Instituto Nacional de Evaluaci&oacute;n de la Educaci&oacute;n (INEE) y las internacionales en que participa M&eacute;xico, en particular las pruebas PISA (Program for International Student Assessment) de la OCDE y las del Laboratorio Latinoamericano de Evaluaci&oacute;n de la Calidad Educativa. Esas evaluaciones apuntan en la misma direcci&oacute;n: la de una gran brecha entre los niveles que alcanzan los alumnos de medios m&aacute;s o menos favorecidos, que asisten tambi&eacute;n a escuelas diferentemente dotadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t6.jpg" target="_blank">Tabla 6</a> sintetiza la informaci&oacute;n de cuatro aplicaciones de las pruebas Excale del INEE sobre el logro en lengua y matem&aacute;ticas, o su equivalente en preescolar; se muestran los porcentajes de alumnos que se sit&uacute;an en los cuatro niveles de desempe&ntilde;o que definen las pruebas,<sup><a href="#nota">2</a></sup> en los servicios educativos que tienen los resultados m&aacute;s altos y m&aacute;s bajos en cuatro grados clave de la educaci&oacute;n b&aacute;sica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diferencias entre las escuelas privadas y los preescolares comunitarios, las primarias ind&iacute;genas y las telesecundarias son evidentes: en el primer caso muy pocos alumnos se sit&uacute;an en el nivel m&aacute;s bajo: 1, 8, 2 y 8 por ciento en los grados considerados; en el segundo caso las cifras son de 26, 41, 47 y 51 por ciento. Las cifras de quienes est&aacute;n en el nivel avanzado son opuestas, si bien en el caso de secundaria la proporci&oacute;n de los alumnos de escuelas privadas no es alta.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="#t7">Tabla 7</a> presenta informaci&oacute;n similar relativa a estudiantes del &uacute;ltimo grado de la educaci&oacute;n media superior, con base en la aplicaci&oacute;n especial de PISA hecha por el INEE.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="t7"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t7.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados son similares, aunque las diferencias entre los resultados m&aacute;s altos y m&aacute;s bajos son menores. Hay que tener en cuenta que al final de la media superior, alrededor de la mitad de los j&oacute;venes en edad de cursarla han abandonado ya el sistema escolar, por lo que los resultados de los que permanecen en &eacute;l tienen menor dispersi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>EN BUSCA DE EXPLICACIONES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos estudios han mostrado una estrecha relaci&oacute;n entre las condiciones del hogar y el entorno en que viven los alumnos, y su desempe&ntilde;o escolar. Por ello se considera esperable que el rendimiento de los alumnos de familias con padres de menor escolaridad y, en general, inferior nivel socioecon&oacute;mico y cultural (NSEC), sea tambi&eacute;n m&aacute;s bajo que el de los chicos con NSEC m&aacute;s alto. Por otra parte, se espera que la escuela &#151;en particular la escuela p&uacute;blica gratuita&#151; compense de alguna manera las desigualdades sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior supondr&iacute;a, al menos, que todos los alumnos fueran atendidos en escuelas que ofrecieran una educaci&oacute;n de la misma calidad, e incluso deber&iacute;a esperarse que las escuelas a las que asisten los ni&ntilde;os de medios m&aacute;s vulnerables les brindaran un apoyo mayor, dado que las desfavorables condiciones del hogar los ponen en desventaja.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchos casos, sin embargo, lo que ocurre en realidad es que las escuelas que atienden a sectores particularmente desprotegidos cuentan tambi&eacute;n con recursos inferiores a los de las escuelas que operan en mejores condiciones, de manera que, en lugar de contrarrestar las desigualdades sociales, la escuela de alguna manera contribuye a aumentarlas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Desigualdad del contexto socio&#45;econ&oacute;mico y cultural</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las casi 100 mil escuelas primarias que hay en el pa&iacute;s se distribuyen entre cinco tipos de servicio, como muestra la <a href="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t8.jpg" target="_blank">Tabla 8</a>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El alumnado que asiste a estos tipos de escuela tiene distintas condiciones en el hogar, lo que se puede ver utilizando como indicador la escolaridad de la madre.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t9.jpg" target="_blank">Tabla 9</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primarias privadas las madres de m&aacute;s de las dos terceras partes de los alumnos fueron a la universidad, menos de cuatro de cada cien tienen s&oacute;lo primaria y menos de una no fue a la escuela. En cursos comunitarios y primarias ind&iacute;genas, m&aacute;s de dos tercios de las madres no fueron a la escuela o s&oacute;lo a primaria, y poqu&iacute;simas llegaron a bachillerato o universidad. El contraste entre escuelas privadas y los otros dos tipos es clar&iacute;simo, con las primarias p&uacute;blicas rurales y, sobre todo, las urbanas, en una posici&oacute;n intermedia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Desigualdad de la oferta escolar</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diferencias entre los tipos de primaria no se limitan a la extracci&oacute;n de sus alumnos, sino que se presentan en una forma similar en lo que se refiere a los recursos con que cuentan; esto revela datos sobre la infraestructura de las escuelas, clasificadas en cuatro grupos: escuelas con infraestructura muy deficiente, deficiente, suficiente y muy adecuada.