<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>2007-8110</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Cultura y representaciones sociales]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Cultura representaciones soc]]></abbrev-journal-title>
<issn>2007-8110</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S2007-81102007000100003</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Resistencia y/o revolución]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Héau Lambert]]></surname>
<given-names><![CDATA[Catherine]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Escuela Nacional de Antropología e Historia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[México Distrito Federal]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<volume>1</volume>
<numero>2</numero>
<fpage>55</fpage>
<lpage>72</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S2007-81102007000100003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S2007-81102007000100003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S2007-81102007000100003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Una reflexión crítica sobre el concepto de resistencia en el México profundo de Guillermo Bonfil y Los dominados y el arte de la resistencia de James C. Scott.]]></p></abstract>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Resistencia y/o revoluci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Catherine H&eacute;au Lambert</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Catherine H&eacute;au Lambert es doctora en sociolog&iacute;a y profesora&#45;investigadora en la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. Sus trabajos han girado en torno a la cultura popular campesina, con especial &eacute;nfasis en el corrido y la m&uacute;sica popular. Como profesora, actualmente desarrolla cursos sobre Cultura popular e Historia de M&eacute;xico en el siglo XIX.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre el concepto de resistencia en el <i>M&eacute;xico profundo</i> de Guillermo Bonfil y <i>Los dominados y el arte de la resistencia</i> de James C. Scott.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>M&eacute;xico profundo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historiograf&iacute;a de la Revoluci&oacute;n mexicana, al pasar de los grandes paradigmas explicativos a una historia cotidiana de la misma, produjo una nueva visi&oacute;n del acontecimiento nacional; parecer&iacute;a, incluso, que este cambio en las escalas de an&aacute;lisis permiti&oacute; negar la relevancia de la Revoluci&oacute;n. De la gran gesta nacional que ofrec&iacute;a una visi&oacute;n homog&eacute;nea de la Revoluci&oacute;n &#151;donde incluso cab&iacute;an Zapata y Villa con Carranza&#151;, se pas&oacute; a un mosaico de acontecimientos, es decir, a la fragmentaci&oacute;n del movimiento nacional en m&uacute;ltiples levantamientos caudillescos. Sin embargo, ambas versiones pueden ser correctas, ya que el paisaje cambia seg&uacute;n la ubicaci&oacute;n y el inter&eacute;s del observador.<sup><a href="#nota">1</a></sup> En la nueva perspectiva, el replanteamiento de la escala de observaci&oacute;n propuesto por los micro&#45;historiadores coincidi&oacute; con la preocupaci&oacute;n de algunos antrop&oacute;logos por explicar la vida cotidiana de los pueblos dominados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un mismo inter&eacute;s por estudiar las relaciones de poder antes y despu&eacute;s de una revoluci&oacute;n llev&oacute; naturalmente a plantearse la problem&aacute;tica de la <i>resistencia</i> de los de abajo. Originalmente el concepto de resistencia proviene de la polemolog&iacute;a<a href="#nota">*</a> y se entend&iacute;a como una acci&oacute;n militar frente a una invasi&oacute;n, por ejemplo, la resistencia de los indios de la Sierra Gorda a la invasi&oacute;n norteamericana o la de Ju&aacute;rez ante la intervenci&oacute;n francesa. Posteriormente, y por analog&iacute;a, el concepto se extendi&oacute; y se aplic&oacute; tambi&eacute;n a la lucha de los campesinos en defensa de sus tierras y contra la hacienda. En este caso la resistencia se entend&iacute;a como un evento violento en el que participaba una comunidad agredida en un momento particular de su historia. Pero en los a&ntilde;os 80 del siglo pasado el concepto de resistencia se ampli&oacute; a&uacute;n m&aacute;s al aplicarse tambi&eacute;n a discursos y gestos &#151;impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente impugnativos&#151; de la vida cotidiana u ordinaria de los subalternos, interpretados como una infrapol&iacute;tica de los desvalidos (Scott, 2000: 22) o tambi&eacute;n como el "arsenal de los pobres" para su defensa frente a todo tipo de poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La publicaci&oacute;n del libro del antrop&oacute;logo norteamericano James C. Scott (1985), <i>Weapons of the Weak: Every Forms of Peasant Resistance,</i> trajo agua fresca al molino de los estudiosos de los movimientos campesinos. En los mismos a&ntilde;os &#151;entre 1985 y 1987&#151; el antrop&oacute;logo mexicano Guillermo Bonfil Batalla (1990 &#91;1987&#93;) redactaba su obra maestra <i>M&eacute;xico profundo, una civilizaci&oacute;n negada,</i> que analiza acuciosamente la resistencia de los pueblos originarios a la "desindianizaci&oacute;n" promovida por la cultura occidental. Ambos autores, destacados antrop&oacute;logos, no se limitaron a exponer la problem&aacute;tica vivida por los campesinos en nuestras sociedades modernas, sino que investigaron las <i>t&aacute;cticas</i> y las <i>estrategias de resistencia</i> en situaciones de dominaci&oacute;n cotidiana, ya que de ello depend&iacute;a su supervivencia. Para Bonfil (1990: 11,14):</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El M&eacute;xico profundo, entre tanto, resiste apelando a las estrategias m&aacute;s diversas seg&uacute;n las circunstancias de dominaci&oacute;n a que es sometido &#91;...&#93; Las formas de resistir han sido muy variadas, desde la defensa armada y la rebeli&oacute;n hasta el apego aparentemente conservador a las pr&aacute;cticas tradicionales.