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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Cantares mexicanos,</i> 2 v., edici&oacute;n de Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rodrigo Mart&iacute;nez Baracs</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico/Fideicomiso Teixidor, 2011.</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi amigo el poeta Antonio Deltoro inici&oacute; el pr&oacute;logo de su antolog&iacute;a <i>M&eacute;xico en la poes&iacute;a mexicana</i> con una frase que desde el principio me desconcert&oacute;: "M&eacute;xico ha tenido grandes poetas desde antes de la conquista, durante la colonia y en el siglo XIX, pero tuvo que aparecer L&oacute;pez Velarde para que nuestra poes&iacute;a diera el grito de Independencia". Podr&iacute;a uno aceptar, s&iacute;, que la poes&iacute;a mexicana del periodo colonial y del siglo XIX no fue "independiente", pero no s&eacute; en qu&eacute; sentido pueda decirse lo mismo de la poes&iacute;a prehisp&aacute;nica. Al contrario, era tan independiente que hasta la fecha no alcanzamos a aprehenderla. Ha conservado su independencia, y sus secretos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo curioso es que la m&aacute;s contundente refutaci&oacute;n a la implicaci&oacute;n de mi amigo estaba, y est&aacute;, en mi mesa de trabajo, los <i>Cantares mexicanos.</i> La nueva gran edici&oacute;n, tan esperada, coordinada por Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla, con la participaci&oacute;n de un grupo de muy capaces colaboradores, en tres gruesos y bellos vol&uacute;menes editados por la UNAM y el Fideicomiso Teixidor, nos da por primera vez la posibilidad de acceder a esta fuente y muestra fundamental de la creatividad ling&uuml;&iacute;stica y po&eacute;tica en el M&eacute;xico prehisp&aacute;nico. El libro nos permite acercarnos a la compleja visi&oacute;n del mundo predominante, tan ajena a nosotros y sin embargo tan nuestra, y nos permite ver c&oacute;mo esta poes&iacute;a filos&oacute;fica era vivida, interiorizada por la comunidad entera a trav&eacute;s del canto, la m&uacute;sica y el baile colectivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos cantares tienen una tem&aacute;tica netamente prehisp&aacute;nica, aunque el manuscrito que se conserva, de finales del siglo XVI, incluye en estos cantares algunas interpolaciones cristianas: Dios, Santa Mar&iacute;a, el obispo, los &aacute;ngeles. Otros cantares fueron compuestos en el curso del siglo XVI y se refieren a la conquista militar, la cristianizaci&oacute;n y otros episodios, lo cual es una prueba de que la creatividad po&eacute;tica de los poetas y cantantes no se interrumpi&oacute; con la conquista espa&ntilde;ola.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La importancia de la edici&oacute;n de Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla de los <i>Cantares mexicanos</i> aumenta si tenemos en cuenta que la publicaci&oacute;n y acceso al p&uacute;blico de tan importante fuente y monumento fue muy tardado. Aunque varios autores de los siglos XVI y XVII lo conocieron y utilizaron (recu&eacute;rdense los juguetones "tocotines" de Sor Juana), fue olvidado durante el siglo XVIII y el XIX, hasta que en 1895 Jos&eacute; Mar&iacute;a Vigil anunci&oacute; su descubrimiento en la Biblioteca de la antigua Universidad (y hoy se conserva en la Biblioteca Nacional, que resguarda la Universidad Nacional). Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla refiere con precisa y oportuna erudici&oacute;n cada una de las ediciones y traducciones que se hicieron, todas ellas imperfectas, incompletas y, sobre todo, inaccesibles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La difusi&oacute;n de los <i>Cantares mexicanos</i> aument&oacute; con las diversas publicaciones del padre &Aacute;ngel Mar&iacute;a Garibay K., el gran impulsor de la lengua y la cultura n&aacute;huatl durante el segundo tercio del siglo XX, hasta su fallecimiento en 1967. Aparte de diferentes muestras y antolog&iacute;as de poes&iacute;a prehisp&aacute;nica, una de las grandes realizaciones del padre Garibay fue su gran edici&oacute;n biling&uuml;e, n&aacute;huatl y espa&ntilde;ol, que titul&oacute; <i>Poes&iacute;a n&aacute;huatl,</i> en tres vol&uacute;menes publicados por la UNAM en 1964, 1965 y 1968, dedicado el primero al otro gran manuscrito de poes&iacute;a n&aacute;huatl, los <i>Romances de los se&ntilde;ores de la Nueva Espa&ntilde;a,</i> que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Texas en Austin, y el segundo y el tercero dedicado a los <i>Cantares mexicanos.