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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Jos&eacute; Ju&aacute;rez, recursos y discursos del arte de pintar,</i> Nelly Sigaut, coordinadora</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Jaime Cuadriello</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Museo Nacional de Arte, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, 2002, 558 pp., ilustraciones, mapas, dibujos, planos.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ha sido una experiencia estimulante leer la introducci&oacute;n, el ensayo principal y las fichas del cat&aacute;logo libro de la doctora Nelly Sigaut Valenzuela: <i>Jos&eacute; Ju&aacute;rez, los recursos y discursos del arte de pintar,</i> que editaron conjuntamente el Museo Nacional de Arte, el Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas de la UNAM y El Colegio de Michoac&aacute;n, en un esfuerzo por hacer que hoy d&iacute;a todo aquello que se experimenta en el claustro acad&eacute;mico trascienda a las salas de exhibici&oacute;n muse&iacute;sticas y al p&uacute;blico en general.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vale la pena analizar el objeto por sus atractivos componentes formales. Es, como hemos dicho, un libro cat&aacute;logo. Es decir, acompa&ntilde;a el recorrido y conceptualizaci&oacute;n de una muestra monogr&aacute;fica y aporta en un largo ensayo una nueva lectura de la figura de este artista y de sus temas. Brinda al lector un cat&aacute;logo de obra, circunscrito a 27 pinturas, m&aacute;s una decena de casos hoy extraviados, que se presenta acompa&ntilde;ado de todas las im&aacute;genes complementarias (pinturas, grabados y dibujos). Todos estos elementos ayudan a comprender las "ecl&eacute;cticas" elaboraciones pict&oacute;ricas e iconogr&aacute;ficas del artista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro tiene un formato de caja mayor al de oficio, lo cual permite la conveniente reproducci&oacute;n de los cuadros. En raz&oacute;n de que muchos de ellos son monumentales y est&aacute;n saturados de figuras, tienen que mirarse a plana entera, y hubiera sido necesario que algunos se mostraran a doble pliego. El lector agradece sobre todo los detalles en <i>close up</i> que enfatizan la gestualidad de los rostros o la riqueza de las texturas. La tipograf&iacute;a abierta es impecable y el dise&ntilde;o y la colocaci&oacute;n de las l&aacute;minas es muy respetuosa y acorde con las ideas que va eslabonando la autora. Hay que agradecer doblemente a la dise&ntilde;adora M&oacute;nica Zacar&iacute;as la ausencia de estridencias y protagonismos en cada p&aacute;gina, com&uacute;n en otros muchos dise&ntilde;adores (para m&iacute; falsamente innovadores), y el austero respeto y pulcritud (el necesario espacio neutro) para que la obra del artista luzca con todo vigor. Aunque s&iacute; hay que lamentar que el prestigio de la casa Landucci para la impresi&oacute;n y la selecci&oacute;n de color haya dejado mucho qu&eacute; desear. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? &iquest;De qu&eacute; sirvi&oacute; llevarlo a imprimir a la meca italiana del libro de arte como es Mil&aacute;n?, si a fin de cuentas esta casa editora nos entreg&oacute; una decena de ilustraciones que desvanecen todo el cromatismo y luminosidad de la obra de Ju&aacute;rez. Como producto del esfuerzo colectivo, que tantos desvelos supone a los escritores, correctores, fot&oacute;grafos, gestores y dise&ntilde;adores, es imperdonable que en el proceso mec&aacute;nico final no haya habido una supervisi&oacute;n realmente profesional. M&aacute;s a&uacute;n cuando se trataba de una casa contratista de reconocido prestigio. No dudo que el agraviado artista tendr&aacute; que levantarse de su tumba e increpar seriamente a sus traductores&#45;traidores por esta negligente "interpretaci&oacute;n" de su paleta original.