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos dos autores parecen derivar su teor&iacute;a del postulado de Michel Foucault (1976) seg&uacute;n el cual "donde hay poder, hay resistencia", pero a veces &eacute;sta aparece como una resistencia estructural seg&uacute;n el principio de Arqu&iacute;medes,<sup><a href="#nota">2</a></sup> es decir, mec&aacute;nica, en lugar de ser el resultado de una acci&oacute;n pol&iacute;tica consciente y elaborada. Ni Scott ni Bonfil se interrogan sobre el origen de la resistencia, sin embargo, para ambos el desenlace parece claro, aunque diferenciado. Para Scott, la acumulaci&oacute;n de resistencias constituye un gran arrecife donde puede encallar la nave del Estado, considerando que el poder provoca, por su solo ejercicio, una contrarrespuesta entre los dominados, sin intervenci&oacute;n expl&iacute;cita de alguna organizaci&oacute;n pol&iacute;tica; mientras que para Bonfil la resistencia se organiza en un movimiento pol&iacute;tico que debe permitir el surgimiento de una nueva naci&oacute;n multicultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio de Scott realizado en Malasia se centra, en un primer momento, en relaciones de poder clasistas dentro de una misma cultura musulmana; posteriormente, cuando la clase dominante (propietaria o arrendataria de la tierra) incluye extranjeros como los chinos, las relaciones de explotaci&oacute;n se vuelven m&aacute;s directas, sin la mediaci&oacute;n de la caridad religiosa pregonada por el Islam y, si bien la explotaci&oacute;n no resulta en un enfrentamiento &eacute;tnico, llega a afectar las tradiciones culturales. El gran avance de Scott &#151;siguiendo en ello a Barrington Moore (1978)&#151; es su &eacute;nfasis en el concepto de <i>dignidad</i> como elemento crucial de las relaciones econ&oacute;micas y, por ende, del poder. Bonfil sigue un proceso de reflexi&oacute;n paralelo que lo lleva a definir a los indios campesinos a partir del <i>control </i>sobre su propia cultura y a afirmar entonces que m&aacute;s all&aacute; de las clases sociales se da el desencuentro, que puede llegar al enfrentamiento, entre dos civilizaciones: una dominante &#151;el M&eacute;xico imaginario&#151;y la otra en resistencia &#151;el M&eacute;xico profundo&#151;, aun cuando ambas se trenzan sobre el trasfondo de las relaciones de clase, ya que las relaciones &eacute;tnicas coinciden claramente con desigualdades econ&oacute;micas. Para Scott el concepto de <i>dignidades</i> el respeto a la persona, al acceso a las tierras de cultivo y a las reglas de convivencia que enuncian la tradici&oacute;n y el Cor&aacute;n, y se puede equiparar al concepto de <i>control de</i> Bonfil en la medida en que &eacute;ste tambi&eacute;n abarca el acceso a los recursos, la organizaci&oacute;n social y el sistema simb&oacute;lico. Nos advierte el autor:</font></p>     <blockquote>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es obvio, por las estructuras que escog&iacute; explorar, que privilegio las cuestiones relacionadas con la dignidad y la autonom&iacute;a, las cuales en general han sido consideradas como secundarias en la explotaci&oacute;n material (Scott, 2000: 20).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ambos autores...</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... los caminos de la resistencia forman una intrincada red de estrategias que ocupan un amplio espacio en la cultura y en la vida cotidiana de los pueblos (Bonfil, 1990: 191).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bonfil se dedica al estudio de los pueblos indios y demuestra que su opresi&oacute;n no es s&oacute;lo econ&oacute;mica sino, sobre todo, cultural o "civilizatoria": la sociedad india conforma "otro" proyecto de naci&oacute;n; mientras que Scott trabaja las desigualdades y las resistencias dentro de un mismo proyecto de naci&oacute;n: la revoluci&oacute;n agr&iacute;cola llamada "verde" donde no se da un choque de civilizaciones sino una resistencia a la explotaci&oacute;n y al despojo econ&oacute;mico. Sin embargo, ambos enfatizan el estudio de las culturas propias (indias y/o subalternas) para entender las formas cotidianas de resistencia. Pero Bonfil enfoca la resistencia como una acci&oacute;n comunitaria &#151;la comunidad o la etnia como actor social, por ejemplo en los m&uacute;ltiples casos de milenarismos&#151;, mientras que Scott la ubica entre individuos que comparten espacios de sociabilidad ocultos, "fuera de la escena". Para este autor queda claro que no puede existir un discurso oculto sin una comunidad que lo respalde, sin embargo el actor social colectivo parece reducirse para Scott a un mero agregado de sujetos cuyos reclamos pueden resonar fuera de todo proyecto pol&iacute;tico. A nuestro modo de ver, el autor no alcanza a articular una teor&iacute;a del actor social colectivo a partir de pr&aacute;cticas de resistencias cotidianas que a la postre resultan ser simples desahogos o v&aacute;lvulas de seguridad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1990, en su nueva obra traducida al espa&ntilde;ol (2000) bajo el t&iacute;tulo: <i>Los dominados  el arte de la resistencia. Discursos ocultos,</i> Scott ampl&iacute;a, por un lado, su estudio al abarcar experiencias de varios pa&iacute;ses, pero, por otro, lado restringe su alcance te&oacute;rico, ya que ahora se limita al an&aacute;lisis ideol&oacute;gico&#45;discursivo de la resistencia en el sentido amplio de la semi&oacute;tica, es decir, las pr&aacute;cticas culturales deben ser le&iacute;das como "textos". En esta obra, el autor enfoca su an&aacute;lisis y sus bater&iacute;as hacia las pr&aacute;cticas "discursivas" (bajo la influencia de la teor&iacute;a en boga: el <i>linguistic turn</i> o <i>cultural turn)</i><sup><a href="#nota">3</a></sup> de los dominados y retoma, para ampliarlo a nivel de libro, el concepto de <i>discurso oculto</i> acu&ntilde;ado en <i>Weapons of the Weak.</i> En este trabajo, a diferencia del anterior, Scott enfatiza las pr&aacute;cticas discursivas en detrimento de las condiciones materiales de existencia, y se apoya en el libro de E.P. Thompson (1966) <i>La formaci&oacute;n de la clase obrera inglesa,</i> para mostrar que las pr&aacute;cticas discursivas pueden desembocar en pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas; pero el &eacute;nfasis puesto en la esfera ideol&oacute;gico&#45;cultural, si bien viene a llenar un hueco en los estudios de los grupos subalternos, produce la impresi&oacute;n de que los discursos del poder y de la opresi&oacute;n agotan la esfera pol&iacute;tica. Scott oscila entre el condicionamiento material y/o ideol&oacute;gico del discurso, sin definir claramente d&oacute;nde se ubican originalmente las relaciones de poder y, por lo mismo, parece sugerir que las "formas" de la opresi&oacute;n (v.g. la humillaci&oacute;n y la percepci&oacute;n de la injusticia) resultan ser tan importantes como la opresi&oacute;n misma. Incluso, a veces el autor parece entrar en contradicci&oacute;n consigo mismo cuando deja entender que el solo discurso construye la realidad, y entonces el lector se halla ante la disyuntiva de saber qui&eacute;n fue primero: si el huevo o la gallina. M&aacute;s a&uacute;n, nuestro autor parece caminar sobre el filo de la navaja al dejar planear la duda acerca de si