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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Noticias</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Noticias de salud ambiental ehp&#45;spm</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Environmental health news ehp&#150;spm</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Para romper el molde del moho: Nuevas estrategias para combatir las aflatoxinas</b></font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/spm/v56n2/a11i2.jpg" target="_blank"><img src="/img/revistas/spm/v56n2/a11i1.jpg"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/spm/v56n2/a11i2.jpg" target="_blank">Haga click para agrandar</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 2010 las autoridades de Kenya reportaron que 2.3 millones de costales de ma&iacute;z cosechados en ese pa&iacute;s hab&iacute;an sido contaminados con venenos f&uacute;ngicos conocidos como aflatoxinas.<sup>1</sup> Estas toxinas, que incluyen la aflatoxina B<sub>1</sub> &#45;el carcin&oacute;geno hep&aacute;tico natural m&aacute;s potente que se ha identificado hasta la fecha&#45; son producidas por el <i>Aspergillus flavus</i> y por el <i>A. parasiticus</i> e infectan el ma&iacute;z, las nueces y otras cosechas, sobre todo en periodos de estr&eacute;s h&iacute;drico y calor intenso. Ha habido brotes de envenenamiento por aflatoxinas que han matado a cientos de personas en pa&iacute;ses en desarrollo, y los expertos sospechan que muchas muertes relacionadas con las aflatoxinas quedan sin reportar.<sup>2</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Charles Hurburgh, profesor de ingenier&iacute;a agr&iacute;cola y especialista en extensi&oacute;n de granos de la Universidad Estatal de Iowa, los riesgos de toxicidad por las aflatoxinas son muy bajos en Estados Unidos y en otros pa&iacute;ses desarrollados. En esos pa&iacute;ses la gente consume una gran variedad de alimentos con un riesgo bajo o nulo de contaminaci&oacute;n por aflatoxinas, y existe una estrecha vigilancia, as&iacute; como regulaciones estrictas, para aquellos alimentos en los que pueden estar presentes las aflatoxinas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, en los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo las exposiciones cr&oacute;nicas son end&eacute;micas porque la vigilancia de las aflatoxinas es inadecuada, las poblaciones tienden a consumir casi exclusivamente ciertas cosechas b&aacute;sicas que son vulnerables a las infecciones por <i>Aspergillus</i> y con frecuencia las condiciones en las que crecen estos cultivos favorecen el desarrollo del moho. En un reciente an&aacute;lisis de datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrici&oacute;n, en apenas 1.3% de m&aacute;s de 2 000 muestras de sangre en Estados Unidos se detectaron niveles detectables de aflatoxinas,<sup>3</sup> mientras que en la Encuesta de Indicadores del Sida de Kenia el porcentaje fue de 78% de m&aacute;s de 3 000 muestras de suero sangu&iacute;neo, las cuales son representativas del pa&iacute;s.<sup>4</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los Centros para el Control y Prevenci&oacute;n de Enfermedades de Estados Unidos estiman que 4 500 millones de personas en el mundo en v&iacute;as de desarrollo pueden estar cr&oacute;nicamente expuestas a las aflatoxinas en su alimentaci&oacute;n.<sup>5</sup> Y seg&uacute;n un an&aacute;lisis, entre 25 200 y 255 000 casos de c&aacute;ncer de h&iacute;gado al a&ntilde;o se deben a estas exposiciones, particularmente en Asia y en el &Aacute;frica subsahariana.<sup>6</sup> Hoy en d&iacute;a las aflatoxinas est&aacute;n atrayendo a nivel internacional la atenci&oacute;n de los grupos de desarrollo y organismos de ayuda, quienes est&aacute;n ense&ntilde;ando a los agricultores y a los compradores a detectar y combatir esta amenaza generalizada.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/spm/v56n2/a11i3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las aflatoxinas bajo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hecho de que se est&eacute; prestando m&aacute;s atenci&oacute;n a las aflatoxinas obedece a varios factores. En primer lugar, hay cada vez m&aacute;s evidencias de que las aflatoxinas provocan o exacerban deficiencias de crecimiento en los ni&ntilde;os, una enfermedad conocida como retraso en el desarrollo.<sup>7</sup> El retraso en el desarrollo, caracterizado por un bajo peso corporal, una baja estatura y un desarrollo cerebral deficiente, puede tambi&eacute;n incrementar en los ni&ntilde;os el riesgo de morir de enfermedades diarreicas, malaria o sarampi&oacute;n. Hoy en d&iacute;a el control de las aflatoxinas es una prioridad para el Banco Mundial y otros organismos de apoyo que cuentan entre sus principales objetivos la reducci&oacute;n de la morbilidad y mortalidad infantiles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, dice John Bowman, asesor agr&iacute;cola de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en ingl&eacute;s), a los expertos en desarrollo les preocupa que las aflatoxinas minen los esfuerzos para establecer la ayuda alimentaria en la agricultura local, una manera de ayuda m&aacute;s barata y m&aacute;s sustentable que evita que se inunden los mercados de los pa&iacute;ses en desarrollo con granos importados y rompe las dependencias de las importaciones extranjeras. Barbara Stinson, socia principal del Instituto Meridian, el cual no tiene fines de lucro, narra c&oacute;mo los accionistas africanos lanzaron la Asociaci&oacute;n para el Control de Aflatoxinas del &Aacute;frica (PACA, por sus siglas en ingl&eacute;s) en 2011 despu&eacute;s de que se descubri&oacute; que los cargamentos de granos que enviaba el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas para su distribuci&oacute;n en Somalia estaban contaminados con aflatoxinas. Ese a&ntilde;o, la USAID consagr&oacute; 12 millones de d&oacute;lares a financiar los esfuerzos de la PACA, y la Fundaci&oacute;n Bill y Melinda Gates dio 19.6 millones de d&oacute;lares para subsidiar durante cinco a&ntilde;os la formaci&oacute;n y el lanzamiento de PACA, as&iacute; como para la realizaci&oacute;n de algunos estudios piloto.