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</front><body><![CDATA[ <HTML> <HEAD> <TITLE>a12v47n6</TITLE> </HEAD>     <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>P&Aacute;GINAS DE SALUD P&Uacute;BLICA</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="4" face="verdana"><B>La pandemia olvidada</B> </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v47n6/a12fig01.gif"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><I>Kolata G. Flu. </I><B>The story of the great    influenza pandemic and the search for the virus that caused it. </B><I>New York:    Farar, Straus and Giroux, 1999.</I> </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">I had a little bird and his name was Enza.    <br>   I opened up the window, and in-flu-enza. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font size="2" face="Verdana">Rima infantil de los a&ntilde;os    <br>   veinte del siglo pasado </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">Eran tiempos de guerra y, en Rusia y M&eacute;xico,    de revoluci&oacute;n. La muerte era un evento tan com&uacute;n que posiblemente    abarat&oacute; la vida y endureci&oacute; los corazones. S&oacute;lo esto puede    explicar que esta devastadora pandemia haya ocupado tan peque&ntilde;o y oscuro    espacio en la memoria colectiva. La extraordinaria <I>Historia de la Salud P&uacute;blica    </I>de George Rosen, publicada en 1958, y la 13º edici&oacute;n de la <I>Enciclopedia    Brit&aacute;nica</I>, publicada en 1926, no hacen la m&aacute;s m&iacute;nima    menci&oacute;n a esta tragedia. No es de extra&ntilde;ar que uno de los mejores    libros sobre el tema, escrito por Alfred Crosby, se titule justamente <I>La    Pandemia Olvidada</I>. </font> </p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La mayor&iacute;a de los registros coinciden    en afirmar que la influenza espa&ntilde;ola de 1918 mat&oacute; alrededor de    60 millones de personas en dos a&ntilde;os, seis veces el n&uacute;mero de individuos    que fallecieron en combate en la Primera Guerra Mundial (9.2 millones) y cuatro    veces los que murieron en la segunda de las grandes guerras del siglo pasado    (15.9 millones). Debida posiblemente a una mutaci&oacute;n de la influenza porcina,    esta enfermedad alcanz&oacute; dimensiones pand&eacute;micas como resultado    de las migraciones masivas asociadas a la guerra. Si hoy se infectara con aquel    virus de la influenza un porcentaje parecido de la poblaci&oacute;n de Estados    Unidos al que se infect&oacute; en 1918 (28%) y la tasa de letalidad alcanzara    la cifra de aquel a&ntilde;o (2.5%), se producir&iacute;an alrededor de 1.5    millones de decesos en este pa&iacute;s, cifra superior al n&uacute;mero de    muertes en un a&ntilde;o por enfermedades del coraz&oacute;n, c&aacute;ncer,    enfermedad pulmonar obstructiva cr&oacute;nica, SIDA y Alzheimer sumadas. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Es la historia de esta pandemia la que cuenta    Gina Kolata en el libro que aqu&iacute; se rese&ntilde;a y tambi&eacute;n la    historia de la identificaci&oacute;n del virus que la produjo. ¿Qui&eacute;n    iba decir que la clave de esta misteriosa epidemia habr&iacute;a de encontrarse    en una peque&ntilde;a aldea de Alaska y que el letal microorganismo que la produjo    guardar&iacute;a un asombroso parecido con el virus de la influenza aviar que    amenaza con convertirse en el agente causal de la primera pandemia del siglo    XXI? </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> En los siglos XVII y XVIII los estudiosos atribuyeron    esta enfermedad a la influencia (del italiano <I>influenza</I>) de las estrellas,    algunos, y del fr&iacute;o, otros. Produce un cuadro caracterizado por fiebre,    coriza, tos, cefalea, malestar e inflamaci&oacute;n de la mucosa respiratoria.    En casos complicados da lugar a bronquitis hemorr&aacute;gicas y neumon&iacute;as,    que en ocasiones conducen a la muerte. Su agente etiol&oacute;gico es un orto-mixovirus    que fue identificado en 1933, pero el cuadro cl&iacute;nico y las epidemias    que produjo se describieron desde &eacute;pocas muy remotas. Tuc&iacute;dides    rese&ntilde;a algunas de &eacute;stas y las responsabiliza de las derrotas de    Grecia frente a Esparta y la Liga del Peloponeso. