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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Faking Ancient Mesoamerica de Nancy L. Kelker y Karen O. Bruhns</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ann cyphers</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Walnut Creek, California, Left Coast Press, 2010</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/aiie/v32n97/a9f1.jpg"></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el libro <i>Faking Ancient Mesoamerica,</i> Nancy L. Kelker y Karen O. Bruhns ofrecen una recopilaci&oacute;n de las falsificaciones de arte prehisp&aacute;nico, las catalogan en clases y estilos y describen la manera en que se fabrican, se comercializan y se colocan en grandes museos. El prop&oacute;sito un tanto ingenuo de las autoras es hacer una llamada a los estudiosos y profesionistas que laboran en museos para que est&eacute;n conscientes del problema de las falsificaciones. La principal virtud del libro es la compilaci&oacute;n de muchos ejemplos de piezas falsas cuya autenticidad ha sido previamente verificada por especialistas en la materia, aunque el cuestionamiento caprichoso que hacen de otras piezas lamentablemente perjudica el estudio del mundo prehisp&aacute;nico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ser&iacute;a un ejercicio formidable identificar todas las falsificaciones, ya que las autoras estiman que alrededor de 40 a 60 por ciento de las piezas que se encuentran albergadas en museos son fraudulentas. Es de esperarse que en sus siguientes investigaciones se atrevan a se&ntilde;alarlas con todos los pormenores de su existencia. Sin embargo, la espera podr&iacute;a ser larga porque en este libro Kelker y Bruhns no se arriesgan a actualizar la informaci&oacute;n sobre los mecanismos y los actores involucrados pese a su aparente familiaridad con el mundo del tr&aacute;fico de piezas arqueol&oacute;gicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra en cuesti&oacute;n se compone de 10 cap&iacute;tulos y un ep&iacute;logo, todos intitulados con frases que, pretendiendo ser c&oacute;micas, caen en la fanfarroner&iacute;a: 1. Las mentiras secretas de las falsedades; 2. La imitaci&oacute;n no es s&oacute;lo un arte moderno; 3. Las nueve vidas de las falsificaciones; 4. Una galer&iacute;a de delincuentes: imitadores, falsificadores y proveedores; 5. Escapando de la hoguera de las vanidades de De Landa; 6. Entre una roca y una dura falsedad; 7. Haza&ntilde;a en arcilla; 8. El lamento de un lapidario; 9. Truco <i>(Skullduggery);</i> 10. Hombres de madera, dioses de oro y cuentos en la pared, y el Ep&iacute;logo: una palabra para los sabios. Estos encabezados poco graciosos advierten al lector que debe prepararse para enfrentar un grado de prepotencia poco visto en nuestros tiempos en las disciplinas de arqueolog&iacute;a e historia del arte. Y tambi&eacute;n debe sospecharse que el volumen no fue redactado por ilustres estudiosas del arte pre&#45;hisp&aacute;nico, lo cual se confirma m&aacute;s adelante al toparse con errores y mensajes tendenciosos en cuanto a los mexicanos y su cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo 1, Kelker y Bruhns proporcionan a los lectores (incluyendo, por supuesto, a los coleccionistas, traficantes y falsificadores) las herramientas para identificar o crear falsificaciones prehisp&aacute;nicas en casi todos los medios imaginables. La informaci&oacute;n sobre los antecedentes de la falsificaci&oacute;n aparece en el cap&iacute;tulo 2, para que no se enga&ntilde;en con piezas cuyo pedigr&iacute; pareciera confiable. Extra&ntilde;a la ausencia de alg&uacute;n comentario sobre la importancia de la procedencia de las obras prehisp&aacute;nicas en vista de que el desconocimiento de su entorno original afecta su valor cient&iacute;fico de manera negativa, convirti&eacute;ndolas en objetos descontextualizados cuyas cualidades pl&aacute;sticas quedan como el &uacute;nico testimonio cultural. En su lugar, ofrecen los pormenores de varios m&eacute;todos de autentificaci&oacute;n, desde