<sup>9</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En coordinaci&oacute;n con el Instituto Meridian, PACA se propone lograr que &Aacute;frica quede "a salvo de las aflatoxinas" utilizando estrategias probadas e innovadoras. Seg&uacute;n Stinson, por "a salvo de las aflatoxinas" se entiende que los riesgos de contaminaci&oacute;n por aflatoxinas se reduzca al nivel m&aacute;s bajo posible, en el entendido de que no se las puede erradicar por completo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, el impacto de los recientes extremos del clima sugiere que el cambio clim&aacute;tico podr&iacute;a incrementar las emisiones de aflatoxinas en todo el mundo. Por ejemplo, mucho del ma&iacute;z del Cintur&oacute;n de Ma&iacute;z de Estados Unidos &#45;que incluye ciertas partes de Kansas, Nebraska, Iowa, Missouri, Ohio e Illinois&#45; se infect&oacute; con el hongo el a&ntilde;o pasado, poco despu&eacute;s de la peor sequ&iacute;a en medio siglo.<sup>10</sup> Hurburgh se&ntilde;ala que las aflatoxinas contaminan rutinariamente las cosechas en los estados calurosos como Texas y Arizona, pero que anteriormente era poco usual ver contaminaciones igualmente extensas en los estados m&aacute;s fr&iacute;os del norte del Cintur&oacute;n de Ma&iacute;z. "Hay mucho consenso en cuanto a que los climas extremos se van a volver m&aacute;s comunes en todo el mundo", dice. "Y si ese es el caso, entonces vamos a tener que lidiar con mayor frecuencia con problemas relacionados con las aflatoxinas y otras micotoxinas similares".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n a las aflatoxinas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta poco claro por qu&eacute; <i>A. flavus</i> y <i>A. parasiticus</i> producen aflatoxinas. Los cient&iacute;ficos tienen varias hip&oacute;tesis. Puede ser que las aflatoxinas atrapen los radicales libres que las plantas generan para protegerse de los hongos. O bien, es posible que los hongos produzcan aflatoxinas para protegerse de los insectos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Gary Payne, pat&oacute;logo vegetal y profesor de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, el <i>A. flavus</i> tiene una tolerancia poco com&uacute;n al calor; medra en temperaturas cercanas a los 37.8&deg;C y sigue creciendo incluso a los 47.8&deg;C, una temperatura mucho mayor que la que pueden tolerar otros hongos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las temperaturas elevadas pueden debilitar al ma&iacute;z y a otros cultivos, explica Payne, sobre todo cuando no obtienen suficiente agua. Esto puede crear fisuras en los tejidos de los granos en desarrollo, en las que se establece el <i>Aspergillus.</i> "Es m&aacute;s, el estr&eacute;s h&iacute;drico va de la mano con las lesiones inducidas por los insectos, y eso tambi&eacute;n incrementa la vulnerabilidad a las infecciones por <i>A. flavus",</i> agrega. Lo que desencadena las infecciones son las combinaciones de altas temperaturas y humedad, ya sea en el campo o en los lugares donde se almacenan los granos. Pero una vez que se establecen, son capaces de resistir en condiciones sumamente secas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hurburgh se&ntilde;ala que las mol&eacute;culas de aflatoxina son asombrosamente estables, capaces de resistir incluso los procesos de fermentaci&oacute;n industrial que se utilizan para producir etanol a base de ma&iacute;z. La contaminaci&oacute;n residual por aflatoxinas puede terminar en los "granos de destiler&iacute;a", los sedimentos de ma&iacute;z que quedan de la fermentaci&oacute;n, los cuales se utilizan como alimento para el ganado y para elaborar alimentos de bajo costo para mascotas. Los brotes de aflatoxinas han matado a perros en Estados Unidos, pero no a consumidores humanos, afirma Hurburgh.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los usuarios y exportadores de Estados Unidos toman abundantes muestras de los elevadores de granos cuando sospechan la presencia de contaminaci&oacute;n, a fin de asegurarse de que los niveles no sobrepasen la norma nacional de 20 ppb para las aflatoxinas,<sup>11</sup> mientras que las empresas de los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo que producen cereales y otros alimentos procesados "constantemente est&aacute;n tomando muestras" para detectar aflatoxinas, dice Payne. Con objeto de limitar m&aacute;s la posibilidad de que los ni&ntilde;os se vean expuestos a la contaminaci&oacute;n por aflatoxinas en la leche (que puede ser resultado de que el ganado haya ingerido alimentos contaminados), &eacute;stas son estrictamente reguladas en Estados Unidos con un tope de tan s&oacute;lo 0.5 ppb<sup>12</sup> y en la Uni&oacute;n Europea, con un nivel m&aacute;ximo aun m&aacute;s estricto de 0.05 ppb.<sup>13</sup> Hurburgh se&ntilde;ala que la vigilancia se incrementa en los a&ntilde;os en que el clima genera un mayor riesgo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Un riesgo oculto</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cambio &#45;se&ntilde;ala Felicia Wu, profesora distinguida de la C&aacute;tedra Hannah de Ciencias Alimentarias y Nutrici&oacute;n Humana de la Universidad Estatal de Michigan&#45;, la vigilancia de las aflatoxinas es escasa en los pa&iacute;ses en desarrollo, con la excepci&oacute;n de los granos y nueces para exportaci&oacute;n. "Incluso en aquellos pa&iacute;ses en los que existen normas para los porcentajes m&iacute;nimos de aflatoxinas, es posible que no siempre se las aplique", dice. "Los agricultores de subsistencia simplemente comen lo que cultivan; la falta de conciencia sobre las aflatoxinas es un problema grave". En algunos casos, puede ser que la gente coma alimentos enmohecidos sencillamente porque no tiene acceso a otros alimentos, se&ntilde;ala Bowman.