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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Violencia en las relaciones interétnicas y racismo en la Ciudad de México]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Violencia en las relaciones inter&eacute;tnicas y racismo en la Ciudad de M&eacute;xico</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Cristina Oehmichen</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La autora es investigadora del Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas de la UNAM.</i> <a href="mailto:cristiomx@yahoo.com.mx">cristiomx@yahoo.com.mx</a></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo se analiza el tema de la violencia y el racismo a la luz de las relaciones indo mestizas en M&eacute;xico. Se parte de considerar a la violencia simb&oacute;lica como una pr&aacute;ctica presente en la construcci&oacute;n cultural de la naci&oacute;n sobre la cual descansan las representaciones actuales que tienden a criminalizar a los ind&iacute;genas. Para ello se presentan algunos aspectos de la violencia, tanto simb&oacute;lica como de otro tipo, que emergen de las relaciones inter&eacute;tnicas en la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me propongo analizar algunos aspectos de los diferentes tipos de violencia que se presentan en las relaciones indo&#45;mestizas de M&eacute;xico para, posteriormente, exponer la manera en que dichas relaciones se expresan en la Ciudad de M&eacute;xico. Para ello, me baso en informaci&oacute;n etnogr&aacute;fica obtenida de 1997 a 2003 entre ind&iacute;genas mazahuas inmigrantes y grupos no ind&iacute;genas con quienes interaccionan de manera cotidiana. La informaci&oacute;n se complementa con algunos elementos discursivos que muestran la conformaci&oacute;n de nuevos atributos de identificaci&oacute;n y tienden a criminalizar a los ind&iacute;genas en un contexto en el que la inseguridad p&uacute;blica y la violencia se convierten en un problema que afecta a toda la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La metodolog&iacute;a empleada consisti&oacute; en realizar entrevistas abiertas y semidirigidas a 54 inmigrantes mazahuas originarios de dos comunidades diferentes. El objetivo fue conocer los procesos de identidad y cambio cultural que se derivan de la migraci&oacute;n rural&#45;urbana.<sup><a href="#nota">1</a></sup> No obstante, durante el trabajo de campo surgieron temas que no estaban contemplados y que surg&iacute;an de las conversaciones y charlas informales. As&iacute;, los problemas relacionados con la discriminaci&oacute;n, el racismo y la violencia fueron temas recurrentes en las pl&aacute;ticas. Adem&aacute;s de lo anterior, fueron entrevistadas 25 personas no ind&iacute;genas que viven en las cercan&iacute;as de los vecindarios &eacute;tnicos y grupos de comerciantes, con el fin de conocer su percepci&oacute;n sobre la presencia ind&iacute;gena en la ciudad. Finalmente, fueron entrevistados funcionarios del entonces Instituto Nacional Indigenista<sup><a href="#nota">2</a></sup> y del Gobierno del Distrito Federal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero &iquest;qu&eacute; es la violencia? &Eacute;sta ha sido definida como "el uso o la amenaza de la fuerza f&iacute;sica entre individuos o grupos" (Giddens, 2000: 740). Se dir&iacute;a, pues, que se trata de un comportamiento objetivamente preconstituido o de un tipo de comportamiento social. En esa misma t&oacute;nica, Francoise H&eacute;ritier (1996) define la violencia como toda coacci&oacute;n de naturaleza f&iacute;sica o ps&iacute;quica susceptible de atraer el terror, el desplazamiento, la desgracia o la muerte de un ser animado. La violencia incluye tambi&eacute;n los actos que tienen por efecto el despojo del otro y el da&ntilde;o o la destrucci&oacute;n de objetos inanimados pertenecientes al otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, la violencia es tambi&eacute;n un <i>concepto socialmente construido,</i> donde interviene la cultura y la subjetividad. Con frecuencia lo que se considera como comportamiento violento en ciertos contextos socio&#45;culturales, deja de serlo en otros. Incluso pueden coexistir en una misma sociedad mundos normativos diferentes que definan tambi&eacute;n de modo diferente la violencia. (H&eacute;au y Gim&eacute;nez, 2005; Welzer&#45;Lang, 1992).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen diversas formas de violencia que podemos considerar como "consuetudinarias" y que son constitutivas de las relaciones de poder. Se trata de una violencia institucionalizada, enraizada en la cultura, e inscrita en las mentes y en los cuerpos de quienes la ejercen y de quienes la sufren. Esta forma de violencia muchas veces es imperceptible porque se encuentra inscrita en la <i>doxa,</i> ya que pertenece al &aacute;mbito de lo pre&#45;interpretado. A este tipo de violencia se refiere Bourdieu (1998) cuando habla de la "violencia simb&oacute;lica" que permite reproducir y perpetuar relaciones de dominaci&oacute;n. Se trata de aquella forma de violencia enraizada en la cultura, y que se ejerce con la participaci&oacute;n activa y el consentimiento de los dominados para perpetuar su propia dominaci&oacute;n. Este concepto es &uacute;til para analizar las relaciones asim&eacute;tricas de larga data.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las relaciones inter&eacute;tnicas la violencia se expresa con mayor o menor crueldad e intensidad dependiendo del contexto de interacci&oacute;n y de los intereses en juego. En Latinoam&eacute;rica, el racismo y la violencia contra las poblaciones originarias han sido constantes a lo largo de la historia. El uso de la fuerza f&iacute;sica es la expresi&oacute;n m&aacute;s visible de la violencia inter&eacute;tnica, pero no es la &uacute;nica.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La eliminaci&oacute;n simb&oacute;lica del indio</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La construcci&oacute;n de la naci&oacute;n mexicana ha tenido en el mestizaje una de las formas m&aacute;s evidentes de la violencia simb&oacute;lica, que ha conducido a la invisibilizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas, a su inexistencia jur&iacute;dica como sujetos de derecho y a la ausencia de &oacute;rganos de representaci&oacute;n pol&iacute;tica propios. La violencia tiene siempre algo que ver con la destrucci&oacute;n de "el otro", del "diferente", del "extra&ntilde;o" (Ianni, 2001: 57).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico, el Estado construy&oacute; lo "nacional" a partir de un sistema de clasificaci&oacute;n que implic&oacute; inclusiones y exclusiones. Este sistema se expresar&iacute;a en la conformaci&oacute;n de una naci&oacute;n imaginada (Anderson, 2001) como culturalmente homog&eacute;nea. Esta concepci&oacute;n arranca desde inicios del siglo XIX, cuando M&eacute;xico se convierte en una naci&oacute;n independiente. Una vez lograda la independencia con respecto a Espa&ntilde;a, el indio pas&oacute; a formar parte de la sociedad mexicana en t&eacute;rminos de una igualdad jur&iacute;dica. En 1824 fue promulgada la primera constituci&oacute;n del M&eacute;xico independiente, en la cual se estableci&oacute; la igualdad jur&iacute;dica de todos los mexicanos. En ese a&ntilde;o, el naciente Estado inici&oacute; una pol&iacute;tica oficial para educar a los indios, quienes fueron concebidos como sujetos que hab&iacute;a que integrar al proyecto nacional concebido por las &eacute;lites criollas y mestizas dominantes. El indio fue visto como producto del atraso, la ignorancia y la barbarie, a&uacute;n por los intelectuales m&aacute;s progresistas de la &eacute;poca.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, fue hasta el siglo XX cuando se realizaron los esfuerzos m&aacute;s importantes por "desindianizar" a M&eacute;xico. Despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n de 1910&#45;17, los principios liberales se expresar&iacute;an en la Constituci&oacute;n General de la Rep&uacute;blica que, al igual que en las constituciones del siglo XIX, instituy&oacute; la igualdad de todos los mexicanos sin menci&oacute;n alguna de la naturaleza pluricultural y de la diversidad &eacute;tnica de la poblaci&oacute;n mexicana. Los ind&iacute;genas s&oacute;lo fueron mencionados en la ley como depositarios de las tierras dadas en usufructo bajo la figura de las comunidades agrarias. La igualdad jur&iacute;dica establecida en la ley y la negaci&oacute;n de la diversidad cultural, llevaban consigo la negaci&oacute;n de todo tipo de reconocimiento a los derechos de los pueblos originarios sobre sus territorios, el derecho a usar sus lenguas, a mantener sus culturas, y a contar con sus propios sistemas educativos y formas de gobierno, entre otras cosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con ello se consum&oacute; la eliminaci&oacute;n simb&oacute;lica del indio del proceso de construcci&oacute;n cultural de la naci&oacute;n y s&oacute;lo qued&oacute; en el discurso nacionalista de los gobiernos posrevolucionarios, como referente, su pasado glorioso precolombino.