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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Bibliograf&iacute;a</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Asti&eacute;&#45;Burgos, Walter, <i>M&eacute;xico y Europa, seis siglos de encuentros y desencuentros</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ricardo M&eacute;ndez&#45;Silva</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Juan Pablos Editor, 2013, 444 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ha aparecido la &uacute;ltima obra de Walter Asti&eacute;&#45;Burgos, diplom&aacute;tico de carrera formado en la m&aacute;s pura tradici&oacute;n de la pol&iacute;tica exterior mexicana, investigador riguroso y entusiasta y, adem&aacute;s, un acad&eacute;mico de altos vuelos que ha impartido c&aacute;tedra en numerosas universidades mexicanas, se&ntilde;aladamente en la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Su importante producci&oacute;n bibliogr&aacute;fica se ha enfocado principalmente a la historia diplom&aacute;tica. Sobresalen entre sus obras Encuentros y <i>desencuentros entre M&eacute;xico y Estados Unidos en el siglo XXI</i> y <i>Europa y la Guerra de Estados Unidos contra M&eacute;xico.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente libro, M&eacute;xico y Europa, <i>seis siglos de encuentros y desencuentros,</i> posee una naturaleza enciclop&eacute;dica al retrotraerse a 600 a&ntilde;os atr&aacute;s, antes de la conquista e intern&aacute;ndose en los acontecimientos precursores de Europa. El trabajo exigi&oacute; del autor el manejo de un material voluminoso, una fenomenal exploraci&oacute;n bibliogr&aacute;fica y un ejercicio paciente para depurar la multitud de datos con el fin de ofrecer al lector la sustancia y el hilo de los acontecimientos hist&oacute;ricos. Una de las conclusiones que deja la lectura es, precisamente, que la vida del pa&iacute;s, iniciada con la conquista espa&ntilde;ola, se nutri&oacute; con la cultura y el suceder europeo, de las rencillas y conflictos entre los reinos y los imperios de Europa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta tentador detenerse en numerosos puntos del devenir retratado en la obra pero, ante la imposibilidad de hacerlo, selecciono algunos episodios de mi personal predilecci&oacute;n. Por ejemplo, el debut del Estado mexicano independiente en la arena internacional en 1821. Bien vistas las cosas, emerge sin experiencia alguna sobre la gesti&oacute;n gubernamental, privativa hasta ese momento de los peninsulares con arreglo a los dictados e intereses de la metr&oacute;poli. La Nueva Espa&ntilde;a careci&oacute; de una marina propia, actividad reservada a la Corona, estuvo prohibido el comercio internacional e impedida tambi&eacute;n la producci&oacute;n y el cultivo de determinados bienes y productos. En ese contorno se festeja de modo delirante la independencia pero al d&iacute;a siguiente habr&iacute;an de encararse los problemas de la joven naci&oacute;n que surg&iacute;a tras el desgaste de once a&ntilde;os de contienda libertaria y con la pesadez de los rezagos de la &eacute;poca colonial. Iturbide proclam&oacute;: "Os he ense&ntilde;ado el camino para ser libres, a vosotros os toca aprender a ser felices" pero la felicidad, al menos la p&uacute;blica y la social, se le neg&oacute; a M&eacute;xico por decenios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es revelador el cap&iacute;tulo dedicado a las negociaciones con la Gran Breta&ntilde;a para obtener su reconocimiento. Fue el primer Estado en concederlo tras regateos, presiones, malos entendidos y una buena dosis de inexperiencia de los representantes mexicanos en las artes y recovecos diplom&aacute;ticos. El primer reconocimiento es m&aacute;s que una fecha, 11 de enero de 1825, que a lo m&aacute;s, se recuerda de memoria pero con el desconocimiento de los interesant&iacute;simos trasiegos diplom&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s adelante, en el suceder de la naci&oacute;n, es aleccionadora la etapa diplom&aacute;tica que sigue a la ca&iacute;da del Imperio de Fernando Maximiliano de Habsburgo, impuesto por Napole&oacute;n III y "las chusmas reaccionarias", como llam&oacute; Ignacio Zaragoza a los conservadores entreguistas. La historia parece detenerse el 15 de julio de 1867, fecha en la que arriba Benito Ju&aacute;rez a la ciudad de M&eacute;xico, enarbolando la bandera victoriosa de la Rep&uacute;blica. Es de recordarse que las relaciones diplom&aacute;ticas y los tratados que se hab&iacute;an suscrito con las potencias europeas se hab&iacute;an cancelado de golpe por el reconocimiento que hicieron del "as&iacute; llamado Emperador". &iquest;Pero qu&eacute; pas&oacute; despu&eacute;s? La reconstrucci&oacute;n material y pol&iacute;tica del pa&iacute;s era un desaf&iacute;o inconmensurable. En lo externo, M&eacute;xico estaba aislado, contaba s&oacute;lo con los Estados