</i> El aporte de Garibay fue grande, pero la traducci&oacute;n no siempre es segura y no es una publicaci&oacute;n completa ni cr&iacute;tica de los dos manuscritos, que fueron reordenados, dispuestos en versos y depurados de las referencias e interpolaciones cristianas que contienen, con el objeto de presentar ante el lector una idea de lo que fue la <i>Poes&iacute;a n&aacute;huatl</i> prehisp&aacute;nica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los disc&iacute;pulos del padre Garibay sin duda el m&aacute;s notable es Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla, quien bajo la gu&iacute;a del maestro aprendi&oacute; la lengua n&aacute;huatl y estudi&oacute; con amplitud y gran capacidad de percepci&oacute;n los c&oacute;dices y las grandes obras nahuas antiguas, particularmente los <i>Cantares mexicanos,</i> para producir algunos de sus grandes libros como <i>La filosof&iacute;a n&aacute;huatl estudiada en sus fuentes,</i> de 1956, <i>Visi&oacute;n de los vencidos,</i> de 1959, <i>Los antiguos mexicanos a trav&eacute;s de sus cr&oacute;nicas y cantares,</i> de 1961, y <i>Trece poetas del mundo azteca,</i> de 1967.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla calcul&oacute; que en <i>Poes&iacute;a n&aacute;huatl</i> y otras publicaciones el padre Garibay tradujo alrededor del setenta por ciento del total de los <i>Cantares mexicanos.</i> Por ello Le&oacute;n&#45;Portilla fue el primero en reconocer la necesidad de elaborar una edici&oacute;n completa y m&aacute;s rigurosa, y puede decirse que este fue su empe&ntilde;o durante los siguientes cincuenta a&ntilde;os de su vida. Se tard&oacute; debido a la dificultad y complejidad de la tarea y a la realizaci&oacute;n de varios otros igualmente imprescindibles menesteres. El manuscrito de los <i>Cantares mexicanos</i> es extenso (85 fojas r y v) y est&aacute; escrito en un n&aacute;huatl dif&iacute;cil, simb&oacute;lico, con largas palabras aglutinantes, e intercaladas con interjecciones de ritmo y canto, no s&oacute;lo entre las palabras sino tambi&eacute;n dentro de ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El orgullo se nos pic&oacute; a los mexicanos cuando en 1985 un investigador estadunidense, John Bierhorst, public&oacute; una edici&oacute;n cr&iacute;tica y biling&uuml;e (n&aacute;huatl e ingl&eacute;s), en dos gruesos vol&uacute;menes, de los <i>Cantares mexicanos.</i> Lamentablemente, expertos de renombre como el mismo Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla y James Lockhart se dieron cuenta de que, si bien se trata de un aporte muy valioso, por la transcripci&oacute;n del texto original n&aacute;huatl de los <i>Cantares mexicanos,</i> correcta y por primera vez completa, y por los &uacute;tiles aditamentos gramaticales, la traducci&oacute;n misma tiene serios problemas. Sucedi&oacute; que, antes de interesarse por la lengua n&aacute;huatl, Bierhorst era experto en la mitolog&iacute;a de los "indios pieles rojas" de Estados Unidos, y ley&oacute; el lenguaje florido de los nahuas como si fueran canciones de esp&iacute;ritus (<i>ghost songs)</i> escritas en el siglo XVI con un esp&iacute;ritu nativista subversivo y en un lenguaje cifrado, en el que se invoca a los bravos guerreros del pasado para que vengan a matar a los espa&ntilde;oles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La traducci&oacute;n de Bierhorst sin duda es intrincada (por ejemplo, a Cuauht&eacute;moc le llama <i>"Eagle&#45;Going&#45;Down"),</i> pero fue utilizada con provecho y esp&iacute;ritu cr&iacute;tico por los estudiosos, junto con el estudio preliminar, la segunda transcripci&oacute;n, anal&iacute;tica y el diccionario y concordancia. Pero, conscientes de los problemas de la edici&oacute;n mexicana de Garibay y de la estadunidense de Bierhorst, se fortaleci&oacute; la percepci&oacute;n de la necesidad de contar con