</font></p>  	  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo los principios liberales, el Estado tambi&eacute;n emprendi&oacute; pol&iacute;ticas p&uacute;blicas orientadas a "forjar patria", es decir, a unificar cultural y ling&uuml;&iacute;sticamente a la poblaci&oacute;n nacional.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Desde 1921 comenz&oacute; a perfilarse una pol&iacute;tica educativa tendiente a asimilar a los ind&iacute;genas a la corriente predominante del mestizaje, lo que presupone su castellanizaci&oacute;n, su alfabetizaci&oacute;n y su cambio cultural. En ese mismo a&ntilde;o, el sistema educativo nacional se bas&oacute; en el principio de la ense&ntilde;anza &uacute;nica, gratuita y obligatoria. Se pretend&iacute;a que los ind&iacute;genas recibieran la misma educaci&oacute;n que los blancos y mestizos o, como planteara el secretario de Educaci&oacute;n Jos&eacute; Vasconcelos, poner la cultura al alcance de todos, pero tambi&eacute;n dar a todos la misma cultura (Oehmichen, 1999).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mestizaje apareci&oacute; como un s&iacute;mbolo articulador de la noci&oacute;n de mexicanidad. Finalmente, la naci&oacute;n mexicana surg&iacute;a como producto de la fusi&oacute;n de razas y culturas europeas e ind&iacute;genas y eran, precisamente los mestizos, los llamados a conducir al pa&iacute;s hacia la modernidad. Con ello, el Estado se present&oacute; como el soporte de la naci&oacute;n (de la macro&#45;etnia mestiza) y excluy&oacute; a los miembros no asimilados de esta categor&iacute;a. Se construy&oacute; as&iacute; un proceso de identidad nacional, con un "nosotros", valorado positivamente, donde los "otros", los indios, tendr&iacute;an que ser educados y asimilados para que llegaran a ser como "nosotros", los mestizos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tanto, en la mayor parte de las &aacute;reas de relaci&oacute;n inter&eacute;tnica del pa&iacute;s, continuaron emple&aacute;ndose las categor&iacute;as de clasificaci&oacute;n colonial para definir a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y contrastarla con la poblaci&oacute;n blanca y mestiza. En estas regiones, sobreviven hasta hoy las clasificaciones coloniales que designan a los indios como <i>gente de costumbre</i> confrontada con la <i>gente de raz&oacute;n</i> que ser&iacute;an los mestizos y los blancos (Bartolom&eacute;, 1997: 46).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el censo de 2000, M&eacute;xico tiene una poblaci&oacute;n de 97'483,412 habitantes, de los cuales 10'189,514 son ind&iacute;genas (CNDPI, 2002).<sup><a href="#nota">5</a></sup> Los ind&iacute;genas se encuentran distribuidos en todo el territorio nacional a causa de las migraciones. Sin embargo, se concentran en el centro y sur de M&eacute;xico, principalmente en los estados de Oaxaca (1'518,410 personas) Chiapas (1'036,903), Yucat&aacute;n (971,345), Veracruz (936,308), Estado de M&eacute;xico (869,828), Puebla (853,554), Hidalgo (505,878), Guerrero (478,388), Quintana Roo (338,158), San Luis Potos&iacute; (325,253), entre otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dicotom&iacute;a indio&#45;mestizo es el fundamento con el que se construyen otras dicotom&iacute;as: los elementos asociados a los blancos y mestizos se vinculan con lo positivo, es decir, con la modernidad y el progreso, mientras que los relacionados con los ind&iacute;genas se relacionan con el atraso, la ignorancia y lo rural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el pa&iacute;s existe una amplia variedad de racismos, cuyos matices se expresan seg&uacute;n las localidades y regiones del pa&iacute;s, y seg&uacute;n los contextos particulares de interacci&oacute;n. Por ejemplo, en el Baj&iacute;o y norte del pa&iacute;s, las &eacute;lites no se asumen como mestizas, sino como criollas. Con ello marcan clara su distancia, pues a diferencia de los mestizos, ellos no han tenido alg&uacute;n antepasado ind&iacute;gena, es decir, se reconocen como descendientes directos de los espa&ntilde;oles. En otras regiones, como en Chiapas, las huastecas potosina, veracruzana y poblana, los conflictos inter&eacute;tnicos se expresan de manera m&aacute;s violenta, sobre todo cuando se disputa a los ind&iacute;genas la tierra u otros recursos que les son arrebatados por ganaderos, terratenientes y otros actores con mayor poder.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la d&eacute;cada de 1970, las luchas por la tierra que se hab&iacute;an venido presentando en diferentes regiones campesinas e ind&iacute;genas del pa&iacute;s se sumaron a las demandas de un incipiente movimiento conformado por profesores e intelectuales ind&iacute;genas formados desde el indigenismo y las acciones educativas del Estado (Beaucage, 1987). Diversas organizaciones magisteriales compuestas por maestros ind&iacute;genas y otros profesionistas, expresar&iacute;an su decisi&oacute;n de defender sus culturas, demandar&iacute;an el reconocimiento a sus derechos culturales y se pronunciar&iacute;an en contra de las pol&iacute;ticas asimilacionistas llevadas a cabo por el Estado, mismas que calificaron de "etnocidio" (Bonfil, 1981).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1992 se reconoc&iacute;a por primera vez en la Constituci&oacute;n la "naturaleza pluricultural de la naci&oacute;n mexicana", al cumplirse 500 a&ntilde;os de la llegada de Crist&oacute;bal Col&oacute;n a tierras americanas. La enmienda constitucional al art&iacute;culo 4&deg; dio inicio a una serie de cambios en la legislaci&oacute;n secundaria. Por primera vez los ind&iacute;genas sujetos a procesos penales o involucrados en juicios agrarios tendr&iacute;an derecho a contar con un traductor. No obstante, estos cambios fueron m&aacute;s conmemorativos que efectivos, porque el art&iacute;culo 4&deg; nunca se reglament&oacute; (Oehmichen, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 1 de enero de 1994 irrump&iacute;a en Chiapas el Ej&eacute;rcito Zapatista de Liberaci&oacute;n Nacional (EZLN), cuyo lema "Nunca m&aacute;s un M&eacute;xico sin nosotros" expresar&iacute;a el sentir de la exclusi&oacute;n de la que han sido objeto los ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir del alzamiento del EZLN, se configurar&iacute;a un movimiento ind&iacute;gena apoyado por amplios sectores de la sociedad civil, que demandar&iacute;a el reconocimiento de una serie de derechos &eacute;tnicos. Finalmente, la Constituci&oacute;n ser&iacute;a modificada en 2001, como respuesta de los compromisos adquiridos por el Gobierno Federal con el EZLN, compromisos establecidos en los Acuerdos de San Andr&eacute;s y firmados en febrero de 1996.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, en 2001 se modificaron los art&iacute;culos 1&deg;, 2&deg;, 18&deg;, y 115&deg; de la Constituci&oacute;n. En ellos se reconoce el derecho de los pueblos y comunidades ind&iacute;genas a la libre determinaci&oacute;n y, en consecuencia, a la autonom&iacute;a para decidir sus formas internas de convivencia y organizaci&oacute;n social, econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y cultural; el derecho a aplicar sus propios sistemas normativos en la regulaci&oacute;n y soluci&oacute;n de sus conflictos internos; y a elegir, de acuerdo con sus normas, procedimientos y pr&aacute;cticas tradicionales, a las autoridades o representantes para el ejercicio de sus propias formas de gobierno interno, entre otras cosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llama la atenci&oacute;n que &eacute;ste sea el &uacute;nico caso en el que se afirme de manera expl&iacute;cita que tales derechos constitucionales se pueden ejercer, pero siempre en el marco del respeto a los derechos humanos y al derecho de las mujeres. Esta menci&oacute;n expl&iacute;cita oculta mensajes impl&iacute;citos, pues no se hace la advertencia para ning&uacute;n otro grupo social. Ello deja entrever un trasfondo racista que asume que los ind&iacute;genas s&iacute; violan los derechos humanos y de los de las mujeres, derechos que "nosotros", los no ind&iacute;genas, s&iacute; respetamos.<sup><a href="#nota">6</a></sup> As&iacute;, muchas formulaciones, en apariencia positivas, de reconocimiento de los ind&iacute;genas s&oacute;lo pueden entenderse por completo si se pormenorizan sus m&uacute;ltiples proposiciones impl&iacute;citas, como ha ocurrido en M&eacute;xico y otros pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica (Van Dijk, 2003).