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/spm/v56n2/a11i4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una gran parte del problema en &Aacute;frica, seg&uacute;n Hurburgh, es que los agricultores no cuentan con equipo de secado mec&aacute;nico; las cosechas tempranas y el secado mec&aacute;nico r&aacute;pido son factores muy importantes para que los agricultores de Estados Unidos puedan mantener los niveles de aflatoxinas bajos en a&ntilde;os dif&iacute;ciles. "La toxina se forma a una humedad de entre 25 y 17%", se&ntilde;ala Hurburgh. Si el ma&iacute;z tiene que permanecer en el campo en el calor y en este tipo de humedades, el riesgo es muy elevado".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando los inspectores de los pa&iacute;ses en desarrollo sepan acerca de la aflatoxina, no siempre pueden detectar a simple vista las plagas nocivas de <i>Aspergillus.</i> En su mayor parte, la vigilancia de las aflatoxinas requiere de tecnolog&iacute;as costosas &#45;como kits de la prueba ELISA (que cuestan 15 d&oacute;lares o m&aacute;s por cada muestra), cromatograf&iacute;a de l&iacute;quidos de alta resoluci&oacute;n y espectr&oacute;metros de masas&#45; que no son f&aacute;cilmente accesibles para los gobiernos ni para los comercializadores de los pa&iacute;ses pobres, asevera Wu. Es m&aacute;s, el muestreo dista mucho de ser infalible: una mazorca puede tener s&oacute;lo unos cuantos granos infectados, lo cual hace que la contaminaci&oacute;n resulte dif&iacute;cil de detectar. "Si estos granos se revuelven con otros en una carga de grano, ser&aacute; imposible encontrarlos a menos que el muestreo se realice en el lugar correcto", explica Payne.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Francesca Nelson, asesora de USAID en seguridad alimentaria y nutrici&oacute;n radicada en Kenia, afirma que actualmente se est&aacute;n desarrollando diversos kits de pruebas de aflatoxina de bajo costo para ser utilizados en los pa&iacute;ses pobres. Sin embargo, la mejor manera de minimizar el riesgo de contaminaci&oacute;n por aflatoxinas, subraya, es tratar de prevenir que este veneno entre en los alimentos en primer lugar. "Una vez que est&aacute; en la reserva de alimentos, la aflatoxina se vuelve muy dif&iacute;cil de controlar", dice. "Tiende a afectar a los cultivos en &aacute;reas agr&iacute;colas muy extensas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Efectos sobre el h&iacute;gado</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera vez que se reconoci&oacute; que las aflatoxinas constituyen un riesgo para la salud fue a mediados del siglo XX, cuando se revel&oacute; que hab&iacute;an sido la causa de la muerte de los pavos que hab&iacute;an ingerido alimentos contaminados con <i>A. flavus.<sup>14</sup></i> Posteriormente se realizaron estudios que demostraron que la aflatoxina B<sub>1</sub> provoca c&aacute;ncer del h&iacute;gado en los primates no humanos, en los roedores y en los peces,<sup>15,16</sup> as&iacute; como en los seres humanos. En 1987 la Agencia Internacional para la Investigaci&oacute;n sobre C&aacute;ncer (IARC en ingl&eacute;s) de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud clasific&oacute; las aflatoxinas como un carcin&oacute;geno del Grupo 1 (definitivamente carcin&oacute;genas para los seres humanos), y un an&aacute;lisis de datos adicionales realizado en 2002 reafirm&oacute; esta clasificaci&oacute;n.<sup>17</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n se presenta deficiencia hep&aacute;tica en los seres humanos con grados elevados de exposici&oacute;n, quienes sufren de un padecimiento conocido como aflatoxicosis. Durante un brote de aflatoxicosis que mat&oacute; a m&aacute;s de 125 personas en Kenia en 2004, las v&iacute;ctimas experimentaron dolor abdominal, edema pulmonar, necrosis hep&aacute;tica y, por &uacute;ltimo, la muerte, despu&eacute;s de ingerir dosis de aflatoxina B<sub>1</sub> estimadas en 50 mg diarios.<sup>18</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera maquinal, las enzimas P450 en el h&iacute;gado metabolizan las aflatoxinas para reactivar especies de ox&iacute;geno que se ligan al ADN.<sup>19</sup> "Existe una amplia gama de sensibilidad a la carcinogenicidad de las aflatoxinas entre las diferentes especies", se&ntilde;ala Thomas Kensler, profesor de farmacolog&iacute;a y biolog&iacute;a qu&iacute;mica de la Universidad de Pittsburgh: "los ratones son bastante resistentes comparados con las truchas, que son la especie m&aacute;s sensible. Y la gran pregunta es d&oacute;nde entran los seres humanos en esa ecuaci&oacute;n; pensamos que en alg&uacute;n lugar intermedio".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios epidemiol&oacute;gicos realizados en las ciudades de Qidong y Fusui corroboran la carcinogenicidad de la aflatoxina B<sub>1</sub> en los seres humanos. Estas dos regiones, en las que abundan los casos de c&aacute;ncer de h&iacute;gado, dependieron por a&ntilde;os del ma&iacute;z como alimento b&aacute;sico. Con frecuencia su ma&iacute;z estaba contaminado con <i>A. flavus,</i> explica Kensler, y cuando la reforma econ&oacute;mica permiti&oacute; a los residentes de Qidong cambiar al arroz importado como base de su alimentaci&oacute;n durante los a&ntilde;os 1980, los &iacute;ndices de c&aacute;ncer de h&iacute;gado comenzaron a disminuir dr&aacute;sticamente.<sup>20,21</sup> (Kensler a&ntilde;ade que el ma&iacute;z local se utiliz&oacute; despu&eacute;s como alimento para los animales; sin embargo, dijo, "La mayor&iacute;a de los chinos no beben productos l&aacute;cteos &#91;debido a que padecen intolerancia a la lactosa&#93;, de modo que no creo que el cambio del ma&iacute;z al arroz haya introducido un nuevo paradigma de exposici&oacute;n".)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wu afirma que las personas que padecen hepatitis B tienen un riesgo hasta 30 veces mayor de enfermar de c&aacute;ncer por las aflatoxinas en comparaci&oacute;n con las personas que sin padecerla se exponen a las aflatoxinas. Seg&uacute;n Wu, tanto la exposici&oacute;n a las aflatoxinas como la hepatitis B son end&eacute;micas en el mundo en desarrollo, donde los &iacute;ndices de prevalencia de c&aacute;ncer del h&iacute;gado son entre 16 y 32 veces mayores que en los pa&iacute;ses desarrollados.