t&eacute;cnicas f&iacute;sico&#45;qu&iacute;micas hasta el "ojo del conocedor", todos sujetos a enga&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se preocupan m&aacute;s por presentar noticias viejas sobre la distribuci&oacute;n y el reciclaje de piezas falsas en el cap&iacute;tulo 3, que por destapar a los culpables de todas las &eacute;pocas. No obstante, proporcionan el nombre de algunos coleccionistas, comerciantes del arte y curadores &#151;ya fallecidos&#151; sin ninguna atenci&oacute;n similar a los vivos, quienes gozan de un anonimato c&oacute;modo y seguro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los muy conocidos falsificadores que denuncian en el cap&iacute;tulo 4 tambi&eacute;n en su mayor&iacute;a ya murieron y en vida no tuvieron inconveniente en expresar con claridad su oficio. Sin embargo, es interesante que los fallecidos hermanos Barrio, Luis Bianchi y Wilbert Gonz&aacute;lez, as&iacute; como el actual t&eacute;cnico acad&eacute;mico de la Universidad Veracruzana, Br&iacute;gido Lara, no exportaran sus obras al extranjero. Eso fue fruto de otros, de los intermediarios y de los vendedores. Los verdaderos falsificadores son los compradores y los revendedores que promueven las piezas como aut&eacute;nticas. &iquest;Ser&aacute; por temor que las autoras no mencionan sus nombres? Sorprende la audacia con la cual lanzan insinuaciones tendenciosas, que no utilizan para desenmascarar a los que en la actualidad promueven y mueven el tr&aacute;fico de piezas prehisp&aacute;nicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los cap&iacute;tulos 5, 7, 8, 9 y 10 dan los pormenores de la falsificaci&oacute;n de c&oacute;dices, pintura mural y piezas hechas en arcilla, piedra, metal y madera, sin faltar un tema de inter&eacute;s popular: las calaveras de cristal de roca. Una falsedad espeluznante sale a relucir en el cap&iacute;tulo 8: su afirmaci&oacute;n de que el esgrafiado en la pieza conocida como El Se&ntilde;or de Las Limas fue aplicado durante el siglo XX, en San Antonio, Texas.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Las escritoras ignoran dos art&iacute;culos publicados por Alberto Beltr&aacute;n y Alfonso Medell&iacute;n, respectivamente, en el mismo a&ntilde;o en que se hall&oacute; la pieza, 1965, en los cuales se muestra gr&aacute;ficamente la presencia del esgrafiado.<sup><a href="#nota">2</a></sup> Tambi&eacute;n arrojan acusaciones sobre la autenticidad de la escultura misma, alegando que su hallazgo en medio de una vereda es "sospechoso". Matthew Stirling tambi&eacute;n localiz&oacute; una escultura olmeca en medio de una vereda. &iquest;Desconf&iacute;an tambi&eacute;n de &eacute;l o solamente de los campesinos que han hallado esculturas?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo 6 es de particular inter&eacute;s para la que suscribe porque ah&iacute; las autoras intentan refutar la autenticidad de la pieza olmeca conocida como El Luchador, un tema que he investigado con detalle.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Debido a que su discusi&oacute;n contiene m&uacute;ltiples errores y comentarios tendenciosos, aprovecho esta oportunidad para ponerlos en evidencia, lo cual sirve para ilustrar en detalle la baja calidad de este libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto sobre El Luchador es el segundo intento de Kelker por desacreditar esta pieza, ya que previamente public&oacute; un art&iacute;culo sobre el mismo tema,<sup><a href="#nota">4</a></sup> el cual fue rebatido robustamente en tres art&iacute;culos, uno por Michael D. Coe y Mary Ellen Miller<sup><a href="#nota">5</a></sup> y dos que publiqu&eacute; en coautor&iacute;a con Artemio L&oacute;pez.<sup><a href="#nota">6</a></sup> En <i>Faking Ancient Mesoamerica</i> se repite de nuevo la informaci&oacute;n que public&oacute; Kelker anteriormente con la adici&oacute;n de un toque c&iacute;nico. La escultura El Luchador ha sido motivo de mucha pol&eacute;mica desde su primera exposici&oacute;n p&uacute;blica, ya que algunos especialistas han notado que no encaja perfectamente con sus percepciones del "estilo olmeca" debido al realismo anat&oacute;mico y la postura activa que presenta. No obstante, Matthew Stirling no ten&iacute;a duda alguna sobre la pieza,<sup><a href="#nota">7</a></sup> y Beatriz de la Fuente la incluy&oacute; en su cat&aacute;logo como una escultura olmeca.