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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Edith Calder&oacute;n, <i>La afectividad en antropolog&iacute;a. Una estructura ausente</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rodrigo D&iacute;az Cruz*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, UAM&#45;I/CIESAS (Publicaciones de la Casa Chata), 2012</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Departamento de Antropolog&iacute;a, UAM&#45;Iztapalapa.</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Probablemente no hay d&iacute;a en el que no toquemos alguna fibra emocional, y dif&iacute;cilmente dejamos de percibir en los dem&aacute;s lo que nos parece una manifestaci&oacute;n de sus emociones: por ejemplo, creemos distinguir ah&iacute; a una persona que est&aacute; triste, all&aacute; a otra exultante, m&aacute;s all&aacute; a una enamorada, junto a la enamorada detectamos una terrible mirada de odio. Pero apenas comienzo y las inquietudes ya se nos echan encima. La afirmaci&oacute;n "tocar alguna fibra emocional" es ante todo una met&aacute;fora: &iquest;son las emociones susceptibles de ser tocadas como cualquier objeto? Una met&aacute;fora que adem&aacute;s parece ubicar a las emociones en un lugar que est&aacute; afuera del sujeto que vive o siente. Y cuando se escribe que en nosotros "no hay d&iacute;a en el que no toquemos alguna fibra emocional" inmediatamente se nos hace una invitaci&oacute;n a realizar un ejercicio de autoconciencia o reflexividad, esto es, una inmersi&oacute;n en la escalera de caracol del yo para explorar al menos nuestras m&aacute;s recientes emociones, las del d&iacute;a, pues. Y nos asalta una perplejidad, porque cuando nos sumergimos en esa escalera esas emociones recientes que la memoria intenta recuperar pueden dejar de ser tan claras como aquellas que s&iacute; distinguimos en los dem&aacute;s. De repente puede introducirse una especie de opacidad, como si nos invadiera un temor a asomarnos hacia adentro: a un probable yo en ruinas, o a un yo empe&ntilde;ado en ocultarse de ese ejercicio de reflexividad. En suma, adentrarse en esa escalera de caracol del yo puede contribuir a que se nos aparezca de s&uacute;bito un extra&ntilde;o. Esta &uacute;ltima afirmaci&oacute;n me hace recordar aquella c&eacute;lebre escena vivida por Freud. El fundador del psicoan&aacute;lisis viajaba en el compartimiento de un vag&oacute;n de tren cuando observ&oacute; a "un anciano se&ntilde;or en ropa de cama y que llevaba puesto un gorro de viaje", una imagen que inmediatamente le caus&oacute; disgusto. No tard&oacute; en percatarse que era &eacute;l mismo, el supuesto intruso en el camarote "era mi propia imagen proyectada en el espejo" de la puerta del ba&ntilde;o que se hab&iacute;a abierto: el s&iacute; mismo percibido como un otro extra&ntilde;o, un yo al que le aparece un doble como espectro. Tal es lo <i>unheimlich</i> (que se suele traducir como "lo ominoso" o "lo siniestro"), que est&aacute; en relaci&oacute;n de contraste con lo <i>heimlich,</i> que se refiere a lo familiar, al hogar, a lo &iacute;ntimo, lo pr&oacute;ximo y conocido, aquello que evoca lo domesticado y el bienestar. Lo <i>unheimlich</i> es "una estructura de sentimiento particular en la cual lo m&aacute;s familiar es invadido por lo furtivo, lo clandestino, lo misterioso, lo escondido, lo siniestro o lo secreto". El t&eacute;rmino "invasi&oacute;n" es elocuente: lo <i>unheimlich</i> se refiere entonces al proceso de invasi&oacute;n que vive tanto lo pr&oacute;ximo como lo &iacute;ntimo. Y probablemente algunas de nuestras emociones, aquellos componentes de nuestra dimensi&oacute;n afectiva, puedan tener algo de <i>unheimlich.</i> Si vuelvo a las primeras l&iacute;neas, aparecen muchas interrogantes: &iquest;c&oacute;mo aprendemos a distinguir a la persona que est&aacute; abrumada por la tristeza de aquella invadida por el amor?, &iquest;qu&eacute; capacidades tenemos que desarrollar para diferenciar formas distintas de expresar y reconocer el amor?, &iquest;bajo qu&eacute; condiciones nos percatamos que aquella persona no est&aacute; triste, sino que se est&aacute; representando como si lo estuviera, o c&oacute;mo sospechamos que esa persona que se nos presenta desbordada por la alegr&iacute;a en realidad se nos muere de tristeza?