Unidos pero no se crea que con los brazos totalmente abiertos en un gesto de fraternidad. El secretario de Estado William Seward acariciaba la idea de crear un dominio "que incluyera a Canad&aacute;, la mayor parte de M&eacute;xico y que se extendiera hasta el Pac&iacute;fico". En esos tiempos &#151;y todav&iacute;a hoy, dir&iacute;an los enterados&#151; los gobernantes jugaban a la geopol&iacute;tica con desenfado ofensivo. El mismo Maximiliano, en el crep&uacute;sculo de su utop&iacute;a imperial, pensaba en ceder a los Estados Unidos parte de los estados norte&ntilde;os mexicanos, sobre todo de Sonora, a cambio de su reconocimiento y compensar esa cesi&oacute;n territorial con la expansi&oacute;n del "Imperio mexicano" a Centroam&eacute;rica y, v&iacute;a uniones personales de las casas reinantes en Europa, consolidar en Sudam&eacute;rica el Imperio portugu&eacute;s en Brasil a fin de constituir tres grandes ejes de poder pol&iacute;tico en el continente. Sue&ntilde;os de opio, aunque Maximiliano nunca ha sido acusado de ning&uacute;n tipo de adicci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo cierto es que gradualmente se fueron dando los acercamientos con las potencias europeas sobre la base de la llamada Doctrina Ju&aacute;rez que contempl&oacute; la verificaci&oacute;n de "nuevos tratados bajo condiciones justas y convenientes" condicionada la reanudaci&oacute;n diplom&aacute;tica a la iniciativa de los europeos y desconociendo los acuerdos que hubiera suscrito el gobierno usurpador. Son interesantes las gestiones tras bambalinas a la luz de casi siglo y medio de distancia. Priv&oacute; la intermediaci&oacute;n de Washington, una especie de corre ve y dile diplom&aacute;tico, que transmiti&oacute; a la embajada de M&eacute;xico en la capital estadounidense los afanes por aliviar las desavenencias. Prusia fue el primer pa&iacute;s que logr&oacute; el restablecimiento de relaciones y la suscripci&oacute;n de un nuevo tratado en 1869. En 1871 el nuevo representante espa&ntilde;ol present&oacute; sus cartas credenciales al presidente Ju&aacute;rez. Con Francia, el proceso de reconciliaci&oacute;n lleg&oacute; a t&eacute;rmino feliz en 1880, ya en tiempos porfirianos. Con la gran Breta&ntilde;a en 1884 y Austria en 1901 se reanudaron las relaciones diplom&aacute;ticas. Pero quedamos en que las fechas son s&oacute;lo un indicador en tanto la trama hist&oacute;rica es apasionante. Asti&eacute;&#45;Burgos nos obsequia el suceder de esa etapa que ocurri&oacute; paso a paso bajo la premisa de la dignidad nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un salto de &eacute;pocas entramos a 1914, a&ntilde;o del inici&oacute; de la Primera Guerra Mundial cuando las turbulencias de la Revoluci&oacute;n Mexicana estaban en su cl&iacute;max. Alemania, uno de los beligerantes, estuvo involucrada en el acontecer mexicano desde antes del movimiento armado y sus intereses se acrecentaron al triunfo de Francisco I. Madero. No fue ajena a los sucesos que terminaron con el asesinato de Madero, aunque, hay que reconocerlo, con escr&uacute;pulos se opuso a su sacrificio. Consumado el golpe de Estado inclin&oacute; sus preferencias a Victoriano Huerta pues identificaba en &eacute;l sentimientos antiestadounidenses que favorec&iacute;an sus pretensiones de influencia. A la ca&iacute;da de Huerta, Alemania facilit&oacute; un barco de su bandera para que el "chacal" abandonara el pa&iacute;s y todav&iacute;a lo sigui&oacute; cortejando con la ilusi&oacute;n de que retomara el poder en medio de las contraposiciones de las facciones revolucionarias. Apuesta fallida. No obstante, su inter&eacute;s se agudiz&oacute; con el estallamiento de la Gran Guerra. El sue&ntilde;o dorado de los alemanes fue que M&eacute;xico se enfrascara en una guerra con los Estados Unidos para arraigarlo en su frontera sur y no cayera en la tentaci&oacute;n de sumarse al conflicto europeo. Asti&eacute;&#45;Burgos menciona que existen, inclusive, sospechas de que el ataque de Francisco Villa a la poblaci&oacute;n de Columbus fue azuzada por Alemania. El caso es que actualmente el poblado estadounidense luce una escultura del m&iacute;tico guerrillero, el &uacute;nico extranjero que ha golpeado a los Estados Unidos en su territorio junto con Osama Bin Laden.