una gran edici&oacute;n confiable y mexicana de los <i>Cantares</i> <i>mexicanos,</i> sobre todo para salvar la separaci&oacute;n entre los lectores y esta expresi&oacute;n compleja y profunda de la visi&oacute;n del mundo prehisp&aacute;nica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las cr&iacute;ticas severas de Le&oacute;n&#45;Portilla y Lockhart consiguieron descalificar la lectura nativista de los <i>Cantares mexicanos</i> hecha por Bierhorst, pero no disiparon su cr&iacute;tica a la visi&oacute;n del padre Garibay sobre la presencia en ellos de una poes&iacute;a prehisp&aacute;nica. Contra esta visi&oacute;n, Bierhorst destac&oacute; que los <i>Cantares mexicanos</i> fueron escritos en el siglo XVI, con la perspectiva propia de los conflictos de ese siglo, y no se pueden tomar de manera inmediata como base para la reconstrucci&oacute;n de una poes&iacute;a prehisp&aacute;nica y de poetas particulares. Adem&aacute;s, destac&oacute; Bierhorst, los <i>Cantares mexicanos</i> no son poemas, sino cantares, destinados a ser cantados y bailados con acompa&ntilde;amiento instrumental durante las fiestas del calendario en ceremonias organizadas por la teocracia militarista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta situaci&oacute;n de escepticismo y orfandad perdur&oacute; varios a&ntilde;os respecto al m&aacute;s importante legado po&eacute;tico del M&eacute;xico prehisp&aacute;nico, hasta que por fin, en 2011, apareci&oacute; la edici&oacute;n dirigida por Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla de los <i>Cantares mexicanos,</i> que cumple plenamente con las expectativas y necesidades para que no solamente los expertos sino todos las personas cultas los puedan disfrutar, aprovechar y comenzar a entender.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mencion&eacute; que los <i>Cantares mexicanos</i> son una prueba contundente de la existencia de una tradici&oacute;n po&eacute;tica prehisp&aacute;nica que se mantuvo viva durante d&eacute;cadas despu&eacute;s de la conquista espa&ntilde;ola. Esto se puede apreciar a trav&eacute;s del magn&iacute;fico trabajo de transcripci&oacute;n, traducci&oacute;n y anotaci&oacute;n realizado por Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla, con la ayuda de los nahuatlatos Librado Silva Galeana, Francisco Morales Baranda y Salvador Reyes Equiguas, que abarca dos gruesos tomos de la bella edici&oacute;n. A ellos debe agregarse la edici&oacute;n facsimilar, realizada en 1994 por Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla y Jos&eacute; G. Moreno de Alba, del manuscrito original de los <i>Cantares mexicanos,</i> el Manuscrito 1628 bis de la Biblioteca Nacional, que incluye adem&aacute;s varios otros textos producidos por el grupo de investigaci&oacute;n y de cristianizaci&oacute;n de fray Bernardino de Sahag&uacute;n (que forman parte igualmente del proyecto de edici&oacute;n de los <i>Cantares mexicanos).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debe destacarse la decisi&oacute;n de Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla de respetar escrupulosamente el texto original, pero disponi&eacute;ndolo en forma de versos, tanto en la transcripci&oacute;n como en la traducci&oacute;n. El objetivo es facilitar el acceso del lector a un texto po&eacute;tico y filos&oacute;fico dif&iacute;cil, que esconde muchas bellezas y verdades sobre lo que fuimos y sobre lo que somos. Le&oacute;n&#45;Portilla y su equipo lo logran plenamente, pues el lector dotado de un conocimiento elemental de la lengua n&aacute;huatl consigue, gracias a la disposici&oacute;n del texto en versos, comenzar a entender las complejas formas aglutinantes de las palabras&#45;frase nahuas, intercaladas con exclamaciones <i>("ya",</i> " <i>ohuaya").