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como ha quedado claro con estas pocas reflexiones, introducirse al tema de las emociones es aventurarse a un paseo lleno de aristas, obst&aacute;culos, desviaciones, peligros, recovecos, y acaso por ello al mismo tiempo sea un recorrido apasionante. Las ciencias sociales todas han reconocido el papel central que tienen las emociones en la vida social e individual. Sin embargo, a pesar de ese lugar fundamental que ocupan, los estudios sistem&aacute;ticos sobre el asunto han sido m&aacute;s bien pocos. Por ejemplo, en los grandes textos cl&aacute;sicos de las ciencias sociales aparecen siempre las emociones o la dimensi&oacute;n afectiva, s&iacute;, pero como una suerte de escenograf&iacute;a m&aacute;s o menos fija, m&aacute;s o menos dada por supuesta, pero muy pobremente indagada. As&iacute; que el primer gran m&eacute;rito del libro de Edith Calder&oacute;n, <i>La afectividad en antropolog&iacute;a. Una estructura ausente,</i> que comento aqu&iacute;, es que trata sistem&aacute;ticamente este tema que por lo dem&aacute;s a todos nos concierne. Edith nos ofrece una mirada fecunda de &eacute;l, una de las varias que se pueden plantear en este amplio campo de estudio. A partir de una lectura que no puede ser sino personal, ofrecer&eacute;, m&aacute;s que un resumen, algunas notas constitutivas del libro de Calder&oacute;n, con el &aacute;nimo de invitarlos a sumergirse en &eacute;l; un libro que continuamente est&aacute; invitando al lector a reflexiones en diversas direcciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inicio con una clarificaci&oacute;n de orden general. Edith va a denominar <i>dimensi&oacute;n afectiva</i> al universo simb&oacute;lico que incluye sentimientos, emociones, pasiones, afectos. Sean el amor, el odio, la envidia, la venganza, la alegr&iacute;a, la tristeza, miedo, valor, melancol&iacute;a, euforia. Se trata, a mi juicio, de una afortunada primera movida en la partida de ajedrez de Edith porque, sin decirlo as&iacute;, tan contundentemente, ella sabe que <i>la afectividad conforma aquel pedazo de realidad que excede al lenguaje.</i> O para decirlo de otra manera, <i>la dimensi&oacute;n afectiva no se agota con el lenguaje.</i> Y vamos a revisar las implicaciones de este supuesto. Edith no se empe&ntilde;a por ofrecernos una &uacute;nica definici&oacute;n de "emoci&oacute;n" o de "sentimiento" o de cualquier otro elemento constitutivo de la dimensi&oacute;n afectiva por la simple raz&oacute;n de que nosotros no estar&iacute;amos aqu&iacute; rese&ntilde;ando este libro, y Edith tal vez est&eacute; a&uacute;n atrapada en un laberinto del que creo no hay escapatoria. De tal suerte que, como punto de partida, el objeto de estudio de Edith es uno fundamentalmente elusivo: como una suerte de pescado que intentamos sacar del r&iacute;o y se nos escapa de las manos una y otra vez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar del car&aacute;cter elusivo de la dimensi&oacute;n afectiva, es posible sostener, como lo plantea Edith, ciertas premisas centrales. Primera, la dimensi&oacute;n afectiva es constitutiva de la cultura y de los sujetos sociales (p. 29), y como tal debe ser objeto de an&aacute;lisis de la antropolog&iacute;a; en la medida en que es as&iacute; esta disciplina ha de desarrollar los instrumentos te&oacute;ricos pertinentes para su abordaje (p. 30). Y en este punto Edith nos advierte que "estudiar lo emocional requiere tener en cuenta la interrelaci&oacute;n establecida entre los aspectos <i>expresivo, descriptivo, constitutivo</i> y <i>transmisivo</i> de las emociones, pasiones, sentimientos y afectos en los sujetos y en la cultura" (p. 33). Organiza estos cuatro aspectos con prop&oacute;sitos anal&iacute;ticos (p. 48) en dos pares conceptuales: por un lado la dimensi&oacute;n expresiva y descriptiva, por el otro la constitutiva y transmisiva. Algunas disciplinas est&aacute;n m&aacute;s enfocadas a estudiar el primer par, mientras que otras el segundo. "Considero &#151;nos dice Edith (p. 34) &#151; que esta separaci&oacute;n ha impedido abordar de forma hol&iacute;stica la relaci&oacute;n entre lo social y lo individual en los estudios sobre lo afectivo." Otra movida fundamental del libro es que, como bien lo indica Edith, "existe una confusi&oacute;n entre el dominio estructural y lo fenom&eacute;nico de los procesos emotivos", esto es, "considero que una cosa es c&oacute;mo se estructura el campo de la afectividad, y otra el significado y la experiencia particular de las emociones, pasiones, sentimientos, afectos, y sus diversas formas de funcionamiento en la cultura" (p. 35). El estudio fenom&eacute;nico de las emociones es el m&aacute;s generosamente indagado en las ciencias sociales en desmedro del estructural, el que por cierto m&aacute;s interesa a Edith.