<sup><a href="#nota">8</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que muchas piezas prehisp&aacute;nicas que fueron halladas fortuitamente, El Luchador tambi&eacute;n cuenta con un pedigr&iacute;, el cual consiste en un art&iacute;culo publicado por Gustavo Corona,<sup><a href="#nota">9</a></sup> el pen&uacute;ltimo due&ntilde;o de El Luchador, quien lo vendi&oacute; al Museo Nacional de Antropolog&iacute;a antes de la inauguraci&oacute;n en 1964 de su actual edificio. El art&iacute;culo de Corona proporciona evidencia de primera mano solamente cuando afirma que adquiri&oacute; la pieza de su amigo Luis Bern&aacute;ldez Garc&iacute;a, habitante de Minatitl&aacute;n, alrededor de 1945. La mayor parte del escrito es la transcripci&oacute;n de un texto de Carlos Godard Buen Abad.<sup><a href="#nota">10</a></sup> Kelker y Bruhns ponen en tela de juicio dicho art&iacute;culo, se burlan de &eacute;l y tergiversan su contenido. Incluso mezclan indiscriminadamente la informaci&oacute;n reportada por otros autores con la de Corona y Godard y, por supuesto, sin citar fuentes. En lugar de intentar esclarecer la autenticidad de la pieza, su revisionismo desorientado s&oacute;lo a&ntilde;ade mayor confusi&oacute;n al asunto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n critican el trabajo que publiqu&eacute; con L&oacute;pez en 2007, primero, alegando que ten&iacute;amos la "necesidad" de publicar nuestro estudio en el "&oacute;rgano oficial" del Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia (INAH), la revista <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> a petici&oacute;n de Felipe Sol&iacute;s, el entonces director de dicha entidad. Esta cadena de errores es alarmante porque ni dicha revista es "&oacute;rgano oficial" del INAH ni Felipe Sol&iacute;s fungi&oacute; nunca como director de &eacute;ste; tampoco se enter&oacute; Sol&iacute;s de nuestra investigaci&oacute;n hasta que se present&oacute; p&uacute;blicamente por primera vez. Adem&aacute;s, de lo que he sabido durante los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os como universitaria, ning&uacute;n acad&eacute;mico de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico hace una "arqueolog&iacute;a oficial" por mandato gubernamental. Es verdaderamente triste y poco profesional que en su af&aacute;n de desprestigiarnos lleguen a difundir patra&ntilde;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dudan de la procedencia de El Luchador en el poblado de Antonio Plaza, la cual fue claramente especificada por Corona y Godard. Su suspicacia logra cumplir dos fines: primero, provocar dudas sobre la procedencia de la escultura, y, segundo, golpear a Michael D. Coe, quien, para su desgracia, en este caso encabeza la lista de autores que ubican err&oacute;neamente la procedencia de El Luchador en Arroyo Sonso.<sup><a href="#nota">11</a></sup> Si en realidad Kelker y Bruhns cuestionaran la reconocida ubicaci&oacute;n del hallazgo, entonces &iquest;por qu&eacute; no consultaron el Archivo T&eacute;cnico del INAH? Ah&iacute; podr&iacute;an ver un plano fechado el 28 de diciembre de 1944 con la ubicaci&oacute;n original de El Luchador en el solar de Miguel Torres en Antonio Plaza, una peque&ntilde;a aldea con 11 edificios dom&eacute;sticos y una escuela. Quiz&aacute; viendo la escala del plano despejar&iacute;an sus dudas sobre el supuesto esfuerzo sobrehumano que hizo Miguel Torres para cargar a lomo "su tesoro" desde el lugar lejano donde Kelker y Bruhns conjeturan que lo encontr&oacute;. Adem&aacute;s, si se hubieran tomado el tiempo para visitar el pueblo, los habitantes seguramente les habr&iacute;an ense&ntilde;ado el lugar exacto del hallazgo de El Luchador, as&iacute; como el de otras esculturas del mismo estilo.