<sup>22</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Evidencias de retraso en el desarrollo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respaldada por 50 a&ntilde;os de datos y conocimientos sobre mecanismos biol&oacute;gicos claramente definidos, la evidencia en relaci&oacute;n con el c&aacute;ncer es mucho m&aacute;s robusta que la del v&iacute;nculo entre las aflatoxinas y el retraso en el desarrollo infantil. Algunos cient&iacute;ficos, en particular Kensler y su colega John Groopman, profesor de salud ambiental de la Escuela de Salud P&uacute;blica Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, subrayan que, si bien los datos sobre el retraso en el desarrollo son provocadores, hasta la fecha no son concluyentes, lo cual se debe en gran medida a las faltas mec&aacute;nicas de datos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Sigue habiendo un grado razonable de incertidumbre respecto al papel que desempe&ntilde;an las aflatoxinas en el retraso en el desarrollo", dice Kensler. "La evidencia es interesante amerita investigaciones ulteriores en seres humanos y en animales".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kitty Cardwell, L&iacute;der Nacional de Programas en Fitopatolog&iacute;a del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA en ingl&eacute;s), reconoce que los cient&iacute;ficos s&oacute;lo pueden especular sobre el modo en que las aflatoxinas podr&iacute;an inducir el retraso en el desarrollo: podr&iacute;an suprimir el sistema inmune, dice, o producir da&ntilde;os ent&eacute;ricos que limiten la absorci&oacute;n de los nutrientes. O bien, el retraso en el desarrollo podr&iacute;a ser resultado de una simple toxicidad hep&aacute;tica. "Nadie conoce el mecanismo", dice, "pero la asociaci&oacute;n es altamente significativa".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cardwell fue la primera en advertir una relaci&oacute;n entre la exposici&oacute;n a las aflatoxinas y el retraso en el desarrollo a mediados de la d&eacute;cada de los noventa, cuando trabajaba para el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA en ingl&eacute;s) en Ben&iacute;n y Nigeria. Ella y sus colegas hab&iacute;an sometido a pruebas casi 1 000 muestras de ma&iacute;z de la regi&oacute;n y encontraron concentraciones elevadas de aflatoxina B<sub>1</sub> en algunas regiones durante ciertas temporadas.<sup>23,24</sup> Cardwell sab&iacute;a que los datos de laboratorio ya hab&iacute;an se&ntilde;alado una asociaci&oacute;n entre las aflatoxinas y la falta o retraso de crecimiento en animales en etapa de destete, y se preguntaba sobre los riesgos para los ni&ntilde;os africanos, a quienes con frecuencia se les dan alimentos a base de ma&iacute;z durante el destete.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Midi&oacute; los niveles de aflatoxina en la sangre de m&aacute;s de 700 ni&ntilde;os de la localidad y los compar&oacute; con una amplia gama de par&aacute;metros de valoraci&oacute;n del desarrollo. Y lo que "saltaba a la vista", dice, fue que hab&iacute;a una fuerte correlaci&oacute;n entre los niveles de aflatoxinas en la sangre y los problemas de crecimiento. "A mayores niveles de aflatoxina, menores &iacute;ndices de crecimiento", se&ntilde;al&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos datos, que se dieron a conocer en el a&ntilde;o 2002, junto con un art&iacute;culo publicado dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, fueron los primeros que mostraron una asociaci&oacute;n entre las aflatoxinas y el retraso en el desarrollo en los ni&ntilde;os. A partir de entonces se han realizado en Togo, Gambia, Ghana, Ir&aacute;n, Kenia y los Emiratos &Aacute;rabes Unidos estudios que han arrojado resultados similares, los cuales fueron resumidos en una rese&ntilde;a publicada por Wu y sus colegas en 2011.<sup>18</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stinson se&ntilde;ala que a&uacute;n hace falta realizar inversiones para investigar m&aacute;s la relaci&oacute;n entre la exposici&oacute;n a las aflatoxinas y el retraso en el desarrollo infantil, el cual se estima que en 2010 aquej&oacute; a m&aacute;s de 171 millones de ni&ntilde;os en todo el mundo.<sup>27</sup> La Fundaci&oacute;n Bill y Melinda Gates, lo mismo que otras organizaciones, est&aacute; planeando llevar a cabo estudios adicionales en esta &aacute;rea. Mientras tanto, las evidencias actuales sobre el retraso en el desarrollo en combinaci&oacute;n con los riesgos de c&aacute;ncer y de aflatoxicosis, las cuales est&aacute;n bien documentadas, justifican que se realicen esfuerzos globales para minimizar la exposici&oacute;n humana, dice.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>C&oacute;mo hacer frente al problema</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Stinson, pueden reducirse las exposiciones humanas mediante la combinaci&oacute;n de varias pr&aacute;cticas buenas, como el cosechar tempranamente cuando los patrones clim&aacute;ticos favorezcan las infecciones por <i>Aspergillus</i> (y luego, someter la cosecha a secado r&aacute;pido y almacenarla), separar los granos de mala calidad de los de buena calidad; secar la cosecha para reducir el contenido de humedad de los granos, y utilizar contenedores de almacenamiento que minimicen las condiciones de temperatura y humedad que favorecen el crecimiento de los hongos. Adem&aacute;s, a&ntilde;ade, algo que puede ayudar es que tanto los agricultores como otras personas utilicen buenas pr&aacute;cticas de muestreo y pruebas de bajo costo para detectar las aflatoxinas a fin de eliminar los granos infectados en diversos puntos de la cadena de suministro agr&iacute;cola. En una publicaci&oacute;n de 2011, Wu y sus colegas evaluaron los costos y la eficacia asociados a varias otras pr&aacute;cticas de mitigaci&oacute;n de riesgos, incluyendo un mejor riego, la ozonificaci&oacute;n de los granos (que mata a la aflatoxina B<sub>1</sub> pero que tambi&eacute;n puede dar como resultado la degradaci&oacute;n de nutrientes esenciales) y la vacunaci&oacute;n contra la hepatitis B a fin de reducir los riesgos de c&aacute;ncer de h&iacute;gado entre las personas expuestas a las aflatoxinas.