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que una larga tradici&oacute;n en el pensamiento occidental ha querido distinguir, mejor: oponer la raz&oacute;n a las emociones, Edith se propone disolver esta dicotom&iacute;a insostenible. Escribe que "conocer, comprender, interpretar, explicar, evaluar, describir, percibir e interactuar socialmente son procesos irrealizables sin la dimensi&oacute;n afectiva (p. 38). El ejercicio de la raz&oacute;n est&aacute; entonces inevitablemente te&ntilde;ido de componentes de la dimensi&oacute;n afectiva: nuestro conocimiento y aprehensi&oacute;n del mundo est&aacute; necesariamente mediado por dicha dimensi&oacute;n. Como bien lo se&ntilde;ala Edith: "Propongo que la dimensi&oacute;n afectiva est&aacute; en todo el proceso de la captaci&oacute;n del mundo: para que exista la mente, lo ps&iacute;quico, el sujeto que vive y piensa, requiere de tal dimensi&oacute;n (p. 97).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buena parte de nuestras emociones, sentimientos, deseos y pasiones, al menos en nuestra cultura, se verbalizan a trav&eacute;s del uso de met&aacute;foras (pp. 43&#45;44): estamos aqu&iacute; plenamente en la dimensi&oacute;n de la expresi&oacute;n y descripci&oacute;n de la dimensi&oacute;n afectiva (p. 45). Hay sabros&iacute;simos ejemplos que Edith nos se&ntilde;ala (pp. 36 y 83). Nos advierte que "la met&aacute;fora permite que el sujeto establezca una forma particular de comunicaci&oacute;n, y que esta forma deje abierta la posibilidad del intercambio; gracias al car&aacute;cter polis&eacute;mico de la met&aacute;fora, el sujeto se protege de establecer compromisos que no est&aacute; plenamente seguro de querer asumir; el uso de las met&aacute;foras le permite mantenerse funcional en la sociedad" (p. 46). "En conclusi&oacute;n, el uso de las met&aacute;foras no atenta contra el deseo, contrariamente, lo cubre con su velo cuando &eacute;ste se asoma. Gracias al car&aacute;cter polis&eacute;mico de la met&aacute;fora y seg&uacute;n el contexto y las reglas del lenguaje, es posible expresar en una palabra m&uacute;ltiples significados que abren la posibilidad de intercambio efectivo entre los sujetos" (p. 47).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abordar la dimensi&oacute;n afectiva desde el punto de vista antropol&oacute;gico introduce un conjunto de tensiones. Primera tensi&oacute;n: las interrelaciones entre el individuo y la sociedad. Y Edith se propone "construir con las emociones una especie de lazo o puente entre lo individual y lo social" (p. 55). Cuando Edith reconstruye en diversas teor&iacute;as antropol&oacute;gicas y en diferentes etnograf&iacute;as las concepciones que expl&iacute;cita o t&aacute;citamente se han elaborado de la dimensi&oacute;n afectiva, encuentra otras tensiones, que al mismo tiempo son ejes anal&iacute;ticos que va discutiendo: dos de ellas son oposiciones &#151;la oposici&oacute;n entre naturaleza&#45;cultura, y la oposici&oacute;n entre raz&oacute;n&#45;emoci&oacute;n&#151; y el tercer eje: lo normativo&#45;moral (p. 53).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, el inter&eacute;s central del libro de Edith es el de "hacer expl&iacute;cito el v&iacute;nculo que existe entre el &aacute;mbito social y el individual &#91;...