est&aacute; sugiriendo que, con tal de cuidar las formas, se puede seguir dominando. Ciertamente &eacute;ste no es el mensaje de la obra de E.P. Thompson considerada en su conjunto, ya que el historiador ingl&eacute;s ubica claramente la pol&iacute;tica en las condiciones materiales de vida cuya expresi&oacute;n <i>a posteriori</i> es el discurso. Sin duda el discurso forja o construye la realidad, pero no a partir de la nada, sino sobre bases materiales que desaparecieron del &uacute;ltimo texto de Scott, quiz&aacute;s por falta de espacio o a causa de cierta indefinici&oacute;n te&oacute;rica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se puede ubicar dentro de una misma matriz pol&iacute;tico&#45;te&oacute;rica al <i>M&eacute;xico profundo</i> de Bonfil y <i>Weapons of the Weak</i> de Scott, porque ambas obras plantean la misma problem&aacute;tica de la resistencia de los oprimidos en la larga duraci&oacute;n mediante t&aacute;cticas y estrategias cotidianas de supervivencia que resultan ser, en el fondo, rechazos e impugnaciones de las relaciones de poder que padecen. Resulta m&aacute;s problem&aacute;tico analizar la obra de Bonfil a la luz de <i>Los dominados y el arte de la resistencia.</i> En efecto, Bonfil analiza la resistencia de las comunidades indias mediante pr&aacute;cticas culturales que son las condiciones materiales de su supervivencia cotidiana: su sola existencia es un desaf&iacute;o para la cultura occidental, sin ahondar en sus discursos ocultos. Para este autor, la persistencia ya es resistencia. La resistencia india reside en el control que siguen manteniendo sobre sus recursos, su organizaci&oacute;n social, sus conocimientos y su sistema simb&oacute;lico. Cuando se pierde este control, los ind&iacute;genas se desindianizan. Scott, por su parte, analiza esencialmente las estructuras discursivas, no materiales, de las relaciones de poder. Sin duda la resistencia india seg&uacute;n Bonfil incluye tambi&eacute;n l&oacute;gicamente sus discursos, pero &eacute;ste no fue su tema de estudio en la obra de referencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dejemos de lado, por el momento, el texto de Bonfil dedicado a las sociedades indias, para detenernos en el libro de Scott <i>Los dominados y el arte de la resistencia,</i> de mayor alcance para las ciencias sociales, ya que el autor desea abarcar las formas de resistencia de cualquier grupo subalterno.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Los dominados y el arte de la resistencia</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Weapons of the Weak</i> (1985) Scott retoma y aplica el concepto de <i>econom&iacute;a moral</i> acu&ntilde;ado por E.P. Thompson. Esta magn&iacute;fica etnograf&iacute;a de un pueblo de Malasia nos revela las m&uacute;ltiples formas que puede revestir la resistencia campesina al poder, en el transcurrir de la vida cotidiana, fuera de los momentos excepcionales de rebeli&oacute;n abierta, para restablecer el equilibrio de una econom&iacute;a moral tradicionalmente apoyada por las pr&aacute;cticas caritativas prescritas por el Cor&aacute;n que establecieron por tradici&oacute;n una suerte de contrato social (la <i>Zakat,</i> la caridad, los pr&eacute;stamos y las grandes fiestas) (1985: 345). Cuando la dominaci&oacute;n pone en riesgo la supervivencia de los dominados, entonces &eacute;stos recurren a...</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... mecanismos para impedir la apropiaci&oacute;n material de su trabajo, de su producci&oacute;n y de su propiedad: por ejemplo, la caza furtiva, las t&aacute;cticas dilatorias como son el hurto, el enga&ntilde;o, las t&aacute;cticas dilatorias en el trabajo, el hurto, los enga&ntilde;os, las fugas. En conjunto, estas formas de insubordinaci&oacute;n se pueden adecuadamente llamar la infrapol&iacute;tica de los desvalidos (2000: 22).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero paralelamente a estas pr&aacute;cticas de supervivencia, Scott descubre en su monograf&iacute;a toda una gama de estrategias discursivas que permiten resistir o aguantar los embates de los poderosos. Sin excluir el estudio de las vicisitudes materiales, el autor ahonda en el an&aacute;lisis de los elementos culturales que permiten preservar el sentimiento de dignidad entre los campesinos. Por eso enfoca los reflectores sobre la vertiente moral de la econom&iacute;a, hasta llegar al aspecto discursivo de las relaciones de poder. Para este prop&oacute;sito elabora el concepto de <i>discurso oculto</i> que, opuesto al <i>discurso p&uacute;blico,</i> expresa las diversas maneras en que los pobres viven su opresi&oacute;n, y c&oacute;mo &eacute;stos la conciben, la analizan y la categorizan para formularla en sus discursos "intra&#45;muros", lejos de los o&iacute;dos de los poderosos. En los discursos ocultos se fraguan las armas de los d&eacute;biles.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su siguiente volumen <i>Los dominados y el arte de la resistencia,</i> publicado en 1990 y traducido al espa&ntilde;ol en 2000, Scott deja la etnograf&iacute;a para profundizar en el aspecto cultural e ideol&oacute;gico de su obra anterior y adentrarse en la construcci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica de la resistencia. El cap&iacute;tulo II trata de la "Dominaci&oacute;n, actuaci&oacute;n y fantas&iacute;a", donde el discurso oculto se vuelve arma de la resistencia de los dominados. Con Michel de Certeau, por un lado, y la escuela del <i>linguistic turn,</i> por otro, James C. Scott abandona definitivamente el concepto de clase social vinculado al paradigma de la econom&iacute;a pol&iacute;tica, para quedarse en el nivel de los discursos o de las pr&aacute;cticas le&iacute;das como discursos. Es el tema del cap&iacute;tulo III titulado: "El discurso p&uacute;blico como una actuaci&oacute;n respetable". En el siguiente cap&iacute;tulo titulado "Falsa conciencia: &iquest;una nueva interpretaci&oacute;n?", trata de la ideolog&iacute;a concebida en sentido restringido como "falsa conciencia", y de la hegemon&iacute;a entendida &uacute;nicamente como aceptaci&oacute;n inconsciente de las ideas de los dominantes por parte de los dominados. Sus an&aacute;lisis son extremadamente sugestivos, sin embargo, cuando desarrolla su cr&iacute;tica de la hegemon&iacute;a, la nave te&oacute;rica parece zozobrar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Primero: la reducci&oacute;n de la ideolog&iacute;a a su sola dimensi&oacute;n de "falsa conciencia" es reveladora de una visi&oacute;n reduccionista de la misma y, por eso mismo, poco respetuosa de los numerosos trabajos que le confieren un sentido mucho m&aacute;s amplio, hasta el punto de hacerla coincidir con