<sup>28</sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las organizaciones PACA, USAID y otras hacen hincapi&eacute; en promover m&eacute;todos de biocontrol en el campo que permitan evitar que el <i>Aspergillus</i> se establezca. El m&eacute;todo de biocontrol que m&aacute;s se utiliza fue desarrollado por Peter Cotty, investigador de fitopatolog&iacute;a del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y profesor adjunto de la Universidad de Arizona. A fines de los 1980, Cotty estudiaba la virulencia de diversas cepas de <i>A. flavus,</i> que se cuentan por miles. En este caso la virulencia se refiere a la capacidad de una cepa de colonizar e infectar a las semillas de las plantas. Lo que Cotty encontr&oacute; fue que las cepas atoxig&eacute;nicas &#45;es decir, aquellas que no producen aflatoxinas&#45; son igualmente virulentas que las que s&iacute; las producen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Intrigado por este hallazgo, Cotty propuso una idea innovadora: mediante la inoculaci&oacute;n de los campos agr&iacute;colas con cepas atoxig&eacute;nicas de <i>A. flavus</i> en las etapas tempranas del ciclo de crecimiento de los cultivos se podr&iacute;a evitar la contaminaci&oacute;n por las aflatoxinas. Su razonamiento fue que, dado que las cepas atoxig&eacute;nicas son igualmente virulentas, la inoculaci&oacute;n deliberada les podr&iacute;a dar una ventaja en t&eacute;rminos de crecimiento y una oportunidad de superar a sus equivalentes t&oacute;xicos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los cr&iacute;ticos esta idea les pareci&oacute; rid&iacute;cula. En un art&iacute;culo publicado en 1993, el <i>Wall Street Journal</i> report&oacute; que las compa&ntilde;&iacute;as comercializadoras de semillas estaban "aterradas de que el gobierno estuviera pensando en liberar un hongo que infectar&iacute;a a las plantas a&uacute;n si no contaminara los cultivos con un carcin&oacute;geno".<sup>29</sup> Sin embargo, seg&uacute;n Cotty, las dem&aacute;s opciones no hab&iacute;an dado resultado. Los cient&iacute;ficos nunca hab&iacute;an logrado desarrollar un fungicida aceptable, ni hab&iacute;an sido capaces de criar variedades viables de ma&iacute;z resistentes a los hongos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Actualmente el m&eacute;todo de biocontrol de Cotty, que ya fue patentado por el Servicio de Investigaci&oacute;n Agr&iacute;cola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, est&aacute; cobrando popularidad. Se lo conoce como AF36, y en el suroeste de Estados Unidos lo fabrica y distribuye el Consejo de Arizona para la Investigaci&oacute;n y Protecci&oacute;n del Algod&oacute;n, para su uso en los cultivos de ma&iacute;z, algod&oacute;n y pistaches. Un producto an&aacute;logo se vende en &Aacute;frica con el nombre de Aflasafe. Syngenta, una empresa agr&iacute;cola global, fabrica y comercializa otro producto, llamado Afla&#45;guard&reg;, para su distribuci&oacute;n en Estados Unidos y su uso en los cultivos de ma&iacute;z y cacahuate.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cotty tambi&eacute;n colabora con Ranajit Bandyopadhyay, fitopat&oacute;logo del IITA, quien est&aacute; encaminando sus esfuerzos hacia el desarrollo de cepas atoxig&eacute;nicas para utilizarlas en &Aacute;frica. Seg&uacute;n Bandyopadhyay, estas cepas provienen de los pa&iacute;ses africanos en los cuales se los aplica, lo cual es importante porque significa que ya est&aacute;n adaptados al ambiente natural y por ende es m&aacute;s probable que colonicen los cultivos a los que est&aacute;n dirigidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Construcci&oacute;n de los biocontroles</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A fin de desarrollar productos Aflasafe espec&iacute;ficos para un pa&iacute;s en particular, Bandyopadhyay y Cotty comienzan por recolectar 5 000 cepas obtenidas de muestras de cultivos ampliamente distribuidas en cada pa&iacute;s. Utilizan una serie de criterios de selecci&oacute;n para reducir el n&uacute;mero a aproximadamente una docena de cepas no t&oacute;xicas, a cada una de las cuales se le realiza una prueba para detectar su estabilidad gen&eacute;tica, su capacidad de colonizar a los cultivos meta y su persistencia en el campo. Las pruebas de detecci&oacute;n tambi&eacute;n aseguran que las cepas tengan defectos en uno o m&aacute;s de los genes asociados a la producci&oacute;n de las aflatoxinas, se&ntilde;ala Bandyopadhyay. Finalmente se&ntilde;alan cuatro cepas atoxig&eacute;nicas locales que son las que se incluyen en cada producto espec&iacute;fico para cada pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Citando evidencias reunidas durante los estudios de campo del IITA en Nigeria, Bandyopadhyay afirma que el m&eacute;todo biol&oacute;gico puede reducir la contaminaci&oacute;n por aflatoxinas en el ma&iacute;z y los cacahuates en un 80&#150;90%, y en algunos casos hasta en un 99%.<sup>30</sup> A&ntilde;ade que el IITA actualmente est&aacute; colaborando con diversos socios para promover el control biol&oacute;gico en Nigeria, Senegal, Ghana, Kenia, Tanzania, Mozambique, Zambia y Burkina Faso, con planes para expandirse a varios estados del &Aacute;frica Oriental en los pr&oacute;ximos tres a&ntilde;os. Asimismo, seg&uacute;n se&ntilde;ala Nelson, el USDA y el IITA tienen funcionando desde hace casi tres a&ntilde;os un programa piloto que investiga los usos del Aflasafe en Kenya.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para Bandyopadhyay, el principal reto consiste en convencer a los agricultores locales de que vale la pena invertir en el biocontrol.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&iquest;C&oacute;mo se puede vender algo que tiene un beneficio oculto?", pregunta. "El problema con la aflatoxina es que no se la puede ver. Y a menos que los niveles sean muy elevados, la expresi&oacute;n de sus impactos sobre la salud no es inmediatamente obvia. Por ejemplo, puede tardar d&eacute;cadas en desarrollar un c&aacute;ncer". Aun as&iacute;, se&ntilde;ala que en un estudio in&eacute;dito, realizado en Nigeria, sobre la voluntad de pagar, los investigadores del IITA encontraron que cuando se informaba a los agricultores sobre los riesgos a la salud de las flatoxinas y sobre los beneficios econ&oacute;micos del control, 82% de los encuestados afirmaban estar dispuestos a invertir entre 12 y 15 d&oacute;lares por hect&aacute;rea en tratamientos de biocontrol.