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las representaciones y pr&aacute;cticas racistas tambi&eacute;n se muestran en las cifras oficiales. De acuerdo con la primera Encuesta Nacional sobre Discriminaci&oacute;n en M&eacute;xico (Sedesol, 2005)<sup><a href="#nota">7</a></sup> el 43% de los mexicanos opina que los ind&iacute;genas tendr&aacute;n siempre una limitaci&oacute;n social por sus caracter&iacute;sticas raciales. Uno de cada tres opina que lo &uacute;nico que tienen que hacer los ind&iacute;genas para salir de la pobreza es no comportarse como ind&iacute;genas. El 40% manifest&oacute; estar dispuesto a organizarse con otras personas para solicitar que no permitieran a un grupo de ind&iacute;genas establecerse cerca de su comunidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un total de 765 ind&iacute;genas formaron parte de la muestra y los resultados son elocuentes: nueve de cada diez ind&iacute;genas opina que en M&eacute;xico existe discriminaci&oacute;n debido a su condici&oacute;n; 90.3% de los ind&iacute;genas siente que tiene menos oportunidades para conseguir trabajo. Tres de cada cuatro ind&iacute;genas consideran que tienen menos oportunidades para ir a la escuela que el resto de las personas. Dos de cada tres ind&iacute;genas opinan que tienen pocas o nulas posibilidades para mejorar sus condiciones de vida. 45% afirma que no se le han respetado sus derechos debido a su condici&oacute;n. Uno de cada tres en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, por ser ind&iacute;gena, ha sido sujeto de discriminaci&oacute;n. A uno de cada cinco se le ha negado trabajo por el simple hecho de ser ind&iacute;gena (Sedesol, 2005).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los datos de la encuesta coinciden con otras condiciones de violencia estructural. En 1990, se contabilizaron a 17 millones de personas que viv&iacute;an en la pobreza extrema. Los indicadores del censo de ese a&ntilde;o presentaron una gran coincidencia entre pobreza extrema y regiones con alta densidad de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena (Pronasol, 1990). El censo del a&ntilde;o 2000 muestra que la mayor&iacute;a de los ind&iacute;genas contin&uacute;a viviendo en esas condiciones: el 52.6% de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de quince a&ntilde;os y m&aacute;s, es econ&oacute;micamente activa, pero sus ingresos por producto del trabajo no tienen una situaci&oacute;n aceptable: 25 de cada cien ind&iacute;genas no recibe ingreso por su trabajo; 56 de cada cien recibe hasta dos salarios m&iacute;nimos mensuales y, solamente 19.4% recibe m&aacute;s de dos salarios m&iacute;nimos al mes.<sup><a href="#nota">8</a></sup> A los bajos o nulos ingresos por su trabajo se agregan problemas de marginalidad: el 25% de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de 15 a&ntilde;os y m&aacute;s no sabe leer ni escribir; el 39% de quienes tienen entre cinco y 24 a&ntilde;os no asiste a la escuela; y, el 40% de quienes tienen quince a&ntilde;os de edad y m&aacute;s, no cuenta con el nivel de primaria concluido.<sup><a href="#nota">9</a></sup> En todos los casos, la situaci&oacute;n afecta en mayor medida a las mujeres (CNDPI, 2002)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas condiciones han obligado a miles de familias ind&iacute;genas a emprender la migraci&oacute;n. Los migrantes se dirigen hacia las ciudades del pa&iacute;s, principalmente a las ciudades de M&eacute;xico, Guadalajara, Puebla y Monterrey; as&iacute; como a las ciudades fronterizas del norte, como son Tijuana, Mexicali y Ciudad Ju&aacute;rez. Otros acuden a los polos de desarrollo tur&iacute;stico, entre ellos Acapulco, Canc&uacute;n y Puerto Vallarta. Otros m&aacute;s se contratan como jornaleros agr&iacute;colas y obtienen empleos temporales en los campos de cultivo agro&#45;comercial del noroeste o en el corte de ca&ntilde;a. Sus movimientos migratorios han traspasado las fronteras nacionales. Es dif&iacute;cil tener cifras de la magnitud de su migraci&oacute;n internacional, pues muchos de ellos cruzan la frontera como indocumentados.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Relaciones inter&eacute;tnicas en la Ciudad de M&eacute;xico</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Ciudad de M&eacute;xico ha sido uno de los principales polos de atracci&oacute;n de los ind&iacute;genas migrantes. La ciudad tiene una poblaci&oacute;n que se aproxima a los 20 millones de habitantes, de los cuales 600 mil fueron identificados como ind&iacute;genas por el censo de 2000 (CNDPI, 2002). A esta cifra habr&aacute; que sumar un n&uacute;mero indeterminado de migrantes temporales que no registr&oacute; el censo, porque no residen en la ciudad pero llegan a ella por cortas temporadas para trabajar como peones en la industria de la construcci&oacute;n, vender artesan&iacute;as y otras mercanc&iacute;as. En la ciudad se hablan m&aacute;s de 40 lenguas ind&iacute;genas diferentes, aunque el n&aacute;huatl, el mixteco, zapoteco, mazahua, otom&iacute; y mazateco son las lenguas ind&iacute;genas que tienen el mayor n&uacute;mero de hablantes (CNDPI, 2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los inmigrantes ind&iacute;genas no conforman una unidad homog&eacute;nea. El grado de aculturaci&oacute;n, escolaridad y ocupaci&oacute;n, as&iacute; como las formas en que se insertan en la vida urbana, son variadas. No obstante, suelen estar organizados a trav&eacute;s de las redes de paisanaje y de parentesco. Muchos de ellos contribuyen al sostenimiento de sus pueblos, colaboran con las fiestas de los santos y es frecuente que tengan capacidad de decisi&oacute;n para incidir en los asuntos que ata&ntilde;en a sus lugares natales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la Ciudad de M&eacute;xico no existen diferencias fenot&iacute;picas que permitan distinguir a un ind&iacute;gena de quien no lo es. Son los elementos culturales, tales como la lengua, el atuendo o el arreglo personal lo que suele proporcionar indicios de identidad &eacute;tnica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presencia ind&iacute;gena en la capital no ha significado una transformaci&oacute;n del sistema de distinciones y clasificaciones sociales que tienden a colocar a los ind&iacute;genas por debajo de los mestizos. Por ello, quienes son identificados como tales se enfrentan a situaciones de discriminaci&oacute;n, abuso y malos tratos, as&iacute; como a desventajas en su lucha por el empleo, la vivienda, la educaci&oacute;n, la salud, la justicia y otros &aacute;mbitos de la vida social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la v&iacute;a p&uacute;blica, las personas que son identificadas como ind&iacute;genas, como los mazahuas, que son originarios de los estados de M&eacute;xico y Michoac&aacute;n, frecuentemente son discriminados. En esta situaci&oacute;n se encuentran tambi&eacute;n los triquis, mixtecos y otom&iacute;es, quienes reciben un trato hostil y, en ocasiones, son sujetos a la violencia f&iacute;sica y verbal. Las mujeres mazahuas, por ejemplo, narran diversas experiencias de discriminaci&oacute;n y malos tratos, entre ellos: casos de taxistas, empleados de restaurantes y oficinas bancarias que les han negado el servicio. No acostumbran ingresar a los centros comerciales, pues tienen la experiencia de haber sido obligados a salir por los agentes de seguridad, quienes los amenazan con llamar a la patrulla por el supuesto delito de ingresar a una propiedad privada para pedir limosna. En el transporte colectivo hay mujeres que han recibido insultos. Son innumerables los relatos de malos tratos sufridos, por parte de la gente de la ciudad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde peque&ntilde;os, quienes se muestran como ind&iacute;genas reciben insultos y burlas por parte de otros ni&ntilde;os. Entre los insultos est&aacute;n: "indio cochino", "hijo de la India Mar&iacute;a"<sup><a href="#nota">10</a></sup> o "pinche oaxaco". Esta situaci&oacute;n ha obligado a las madres a cambiar su atuendo para pasar "inadvertidas" y evitar as&iacute; que sus hijos reciban burlas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La discriminaci&oacute;n en las escuelas la viven todos los que son identificados como ind&iacute;genas. Los profesores de la escuela Ponciano Arriaga, ubicada detr&aacute;s del Palacio Nacional, informan que los ni&ntilde;os triquis que acuden a dicho plantel sufren graves problemas al relacionarse con los ni&ntilde;os mestizos, ya que no desarrollan amistad y tienden a crear c&iacute;rculos cerrados y separados del resto de la poblaci&oacute;n infantil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para muchos ind&iacute;genas, sin embargo, es dif&iacute;cil ocultar sus indicios de identidad, pues aunque se comuniquen en espa&ntilde;ol y vistan a la usanza de los mestizos, el acento, la entonaci&oacute;n y la expresi&oacute;n corporal delatan su pertenencia &eacute;tnica. En algunos casos, como el de los mazahuas, otom&iacute;es y triquis, las mujeres portan su atuendo tradicional, cuando intencionalmente buscan mostrar su pertenencia &eacute;tnica, ya sea para vender artesan&iacute;as ante turistas y compradores que buscan lo "aut&eacute;ntico", o cuando necesitan mostrarse como un actor social colectivo ante las autoridades gubernamentales o ante la prensa. Se ponen el traje "de Mar&iacute;as", como ellas lo denominan, para presentar sus demandas, tales como conseguir permisos para la venta de sus productos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un eje que estructura las relaciones inter&eacute;tnicas, y que es fuente constante de conflictos, es la ocupaci&oacute;n. Muchas mujeres ind&iacute;genas se emplean en el trabajo dom&eacute;stico, donde las relaciones con los patrones, var&iacute;an desde una actitud paternalista que "educa" a las ni&ntilde;as en el modo