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<article-title xml:lang="de"><![CDATA[Vittorio Hösle, Der philosophische Dialog: Eine Poetik und Hermeneutik]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Vittorio H&ouml;sle, <i>Der philosophische Dialog: Eine Poetik und Hermeneutik</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Fernando Leal Carretero</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Verlag C.H. Beck, Munich, 2006, 494 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad de Guadalajara. </i><a href="mailto:ferlec@hotmail.com">ferlec@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de su milenaria historia, el discurso filos&oacute;fico ha adoptado casi todos los g&eacute;neros <i>(epos, </i>poema did&aacute;ctico, <i>techne, </i>investigaci&oacute;n hist&oacute;rica, tragedia, oraci&oacute;n forense, autobiograf&iacute;a, <i>Bildungsroman</i>, drama moderno, art&iacute;culo de revista especializada) e incluso inventado algunos por cuenta propia (aforismo, di&aacute;logo, ep&iacute;stola, <i>akroasis, expositio, quaestiones, summa</i>, ensayo, m&aacute;xima). La ambici&oacute;n y el talento literarios de los fil&oacute;sofos presentan igualmente una gran diversidad, si bien s&oacute;lo unos cuantos fil&oacute;sofos son reconocidos universalmente como notables estilistas. Sin embargo, es preciso reconocer que el tema de la filosof&iacute;a como una rama de la literatura (para utilizar la expresi&oacute;n de Collingwood, 1933, cap. X) no es a&uacute;n muy popular. Y ciertamente no contamos con nada parecido a una visi&oacute;n de conjunto de los g&eacute;neros literarios de la filosof&iacute;a. La obra reciente de Vittorio H&ouml;sle es un intento de caracterizar uno de ellos, el del di&aacute;logo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los amantes del g&eacute;nero recordar&aacute;n la obra monumental de Rudolf Hirzel (1895), quien en dos gruesos vol&uacute;menes recorre la historia completa del di&aacute;logo, tanto la escrita por autores que hoy se consideran fil&oacute;sofos (y con prop&oacute;sitos que se reconocen hoy como filos&oacute;ficos), cuanto la procedente de la pluma de poetas, te&oacute;logos, cient&iacute;ficos y publicistas, o los que hoy se tiende a considerar tales.<sup><a href="#notas">1</a></sup> H&ouml;sle reconoce desde el principio de su obra que no pretende suplantar o actualizar a Hirzel; ni siquiera con la limitante de ce&ntilde;irse estrictamente al di&aacute;logo filos&oacute;fico tendr&iacute;a &eacute;l esa pretensi&oacute;n (prefacio, p. 9). De hecho, aunque el profesor H&ouml;sle hace gala de una enorme erudici&oacute;n, admite no haber le&iacute;do completos todos los di&aacute;logos a que hace referencia. Tal y tanta humildad es de agradecerse.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como no cab&iacute;a esperar otra cosa, en el centro de su atenci&oacute;n est&aacute;n los di&aacute;logos de Plat&oacute;n, modelo del g&eacute;nero, tanto cronol&oacute;gicamente como desde el punto de vista de la cr&iacute;tica. En un segundo lugar, muy distante del primero, aparecen principalmente los di&aacute;logos de Cicer&oacute;n y de Agust&iacute;n de Hipona, de los que puede decirse fundan dos subg&eacute;neros del di&aacute;logo filos&oacute;fico. En tercer lugar figuran los di&aacute;logos de David Hume y de Denis Diderot. Y de tanto en tanto aparecen los di&aacute;logos de Pedro Abelardo, Jean Bodin, Nicol&aacute;s de Cusa, Joseph de Maistre, Andr&eacute; Gide (!), Iris Murdoch y Paul Feyerabend. Como dije antes, H&ouml;sle se refiere a bastantes m&aacute;s obras que &eacute;stas, pero puede decirse que los nombres anteriores son la fuente principal de las tesis del autor sobre el di&aacute;logo filos&oacute;fico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de un excelente libro de consulta, repleto de datos interesantes y tan completo en los rubros que cubre como se puede esperar. Por ello, no vacilo en recomendarlo ampliamente a cualquier estudiante o investigador serio que se interese por el di&aacute;logo filos&oacute;fico. Sin embargo, debo advertir al lector que el estilo del autor es con frecuencia innecesariamente pedante. Un ejemplo entre muchos: el cap&iacute;tulo 3, sobre forma y contenido del di&aacute;logo filos&oacute;fico, comienza afirmando estent&oacute;reamente que "el buen arte y la buena filosof&iacute;a tienen entre otras cosas en com&uacute;n que lo aditivo se les resiste". El lector se pregunta naturalmente qu&eacute; cosa es <i>das Additive. </i>Yo al menos nunca hab&iacute;a o&iacute;do hablar de semejante categor&iacute;a. H&ouml;sle no quiere dejarnos totalmente con la duda y a&ntilde;ade: "el mero a&ntilde;adir informaci&oacute;n ulterior". Al no resistirse nuestro autor a a&ntilde;adir esta informaci&oacute;n ulterior, algo mejora nuestra comprensi&oacute;n, aunque no mucho: &iquest;en qu&eacute; sentido el buen arte y la buena filosof&iacute;a se resistir&iacute;an a a&ntilde;adir informaci&oacute;n ulterior?, &iquest;qu&eacute; es, a fin de cuentas, informaci&oacute;n ulterior? En un tercer intento por aclarar lo que quiere decir, H&ouml;sle nos espeta que "una gran obra de arte y un escrito filos&oacute;fico significativo buscan aquella forma de unidad que se suele llamar 'org&aacute;nica', porque