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t10.jpg" target="_blank">Tabla 10</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casi 90 por ciento de las primarias privadas tienen infraestructura muy adecuada, y s&oacute;lo tres de cada 100 est&aacute;n en las categor&iacute;as de infraestructura deficiente o muy deficiente. En cursos comunitarios la situaci&oacute;n es la opuesta: m&aacute;s de 90 por ciento tienen infraestructura muy deficiente y deficiente, y menos de 10 por ciento suficiente o muy adecuada.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La relaci&oacute;n entre el nivel de escolaridad de la madre y la calidad de la infraestructura de la escuela de sus hijos es clara. Contra lo que deber&iacute;a esperarse en una perspectiva de equidad, las escuelas no contrarrestan, al menos en parte, las carencias que tienen en el hogar los alumnos m&aacute;s pobres, sino que m&aacute;s bien contribuyen a profundizarlas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>El temprano origen de las desigualdades</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trabajos hechos en otros pa&iacute;ses aportan elementos a la explicaci&oacute;n de la desigualdad de los resultados educativos, al mostrar que se gesta muy temprano, lo que permite comprender la dificultad de la escuela para reducirla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque el desarrollo de la <i>competencia lectora</i> tiene ra&iacute;ces anteriores, la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os comienza a trabajarla sistem&aacute;ticamente al final del preescolar o inicio de la primaria, y para el fin del tercer grado (8&#45;9 a&ntilde;os) todos deber&iacute;an haberlo conseguido. Desde entonces la lectura ya no deber&iacute;a ser un objetivo a alcanzar, sino una herramienta para que los ni&ntilde;os aprendan otras cosas. Este paso crucial se designa con la expresi&oacute;n de "la transici&oacute;n de "aprender a leer" a "leer para aprender" <i>(from learning to read, to reading to learn).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estudios hechos en Canad&aacute; muestran que alrededor de 40 por ciento de los ni&ntilde;os no hace esa transici&oacute;n cr&iacute;tica a la edad mencionada. Y esos ni&ntilde;os tienen alto riesgo de tener trayectorias de desarrollo pobres tambi&eacute;n en matem&aacute;ticas: a los 15 a&ntilde;os de edad, m&aacute;s de la mitad de los ni&ntilde;os que eran malos lectores a los ocho o nueve tienen un nivel que equivale a estar al menos un grado y medio por debajo de sus compa&ntilde;eros (Beswick y Willms, 2008: 37&#45;38).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos estudios longitudinales muestran c&oacute;mo los pobres resultados de los j&oacute;venes que, hacia el fin de la escolaridad obligatoria, no consiguen alcanzar los niveles de aprendizaje que necesitan para enfrentar los desaf&iacute;os de la vida adulta, comienzan tempranamente; y que medidas como la reprobaci&oacute;n y la repetici&oacute;n de grado, en vez de ayudar a los alumnos a mejorar, los pone de manera a&uacute;n m&aacute;s clara en una ruta de fracaso, que muchas veces terminar&aacute; con el abandono prematuro de la escuela y, en caso de que no sea as&iacute;, llegar&aacute; igualmente a ese tipo de resultado insuficiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro trabajo se bas&oacute; en una minuciosa observaci&oacute;n de 42 familias de diferente nivel social, con beb&eacute;s de pocos meses, para observar c&oacute;mo aprend&iacute;an a hablar y c&oacute;mo interactuaban verbalmente con ellos sus madres, padres y otros adultos (Hart y Risley, 1995; 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este trabajo muestra grandes diferencias en el proceso de aprender a hablar de unos ni&ntilde;os y otros. Cuando interact&uacute;an con sus hijos, los padres con nivel profesional les dirigen en promedio 2 mil palabras por hora; los padres de clase trabajadora 1 mil 300 palabras; y los ni&ntilde;os m&aacute;s pobres s&oacute;lo escuchan en promedio 600 palabras por hora. Los padres del primer grupo hacen seis comentarios elogiosos a sus hijos por un rega&ntilde;o; los padres de clase trabajadora hacen s&oacute;lo dos comentarios elogiosos por cada rega&ntilde;o; y los ni&ntilde;os m&aacute;s pobres reciben dos rega&ntilde;os por cada comentario elogioso. Las diferencias se acumulan: a los tres a&ntilde;os de edad, y en los extremos socioecon&oacute;micos, unos ni&ntilde;os han recibido 500 mil elogios y 80 mil rega&ntilde;os; otros 75 mil elogios y 200 mil rega&ntilde;os. Los primeros han o&iacute;do unos 30 millones de palabras y los otros s&oacute;lo 20 millones (cfr. Nisbett, 2009: 86, 111&#45;112 y 116).