de vida urbano, hasta aquellos que mantienen una actitud agresiva y de maltrato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros m&aacute;s se emplean en el comercio informal. De &eacute;l participan familias mazahuas, otom&iacute;es, triquis, totonacas, mazatecas, nahuas, mixtecas y personas de otros grupos etnoling&uuml;&iacute;sticos, junto con mestizos pobres o trabajadores lanzados al desempleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De todos estos, los mazahuas son posiblemente uno de los grupos con mayor tradici&oacute;n en el comercio callejero de la ciudad, pues comenzaron a dedicarse a esta actividad en los alrededores del c&eacute;ntrico mercado de La Merced desde finales de los a&ntilde;os cuarenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las mujeres mazahuas, al igual que sus madres y abuelas, realizan la venta de frutas y semillas, y ahora tambi&eacute;n de art&iacute;culos industrializados hechos en China. Los ni&ntilde;os colaboran con el gasto familiar vendiendo dulces o limpiando parabrisas de autom&oacute;viles en los cruceros. Acuden a las salidas de teatros, cines y de "los antros" <i>(cabarets</i> y centros nocturnos) para vender dulces y golosinas. Los padres se dedican al comercio o trabajan como aseadores de calzado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a su empleo en el comercio informal, las mujeres mazahuas tienen una larga experiencia de agresiones y enfrentamientos con la polic&iacute;a y otros agentes gubernamentales. El eterno problema de "la camioneta" (como le denominan al transporte en que viajan granaderos y polic&iacute;as que llegan para desalojarlos) ha sido parte de su vida cotidiana. Desde que llegaron a la ciudad, han vivido pendientes de las redadas y excesos polic&iacute;acos. Han recibido golpes y amenazas, les han decomisado muchas veces sus mercanc&iacute;as y han ido a parar a la c&aacute;rcel. Casi todas las inmigradas originarias de San Antonio Pueblo Nuevo, Estado de M&eacute;xico, que hoy tienen entre cuarenta y setenta a&ntilde;os de edad, han estado alguna vez en la prisi&oacute;n, unas por 72 horas y otras, hasta meses. Tambi&eacute;n han tenido que enfrentarse a otras organizaciones de comerciantes en su disputa diaria por un pedazo de acera para vender sus mercanc&iacute;as. Dichas organizaciones cuentan con grupos de golpeadores que son movilizados por los dirigentes. En 1999 fui testigo del desalojo de los comerciantes por un grupo de alrededor de 200 golpeadores armados con palos, tubos, piedras y otras armas bajo el mando de una agrupaci&oacute;n rival. Su actividad comercial tambi&eacute;n los ha convertido en sujetos de extorsi&oacute;n por parte de los dirigentes de organizaciones de ambulantes, quienes se apropian de las calles y les exigen el pago de cuotas para permitirles vender en la calle. Dicen que son las "cuotas del miedo" que deben pagar a estos l&iacute;deres que funcionan como verdaderas mafias y que est&aacute;n integrados al Partido Revolucionario Institucional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El comercio ambulante estructura su tiempo de trabajo y sus conflictos cotidianos, como el no tener quien les ayude a cuidar a sus hijos, por lo que suelen llevarlos con ellas para realizar sus actividades. Una gran cantidad de problemas que han tenido los mazahuas con la justicia, se deriva del comercio ambulante. Los hombres, pero sobre todo las mujeres, han sido llevadas a los reclusorios al ser acusadas de robo de transe&uacute;ntes e, incluso, golpear a polic&iacute;as. Los conflictos con otros vendedores callejeros ha sido tambi&eacute;n una constante. Ello ha motivado que las mujeres mazahuas vayan en grupo a presenciar ciertos espect&aacute;culos agon&iacute;sticos que les pueden ser de utilidad. Van al box y la lucha libre, porque quieren aprender a defenderse f&iacute;sicamente de las agresiones, no s&oacute;lo de los polic&iacute;as y comerciantes, sino tambi&eacute;n de los hombres de su grupo, incluyendo a c&oacute;nyuges. Algunas j&oacute;venes que desde ni&ntilde;as se han desempe&ntilde;ado como comerciantes, se han convertido en boxeadoras y luchadoras profesionales, pero en todos los casos, el aprendizaje de las t&eacute;cnicas de defensa personal les ha dado una mayor seguridad y confianza en s&iacute; mismas para defender sus derechos.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La criminalizaci&oacute;n de "el otro"</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la d&eacute;cada de 1990 el pa&iacute;s se vio sacudido por un vertiginoso incremento de la delincuencia. El asalto a mano armada, el robo de veh&iacute;culos, el secuestro y la violaci&oacute;n se convirtieron en hechos cotidianos. La prensa y la televisi&oacute;n llenaron sus espacios con la nota roja. 1994 fue un a&ntilde;o en que coincidieron el alzamiento zapatista en Chiapas y el asesinato del candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional. A finales de ese a&ntilde;o, estall&oacute; la crisis. M&aacute;s de un mill&oacute;n 300 mil personas quedaron en el desempleo. Todo ello se conjug&oacute; con el auge del narcotr&aacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salir a la calle en la ciudad de M&eacute;xico se convirti&oacute; en un riesgo. Se gener&oacute; miedo ante un peligro ubicuo: nadie sabe cu&aacute;ndo va a ser asaltado, secuestrado, ser objeto de abuso sexual o de otros actos de violencia. El delito se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno que afect&oacute; a todos los sectores de la sociedad, agravado por la impunidad con la que act&uacute;a la delincuencia, debido a la corrupci&oacute;n de las instituciones polic&iacute;acas y del poder judicial. Baste se&ntilde;alar que, hasta la fecha, el 93% de los delitos denunciados no son castigados.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando alg&uacute;n acontecimiento amenaza la seguridad, el peligro suele atribu&iacute;rsele al "otro", es decir, a quienes no entran en los c&aacute;nones establecidos de "normalidad". En el proceso de criminalizaci&oacute;n de "el otro" emergen viejas representaciones que se actualizan en contextos espec&iacute;ficos de interacci&oacute;n. Si en algunos contextos los ind&iacute;genas hab&iacute;an sido considerados como "ignorantes", "atrasados" y hasta "b&aacute;rbaros", ahora es factible que se a&ntilde;adan otros elementos negativos en la construcci&oacute;n de estereotipos. La diferencia sociocultural se esgrime como elemento de distinci&oacute;n, de tal suerte que "el otro" se convierte en una amenaza, real o imaginada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo anterior se a&ntilde;aden factores de clase. Es m&aacute;s factible que sean culpados y castigados los sujetos cuyos rasgos fenot&iacute;picos son semejantes a los de los ind&iacute;genas, que aquellos que no los portan; el pobre m&aacute;s que el rico; el delincuente ocasional m&aacute;s que el criminal de cuello blanco. Se trata de viejas representaciones que son actualizadas y que condenan de antemano al mestizo pobre, al indigente, al desempleado, al homosexual, al ni&ntilde;o de la calle, al comerciante ambulante, al ind&iacute;gena y, en general, al sujeto que muestra su pertenencia a las clases despose&iacute;das y a otros que no son "normales", es decir, a los que no se ajustan a los modelos con los que son representadas las &eacute;lites econ&oacute;micas, culturales y pol&iacute;ticas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los prejuicios racistas y la descalificaci&oacute;n de las clases despose&iacute;das no surgen de la nada. A ellos contribuye el que los medios de comunicaci&oacute;n tiendan a alimentar los estereotipos que asocian la pobreza con el crimen. Las estad&iacute;sticas de la delincuencia muestran que son j&oacute;venes de origen obrero o campesino quienes han poblado mayoritariamente las c&aacute;rceles mexicanas. En 2006, la poblaci&oacute;n recluida en los centros de readaptaci&oacute;n social del Distrito Federal correspond&iacute;a primordialmente al sector joven de baja instrucci&oacute;n educativa, cuyo principal delito hab&iacute;a sido de car&aacute;cter patrimonial, es decir, contra la propiedad y los bienes particulares<sup><a href="#nota">11</a></sup> (CDHDF, 2006).