<sup><a href="#nota">12</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco Kelker y Bruhns comprenden la l&iacute;nea de tiempo con relaci&oacute;n a El Luchador &#151;me refiero a la secuencia de descubrimiento y traspasos&#151;, por lo que falsean la cronolog&iacute;a, lo cual les produce lagunas temporales que tuvieron a bien rellenar con sus propias invenciones. Por ejemplo, alegan que Corona adquiri&oacute; El Luchador despu&eacute;s de que Luis Bern&aacute;ldez lo guard&oacute; durante 15 a&ntilde;os. <i>Incorrecto.</i> Bern&aacute;ldez lo tuvo menos de un a&ntilde;o y Corona lo adquiri&oacute; menos de un a&ntilde;o despu&eacute;s de que Bern&aacute;ldez lo trasladara a Minatitl&aacute;n a finales de 1944.<sup><a href="#nota">13</a></sup> M&aacute;s adelante, Kelker y Bruhns dicen que Corona, por codicia, <i>inmediatamente</i> lo vendi&oacute; al Museo Nacional de Antropolog&iacute;a. <i>Incorrecto.</i> Como se mencion&oacute; antes, lo mantuvo en su colecci&oacute;n privada durante casi dos d&eacute;cadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La v&iacute;vida imaginaci&oacute;n de Kelker y Bruhns les hace pensar que el tiempo transcurrido entre due&ntilde;o y due&ntilde;o es una "evidencia" de conspiraciones cuya finalidad era aparentar una antig&uuml;edad mayor de El Luchador &#151;suponiendo, por supuesto, que se trata de una falsificaci&oacute;n. Su hallazgo por Torres en 1933 y su posterior adquisici&oacute;n por Jes&uacute;s Cabrera en 1937 les parecen sospechosos, al igual que su resguardo en una choza y luego en un gallinero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las sesudas autoras no pueden concebir que Torres viviera en una peque&ntilde;a aldea somnolienta, sin carretera, luz, agua potable, radio y peri&oacute;dicos, y que no se diera cuenta de los hallazgos arqueol&oacute;gicos tan espectaculares que se realizaban en el resto del pa&iacute;s en ese tiempo. Pero, seg&uacute;n la bola de cristal de Kelker y Bruhns, Torres sab&iacute;a de ellos y le despertaron una gran avaricia, y por eso guard&oacute; la escultura falsa en malas condiciones para envejecerla artificialmente, incrementando as&iacute; su valor mercantil. Es absurda la idea de que un pobre campesino haya podido conseguir una escultura reci&eacute;n fabricada (&iquest;d&oacute;nde?) y luego que haya planeado su a&ntilde;ejamiento con fines de lucro. Para el campesino hab&iacute;a asuntos de mayor envergadura que El Luchador: al igual que el resto de los habitantes del sur de Veracruz, Torres estaba inmerso en el largo y dif&iacute;cil proceso de reparto de tierras posrevolucionario de la d&eacute;cada de 1930, que produjo serios conflictos en torno a la distribuci&oacute;n de parcelas. Fue tal lucha la que dio fin violento a su vida en 1937, dejando a su viuda y a sus hijos sin tierras y sin sustento alguno. Por ello, la viuda vendi&oacute; El Luchador a Jes&uacute;s Cabrera por la suma de cinco pesos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego Kelker y Bruhns siguen conjeturando que el siguiente poseedor de la pieza, Jes&uacute;s Cabrera, deliberadamente encerr&oacute; El Luchador en un gallinero para que se llenara de materia fecal y suciedad, con el fin de hacerlo parecer todav&iacute;a m&aacute;s antiguo. Las sabias autoras confunden un criadero con un nido de gallinas, ambos llamados "gallineros". &iquest;Acaso nunca han estado en una casa humilde de pueblo donde la gente y sus valiosas gallinas ocupan el mismo hogar? La viuda de Cabrera record&oacute; que la escultura se conservaba en su casa, su hogar, y sobre la figura anidaban las gallinas.<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En seguida Kelker y Bruhns tienen en la mira a Gustavo Corona con sus siguientes acusaciones. Alegan que Luis Bern&aacute;ldez, quien recibi&oacute; la escultura de manos de Jes&uacute;s Cabrera, la conserv&oacute; durante 15 a&ntilde;os. <i>Incorrecto.