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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Frances L. Ramos, <i>Identity, Ritual, and Power in Colonial Puebla</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Patricia D&iacute;az Cayeros</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Tucson, The University of Arizona Press, 2012</b></font></p>          <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas / Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ernst Gombrich seleccion&oacute; el estudio de la arquitectura de Giulio Romano como tema para su tesis doctoral poco antes de 1933, un momento en que la discusi&oacute;n en torno al manierismo estaba en boga entre los intelectuales. En su autobiograf&iacute;a narra que en aquel entonces se hablaba mucho sobre su significado y los interesados se preguntaban si acaso hab&iacute;a manierismo en la arquitectura de la misma manera como lo hab&iacute;a en la pintura. De este modo, al abarcar una obra arquitect&oacute;nica y otra pict&oacute;rica realizadas por un mismo artista (el Palazzo del T&egrave; en Mantua y su ciclo de frescos), Gombrich deseaba discutir este mismo problema; sin embargo, al darle un mayor peso a los individuos involucrados en el patrocinio y producci&oacute;n de las obras en un momento y lugar precisos revolucion&oacute; el concepto mismo que se ten&iacute;a en torno a dicho "estilo art&iacute;stico" y la metodolog&iacute;a para analizarlo. Era claro que la arquitectura en general hab&iacute;a sufrido un cambio en aquella &eacute;poca, pero cada vez se volvi&oacute; m&aacute;s esc&eacute;ptico a la explicaci&oacute;n que, en t&eacute;rminos generales, se hab&iacute;a dado: que era la expresi&oacute;n de una gran crisis espiritual. "Si te sientas en un archivo y lees, una por una, las cartas de la familia Gonzaga, cada vez resulta m&aacute;s evidente que estas frente a seres humanos y no frente a &eacute;pocas o periodos", contar&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Federico Gonzaga (el patrocinador de Giulio Romano), no era un ejemplo espiritual, sino un pr&iacute;ncipe muy sensual interesado en sus caballos, su amante y sus halcones. De este modo, pudo concluir que &#45;en este caso&#45; al contratar a Giulio Romano lo que, en realidad, estaba esperando era la realizaci&oacute;n de una obra extra&ntilde;a, que lo sorprendiera y lo divirtiera (Richard Woodfield, ed., <i>The Essential Gombrich,</i> Londres, Phaidon, 1996, p. 28&#45;30).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De una manera similar, <i>Identity, Ritual, and Power in Colonial Puebla</i> (originalmente, una investigaci&oacute;n doctoral defendida en la Universidad de Texas, en Austin, en el a&ntilde;o 2005 con una tesis en historia titulada <i>The Politics of Ritual in Puebla de los &Aacute;ngeles, Mexico 1695&#45;1775)</i> se interesa en un tema que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha adquirido popularidad entre historiadores e historiadores del arte y que, como la autora deja ver, ya ha producido una larga bibliograf&iacute;a encabezada por la pionera investigaci&oacute;n sobre las piras funerarias de Francisco de la Maza (1946). Sin embargo, la autora no presenta los rituales como meros instrumentos de control social o producto de una situaci&oacute;n estable, en cambio, se interesa en las historias individuales para llegar a las entra&ntilde;as de la relaci&oacute;n entre pol&iacute;tica, ritual e identidad en la ciudad de Puebla durante los primeros tres cuartos del siglo XVIII y entender los rituales como el origen de cambios. M&aacute;s all&aacute; de las acciones corporativas o de las generalidades que es posible deducir cuando diferentes instancias se enfrentan por cuestiones de protocolo, Frances Ramos analiza m&uacute;ltiples casos a partir del estudio puntual de los individuos involucrados. Sirvan de ejemplo los constantes pleitos que el cabildo catedral entabl&oacute; con el alcalde mayor de Puebla, Juan Jos&eacute; de Veytia y Linaje, por cuestiones vinculadas al ritual. El enfrentamiento es conocido y fue legendario como deja ver su inclusi&oacute;n en <i>Puebla en el virreinato,</i> una cr&oacute;nica an&oacute;nima de la ciudad de Puebla, del siglo XVIII, que fuera encontrada en el archivo del ayuntamiento y publicada en 1965. El hecho de que en una obra de este tipo se narre que en 1699 el de&aacute;n y cabildo de la catedral se opusieron a que Veytia colocara en el recinto su silla, tapete y coj&iacute;n, deja ver las dimensiones que este problema adquiri&oacute; en el periodo. Sin embargo, no es sino hasta ahora que Frances Ramos nos muestra con total claridad que atr&aacute;s del rechazo por parte del cabildo eclesi&aacute;stico es posible entablar varias lecturas, siendo la m&aacute;s reveladora la clara enemistad entre Veytia y los hermanos Pedro, Juan y Antonio de Ja&uacute;regui y Barcena (regidor del cabildo de la ciudad, can&oacute;nigo de la catedral y cura del sagrario, respectivamente).