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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Descifrar la Revoluci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pablo Yankelevich</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Javier Garciadiego, <i>Ensayos de historia sociopol&iacute;tica de la Revoluci&oacute;n mexicana,</i> M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 2011, 386 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, INAH</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conocido refr&aacute;n que asegura que una cosa es el &aacute;rbol y otra muy distinta es el bosque bien podr&iacute;a aplicarse a la docena de ensayos reunidos en este libro. Sucede que Javier Garciadiego, al compilar en este volumen parte de su obra desperdigada en un sinf&iacute;n de libros y revistas, pone al descubierto la amplitud de los asuntos que estudia y la originalidad de sus estrategias de investigaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Visto en su conjunto, los ensayos se significan como un renovado esfuerzo por examinar la complejidad de la historia mexicana en la d&eacute;cada del novecientos diez. Garciadiego ajusta cuentas, contradice mitos, previene sobre modos y modas con que se han abordado personajes, circunstancias y sucesos de la Revoluci&oacute;n. Frente a cuadros de la historia nacional pintados exclusivamente en blanco y negro, esta obra es un recordatorio de los peligros que conlleva mezclar las pasiones del pasado con las bander&iacute;as del presente. En este sentido, Garciadiego hace suya aquella observaci&oacute;n de Marc Bloch acerca de que la costumbre de juzgar en muchos historiadores los conduce fatalmente a perder el gusto por explicar.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las p&aacute;ginas de este libro, una notoria frontera separa viejos y nuevos temas de la historia y la historiograf&iacute;a de la Revoluci&oacute;n mexicana. En buena medida, algunos de los ensayos son un buen ejemplo de la consustancial provisionalidad del conocimiento hist&oacute;rico. Toda historia est&aacute; sujeta a revisi&oacute;n, todo lo escrito puede y debe ser reexaminado con base en nuevas perspectivas anal&iacute;ticas, con base en nuevos fondos documentales. En relaci&oacute;n con esto destacan tres ejemplos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El primero.</i> Es sabido que el puntapi&eacute; inicial al proceso que anim&oacute; a Madero a competir por la presidencia de la rep&uacute;blica fue el anuncio de Porfirio D&iacute;az al periodista James Creelman de que M&eacute;xico estaba listo para un r&eacute;gimen democr&aacute;tico. En aquella entrevista, el envejecido dictador dej&oacute; entrever la posibilidad de retirarse de la vida pol&iacute;tica, se&ntilde;alando adem&aacute;s que ver&iacute;a con buenos ojos la presencia de un partido opositor en las elecciones de 1910. Garciadiego no cuestiona este canon de la historiograf&iacute;a; sin embargo, se encarga de explicar que esa entrevista se pact&oacute; en un ambiente pol&iacute;tico muy complejo tanto en M&eacute;xico como en Estados Unidos, y adem&aacute;s, una vez publicada, abri&oacute; las puertas a una coyuntura mucho m&aacute;s enmara&ntilde;ada de lo que habitualmente se ha cre&iacute;do. Es decir, el problema no radica en que don Porfirio no cumpli&oacute; su palabra, sino en explicar por qu&eacute; no lo hizo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ello, el historiador dialoga, recupera y confronta lo escrito sobre esta entrevista para luego formular las preguntas que orientan su pesquisa. Con la c&eacute;lebre entrevista y con todos los temas tratados en el libro, procede de igual manera: traza las coordenadas historiogr&aacute;ficas y a partir de ellas interroga a sus fuentes, que, por cierto, no son pocas: documentos en archivos p&uacute;blicos y privados de M&eacute;xico y Estados Unidos, prensa peri&oacute;dica, revistas, epistolarios, memorias, novelas y ensayos literarios. En la b&uacute;squeda de respuestas construye una narraci&oacute;n veros&iacute;mil que no deja cabos sueltos, explorando las aguas profundas que corren por debajo de los hechos, de los personajes, de los sucesos. Garciadiego conecta lo local, lo regional, lo nacional y lo internacional, lo accesorio con lo sustancial, el gran personaje con el peque&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Segundo ejemplo: el asesinato de Emiliano Zapata.