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si consideramos que hay una estrecha relaci&oacute;n entre la pertenencia &eacute;tnica y la condici&oacute;n de clase de los migrantes ind&iacute;genas, es m&aacute;s f&aacute;cil que sean criminalizados y detenidos por la polic&iacute;a como sospechosos. Convertir en "criminal" al otro es una forma extrema de referirse a la "contaminaci&oacute;n" que produce su presencia. Es una forma de utilizar la diferencia para establecer las fronteras que distinguen y culpar al "otro" de los acontecimientos indeseables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el Centro Hist&oacute;rico de la Ciudad de M&eacute;xico se expresa uno de los m&aacute;s vivos ejemplos de ello. Es un espacio en el que los conflictos inter&eacute;tnicos y la criminalizaci&oacute;n de "el otro" son frecuentes. Vivir en esta &aacute;rea de la ciudad permite a las familias ind&iacute;genas contar con vivienda y facilita, sobre todo a las mujeres que tienen hijos peque&ntilde;os, atender el hogar y simult&aacute;neamente desempe&ntilde;ar el comercio callejero a unos cuantos metros de sus viviendas. Aprovechan su ubicaci&oacute;n en esta &aacute;rea para adquirir a menor costo las mercanc&iacute;as que venden, evitar el pago de rentas y obtener una serie de servicios sin costo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el Centro existen numerosos comerciantes callejeros y uno de los principales centros de distribuci&oacute;n de mercanc&iacute;as que abastecen al comercio informal es el Barrio de Tepito, que tiene fama de vender mercanc&iacute;as robadas, drogas y armas de fuego. Cerca de ah&iacute; se encuentra el mercado de la Merced, as&iacute; como vecindades abandonadas o de rentas congeladas<a href="#nota">*</a> que contin&uacute;an albergando a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y mestiza de bajos recursos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor amenaza que se percibe tal vez no sea que se derrumben las viviendas en el siguiente sismo, sino el alto &iacute;ndice delictivo que se registra en el centro de la ciudad. Problemas asociados al consumo y venta de drogas, el robo y la prostituci&oacute;n infantil hacen del Centro Hist&oacute;rico una zona de transici&oacute;n, seg&uacute;n la aplicaci&oacute;n hecha por Enrique Valencia (1965). Esto explica en buena medida por qu&eacute; entre los adolescentes y los j&oacute;venes ind&iacute;genas hay quienes se involucran en actividades delictivas, y padres de familia que han decidido regresar a sus hijos a su lugar de origen, cuando lo pueden hacer. Otros no tienen alternativa. Varios j&oacute;venes mazahuas se encuentren actualmente en la c&aacute;rcel, al haber sido acusados por delitos del fuero com&uacute;n: robo a particulares, lesiones y violaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto por sus actividades comerciales como por los lugares en que habitan, los ind&iacute;genas &#151;como los mazahuas, los mazatecos y los otom&iacute;es&#151; han enfrentado diversos problemas judiciales. Algunas de las vecindades &eacute;tnicas del centro de la ciudad tienen fama de ser "casas de delincuentes". Una dirigente mazahua habitante de una de estas vecindades se&ntilde;ala que, efectivamente, en la vecindad en la que vive habitan personas de su pueblo que han cometido alg&uacute;n delito. Pero tambi&eacute;n aclara que:</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... entre nosotros hay muchachos que roban, que se drogan, pero no son todos. Aqu&iacute; es como en todos lados, aqu&iacute; hay gente de todo. Aqu&iacute; tambi&eacute;n tenemos gente que estudia y trabaja.</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante el trabajo de campo, los ind&iacute;genas entrevistados no ten&iacute;an un discurso sobre la delincuencia y la criminalidad en la ciudad. Sus preocupaciones estaban m&aacute;s enfocadas en los abusos que comete la polic&iacute;a contra ellos o sus familiares que hab&iacute;an sido inculparlos de delitos que, aseguran, no cometieron. Son conocidas las pr&aacute;cticas de extorsi&oacute;n polic&iacute;aca. Diversos testimonios se refieren a detenciones arbitrarias por parte de la polic&iacute;a con prop&oacute;sitos de extorsi&oacute;n. Una mujer mazahua me comentaba que al ir a visitar a su hijo en la c&aacute;rcel, descubri&oacute; que los reclusorios albergaban a <i>"puros ind&iacute;genas",</i> pues "all&aacute; toda la gente es pobre, as&iacute; como nosotros. No est&aacute;n los ladrones ni los delincuentes. All&aacute; hay puro ind&iacute;gena".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las relaciones de vecindad en otras colonias de la ciudad revisten otro tipo de conflictos que tambi&eacute;n conducen a la criminalizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas. En el sur de la Ciudad de M&eacute;xico se ubica un predio que los vecinos de la zona conocen como "La Marranera".<sup><a href="#nota">12</a></sup> Los vecinos se&ntilde;alan que en la colonia hay que tener cuidado con los asaltantes que viven en ese lugar. All&iacute; habita un grupo de mazahuas, junto con inmigrantes pobres procedentes de Guerrero y Michoac&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro caso ilustrativo se dio en una colonia de la Delegaci&oacute;n Iztapalapa, donde existe un conjunto habitacional que alberga a 120 familias ind&iacute;genas mazahuas procedentes de Michoac&aacute;n. En 1997 los vecinos mostraban su disgusto porque los ind&iacute;genas fueron a vivir a su colonia. En noviembre de ese a&ntilde;o, llevaron a los reporteros de Televisi&oacute;n Azteca para hacer un reportaje en el que los mazahuas fueron dados a conocer como viciosos y criminales. Los vecinos protestaban porque los mazahuas hab&iacute;an invadido la calle mientras constru&iacute;an sus viviendas con material de cemento. En el reportaje, transmitido en horario estelar, los mazahuas fueron exhibidos como viciosos, borrachos, padres de hijos drogadictos, etc&eacute;tera. Sus vecinos consideraban que los mazahuas se hab&iacute;an convertido en una fuente de peligro para la seguridad p&uacute;blica y exig&iacute;an su salida de la colonia. Casos similares se presentan en otras colonias de la capital (Oehmichen, 2005). Por su parte, los mazahuas se&ntilde;alaban que entre ellos hab&iacute;a una familia que se dedicaba a vender drogas, pero era protegida por agentes de la polic&iacute;a judicial y les causaba miedo. Por ello no pod&iacute;an denunciarlos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para los medios de comunicaci&oacute;n el criminal es el pobre. En los anuncios que promueven la denuncia del delito, as&iacute; como en los noticieros, las telenovelas y hasta en los dibujos animados "el mal" se encarna en sujetos cuyo fenotipo es ind&iacute;gena.<sup><a href="#nota">13</a></sup> Se castiga as&iacute; el delito de "portaci&oacute;n de cara" (Reguillo, 2003) que hace que los ind&iacute;genas y los pobres se conviertan en v&iacute;ctimas potenciales de la violencia del Estado.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El ind&iacute;gena como "el otro" incivilizado</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pocos son los dirigentes de las elites pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y culturales de M&eacute;xico y de todo Latinoam&eacute;rica que llegan a expresar un discurso expl&iacute;citamente racista. Mostrarse como racista no es pol&iacute;ticamente correcto. Por ello, es dif&iacute;cil encontrar un tipo de racismo discursivo que se haga p&uacute;blico (van Dijk, 2003). Eso no significa que no exista el racismo. Las pr&aacute;cticas sociales refrendan un racismo no discursivo, cuyos resultados m&aacute;s evidentes se muestran en los elevados &iacute;ndices de exclusi&oacute;n y de pobreza que viven los ind&iacute;genas. No obstante lo anterior, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha se&ntilde;alado que los linchamientos son producto de los "usos y costumbres" de las comunidades ind&iacute;genas y campesinas.<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el imaginario colectivo, fomentado en buena medida por la prensa y los discursos de las &eacute;lites pol&iacute;ticas, existe la creencia de que los ind&iacute;genas (y por extensi&oacute;n, los campesinos) regulan sus relaciones por una forma de derecho consuetudinario, entendido como una pr&aacute;ctica opuesta a la racionalidad del derecho positivo. En esta representaci&oacute;n, las comunidades ind&iacute;genas son equiparadas a "sociedades salvajes" a las que hay que "civilizar" a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n. Esta es la imagen de "el otro" incivilizado, el atrasado, el no&#45;integrado a la modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; se muestra en las primeras declaraciones del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andr&eacute;s Manuel L&oacute;pez Obrador, quien ante el linchamiento de un presunto ladr&oacute;n de im&aacute;genes religiosas en Santa Magdalena Petlacalco, en la Delegaci&oacute;n Tlalpan, se&ntilde;al&oacute;:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">... con las tradiciones de un pueblo, con sus creencias, vale m&aacute;s no meterse... Es parte de la cultura y creencias de los pueblos originarios, que representan al M&eacute;xico que no termina por irse, el M&eacute;xico profundo <i>(La Jornada,</i> 28 de julio de 2001).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta misma opini&oacute;n manifest&oacute; en noviembre de 2004, despu&eacute;s del linchamiento de dos polic&iacute;as pertenecientes a la Polic&iacute;a Federal Preventiva. El linchamiento fue transmitido por la televisi&oacute;n comercial en tiempo real, desde el pueblo de Juan Ixtayopan, ubicado al sur del Distrito Federal. La polic&iacute;a no intervino para detener a la turba. Al d&iacute;a siguiente, el secretario general de Gobierno, Alejandro Encinas, declar&oacute;:</font></p>     	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de un hecho aislado en una comunidad alejada, que tiene sus usos y costumbres... pero habr&iacute;a qu&eacute; investigar bien lo sucedido <i>(La Jornada,</i> 28 de julio 2001).