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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Fernando Barrientos del Monte, <i>Buscando una identidad. Breve historia de la ciencia pol&iacute;tica en Am&eacute;rica Latina</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Joel Trujillo P&eacute;rez</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Fontamara/Universidad de Guanajuato, 2014</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las ciencias sociales, como campo de conocimiento espec&iacute;fico, se han desarrollado de manera desigual. Esto es m&aacute;s claro cuando nos encontramos insertos dentro de alguna de las disciplinas que abarca, sobre todo si se piensa que cada una puede coadyuvar a resolver problemas reales y cotidianos de la vida en sociedad. Probablemente esto ya se ha se&ntilde;alado para el caso de la antropolog&iacute;a que, desde sus inicios y profesionalizaci&oacute;n en M&eacute;xico, a principios del siglo pasado, se encontraba dispuesta como herramienta de Estado para la incorporaci&oacute;n de las poblaciones ind&iacute;genas, y donde los recursos &#45;sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos&#45; flu&iacute;an desde el centro rector comandado por el Partido de la Revoluci&oacute;n Mexicana (PRM), posteriormente Partido Revolucionario Institucional (PRI), a la causa "leg&iacute;tima" e indiscutible de hacer un pa&iacute;s mayormente homog&eacute;neo con las caracter&iacute;sticas de los pa&iacute;ses de Europa o Estados Unidos. Como ejemplo de las pol&iacute;ticas de incorporaci&oacute;n, se olvid&oacute; &#45;o no se reconoci&oacute;&#45; que este &uacute;ltimo pa&iacute;s llev&oacute; a cabo, desde su conformaci&oacute;n, una cruenta campa&ntilde;a de limpieza &eacute;tnica para conformar la naci&oacute;n que hoy conocemos, con estatutos fenot&iacute;picos muy particulares, pero siempre aspirando al arquetipo del hombre blanco, protestante y con propiedades.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La b&uacute;squeda de una identidad mexicana se hizo tarea propia de Estado posrevolucionario, y para ello se hac&iacute;a factible fortalecer la antropolog&iacute;a como herramienta para la incorporaci&oacute;n del indio, del atrasado, a la moderna sociedad de mediados de siglo. Como se&ntilde;al&oacute; Claudio Lomnitz en una ponencia reciente en el Museo Nacional de Antropolog&iacute;a (MNA), la antropolog&iacute;a se coronaba como "la reina de las ciencias sociales" (2014) y sus estudios eran apoyados con cuantiosas posibilidades. El caso de Manuel Gamio y la construcci&oacute;n del MNA eran el p&oacute;dium sobre el cual se edificaba una concepci&oacute;n donde "la antropolog&iacute;a debe ser el conocimiento b&aacute;sico para el desempe&ntilde;o del buen gobierno, ya que por medio de ella se conoce a la poblaci&oacute;n que es la materia prima con que se gobierna y para quien se gobierna" (Manuel Gamio, <i>Forjando patria,</i> M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2006, p. 15). La antropolog&iacute;a como ciencia de Estado, la cual ha sido sustituida recientemente por la econom&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para entonces, la ciencia pol&iacute;tica no era parte del debate nacional en M&eacute;xico. Dicha disciplina se encontraba af&iacute;n a las problem&aacute;ticas y fen&oacute;menos de pa&iacute;ses llamados como de "primer mundo". Se encargaba de estudiar los sistemas pol&iacute;ticos altamente formalizados, institucionalizados, sus variantes y posibilidades de la democracia en un mundo poco constante y estable con apariciones de reg&iacute;menes clasificados estrictamente, donde la democracia era el ideal a seguir mientras que el autoritarismo y la dictadura hac&iacute;an su aparici&oacute;n en diversas partes del mundo, incluyendo Am&eacute;rica Latina &#45;tal vez el mejor ejemplo de ello sea David Easton y sus obras en torno a los sistemas pol&iacute;ticos entre la que destaca <i>The Political System&#45;,</i> donde el principal fen&oacute;meno estudiado se centra en "The Study of Politics" (1953: 1). Cito en ingl&eacute;s pues la problem&aacute;tica acepci&oacute;n y traducci&oacute;n anglosajona de <i>pol&iacute;tica</i> ya ha sido discutida en numerosos espacios en los que no agregar&eacute; m&aacute;s. Mientras tanto en Francia, Duverger realizaba la obra de lo que ser&iacute;a el caldo de cultivo de la ciencia pol&iacute;tica: <i>Les partis politiques</i> (1951), con lo que inauguraba la tem&aacute;tica central para la ciencia pol&iacute;tica que contin&uacute;a