</i> &iquest;Qu&eacute; de nuevo se puede decir ante la traici&oacute;n de Jes&uacute;s Guajardo que ha servido para explicar y opacar la comprensi&oacute;n del declive de la gesta zapatista? Sin poner en duda la importancia del caudillo y del ej&eacute;rcito que lider&oacute;, Garciadiego explora las causas que condujeron a Zapata a la hacienda de Chinameca. Sucede que la popularidad de Zapata y el tama&ntilde;o del mito que alimenta una memoria colectiva de lucha contra las injusticias en el campo mexicano, ha obturado la reflexi&oacute;n sobre el desastre que clausur&oacute; esa experiencia revolucionaria. "A la historiograf&iacute;a, sentencia, le ha sobrado simpat&iacute;a por el zapatismo y le ha faltado perspectiva cr&iacute;tica" &#91;p. 175&#93;. Garciadiego demuestra que el debilitamiento de los alzados de Morelos antecedi&oacute; con mucho al asesinato del caudillo. Por ello, reconstruye episodios que incomodan a la memoria oficial: fusilamientos, expulsiones y una despiadada purga en las filas del zapatismo. La desconfianza, producto del acoso de las fuerzas carrancistas se instal&oacute; en el Cuartel General de Zapata, y condujo al fusilamiento de Otilio Monta&ntilde;o, el principal redactor del Plan de Ayala: muchos corrieron la misma suerte; otros, como Manuel Palafox, salvaron su vida despu&eacute;s de ser expulsados de las filas surianas. Escudri&ntilde;ar en los or&iacute;genes del tr&aacute;gico final no s&oacute;lo es dar cuenta de la superioridad militar del carrancismo, sino tambi&eacute;n de una sagacidad pol&iacute;tica que produjo fracturas, enfrentamientos y cambios en las estrategias del zapatismo. En este contexto cobra sentido la traici&oacute;n, y, para entenderla, Garciadiego subraya la inmoralidad de Guajardo y del generalato carrancista, pero tambi&eacute;n insiste en la necesidad de comprender los motivos de Zapata para intentar un acuerdo con quien ser&iacute;a su victimario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Tercer y &uacute;ltimo ejemplo sobre estos acechos a viejos temas y sobre las posibilidades de repensar un pasado que se cree conocer.</i> El fraude electoral y el partido oficial constituyen una d&iacute;ada indisoluble en la historia contempor&aacute;nea de M&eacute;xico. No por casualidad la primera gran denuncia de fraude se localiza en la primera contienda electoral en la que particip&oacute; el reci&eacute;n creado pnr. El sistema pol&iacute;tico mexicano de la posrevoluci&oacute;n naci&oacute; a la sombra de la campa&ntilde;a electoral de 1929, sobre la que se ha instalado la idea de que un gran fraude arrebat&oacute; la presidencia a Jos&eacute; Vasconcelos. &iquest;En qu&eacute; evidencias se apoya esta idea? El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del libro da respuesta a esta pregunta y, para ello, Vasconcelos y sus colaboradores son sometidos a un acucioso an&aacute;lisis que conjuga trayectorias personales y colectivas, perfiles sociales de los simpatizantes, caracter&iacute;sticas del movimiento vasconcelista, y tambi&eacute;n la naturaleza del aparato pol&iacute;tico y de la campa&ntilde;a electoral que encumbr&oacute; a Pascual Ortiz Rubio. Garciadiego pasa revista a cada uno de estos asuntos, para terminar demoliendo un gran mito, construido por "los intelectuales, que son los que escriben la historia y que casi siempre la escribieron a favor Vasconcelos" &#91;p. 353&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las virtudes del libro est&aacute;n en las entradas a antiguos t&oacute;picos de la historia revolucionaria, y tambi&eacute;n en un conjunto de ensayos que iluminan asuntos desconocidos. Personajes y sucesos del campo revolucionario y del campo contrarrevolucionario se hacen presentes, y en el tratamiento de estos asuntos brotan las pasiones, las preocupaciones y los intereses del trabajo de Garciadiego como historiador. A mi juicio, tres vectores surcan esta obra: el dominio del g&eacute;nero biogr&aacute;fico; el exhorto a estudiar a los derrotados, y el imperativo de la erudici&oacute;n como premisa metodol&oacute;gica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El gran desaf&iacute;o de escribir biograf&iacute;as no es investigar y narrar la historia o de una vida, de toda la vida de un ser humano, sino descubrir los momentos en que esa vida se conecta con la historia universal. Jorge Luis Borges comprendi&oacute; a cabalidad ese problema y as&iacute; lo expres&oacute; en un breve relato titulado "Biograf&iacute;a de Tadeo Isidoro Cruz". En ese cuento, Borges se detiene en s&oacute;lo una noche en la vida del personaje; no revela acontecimientos anteriores, salvo unos pocos datos necesarios para entender qu&eacute; sucedi&oacute; aquella noche. El h&eacute;roe, Tadeo Cruz, en medio de un combate nocturno en el que se est&aacute; jugando la vida, descubre qui&eacute;n es en realidad. Esa noche, dice Borges, "agota la historia de Tadeo Cruz, mejor dicho un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro s&iacute;mbolo. Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad <i>de un solo momento:</i> el momento en que el hombre sabe para siempre qui&eacute;n es".<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Javier Garciadiego hace justamente esto: descubrir los momentos y los actos en que los personajes que estudia se conectan con la historia de M&eacute;xico. En este libro no hay historias completas de vidas, sino destellos de esas vidas incursionando en la vida de una naci&oacute;n como M&eacute;xico, de un estado como Michoac&aacute;n, de una regi&oacute;n como la huasteca veracruzana, de una zona como la Sierra de Milpillas en Nuevo Le&oacute;n, de un poblado como Mineral del Monte en Hidalgo, o de una hacienda como la de San Diego Apapasco en Puebla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;al&eacute; que Garciadiego conecta lo local, lo regional, lo nacional y lo internacional, agrego ahora, y lo hace a trav&eacute;s de las biograf&iacute;as. Ning&uacute;n personaje es importante o min&uacute;sculo en el esfuerzo por reconstruir su vida. As&iacute;, se ocupa de Venustiano Carranza para contrapuntearlo con Felipe &Aacute;ngeles, dos porfiristas que transitaron hacia la revoluci&oacute;n para convertirse en enemigos irreconciliables. Con el mismo rigor traza la biograf&iacute;a de Jos&eacute; In&eacute;s Ch&aacute;vez Garc&iacute;a, complej&iacute;simo personaje, mezcla de delincuente, revolucionario, contrarrevolucionario, bandido social, y precursor del movimiento cristero en los linderos entre Michoac&aacute;n y Jalisco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un par de cap&iacute;tulos est&aacute;n dedicados a estudiar la trayectoria de dos contrarrevolucionarios ejemplares: Gaudencio de la Llave e Higinio Aguilar. La corrupci&oacute;n, la mendacidad, la inmoralidad, la indecencia de estos militares porfirianos comprometidos con todos los bandos y todas las bandas contrarrevolucionarias, permiten acceder a una reflexi&oacute;n sobre la naturaleza de la oficialidad del ej&eacute;rcito federal, sobre los v&iacute;nculos de la instituci&oacute;n militar con el poder pol&iacute;tico, y sobre la arquitectura de ese muy heterog&eacute;neo sector que apost&oacute; por el Cuartelazo de febrero de 1913, para alzarse en armas cuando el triunfo de los revolucionarios, un a&ntilde;o y medio m&aacute;s tarde.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La revoluci&oacute;n fue una guerra y en la guerra los ej&eacute;rcitos son los protagonistas. Entender esa guerra obliga a estudiar a las tropas y a sus jefes. Garciadiego no hace historia militar, no se encontrar&aacute; recuentos de batallas, ni an&aacute;lisis sobre estrategias, t&aacute;cticas y armamentos, pero s&iacute; se hallar&aacute; en este libro una historia de la pol&iacute;tica militarizada, es decir, una historia de cuando la pol&iacute;tica se expres&oacute; a trav&eacute;s de las armas. En este sentido, tanto en las incursiones sobre personajes y partidas de contrarrevolucionarios, como en la investigaci&oacute;n sobre la pol&iacute;tica militar del carrancismo, es posible hallar las claves de la derrota del huertismo y de la abigarrada lucha entre facciones revolucionarias que se extendi&oacute; con intensidad variable hasta el asesinato de Carranza en 1920. Y, de nuevo, las entradas a estos asuntos son momentos en las trayectorias de prominentes militares carrancistas: Jacinto Trevi&ntilde;o, Federico Montes, Francisco L. Urquijo, Alfredo Breceda, entre otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, este libro est&aacute; surcado por una preocupaci&oacute;n: la derrota, es decir, estudiar a los que perdieron. Ya he se&ntilde;alado los casos de Zapata y Vasconcelos, quienes desafiaron al orden establecido, uno con las armas, otro con las urnas; ambos fracasaron. Buena parte de los cap&iacute;tulos restantes proponen un acercamiento a la historia de la revoluci&oacute;n desde su reverso; es decir, aquellos que siendo gobierno fueron derrotados: porfiristas, maderistas, huertistas y carrancistas. No hay