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual manera, diputados, delegados y l&iacute;deres de diferentes partidos reprobaron el linchamiento y coincidieron en se&ntilde;alar que es injustificable que bajo la l&oacute;gica de "usos y costumbres" se produzcan este tipo de hechos. El coordinador del PRD en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Carlos Reyes G&aacute;miz, expres&oacute; que se tiene que proceder penalmente, pues:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... ya se ha vuelto una constante que en los pueblos la l&oacute;gica comunitaria se imponga al derecho, y cometan demasiadas arbitrariedades y atropellos". <i>(La Jornada,</i> 24 noviembre 2004)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, Victor Hugo C&iacute;rigo, jefe delegacional de Iztapalapa, dijo que no se puede justificar que por "usos y costumbres" se responda con un crimen, con el homicidio de los agentes de la Polic&iacute;a Federal Preventiva (PFP).<sup><a href="#nota">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las declaraciones hechas contra los "usos y costumbres" se dio en un contexto en el que la lucha ind&iacute;gena hab&iacute;a llevado a las c&aacute;maras la modificaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n, en la que, como se&ntilde;al&eacute;, tambi&eacute;n se prev&eacute; que los ind&iacute;genas podr&aacute;n ejercer sus derechos, en un marco de respeto a los derechos humanos y de la mujer. Por su parte, la jerarqu&iacute;a cat&oacute;lica tambi&eacute;n se pronunciaba contra algunos usos y costumbres, tales como castigos a fuetazos, mutilaciones, linchamiento o "quema en el fuego".<sup><a href="#nota">16</a></sup></font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, despu&eacute;s de los linchamientos f&iacute;sicos sufridos por los polic&iacute;as, se proced&iacute;a al linchamiento moral de los ind&iacute;genas, quienes desde hace varios a&ntilde;os han reclamado el respeto a sus formas de organizaci&oacute;n social y tomas de decisiones basadas en usos y costumbres.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La representaci&oacute;n de lo ind&iacute;gena como sin&oacute;nimo de barbarie es ampliamente compartida en M&eacute;xico.<sup>17</sup> Sin embargo, no se repara en el hecho de que el linchamiento es una respuesta an&oacute;mica que se produce ante la ausencia de normas y la desconfianza en los &oacute;rganos del Estado (que, de acuerdo con la propuesta weberiana, monopoliza el uso de la violencia leg&iacute;tima). Es una respuesta que surge cuando las normas de convivencia social han sido trastocadas y desestructuradas desde las altas esferas de quienes tienen el poder. El linchamiento, finalmente, es una respuesta desesperada de turbas an&oacute;nimas cuya acci&oacute;n consiste en</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... transformar en una representaci&oacute;n meton&iacute;mica todo lo que es incorrecto, los asaltos, violaciones, robos y homicidios que quedan impunes a consecuencia de la ineptitud, corrupci&oacute;n o complicidad de las autoridades... Mediante el linchamiento, las comunidades (o segmentos de ellas) sustituyen al Estado. Ocupan el nicho social que &eacute;ste ha abandonado, pero de una forma tal que simplemente invierten, y de esa manera preservan, la violencia a la cual las comunidades mismas han estado hist&oacute;ricamente sujetas (Binford, 2000: 33).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contrariamente a lo que presupone el sentido com&uacute;n, la experiencia emp&iacute;rica ha mostrado que la aplicaci&oacute;n de la justicia por usos y costumbres no engendra turbas violentas, sino tribunales populares que se rigen bajo unos principios y una l&oacute;gica sustentada en la norma situada por encima de las pasiones, y en el derecho por arriba de las venganzas. Este es el caso, por ejemplo, de la polic&iacute;a comunitaria conformada por 43 comunidades ind&iacute;genas y mestizas del estado de Guerrero y que hoy se encuentra fuertemente amenazada por el gobierno del estado y confrontada con los narco&#45;caciques de dicha entidad (S&aacute;nchez Serrano, 2003). No se puede negar que a trav&eacute;s de los usos y costumbres se han cometido abusos de poder, tales como la quema de personas acusadas de brujer&iacute;a (Stavenhagen e Iturralde, 1990). Sin embargo el problema es m&aacute;s complejo y no se puede generalizar este tipo de acciones hacia todos los ind&iacute;genas y utilizar estos ejemplos para estigmatizar a todos y negarles sus derechos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la par que se atribuye a los usos y costumbres ind&iacute;genas la proliferaci&oacute;n de los linchamientos, con frecuencia se presentan pr&aacute;cticas genocidas cometidas por agencias del Estado y cuyos ejecutores han quedado en la impunidad. Este tipo de violencia ha cobrado decenas de v&iacute;ctimas en los estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, coincidentemente los mismos en los que se concentra el mayor n&uacute;mero de linchamientos.<sup><a href="#nota">18</a></sup> La p&eacute;rdida de la confianza de los pobladores ante la impunidad que se exhibe ante los criminales, hace que &eacute;stos sean asociados con los encargados de mantener el orden. Esta percepci&oacute;n se refuerza ante el hecho de que los asesinatos de campesinos en el Charco (Guerrero), Aguas Blancas (Guerrero), Acteal (Chiapas) y Agua Fr&iacute;a (Oaxaca) exhiben la impunidad de grupos policiales y paramilitares cuyos cr&iacute;menes no han sido sancionados.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia que se expresa en las relaciones inter&eacute;tnicas no es un hecho aislado de otros hechos de significaci&oacute;n ni de la historia. En el proceso de construcci&oacute;n cultural de la naci&oacute;n, los ind&iacute;genas fueron vistos como una alteridad ajena a la modernidad e identificados como producto del atraso por las &eacute;lites econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas. Hoy, ante el incremento de la violencia y de la inseguridad p&uacute;blica, emergen viejas representaciones que, en circunstancias de crisis, tienden nuevamente a mostrar a los ind&iacute;genas como b&aacute;rbaros o como criminales. Se observa as&iacute; la incorporaci&oacute;n de nuevos atributos de identidad, generalmente negativos, que descansan sobre representaciones previamente elaboradas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia simb&oacute;lica que descalifica a las sociedades ind&iacute;genas se manifiesta en un racismo no discursivo. Sin embargo, cuando surge alg&uacute;n acontecimiento que la sociedad no tolera, como es el caso de la delincuencia, se tiende a culpar al "otro" &#151;al extranjero, al extra&ntilde;o&#151;; al que no se ajusta a los c&oacute;digos de "normalidad" compartida. Y en este sentido, los ind&iacute;genas, al igual que los inmigrantes en las ciudades y los mestizos pobres, aparecen en el imaginario como actores potencialmente da&ntilde;inos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Actualmente, los sucesos violentos que m&aacute;s han llamado la atenci&oacute;n de la prensa y la televisi&oacute;n se relacionan con el narcotr&aacute;fico. Sin embargo, &eacute;ste no es el &uacute;nico problema que afecta a la sociedad mexicana. Es un mal que muestra la vulnerabilidad del Estado y de la sociedad en su conjunto. Sin embargo, en la Ciudad de M&eacute;xico las personas no le temen a las balaceras entre narcotraficantes, pues esos acontecimientos se han presentado principalmente en los estados del norte y occidente del pa&iacute;s.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la Ciudad de M&eacute;xico, el ciudadano com&uacute;n le teme m&aacute;s a los asaltos, al robo de veh&iacute;culo a mano armada, a los secuestros, al "secuestro expr&eacute;s" y a las violaciones y abusos sexuales. Dicho temor no es gratuito ni s&oacute;lo el resultado de la nota roja publicada d&iacute;a con d&iacute;a en los medios. Se tiene temor porque se ha sido ya v&iacute;ctima directa del delito, o porque alg&uacute;n familiar o amigo lo ha sufrido. La informaci&oacute;n que circula de boca en boca, y que no aparece en los diarios, tiene el efecto de corroborar o refutar lo que publican los medios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La inseguridad p&uacute;blica que se vive en la capital del pa&iacute;s recrea el temor, porque la delincuencia encarna una forma de violencia que es ubicua, est&aacute; en todas partes. Nadie sabe en qu&eacute; momento ser&aacute; v&iacute;ctima del crimen. M&aacute;s a&uacute;n, no se sabe qui&eacute;nes son los delincuentes, no se sabe c&oacute;mo es su rostro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, es mas f&aacute;cil desconfiar del pobre antes que del rico, del ind&iacute;gena antes que del que no lo es. Por ello, quienes son reconocidos como ind&iacute;genas, o son identificados como pobres o en extremo pobres, se vuelven sospechosos del delito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, los ind&iacute;genas se convierten en sujetos potenciales de la violencia del Estado, de las instituciones encargadas de impartir y administrar justicia, pero tambi&eacute;n del ciudadano com&uacute;n que act&uacute;a con base en las representaciones colectivas fraguadas a lo largo de los siglos. Quienes se muestran como ind&iacute;genas o son identificados como tales, son sospechosos de antemano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La debilidad del Estado y la impunidad han provocado actos de justicia por propia mano. Se ha visto que los linchamientos se producen cuando los &oacute;rganos de justicia del Estado no castigan el delito. Esos actos son realizados tanto de manera comunitaria en el medio rural, como por turbas an&oacute;nimas en las ciudades. Sin embargo, el discurso de las &eacute;lites tiende a atribuirlo a los llamados "usos y costumbres" ind&iacute;genas, al "M&eacute;xico Profundo". Con ello, estamos ante la actualizaci&oacute;n de los viejos prejuicios racistas que generalizan los estereotipos y ubican a los ind&iacute;genas como "b&aacute;rbaros".