</i> Bern&aacute;ldez la llev&oacute; a Minatitl&aacute;n en diciembre de 1944; luego &eacute;l y Carlos Godard enviaron la informaci&oacute;n de la pieza a Corona a principios de 1945, mismo a&ntilde;o en que cambi&oacute; de manos nuevamente, finalizando en la casa de Corona en la ciudad de M&eacute;xico.<sup><a href="#nota">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al terminar con su cr&iacute;tica a los art&iacute;culos de Corona y de Cyphers y L&oacute;pez, Kelker y Bruhns prosiguen atacando a Coe y Miller.<sup><a href="#nota">16</a></sup> Luego inician un discurso sumamente entretenido: una consideraci&oacute;n del "estilo" de El Luchador, bas&aacute;ndose en su propio y singular concepto del "estilo olmeca". Los olmequistas se van a sorprender con la menuda lista de elementos que, seg&uacute;n Kelker y Bruhns, definen el "estilo olmeca": cuerpos gruesos o corpulentos, torsos cortos, piernas y brazos cil&iacute;ndricos, cinturones anchos, cascos, orejeras, presentaci&oacute;n frontal, poses est&aacute;ticas, la com&uacute;n representaci&oacute;n de adultos de edad indeterminada y la proporci&oacute;n 1:3 (cabeza:cuerpo). Ya que nos iluminaron con una definici&oacute;n tan sencilla y directa del "estilo olmeca" que generaciones de olmequistas no han podido captar, la aplican en su an&aacute;lisis de El Luchador, el cual curiosamente no concuerda con sus conceptos simplones.<sup><a href="#nota">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En busca de una justificaci&oacute;n cient&iacute;fica para rechazar la autenticidad de la escultura, se aferran valientemente al comentario de Howell Williams y Robert F. Heizer<sup><a href="#nota">18</a></sup> con que observan que la roca de la cual se elabor&oacute; El Luchador parece ser diferente a la de otros monumentos olmecas. Tan desesperadas est&aacute;n Kelker y Bruhns por fincar su opini&oacute;n sobre una plataforma cient&iacute;fica, que no pueden o no quieren reconocer o entender que la inspecci&oacute;n de El Luchador que realiz&oacute; Williams fue <i>macrosc&oacute;pica,</i> mientras que su estudio de otros monumentos parti&oacute; de un an&aacute;lisis microsc&oacute;pico de tipo petrogr&aacute;fico. Y por mala suerte, sus apuntes sobre la inspecci&oacute;n visual se perdieron, por lo que su observaci&oacute;n es nada m&aacute;s un recuerdo de uno de tantos monumentos que examin&oacute;. No hay ojo humano que pueda identificar confiablemente todas las peque&ntilde;&iacute;simas part&iacute;culas minerales en una roca de grano mediano, as&iacute; que, pese a la gran experiencia de Williams como vulcan&oacute;logo, su examen visual no debe considerarse definitivo sin el apoyo de un estudio microsc&oacute;pico o, en su defecto, uno de tipo f&iacute;sicoqu&iacute;mico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los desprecios y los chismes de Kelker y Bruhns no prueban que El Luchador sea una falsificaci&oacute;n y mucho menos sirve su valoraci&oacute;n "estil&iacute;stica". Es probable que nunca se sepa a ciencia cierta si la pieza es aut&eacute;ntica o falsa, pero la informaci&oacute;n actual hace que la balanza se cargue a favor de la legitimidad de la pieza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un serio problema en este libro es la aparente falta de comprensi&oacute;n adecuada del espa&ntilde;ol y de la cultura mexicana. Kelker y Bruhns no entienden cuestiones b&aacute;sicas ni siquiera el uso de los dos apellidos. Hacen referencia al se&ntilde;or Bern&aacute;ldez Garc&iacute;a simplemente como "Garc&iacute;a". Tambi&eacute;n le achacan a Corona motivaciones ulteriores por su uso del t&eacute;rmino "&iacute;dolo", ya que para ellas es una muestra de su intenci&oacute;n premeditada de otorgarle un "estado primitivo" a la escultura como parte de su plan maquiav&eacute;lico de promover una estatua falsa y venderla como una obra maestra olmeca. &iquest;Acaso no recuerdan que Hermann Beyer, Alfredo Chavero y Marshall Saville utilizaron el t&eacute;rmino "&iacute;dolo" en sus respectivos estudios? &iquest;Acaso eran falsificadores? &iquest;Permitir&aacute; una visita al campo mexicano