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun as&iacute; es del todo loable que un libro sobre la trayectoria formal de un autor nos muestre, en l&aacute;minas a color y con espacios generosos, todo su cat&aacute;logo hasta hoy conocido, ya que su prestigio como creador va de por medio y la historia, finalmente, le otorga un voto de justicia que le restituye ante la desmemoria y la destrucci&oacute;n. El papel del Munal no s&oacute;lo ha sido cumplir la tarea andada revisionista sobre los temas y problemas de la historia del arte mexicano, mediante sus exposiciones tem&aacute;ticas, sino tambi&eacute;n encarar las buenas muestras monogr&aacute;ficas que revisiten la trayectoria personal de nuestros artistas. En especial los que resultan clave para explicar los derroteros estil&iacute;sticos de la pintura: si hace cinco a&ntilde;os la deslumbrante muestra de Crist&oacute;bal de Villalpando que ofreci&oacute; Fomento Cultural Banamex estableci&oacute; un paradigma de rescate y resignificaci&oacute;n, &eacute;sta de su predecesor Ju&aacute;rez supone un paso m&aacute;s en esa direcci&oacute;n. En este sentido, me felicito de que tanto la exposici&oacute;n como la articulaci&oacute;n del libro cat&aacute;logo se correspondan en su evocaci&oacute;n visual y conceptual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que agregar que esta muestra temporal ha sido un inteligente recorrido por la construcci&oacute;n pl&aacute;stica de cada cuadro y de principio a fin un cuidadoso seguimiento estil&iacute;stico del desconcertante y contrastado pincel de Ju&aacute;rez. Pincel que ahora se nos revela como el del artista realista y barroco que ya imagin&aacute;bamos, pero tambi&eacute;n como el de alguien que se sit&uacute;a en una escala sumamente diversa: tan ecl&eacute;ctico como receptivo a las modalidades de los centros europeos. El hombre bien aguanta, con las peculiaridades o limitaciones de por medio, su intenso di&aacute;logo "ret&oacute;rico" con Rubens, Murillo y Zurbar&aacute;n. Hay cuadros ya conocidos y otras novedades que miramos por primera vez, en su colorido casi original; y ciertamente hay otros, los menos, que, como toda dinast&iacute;a, resultan esclavos del mercado. Aun as&iacute;, pese a sus registros tan contrastados, este artista resurge como el pintor clave que se columbraba: de excelencia para la Nueva Espa&ntilde;a y toda Am&eacute;rica y anclado en una "tradici&oacute;n local" que dialoga con los recursos y discursos que encuentra a su mano. La del Munal ha sido sin duda una exposici&oacute;n armada con preguntas atinadas que han meditado detenidamente en el origen compositivo de cada cuadro, que han sido resueltas profesional&#45;mente como producto de exhibici&oacute;n, y que se coloca a la altura de cualesquiera en el mundo en su g&eacute;nero (hablo del proyecto museo&#45;l&oacute;gico como propuesta de lectura); por lo tanto, marca un precedente para toda muestra monogr&aacute;fica que se haga sobre un artista mexicano, no obstante la desigualdad cualitativa de su producci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, &iquest;de d&oacute;nde saca Ju&aacute;rez el rostro oval de sus v&iacute;rgenes adolescentes y luminosas?, &iquest;c&oacute;mo construye la figura heroica de su san Alexo merced a los contrapostos y al retrato igualmente heroico de reyes y santos?, &iquest;c&oacute;mo resuelve finalmente cuadros tan complejos y monumentales como la serie franciscana de historia, no s&oacute;lo al trav&eacute;s de pr&eacute;stamos prestigiosos sino de un realismo discursivo que se apega a la ret&oacute;rica de la conmoci&oacute;n y la persuasi&oacute;n?, &iquest;c&oacute;mo articula y sistematiza las nuevas devociones y echa a andar la imagen parlante piadosa?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasemos al contenido del libro y su significaci&oacute;n. El largo cap&iacute;tulo introductorio dirime cu&aacute;l ha sido el estatuto eclesi&aacute;stico de la imagen sagrada y su funci&oacute;n eminentemente doctrinaria, sobre todo luego del Concilio de Trento. All&iacute; se discute con toda pertinencia el car&aacute;cter "dirigista" de la imagen y el control sobre su producci&oacute;n y distribuci&oacute;n. Pero se lee tambi&eacute;n una apostilla m&aacute;s importante: no s&oacute;lo como un fen&oacute;meno de respuesta a la Reforma, sino como un proceso interno de <i>renovatio</i> espiritual de la propia Iglesia hisp&aacute;nica. Habr&aacute; que distinguir en el futuro c&oacute;mo opera una imagen de culto o devoci&oacute;n de las puramente propagand&iacute;sticas, ya que sus funciones, unas para&#45;lit&uacute;rgicas y las otras doctrinarias, son esencialmente distintas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es tambi&eacute;n un texto saturado de ebulliciones especulativas y luminosas sobre el arte de pintar en la median&iacute;a del siglo XVII novo&#45;hispano, que dirimen destacadamente un problema de identidad formal. Sin duda se trata de un trabajo producto de la profunda madurez de un historiador del arte (fue en principio una tesis de doctorado), que defiende desde hace muchos a&ntilde;os la validez del buen an&aacute;lisis formal y la necesidad de construir los peculiares paradigmas de comprensi&oacute;n estil&iacute;stica y cultural para la pintura de la Nueva Espa&ntilde;a, merced a sus grandes figuras y dinast&iacute;as gremiales. Por ello, creo, tendr&aacute; a corto plazo un impacto renovador en la historiograf&iacute;a de nuestro medio, ya que introduce a la discusi&oacute;n nuevas categor&iacute;as visuales y culturalistas de estudio, para comprender una tradici&oacute;n local de representaci&oacute;n; y en donde, precisamente, el pintor Jos&eacute; Ju&aacute;rez &#151;muerto prematuramente a los 44 a&ntilde;os&#151; lleg&oacute; a ser la figura paradigm&aacute;tica del arte de su tiempo y el pincel m&aacute;s dotado y ambicioso, por sus recursos y discursos, de cuantos le rodeaban. La autora no s&oacute;lo precisa los problemas de registro formal (de composici&oacute;n, paleta y tratamiento lum&iacute;nico) a que se ve&iacute;a sometido un pintor "ecl&eacute;ctico", inserto en la periferia respecto a las escuelas europeas, sino que pone de manifiesto los complejos procesos ideol&oacute;gicos que se plasman en el repertorio de sus temas, sus modos de representaci&oacute;n y, sobre todo, su quehacer art&iacute;stico. Creo que su mejor aportaci&oacute;n puede leerse en el dise&ntilde;o de un modelo de relaciones interactuantes hegem&oacute;nicas y "dirigistas", el car&aacute;cter conservador del gusto de la sociedad colonial y su inter&eacute;s en mantener una imagen corporativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, tengo que felicitar a esta colega por tener el atrevimiento de entrar en pol&eacute;mica con una parte de la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola sobre la pintura del Siglo de Oro, no s&oacute;lo para rectificar atribuciones y reinterpretar los datos, sino con el fin de articular un paradigma de comprensi&oacute;n ajustado a las peculiaridades de la realidad novohispana. Tal es el caso de especular sobre sus condiciones de patrocinio corporativas y en medio de la construcci&oacute;n de identidades locales, ante la ausencia de un mecenazgo de corte, y el arraigo de unas formas de representaci&oacute;n que incorporaban los logros de los pintores novohispanos precedentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es una l&aacute;stima que las fuentes documentales, luego de una revisi&oacute;n exhaustiva, se empe&ntilde;en todav&iacute;a en confinar a las sombras buena parte del perfil profesional del artista. De all&iacute; que el empe&ntilde;o de remitir su personalidad a las obras mismas, por el cotejo y sus v&iacute;nculos con L&oacute;pez de Arteaga y sus modelos sevillanos, y la eclosi&oacute;n de pintores poblanos apadrinada por Palafox se tornen esclarecedores y convincentes como el nuevo disparadero de la introducci&oacute;n de la pintura barroca en la Nueva Espa&ntilde;a. Otro paso adelante que enfrenta el texto es resolver la cita a los modelos, tanto a la estamper&iacute;a flamenca como a las pautas marcadas por la tratad&iacute;stica; pero, sobre todo, consigue desmentir el desacreditado estatuto de la imitaci&oacute;n o el pr&eacute;stamo que ca&iacute;a sobre los pintores del virreinato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas de estas consideraciones son de suyo muy pol&eacute;micas y han de generar discusi&oacute;n y debate, por eso quiz&aacute;s