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sigue el autor cont&aacute;ndonos: la colonia alemana estableci&oacute; una oficina de propaganda en la famosa ferreter&iacute;a Boker, ubicada en una fascinante mansi&oacute;n en las calles hoy llamadas 16 de Septiembre e Isabel la Cat&oacute;lica que ten&iacute;a numerosas sucursales a lo largo del pa&iacute;s. El gobierno alem&aacute;n tambi&eacute;n despleg&oacute; campa&ntilde;as de apoyo y propaganda a su causa e invirti&oacute; dinero para financiar peri&oacute;dicos y promover la imagen de la potencia teutona e, inclusive, buscar apoyo entre oficiales de ascendencia alemana. El incidente m&aacute;s publicitado fue el del Telegrama Zimmerman, fechado el 16 de enero de 1917. La misiva lleva el apellido del ministro de Relaciones Exteriores alem&aacute;n, Arthur Zimmerman, y fue dirigido a su embajador en Washington con la encomienda de entregarlo al representante alem&aacute;n en M&eacute;xico para que &eacute;ste, a su vez, lo hiciera llegar a las autoridades mexicanas. Cabe decir que el famoso telegrama fue remitido en momentos en los que el imperio alem&aacute;n decidi&oacute; radicalizar la guerra con un ataque masivo de submarinos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En pocas palabras, Alemania propon&iacute;a a M&eacute;xico que provocara una guerra a Estados Unidos a cambio de recuperar los territorios perdidos en 1848. En el ambiente mexicano estaban a flor de piel los sentimientos antiestadounidenses por el complot de la embajada orquestada por Henry Lane Wilson y avivados por la intervenci&oacute;n de Estados Unidos en Veracruz en 1914. El caso es que el espionaje ingl&eacute;s intercept&oacute; el telegrama y lo hizo del conocimiento del gobierno y aunque mont&oacute; en alarma y envi&oacute; inmediatamente a un embajador a la ciudad de M&eacute;xico, el se&ntilde;or Henry Pather Fletcher, con un ultim&aacute;tum, la amenaza de una invasi&oacute;n militar fulminante en caso de que M&eacute;xico prestara o&iacute;dos al ofrecimiento y concluyera la alianza con Alemania. El enviado relata Walter Asti&eacute;, se person&oacute; con el secretario de Relaciones Exteriores, C&aacute;ndido Aguilar, que por fortuna no le hac&iacute;a honor a su nombre de pila que alude a un car&aacute;cter inocent&oacute;n. De viva voz, el diplom&aacute;tico gringo no s&oacute;lo explicit&oacute; la amenaza sino que le exigi&oacute; a M&eacute;xico que abandonara su pol&iacute;tica de neutralidad en la Gran Guerra, postura que hab&iacute;a sido declarada en agosto de 1914, y rompiera relaciones diplom&aacute;ticas con Alemania.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una versi&oacute;n extendida es que el telegrama nunca lleg&oacute; a su destino, contrariamente, el autor del libro sostiene que fue entregado al canciller mexicano e incluso da la fecha, el 20 febrero inmediato, pero C&aacute;ndido Aguilar neg&oacute; tener conocimiento del susodicho telegrama. Una definici&oacute;n del diplom&aacute;tico dice que es un hombre decente que se dedica a mentir en nombre de su gobierno. Lo que haya sido, tranquiliz&oacute; por el momento a su hu&eacute;sped prometi&eacute;ndole conseguir una audiencia con Venustiano Carranza quien, a su decir, andaba muy ocupado con la proclamaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica. &Eacute;sta hab&iacute;a tenido lugar el 5 de febrero y la reuni&oacute;n ten&iacute;a lugar a fines de mes o principios de marzo. Por complicadas que hubieran estado las comunicaciones en esos a&ntilde;os, ya era hora de que el primer jefe estuviera de vuelta en la capital. Lo que hicieron los mexicanos fue darle largas a la presentaci&oacute;n de las cartas credenciales del se&ntilde;or Fletcher, acto con el que se inicia oficialmente una misi&oacute;n diplom&aacute;tica, mientras era un ciudadano com&uacute;n, beneficiario &uacute;nicamente de las cortes&iacute;as del pa&iacute;s receptor. La dilaci&oacute;n seguramente permiti&oacute; ponderar la gravedad de la situaci&oacute;n aunque existen indicios de que a Carranza no le disgustaba la idea pero prevalecieron los argumentos de la realidad pol&iacute;tica. Carranza recibi&oacute; finalmente al estadounidense y, con la credibilidad de su figura patriarcal, barba cana y larga, espejuelos peque&ntilde;os, le expres&oacute; que M&eacute;xico no ten&iacute;a necesidad de romper relaciones diplom&aacute;ticas con Alemania pues en el conflicto mundial era un Estado neutral con arreglo al derecho internacional, agreg&oacute; claridoso que consideraba injusta la amenaza de una declaraci&oacute;n de guerra por parte de su vecino y, lo mismo que C&aacute;ndido Aguilar, neg&oacute; enf&aacute;ticamente haber recibido el telegrama de las discordias, aclarando que de haberlo conocido "lo hubiera rechazado como una absurda propuesta sin sentido com&uacute;n". Brilla en este episodio el gran conocimiento del derecho internacional de esa generaci&oacute;n y, fundamentalmente, el enorme sentido de la dignidad para no convertir al pa&iacute;s en un protectorado, en una pieza servil de los designios caprichosos de los Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro en comento es lectura obligada para los estudiantes, los internacionalistas de todas las vertientes, para los historiadores y, en general, para quienes le profesan devoci&oacute;n al M&eacute;xico de nuestras dignidades. Nunca ser&aacute; vano recordar estos testimonios de la historia patria.</font></p>     ]]></body>
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