las partes se conciben con relaci&oacute;n unas a otras y con relaci&oacute;n al todo". Dejando de lado las vaguedades del t&eacute;rmino "org&aacute;nico", del que se ha abusado siempre, resultar&iacute;a pues que lo que andaba queriendo decir H&ouml;sle es que un buen di&aacute;logo filos&oacute;fico es un escrito que es di&aacute;logo (est&aacute; construido como di&aacute;logo) y que es filos&oacute;fico (habla de problemas filos&oacute;ficos). Este tipo de perogrulladas expresadas con pedanter&iacute;a abunda en el libro, y creo que un buen corrector de estilo, o al menos un corrector anglosaj&oacute;n, las habr&iacute;a eliminado y con ello probablemente reducido las casi 500 p&aacute;ginas del libro a no m&aacute;s de 200. Cualquier lector, y ciertamente quien esto escribe, habr&iacute;a agradecido mucho este esfuerzo adelgazador.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como dije antes, la ya larga historia de la filosof&iacute;a se caracteriza por una enorme riqueza literaria, una abundancia de g&eacute;neros y subg&eacute;neros. De all&iacute; que H&ouml;sle vea como una de sus tareas esbozar al menos una clasificaci&oacute;n de los g&eacute;neros literarios de la filosof&iacute;a que permita ver lo que de peculiar tiene el di&aacute;logo. La clasificaci&oacute;n que nos presenta en el cap&iacute;tulo 1 ("El lugar del di&aacute;logo filos&oacute;fico entre las formas literarias de la filosof&iacute;a", pp. 17&#150;29) es ciertamente uno de los aspectos m&aacute;s interesantes de su libro, si bien el tono hace pensar que el autor olvida que toda clasificaci&oacute;n es una operaci&oacute;n cognitiva arbitraria: hay en principio much&iacute;simas maneras posibles de clasificar los g&eacute;neros literarios de la filosof&iacute;a, y la de H&ouml;sle es solamente una de ellas. Con todo, admito que su propuesta es tolerablemente clara y que podr&iacute;a resultar &uacute;til (dos de los principales m&eacute;ritos de una clasificaci&oacute;n cualquiera). Dicho en t&eacute;rminos m&aacute;s simples que los que H&ouml;sle cree deber emplear, podemos distinguir los g&eacute;neros filos&oacute;ficos seg&uacute;n se enfatice la primera persona, la segunda o la tercera. Mientras que, por un lado, los diarios de Marco Aurelio o Gabriel Marcel, las confesiones de Agust&iacute;n de Hipona, los <i>essais </i>de Montaigne y las meditaciones de Descartes hacen filosof&iacute;a en primera persona, tendr&iacute;amos, por otro lado, que los poemas de Emp&eacute;docles y Lucrecio, las notas de los cursos de Arist&oacute;teles, las <i>quaestiones </i>de los doctores de la Iglesia, la <i>Ethica </i>de Spinoza y todos los dem&aacute;s grandes tratados de la historia de la filosof&iacute;a, as&iacute; como las lecciones de Adam Smith y Kant, de Hegel y Heidegger, hacen filosof&iacute;a primordialmente en tercera persona. Esto es bastante claro; y tambi&eacute;n lo es que, frente a ambos grupos, tenemos una serie de obras escritas en segunda persona, a saber las pocas cartas de Plat&oacute;n y Epicuro, y muchas de S&eacute;neca, a sus respectivos disc&iacute;pulos, las pulid&iacute;simas de Pascal y Voltaire, las voluminosas y m&uacute;ltiples correspondencias de Descartes, Leibniz, Bentham, Kant y tantos otros fil&oacute;sofos, destinadas a una mayor, menor o casi nula difusi&oacute;n seg&uacute;n el caso; pero en segunda persona tambi&eacute;n, en primer&iacute;simo lugar, estar&iacute;a justamente el di&aacute;logo filos&oacute;fico en toda su variedad literaria. La clasificaci&oacute;n de H&ouml;sle sin duda permite poner orden en el marem&aacute;gnum de las producciones literarias de los fil&oacute;sofos; pero qu&eacute; tan &uacute;til resulte a la postre, comparadas con otras posibles clasificaciones, es un asunto que s&oacute;lo la investigaci&oacute;n de los g&eacute;neros en filosof&iacute;a revelar&aacute; (una investigaci&oacute;n que, como dije antes y lamento mucho, no es una preocupaci&oacute;n notable de los tiempos que corren).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero veamos: &iquest;qu&eacute; es lo que el libro de H&ouml;sle pretende en &uacute;ltimo t&eacute;rmino? El subt&iacute;tulo indica que pretende construir una po&eacute;tica y una hermen&eacute;utica del di&aacute;logo filos&oacute;fico. Hasta donde se me alcanza, estos t&eacute;rminos no tienen un sentido ni una referencia &uacute;nicas en el mundo acad&eacute;mico, por lo cual tocar&iacute;a al autor definirlos, o al menos decirnos expl&iacute;citamente qu&eacute; debemos esperar de &eacute;l o c&oacute;mo hay que entender la pretensi&oacute;n contenida en esos rubros. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos juzgar si cumpli&oacute; su promesa o hasta d&oacute;nde la cumpli&oacute; si no nos aclara qu&eacute; es lo que est&aacute; prometiendo? Dir&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s: tales aclaraciones deber&iacute;an estar al principio del libro. La verdad es que no est&aacute;n ni en el principio, ni a la mitad ni al final del libro. Luego, tenemos que ser lectores activos y poner por nuestra cuenta lo que el autor calla. Y como siempre que no hay consenso sobre t&iacute;tulos como "po&eacute;tica", "hermen&eacute;utica", "dial&eacute;ctica" <i>e tutti quanti</i>, no nos queda m&aacute;s remedio que remitirnos a los ejemplos hist&oacute;ricos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, para empezar, de casos distintos. "Po&eacute;tica" es el nombre dado en primer lugar a un escrito aristot&eacute;lico incompleto, cuya principal funci&oacute;n es <i>describir </i>los componentes de ciertas obras literarias, entre las que destacan los poemas hom&eacute;ricos y las tragedias cl&aacute;sicas, as&iacute; como <i>explicar </i>los efectos de ellas sobre los asistentes a las presentaciones orales de tales obras. En la obra de Arist&oacute;teles hay tambi&eacute;n los comienzos de lo que despu&eacute;s se llamar&aacute; "cr&iacute;tica" y "filolog&iacute;a", disciplinas eminentemente escriturales cuyas funciones son tres: (1) establecer lo que el autor <i>ha dicho </i>efectivamente, es decir establecer, hasta donde ello sea posible, el texto mismo que escribieron los autores, tarea tanto m&aacute;s dif&iacute;cil cuanto m&aacute;s antigua es la obra y por m&aacute;s manos ha pasado; (2) interpretar lo que el autor <i>ha querido decir </i>con lo que dijo en su texto; (3) juzgar si lo que quiso decir es verdad, si la forma en que lo dijo es adecuada, notable, admirable, bella, exacta, precisa, y cu&aacute;ntos m&aacute;s criterios convenga traer a cuento para juzgar la obra. Todo ello conduce a la idea de una disciplina normativa que nos dir&iacute;a c&oacute;mo hay que componer una obra literaria de m&eacute;rito, qu&eacute; cosas hay que evitar y c&oacute;mo debemos apreciar lo escrito por otros.<sup><a href="#notas">2</a></sup> De todas estas cosas se ocupa H&ouml;sle, si bien no de manera tan ordenada como cabr&iacute;a esperar del nombre "po&eacute;tica", sino m&aacute;s bien al hilo de la discusi&oacute;n de di&aacute;logos particulares con los que ilustra uno u otro atributo de un texto dado, el efecto que causa sobre el lector, c&oacute;mo lleg&oacute; el autor a escribirlo, qu&eacute; intenciones pudo tener, qu&eacute; tan excelente es como di&aacute;logo o incluso si lo que dijo es verdad visto en su contexto hist&oacute;rico o <i>sub specie aeternitatis</i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso de la "hermen&eacute;utica" es m&aacute;s peliagudo, ya que hay dos escuelas muy opuestas entre s&iacute;: aquella que dice que se trata de un arte (<i>techne, ars</i>); es decir, de un conjunto de reglas y de un m&eacute;todo para interpretar los textos (religiosos, jur&iacute;dicos, literarios, filos&oacute;ficos), y aquella que dice que tal arte y tal m&eacute;todo no son posibles, y que lo m&aacute;s que puede ser una hermen&eacute;utica es una descripci&oacute;n (&iquest;fenomenol&oacute;gica?) de lo que nos ocurre cuando leemos un texto y damos en entenderlo de tal o cual manera. El l&iacute;der indiscutible de la segunda escuela es Heidegger, cuyos dichos sibilinos y esparcidos en sus numerosos textos fueron puestos en solfa por Gadamer (1960). Entre quienes creen en la posibilidad y aun la existencia de reglas y m&eacute;todos, est&aacute;n Schleiermacher (1829, v&eacute;anse tambi&eacute;n los escritos reunidos en L&uuml;cke 1838) y Boeckh (1877, pp. 79&#150;168) en el siglo XIX, y Emilio Betti (1955) en el XX. H&ouml;sle no toma partido expl&iacute;cito, y aunque su pr&aacute;ctica hermen&eacute;utica no parece opuesta en absoluto a la posibilidad de reglas, tampoco estar&iacute;a yo seguro de hasta d&oacute;nde las concibe &eacute;l como reglas generales, y no espec&iacute;ficas y como cortadas a la medida de tal o cual autor (discuto una de ellas brevemente en la nota 3). Ni siquiera estoy seguro de que se trate de <i>reglas </i>en el estricto sentido de la palabra, toda vez que cada cosa que afirma la hace seguir de tantas calificaciones y restricciones que es dif&iacute;cil estimar la validez que H&ouml;sle le asigna a sus pronunciamientos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como quiera que ello sea, es claro que nuestro autor se propone, antes que nada, <i>describir </i>las caracter&iacute;sticas que son comunes a los di&aacute;logos filos&oacute;ficos que conoce, as&iacute; como aquellas en que tal di&aacute;logo o tal grupo de di&aacute;logos se distingue de tal otro. En segundo lugar, de tanto en tanto H&ouml;sle arriesga tambi&eacute;n alguna hip&oacute;tesis <i>explicativa </i>de los fen&oacute;menos que ha descrito. Hasta donde puedo ver, la segunda tarea es m&aacute;s bien espor&aacute;dica, no sistem&aacute;tica, y m&aacute;s bien poco acertada. Tres ejemplos bastar&aacute;n para mostrar lo que quiero decir.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Queriendo explicar por qu&eacute; los di&aacute;logos de Plat&oacute;n han sido el modelo de di&aacute;logo durante 2400 a&ntilde;os (una pregunta realmente importante), afirma H&ouml;sle que "Plat&oacute;n es el m&aacute;s importante (<i>bedeutendste</i>) de todos los fil&oacute;sofos" (p. 87). Digo que lo afirma, si bien fuerza es admitir que lo modula con una de esas part&iacute;culas discursivas alemanas (<i>wohl</i>) que dejan en suspenso qu&eacute; tan seguro est&aacute; el autor de lo que dice. En todo caso, H&ouml;sle se da cuenta de que muchos lectores (yo soy ciertamente uno de ellos) no va (<i>wohl</i>) a poder asociar al superlativo ning&uacute;n sentido preciso, por lo que completa afirmando ahora que "ning&uacute;n &#91;otro fil&oacute;sofo&#93; se ha igualado a &eacute;l, al menos en originalidad y riqueza de ideas". &Eacute;sta ser&iacute;a la hip&oacute;tesis que, seg&uacute;n H&ouml;sle, explicar&iacute;a el &eacute;xito literario de los di&aacute;logos de Plat&oacute;n. Como los t&eacute;rminos "originalidad" y "riqueza de ideas" no son ni claros ni precisos ni particularmente significativos, ser&aacute; dif&iacute;cil poner esa hip&oacute;tesis a prueba.