vencedores sin vencidos, y la historiograf&iacute;a de la revoluci&oacute;n, por simpat&iacute;as ideol&oacute;gicas, siempre carg&oacute; las tintas hacia los que se alzaron con la victoria. Garciadiego vuelve a insistir en la necesidad de estudiar a los derrotados como estrategia para mejor comprender a los victoriosos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la lucha pol&iacute;tica, si se logra preservar la vida o conservar la libertad, no hay signo m&aacute;s inequ&iacute;voco de la derrota que el exilio. El exilio es el fracaso, es la huida cuando todo se ha perdido. Uno de los textos reunidos en este libro analiza este tema y al hacerlo traza una cartograf&iacute;a de los diferentes destierros y de los principales desterrados que produjo la revoluci&oacute;n de 1910. Tema que, por cierto, ha estado ausente de la historiograf&iacute;a mexicana, quiz&aacute; porque la imagen de un pa&iacute;s solidario con exilios de otras latitudes ha impedido ver a M&eacute;xico como una naci&oacute;n que tambi&eacute;n gener&oacute; exilios. El esfuerzo de Garciadiego de reconstruir este proceso, en realidad es un exhorto a dirigir la mirada a los que se fueron, los que debieron irse para resguardar sus vidas. Puesto que, se&ntilde;ala, el exilio es "un term&oacute;metro considerablemente fiel y preciso, para medir la intensidad y la profundidad de la ruptura revolucionaria, as&iacute; como para precisar la posterior moderaci&oacute;n del nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico" &#91;p. 255&#93;. Desde los magonistas, aun antes que estallara la revoluci&oacute;n, son revisadas todas las facciones que vivieron la derrota y que conocieron el exilio a lo largo de la d&eacute;cada de 1910: porfiristas, reyistas, maderistas, felicistas, huertistas, convencionistas y villistas. Las rutas y pa&iacute;ses del exilio (Cuba, Centroam&eacute;rica, Estados Unidos y Europa), los liderazgos, las propuestas pol&iacute;ticas, los conflictos entre los desterrados, las redes personales y grupales que contuvieron vidas desenvueltas en el exilio, son algunas de las aristas analizadas en este cap&iacute;tulo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para concluir, un trabajo de reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica como el emprendido por el autor s&oacute;lo es posible gracias a la erudici&oacute;n. Se trata de un saber profundo, un conocimiento hist&oacute;rico amplio, una inmensa cantidad de lecturas, un manejo experto de los fondos documentales. As&iacute; se explica que, en cada cap&iacute;tulo, Garciadiego d&eacute; cuenta de todo lo escrito sobre el asunto que investiga. Por ello, las notas a pie de p&aacute;gina pueden ser valoradas como el borrador de un largo ensayo sobre el quehacer del historiador de la revoluci&oacute;n, sus m&eacute;todos, sus fuentes, sus incertidumbres y, sobre todo, sus estrategias para enfrentarlas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la tarea del historiador todas las huellas son importantes, todas merecen ser seguidas si de verdad se aspira a entender el significado y la naturaleza de un proceso hist&oacute;rico. Y eso hace el autor, sigue huellas, critica sus fuentes, interroga, selecciona, jerarquiza, imagina, vincula hechos, hurga en las vidas de sus personajes, vuelve a interrogar, intuye, contrasta testimonios y vuelve a interrogar hasta alcanzar respuestas convincentes. El libro, en este sentido, es un muestrario de erudici&oacute;n hist&oacute;rica y de rigor metodol&oacute;gico</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, en esta docena de ensayos Javier Garciadiego relata y explica historias, y lo hace con tal maestr&iacute;a que esas historias y las maneras de contarlas desde hace tiempo se han convertido en referencia obligada para todo interesado en saber y en investigar los sucesos y los procesos de la revoluci&oacute;n de 1910.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Marc Bloch, <i>Introducci&oacute;n a la historia,</i> M&eacute;xico, FCE, 1957, p. 110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2510292&pid=S0185-1659201200030001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Jorge Luis Borges, "La biograf&iacute;a de Tadeo Isidoro Cruz (1829&#45;1874)", en <i>Obras Completas,</i> Buenos Aires, Emec&eacute;, 1989, vol. 1, p. 562.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2510294&pid=S0185-1659201200030001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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