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La relaci&oacute;n entre el derecho consuetudinario ind&iacute;gena y el derecho positivo puede llegar a ser conflictiva en algunos aspectos. Pero tambi&eacute;n se ha mostrado que ambas formas de derecho no se contraponen de manera tajante. (Stavenhagen e Iturralde, 1989.). Por ello, el racismo no discursivo se hace expl&iacute;cito en momentos de crisis, y sucede cuando la acci&oacute;n de las instituciones del Estado han fallado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ind&iacute;genas, o quienes as&iacute; son identificados, son sujetos de la violencia simb&oacute;lica que, como vimos, no est&aacute; separada de otras formas de violencia f&iacute;sica y verbal. En resumen, a la construcci&oacute;n de fronteras que separan a los ind&iacute;genas de quienes no portan esa identidad, ahora se a&ntilde;aden nuevos atributos negativos. Se criminaliza as&iacute; la diferencia cultural.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anderson, B. (2001). <i>Comunidades imaginadas, Reflexiones sobre el origen y la difusi&oacute;n del nacionalismo.</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593456&pid=S2007-8110200700010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bartolom&eacute;, M. A. (1997). <i>Gente de Costumbre y Gente de Raz&oacute;n. Las identidades &eacute;tnicas en M&eacute;xico.</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional Indigenista, Siglo XXI Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593458&pid=S2007-8110200700010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beaucage, P. (1987). &laquo;D&eacute;mographie, culture, politique: la condition indienne au Mexique&raquo;. <i>Anthropologie et Soci&eacute;t&eacute;s,</i> 11, 2: 13&#45;31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593460&pid=S2007-8110200700010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bonfil, G. (1981). <i>Utop&iacute;a y devoluci&oacute;n. El pensamiento pol&iacute;tico contempor&aacute;neo de los indios en Am&eacute;rica Latina.</i> M&eacute;xico, Nueva Imagen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593462&pid=S2007-8110200700010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu, P. (1998). <i>La domination masculine.</i> Paris, Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593464&pid=S2007-8110200700010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Binford, L. (2000). &laquo;Migraci&oacute;n transnacional, criminalidad y justicia popular en el Estado mexicano contempor&aacute;neo&raquo;: En: L. Binford y M. E. D'Aubeterre (eds.) <i>Conflictos migratorios transnacionales y respuestas comunitarias.</i> 19&#45;43 Puebla, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593466&pid=S2007-8110200700010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CNDPI, Comisi&oacute;n Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Ind&iacute;genas (2002). <i>Indicadores Socioecon&oacute;micos de los Pueblos Ind&iacute;genas de M&eacute;xico.</i> Consultado en Internet (<a href="http://cdi.gob.mx/index" target="_blank">http://cdi.gob.mx/index</a>), 9 de marzo. Comisi&oacute;n de Derechos Humanos del Distrito Federal (2006). Consultado en Internet (<a href="http://cdhdf.org.mx/index.php?id:dipoplacion" target="_blank">http://cdhdf.org.mx/index.php?id:dipoplacion</a>), 5 de marzo).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593468&pid=S2007-8110200700010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del Almo, O. (2004). &laquo;Linchamientos, la venganza aymara&raquo;. <i>Governanza,</i> 12, Revista Internacional para el Desarrollo Humano, Institut Internacional de Governabilitat de Catalunya, Consultado en Internet (<a href="http://www.iigov.org/gbz/article.drt?edi=14190&art= 14191" target="_blank">http://www.iigov.org/gbz/article.drt?edi=14190&amp;art= 14191</a>), 26 de octubre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593470&pid=S2007-8110200700010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escobar Ohmstede, A. y T. Rojas (1993). <i>La presencia del ind&iacute;gena en la prensa capitalina del siglo XIX.</i> M&eacute;xico, T. I, Biblioteca Gonzalo Aguirre Beltr&aacute;n, INI&#45;CIESAS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593472&pid=S2007-8110200700010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fuentes D&iacute;az, A. (2005). &laquo;El Estado y la furia&raquo;. <i>El Cotidiano. Revista de la realidad mexicana actual,</i> a&ntilde;o 20, n&uacute;m. 131:7&#45;19 enero&#45;junio. Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Azcapotzalco, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593474&pid=S2007-8110200700010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gamio, M. &#91;1916&#93; (1982). <i>Forjando Patria.</i> M&eacute;xico, Porr&uacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593476&pid=S2007-8110200700010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Giddens, A. (2000). <i>Sociolog&iacute;a,</i> Madrid, Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593478&pid=S2007-8110200700010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">H&eacute;au, C. y G. Gim&eacute;nez (2005). &laquo;La representaci&oacute;n de la violencia en la trova popular mexicana&raquo;. <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a,</i> 4:627&#45;659.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593480&pid=S2007-8110200700010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Herittier, F. (1996). <i>Seminaire sur la Violence.</i> Paris, Odile Jacob.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593482&pid=S2007-8110200700010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">H&eacute;bert, M. (2001). &laquo; &Eacute;changes de p&eacute;lerinages, r&eacute;seaux d'alliance et micropolitique d'un mouvement autochtone au Guerrero (Mexique)&raquo;. <i>Recherches Am&eacute;rindiennes au Qu&eacute;bec,</i> 31, 1: 21&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593484&pid=S2007-8110200700010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ianni, O. (2001). &laquo;La violencia en las sociedades contempor&aacute;neas&raquo;. <i>Metapol&iacute;tica,</i> 5, 17: 56&#45;69.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593486&pid=S2007-8110200700010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Oehmichen, C. (1999). <i>Reforma del Estado, pol&iacute;tica social e indigenismo en M&eacute;xico (1988&#45;1996).</i> M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas, UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593488&pid=S2007-8110200700010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2005). <i>Migraci&oacute;n, g&eacute;nero y relaciones inter&eacute;tnicas: Mazahuas en la Ciudad de M&eacute;xico.</i> M&eacute;xico, UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593490&pid=S2007-8110200700010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pronasol (1990). <i>El combate a la pobreza. Consejo Consultivo del Programa Nacional de Solidaridad,</i> M&eacute;xico, El Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593492&pid=S2007-8110200700010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reguillo, R. (2001). &laquo;Miedos: imaginarios, territorios, narrativas&raquo;. Metapol&iacute;tica,</i> 5, 17: 70&#45;89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593494&pid=S2007-8110200700010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&aacute;nchez Serrano, E. (2003). &laquo;De la organizaci&oacute;n comunal a la creaci&oacute;n de la seguridad p&uacute;blica en la Costa Monta&ntilde;a de Guerrero: la experiencia de la polic&iacute;a comunitaria&raquo;. En: A. &Aacute;lvaro y V Camero (eds.). <i>La sociolog&iacute;a hoy en la UNAM,</i> tomo II: 283&#45;300, M&eacute;xico, UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593496&pid=S2007-8110200700010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sedesol (2005). Primera Encuesta Nacional sobre Discriminaci&oacute;n en M&eacute;xico. Consultado en Internet (<a href="http://sedesol.gob.mx/subsecretarias/prospectiva/subse_discriminacion.htm#" target="_blank">http://sedesol.gob.mx/subsecretarias/prospectiva/subse_discriminacion.htm#</a>,)24 de abril de 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593498&pid=S2007-8110200700010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shadow, R. y M. Rodr&iacute;guez Shadow (1991). &laquo;Los robachicos&raquo;. <i>M&eacute;xico Ind&iacute;gena,</i> 23: 41&#45;45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593500&pid=S2007-8110200700010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stavenhagen, R. y D. Iturralde (eds.) (1989). <i>Entre la ley y la costumbre. El derecho consuetudinario ind&iacute;gena en Am&eacute;rica Latina.