la cultura entendida como campo del simbolismo y de la significaci&oacute;n al servicio del poder. Adem&aacute;s, el autor retoma unilateralmente de algunos neo&#45;marxistas angl&oacute;fonos (sin nombrarlos) la idea de "naturalizaci&oacute;n" de las relaciones de poder, en el sentido de que una funci&oacute;n principal&iacute;sima de la ideolog&iacute;a ser&iacute;a la de presentar las relaciones de poder como algo "natural" y, por ende, al volverlas "naturales" &#151;es decir, del orden de la naturaleza&#151; dichas relaciones se vuelven inmutables, ya que la naturaleza se padece y no se la puede cambiar f&aacute;cilmente. Hay que recordar que para Gramsci &#151;quien en este punto sigue a Marx&#151; "las 'ideolog&iacute;as' son algo m&aacute;s que ilusiones y apariencias; constituyen una realidad objetiva y operante..." (1975, vol. I: 436); y que el hecho de que puedan presentarse como "falsa conciencia" no es el resultado de un dolo o de una especie de distorsi&oacute;n deliberada de las relaciones sociales por parte de las clases dominantes. Adem&aacute;s, para Gramsci la ideolog&iacute;a dominante, supuestamente interiorizada por los dominados como naturalizaci&oacute;n de las relaciones de poder, no constituye una especie de narc&oacute;tico que paralice toda reacci&oacute;n cr&iacute;tica y toda posibilidad de protesta o rebeli&oacute;n. Por el contrario, es susceptible de una "cr&iacute;tica te&oacute;rica inmanente" (trabajo de los intelectuales progresistas) y, cuando son "hist&oacute;ricamente org&aacute;nicas", tienen una "validez psicol&oacute;gica": "organizan las masas humanas, forman el terreno en el cual los hombres se mueven, adquieren conciencia de su posici&oacute;n, luchan, etc&eacute;tera." (1975, II: 869) Gramsci no enfatiza la "falsa conciencia" supuestamente generada por la ideolog&iacute;a, sino su eficacia hist&oacute;rica y pol&iacute;tica, su fuerza cuasi material ("la solidez de las creencias populares") (1975, II: 869).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segundo: del enfoque reductor (y peyorativo) del papel de la ideolog&iacute;a en la sociedad, Scott pasa al concepto gramsciano de hegemon&iacute;a, que seg&uacute;n su interpretaci&oacute;n ser&iacute;a algo as&iacute; como la "falsa conciencia" en acci&oacute;n, atrapando a los dominados (la clase obrera) dentro del pensamiento social hegem&oacute;nico e impidi&eacute;ndoles "sacar conclusiones revolucionarias de sus actos" (2000: 117). M&aacute;s a&uacute;n, seg&uacute;n este enfoque, la hegemon&iacute;a gramsciana "funciona principalmente en el nivel del pensamiento, opuesto al de la acci&oacute;n" (2000:117). En nuestra opini&oacute;n, Scott hace muy poca justicia a la complejidad de la teor&iacute;a gramsciana de la hegemon&iacute;a. Para comenzar, Gramsci utiliza este concepto en un sentido pr&oacute;ximo a su etimolog&iacute;a: conducir, guiar, estar al mando. Sus tesis centrales a este respecto pueden sintetizarse en estos puntos: <i>1)</i> La supremac&iacute;a de un grupo social se manifiesta de dos modos, como "dominio" o coacci&oacute;n, y como "direcci&oacute;n intelectual y moral" o consenso (1975, II: 2010). <i>2)</i> "El ejercicio 'normal' de la hegemon&iacute;a en el terreno cl&aacute;sico del r&eacute;gimen parlamentario se caracteriza por la combinaci&oacute;n de fuerza y consenso que se equilibran en forma variable..." (1975, III: 1638). <i>3)</i> "Un grupo social es dominante de los grupos adversarios &#91;...&#93; y es dirigente de los grupos afines o aliados" (1975,111: 2010). <i>4)</i> "Un grupo social puede y debe ser dirigente incluso antes de conquistar el poder" (1975, III: 2010). En conclusi&oacute;n: para Gramsci, la hegemon&iacute;a es capacidad de direcci&oacute;n, de conquistar alianzas y de proporcionar una base social al Estado (proletario). Y si es as&iacute;, no se agota ni mucho menos en el "nivel del pensamiento", como opina Scott, sino que se orienta esencialmente a la acci&oacute;n (pol&iacute;tica) organizada y es indisociable de la misma. El conformismo y la pasividad moral y pol&iacute;tica del hombre&#45;masa, a los que alude Scott (2000: 117) citando un texto de Gramsci, no es producto de la hegemon&iacute;a del grupo dominante, sino de la "formaci&oacute;n de masa que ha estandarizado a los individuos como calificaci&oacute;n individual y como psicolog&iacute;a" (1975, III: 1520). Por el contrario, la tarea propia de la acci&oacute;n pedag&oacute;gica en b&uacute;squeda de hegemon&iacute;a (intelectuales y dirigentes), por lo menos desde el punto de vista de una clase progresista como el proletariado, es precisamente <i>civilizar</i> esa masa dot&aacute;ndola de conciencia cr&iacute;tica y de capacidad de autodirecci&oacute;n. Ahora bien, "la conciencia cr&iacute;tica no puede nacer sin una ruptura con el conformismo cat&oacute;lico o autoritario y, por tanto, sin un florecer de la individualidad..." (1975, III: 1110).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tercero: en su lectura sesgada del concepto de hegemon&iacute;a, Scott se olvida de las reglas elementales de la epistemolog&iacute;a que obligan a todo investigador a precisar <i>d&oacute;nde</i> y <i>cu&aacute;ndo</i> se aplican sus conceptos. Scott critica agudamente la "naturalizaci&oacute;n" de las relaciones de poder mediante la manipulaci&oacute;n ideol&oacute;gica de los dominantes y deja en claro que las relaciones de poder no se basan en leyes universales que puedan regir a la sociedad, sino en estructuras y coyunturas socio&#45;econ&oacute;micas. Pero no se percata de que los reg&iacute;menes hist&oacute;ricamente absolutistas, con sus ideolog&iacute;as propias, ejercen la "dominaci&oacute;n" &#151;es decir, el control social mediante la represi&oacute;n&#151; pero no la "hegemon&iacute;a", que funciona con base en la persuasi&oacute;n y el consenso.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuarto: como acabamos de mencionar, constituye un error epistemol&oacute;gico pensar que "la" ideolog&iacute;a, "la" hegemon&iacute;a o "la" falsa conciencia pueden existir como categor&iacute;as desterritorializadas y atemporales, tal como lo hace Scott (2000: 97&#45;124). Por eso resulta totalmente anacr&oacute;nico y equivocado hablar de hegemon&iacute;a como forma de gobierno antes del advenimiento de los reg&iacute;menes democr&aacute;tico&#45;burgueses, porque el concepto fue acu&ntilde;ado por Gramsci para aplicarlo principalmente a los reg&iacute;menes parlamentarios liberales que requieren del convencimiento y del consenso social para operar, lo que no es el caso para los reg&iacute;menes autoritarios o desp&oacute;ticos. Por supuesto que un esclavo o un siervo no estar&aacute;n de acuerdo con su esclavitud o su servidumbre, pero aunque las rechacen y no las acepten, &iquest;qu&eacute; pueden hacer? Su voz o su discurso no pueden cambiar las formas de la dominaci&oacute;n del gobierno autoritario. Sin embargo pueden crear conciencia y organizar espacios de liberaci&oacute;n para luchar cuando la coyuntura les sea favorable. Es lo que Scott estudia en el cap&iacute;tulo V, titulado "La creaci&oacute;n de espacio social para una subcultura disidente".