iluminarlas un poco al escuchar que los campesinos hacen referencias a las obras prehisp&aacute;nicas como "&iacute;dolos", "mu&ntilde;ecos", "indios" o simplemente "piedras"? De manera experta, las autoras combinan una pobre comprensi&oacute;n del espa&ntilde;ol con un casi nulo entendimiento de la cultura que supuestamente estudian en todas sus facetas y &eacute;pocas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el ep&iacute;logo se&ntilde;alan correctamente que el eje del problema del saqueo y la falsificaci&oacute;n descansa en el coleccionista, un consumidor adinerado cuyas preferencias alientan las actividades il&iacute;citas. Protestan por los costos y el trabajo involucrados en la exposici&oacute;n p&uacute;blica de piezas falsas, las cuales contaminan la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Al parecer, los prop&oacute;sitos originales que motivaron la elaboraci&oacute;n de este libro son nobles; no obstante, la falta de rigor anula en gran parte las buenas intenciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, <i>Faking Ancient Mesoamerica</i> contiene rumores, medias verdades y afirmaciones sin fundamento que las autoras han recolectado principalmente de informantes no identificados, falsificadores que protegen con seud&oacute;nimos, saqueadores, coleccionistas felices en el anonimato y, afortunadamente, una que otra fuente fidedigna. Se eval&uacute;an muchos objetos con base en chismes o, en el "mejor" de los casos, en la opini&oacute;n te&oacute;ricamente experta de las autoras que se sazona profusamente con sus juicios y prejuicios. Lo anterior no quiere decir que el tema de la falsificaci&oacute;n no sea importante. Lo es, y adem&aacute;s urge su consideraci&oacute;n y difusi&oacute;n por expertos de alto nivel cuya reputaci&oacute;n intachable pueda resistir los embates que no faltar&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Nancy L. Kelker y Karen O. Bruhns, <i>Faking Ancient Mesoamerica,</i> Walnut Creek, California, Left Coast Press, 2010, pp. 182&#45;183.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787983&pid=S0185-1276201000020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Alberto Beltr&aacute;n, "Reporte gr&aacute;fico del hallazgo de 'Las Limas'", <i>Bolet&iacute;n del INAH,</i> vol. 21, 1965, pp. 9&#45;16;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787985&pid=S0185-1276201000020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Alfonso Medell&iacute;n, "La escultura de Las Limas", <i>Bolet&iacute;n del INAH,</i> vol. 21, 1965, pp. 5&#45;8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787986&pid=S0185-1276201000020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Kelker y Bruhns, <i>op. cit.,</i> pp. 119&#45;128.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Nancy L. Kelker, "Olmec Wrestler Revisited", <i>Minerva. The International Review of Ancient Art and Archaeology,</i> vol. 14, n&uacute;m. 5, 2004, pp. 30&#45;31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787989&pid=S0185-1276201000020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Michael D. Coe y Mary E. Miller, "The Olmec Wrestler: A Masterpiece of the Ancient Gulf Coast", <i>Minerva. The International Review of Ancient Art and Archaeology,</i> vol. 16, n&uacute;m. 1, 2005, pp. 18&#45;19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787991&pid=S0185-1276201000020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Ann Cyphers y Artemio L&oacute;pez Cisneros, "El Luchador: historia antigua y reciente", <i>Arqueolog&iacute;a Mexicana,</i> vol. XV, n&uacute;m. 88, 2007, pp. 66&#45;70;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787993&pid=S0185-1276201000020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> "La historia de El Luchador", en Mar&iacute;a Teresa Uriarte y Rebecca Gonz&aacute;lez Lauck (eds.), <i>Olmeca: balance y perspectivas. Memoria de la Primera Mesa Redonda,</i> M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Fundaci&oacute;n Arqueol&oacute;gica del Nuevo Mundo, 2008, t. II, pp. 411&#45;423.