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REDUCCI&Oacute;N DE LA DESIGUALDAD: POL&Iacute;TICAS Y PROGRAMAS COMPENSATORIOS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reducir las brechas de escolaridad y aprendizaje no es f&aacute;cil: el peso de las desigualdades del entorno familiar y social de los alumnos es muy grande, y a &eacute;l se a&ntilde;aden las diferencias que hay en cuanto a la dotaci&oacute;n de recursos de las escuelas, y en cuanto a los procesos que tienen lugar en ellas. Por ello la b&uacute;squeda de la equidad no puede consistir simplemente en asegurar que todos los ni&ntilde;os tengan un lugar en una escuela, aunque sus carencias sean tales que no permitan esperar niveles m&iacute;nimos de aprendizaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dadas las desigualdades familiares, la equidad tampoco se reduce a igualar las condiciones de las escuelas a las que van todos los ni&ntilde;os; para compensar las desigualdades del entorno ser&aacute;n necesarios esfuerzos de discriminaci&oacute;n positiva, que ofrezcan mejores apoyos a los alumnos que m&aacute;s los necesiten. Estos esfuerzos no deben limitarse a los usuales <i>programas compensatorios;</i> aunque este tipo de programas tiene virtudes, no consigue modificar la situaci&oacute;n fundamental de inequidad que consiste en que los servicios educativos a los que pueden acceder los alumnos de medios m&aacute;s pobres tienen tambi&eacute;n las mayores carencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Pol&iacute;ticas tradicionales</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La acumulaci&oacute;n de las desigualdades del hogar y las de la escuela en nuestro pa&iacute;s se explica en parte por la dificultad de ofrecer servicios de calidad a los ni&ntilde;os de localidades peque&ntilde;as y aisladas. El INEE ha mostrado la evoluci&oacute;n del n&uacute;mero de esas localidades:</font></p>  	    <p align="center"><img src="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t11.jpg"></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La desigual calidad de la oferta se explica en parte por la dificultad de llevar servicios de buena calidad a tantas localidades min&uacute;sculas, pero otra parte de la responsabilidad debe atribuirse al modelo de extensi&oacute;n de la oferta que describe la expresi&oacute;n "derrama paulatina de beneficios" <i>(spill over).</i> Seg&uacute;n este modelo, la oferta sigue a la demanda: los servicios educativos se ofrecen a quienes tienen la capacidad de exigirlos. Y como la capacidad misma de demanda depende tambi&eacute;n del nivel socioecon&oacute;mico y cultural de un grupo, son los colectivos m&aacute;s pobres los que menos la tienen, y los &uacute;ltimos en ser atendidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estrechamente relacionado con el modelo de extensi&oacute;n de los servicios educativos, se sit&uacute;a el tema del financiamiento. M&eacute;xico destina a educaci&oacute;n una proporci&oacute;n importante de su producto interno bruto, y m&aacute;s del gasto p&uacute;blico (en este caso m&aacute;s que cualquier otro pa&iacute;s de la OCDE), pero la proporci&oacute;n que se destina al pago de servicios personales es excesiva, quedando muy poco para otros rubros del gasto y para inversi&oacute;n. M&eacute;xico es tambi&eacute;n uno de los pa&iacute;ses que destinan proporcionalmente m&aacute;s recursos a la educaci&oacute;n superior y menos a la b&aacute;sica, lo que resulta contrario a la equidad, ya que todav&iacute;a no se consigue que todos los j&oacute;venes mexicanos terminen al menos la secundaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El gasto por alumno en los servicios de educaci&oacute;n b&aacute;sica que atienden a los sectores menos favorecidos de la poblaci&oacute;n (cursos comunitarios, primarias multigrado y telesecundarias) es inferior al de los dem&aacute;s servicios. Las Encuestas de Ingreso y Gasto de los Hogares muestran que el gasto p&uacute;blico beneficia m&aacute;s a hogares de los deciles superiores de la distribuci&oacute;n del ingreso, en comparaci&oacute;n con los que se sit&uacute;an en los deciles inferiores. Se sabe tambi&eacute;n que los sectores m&aacute;s pobres de la poblaci&oacute;n, de las zonas rurales e ind&iacute;genas, aportan m&aacute;s no s&oacute;lo en t&eacute;rminos relativos a su ingreso, sino incluso en t&eacute;rminos absolutos, al asumir importantes gastos en especie, contribuyendo al sostenimiento del maestro que trabaja en la localidad, e incluso asumiendo en parte el costo de construcci&oacute;n de la escuela.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>Pol&iacute;ticas compensatorias usuales y alternativas</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace 40 a&ntilde;os un gran soci&oacute;logo ingl&eacute;s se&ntilde;alaba: "el hecho fundamental de la historia educativa del siglo XX es que las pol&iacute;ticas igualitarias han fracasado" (Halsey, 1972: 6, cit. en Karabel y Halsey, 1977: 45). La persistencia de la desigualdad educativa en M&eacute;xico puede llevar a una conclusi&oacute;n similar, pero la informaci&oacute;n de este apartado hace pensar m&aacute;s bien que en nuestro pa&iacute;s no ha habido pol&iacute;ticas igualitarias suficientemente consistentes para producir resultados apreciables. En este apartado se trata de mostrar que puede haber otras pol&iacute;ticas mejores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La expansi&oacute;n de la educaci&oacute;n en Corea del Sur y en M&eacute;xico</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al destacar los avances educativos de Corea del Sur (cfr. Mart&iacute;nez Rizo, 2007) suele apuntarse que, a mediados del siglo XX, ese pa&iacute;s ten&iacute;a niveles de desarrollo muy inferiores a los de M&eacute;xico, y que medio siglo despu&eacute;s la situaci&oacute;n se ha revertido. Esta afirmaci&oacute;n debe matizarse. Es correcta en lo que se refiere a pib per c&aacute;pita, pero no en cuanto a escolaridad: contra lo que se piensa, la cobertura educativa de Corea del Sur era mejor que la de M&eacute;xico hace 50 a&ntilde;os. La diferencia se debe en parte a la geograf&iacute;a y la demograf&iacute;a de cada pa&iacute;s, pero debe atribuirse tambi&eacute;n al modelo de expansi&oacute;n de los servicios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La forma en que el sistema educativo coreano se desarroll&oacute; a lo largo de las cinco &uacute;ltimas d&eacute;cadas muestra