</i> Ahora se puede leer la poes&iacute;a n&aacute;huatl como verdadera poes&iacute;a, dotada de una muy expresiva concisi&oacute;n. Y con la tremenda fuerza de provenir, realmente, de otro mundo, marcado por el sacrificio y la guerra necesarios para alimentar con sangre a los dioses y las diosas, con una correspondiente conciencia de la brevedad de la vida y de sus goces, y fuertes interrogantes sobre lo que sucede despu&eacute;s de la vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la disposici&oacute;n en versos del texto de los <i>Cantares mexicanos</i> (como lo hizo tambi&eacute;n en sus traducciones de los <i>Colloquios de los Doce,</i> de 1564, y del <i>Nican mopohua</i> guadalupano, de 1649), Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla consigui&oacute;, adem&aacute;s, transformar estos textos en magn&iacute;ficos instrumentos did&aacute;cticos, que deber&iacute;an aprovecharse mucho m&aacute;s para extender el conocimiento de la lengua n&aacute;huatl. No olvidemos que el t&iacute;tulo de <i>Cantares mexicanos</i> es original y significa literalmente "cantares en lengua mexicana", pues as&iacute; se designaba en el siglo XVI a la lengua n&aacute;huatl.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La traducci&oacute;n, escribe Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla, busca "ofrecer un sentido literal, m&aacute;s que una pretendida elegancia literaria, a la vez que se ha evitado violentar la lengua receptora, en este caso la expresi&oacute;n castellana". El resultado, gracias a su conocimiento de la lengua n&aacute;huatl y del manuscrito de los <i>Cantares mexicanos</i> y al apoyo de sus colaboradores, es un texto de clara belleza, que realmente consigue <i>"turning darkness into light".</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lector acucioso ir&aacute; descubriendo problemas y diferentes opciones de traducci&oacute;n, pues se trata de un texto dif&iacute;cil, con significados fluctuantes y plurivalentes. Lo importante es que el lector dispone para normar su juicio de la transcripci&oacute;n original en n&aacute;huatl, de concisas y &uacute;tiles notas al texto n&aacute;huatl y al texto espa&ntilde;ol, de la edici&oacute;n facsimilar de 1994 y ahora una edici&oacute;n fotogr&aacute;fica en Internet. Adem&aacute;s de los instrumentos gramaticales de Bierhorst, que deben seguir aprovech&aacute;ndose.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No dudo de que en el futuro se seguir&aacute;n intentando diversas traducciones parciales y aun totales de los <i>Cantares,</i> como toda gran obra literaria lo merece. Pero, de cualquier manera, debe tenerse claro que la verdadera poes&iacute;a de los <i>Cantares mexicanos</i> no est&aacute; ni puede estar en la traducci&oacute;n, por muy buena que sea, sino en la versi&oacute;n original en n&aacute;huatl. Esta dimensi&oacute;n es la que la nueva edici&oacute;n restituye. Es un servicio que la poes&iacute;a rinde a la historia, y la historia a la poes&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer tomo de la edici&oacute;n, con los estudios introductorios, est&aacute; dedicado "A la memoria de &Aacute;ngel Mar&iacute;a Garibay K.", y la reivindica plenamente mediante una presentaci&oacute;n amplia, objetiva, rigurosa y serena del manuscrito de los <i>Cantares mexicanos.</i> Guadalupe Curiel Defoss&eacute;, coordinadora t&eacute;cnica del proyecto de edici&oacute;n, entendi&oacute; con fina percepci&oacute;n su significado:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos afirmar, sin riesgo alguno, que los <i>Cantares</i> son fiel registro de la atm&oacute;sfera cultural imperante en la entonces joven Nueva Espa&ntilde;a, en la que flu&iacute;an a&uacute;n los aires ancestrales de Eh&eacute;catl, entreteji&eacute;ndose con los de C&eacute;firo, perfilando un retrato de dos rostros. Los autores de los <i>Cantares</i> se inspiraron en el nacimiento ritual del canto para expresar la aparici&oacute;n de Tloque Nahuaque, en un jard&iacute;n florido y simult&aacute;neamente en el nacimiento de Cristo. De esa magnitud es la riqueza de su contenido y su significado cultural.