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro del &aacute;mbito de la infrapol&iacute;tica, Scott dedica el cap&iacute;tulo VI a estudiar el rumor, el anonimato, los eufemismos, el refunfu&ntilde;o, el disfraz, los cuentos populares, la picarezca, la inversi&oacute;n simb&oacute;lica y las im&aacute;genes del mundo al rev&eacute;s, aparte de los ritos de inversi&oacute;n, carnaval y fiestas, lo que constituye uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s creativos del libro ya que transforma el <i>estigma</i> (abulia, lentitud, borrachera, flojera, odio taimado, traici&oacute;n, etc&eacute;tera) en <i>virtud.</i> De este modo, los pecados o defectos &#151;&eacute;ticamente hablando&#151; que los dominantes achacan a los dominados se transforman, de hecho, en estrategias de resistencia. Scott sustrae estas pr&aacute;cticas del &aacute;mbito del enjuiciamiento moral o &eacute;tico para reubicarlas en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica, lo que permite valorizar lo que hab&iacute;a sido construido como negativo en virtud de la estrategia de descalificaci&oacute;n moral del otro, es decir, de los dominantes sobre los dominados.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, Scott expl&iacute;cita su teor&iacute;a del discurso oculto en el cap&iacute;tulo VII titulado "La infrapol&iacute;tica de los grupos subordinados" y termina su libro con el cap&iacute;tulo VIII dedicado al momento exultante de la transformaci&oacute;n del discurso oculto en discurso p&uacute;blico, esto es, cuando la oruga se vuelve mariposa: "Una saturnal de poder: la primera declaraci&oacute;n p&uacute;blica del discurso oculto."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta aqu&iacute; hemos rastreado la discusi&oacute;n indirecta (no los cita) de Scott con sus colegas antrop&oacute;logos e historiadores que recurren al concepto de hegemon&iacute;a para explicar la relaci&oacute;n de los subalternos con los grupos en el poder. Nos queda claro que Scott desecha la interpretaci&oacute;n gramsciana (entendida a su manera), porque seg&uacute;n &eacute;l no explica "c&oacute;mo se pueden producir cambios sociales desde abajo" y porque, si nos atenemos a los hechos, "los s&uacute;bditos con 'falsa conciencia' son bastante capaces, seg&uacute;n parece, de emprender acciones revolucionarias" (2000: 104). Por consiguiente, hay que encontrar otra raz&oacute;n &#151;que no sea la interiorizaci&oacute;n de la ideolog&iacute;a dominante&#151; para explicar el consentimiento y la sumisi&oacute;n (2000: 110). Y esa raz&oacute;n ser&iacute;a el <i>discurso oculto</i> ("fuera de la escena" o "intramuros") que oculta la resistencia aparentando conformismo y sumisi&oacute;n hacia afuera, pero que puede explotar en forma de <i>discurso p&uacute;blico</i> cuando las condiciones son propicias, desencadenando la confrontaci&oacute;n y la rebeli&oacute;n abierta contra los grupos dominantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho de otro modo: Scott est&aacute; m&aacute;s interesado por la nueva moda del <i>linguistic turn</i> que lo motiv&oacute; a ahondar en el papel que juegan los diversos discursos o ideolog&iacute;as enfrentados en el campo pol&iacute;tico. El autor ilustra ese papel con los discursos (primero ocultos y luego p&uacute;blicos) de los <i>lollards</i> en la Inglaterra renacentista, que sirvieron de tela de fondo y de antecedente a la Guerra Civil de 1640:</font></p>         <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia subterr&aacute;nea de ese movimiento se volvi&oacute; asunto de importancia hist&oacute;rica porque sus ideas, en la movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica y en el vac&iacute;o pol&iacute;tico de la Guerra Civil, pudieron finalmente encontrar una salida. Es posible imaginar que, sin esos momentos especiales que arrojan una luz retrospectiva sobre un discurso previamente oculto, gran parte de la historia exterior a la escena de los grupos subordinados estar&iacute;a definitivamente perdida u oscurecida. (2000: 115).</font></p>     </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n la etnometodolog&iacute;a &#151;una corriente te&oacute;rica enfrentada con el estructuralismo y antecesora del posmodernismo&#151; permiti&oacute; a Scott desmenuzar los peque&ntilde;os hilos de resistencia en la madeja de la cotidianidad y evidenciar as&iacute; las tensiones que resultan de toda relaci&oacute;n de poder, incluso a nivel micro. Scott es incr&eacute;dulo en cuanto a la posibilidad de organizar las m&uacute;ltiples formas de resistencia en una resistencia pol&iacute;tica frontal. Si aplicamos este escepticismo al caso mexicano, se puede constatar, en efecto, que en muchos casos no existi&oacute; un eje social (como puede ser la comunidad, un movimiento pol&iacute;tico o religioso o un sindicato) capaz de aglutinar a todos los descontentos en una protesta colectiva para generar una liberaci&oacute;n.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Sin embargo el texto <i>M&eacute;xico profundo</i> de Bonfil demuestra que entre las comunidades campesinas, en virtud de la existencia efectiva de una comunidad y con base en la misma, los campesinos e ind&iacute;genas lograron frecuentemente agruparse y aglutinarse para protestar y resistir. Por otra parte, los estudiosos del movimiento obrero en M&eacute;xico han ilustrado la manera en que se crearon sociedades mutualistas y luego sindicatos que finalmente desembocaron en el gran movimiento de los hermanos Flores Mag&oacute;n. Es decir, en estos casos no se aplica el escepticismo de Scott.