hasta nuestros d&iacute;as, ambos con cierto recelo de exclusividad. Ambos estudios y autores segu&iacute;an la ya caracter&iacute;stica funcionalista de los estudios sociales llenos de <i>inputs, outputs, feedback</i>s y dem&aacute;s sem&aacute;ntica utilizada para otorgar la cientificidad necesaria que legitimara los estudios de la ciencia pol&iacute;tica en singular. No es casual, entonces, que Fernando Barrientos rastree esta historia de la ciencia pol&iacute;tica, all&iacute; donde el contexto y las posibilidades permit&iacute;an el estudio libre fuera de problem&aacute;ticas de represi&oacute;n, cruentas batallas, asesinatos y persecuci&oacute;n pol&iacute;tica de toda &iacute;ndole.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Epistemol&oacute;gicamente, y como lo hace notar Guillermo Bonfil Batalla <i>(M&eacute;xico profundo. Una civilizaci&oacute;n negada,</i> 2011: 121&#45;228), la antropolog&iacute;a hab&iacute;a tomado, reformulado y adaptado al sujeto ind&iacute;gena &#45;al indio&#45; como su "objeto" propio y exclusivo de estudio. Por su lado, la ciencia pol&iacute;tica realizaba esfuerzos por delimitar su campo de estudio alejado de las tradiciones que Barrientos hace bien en puntualizar:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta hace algunos a&ntilde;os no solamente exist&iacute;a consenso entre los cient&iacute;ficos sociales alrededor de la idea de pol&iacute;tica, sino que tampoco lo hab&iacute;a respecto a la denominaci&oacute;n de la materia. De la sociolog&iacute;a, el derecho, la econom&iacute;a y la historia se importaron teor&iacute;as, conceptos y metodolog&iacute;as de las cuales emergieron varios enfoques que enriquecieron a la disciplina, pero al mismo tiempo dificultaron su autonom&iacute;a (p. 21).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cita permite ejemplificar que nombres como Herman Heller y Hans Kelsen, si bien fueron los que dieron g&eacute;nesis a la ciencia pol&iacute;tica contempor&aacute;nea (pp. 46&#45;56), se encontraban insertos en el derecho como principal aporte al estudio de los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos, la influencia jur&iacute;dico&#45;constitucionalista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La formalizaci&oacute;n de la misma en los a&ntilde;os cincuenta en Estados Unidos va de la mano con la implementaci&oacute;n de un m&eacute;todo cient&iacute;fico capaz de controlar las contingencias propias de la sociedad con la implementaci&oacute;n de "variables". La teor&iacute;a de sistemas se hab&iacute;a apoderado de la disciplina. Por un lado se encontraban los <i>hardliners</i> (duros) con leyes, correlaciones, causas y explicaciones que defin&iacute;an la esencia de los fen&oacute;menos estudiados de manera dura, cargada hacia la omnipotencia con est&aacute;ndares estad&iacute;sticos y num&eacute;ricos. Para historiar y delimitar los puntos de quiebre, Barrientos hace un recorrido tanto sincr&oacute;nico como diacr&oacute;nico que le permite observar aquellas coyunturas y contextos que propician los cambios emp&iacute;rico, sea en personajes, revistas, universidades y, sobre todo, de los enfoques al interior de la nueva disciplina que definir&aacute;n su rumbo y le dar&aacute;n la forma con la que la conocemos actualmente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los fen&oacute;menos propios y caracter&iacute;sticos de la regi&oacute;n hasta entonces se hab&iacute;an analizado y estudiado desde la historia, la sociolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a, ya que la ciencia pol&iacute;tica parec&iacute;a inexistente. La sociolog&iacute;a era entonces la encargada de problem&aacute;ticas latinoamericanas donde sobresalen nombres como Octavio Ianni, Pablo Gonz&aacute;lez Casanova y Ruy Mauro Marini, quienes encabezan el estudio de fen&oacute;menos pol&iacute;ticos, originando "una disciplina sociologizada", nombre del cuarto cap&iacute;tulo de la obra rese&ntilde;ada. A&uacute;n quedaba en segundo plano la ciencia pol&iacute;tica, en tanto no se lograba posicionar del todo dentro del pensamiento intelectual y acad&eacute;mico, tanto en M&eacute;xico como en Am&eacute;rica Latina. Para entonces, las fluctuaciones e influencias de la regi&oacute;n incorporaban al marxismo como herramienta en el estudio de la pol&iacute;tica, como m&eacute;todo de las ciencias sociales. Entonces eran identificadas dos corrientes de marxismo: el dogm&aacute;tico y el cr&iacute;tico. El autor realiza una provocativa clasificaci&oacute;n e identificaci&oacute;n de corrientes que buscaban un m&eacute;todo, categor&iacute;as y conceptos propios en el centro de la disciplina, pero la ciencia pol&iacute;tica encontrar&iacute;a otro obst&aacute;culo en su proceso de autonom&iacute;a como disciplina. La poca democracia con la que se contaba no permit&iacute;a, de muchas maneras, el desarrollo de la ciencia pol&iacute;tica y los pocos estudios que se realizaban daban cuenta de que los estudios propiamente latinoamericanistas proven&iacute;an a&uacute;n de Estados Unidos, de autores como Schmitter, Stephan, O'Donnell y Linz.