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/spm/v56n2/a11i5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace tres a&ntilde;os, un proyecto de desarrollo agr&iacute;cola financiado por el Banco Mundial adquiri&oacute; ocho toneladas de Aflasafe para distribuirlas en Nigeria y pag&oacute; de su bolsillo 50% de los costos para los agricultores que lo compraron. Seg&uacute;n Bandyopadhyay, el proyecto redujo el subsidio en 25% al a&ntilde;o siguiente y lo elimin&oacute; por completo en 2013. Mientras tanto, los grupos de ayuda y los gobiernos est&aacute;n experimentando con otros incentivos, como el integrar el Aflasafe a paquetes t&eacute;cnicos que incluyan adem&aacute;s mejores semillas, fertilizantes y control de plagas. "Esta es una manera de echar a andar la demanda econ&oacute;mica", explica Cardwell.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora, bajo un subcontrato con el Instituto Meridian, el IITA est&aacute; construyendo en su propio campus una f&aacute;brica a escala de demostraci&oacute;n que producir&aacute; cinco toneladas de Aflasafe por hora, cantidad suficiente para cubrir 4 000 hect&aacute;reas al d&iacute;a. Seg&uacute;n Bandyopadhyay, el objetivo general de ese esfuerzo es lograr que los fabricantes produzcan suficiente Aflasafe para tratar un mill&oacute;n de hect&aacute;reas en &Aacute;frica en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os a fin de reducir en un 90%la contaminaci&oacute;n por aflatoxinas en esa zona.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/spm/v56n2/a11i6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Pr&oacute;ximos pasos a seguir</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras tanto, los expertos contin&uacute;an intentando cultivar variedades de ma&iacute;z y de otras cosechas que sean resistentes a las aflaxotinas. Pese a los a&ntilde;os de esfuerzo, a&uacute;n no han logrado producir una sola variedad cultivada comercialmente viable. No obstante, Robert Brown, investigador de fitopatolog&iacute;a que labora en el Servicio de Investigaciones Agr&iacute;colas, afirma que &eacute;l y sus colaboradores han cultivado algunas variedades potencialmente viables a partir de muestras resistentes a las aflatoxinas recolectadas en Estados Unidos y en &Aacute;frica. De acuerdo con los datos in&eacute;ditos de Brown, los niveles de aflatoxinas son casi 87 veces m&aacute;s bajos en las variedades resistentes que en los granos de ma&iacute;z no resistentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bowman, de USAID, dice que, junto con el biocontrol, el cultivo de resistencia sigue siendo una parte importante de las estrategias para minimizar la exposici&oacute;n a las aflatoxinas en el mundo en desarrollo. El truco, dice Payne, consiste en cultivar l&iacute;neas resistentes que tengan adem&aacute;s otros atributos comercialmente viables, como un alto rendimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La falta de normas coherentes dentro de los pa&iacute;ses africanos y en otras partes del mundo tambi&eacute;n es problem&aacute;tica, a&ntilde;ade Nelson. PACA y otros grupos est&aacute;n trabajando para apoyar el desarrollo de normas armonizadas en &Aacute;frica, pero el compartir un valor compartido es un prospecto complejo y arduo. "Los pa&iacute;ses no quieren estar ce&ntilde;idos a una norma que no creen poder cumplir", explica Nelson.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, afirma Stinson, las aflatoxinas constituyen un importante problema para el comercio debido a que unos 15 pa&iacute;ses de &Aacute;frica tienen topes para los niveles de aflatoxina en los cultivos a los que se permite la entrada al pa&iacute;s. "Los pa&iacute;ses necesitan establecer individualmente normas, capacitar a los agricultores &#91;y&#93; trabajar mediante extensiones agr&iacute;colas para controlar las aflatoxinas", dice. "Todo pa&iacute;s que tenga un problema de aflatoxinas necesita un plan de acci&oacute;n para combatir las mismas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En &uacute;ltima instancia, para solucionar el problema de las aflatoxinas en el mundo en desarrollo se requerir&aacute; una profunda transformaci&oacute;n social, subraya Cardwell. "Necesitamos un sistema que haga que valga la pena controlar las aflatoxinas", dice. "T&eacute;cnicamente, eso no presenta mayor complicaci&oacute;n; pero desde la perspectiva del contexto social y de desarrollo, es algo muy complejo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Charles W. Schmidt, MS,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br></b> galardonado escritor cient&iacute;fico que radica en Portland, ME,    <br> 	ha publicado en las revistas <i>Discover Magazine, Science,</i> y <i>Nature Medicine.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Njoroge E. Kenya to mop up contaminated maize. Capital News &#91;Nairobi, Kenya&#93;, secci&oacute;n de noticias (News), edici&oacute;n en l&iacute;nea (10 de mayo de 2010). Disponible en: <a href="http://goo.gl/yyQ69O" target="_blank">http://goo.gl/yyQ69O</a> &#91;consultado el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457893&pid=S0036-3634201400020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Probst C, <i>et al.</i> Identification of atoxigenic <i>Aspergillus flavus</i> isolates to reduce aflatoxin contamination of maize in Kenya. Plant Dis 95(2):212&#45;218 (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.1094/PDIS&#45;06&#45;10&#45;0438" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1094/PDIS&#45;06&#45;10&#45;0438</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457895&pid=S0036-3634201400020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. CDC. National Health and Nutrition Examination Survey.1999&#45;2000 Data Documentation, Codebook, and Frequencies. Aflatoxin B1&#45;Lysine Concentration in Serum (SSAFB_A). Data File: SSAFB_A.xpt. Atlanta, GA: Centros para el Control y la Prevenci&oacute;n de Enfermedades de Estados Unidos (agosto de 2012). Disponible en: <a href="http://goo.gl/XeEtZj" target="_blank">http://goo.gl/XeEtZj</a> &#91;consultado el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457897&pid=S0036-3634201400020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Yard EE, <i>et al.