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de M&eacute;xico en el siglo XIX es muy ilustrativa de la resistencia campesina que intent&oacute; construir su propia hegemon&iacute;a &#151;entendida como ideolog&iacute;a pol&iacute;tica comunitaria con sus soportes materiales y simb&oacute;licos (mayordom&iacute;as, tequios, asambleas, etc&eacute;tera)&#151; a partir de su cultura, pero articul&aacute;ndose al mismo tiempo con el discurso p&uacute;blico de las clases dominantes hasta el Porfiriato (Mall&oacute;n, 2003; Rema, 1997; Ducey, 1999; Escobar, 2002; Guardmo, 2001). Aqu&iacute; es necesario precisar que la hegemon&iacute;a, en sentido gramsciano, puede considerarse como un proceso en construcci&oacute;n o bien como un estado ya consolidado de las relaciones de poder en relaci&oacute;n con un Estado o una forma de gobierno. La historia de la resistencia de los oprimidos abarca tambi&eacute;n la primera alternativa, es decir, el proceso formativo de una hegemon&iacute;a en construcci&oacute;n, ya que si &eacute;stos hubieran llegado a institucionalizar su hegemon&iacute;a mediante la conquista del poder, hubieran dejado de ser resistencia para convertirse en dominantes. Scott no estudia los procesos orientados hacia la "toma de poder", por eso rechaza el concepto de hegemon&iacute;a y se limita a analizar las formas cotidianas de la resistencia por ser las menos estudiadas y porque las considera como el primer eslab&oacute;n de una resistencia pol&iacute;tica, siguiendo en ello a Barrington Moore (1989: 92), quien escribi&oacute;:</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las principales tareas culturales que enfrenta cualquier grupo oprimido consiste en minar y hacer explotar las justificaciones del estrato dominante. Estas cr&iacute;ticas pueden tomar la forma de intentos por demostrar que dicho estrato no cumple las tareas que afirma cumplir y por lo tanto viola el contrato social espec&iacute;fico, pero es mucho m&aacute;s frecuente que tomen la forma de cr&iacute;ticas contra individuos espec&iacute;ficos de los estratos dominantes que no cumplen con el contrato social. Tal cr&iacute;tica deja invioladas las funciones del estrato dominante. Y s&oacute;lo las formas m&aacute;s radicales de ella se han propuesto la cuesti&oacute;n de preguntarse si los reyes, los capitalistas, los curas, los generales, los bur&oacute;cratas, etc&eacute;tera, sirven en algo a alg&uacute;n prop&oacute;sito social &uacute;til.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El magn&iacute;fico libro de Scott resulta muy provechoso cuando se reubican adecuadamente las diferentes escalas de an&aacute;lisis y se articula con una teor&iacute;a del actor social. En efecto, no se puede asimilar un conglomerado de resistencias a un movimiento pol&iacute;tico. Para que exista una conciencia pol&iacute;tica (y no solamente frustraci&oacute;n ante los abusos) tiene que forjarse un actor social, es decir, una identidad social colectiva. As&iacute; lo plantea el propio Scott (2000: 147) cuando afirma que...</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... la resistencia contra la dominaci&oacute;n ideol&oacute;gica requiere una contraideolog&iacute;a &#151;una negaci&oacute;n&#151; que ofrecer&aacute; realmente una forma normativa general al conjunto de pr&aacute;cticas de resistencia.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta "forma normativa general" es precisamente la construcci&oacute;n de una hegemon&iacute;a que es la condici&oacute;n <i>sine qua non</i> para pasar del discurso a la acci&oacute;n. Pero el prop&oacute;sito de Scott no es explicar la manera en que se pueda pasar del discurso a la acci&oacute;n, sino enfatizar el papel de las pr&aacute;cticas de resistencia estudiadas como discursos de resistencia, es decir, para recurrir a una expresi&oacute;n coloquial: <i>los hechos hablan,</i> y Scott se ingeni&oacute; admirablemente para hacerlos "hablar".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro autor que influy&oacute; sanamente en Scott fue Pierre Bourdieu, cuya lectura le hizo comprender la pertinencia del estudio de los espacios &#151;simb&oacute;licos y reales&#151; del poder y le ayud&oacute; a plantear correctamente el lugar desde donde se habla, as&iacute; como la territorialidad necesaria al discurso oculto, con sus espacios sociales propios y aut&oacute;nomos. Se trata de la materialidad o soportes materiales que permiten que las ideas e ideolog&iacute;as circulen y se asienten: los espacios de sociabilidad que conforman el eslab&oacute;n necesario para la socializaci&oacute;n de las ideas. Es igualmente relevante el estudio de los muchos oficios itinerantes que aseguran la circulaci&oacute;n de los discursos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hemos precisado anteriormente que Scott no se ocupa en su an&aacute;lisis del trabajo expl&iacute;citamente pol&iacute;tico de los dominados, tarea que deja a los historiadores; solamente se propone recordar a los cient&iacute;ficos sociales que m&aacute;s all&aacute; de los grandes momentos de estallido social existe una pol&iacute;tica cotidiana que es "el arte de la resistencia" o "infrapol&iacute;tica" que sirve para "renegociar discretamente las relaciones de poder" (2000: 225) y que:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lejos de ser v&aacute;lvulas de escape que ocupan el lugar de la resistencia real, las pr&aacute;cticas discursivas fuera de escena mantienen la resistencia, de la misma manera en que la presi&oacute;n informal de los compa&ntilde;eros de trabajo de una f&aacute;brica disuade a cualquier obrero en particular de exceder las normas de trabajo y de romper las cuotas establecidas entre todos (2000: 226).</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva singular, se puede concebir la infrapol&iacute;tica como la forma elemental &#151;en el sentido de fundacional&#151; de la pol&iacute;tica. Es el cimiento de una acci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s compleja e institucionalizada que no podr&iacute;a existir sin ella (2000: 237).</font></p> </blockquote>      <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Ep&iacute;logo</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de los a&ntilde;os ochenta los historiadores prestan m&aacute;s atenci&oacute;n al estudio de los conflictos locales y Guillermo Bonfil analiza la resistencia secular de los indios. En este contexto, los libros de Scott resultaron muy oportunos para proveer a las ciencias sociales de herramientas de an&aacute;lisis para estudiar la resistencia cotidiana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Weapons of the Weak,</i> Scott orienta su teor&iacute;a de la resistencia hacia la transformaci&oacute;n social aduciendo que, por acumulaci&oacute;n de ofensas y abusos, se va construyendo mec&aacute;nicamente una barra de resistencia (utiliza la met&aacute;fora del arrecife de coral) donde, alg&uacute;n d&iacute;a, vendr&aacute; a encallar el barco del Estado. No contempla una resistencia pol&iacute;tica estructurada, sino un agregado de resistencias sin actor social identificable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Los dominados y el arte de la resistencia,</i> Scott busca precisar y enfocar detalladamente las formas de resistencia sin referirse a los or&iacute;genes de las diversas formas de dominaci&oacute;n que menciona gen&eacute;ricamente como