un &eacute;nfasis que fue pasando, sucesivamente, de la primaria a la secundaria, de &eacute;sta a la educaci&oacute;n media superior y, por fin, a la ense&ntilde;anza superior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los a&ntilde;os 1960 y 1970 el crecimiento se dio sobre todo en primaria, en un n&uacute;mero relativamente peque&ntilde;o de escuelas grandes, en general de organizaci&oacute;n completa, en muchos casos con doble turno y grupos con 65 alumnos en promedio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La secundaria no recibi&oacute; el mismo grado de atenci&oacute;n en esos a&ntilde;os, y se ofrec&iacute;a sobre todo en las ciudades. Al inicio de la d&eacute;cada siguiente la pol&iacute;tica educativa se orient&oacute; a fortalecer la primaria y atender el desarrollo de la secundaria. Se eliminaron dobles turnos y el tama&ntilde;o promedio de los grupos se redujo a unos 35 alumnos. Para contar con recursos, en 1982 se estableci&oacute; un impuesto especial para educaci&oacute;n y en 1985 se hizo una Reforma Educativa Nacional. En 1990 la secundaria obligatoria gratuita se hab&iacute;a extendido a todo el pa&iacute;s; resuelto el asunto de la atenci&oacute;n universal de la demanda en los dos primeros niveles del sistema educativo, la atenci&oacute;n pudo dirigirse a la elevaci&oacute;n de la calidad y a la expansi&oacute;n de la media superior, y luego de la educaci&oacute;n superior (MEHRD, 2006)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La forma en que se expandi&oacute; el sistema educativo mexicano fue diferente. La <a href="/img/revistas/peredu/v34nspe/a4t12.jpg" target="_blank">Tabla 12</a> permite apreciar la forma en que se desarrollaron los sistemas educativos de los dos pa&iacute;ses.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1965 la cobertura de primaria era mucho m&aacute;s alta en Corea que en M&eacute;xico: casi 90 por ciento frente a alrededorf de 60 por ciento; las cifras superiores a 95 por ciento se alcanzaron en Corea en la d&eacute;cada de 1970 y en M&eacute;xico hasta la de 1990. La transici&oacute;n de primaria a secundaria aument&oacute; de manera excepcional en Corea entre 1970 y 1980, pasando de 66 por ciento a 96 por ciento, lo que refleja un esfuerzo especial por aumentar la cobertura de secundaria una vez que se alcanz&oacute; el total en primaria. Las cifras disponibles muestran que en M&eacute;xico la proporci&oacute;n de alumnos que pasa a secundaria despu&eacute;s de terminar la primaria ha aumentado en una forma gradual; casi no cambi&oacute; entre 1980 y 1990, y luego aumenta 4&#45;5 por ciento cada cinco a&ntilde;os, de 1990 a 2005.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Corea la tasa de transici&oacute;n de secundaria a media superior aument&oacute; tambi&eacute;n mucho entre 1970 y 1980, aunque no tanto como la de primaria a secundaria: casi 15 puntos, y 10 m&aacute;s en la d&eacute;cada siguiente. En cambio la tasa de transici&oacute;n de media superior a superior se mantuvo baja hasta 1990, y a partir de entonces tuvo un incremento extraordinario, de casi 18 puntos entre 1990 y 1995; casi 17 puntos m&aacute;s en el lustro siguiente; y 14 m&aacute;s en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os. En M&eacute;xico las tasas de transici&oacute;n de secundaria a media superior y, especialmente, de media superior a superior, eran altas hace varias d&eacute;cadas y han aumentado en forma muy lenta: cerca de 80 por ciento desde 1980 en el primer caso, y casi 70 por ciento en el segundo, muy por encima del 33.2 por ciento en la misma fecha en Corea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sorprendente expansi&oacute;n de la educaci&oacute;n superior coreana a partir de los a&ntilde;os 1990 fue posible gracias a que ya se hab&iacute;a alcanzado la cobertura casi total en los niveles previos, hasta la media superior; la forma en que se extendi&oacute; la superior fue la culminaci&oacute;n de un modelo de expansi&oacute;n que cuid&oacute; expresamente la equidad. El desarrollo del sistema educativo de Corea del Sur puede caracterizarse como un modelo intencionalmente igualitario, que busc&oacute; expresamente llevar al mayor n&uacute;mero posible de j&oacute;venes hasta determinado nivel educativo en ciertos momentos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico, en cambio, los datos llevan a caracterizar su desarrollo educativo como un modelo de expansi&oacute;n basado en la demanda, que acepta la desigualdad existente y no toma medidas expresas para contrarrestarla. La educaci&oacute;n se ofreci&oacute; tempranamente en todos los niveles, desde primaria hasta superior, a una minor&iacute;a que ten&iacute;a condiciones favorables y el peso suficiente para conseguir la extensi&oacute;n de los servicios en su beneficio. Cuando s&oacute;lo pocos ni&ntilde;os y j&oacute;venes, en general de medio favorable, acced&iacute;an a los niveles inferiores del sistema educativo, quienes pertenec&iacute;an a esa minor&iacute;a privilegiada buscaban seguir adelante en los niveles siguientes, y una proporci&oacute;n considerable lo consegu&iacute;a. Los servicios se extienden luego paulatinamente a sectores de la poblaci&oacute;n que est&aacute;n en condiciones menos favorables y, a la vez, tienen menos capacidad de presi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este modelo de "derrame paulatino de beneficios", con la dispersi&oacute;n de la poblaci&oacute;n rural, ha propiciado el mantenimiento de las desigualdades: cuando los niveles educativos b&aacute;sicos alcanzan a los sectores menos favorecidos, los privilegiados ya han tenido acceso a los niveles m&aacute;s altos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Intervenciones tempranas e integrales: la Zona de los Ni&ntilde;os de Harlem</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los programas educativos compensatorios en los Estados Unidos comenzaron a impulsarse partir de la legislaci&oacute;n de 1965. Los estudios de su impacto, comenzando con los del programa Head Start mostraron, de manera esperable, que las intervenciones m&aacute;s efectivas ten&iacute;an en com&uacute;n la caracter&iacute;stica de comenzar tempranamente y ser intensivas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mismo sentido se puede mencionar una notable experiencia reciente, a&uacute;n en desarrollo: la implementada en la Zona de los Ni&ntilde;os de Harlem, encabezada por Geoffrey Canada (Tough, 2009).