&#93; la constituci&oacute;n&#45;transmisi&oacute;n de emociones, pasiones, sentimientos y afectos, para nuestros fines, nos introduce de manera particular en el campo de la constituci&oacute;n del psiquismo (p. 51). Una inquietud y reto permanente en el texto: preguntarnos por las constantes que encontraremos en todas las culturas del universo emocional (p. 56). La dimensi&oacute;n afectiva debe abordarse como un principio b&aacute;sico axiomatizable universal (p. 104). Para explicar la interrelaci&oacute;n entre lo individual y lo social, entre lo expresivo&#45;descriptivo y lo constitutivo&#45;transmisivo de la dimensi&oacute;n afectiva debe tomarse en cuenta <i>la constituci&oacute;n de lo ps&iacute;quico</i> y la forma particular de ese proceso como condici&oacute;n necesaria para la introducci&oacute;n del sujeto no s&oacute;lo en la dimensi&oacute;n afectiva sino en la cultura (p. 57).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Descartes, Freud y Heller, desde diversas perspectivas, han se&ntilde;alado que las emociones pertenecen a los fen&oacute;menos mentales y que los procesos de pensamiento mantienen relaciones con lo emocional (p. 181). Es necesario construir una definici&oacute;n estructural de lo afectivo que sea universal y, al mismo tiempo, permita la variabilidad de su funcionamiento: &eacute;ste es uno de los motivos para buscar dentro del psicoan&aacute;lisis y en lo ps&iacute;quico una inspiraci&oacute;n (p. 199). En este esfuerzo Edith evita caer en determinismos y comparte con Ricardo Falomir la afirmaci&oacute;n de "que no se puede supeditar un &aacute;mbito de la realidad ps&iacute;quica individual a otro &aacute;mbito de la realidad social; no hay determinismo de uno al otro" (p. 203). En s&iacute;ntesis, contin&uacute;a Edith, el dominio de lo fenom&eacute;nico ha sido el m&aacute;s estudiado; y hemos identificado la dificultad de reconocer un dominio estructural: en esta tercera parte &#91;del libro&#93; develaremos la importancia de la 'pieza clave' &#151;el nivel estructural&#151; que resuelve esa carencia (pp. 204&#45;5).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo expresar esta pieza clave a la que alude Edith, el nivel estructural? Proponiendo un paralelismo con las tesis de L&eacute;vi&#45;Strauss. Veamos:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que resolver la confusi&oacute;n entre la definici&oacute;n y el funcionamiento de la dimensi&oacute;n afectiva. Por ello propongo que la dimensi&oacute;n afectiva es una estructura an&aacute;loga al parentesco. En el caso de la dimensi&oacute;n afectiva, lo universal, en todas las sociedades, es que existen reglas y normas para modular las emociones, pasiones, sentimientos y afectos, pero las reglas son diferentes dependiendo de la cultura. Todas las reglas comparten algo, una estructura b&aacute;sica, un principio b&aacute;sico. Las normas que crean todas las sociedades y que no son las mismas, que nos hacen diferentes, que nos constituyen de una manera particular en una cultura particular, nos revelan la existencia de una constante: en todas ellas se regula el <i>deseo&#45;placer&#45;displacer.</i> La dimensi&oacute;n afectiva es una estructura b&aacute;sica axiomatizable, universal (p. 223).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&ntilde;ade que "la estructura de la dimensi&oacute;n afectiva siempre ser&aacute; energ&iacute;a, valencia positiva y valencia negativa: energ&iacute;a/emociones; valencia positiva amor&#45;vida; valencia negativa muerte&#45;odio" (p. 242). Lo m&aacute;s importante de lo emocional no est&aacute; antes ni despu&eacute;s de toda captaci&oacute;n del mundo por el pensamiento, sino que su lugar est&aacute; en el tr&aacute;nsito de la naturaleza a la cultura (p. 242). Se derivan de estas afirmaciones contundentes y atrevidas dos consecuencias: <i>1)</i> la dimensi&oacute;n afectiva est&aacute; impl&iacute;cita en la capacidad de simbolizaci&oacute;n, y por lo tanto, es condici&oacute;n sin la cual no podr&iacute;a existir la cultura; <i>2)</i> la dimensi&oacute;n afectiva surge del tr&aacute;nsito de la naturaleza a la cultura &#151;en ese lugar donde se ponen en acto las reglas que prescriben, proscriben, modulan y controlan a los hombres&#151; y est&aacute; presente en el proceso de constituci&oacute;n de la sociedad y de los sujetos (p. 243). Como puede advertir el lector estamos ante un libro provocador y creativo, novedoso e imaginativo que ser&aacute; una referencia obligada en el &aacute;mbito de la dimensi&oacute;n afectiva.</font></p>      ]]></body>
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