si fuesen iguales, sin aplicar las reglas elementales del an&aacute;lisis social: precisar el <i>d&oacute;nde y</i> el <i>cu&aacute;ndo</i> de cada acontecimiento. Su prop&oacute;sito claramente a&#45;pol&iacute;tico lo lleva a descontextualizar las formas de dominaci&oacute;n y, como el Quijote con sus molinos, pelea en el aire con los conceptos de hegemon&iacute;a e ideolog&iacute;a (en sentido de "falsa conciencia") que llega a plantear como t&eacute;rminos intercambiables. En efecto, la mayor&iacute;a de los ejemplos de Scott son extra&iacute;dos de sociedades autoritarias en las que la resistencia ten&iacute;a que ser clandestina frente a formas de gobierno que Gramsci llam&oacute; de "dominaci&oacute;n" precisamente para contrastarlas con las formas de gobierno por consenso que &eacute;l llam&oacute; "hegemon&iacute;a". De este modo hace una amalgama entre la resistencia a la monarqu&iacute;a absoluta, la resistencia de los presos en una c&aacute;rcel moderna de Noruega y las peticiones campesinas en el Jap&oacute;n feudal, pasando por la Francia del siglo XVI y la Rusia del siglo XIX (2000: 120&#45;122). De aqu&iacute; resulta una incoherencia epistemol&oacute;gica, ya que el autor define en forma un&iacute;voca un concepto extra&iacute;do de contextos hist&oacute;ricos muy diferentes en los que adquiere sentidos tambi&eacute;n muy diferentes. O dicho de otro modo: su libro presenta la resistencia como si fuese una categor&iacute;a a&#45;temporal y universalmente id&eacute;ntica a s&iacute; misma.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las formas de resistencia cotidianas anticipan, preparan y acompa&ntilde;an al trabajo pol&iacute;tico, pero por s&iacute; solas no lo reemplazan. Para saltar a la escala pol&iacute;tica, necesitan de una mediaci&oacute;n (comunitaria, organizativa, institucional, etc&eacute;tera) que las potencien para confrontar eficazmente al poder dominante. Scott salta demasiado f&aacute;cilmente de una escala a otra, como si las relaciones pol&iacute;ticas pudieran reducirse a meras relaciones de poder <i>sin intermediaciones,</i> esto es, como si el dominado pudiese resistir eficazmente al dominante sin mediaciones pol&iacute;ticas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bonfil Batalla, Guillermo (1990) &#91;1987&#93;. <i>M&eacute;xico profundo, una civilizaci&oacute;n negada.</i> M&eacute;xico, Grijalbo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595601&pid=S2007-8110200700010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ducey, Michael T. (1999). "Hijos del pueblo y ciudadanos: identidades pol&iacute;ticas entre los rebeldes indios del siglo XIX" En: Connaughton, Brian; Carlos Illades; y Sonia P&eacute;rez Toledo, (coords). M&eacute;xico, El Colegio de Michoac&aacute;n, UAM, El Colegio de M&eacute;xico.<i> Construcci&oacute;n de la legitimidad pol&iacute;tica en M&eacute;xico,</i> co, pp. 127&#45;151.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595603&pid=S2007-8110200700010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escobar Ohmstede, Antonio (2002). "Los pueblos indios huastecos frente a las tendencias modernizadoras decimon&oacute;nicas". En: <i>Pueblos, comunidades y municipios frente a los proyectos modernizadores en Am&eacute;rica Latina. Siglo XIX.</i> M&eacute;xico, ed. CEDLA y El Colegio de San Luis, pp.169&#45;184.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595605&pid=S2007-8110200700010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foucault, Michel (1976). <i>Histoire de la sexualit&eacute;, La volont&eacute; de savoir,</i> t.1. Par&iacute;s, Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595607&pid=S2007-8110200700010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gramsci, Antonio (1975). <i>Quaderni del carcere,</i> vol. I, II, III. Turin: Einaudi Editore (edici&oacute;n cr&iacute;tica).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595609&pid=S2007-8110200700010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guardino, Peter (2001). <i>Campesinos y pol&iacute;tica en la formaci&oacute;n del Estado nacional en M&eacute;xico.</i> Chilpancingo, Guerrero, Instituto de Estudios Legislativos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595611&pid=S2007-8110200700010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kenneth Turner, John (1988) &#91;1911&#93;. <i>M&eacute;xico b&aacute;rbaro.</i> 1988. M&eacute;xico, Editores Mexicanos Unidos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595613&pid=S2007-8110200700010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mallon, Florencia E. (2003) &#91;1995&#93;. <i>Campesino y naci&oacute;n.</i> M&eacute;xico, El Colegio de San Luis y CIESAS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595615&pid=S2007-8110200700010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moore, Barrington (1989) &#91;1978&#93;. <i>Injustice: The Social Bases of Obedience and Revolt.</i> Nueva York, M.E. Sharpe, White Plains. (Traducido al espa&ntilde;ol: 1989, <i>La injusticia: bases sociales de la obediencia y la rebeli&oacute;n.</i> M&eacute;xico: Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595617&pid=S2007-8110200700010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reina, Leticia (1997). <i>La reindianizaci&oacute;n de Am&eacute;rica.</i> M&eacute;xico, Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595619&pid=S2007-8110200700010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Scott, James C, 1985. <i>Weapons of the Weak: Every forms of Peasant resistance.</i> Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595621&pid=S2007-8110200700010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2000) &#91;1990&#93;. <i>Los dominados y el arte de la resistencia.</i> M&eacute;xico, Editorial Era.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595623&pid=S2007-8110200700010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Thompson, E.P. (1977) &#91;1966&#93;. <i>La formaci&oacute;n hist&oacute;rica de la clase obrera.</i> Barcelona: Editorial Laia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2595625&pid=S2007-8110200700010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Estudio cient&iacute;fico de la guerra como fen&oacute;meno social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Ya Max Weber afirmaba que se puede escribir la historia desde puntos de vista muy diferentes, pero igualmente aceptables, dependiendo del inter&eacute;s del historiador ("Wertbezichligkeit", es decir, con relaci&oacute;n a valores, que no debe confundirse con "Werturteil", que significa juicios de valor). Y en su pol&eacute;mica con Hayden White, Momigliano afirmaba que "toda historia supone la eliminaci&oacute;n de otras historias alternativas".