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la d&eacute;cada de 1990, Canada promovi&oacute; un trabajo que atiende a los ni&ntilde;os m&aacute;s desfavorecidos desde antes de que nazcan; para ello se comienza localizando mujeres embarazadas cuyos hijos previsiblemente formar&iacute;an parte de los condenados a fracasar en la escuela: madres solteras de menos de 20 a&ntilde;os de edad, cuya pareja muchas veces estaba en prisi&oacute;n, sin trabajo, etc. Adem&aacute;s de ofrecer apoyos materiales (canastas prenatales, leche, etc.), se les da informaci&oacute;n sobre las pr&aacute;cticas adecuadas para una buena crianza de sus hijos, y se les apoya despu&eacute;s del nacimiento y durante la primera infancia, el a&ntilde;o de prees&#45;colar y la primaria, hasta la secundaria b&aacute;sica y la superior.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de m&aacute;s de una d&eacute;cada de esfuerzos, los resultados de esos ni&ntilde;os no muestran diferencias significativas respecto de los que obtienen en promedio los hijos de familias blancas de clase media. Todos consiguen los niveles de competencia suficientes para ser aceptados en estudios superiores y seguirlos con &eacute;xito. En 2009 el presidente Obama anunci&oacute; un plan para extender la experiencia de Harlem a 20 ciudades americanas. Seg&uacute;n Obama, "el esfuerzo costar&aacute; algunos miles de millones de d&oacute;lares, pero no podemos permitirnos no gastarlos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La desigualdad educativa es un fen&oacute;meno duradero, por sus profundas ra&iacute;ces, pero hay bases para tener una opini&oacute;n razonablemente optimista en cuanto a las posibilidades de reducirla. No se trata de volver a posturas ingenuas como hace medio siglo, pero s&iacute; de escapar al determinismo de las que dan un peso excesivo a los factores extraescolares, gen&eacute;ticos o del medio social y familiar, as&iacute; como al pesimismo derivado de ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de la igualdad fundamental de los seres humanos no es muy antigua. Hasta el siglo XVIII se aceptaba la idea contraria: que desde el nacimiento habr&iacute;a una peque&ntilde;a minor&iacute;a, noble e inteligente, destinada naturalmente, por designio divino, a ocupar las posiciones de mando en la sociedad, y una mayor&iacute;a plebeya y torpe, destinada a obedecer y servir. S&oacute;lo desde la Ilustraci&oacute;n, y lentamente, se extendi&oacute; la idea opuesta, la de que <i>todos los hombres nacen iguales,</i> debiendo a&ntilde;adirse de inmediato que esa igualdad se refer&iacute;a &uacute;nicamente a los aspectos filos&oacute;ficos y &eacute;ticos de la dignidad fundamental de todo ser humano, pero no la de la existencia o no de una igualdad emp&iacute;rica. Es obvio que tal igualdad emp&iacute;rica no existe, sino que cada ser humano es distinto de todos los dem&aacute;s, con la relativa y escas&iacute;sima excepci&oacute;n de los gemelos homocig&oacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior se refleja en una realidad b&aacute;sica desde el punto de vista educativo: la creencia general de que, si bien todos los ni&ntilde;os deben cursar algunos grados educativos (como los seis de primaria y los tres de secundaria b&aacute;sica) s&oacute;lo una peque&ntilde;a minor&iacute;a tendr&iacute;a capacidad para hacer estudios superiores. La oposici&oacute;n entre analfabetas y personas que saben leer y escribir deja el sitio a la que distingue a los que s&oacute;lo terminaron primaria o secundaria de aquellos que tienen estudios superiores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La reiterada constataci&oacute;n de los diferentes resultados que obtienen los alumnos del sistema educativo en todo tipo de evaluaciones es atribuida en parte a las carencias del hogar y/o las de la escuela, pero por debajo de ellas estar&iacute;an las diferencias innatas de capacidad que distinguir&iacute;an, de manera presuntamente irremediable, a unas personas de otras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, los avances de la investigaci&oacute;n muestran cada vez con mayor claridad la falta de sustento de la antigua creencia de que habr&iacute;a diferencias insalvables de capacidades entre ciertos grupos y, en particular, que s&oacute;lo una peque&ntilde;a parte de las personas tendr&iacute;a capacidad para hacer con &eacute;xito estudios superiores o, en general, para adquirir competencias complejas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La opini&oacute;n de que la inteligencia, como otras caracter&iacute;sticas de los individuos, estar&iacute;a determinada en buena medida por factores gen&eacute;ticos no ha desaparecido, y todav&iacute;a a fines del siglo XX era sostenida por cient&iacute;ficos importantes. Una obra reciente de un autor muy reconocido hace el siguiente balance de la situaci&oacute;n actual al respecto:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A fines del siglo XX, muchos de los expertos sobre el tema, si no la mayor parte de ellos, cre&iacute;an que la inteligencia y el talento acad&eacute;mico estaban substancialmente bajo control gen&eacute;tico... Esos expertos eran muy esc&eacute;pticos en cuanto al posible &eacute;xito de cualquier esfuerzo por mejorar la inteligencia, y no se sorprend&iacute;an cuando intervenciones como las de la educaci&oacute;n temprana no consegu&iacute;an tener efectos duraderos. Dudaban mucho de que las personas pudieran volverse m&aacute;s inteligentes como resultado de mejoras en la educaci&oacute;n o de cambios en la sociedad.