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Por lo general este virus produce epidemias    agudas cada tres a&ntilde;os, a finales del oto&ntilde;o o principios del invierno,    y cada diez a&ntilde;os se presentan cambios en el tipo antig&eacute;nico prevalente    del virus A que en ocasiones dan origen a grandes pandemias. Las m&aacute;s    recientes se produjeron en 1957-58, "la gripe asi&aacute;tica", y    1968-69, "la gripe de Hong Kong". Ambas involucraron cepas que al    parecer proceden indirectamente de las aves, pero en t&eacute;rminos de los    da&ntilde;os generados poco tuvieron que ver con la pandemia de 1918. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> A esta ultima se le termin&oacute; denominando    influenza espa&ntilde;ola, pero la verdad es que a la fecha se desconoce el    sitio en donde se origin&oacute;. En la primavera de 1918 aparecieron brotes    en diversos pa&iacute;ses de Europa y Asia, y en Estados Unidos. La primera    ola de influenza fue muy contagiosa, pero en muy pocos casos tuvo consecuencias    fatales. La segunda ola apareci&oacute; pocos meses despu&eacute;s y hacia octubre    se hab&iacute;a diseminado a pr&aacute;cticamente todo el mundo, incluso a las    remotas aldeas esquimales. S&oacute;lo algunas islas de Australia se libraron    de este mal. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> Esta segunda ola adem&aacute;s de contagiosa    fue extraordinariamente letal. Alrededor de 20% de los afectados sufrieron de    una gripe moderada, pero el resto present&oacute; uno de dos cuadros. Algunos    cayeron gravemente enfermos en cosa de horas, literalmente ahogados, con los    pulmones llenos de l&iacute;quido. Los otros cursaron con un cuadro t&iacute;pico    de gripe, pero a los cuatro o cinco d&iacute;as desarrollaron neumon&iacute;as    que los mataron o los dejaron cr&oacute;nicamente convalecientes. Era poco lo    que se les pod&iacute;a ofrecer, m&aacute;s all&aacute; de intervenciones paliativas.    </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La pandemia de gripe espa&ntilde;ola lleg&oacute;    a su fin sin que nada se supiera sobre su agente causal. Durante algunos a&ntilde;os    se pens&oacute; que hab&iacute;a sido una bacteria, el bacilo Pfeiffer, el responsable    de esta calamidad. Esta hip&oacute;tesis pronto se descart&oacute;, pero tuvo    que pasar mucho tiempo antes de que se caracterizara al virus que hab&iacute;a    diezmado pueblos y ciudades enteras. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La aventura que lleva a su descubrimiento, que    Kolata narra con maestr&iacute;a y un asombroso manejo de los detalles, da inicio    en una cena en 1950 en la ciudad de Iowa, en la que William Hale, un conocido    vir&oacute;logo de los Laboratorios Nacionales de Brookhalen, coment&oacute;:    </font></p>     <blockquote>        <p><font size="2" face="Verdana">Se ha hecho todo por elucidar la causa de la      epidemia, pero simplemente no sabemos qu&eacute; fue lo que la produjo. Lo      &uacute;nico que queda es ir alguna parte del norte del mundo, buscar cuerpos      sepultados en <I>permafrost </I>que est&eacute;n bien conservados y averiguar      si contienen el virus de la influenza. </font></p> </blockquote>     <p><font size="2" face="Verdana"> A esa cena hab&iacute;a acudido un joven estudiante    sueco que estaba particularmente capacitado para llevar a cabo esa tit&aacute;nica    tarea, y adem&aacute;s, enormemente dispuesto. El comentario de Hale no cay&oacute;    en saco roto. El desenlace de esta historia, sin embargo, se produce casi 50    a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1997. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La historia del descubrimiento del virus de    la pandemia de influenza de 1918 est&aacute; documentada en la literatura cient&iacute;fica    y popular, y ha dado origen a reportajes especiales de numerosos noticieros    y a m&uacute;ltiples documentales. Los protagonistas, Johan Hultin y Jeffery    Taubenberger, son ya celebridades. Pero el libro de Kolata tiene el gran valor    de reunir pr&aacute;cticamente todas las piezas de un rompecabezas que pudo    haberse armado de manera totalmente distinta. El escenario de la soluci&oacute;n    del enigma pudo haber sido Spitsberger, Noruega, y no la comunidad de Brevig    en Alaska, y la hero&iacute;na pudo haber sido Kirsty Duncan, una ge&oacute;grafa    que trabajaba en las Universidades de Windsor y Toronto. Pero por algo suceden    las cosas de cierta manera, dir&iacute;an los fatalistas. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Hultin tuvo el enorme m&eacute;rito de identificar    en 1951 las pocas comunidades en Alaska que reun&iacute;an las condiciones para    posiblemente hallar cuerpos con el virus de la famosa influenza. Se trataba    de comunidades que hab&iacute;an sido afectadas por la pandemia de 1918, contaban    con registros aceptables de sus muertes y hab&iacute;an establecido cementerios    en terrenos con <I>permafrost</I>. En Brevig encontr&oacute; lo que quer&iacute;a,    pero lamentablemente las muestras de tejido pulmonar que tom&oacute; de un cuerpo    bastante bien conservado, no permitieron recuperar el tan ansiado virus. Hultin    tendr&iacute;a que esperar m&aacute;s de 40 a&ntilde;os para que se desarrollaran    las t&eacute;cnicas que permitir&iacute;an recuperar virus de tejidos maltratados    por el paso del tiempo. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Fue Taubenberger quien en los a&ntilde;os noventa    pudo empezar a caracterizar al agente causal de la influenza usando t&eacute;cnicas    de recuperaci&oacute;n e identificaci&oacute;n de RNA viral en el Instituto    de Patolog&iacute;a de las Fuerzas Armadas de Washington. Busc&oacute; y encontr&oacute;    en los m&aacute;s de 3 millones de espec&iacute;menes almacenados desde 1917    en dicho laboratorio muestras de pulm&oacute;n de soldados muertos por influenza    en 1918. Despu&eacute;s de varios meses de b&uacute;squeda infructuosa, a mediados    de 1996, pudo recuperar, de una sola de las muestras, fragmentos del virus de    la influenza. En octubre de 1996 envi&oacute; su trabajo a publicaci&oacute;n.    <I>Nature </I>ni siquiera quiso mandarlo a revisi&oacute;n y <I>Science </I>lo    hizo s&oacute;lo despu&eacute;s de que varios expertos vir&oacute;logos intercedieron    a favor de este desconocido pat&oacute;logo que no contaba con las credenciales    para atreverse a generar un descubrimiento de esa magnitud. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> A pesar del &eacute;xito alcanzado, Taubenberger    sab&iacute;a que era necesario confirmar sus hallazgos con otras muestras de    tejido de v&iacute;ctimas de la influenza de 1918, muestras que tal vez le permitir&iacute;an    recuperar todas las secuencias de los genes del virus, pero ¿d&oacute;nde    encontrarlas? Y es aqu&iacute; donde entra de nuevo en escena, 45 a&ntilde;os    despu&eacute;s, Hultin. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> Retirado en San Francisco, el pat&oacute;logo    sueco, al conocer los hallazgos de Taubenberger, se volvi&oacute; a entusiasmar    con la posibilidad de regresar a Alaska a tomar nuevas muestras de pulm&oacute;n    en los cuerpos del cementerio de Brevig y, con las nuevas t&eacute;cnicas, recuperar    y caracterizar al virus que hab&iacute;a llenado cientos de sus horas de insomnio.    No tard&oacute; en establecer contacto con Taubenberger y a las pocas semanas    organizar por cuenta propia un viaje a Alaska. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Lo entristeci&oacute; la vida en Brevig. En    45 a&ntilde;os, la hermosa comunidad que practicaba t&eacute;cnicas ancestrales    de caza y pesca de ballenas, hab&iacute;a terminado sometida a la beneficencia.    Familias enteras viv&iacute;an en el ocio recibiendo dinero de una compa&ntilde;&iacute;a    petrolera que les pagaba por la explotaci&oacute;n de sus tierras. Repuesto    de la impresi&oacute;n, restableci&oacute; contactos, repiti&oacute; la labor    de convencimiento que llev&oacute; a cabo en esos mismos parajes en su juventud    y con la ayuda de cuatro entusiastas esquimales cav&oacute; hasta encontrar    el cuerpo bien conservado de una mujer de 40 a&ntilde;os de la que pudo tomar    muy buenas muestras de tejido pulmonar. A los pocos d&iacute;as Taubenberger    las tuvo en sus manos y una semana despu&eacute;s identificaba las secuencias    del afamado virus. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Hoy la pandemia de influenza de 1918 empieza    a recuperar el sitio que le corresponde en la historia de la salud p&uacute;blica.    Las pandemias de 1957-58 y 1968-69 contribuyeron sin duda a sacar del ostracismo    a tan extraordinario evento. Lo mismo hicieron la amenaza infundada de influenza    porcina de 1976 y, m&aacute;s recientemente, los trabajos de Hultin y Taubenberger    Y ahora la posible pandemia de influenza aviar ha puesto en boca de literalmente    todos el tema de las grandes gripes. El libro de Kolata, que tambi&eacute;n    contribuye a remediar el olvido, no pudo haberse publicado en momento mejor.    </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font size="2" face="Verdana">Octavio G&oacute;mez Dant&eacute;s    <br>   <a href="mailto:ocogomez@yahoo.com">ocogomez@yahoo.com</a></font></p>     </body> </HTML>      ]]></body>
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