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Est&aacute; aqu&iacute; formulada una idea central de todo el proyecto: la de ubicar los <i>Cantares mexicanos</i> y los dem&aacute;s textos del Manuscrito 1628 bis de la Biblioteca Nacional de M&eacute;xico, en los contextos del siglo XVI en los cuales fueron producidos y transcritos en lengua n&aacute;huatl por los colaboradores nahuas de fray Bernardino de Sahag&uacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para fechar el manuscrito, Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla analiz&oacute; la ortograf&iacute;a del texto n&aacute;huatl y encontr&oacute; una combinaci&oacute;n del uso de la ortograf&iacute;a franciscana, que marca el saltillo con una <i>h,</i> con la ortograf&iacute;a jesu&iacute;tica, que lo marca con un acento, adem&aacute;s de las s&iacute;labas largas. Ahora bien, las normas ortogr&aacute;ficas jesu&iacute;ticas, presentes, aunque no predominantes, en el manuscrito, son prueba de que la versi&oacute;n que conocemos de los <i>Cantares mexicanos</i> es posterior a 1595, cuando el jesuita Antonio del Rinc&oacute;n public&oacute; su <i>Arte mexicana,</i> gram&aacute;tica del n&aacute;huatl que introdujo muchas de estas normas ortogr&aacute;ficas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Ascensi&oacute;n Hern&aacute;ndez de Le&oacute;n&#45;Portilla y Liborio Villag&oacute;mez realizaron un acucioso y extenso "Estudio codicol&oacute;gico del manuscrito": proveniencia, papel y marcas de agua, relaci&oacute;n entre la filigrana y el texto, tipos de escritura, caja de escritura, con la descripci&oacute;n de cada una de sus hojas. Este an&aacute;lisis los condujo a fechar la transcripci&oacute;n del manuscrito final de los <i>Cantares</i> a finales del siglo XVI. Pero, de cualquier manera varias fechas mencionadas en el manuscrito y otras evidencias, internas y externas de los <i>Cantares,</i> indican que comenzaron a ser compilados hacia 1550 en "el <i>scriptorium</i> de Santa Cruz de Tlatelolco" dirigido por Sahag&uacute;n, junto varios otros trabajos de compilaci&oacute;n de la memoria oral de los mexicanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es de advertirse que los <i>Cantares mexicanos</i> no encontraran cabida en los doce libros de la gran <i>Historia general de las cosas de la Nueva Espa&ntilde;a (C&oacute;dices matritenses,</i> 1558&#45;1571, y <i>C&oacute;dice florentino,</i> 1575&#45;1579) coordinada por Sahag&uacute;n, y se haya transcrito a finales del siglo XVI, acaso como fuente para el estudio de la lengua mexicana por los jesuitas. La ling&uuml;&iacute;stica jesuita novohispana culmin&oacute; con el <i>Arte de la lengua mexicana</i> publicada en 1645 por el florentino Horacio Carochi, que incluye varios ejemplos de construcci&oacute;n gramatical tomados de los <i>Cantares mexicanos,</i> como lo advirti&oacute; Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla en su edici&oacute;n facsimilar del <i>Arte</i> publicada en 1979 por la UNAM.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bien asentada la compilaci&oacute;n de los <i>Cantares</i> en la segunda mitad del siglo XVI, Le&oacute;n&#45;Portilla en su magn&iacute;fico y amplio estudio introductorio, encuentra que varios cantares tienen una tem&aacute;tica en muy alta medida prehisp&aacute;nica, mientras que otros fueron obviamente compuestos en diferentes circunstancias del siglo XVI. Lo que en su conjunto muestran es, sin lugar a dudas, una tradici&oacute;n prehisp&aacute;nica de composici&oacute;n po&eacute;tica, hecha para ser cantada y bailada por la gente en las fiestas estatales, y que esta tradici&oacute;n po&eacute;tica continu&oacute; a lo largo del siglo XVI, y probablemente tambi&eacute;n, en cierta medida, durante los siglos siguientes. Debe tomarse en cuenta el cambio en el ceremonial religioso que trajo la cristianizaci&oacute;n forzada por los frailes. Pero la composici&oacute;n po&eacute;tica continu&oacute; y mucha gente se sab&iacute;a de memoria los cantares prehisp&aacute;nicos. A falta ya entonces de ceremonias prehisp&aacute;nicas, se transmit&iacute;an los cantares en las familias y en los barrios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios cantares tienen al comienzo la indicaci&oacute;n de una secuencia musical del <i>hu&eacute;huetl,</i> gran tambor vertical, y el <i>teponaztli,</i> madero hueco horizontal con una abertura en forma de letra H may&uacute;scula, con dos leng&uuml;etas que se percuten con dos baquetas con puntas de hule. Una de estas indicaciones dice: <i>"Tocotocotiquiti tocotocotiquiti totiquiti totiquiti".</i> Aunque hay diversas conjeturas, todav&iacute;a no ha sido descifrado este sistema de notaci&oacute;n musical.