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra de Frances Ramos mira hacia el tema de la ceremonia desde la historia local as&iacute; como de las vidas, y las complejas relaciones, de aquellos individuos concretos que conformaron el ayuntamiento de la ciudad de Puebla durante el siglo XVIII. Con ello, logra enriquecer, e incluso re&#45;configurar, las ideas que en la historiograf&iacute;a han definido la funci&oacute;n y el funcionamiento de las celebraciones durante el periodo virreinal, un tema que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha despertado mucho inter&eacute;s. Sin pretender que se trate de un fen&oacute;meno particularmente poblano, la autora explica con detenimiento las diferentes maneras como a lo largo de esta centuria se hizo pol&iacute;tica con las ceremonias. Es decir, argumenta que los actos protocolarios que ligaban o enfrentaban a la sociedad en los festejos de santos patronos, las recepciones de virreyes y obispos, las muertes de prelados y monarcas, las juras reales o las procesiones para aplacar calamidades, han de ser abordados como espacios para la lucha de poder. Las ceremonias, arguye la autora, no s&oacute;lo reflejaban una situaci&oacute;n deseable sino que a diario moldeaban una nueva realidad porque con estos actos protocolarios las fuerzas pol&iacute;ticas med&iacute;an su poder, compet&iacute;an y se identificaban. Frances Ramos no s&oacute;lo ha podido evaluar la repercusi&oacute;n econ&oacute;mica local de estas actividades y responder hasta qu&eacute; punto, y por qu&eacute;, las nuevas disposiciones mon&aacute;rquicas modificaron, o no, las costumbres rituales de la segunda ciudad m&aacute;s importante del reino de la Nueva Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n ha logrado presentarnos una lectura m&aacute;s profunda del funcionamiento de las corporaciones y los individuos frente a las importantes coyunturas del &uacute;ltimo siglo de gobierno virreinal, mostrando, por ejemplo, que los reformadores borb&oacute;nicos no vieron con toda claridad el inseparable papel que la ceremonia jugaba en la cultura pol&iacute;tica local pues &#45;dir&aacute;&#45; mientras apoyaron fiestas que exaltaban el poder mon&aacute;rquico fueron menos tolerantes con las celebraciones regionales. (p. XVIII)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al evaluar la relaci&oacute;n entre identidad, ritual y poder, la autora proporciona valiosos matices en torno a las reformas borb&oacute;nicas y su postura frente a los enormes gastos que implicaban las ceremonias. Asimismo, nos otorga una renovada definici&oacute;n de este fen&oacute;meno cuyo supuesto abuso la historiograf&iacute;a ha asociado con la cultura "barroca". Sin negar que las ceremonias fueron instrumentos did&aacute;cticos que funcionaron como un modelo para la sociedad porque ejemplificaban la manera como &eacute;sta deb&iacute;a funcionar; que &eacute;stas eran un reflejo de dicha sociedad o de la pol&iacute;tica; o bien, que legitimaban al Estado, Frances Ramos argumenta, con gran acierto, que &#45;tal como lo entendiera el antrop&oacute;logo estadunidense Clifford Geertz y, posteriormente, el historiador Alejandro Ca&ntilde;eque&#45; el ritual no s&oacute;lo reflejaba a la sociedad o a la pol&iacute;tica sino que era, en s&iacute; mismo, un verdadero trabajo de pol&iacute;tica; es decir, los rituales no fueron s&oacute;lo instrumentos de poder, pol&iacute;tica o control social sino que tambi&eacute;n encarnaron la producci&oacute;n y negociaci&oacute;n de las relaciones de poder (p. XIX, XXVII y 134).