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro lugar, H&ouml;sle se pregunta por qu&eacute; el g&eacute;nero del di&aacute;logo languideci&oacute; en el siglo XVII, a lo que responde diciendo que "el esp&iacute;ritu de sistema &#91;que ser&iacute;a caracter&iacute;stico del siglo XVII, pero presumiblemente ajeno a siglos anteriores&#93; no es f&aacute;cil de unir al &#91;esp&iacute;ritu&#93; de di&aacute;logo" (p. 109). Sospechando con raz&oacute;n que sus lectores no acertar&aacute;n a entender bien a bien esta explicaci&oacute;n, la ilustra diciendo que "es inconcebible representar en forma de di&aacute;logo una filosof&iacute;a como la desarrollada en la '&Eacute;tica' de Spinoza". No es necesario insistir en esta revista cu&aacute;n endeble es este argumento de lo que podemos o no concebir; y tanto m&aacute;s cuanto se presenta en seguida el caso de Descartes, quien escribi&oacute; un di&aacute;logo sobre el asunto de las <i>Meditaciones. </i>Para salir del aprieto, el profesor H&ouml;sle se lanza entonces a una discusi&oacute;n del asunto (pp. 109&#150;112), que es una sucesi&oacute;n de especulaciones, peticiones de principio y pseudoteor&iacute;a.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo ejemplo es cuando H&ouml;sle pretende explicar las condiciones sociales y pol&iacute;ticas que presiden la escritura de di&aacute;logos (parte I, cap&iacute;tulo 2). Se le ocurre pensar entonces que "la libertad de expresi&oacute;n &#91;...&#93; es seguramente (<i>sicher</i>) una condici&oacute;n necesaria para la conversaci&oacute;n fruct&iacute;fera". Supongo que por "fruct&iacute;fera" debe entenderse aqu&iacute; una conversaci&oacute;n que da por fruto un di&aacute;logo escrito, ya que H&ouml;sle a&ntilde;ade la afirmaci&oacute;n lapidaria: "Los estados totalitarios no han producido ning&uacute;n di&aacute;logo" (<i>Totalit&auml;re Staaten haben keine Dialoge hervorgebracht</i>, p. 128). No nos detengamos en el disparate de decir que un estado, totalitario o no, produce di&aacute;logos; concedamos que fue un <i>lapsus calami </i>y que H&ouml;sle quiso decir que las personas que habitan en estados totalitarios no han escrito ning&uacute;n di&aacute;logo. Trat&aacute;ndose de una hip&oacute;tesis, probablemente lo que est&aacute; detr&aacute;s de una afirmaci&oacute;n que suena puramente hist&oacute;rica (hasta ahora no los han escrito) es una ley sociol&oacute;gica (ni es posible que los escriban, no teniendo la posibilidad de conversaciones fruct&iacute;feras). Es obvio que aqu&iacute; nuestro autor se ha vuelto ambicioso de verdad; pero su diletantismo sociol&oacute;gico no es solamente insensato, sino que la afirmaci&oacute;n puramente hist&oacute;rica es falsa. Para empezar, es claro que al menos en la Edad Media y en la temprana modernidad europea no hab&iacute;a libertad de expresi&oacute;n, y sin embargo en estos dos periodos hubo "conversaciones fruct&iacute;feras", puesto que se escribieron much&iacute;simos di&aacute;logos, tal vez incluso m&aacute;s que en cualquier otro periodo de la historia de la filosof&iacute;a hasta ahora. H&ouml;sle lo sabe y lo dice, pero eso no hace su afirmaci&oacute;n menos irritante, sino m&aacute;s.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Pero &iquest;qu&eacute; pasa con los estados totalitarios en el sentido ordinario del t&eacute;rmino? Supongo que el lector estar&aacute; de acuerdo en que la Alemania nazi, la Rusia sovi&eacute;tica y la Polonia comunista son ejemplos de estados totalitarios. Pues bien: en los tres se escribieron di&aacute;logos filos&oacute;ficos, buenos o malos (que se resisten a Lo Aditivo o que no se resisten). En el caso de la Alemania nazi, para no ir m&aacute;s lejos, tenemos el caso de Heidegger (tres di&aacute;logos escritos entre 1944 y 1945, <i>cfr. </i>Heidegger 1995; los di&aacute;logos son citados, con desd&eacute;n, por el propio H&ouml;sle, p. 123, n. 142); en el caso de la Rusia sovi&eacute;tica tenemos por lo menos las inclasificables y fascinantes obras de Alexander Zinoviev (p.ej., 1978, 1980), donde el di&aacute;logo filos&oacute;fico es la forma principal que se utiliza; y en el caso de la Polonia comunista se me dificulta comprender que nuestro autor no conozca los espl&eacute;ndidos <i>Di&aacute;logos </i>de Stanislaw Lem, que fueron difundidos en Occidente mediante la traducci&oacute;n alemana (Lem 1980) y que, habiendo sido escritos en 1957, anticipan unos 30 a&ntilde;os ("genialmente", <i>genialisch, </i>como hubiera dicho H&ouml;sle) muchos de los argumentos de Derek Parfit (1986). Y si mis muy fragmentarios conocimientos de estos ejemplos de di&aacute;logos escritos en estados totalitarios bastan para refutar la tesis hist&oacute;rica, no me sorprender&iacute;a en absoluto que hubiese muchos m&aacute;s di&aacute;logos testimonio de la humana