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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Angela Ndalianis</b>. <i><b>Neo&#45;Baroque Aesthetics and Contemporary Entertainment</b></i></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Peter Krieger</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Cambridge, Massachusetts, MIT Press, 2005</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las prometedoras innovaciones conceptuales de nuestra disciplina consiste en la investigaci&oacute;n sobre el "neobarroco" como principio transcultural y transhist&oacute;rico que reformula los efectos visuales y ac&uacute;sticos del arte barroco para los fines de la actual sociedad del espect&aacute;culo (electr&oacute;nico). Para entender c&oacute;mo aquel principio afecta la constituci&oacute;n mental colectiva &#151;y con ello determina gustos, <i>habitus</i> sociales y hasta posiciones pol&iacute;ticas&#151;, contamos con una publicaci&oacute;n bien elaborada: el libro de la profesora australiana Angela Ndalianis sobre la est&eacute;tica neobarroca y el entretenimiento contempor&aacute;neo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora basa su indagaci&oacute;n del tema en una extensa aclaraci&oacute;n terminol&oacute;gica del <i>barroco,</i> palabra cuyo sentido expresa lo extravagante (en italiano) o describe la forma irregular de una perla (en portugu&eacute;s), ambas caracter&iacute;sticas negativas para los contempor&aacute;neos del siglo xix; en 1888, Heinrich W&otilde;lfflin rehabilita el barroco como estilo, e incluso en su magna obra sobre los conceptos fundamentales de la historia del arte, de 1915, abre paso a la comprensi&oacute;n transhist&oacute;rica de ese concepto. No obstante, en las expresiones de la vida cotidiana, como tambi&eacute;n en la est&eacute;tica del cine, el barroco tiene una connotaci&oacute;n negativa: de opulencia, exageraci&oacute;n y transgresi&oacute;n de reglas. Hasta cierto grado, la cultura (e ideolog&iacute;a) posmoderna de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta proporciona un entendimiento positivo del barroco &#151;tal vez primero en la literatura latinoamericana e hispana, donde, como lo demuestra el caso de Alejo Carpentier, el barroco puede aparecer como forma revolucionaria. Cabe mencionar un aspecto ausente en el discurso de la autora: el fil&oacute;sofo Bol&iacute;var Echeverr&iacute;a entend&iacute;a el barroco latinoamericano como medio de modernidad; v&eacute;ase al respecto el texto de Walter Moser.<sup><a href="#nota">1</a></sup> De cualquier modo, el culto posmoderno a la opulencia e irracionalidad fomenta aquella revaloraci&oacute;n del barroco en sus metamorfosis contempor&aacute;neas. Una de ellas es el cine, donde se crea un v&eacute;rtigo visual que cuestiona la realidad y causa la inestabilidad neuronal del observador &#151;similar a la percepci&oacute;n de una pintura barroca de cielo raso, de Pietro de Cortona o de Andrea Pozzo. He aqu&iacute; donde la autora encuentra el origen de los nuevos medios de ilusi&oacute;n, que generan un sistema cultural tecnologizado.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante comprobar que las coincidencias transhist&oacute;ricas de los principios de ilusi&oacute;n visual entre los siglos XVII y XXI &#151;por ejemplo, entre la din&aacute;mica de la forma barroca y el juego espacial&#45;ilusorio del arte cinematogr&aacute;fico neobarroco&#151; se basan en tecnolog&iacute;as completamente diferentes. Y la menci&oacute;n de este aspecto, de una historia del arte como historia de los medios, protege a la autora de cortocircuitos interpretativos emitidos en otras revisiones del neobarroco por Omar Calabrese o Giorgio Agamben. Lo que s&iacute; puede hacerse es comparar paralelamente las &eacute;pocas de transici&oacute;n e inestabilidad: el siglo XVII (con el inicio de la decadencia del imperio espa&ntilde;ol) por ejemplo y el siglo XXI (con la disoluci&oacute;n del poder hegem&oacute;nico de los Estados Unidos). Esa inestabilidad ontol&oacute;gica (que diagnostic&oacute; Walter Moser en sus estudios sobre el neobarroco) genera