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, los resultados de las recientes investigaciones en psicolog&iacute;a, gen&eacute;tica y neurociencia, junto con los actuales estudios sobre la eficacia de las intervenciones educativas, han puesto de cabeza la postura hereditaria dura sobre la inteligencia. Ahora se considera claro que &eacute;sta es altamente modificable por el medio. Sin educaci&oacute;n formal una persona simplemente no ser&aacute; muy brillante, sea que la inteligencia se mida con test de Cociente Intelectual (IQ) o de cualquier otra forma. Y el que el IQ de cualquier persona, as&iacute; como sus resultados acad&eacute;micos y su &eacute;xito ocupacional sean altos o bajos, depende en buena medida de factores ambientales que no tienen nada que ver con sus genes (Nisbett, 2009: 1&#45;2).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra de Nisbett sintetiza estudios que sustentan la opini&oacute;n expresada en forma sint&eacute;tica en el p&aacute;rrafo anterior, y muestra que la inteligencia, con toda la imprecisi&oacute;n del t&eacute;rmino, var&iacute;a considerablemente gracias a la exposici&oacute;n de los sujetos a la educaci&oacute;n formal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados de PISA plantean dos desaf&iacute;os a las autoridades educativas de pa&iacute;ses como M&eacute;xico: el de reducir sustancialmente el n&uacute;mero de alumnos cuyos resultados los ubican en los niveles inferiores de desempe&ntilde;o, pues ello indica que no est&aacute;n preparados para enfrentar la vida adulta con buenas perspectivas de &eacute;xito; y el reto de aumentar la proporci&oacute;n de los que alcanzan los niveles m&aacute;s altos, lo que significa que podr&aacute;n hacer carreras profesionales cient&iacute;ficas y tecnol&oacute;gicas de alto nivel, tan importantes en el mundo del siglo XXI. Ambos desaf&iacute;os deben atenderse simult&aacute;neamente; ignorar cualquiera de los dos es inaceptable, y la experiencia de algunos pa&iacute;ses muestra que es posible, aunque no f&aacute;cil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sentido com&uacute;n tiende a creer que esos dos prop&oacute;sitos no pueden perseguirse a la vez, contraponiendo cantidad y calidad; suele pensarse que extender la cobertura trae inevitablemente consigo un deterioro de la calidad. Esto querr&iacute;a decir que un sistema educativo elitista siempre ser&iacute;a mejor que uno que atienda a una mayor proporci&oacute;n de su poblaci&oacute;n objetivo. Algunos resultados de las evaluaciones muestran, por el contrario, que calidad y equidad pueden ir juntas. As&iacute; lo muestran Finlandia y Corea del Sur y, en general, los pa&iacute;ses escandinavos y los de Asia Oriental. Tan notable resultado, desde luego, no se alcanza f&aacute;cilmente. Implica grandes esfuerzos para que las condiciones de las escuelas y las de los hogares no sean tampoco muy diferentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas personas manifiestan impaciencia ante el reiterado se&ntilde;alamiento de la importancia de las brechas que separan los resultados de diferentes tipos de servicios educativos. Los resultados son, en efecto, muy similares a&ntilde;o con a&ntilde;o. Ese car&aacute;cter reiterativo, sin embargo, no debe hacer que se pierdan de vista dos cosas: por una parte, la gravedad del fen&oacute;meno; por otra, el que su recurrencia se debe a que no se modifican las causas que lo producen. Las desigualdades del contexto familiar y social de los alumnos no cambian en el corto plazo, pero tampoco lo hacen las de los factores escolares; los servicios a los que asisten los alumnos de medios menos favorecidos siguen siendo tambi&eacute;n los que tienen m&aacute;s carencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando el punto de partida es uno de considerable desigualdad, la elevaci&oacute;n y la nivelaci&oacute;n de los niveles educativos implica necesariamente pol&iacute;ticas diferenciadas. Esto quiere decir que, para que la educaci&oacute;n mexicana mejore como un todo, es necesario que se apoye de manera especial a las poblaciones m&aacute;s vulnerables, a los ni&ntilde;os ind&iacute;genas y a los de localidades rurales dispersas; a las primarias de organizaci&oacute;n incompleta y a las telesecundarias; a Chiapas, Oaxaca, Guerrero y, en general, a las zonas m&aacute;s pobres del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conviene a&ntilde;adir que, si bien los grupos vulnerables se encuentran mayoritariamente en algunas entidades federativas, en todas hay algunos. La proporci&oacute;n de analfabetas, de ni&ntilde;os sin escuela o de escuelas con bajos resultados son elevadas en Chiapas, Oaxaca o Guerrero. En el Distrito Federal o Nuevo Le&oacute;n esas proporciones son m&aacute;s bajas, pero pueden representar n&uacute;meros absolutos considerables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las manchas