</i> San Jos&eacute; de Costa Rica, Instituto Indigenista Interamericano&#151;Instituto Interamericano de Derechos Humanos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593502&pid=S2007-8110200700010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Valencia, E. (1965). <i>La Merced. Estudio ecol&oacute;gico y social de una zona de la Ciudad de M&eacute;xico.</i> M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593504&pid=S2007-8110200700010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Van Dijk, T. A. (2003). <i>Dominaci&oacute;n &eacute;tnica y racismo discursivo en Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica Latina.</i> Gedisa, Espa&ntilde;a, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593506&pid=S2007-8110200700010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Welzer&#45;Lang (1992). "La saga des squatters de la croix rousse de Lyon. La violence du changement dans la ville". <i>Les annales de la recherche urbaine,</i> n&deg; sp&eacute;cial: <i>Violences dans les villes,</i> Paris, 1992, 54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593508&pid=S2007-8110200700010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"> <b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* R&eacute;gimen de protecci&oacute;n legal para los inquilinos, que preve&iacute;a que las rentas no se incrementaran as&iacute; como la continuidad, en casos especiales, de sus contratos de arrendamiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Los resultados de esa investigaci&oacute;n se encuentran publicados en mi libro (Oehmichen, 2005).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> El Instituto Nacional Indigenista desapareci&oacute; en julio de 2003 y en su lugar fue creada la Comisi&oacute;n Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Ind&iacute;genas (CNDPI).</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Por ejemplo, el peri&oacute;dico <i>Siglo Diez y</i> <i>Nueve,</i> el m&aacute;s importante del siglo XIX, represent&oacute; y defini&oacute; la ideolog&iacute;a pol&iacute;tica liberal. Defendi&oacute; la libertad y los derechos del hombre, el federalismo y luch&oacute; contra la opresi&oacute;n. Sin embargo, fuertemente influenciados por el evolucionismo de la &eacute;poca, los escritos de reconocidos pensadores caracterizaban a los ind&iacute;genas como pueblos atrasados. Fueron tambi&eacute;n constantes las referencias a los indios insurrectos del norte y de Yucat&aacute;n como "b&aacute;rbaros" (Escobar y Rojas, 1993).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> "Forjar patria" es un t&eacute;rmino propuesto por Manuel Gamio en 1916. Consideraba que el Estado deber&iacute;a promover la unificaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica y cultural del pa&iacute;s, sin que ello llevara a la aniquilaci&oacute;n de las culturas originarias (Gamio, 1982).</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Esta estimaci&oacute;n se basa en el Censo General de Poblaci&oacute;n y Vivienda del a&ntilde;o 2000. Se contabiliza a la poblaci&oacute;n que vive en hogares en los que el jefe de familia o su c&oacute;nyuge es hablante de lengua ind&iacute;gena.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> En las comunidades ind&iacute;genas existen pr&aacute;cticas opresivas y violentas, sobre todo hacia las mujeres y miembros de las minor&iacute;as religiosas no cat&oacute;licas. No obstante, mencionar a los ind&iacute;genas de manera expl&iacute;cita y no al conjunto de la sociedad nacional, adquiere tintes racistas. Ese precepto deber&iacute;a ser aplicado a todos los mexicanos sin excepci&oacute;n, no s&oacute;lo a los ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> La Encuesta Nacional fue levantada entre noviembre y diciembre de 2004. El cuestionario fue aplicado a una muestra de 5,608 personas de las cuales 765 son ind&iacute;genas. El cuestionario se aplic&oacute; en tres regiones del pa&iacute;s, que cubren casi todas las entidades federativas. Se emple&oacute; informaci&oacute;n del Censo del 2000 para definir el tama&ntilde;o y distribuci&oacute;n de la muestra (ver Sedesol, 2005).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> En enero de 2006, el salario m&iacute;nimo mensual ascend&iacute;a a 1,460 pesos, lo que para esa fecha equival&iacute;a aproximadamente a 154 d&oacute;lares canadienses. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> En M&eacute;xico, la primaria es de 6 a&ntilde;os de escolaridad.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> La India Mar&iacute;a es un personaje c&oacute;mico de la Televisi&oacute;n que se dio a conocer en los a&ntilde;os setenta. Utiliza indumentaria mazahua y ridiculiza las dificultades que ten&iacute;an las mujeres mazahuas para comunicarse en espa&ntilde;ol.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Esto no significa que los miembros de otras clases sociales no comentan delitos: son conocidos los casos de banqueros, pol&iacute;ticos y empresarios defraudadores, pero tienen abogados y poder econ&oacute;mico para tramitar amparos evitando ser detenidos, sobornando magistrados y eludiendo la prisi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Lugar donde se guarda a los marranos, como popularmente se les dice a los cerdos.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> En la versi&oacute;n doblada al espa&ntilde;ol de la pel&iacute;cula "El Rey Le&oacute;n" las malvadas hienas hablan con la entonaci&oacute;n del c&eacute;ntrico barrio de Tepito, de la Ciudad de M&eacute;xico. Es posible que esta forma de comunicarse en espa&ntilde;ol haya sido resultado del habla ind&iacute;gena. En la versi&oacute;n en ingl&eacute;s, las hienas hablan con acento mexicano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> El linchamiento es una especie de ejecuci&oacute;n colectiva extremadamente violenta de car&aacute;cter ilegal, que eventualmente culmina con la muerte de la v&iacute;ctima. Se emprende como un juicio sumario en respuesta a actos o conductas delictivas reales o imputadas a la v&iacute;ctima, quien se encuentra en inferioridad num&eacute;rica abrumadora frente a los linchadores. El linchamiento se produce con golpes, lapidaciones y en algunos casos, se incinera a la v&iacute;ctima. La mayor parte de los linchamientos se han producido por imputaciones de robo, violaci&oacute;n y rapto de menores (Fuentes, 2005; Vilas 2005).</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Esta declaraci&oacute;n coincide con otras que se hicieron en Per&uacute; despu&eacute;s de dos linchamientos ocurridos en el Altiplano. El primero sucedi&oacute; en la ciudad de llave (Per&uacute;), el 26 de abril; el otro en Ayo&#45;Ayo (Bolivia), el 15 de junio de 2004. Ambas ciudades se encuentran ubicadas en lo que se considera territorio de la "naci&oacute;n aymar&aacute;", donde turbas de gente enardecida linch&oacute; a sus autoridades. En t&eacute;rminos generales, se dijo que estos actos de linchamiento formaban parte de la llamada justicia comunitaria, es decir, de los usos y costumbres del pueblo aymar&aacute;. (Oscar del Alamo, revista Governance, No. 13, noviembre de 2004).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Mensaje que fue enviado a la Cumbre de Mujeres Ind&iacute;genas de las Am&eacute;ricas reunidas en la ciudad de Oaxaca, el 2 de diciembre del 2002.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Ver el an&aacute;lisis de Shadow y Rodr&iacute;guez&#45;Shadow (1991) referido a un reportaje del linchamiento cometido en San Francisco Coapa, Puebla, en 1985, en el que la prensa "arroja le&ntilde;a a la hoguera al discurso conservador de la otredad que apuntala el continuo linchamiento pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de los ind&iacute;genas mexicanos en las zonas rurales". Ver tambi&eacute;n, Binford, 2000: 42.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Entre 1987 y 2001, en M&eacute;xico tuvieron lugar 294 linchamientos o tentativas de linchamiento. La mayor concentraci&oacute;n se dio en la Ciudad de M&eacute;xico, seguida por los estados de Chiapas, Oaxaca, Estado de M&eacute;xico, Puebla y Morelos (Fuentes, 2005). Cabe destacar que el n&uacute;mero de linchamientos se increment&oacute; notablemente a partir de 1993, lo que puede relacionarse con el retiro del Estado de la promoci&oacute;n de la seguridad social, las privatizaciones indiscriminadas y la polarizaci&oacute;n econ&oacute;mica que ha tra&iacute;do consigo la reforma neoliberal.</font></p>      ]]></body><back>
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