una plusval&iacute;a de creatividad art&iacute;stica, en formas atrevidas y experimentales: un caos como orden diferente. Y, como explica la autora a lo largo de las p&aacute;ginas, esa est&eacute;tica neobarroca se basa en los principios de la serialidad y el policentrismo, aspectos tratados en el primer cap&iacute;tulo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las formaciones narrativas y espaciales generadas en la cultura barroca, como la reproducci&oacute;n de patrones visuales y una repetici&oacute;n con variaciones, las analiz&oacute; Jos&eacute; Antonio Maravall en su obra &#151;can&oacute;nica por muchos a&ntilde;os&#151; <i>La cultura del barroco</i> como est&eacute;tica de la temprana sociedad urbana de masas, que requiere la diversi&oacute;n estandarizada como instrumento de control pol&iacute;tico. Por medio de su traducci&oacute;n al ingl&eacute;s, la autora tuvo acceso a ese libro de Maravall, y lo cita en muchas partes del primer cap&iacute;tulo. No obstante, no revis&oacute; el "anti&#45;Maravall", publicado 27 a&ntilde;os despu&eacute;s por Fernando Rodr&iacute;guez de la Flor, el libro <i>Barroco. Representaci&oacute;n e ideolog&iacute;a en el mundo hisp&aacute;nico,</i> que todav&iacute;a no est&aacute; disponible para los lectores anglohablantes &#151;d&eacute;ficit caracter&iacute;stico de las humanidades en la actualidad, cuya diversidad de pensamientos se reduce al espectro de las publicaciones en ingl&eacute;s. Entre los historiadores del arte hay una erosi&oacute;n considerable de la capacidad de comunicarse fuera de la <i>lingua franca</i> de la globalizaci&oacute;n &#151;esa omisi&oacute;n de la autora es entendible pero lamentable, porque De la Flor cuestiona el car&aacute;cter autoritario del barroco y lo perfila como est&eacute;tica de la melancol&iacute;a y la decadencia, dimensi&oacute;n ausente en el libro de Maravall. Aunque la tesis que desarrolla De la Flor tambi&eacute;n es cuestionable &#151;porque limita el car&aacute;cter polifac&eacute;tico del barroco a una sola lectura, inspirada en la teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica y en el manifiesto neomarxista de Guy Debord sobre <i>La sociedad del espect&aacute;culo&#151;,</i> hubiera aumentado la complejidad de la interpretaci&oacute;n del fen&oacute;meno neobarroco propuesto por Ndalianis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la cultura contempor&aacute;nea, dominada por los m&uacute;ltiples dispositivos electr&oacute;nicos, el principio de la producci&oacute;n en serie despliega un amplio espectro de posibilidades que reinterpretan el tema barroco de la copia, desde la reproducci&oacute;n de DVD, los videojuegos y los c&oacute;mics hasta los parques tem&aacute;ticos con su oferta virtual. Adem&aacute;s, crecen formas h&iacute;bridas, <i>media crossovers,</i> comparables con el efecto sinest&eacute;tico de una escenificaci&oacute;n lit&uacute;rgica barroca, con m&uacute;sica, literatura e imagen sagradas en una iglesia romana o madrile&ntilde;a del siglo XVII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Basada en Maravall, la autora ve esas estrategias sinest&eacute;ticas como instrumentos de poder, aunque no se atreve a precisar que gran parte de la producci&oacute;n cultural masiva de Hollywood o de empresas como Disney Corporation o Sony, entre otras, sirve &#151;desde mi punto de vista&#151; como instrumento de control mental colectivo en una sociedad totalitaria de consumistas, protot&iacute;picamente presente en los Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, la autora introduce, en ese primer cap&iacute;tulo conceptual del libro, el asunto del policentrismo del neobarroco, par&aacute;metro que cuestiona la unificaci&oacute;n autoritaria de una forma y que, al contrario, abre al espectador espacios de recepci&oacute;n an&aacute;rquica. Formas fragmentadas de la organizaci&oacute;n narrativa y espacial, como por ejemplo en la producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica actual, se recomponen y reconfiguran en entidades polic&eacute;ntricas. De esta manera, en el sistema neobarroco el