de la pobreza se parecen m&aacute;s a las de un perro d&aacute;lmata que a las de un San Bernardo: se encuentran por todo el cuerpo y no s&oacute;lo en algunas partes del mismo (cfr. Mart&iacute;nez Rizo, 2003). Las pol&iacute;ticas compensatorias tienen que tener en cuenta esa configuraci&oacute;n de la piel de la desigualdad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las pol&iacute;ticas necesarias para modificar en forma significativa la desigualdad, un problema ancestral, y uno de los m&aacute;s serios de la educaci&oacute;n b&aacute;sica mexicana, deber&aacute;n considerar, entre otros, los siguientes elementos:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull;&nbsp;Destinar m&aacute;s recursos a los servicios educativos que presentan carencias m&aacute;s graves (cursos comunitarios, primarias multigrado, telesecundarias) transform&aacute;ndolos en servicios convencionales o fortaleci&eacute;ndolos de manera que ofrezcan calidad similar.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull;&nbsp;Modificar la definici&oacute;n de educaci&oacute;n obligatoria para que incluya s&oacute;lo dos grados de preescolar, la primaria, la secundaria y la media superior, sin identificarla con la obligaci&oacute;n incondicional para el Estado de ofrecer gratuitamente escuela y tambi&eacute;n libros, materiales, uniformes, etc., a todos los alumnos, sino aceptando que las familias contribuyan al gasto educativo en la medida de sus posibilidades.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull;&nbsp;Extender la educaci&oacute;n inicial (de 0 a 3 a&ntilde;os de edad) de manera que los recursos p&uacute;blicos privilegien el asegurar que los ni&ntilde;os de familias en situaci&oacute;n de pobreza tengan acceso a ella, en modalidades distintas, con participaci&oacute;n de los padres.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull;&nbsp;Sustituir los actuales planes y programas de estudio de primaria y secundaria por otros que eviten el exceso de contenidos, centrados en aprendizajes y competencias clave, articulados a lo largo de los grados con mapas de progreso, con espacio para que docentes y escuelas concreten los contenidos del curr&iacute;culo en funci&oacute;n de las circunstancias de sus alumnos.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Equilibrar los sistemas de evaluaci&oacute;n, asignando un papel complementario a las pruebas en gran escala y dando el peso fundamental a la evaluaci&oacute;n en aula, con un enfoque formativo, eliminando la repetici&oacute;n de grado.</font></p>  	</blockquote>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ALLISON P. D. (1978), "Measures of Inequality", <i>American Sociological Review,</i> vol. 43, pp. 865&#45;880.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887598&pid=S0185-2698201200050000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BESWICK, Joan y Jon Douglas Willms (2008), <i>The Critical Transition from "Learning&#45;to&#45;Read" to "Reading&#45;to&#45;Learn",</i> Gatineau (Quebec), Human Resources and Social Development Canada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887600&pid=S0185-2698201200050000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CORT&Eacute;S, Fernando y Rosa Mar&iacute;a Rubalcava (1982), <i>T&eacute;cnicas estad&iacute;sticas para el estudio de la desigualdad social,</i> M&eacute;xico, COLMEX.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887602&pid=S0185-2698201200050000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CULTER, Philip B. (1989), <i>Measuring Inequality. A methodological handbook,</i> Boulder, Westview Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887604&pid=S0185-2698201200050000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FERN&Aacute;NDEZ, Tabar&eacute; y S. Cardozo (2011), "Tipos de desigualdad educativa, reg&iacute;menes de bienestar e instituciones en Am&eacute;rica Latina: un abordaje con base en PISA 2009", <i>P&aacute;ginas de Educaci&oacute;n,</i> vol. 4, a&ntilde;o 4, pp. 33&#45;55.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887606&pid=S0185-2698201200050000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gobierno de la Rep&uacute;blica&#45;Gabinete de Desarrollo Humano y Social (GDHS) (2005), <i>Los Objetivos de Desarrollo del Milenio en M&eacute;xico: informe de avance</i> <i>2005,</i> M&eacute;xico, Gobierno de la Rep&uacute;blica/ Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887608&pid=S0185-2698201200050000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KARABEL, J. y A.H. Halsey (eds.) (1977), <i>Power and Ideology in Education,</i> Oxford, Oxford Univ. Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887610&pid=S0185-2698201200050000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HART, Betty y Todd Risley (1995), <i>Meaningful Differences in the Everyday Experience of Young American Children,</i> Baltimore, Paul H. Brookes Publishing Co.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887612&pid=S0185-2698201200050000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HART, Betty y Todd Risley (1999), <i>The Social Word of Children Learning to Talk,</i> Baltimore, Paul H. Brookes Publishing Co.