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Especialmente interesante es la manera como con este lente conceptual y nuevas fuentes documentales nos invita a leer m&aacute;s profundamente una enorme variedad de pleitos de preeminencia y protocolo (como el de 1699 con el alcalde mayor de Puebla arriba mencionado). Como bien ha estudiado el historiador poblano Gustavo Alfaro, entre 1697, cuando lleg&oacute; a Puebla como juez superintendente de alcabalas, hasta 1722 &#45;fecha de su muerte&#45;, Veytia logr&oacute; reunir un gran poder y autonom&iacute;a. La alcabala era un impuesto cobrado sobre las ventas de bienes muebles e inmuebles y su codiciado cobro hab&iacute;a ca&iacute;do en manos del cabildo y hab&iacute;a beneficiado intereses locales. Pedro de Jauregui y B&aacute;rcena habr&iacute;a tenido el puesto de no ser por la llegada de Veytia quien, en perjuicio de la tradicional oligarqu&iacute;a capitular y urbana, aument&oacute; los ingresos de la Real Hacienda ganando una buena reputaci&oacute;n con el monarca quien, justo en 1699, lo coloc&oacute; a la cabeza del cabildo nombr&aacute;ndolo alcalde mayor de Puebla. Es decir, la m&aacute;xima autoridad civil y criminal a nivel local. Frances Ramos nos muestra, por su parte, c&oacute;mo en 1721, al reflexionar sobre su dif&iacute;cil relaci&oacute;n con estos hermanos, el propio Veytia conclu&iacute;a que el odio derivaba de este nombramiento, un hecho que tambi&eacute;n marcar&iacute;a un parteaguas en la historia de una ciudad que desde fines del siglo XVII pasaba por una gran crisis econ&oacute;mica. En este mismo sentido la autora explica c&oacute;mo, al intentar debilitar a los intereses personales de la oligarqu&iacute;a tradicional, el alcalde mayor terminar&iacute;a por generar &#45;con sus aliados&#45; una nueva oligarqu&iacute;a durante el primer cuarto del siglo XVIII. Tal fue el caso de la familia de origen vasco Echeverr&iacute;a y Orcolaga. Lo cierto es que los ejemplos reunidos por la autora evidencian que si deseamos penetrar las funciones y los funcionamientos del ritual es necesario continuar con el conocimiento de los lazos familiares y personales que vincularon o distanciaron a la sociedad poblana paralelamente a la elaboraci&oacute;n de una historia de sus instituciones o corporaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta novedad bibliogr&aacute;fica nos presenta una nueva lectura en torno a la identidad, el ritual y la autoridad en el siglo XVIII a trav&eacute;s de una sistem&aacute;tica investigaci&oacute;n en archivos y colecciones de libros raros poblanos, mexicanos, espa&ntilde;oles y norteamericanos. Gran parte de la documentaci&oacute;n proporcionada es in&eacute;dita pero no menos interesante es la manera como contextualiza, analiza y emplea fuentes bien conocidas, as&iacute; como otras in&eacute;ditas o escasamente conocidas entre los estudiosos de la historia novohispana. Tal es el caso de la enorme cantidad de sermones empleados, del informe presentado en 1746 por Juan Villa S&aacute;nchez pero, sobre todo, de dos manuscritos poblanos que conserva el archivo del ayuntamiento. El primero fue redactado en 1769 y el segundo (una versi&oacute;n abreviada) en 1773. Ambos recopilan informaci&oacute;n detallada sobre las ceremonias en las que particip&oacute; el ayuntamiento de Puebla durante la mayor parte del periodo virreinal. Especialmente interesante es que m&aacute;s que un tratado sobre ceremonias se trate de una recopilaci&oacute;n de informaci&oacute;n recogida de las actas de cabildo. La historiadora los interpreta como una respuesta puntual ante los ajustes de poder y recortes presupuestales que la Corona pretendi&oacute; imponer a partir en de 1765 en que el visitador Jos&eacute; de G&aacute;lvez lleg&oacute; a la Nueva Espa&ntilde;a para acelerar el establecimiento de milicias profesionales, crear nuevas jurisdicciones pol&iacute;ticas (las intendencias) y controlar los gastos municipales. De este modo, el autor de los manuscritos (el regidor m&aacute;s antiguo de la ciudad) abog&oacute; por el respeto a las costumbres locales. Como es l&oacute;gico, esta importante fuente permea los ocho cap&iacute;tulos del libro ya sea para abordar la recepci&oacute;n de los virreyes, la fiesta vista como una "industria" o la religi&oacute;n local dentro de su contexto universal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esta obra, la autora &#45;actualmente profesora en la Universidad de South Florida&#45; se coloca como un punto de referencia obligado para los estudiosos de la historia de Puebla y, en particular, de su cultura pol&iacute;tica durante los siglos XVII y XVIII. Su obra evidencia la enorme riqueza documental relativamente poco estudiada que guardan los archivos poblanos. Lejos de generalizar, nos muestra &#45;con el estudio detallado de individuos y situaciones puntuales&#45; c&oacute;mo fue que las ceremonias se utilizaron para reforzar alianzas, para enfrentar a individuos o corporaciones o para vincular grupos de poder con su ciudad, el Imperio espa&ntilde;ol y la Iglesia universal.</font></p>      ]]></body>
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