fragmento puede alcanzar una totalidad, y esa totalidad es virtualmente un fragmento de un contexto m&aacute;s amplio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo cap&iacute;tulo del libro, la autora revisa la intertextualidad y el <i>topos</i> del laberinto como caracter&iacute;sticas del neobarroco. Basada en la lectura del <i>Pliegue</i> de Gilles Deleuze, una interpretaci&oacute;n (fraseol&oacute;gica) del barroco inspirado por Leibniz, la autora compara el efecto complejo, hasta contradictorio, de la <i>Glorificaci&oacute;n delpapado de Urbano VIII</i>(16331639) de Pietro da Cortona con las trampas visuales de un juego de c&oacute;mputo actual. En ambos casos detecta una l&oacute;gica propia, laber&iacute;ntica, la cual agobia la capacidad neuronal de muchos receptores, que al mismo tiempo ofrece un sentido particular, seg&uacute;n sus gustos y potenciales &#151;en todos los casos, el acto de percepci&oacute;n de formas (neo)barrocas capacita en la lectura de im&aacute;genes. Incluso en el exceso est&eacute;tico se descubren referencias que otorgan sentido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La condici&oacute;n esencial para la percepci&oacute;n y conceptualizaci&oacute;n de las im&aacute;genes (neo)barrocas es la calidad del espacio, tema del tercer cap&iacute;tulo. Entre el espacio exterior, explorado por los cient&iacute;ficos barrocos, y el ciberespacio, atravesado por los <i>nerds</i> neobarrocos, se expande una cartograf&iacute;a mental que altera los modos de comprender el propio mundo. Navegando m&aacute;s all&aacute; de la lectura lineal de un texto, se descubre un laberinto multidireccional lleno de potencial narrativo alternativo: redes con opciones m&uacute;ltiples de comprensi&oacute;n, que cuestionan cualquier monopolizaci&oacute;n del conocimiento o de la fe. He aqu&iacute; una de las sacudidas productivas del barroco y del neobarroco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, no s&oacute;lo existe tal anarqu&iacute;a l&uacute;dica en los espacios (neo)barrocos, sino tambi&eacute;n actos de colonizaci&oacute;n. Comparable con la funci&oacute;n de la cartograf&iacute;a en el siglo XVII como instrumento de conquista y control territorial, las cartograf&iacute;as virtuales de los videojuegos en las computadoras determinan y colonizan los espacios subjetivos de la percepci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n &#151;en una palabra (no expresamente dicha por la autora): libertad y represi&oacute;n est&aacute;n ligadas en el principio espacial del (neo)barroco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto cap&iacute;tulo revisa c&oacute;mo los artistas y los cient&iacute;ficos configuran el espect&aacute;culo ilusionista como est&eacute;tica barroca espec&iacute;fica. Los efectos especiales son material esencial para las "arquitecturas de los sentidos", desde el <i>trompe l'oeil</i> en la pintura barroca hasta el arte cinematogr&aacute;fico de la ciencia ficci&oacute;n. En ambos casos, la virtuosidad visual se basa en progresos tecnol&oacute;gicos, como las investigaciones &oacute;pticas en el siglo XVII y el avance acelerado en los programas de c&oacute;mputo con los cuales se perfecciona la ilusi&oacute;n visual (en gran parte desarrollado y comercializado por los talleres Pixar y Dreamworks). Adem&aacute;s, en ambas fases de la historia cultural la disoluci&oacute;n l&uacute;dica de las fronteras entre realidad e ilusi&oacute;n es un ente constitucional (hubiera sido interesante incluir la noci&oacute;n constructivista, en la que la "realidad" tambi&eacute;n es una construcci&oacute;n virtual, subjetiva, pero la autora desconoce esa corriente del pensamiento, representada, por ejemplo, por Heinz von Foerster).