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es notable que esto que llamamos poes&iacute;a n&aacute;huatl, con hondos sentimientos y reflexiones metaf&iacute;sicas y m&iacute;sticas, eran cantares que la gente se sab&iacute;a de memoria, cantados en ceremonias estatales teocr&aacute;ticas y militaristas, a veces viendo, oyendo y oliendo sacrificios humanos. Ahora podemos reconsiderar la afirmaci&oacute;n de mi amigo Antonio Deltoro: &iquest;era independiente la poes&iacute;a prehisp&aacute;nica? Al considerar la organizaci&oacute;n estatal de las fiestas donde se cantaban y bailaban los <i>Cantares,</i> puede decirse que no lo era, pues era dependiente de una organizaci&oacute;n, de una ideolog&iacute;a y de una propaganda estatal, militarista y sacrificial. Aunque en realidad, la poes&iacute;a griega con la <i>Iliada</i> o la espa&ntilde;ola con el <i>Cantar de M&iacute;o Cid,</i> nacieron en condiciones no menos militaristas y sangrientas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un determinado momento de la historia de muchas de las culturas de la humanidad, la religiosidad expresada en danzas colectivas, comunitarias, fue reemplazada por una religiosidad en la que se dej&oacute; de bailar, aunque no de cantar en com&uacute;n. Ya no bailan en sus ceremonias los jud&iacute;os, los cristianos, los musulmanes, los hinduistas y los budistas. Es por esto que uno de los aspectos que conviene tener en cuenta al considerar los m&uacute;ltiples efectos de la conquista espa&ntilde;ola de Am&eacute;rica, es el paso de una religi&oacute;n en la que se baila a una religi&oacute;n en la que no se baila.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que la propensi&oacute;n a la religiosidad bailada se sigui&oacute; expresando en M&eacute;xico en una profusi&oacute;n de procesiones con m&uacute;sica y pasos danzados, acompa&ntilde;ados por el <i>huehuetl</i> y el <i>teponaztli,</i> las sonajas, las chirim&iacute;as y los caracoles. Para cristianizar y controlar estas procesiones fray Bernardino de Sahag&uacute;n escribi&oacute; la <i>Psalmodia christiana,</i> su &uacute;nico libro impreso, en 1583, pero incorporando en estos cantares cristianos varios fragmentos y mucho del lenguaje de los <i>Cantares mexicanos.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este es uno de los tantos temas que trata Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla en su estudio introductorio, ecu&aacute;nime y bien documentado. Respecto a la organizaci&oacute;n interna, no lineal, de los cantares, rescata el estudio de Frances Kartunnen y James Lockhart, que reconoce que la mayor parte de los poemas no est&aacute; construida a base de una jerarqu&iacute;a lineal; es decir, no tiene una l&iacute;nea de desarrollo l&oacute;gico o narrativo en que cada verso sea el antecesor necesario del siguiente. Al contrario, es como si estuvieran los versos dispuestos alrededor de un centro &#45;un tema, un sentimiento, un personaje, o todo ello junto&#45; con lo cual se relacionen directamente de modo semejante, en vez de relacionarse unos con otros. De manera que el orden de los versos resulta mucho menos importante que su pertenencia al tema com&uacute;n y su distribuci&oacute;n sim&eacute;trica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las dos presentaciones que se hicieron de los <i>Cantares mexicanos,</i> en la Sala Nezahualc&oacute;yotl y en el Palacio de Miner&iacute;a, significativamente, Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla recalc&oacute; la importancia que tienen los <i>Cantares mexicanos</i> para los mexicanos en estos tiempos tan dif&iacute;ciles. Las dos veces lo dijo, y no creo que se trate de un mero recurso ret&oacute;rico oratorio. De manera profunda, al mostrarnos de manera directa nuestro ser, nuestra manera de concebir la vida, en el M&eacute;xico prehisp&aacute;nico y despu&eacute;s en los inicios de nuestra cristianizaci&oacute;n, esto es, en los inicios de nuestro ingreso al mundo occidental, nos da una clave de la dif&iacute;cil y complicada transici&oacute;n en la que nos encontramos. Como dice la placa de la plaza de Tlatelolco: "No fue triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el M&eacute;xico de hoy".</font></p>     ]]></body>
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