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"El impacto de la democratizaci&oacute;n como proceso" es el t&iacute;tulo del cap&iacute;tulo cinco, donde el autor realiza un balance de los a&ntilde;os ochenta donde "el rol del polit&oacute;logo empieza a ser reconocido como un experto en las cuestiones estrictamente pol&iacute;ticas". Se dilucida entonces una disciplina acorde a las condiciones reales de Am&eacute;rica Latina y comienzan a surgir nombres y posicionamientos que el autor identifica a la perfecci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es hasta mediados de los a&ntilde;os ochenta que diversos factores dan paso a la institucionalizaci&oacute;n de la disciplina en nuestra regi&oacute;n. Acompa&ntilde;ada de procesos de liberalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, elecciones libres y el resurgimiento de los partidos pol&iacute;ticos, es que la correspondencia entre procesos pol&iacute;ticos y ciencia pol&iacute;tica permite su desarrollo acompa&ntilde;ada de medios, revistas, libros e instituciones verdaderamente especializados en el tema. En distintos pa&iacute;ses aparecen publicaciones con prestigio propio y acorde a las necesidades particulares, favoreciendo el conocimiento producido desde la regi&oacute;n para la regi&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fernando Barrientos contabiliza las publicaciones de ciencia pol&iacute;tica, se&ntilde;alando a M&eacute;xico, Brasil y Argentina como centros productores de conocimiento cient&iacute;fico en sus diversas &aacute;reas pero atendiendo a las ciencias sociales, y en especial a la ciencia pol&iacute;tica, disciplina que se ha fortalecido con el transcurso de los a&ntilde;os. Corresponde tambi&eacute;n se&ntilde;alar que muchas de las publicaciones, editoriales y textos han sido ef&iacute;meros, ya que este campo del conocimiento no se valora lo suficiente respecto a otras que tienen una aplicaci&oacute;n inmediata, como en la f&iacute;sica, la qu&iacute;mica y la biolog&iacute;a, entre otras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como un balance de la situaci&oacute;n actual de la ciencia pol&iacute;tica, en el cap&iacute;tulo ocho, "El futuro de la ciencia pol&iacute;tica en Am&eacute;rica Latina", el autor hace referencia a las situaciones que la disciplina enfrenta en estos tiempos. La endogamia persistente o sectarismo visto en muchas instituciones elimina la posibilidad de crecer como &aacute;rea del conocimiento pol&iacute;tico de las sociedades. A ello se suma la permanencia de paradigmas, metodolog&iacute;as y conceptos que ya parec&iacute;an superados y que no corresponden a sus funciones para las cuales hab&iacute;an sido creadas. Adem&aacute;s, la lucha constante entre los cuantitativos y cualitativos no permite la cohesi&oacute;n de la ciencia pol&iacute;tica y, a su vez, no les permite entender que dichos enfoques son complementarios en un mundo donde la complejidad de los fen&oacute;menos rebasa posibilidades num&eacute;ricas o emp&iacute;ricas de estudio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, Fernando Barrientos apunta de manera acertada que "nuevos retos enfrenta la ciencia pol&iacute;tica latinoamericana, fen&oacute;menos pol&iacute;ticos que requieren interpretaciones novedosas a la relectura de los cl&aacute;sicos: la emergencia de nuevos actores que retan el poder hegem&oacute;nico del Estado, como el crimen organizado transnacional y las grandes empresas que dominan las econom&iacute;as". Esto parece de suma importancia en un contexto de constantes cambios; podemos entender que la ciencia pol&iacute;tica no puede estar m&aacute;s alejada, como lo hicieron sus autores, sus discursos y textos fundantes, de la realidad concreta en que se desarrolla, por lo que deber&aacute; incorporar los nuevos elementos sociales de la realidad. No puede estar alejada de las condiciones que la originan y dan vida.</font></p>      ]]></body>
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