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887614&pid=S0185-2698201200050000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INEE (2006), <i>La calidad de la educaci&oacute;n b&aacute;sica,</i> <i>2006,</i> M&eacute;xico, INEE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887616&pid=S0185-2698201200050000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INEE (2007), <i>La educaci&oacute;n para poblaciones en contextos vulnerables. Informe anual</i> <i>2007,</i> M&eacute;xico, INEE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887618&pid=S0185-2698201200050000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INEE (2008a), <i>&iquest;Avanza o retrocede la calidad educativa? Tendencias y perspectivas de la educaci&oacute;n b&aacute;sica en M&eacute;xico. Informe</i> <i>2008,</i> M&eacute;xico, INEE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887620&pid=S0185-2698201200050000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INEE (2008b), <i>Panorama educativo de M&eacute;xico. Indicadores del sistema educativo nacional</i> <i>2008,&nbsp;</i>M&eacute;xico, INEE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887622&pid=S0185-2698201200050000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INEE (2009), <i>Panorama educativo de M&eacute;xico. Indicadores del sistema educativo nacional,</i> <i>2009.&nbsp;Educaci&oacute;n b&aacute;sica,</i> M&eacute;xico, INEE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887624&pid=S0185-2698201200050000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">INEE (en prensa), <i>PISA 2009.</i> <i>Grado</i> <i>12,</i> M&eacute;xico, INEE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887626&pid=S0185-2698201200050000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MART&Iacute;NEZ Rizo, Felipe (2003), <i>Calidad y equidad en</i> <i>educaci&oacute;n.</i> <i>20</i> <i>a&ntilde;os de reflexiones,</i> M&eacute;xico, Santillana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887628&pid=S0185-2698201200050000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MART&Iacute;NEZ Rizo, Felipe (2007), <i>La educaci&oacute;n en M&eacute;xico y Corea,</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional para la Evaluaci&oacute;n de la Educaci&oacute;n, Colecci&oacute;n Cuadernos de Investigaci&oacute;n, n&uacute;m. 27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887630&pid=S0185-2698201200050000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MEHRD (2005), <i>Basic Statistics on Korean Education,</i> Seul, Ministry of Education and Human Resources Development&#45;Korean Educational Development Institute.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887632&pid=S0185-2698201200050000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NISBETT, Richard E. (2009), <i>Intelligence and How to Get It. Why schools and cultures count,</i> Nueva York, W.W. Norton and Co.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887634&pid=S0185-2698201200050000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OSBERG, L. (2001), "Inequality", en Neil J. Smelser y Paul B. Baltes (eds.), <i>International Encyclopedia of the Social &amp; Behavioral Sciences,</i> Oxford&#45;Nueva York, Pergamon Press, pp. 7371&#45;7377.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887636&pid=S0185-2698201200050000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SCHMIDT&#45;Hebbel, Klaus y Luis Serv&eacute;n (2000), "La desigualdad del ingreso y el ahorro agregado", en Andr&eacute;s Solimano (comp.), <i>Desigualdad social. Valores, crecimiento y el Estado,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, pp. 113&#45;155.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887638&pid=S0185-2698201200050000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TILAK, Jandhyala B.G. (1991), "Comparative Development Indicators", en George Psacharopoulos (ed.), <i>Essays on Poverty, Equity and Growth,</i> Oxford/Nueva York, Pergamon Press, pp. 297&#45;319.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887640&pid=S0185-2698201200050000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">TOUGH, Paul (2009), <i>Whatever it Takes. Geoffrey Canada's quest to change Harlem and America,</i> Nueva York, Houghton Mifflin Harcourt, Mariner Books ed.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5887642&pid=S0185-2698201200050000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Al interpretar datos sobre la distribuci&oacute;n de los a&ntilde;os de escolaridad medida con &iacute;ndices de Gini debe tenerse en cuenta que &eacute;stos var&iacute;an seg&uacute;n la poblaci&oacute;n que se maneje (15 a&ntilde;os o m&aacute;s, 25 o m&aacute;s, 15&#45;64, 25&#45;64) y seg&uacute;n el grado de agregaci&oacute;n de los datos: a&ntilde;o por a&ntilde;o, en intervalos de tres a&ntilde;os, o en forma m&aacute;s gruesa (sin escolaridad, con primaria, secundaria, etc.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La desigualdad de resultados de aprendizaje se puede medir tambi&eacute;n con &Iacute;ndices de Gini, pero hay que tener cuidado al interpretarlos. El bien de que se trata es logro, no escolaridad <i>(achievement vs. attainment)</i> y se mide de manera diferente, en puntos obtenidos en una prueba y no en a&ntilde;os. Su distribuci&oacute;n es distinta, en particular porque no hay personas con logro nulo, pues incluso los alumnos con los peores resultados tienen puntuaciones superiores a los 200 puntos en la escala usual, que tiene una media de 500 y una desviaci&oacute;n est&aacute;ndar de 100. Por ello los valores que toma el &Iacute;ndice de Gini al referirse al logro son muy inferiores (o sea que muestran m&aacute;s igualdad) a los que resultan con la distribuci&oacute;n de a&ntilde;os de escolaridad. Con datos de PISA 2009, Fern&aacute;ndez y Cardozo (2011) reportan que la mayor concentraci&oacute;n en Iberoam&eacute;rica la tienen Per&uacute; y Argentina, con Gini de 0.138 y 0.135, mientras que Uruguay tiene 0.120, Brasil 0.117 y Colombia 0.113.</font></p>      ]]></body><back>
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