</i> Human aflatoxin exposure in Kenya, 2007: a cross&#45;sectional study. Food Addit Contam Part A Chem Anal Control Expo Risk Assess 30(7):1322&#45;1331 (2013); <a href="http://dx.doi.org/10.1080/19440049.2013.789558" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1080/19440049.2013.789558</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457899&pid=S0036-3634201400020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. CDC. Aflatoxin &#91;p&aacute;gina web&#93;. Atlanta, GA: Centros para el Control y la Prevenci&oacute;n de Enfermedades de Estados Unidos (actualizada el 13 de enero de 2013). Disponible en: <a href="http://www.cdc.gov/nceh/hsb/chemicals/aflatoxin.htm" target="_blank">http://www.cdc.gov/nceh/hsb/chemicals/aflatoxin.htm</a> &#91;consultada el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457901&pid=S0036-3634201400020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. Liu Y, Wu F. Global burden of aflatoxin&#45;induced hepatocellular carcinoma: a risk assessment. Environ Health Perspect 118(6):818&#45;824 (2010); <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.0901388" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.0901388</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457903&pid=S0036-3634201400020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. Khlangwiset P, <i>et al.</i> Aflatoxins and growth impairment: a review. Crit Rev Toxicol 41(9):740&#45;755 (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.3109/10408444.2011.575766" target="_blank">http://dx.doi.org/10.3109/10408444.2011.575766</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457905&pid=S0036-3634201400020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">8. USAID. U.S. Announces Support for the Africa&#45;Led Partnership for Aflatoxin Control in Africa &#91;press release&#93;. Washington, DC: Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (10 de junio de 2011). Disponible en: <a href="http://goo.gl/XEDBsP" target="_blank">http://goo.gl/XEDBsP</a> &#91;consultado el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457907&pid=S0036-3634201400020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">9. Meridian Institute. Support for Innovative Partnership for Aflatoxin Control in Africa Funded by Bill &amp; Melinda Gates Foundation and Department for International Development of the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland (DfID) &#91;comunicado de prensa&#93;. Washington, DC: Instituto Meridian (23 de febrero de 2012). Disponible en: <a href="http://www.aflatoxinpartnership.org/Press_Release.aspx" target="_blank">http://www.aflatoxinpartnership.org/Press_Release.aspx</a> &#91;consultado el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457909&pid=S0036-3634201400020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">10. Ingwersen J. US grain sector on high alert for aflatoxin in drought&#45;hit corn. Reuters, edici&oacute;n en l&iacute;nea (30 de agosto de 2012). Disponible en: <a href="http://goo.gl/mBHRlf" target="_blank">http://goo.gl/mBHRlf</a> &#91;consultada el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457911&pid=S0036-3634201400020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">11. FDA. Compliance Manuals. Compliance Policy Guides. Section 555.400. Foods&#45;Adulteration with Aflatoxin. Silver Spring, MD: Administraci&oacute;n de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, Departmento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (actualizada el 9 de diciembre de 2009). Disponible en: <a href="http://goo.gl/xq16nd" target="_blank">http://goo.gl/xq16nd</a> &#91;consultada el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457913&pid=S0036-3634201400020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">12. FDA. Compliance Manuals. Compliance Policy Guides. Section 527.400. Whole Milk, Lowfat Milk, Skim Milk&#45;Aflatoxin M1. Silver Spring, MD: Administraci&oacute;n de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (actualizada el 12 de agosto 2009). Disponible en: <a href="http://goo.gl/e48EA7" target="_blank">http://goo.gl/e48EA7</a> &#91;consultada el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457915&pid=S0036-3634201400020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">13. Commission Regulation (EC) No. 1881/2006, OJ L 364 of 20 December 2006. Disponible en: <a href="http://goo.gl/IMiS91" target="_blank">http://goo.gl/IMiS91</a> &#91;consultado el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457917&pid=S0036-3634201400020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">14. Kensler TW, <i>et al.</i> Aflatoxin: a 50&#45;year odyssey of mechanistic and translational toxicology. ToxicolSci 120(suppl1):S28&#45;S48 (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.1093/toxsci/kfq283" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1093/toxsci/kfq283</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457919&pid=S0036-3634201400020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">15. Busby WFJ, Wogan GN. Aflatoxins. En: Chemical Carcinogens (Searle CD, ed.). Washington, DC: Sociedad Americana de Qu&iacute;mica (American Chemical Society, 1984).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457921&pid=S0036-3634201400020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">16. Eaton DL, Groopman JD. The Toxicology of Aflatoxins: Human Health, Veterinary, and Agricultural Significance. San Diego, CA: Academic Press, Inc. (1994).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457923&pid=S0036-3634201400020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">17. IARC. Some Traditional Herbal Medicines, Some Mycotoxins, Naphthalene and Styrene, Volume 82. Summary of Data Reported and Evaluation. Lyon, France: Agencia Internacional para la Investigaci&oacute;n sobre C&aacute;ncer, Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (actualizada el 4 de diciembre de 2002). Disponible en: <a href="http://goo.gl/PTFElR" target="_blank">http://goo.gl/PTFElR</a> &#91;consultada el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457925&pid=S0036-3634201400020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">18. Probst C, <i>et al.