capacidad de tener conversaciones fruct&iacute;feras, con o sin libertad de expresi&oacute;n, garantizada o no por la constituci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las explicaciones de H&ouml;sle son, pues, deficient&iacute;simas. &iquest;Qu&eacute; podemos decir de sus descripciones? Toda la segunda parte del libro, con mucho la mayor (pp. 155&#150;420), est&aacute; dedicada a la tarea de describir los di&aacute;logos filos&oacute;ficos con respecto a si son individuales o forman grupos (pp. 158&#150;165), en qu&eacute; medida contienen elementos narrativos (pp. 166&#150;186), si el di&aacute;logo es m&aacute;s realista o m&aacute;s fant&aacute;stico (pp. 187&#150;209), d&oacute;nde tiene lugar (pp. 210&#150;234), si se sit&uacute;a en un lugar particular del tiempo hist&oacute;rico real y sobre todo cu&aacute;nto se supone que dura el di&aacute;logo (pp. 235&#150;253), cu&aacute;ntas personas participan en &eacute;l (pp. 254&#150;282), si el di&aacute;logo se presenta como planeado o como casual, y si la relaci&oacute;n entre los participantes es sim&eacute;trica o asim&eacute;trica, es decir, hasta d&oacute;nde se ejerce autoridad o se permite a los participantes pensar por cuenta propia (pp. 283&#150;320), cu&aacute;l es el prop&oacute;sito de los participantes en el di&aacute;logo (pp. 321&#150;359), hasta d&oacute;nde se realizan o vulneran en el di&aacute;logo valores como la verdad, la sinceridad o la igualdad (pp. 360&#150;388), y c&oacute;mo transcurre el di&aacute;logo en t&eacute;rminos de atributos como la calidad de los argumentos o la precisi&oacute;n del lenguaje (pp. 389&#150;410).<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; est&aacute;, pues, el coraz&oacute;n del libro de H&ouml;sle. Sus descripciones son muy ricas y &uacute;tiles, si bien solamente entran en el detalle de unas pocas obras. Como dije antes, Plat&oacute;n ocupa la parte del le&oacute;n, al grado que el libro por momentos parece continuar una colecci&oacute;n de art&iacute;culos publicada anteriormente (H&ouml;sle 2004); pero las observaciones m&aacute;s breves sobre otros di&aacute;logos, tanto muy conocidos (Cicer&oacute;n, Agust&iacute;n, Boecio, Nicol&aacute;s de Cusa, Berkeley, Hume, Diderot, Feyerabend) como bastante menos conocidos (Anselmo, Abelardo, Llul, Bodin, Descartes, de Maistre, Schelling, Kierkegaard), son muy interesantes y a menudo agudas. Esto merece un poco de comentario. He dicho antes que, si bien H&ouml;sle no toma partido expl&iacute;cito a favor de la hermen&eacute;utica como arte frente a la hermen&eacute;utica como transformaci&oacute;n existencial del lector, de tanto en tanto parece ofrecer reglas que luego califica y restringe hasta volverlas dudosas. Tal vez la raz&oacute;n de esto es que en el fondo no cree en un arte hermen&eacute;utico tanto como cree en una hermen&eacute;utica ontol&oacute;gica <i>&agrave; la </i>Heidegger y Gadamer. En efecto, uno de los grandes beneficios que el libro de H&ouml;sle en sus pasajes descriptivos ofrece al lector es invitarlo a leer autores que no hab&iacute;a le&iacute;do antes o no con cuidado, y de paso ponerlo a pensar en ciertas cosas. Ilustro esto con dos casos que me parecen especialmente notables.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero es el tratamiento que a lo largo de su libro va dando H&ouml;sle al "Di&aacute;logo a s&eacute;ptuple parte (<i>colloquium heptaplomeres</i>)" de Jean Bodin o Juan Bodino. Debo admitir aqu&iacute; mi supina ignorancia: antes de leer a H&ouml;sle ni siquiera sab&iacute;a de la existencia de este di&aacute;logo, pero H&ouml;sle supo despertar mi curiosidad. El primer pasaje donde H&ouml;sle no nada m&aacute;s menciona, sino que cita este di&aacute;logo (p. 98, n. 61, en el contexto de contar la historia del desarrollo del di&aacute;logo filos&oacute;fico como fen&oacute;meno literario), le sirve para mostrarnos la continuidad literaria, toda vez que Bodino se refiere a un pasaje del <i>Laelius siue de amicitia </i>en que Cicer&oacute;n dice que nada une m&aacute;s a los amigos que el consenso en materia de religi&oacute;n. Habiendo uno de los siete interlocutores hecho esta cita, otro de ellos lo rebate diciendo que hay que hacer m&aacute;s caso de las obras de Cicer&oacute;n que de sus palabras, y que, si bien a nadie critic&oacute; Cicer&oacute;n con mayor constancia que a los epic&uacute;reos, su mejor amigo, &Aacute;tico, era precisamente de esta escuela. H&ouml;sle deja as&iacute; entrever la comunidad en la tolerancia que une a Cicer&oacute;n con Bodino a trav&eacute;s de los siglos, un tema que retoma en la siguiente ocasi&oacute;n en que vuelve a fondo sobre el <i>Colloquium heptaplomeres </i>(p. 106), cuando declara:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo nuevo en este di&aacute;logo de filosof&iacute;a de la religi&oacute;n, que es a los di&aacute;logos medievales como los de Cicer&oacute;n a los plat&oacute;nicos, es el giro esc&eacute;ptico que da &#91;Bodino&#93; al subg&eacute;nero y que lo llev&oacute; en &uacute;ltimo t&eacute;rmino a su decadencia. Mientras que los autores medievales, incluso cuando dejan abierto el final del di&aacute;logo, dan claramente a entender lo que tienen por verdadero &#91;la religi&oacute;n cristiana&#93;, Bodino no cree ya en una religi&oacute;n verdadera, sino que es de la opini&oacute;n de que con una pluralidad de religiones se sirve a Dios de la mejor manera. Los &#91;siete&#93; amigos en disputa &#91;en el di&aacute;logo a siete voces de Bodino&#93; se respetan mutuamente, aun cuando nadie se convierte, incluso cuando al final se abandona el proyecto completo de un di&aacute;logo religioso.