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Basada en las investigaciones innovadoras de Horst Bredekamp y (a pesar de sus d&eacute;ficits l&oacute;gicos) de Barbara Maria Stafford, la autora cita en ese cap&iacute;tulo central del libro casos caracter&iacute;sticos para comprobar sus hip&oacute;tesis: desde la pintura ignaciana de Andrea Pozzo &#151;un "asalto sensorial"&#151; o las m&aacute;quinas de ilusi&oacute;n de Atanasio Kircher, hasta las pel&iacute;culas <i>Jurassic Park</i> de Steven Spielberg o el nuevo "teatro barroco del mundo" con <i>Star Wars,</i> concebido por George Lucas. En todos esos y otros casos citados, las artes visuales (neo) barrocas abren hipermundos infinitos, hacen ver lo invisible &#151;efecto clave para la ficci&oacute;n religiosa impuesta por los jesuitas en la Contrarreforma&#151; y celebran el colapso del marco representacional. En el teatro (neo)barroco se desencadenan el movimiento y el v&eacute;rtigo, efectos ef&iacute;meros que generan una "locura de la visi&oacute;n" (Buci&#45;Glucksmann). Sin embargo, esa maquinaria de ilusi&oacute;n funciona gracias a c&aacute;lculos matem&aacute;ticos fr&iacute;os, desde la construcci&oacute;n compleja de la perspectiva hasta la inform&aacute;tica moderna que organiza los pixeles de la imaginaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es una "seducci&oacute;n sensorial" (Jay) que favorece el efecto espectacular en lugar de la estructura narrativa. Y en la era neobarroca, esos efectos no se limitan a lo visual, sino que incluyen est&iacute;mulos tactiles y olf&aacute;ticos: la proyecci&oacute;n de la pel&iacute;cula <i>Terminator</i> <i>2</i> en los Estudios Universal de Orlando y Los &Aacute;ngeles se realiza en 4D, y cuando hay una explosi&oacute;n tiemblan los asientos, el sonido se hace omnipresente por la instalaci&oacute;n circular de bocinas en la sala y, como punto de culminaci&oacute;n, actores vivos intervienen durante la proyecci&oacute;n con sus actuaciones corporales. &Uacute;ltimamente experimentaron tambi&eacute;n con la escenificaci&oacute;n olf&aacute;tica en las salas de cine &#151;es decir, la libertad de percepci&oacute;n en los espacios imaginarios del cerebro se reduce considerablemente al efecto totalizador, al convertirse en una dictadura est&eacute;tica del <i>entertainment.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El quinto y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo se dedica a la trascendencia de esos fen&oacute;menos culturales diagnosticados, bajo la idea de que la tecnolog&iacute;a de la ilusi&oacute;n se convierte en la nueva ciencia neobarroca, donde los efectos especiales alcanzan una dimensi&oacute;n espiritual. En este sentido surgen l&iacute;neas del desarrollo cultural desde la org&aacute;smica representaci&oacute;n de santa Teresa por Bernini (Santa Maria della Vitoria, 1645&#45;1652, obra emblem&aacute;tica del barroco romano) hasta la tensi&oacute;n er&oacute;tica en el ciberespacio de la novela paradigm&aacute;tica <i>Neuromancer</i> de Gibson, ambas basadas en el principio (neobarroco): "The main focus of neobaroque spectacle is the conjuring of the sublime embodied in the vision that is made possible through effects illusions" (p. 218).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de una dispensable explicaci&oacute;n de las dimensiones m&aacute;gicas y monstruosas en el arte de la ilusi&oacute;n desde el siglo XVII, el cap&iacute;tulo cierra con la perspectiva de que el espect&aacute;culo neobarroco ser&aacute; perfeccionado consecuentemente por las tecnolog&iacute;as de la ilusi&oacute;n y la ficcionalizaci&oacute;n &#151;un tema para la historia del arte convertida en ciencia de la imagen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe mencionar que la autora &#151;reconocida profesora e investigadora de la Universidad de Melbourne, Australia, y directora del Departamento de Estudios Cinematogr&aacute;ficos&#151; abri&oacute; un camino interesante para nuestra disciplina, un tema todav&iacute;a poco reconocido, pero de innegable importancia para los estudios de la cultura visual.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1.  <i>Anales del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas,</i> vol. XXXII, n&uacute;m. 97, oto&ntilde;o de 2010, pp. 195&#45;203.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=792888&pid=S0185-1276201200010001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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