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Seg&uacute;n este c&eacute;lebre principio de la mec&aacute;nica, todo cuerpo sumergido total o parcialmente en un fluido experimenta un empuje hacia arriba igual al peso del fluido que desaloja. Ya Gramsci hab&iacute;a se&ntilde;alado que el primer grado de la oposici&oacute;n de las culturas populares a la cultura oficial es "por lo general tambi&eacute;n impl&iacute;cita, mec&aacute;nica y objetiva" <i>(Gramsci,</i> 1975, vol. III: 2311 y <i>ss.).</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Para esta escuela de an&aacute;lisis social, el discurso no s&oacute;lo representa la realidad sino que la construye. El sintagma <i>linguistic turn</i> ("giro ling&uuml;&iacute;stico") o <i>cultural turn</i> ("giro cultural") fue utilizado para nombrar una tendencia te&oacute;rica que rechazaba la idea de que la sociedad puede ser explicada a partir de grandes paradigmas o modelos, afirmando, por el contrario, que toda pr&aacute;ctica o instituci&oacute;n social es un "texto" que debe ser interrogado en s&iacute; mismo y como parte de un sistema de significaci&oacute;n. Desde la teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n se sabe que cada "lectura" depende del lector que descodifica e interpreta el "texto" seg&uacute;n la cultura de su grupo. Dos autores fueron muy relevantes para afirmar que la cultura es un sistema simb&oacute;lico, ling&uuml;&iacute;stico y de representaciones: en 1973, el historiador Hayden White publica su <i>Metahistoria</i> y el antrop&oacute;logo Clifford Geertz su <i>Interpretaci&oacute;n de las culturas.</i> Al privilegiar la interpretaci&oacute;n individual o colectiva se corre el riesgo de abandonar los condicionamientos materiales (tachados de "economicismo") e institucionales de la cultura, y de caer en un hiper&#45;relativismo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> As&iacute; el texto de John Kenneth Turner, 1911, <i>M&eacute;xico b&aacute;rbaro</i> o las denuncias de Bruno Traven para Oaxaca y Chiapas contra las haciendas y monter&iacute;as. Las rebeliones fueron brutalmente aplastadas.</font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bonfil Batalla]]></surname>
<given-names><![CDATA[Guillermo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[México profundo, una civilización negada]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Grijalbo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ducey]]></surname>
<given-names><![CDATA[Michael T.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Hijos del pueblo y ciudadanos: identidades políticas entre los rebeldes indios del siglo XIX]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Connaughton]]></surname>
<given-names><![CDATA[Brian]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Illades]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pérez Toledo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sonia]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Construcción de la legitimidad política en México, co]]></source>
<year>1999</year>
<page-range>127-151</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Colegio de MichoacánUAMEl Colegio de México]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Escobar Ohmstede]]></surname>
<given-names><![CDATA[Antonio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los pueblos indios huastecos frente a las tendencias modernizadoras decimonónicas]]></article-title>
<source><![CDATA[Pueblos, comunidades y municipios frente a los proyectos modernizadores en América Latina. Siglo XIX]]></source>
<year>2002</year>
<page-range>169-184</page-range><publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CEDLAEl Colegio de San Luis]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foucault]]></surname>
<given-names><![CDATA[Michel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Histoire de la sexualité, La volonté de savoir, t.1.]]></source>
<year>1976</year>
<publisher-loc><![CDATA[París ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gallimard]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gramsci]]></surname>
<given-names><![CDATA[Antonio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Quaderni del carcere]]></source>
<year>1975</year>
<volume>I, II, III</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Turin ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Einaudi Editore]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Guardino]]></surname>
<given-names><![CDATA[Peter]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Campesinos y política en la formación del Estado nacional en México]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Chilpancingo^eGuerrero Guerrero]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Legislativos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kenneth Turner]]></surname>
<given-names><![CDATA[John]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[México bárbaro]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editores Mexicanos Unidos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mallon, Florencia]]></surname>
<given-names><![CDATA[E.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Campesino y nación]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Colegio de San LuisCIESAS]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Moore]]></surname>
<given-names><![CDATA[Barrington]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Injustice: The Social Bases of Obedience and Revolt]]></source>
<year>1989</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[M.E. SharpeWhite Plains]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Reina]]></surname>
<given-names><![CDATA[Leticia]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La reindianización de América]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Siglo XXI]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Scott]]></surname>
<given-names><![CDATA[James C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Weapons of the Weak: Every forms of Peasant resistance]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-name><![CDATA[Yale University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Scott]]></surname>
<given-names><![CDATA[James C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los dominados y el arte de la resistencia]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Era]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Thompson]]></surname>
<given-names><![CDATA[E.P.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La formación histórica de la clase obrera]]></source>
<year>1977</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Laia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