</i> Outbreak of an acute aflatoxicosis in Kenya in 2004: identification of the causal agent. Appl Environ Microbiol 73(8):2762&#45;2764 (2007); <a href="http://dx.doi.org/10.1128/AEM.02370&#45;06" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1128/AEM.02370&#150;06</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457927&pid=S0036-3634201400020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">19. Khlangwiset P, et al. Aflatoxins and growth impairment: a review. Crit Rev Toxicol 41(9):740&#45;755 (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.3109/10408444.2011.575766" target="_blank">http://dx.doi.org/10.3109/10408444.2011.575766</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457929&pid=S0036-3634201400020001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">20. Chen JG, <i>et al.</i> Reduced aflatoxin exposure presages decline in liver cancer mortality in an endemic region in China. Cancer Prev Res; <a href="http://dx.doi.org/10.1158/1940&#45;6207.CAPR&#45;13&#45;0168" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1158/1940&#45;6207.CAPR&#45;13&#45;0168</a> &#91;online 20 August 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457931&pid=S0036-3634201400020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">21. Chen JG, <i>et al.</i> Trends in the mortality of liver cancer in Qidong, China: an analysis of fifty years &#91;en chino&#93;. Zhonghua Zhong Liu ZaZhi 34(7):532&#45;537 (2012); <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22967473" target="_blank">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22967473</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457933&pid=S0036-3634201400020001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">22. Liu Y, Wu F. Global burden of aflatoxin&#45;induced hepatocellular carcinoma: a risk assessment. Environ Health Perspect 118(6):818&#45;824 (2010); <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.0901388" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.0901388</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457935&pid=S0036-3634201400020001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">23. Hell K, <i>et al.</i> The influence of storage practices on aflatoxin contamination in maize in four agroecological zones of Benin, West Africa. J Stored Prod Res 36(4):365&#45;382 (2000); <a href="http://dx.doi.org/10.1016/S0022&#45;474X(99)00056&#45;9" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/S0022&#45;474X(99)00056&#45;9</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457937&pid=S0036-3634201400020001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">24. Udoh JM, <i>et al.</i> Storage structures and aflatoxin content of maize in five agroecological zones of Nigeria. J Stored Prod Res 36(2):187&#45;201 (2000); <a href="http://dx.doi.org/10.1016/S0022&#45;474X(99)00042&#45;9" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/S0022&#45;474X(99)00042&#45;9</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457939&pid=S0036-3634201400020001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">25. Gong YY, <i>et al.</i> Dietary aflatoxin exposure and impaired growth in young children from Benin and Togo: cross sectional study. BMJ 325(7354):20&#45;21 (2002); <a href="http://dx.doi.org/10.1136/bmj.325.7354.20" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1136/bmj.325.7354.20</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457941&pid=S0036-3634201400020001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">26. Gong Y, <i>et al.</i> Postweaning exposure to aflatoxin results in impaired child growth: a longitudinal study in Benin, West Africa. Environ Health Perspect 112(13):1334&#45;1338 (2004); <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.6954" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.6954</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457943&pid=S0036-3634201400020001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">27. de Onis M, <i>et al.</i> Prevalence and trends of stunting among pre&#45;school children 1990&#45;2020. Public Health Nutr 15(1):142&#45;148 (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.1017/S1368980011001315" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1017/S1368980011001315</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457945&pid=S0036-3634201400020001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">28. Khlangwiset P, Wu F. Costs and efficacy of public health interventions to reduce aflatoxin&#45;induced human disease. Food Addit Contam Part A Chem Anal Control Expo Risk Assess 27(7):998&#45;1014 (2010); <a href="http://dx.doi.org/10.1080/19440041003677475" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1080/19440041003677475</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457947&pid=S0036-3634201400020001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">29. Kilman S. Food&#45;safety strategy pits germ against germ. The Wall Street Journal (Nueva York, NY), B2 (16 de marzo de 1993).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457949&pid=S0036-3634201400020001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">30. IITA. Annual Report 2011. Croydon, UK: International Institute of Tropical Agriculture (2011). Disponible en: <a href="http://goo.gl/Oax5f1" target="_blank">http://goo.gl/Oax5f1</a> &#91;consultada el 26 de agosto de 2013&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9457951&pid=S0036-3634201400020001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>      ]]></body><back>
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<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
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<source><![CDATA[Kenya to mop up contaminated maize: Capital News]]></source>
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