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">H&ouml;sle se refiere aqu&iacute; a una de las muchas marcas de la secularizaci&oacute;n de los autores, que a veces confundimos con la secularizaci&oacute;n <i>tout court</i>, la cual probablemente ni ha tenido ni tendr&aacute; lugar (Stark y Finke 2000, cap. 3). Mi curiosidad por ese di&aacute;logo hab&iacute;a sido avivada. M&aacute;s adelante (p. 143, a la hora de estar hablando de las intenciones de los autores de di&aacute;logos), nos dice c&oacute;mo uno de los personajes de Bodino se refiere desde&ntilde;osamente al <i>Di&aacute;logo con el jud&iacute;o Trif&oacute;n </i>de Justino, para criticarlo por refutar a un hombre de paja de su propia creaci&oacute;n; con ello, nos dice H&ouml;sle, declara Bodino su intenci&oacute;n de no caer en ese error. En otro pasaje (p. 218, donde el tema es el lugar donde se sit&uacute;an los di&aacute;logos) nos explica que el tenor y el tema del <i>Colloquium </i>conducen naturalmente a que el di&aacute;logo de los siete tenga lugar en un espacio privado, lejos de o&iacute;dos timoratos, santurrones o intrigantes. Y as&iacute; va el libro introduciendo nuevos aspectos del di&aacute;logo de Bodino, de los que no hablo para no cansar al lector, pero que tienen juntos el efecto electrizante de producir un gran deseo de leer la obra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo caso que quisiera comentar es el de los <i>Dialogues Concerning Natural Religion </i>de Hume, mucho m&aacute;s conocidos ciertamente que el <i>Colloquium</i>, pero no por ello transparente ni f&aacute;cil de captar en su sentido &uacute;ltimo. Con gran cuidado, si bien esparcido en distintos cap&iacute;tulos de su libro, va H&ouml;sle mostrando las muchas capas intepretativas que tiene el texto de Hume, y que al lector desprevenido f&aacute;cilmente le podr&iacute;an pasar desapercibidas. Se trata de un texto en el que un personaje (P&aacute;nfilo) reporta un di&aacute;logo y hasta cierto punto lo interpreta, pero s&oacute;lo en parte correctamente; dos interlocutores que conversan y al hacerlo representan dos visiones muy respetables, pero de tal manera que por momentos no sabemos cu&aacute;l podr&iacute;a ser exactamente la de Hume; y tantos otros trucos que muestran que el autor escoc&eacute;s fue probablemente tan ir&oacute;nico y misterioso como Plat&oacute;n, pero siguiendo una agenda filos&oacute;fica probablemente m&aacute;s sofisticada que &eacute;ste, y ciertamente m&aacute;s amplia y profunda que la de otros autores de di&aacute;logos de igual ingenio, como Diderot o Voltaire.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tan s&oacute;lo la muy completa bibliograf&iacute;a del texto vale casi el precio del libro (35.90 euros), cuanto m&aacute;s que la edici&oacute;n es esmerad&iacute;sima: sorprende muy agradablemente que en estos tiempos pueda una editorial producir un libro que contiene pasajes en griego, lat&iacute;n, ingl&eacute;s, franc&eacute;s, italiano, espa&ntilde;ol y catal&aacute;n, sin ning&uacute;n error tipogr&aacute;fico de nota. Casas de mayor prestigio internacional, como Oxford University Press, que pueden darse el lujo de referirse implacablemente al <i>Discours de la m&eacute;thode </i>en femenino (<i>la Discours</i>, Gaukroger, 1995, <i>passim</i>) debieran avergonzarse y aprender en este punto de la casa Beck.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Berlin, I., 1990, "Joseph de Maistre and the Origins of Fascism", en <i>The Crooked Timber of Humanity: Chapters in the History of Ideas</i>, ed. Henry Hardy, Princeton University Press, Princeton, pp. 91&#150;174 (el editor anota que el texto de este ensayo data de 1960).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781685&pid=S0185-2450200900010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Betti, E., 1955, <i>Teoria generale dell</i>'<i>interpretazione</i>, Giuffr&egrave;, Mil&aacute;n.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781686&pid=S0185-2450200900010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Boeckh, A., 1877, <i>Enzyklop&auml;die und Methodologie der philologischen Wissenschaften</i>, ed. Ernst Bratuscheck, Teubner, Leipzig.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781687&pid=S0185-2450200900010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Collingwood, R.G., 1933, <i>An Essay on Philosophical Method</i>, Clarendon Press, Oxford.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781688&pid=S0185-2450200900010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gadamer, H.&#150;G., 1960, <i>Wahrheit und Methode: Grundz&uuml;ge einer philosophischen </i><i>Hermeneutik</i>, J.C.B. Mohr (Paul Siebeck), Tubinga. (Versi&oacute;n en castellano: <i>Verdad y m&eacute;todo. Fundamentos de un hermen&eacute;utica filos&oacute;fica</i>, 5a. ed., trad. Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito, S&iacute;gueme, Salamanca, 1993.)