no sea el momento a&uacute;n de glosar o disertar sobre sus posibles mecanismos de aplicaci&oacute;n o la pertinencia para esclarecer cada fen&oacute;meno. Por ejemplo, la idea de mantener el modelo centro&#45;periferia, incluso con los <i>asegunes</i> que le impone la autora, y de crear periferias subsidiarias de centros sufrag&aacute;neos exigir&aacute; una definici&oacute;n geogr&aacute;fica m&aacute;s cabal o medir cu&aacute;les fueron los accidentes de su funcionalidad. Habr&aacute; que definir en un futuro de mediano plazo cu&aacute;les han sido los centros y c&oacute;mo actuaron durante tres siglos y, sobre todo, establecer la intencionalidad de sus agentes, su direccionalidad y movimientos causales, ya sean de forma vertical o accidental. Y finalmente habr&aacute; que seguir discutiendo la propia construcci&oacute;n del concepto de "tradici&oacute;n local", tan valioso para entender la identidad propuesta.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sigaut ha abierto muchas ventanas a nuevas corrientes de pensamiento cr&iacute;tico sobre la imagen barroca. Las expectativas que genera deber&aacute;n tener en el futuro inmediato resoluciones mucho m&aacute;s concretas o respuestas puntuales a los problemas planteados. No es casual que hoy d&iacute;a, en los cat&aacute;logos y en las muestras, los historiadores del arte discutamos y renovemos los problemas de nuestra disciplina. De all&iacute; su car&aacute;cter ensay&iacute;stico y su inestable condici&oacute;n de probabilidad: quedan por escribirse los p&aacute;rrafos conclusivos. Por ahora, no se puede pedir otra cosa a una autora de reciedumbre cr&iacute;tica, sino agradecer el beneficio intelectual de poner en cuesti&oacute;n viejos esquemas. No hay duda de que Sigaut en sus trabajos ha hecho gala de imaginaci&oacute;n y rigor, sobre todo para encarar e intentar resolver los problemas de genealog&iacute;a y tradici&oacute;n art&iacute;stica, que otrora eran tan mal comprendidos y que hoy nos resultan tan necesarios para poder hablar, con toda solvencia, de "una identidad art&iacute;stica perif&eacute;rica".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, no se puede dejar de mencionar el interesant&iacute;simo y novedoso reporte de Tatiana Falc&oacute;n y Javier V&aacute;zquez sobre la materialidad de la pintura de Ju&aacute;rez y las pruebas de laboratorio que ahora nos exhiben. Me parece una aportaci&oacute;n del todo se&ntilde;era para el futuro de los estudios de pintura novohispana y sumamente pertinente trat&aacute;ndose del cat&aacute;logo de la obra de un pintor, hoy por hoy tan necesaria para establecer los entresijos de su <i>modus operandi.</i> Se trata de un an&aacute;lisis sin precedente en publicaciones de esta &iacute;ndole y ser&aacute; en el futuro una regla para cualquier cat&aacute;logo muse&iacute;stico mexicano serio y comprometido. Su enorme utilidad para el trabajo de los historiadores radica en que cualquier seguimiento estil&iacute;stico o comparativo, problema de atribuci&oacute;n y fechamiento, a partir de ahora puede hacerse con mucho m&aacute;s tiento y probabilidad. Sus conclusiones, basadas en estudios radiol&oacute;gicos, de refractolog&iacute;a infrarroja y microqu&iacute;micos, con el sofisticado instrumental del Laboratorio de Diagn&oacute;stico de Obras de Arte del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, son a todas luces reveladoras y fundadas: imprimaturas, dise&ntilde;os previos, pentimentos, intervenciones y arrastre del pincel y densidad de la capa pict&oacute;rica ahora salen a luz y nos retratan a un artista muy esmerado y vers&aacute;til al conseguir buenos efectos y una sustancia color&iacute;stica sofisticada. Por ejemplo, hasta un asunto de mercado, relacionado con la buena o mala calidad que trabajaba Ju&aacute;rez, puede dirimirse luego del an&aacute;lisis de la composici&oacute;n de sus pigmentos: conforme fueran las exigencias o la posici&oacute;n de su mecenas, el artista se esmeraba o no en relucir buenos los recursos de su pincel. De los discursos ya hemos hablado.</font></p>      ]]></body>
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