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787994&pid=S0185-1276201000020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Matthew Stirling, "Notes and News", <i>American Antiquity,</i> vol. 11, n&uacute;m. 2, 1945, p. 137.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787996&pid=S0185-1276201000020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Beatriz de la Fuente, <i>El arte olmeca. Escultura monumental olmeca. Cat&aacute;logo,</i> M&eacute;xico, El Colegio Nacional (Obras), t. IV, 2006, pp. 154&#45;156.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787998&pid=S0185-1276201000020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Gustavo Corona, "El Luchador Olmeca", <i>Bolet&iacute;n del INAH,</i> vol. 10, 1962, pp. 12&#45;13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788000&pid=S0185-1276201000020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> V&eacute;anse Cyphers y L&oacute;pez, "El Luchador...", <i>op. cit.,</i> p. 59, y "La historia...", <i>op. cit.,</i> p. 416, para mayor informaci&oacute;n.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Michael D. Coe <i>et al, Atlas of Ancient America,</i> Nueva York, Equinox Books, 1986, p. 95.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788003&pid=S0185-1276201000020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> V&eacute;ase Cyphers y L&oacute;pez, "La historia...", <i>op. cit,</i> para mayor informaci&oacute;n sobre las piezas adicionales encontradas en Antonio Plaza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Cyphers y L&oacute;pez, "El Luchador...", <i>op. cit,</i> p. 59; "La historia...", <i>op. cit,</i> p. 417.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Cyphers y L&oacute;pez, "El Luchador...", <i>op. cit.,</i> p. 59; "La historia...", <i>op. cit,</i> p. 416.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> <i>Ibidem,</i> p. 70; <i>ibidem,</i> p. 418.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Coe y Miller, <i>op. cit.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Hay numerosas incongruencias entre lo que afirman Kelker y Bruhns y la informaci&oacute;n actualizada de los olmecas. Dicen que la escultura olmeca no muestra detalles anat&oacute;micos y tampoco las figuras presentan poses activas o con movimiento. <i>Incorrecto.</i> No son la mayor&iacute;a, pero hay esculturas que claramente los muestran, entre las cuales figuran, por ejemplo, las siguientes: los Monumentos 34, 77 y 112 de San Lorenzo, los Monumentos 3 y 11 de Loma del Zapote, el Monumento 11 de La Venta y los Monumentos 3 y 5 de Laguna de los Cerros. Las cuatro peque&ntilde;as esculturas encontradas en Antonio Plaza casi medio siglo despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de El Luchador tambi&eacute;n muestran musculatura y movimiento. Hay que mencionar que Kelker y Bruhns alegan que el taparrabo que usa El Luchador nunca ha sido representado en el arte olmeca, por lo que es claro que jam&aacute;s han revisado el Monumento 112 de San Lorenzo ni muchas peque&ntilde;as figuras que tambi&eacute;n lo portan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la proporci&oacute;n 1:3 que supuestamente caracteriza el arte olmeca seg&uacute;n la definici&oacute;n de Kelker y Bruhns, cabe destacar que se <i>equivocan</i> nuevamente. Las figuras plasmadas en los siguientes monumentos p&eacute;treos tienen una proporci&oacute;n de 1:5: los Monumentos SL&#45;14, SL&#45;107 y SL&#45;112 de San Lorenzo; los Monumentos LZ&#45;8 y LZ&#45;9 de Loma del Zapote; el Pr&iacute;ncipe de Cruz del Milagro; el Monumento 77 de La Venta, y otros m&aacute;s.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Howell Williams y Robert F. Heizer, "Sources of Stone Used in Prehistoric Mesoamerican Sites", <i>Contributions of the University of California Archaeological Research Facility,</i> vol. 1, 1965, p. 23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788012&pid=S0185-1276201000020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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