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781689&pid=S0185-2450200900010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gaukroger, S., 1995, <i>Descartes: An Intellectual Biography</i>, Oxford University Press, Oxford.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781690&pid=S0185-2450200900010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Heidegger, M., 1995, <i>Feldweggespr&auml;che (1944&#150;45)</i>, t. <i>77 </i>de la <i>Gesamtausgabe</i>, Vittorio Klostermann, Fr&aacute;ncfort del Meno.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781691&pid=S0185-2450200900010001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hirzel, R., 1895, <i>Der Dialog: ein literarhistorischer Versuch, </i>S. Hirzel, Leipzig, 2 vols.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781692&pid=S0185-2450200900010001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">H&ouml;sle, V., 2004, <i>Platon interpretieren</i>, Ferdinand Sch&ouml;ningh Verlag, Paderborn.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781693&pid=S0185-2450200900010001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Lem, S., 1980, <i>Dialoge</i>, Suhrkamp, Fr&aacute;ncfort del Meno (el original polaco es de 1957).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781694&pid=S0185-2450200900010001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&uuml;cke, F. (comp.), 1838, <i>Friedrich Schleiermacher</i>'<i>s s&auml;mmtliche Werke</i>, Divisi&oacute;n I (<i>Zur Theologie</i>), vol. 7 (<i>Hermeneutik und Kritik mit besonderer Beziehung auf </i><i>das Neue Testament</i>), G. Reimer, Berl&iacute;n.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781695&pid=S0185-2450200900010001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parfit, D., 1986, <i>Reasons and Persons</i>, Oxford University Press, Oxford. (Versi&oacute;n en castellano: <i>Razones y personas, </i>trad. y estudio introductorio de Mariano Rodr&iacute;guez Gonz&aacute;lez, A. Machado, Madrid, 2004.)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781696&pid=S0185-2450200900010001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schleiermacher, F., 1835 &#91;1829&#93;, "&Uuml;ber den Begriff der Hermeneutik mit Bezug auf F.A. Wolf's Andeutungen und Ast's Lehrbuch", en L. Jonas (comp.), <i>Friedrich Schleiermacher</i>'<i>s s&auml;mmtliche Werke</i>, Divisi&oacute;n III (<i>Zur Philosophie</i>), vol. 3 (<i>Reden und Abhandlungen</i>), pp. 344&#150;386, G. Reimer, Berl&iacute;n.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781697&pid=S0185-2450200900010001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stark, R. y R. Finke, 2000, <i>Acts of Faith: Explaining the Human Side of Religion</i>, The University of California Press, Berkeley.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781698&pid=S0185-2450200900010001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zinoviev, A., 1980, <i>The Radiant Future</i>, The Bodley Head, Londres (el textooriginal ruso fue publicado en Lausana en 1978). </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781699&pid=S0185-2450200900010001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1978, <i>The Yawning Heights</i>, The Bodley Head, Londres (el texto original ruso fue publicado en Lausana en 1976).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2781700&pid=S0185-2450200900010001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La historiograf&iacute;a de la filosof&iacute;a, bien lo sabemos, se dilata o contrae seg&uacute;n quienes la escriban y cu&aacute;ndo y d&oacute;nde la escriban. Los di&aacute;logos de Galileo no se consideran hoy filosof&iacute;a, pero s&iacute; los <i>Principia philosophiae </i>de Descartes, a pesar de que en gran medida tratan de las mismas cosas. &iquest;Es la <i>Historia animalium </i>o la <i>Ret&oacute;rica </i>o el libro <i>De caelo </i>parte de la filosof&iacute;a de Arist&oacute;teles? &iquest;Pertenecen a la historia de la filosof&iacute;a los <i>Essais </i>de Montaigne, los <i>Sketches </i>de Lord Kames, la <i>Farbenlehre </i>de Goethe? &iquest;Qu&eacute; decir de las <i>Maximes </i>de La Rochefoucauld, la <i>Allgemeine Naturgeschichte und Theorie des Himmels </i>de Kant, la <i>Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations </i>de Adam Smith? &iquest;Por qu&eacute; tenemos seminarios sobre el <i>Discours </i>de Descartes haciendo de lado el hecho de que no era sino un discurso preliminar a los ensayos sobre el m&eacute;todo que son, con mucho, el cuerpo del libro? &iquest;Por qu&eacute; Nietzsche se consider&oacute; muchos a&ntilde;os como un literato y se necesit&oacute; de la capacidad persuasiva de Heidegger y Kauffman para persuadir del inter&eacute;s filos&oacute;fico (metaf&iacute;sico, epistemol&oacute;gico, &eacute;tico, etc.) de su obra? H&ouml;sle no discute estas cuestiones y se contenta con una comprensi&oacute;n medianera del asunto. No se lo reprocho, porque todo mundo lo hace y seguimos tan campantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> As&iacute; lo explica Horacio en casi quinientos versos, Boileau en algo m&aacute;s de mil, o en mucho mayor detalle y dos gruesos vol&uacute;menes en prosa Ignacio de Luz&aacute;n, insigne disc&iacute;pulo de Vico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;La <i>adoraci&oacute;n </i>por Plat&oacute;n en H&ouml;sle (no encuentro un t&eacute;rmino m&aacute;s ajustado) lo lleva a decir enormidades rayanas en el delirio. As&iacute;, p.ej., cuando interpreta la afirmaci&oacute;n de Laques (en el di&aacute;logo ep&oacute;nimo, 182E&#150;183A) de que el arte de luchar con armadura no debe ser gran cosa porque los lacedemonios no lo toman en cuenta, y ellos son modelo en lo militar como los atenienses en el arte de la tragedia. Dice H&ouml;sle que esto tiene una lectura secreta, seg&uacute;n la cual la dial&eacute;ctica "es el verdadero arte militar, y su representaci&oacute;n dial&oacute;gica la leg&iacute;tima heredera de la tragedia, y con ello la obra literario&#150;filos&oacute;fica de Plat&oacute;n una s&iacute;ntesis" de Atenas y Esparta (p. 291). Semejante dislate es por lo dem&aacute;s una consecuencia de aplicar la regla del f&iacute;sico Carl Friedrich von Weizs&auml;cker, seg&uacute;n la cual todo lo que Plat&oacute;n pone en boca de cualquiera de las figuras de sus di&aacute;logos, aunque sea obviamente falsa o al menos incompatible con las ideas de Plat&oacute;n, tiene una interpretaci&oacute;n profunda que la hace compatible con ellas (pp. 289&#150;290). Con tales amigos, la filolog&iacute;a no necesita enemigos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;El di&aacute;logo de Descartes est&aacute; inconcluso. &iquest;Un mero accidente literario? &iquest;Descartes se aburri&oacute;, estaba demasiado ocupado con otras cosas, se enferm&oacute; y muri&oacute; antes de terminarlo? Demasiado f&aacute;cil para H&ouml;sle, quien ve en esta inconclusi&oacute;n un dato pre&ntilde;ado de significado, por no decir ominoso. Todo mundo conoce la versi&oacute;n del di&aacute;logo en franc&eacute;s, la cual se interrumpe en el momento en que el interlocutor que representa a Descartes comienza a dudar de estar hablando con sus amigos. Aunque H&ouml;sle admite que eso podr&iacute;a ser una casualidad, le dar&iacute;a car&aacute;cter de <i>omen </i>si no fuera porque existe una versi&oacute;n en lat&iacute;n, la cual contin&uacute;a donde termina la versi&oacute;n francesa (p. 111). &iquest;Detiene eso a H&ouml;sle? No, porque habr&iacute;a tenido sentido si hubiese terminado donde no termin&oacute;. &iquest;Qu&eacute; sentido es &eacute;ste que va contra los hechos hist&oacute;ricos? Este modo de proceder es, desgraciadamente, caracter&iacute;stico de nuestro autor cuando no se contenta con describir, sino que se pone a explicar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> En efecto, en la cita que hice antes ("la libertad de expresi&oacute;n &#91;...&#93; es seguramente (<i>sicher</i>) una condici&oacute;n necesaria para la conversaci&oacute;n fruct&iacute;fera") coloqu&eacute; puntos suspensivos donde hab&iacute;a una oraci&oacute;n concesiva: "si bien no necesariamente (<i>nicht unbedingt</i>) en la forma jur&iacute;dicamente garantizada en los estados desarrollados modernos". Esto le permite a H&ouml;sle comerse el pastel y quedarse con &eacute;l: todo su libro est&aacute; plagado de afirmaciones atrevidas que modifica enseguida para evitar comprometerse demasiado. Esto hace la lectura especialmente enojosa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Toda la segunda parte insiste en la distinci&oacute;n, discutida en la primera parte del libro (pp. 30&#150;56), entre el di&aacute;logo como obra literaria (<i>Dialog</i>) y el di&aacute;logo como la interacci&oacute;n verbal que la obra literaria pretende representar (<i>Gespr&auml;ch</i>). La distinci&oacute;n es de sobra conocida a los lectores de esta revista, aunque tal vez est&eacute;n m&aacute;s acostumbrados a pensarla en el contexto de t&eacute;rminos y proposiciones. En todo caso, creo que para explorar y sacarle jugo a la distinci&oacute;n se requerir&iacute;a de instrumentos m&aacute;s precisos (tomados de la ling&uuml;&iacute;stica te&oacute;rica y de la sem&aacute;ntica formal) que los que encuentro en H&ouml;sle. De hecho, pienso que las herramientas anal&iacute;ticas de H&ouml;sle (cr&iacute;tica literaria y filosof&iacute;a hegeliana) son demasiado toscos y romos para la tarea. En todo caso, la segunda parte del libro tiene un cap&iacute;tulo 11 (pp. 411&#150;420) titulado "Est&eacute;tica del di&aacute;logo (<i>des Dialogs</i>)", que parece ser contrapartida de la "&eacute;tica" y la "l&oacute;gica" del di&aacute;logo (<i>des Gespr&auml;chs</i>), contenidas en los caps. 9 y 10; pero no me parece que aporte nada nuevo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Me hubiese gustado poder a&ntilde;adir aqu&iacute; el ejemplo de los <i>entretiens </i>de Joseph de Maistre, pero H&ouml;sle apenas lo toca una vez y de pasada (p. 32), en el contexto de la distinci&oacute;n mencionada en la nota 6. La visi&oacute;n violenta, apocal&iacute;ptica, del autor savoyano que de manera tan elocuente, pero tan metaf&iacute;sica y teol&oacute;gicamente insuficiente, nos presenta Berlin (1990) dif&iacute;cilmente hubiese podido encontrar un lector m&aacute;s preparado de lo que el profesor H&ouml;sle est&aacute; en estos temas, con lo que nuestra comprensi&oacute;n de esos di&aacute;logos tan extremos hubiese mejorado notablemente.</font></p>      ]]></body><back>
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