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<journal-title><![CDATA[Cultura y representaciones sociales]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El debate contemporáneo en torno al concepto de etnicidad]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El debate contempor&aacute;neo en torno al concepto de etnicidad</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gilberto Gim&eacute;nez</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Investigador titular del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de entrar en materia, vale la pena subrayar la novedad del t&eacute;rmino "etnicidad" en el &aacute;mbito de las ciencias sociales. Seg&uacute;n Glazer y Moynihan, este t&eacute;rmino aparece por primera vez en ingl&eacute;s en los a&ntilde;os cincuenta, y fue introducido por el soci&oacute;logo norteamericano David Reisman. Pero otros atribuyen su introducci&oacute;n a WL. Warner, el coordinador de <i>Yankee City Series.</i> En cambio, el sustantivo "etnia", traducci&oacute;n del griego <i>ethnos,</i> y el adjetivo "&eacute;tnico", tienen una larga historia y podemos rastrear su uso desde la antig&uuml;edad greco&#45;romana. </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La novedad del t&eacute;rmino en las ciencias sociales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de entrar en materia, vale la pena subrayar la novedad del t&eacute;rmino "etnicidad" en el &aacute;mbito de las ciencias sociales. Seg&uacute;n Glazer y Moynihan (1975: i), este t&eacute;rmino aparece por primera vez en ingl&eacute;s en los a&ntilde;os cincuenta, y fue introducido por el soci&oacute;logo norteamericano David Reisman. Pero otros atribuyen su introducci&oacute;n a WL. Warner, el coordinador de <i>Yankee City Series.</i> En cambio, el sustantivo "etnia", traducci&oacute;n del griego <i>ethnos,</i> y el adjetivo "&eacute;tnico", tienen una larga historia y podemos rastrear su uso desde la antig&uuml;edad greco&#45;romana.  Es muy interesante destacar que el uso de estos dos &uacute;ltimos t&eacute;rminos casi siempre ha tenido una connotaci&oacute;n excluyente, discriminatoria y la mayor parte de las veces inferiorizante (Hutchinson y Smith, 1996: 4 <i>ss.).</i> Es decir, las "etnias" siempre son los "otros", menos el grupo que clasifica de este modo a esos "otros" desde una posici&oacute;n dominante. As&iacute;, para los griegos las "etnias" <i>(ta ethnea)</i> eran las otras gentes, los no griegos, los perif&eacute;ricos, los b&aacute;rbaros for&aacute;neos, por oposici&oacute;n a los "helenos" <i>(genos Hellenon),</i> como se nombraban a s&iacute; mismos. En <i>lat&iacute;n,</i> la traducci&oacute;n de <i>ethnos</i> es <i>nat&iacute;o,</i> pero este t&eacute;rmino tambi&eacute;n designa s&oacute;lo a los pueblos b&aacute;rbaros y lejanos, por oposici&oacute;n a los romanos que se autoclasificaban como <i>populas,</i> y nunca como <i>nat&iacute;o.</i> Incluso en la Vulgata latina del Nuevo Testamento, la traducci&oacute;n del t&eacute;rmino <i>ethnos</i> es <i>gent&iacute;l&iacute;s</i> (los "gentiles"), por oposici&oacute;n a los jud&iacute;os y cristianos que supuestamente profesan la verdadera religi&oacute;n revelada en la Biblia. Lo curioso es que el ingl&eacute;s &#151;que s&oacute;lo tiene el adjetivo "&eacute;tnico" y no el substantivo correspondiente&#151; conserv&oacute; este sentido del Nuevo Testamento hasta 1971, es decir, <i>ethnics</i> significaba "pagano" o "gentil".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las observaciones precedentes vienen a cuento, porque parece persistir hasta nuestros d&iacute;as este sesgo etnoc&eacute;ntrico del t&eacute;rmino "etnia" y sus derivados, que tiende a infiltrarse subrepticiamente incluso en el uso cient&iacute;fico de los mismos siguiendo la f&oacute;rmula: <i>n</i> &#45;1, como dicen ir&oacute;nicamente Hugues y Hugues (1952). Esto es, todos los grupos pueden ser &eacute;tnicos dentro de una comunidad, menos el grupo originario de esa comunidad, que es el que clasifica a todos los dem&aacute;s. Este sesgo etnoc&eacute;ntrico todav&iacute;a persiste en algunas encuestas norteamericanas que dan por sentado la equivalencia: <i>ethnicity &#151; forein stock,</i> subyacente a preguntas como &eacute;sta: "&iquest;De qu&eacute; pa&iacute;s proviene la mayor parte de sus antepasados?".</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La etnicidad en cuesti&oacute;n: una encrucijada te&oacute;rica</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para entrar ya en materia, procuraremos situarnos directamente en el momento en que comienza a producirse un quiebre te&oacute;rico y metodol&oacute;gico de gran envergadura en la manera de abordar el estudio de la etnicidad en los EE.UU., esto es, entre fines de los a&ntilde;os sesenta y mediados de los setenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, el concepto de etnia y sus derivados encuentran inicialmente una gran acogida entre los antrop&oacute;logos y logran hacer una carrera fulgurante desde el inicio de los sesenta y a todo lo largo de los setenta en las ciencias sociales norteamericanas. Como observan algunos estudiosos, esta aceptaci&oacute;n generalizada es concomitante con la aparici&oacute;n de un tipo aparentemente nuevo de conflictos y reivindicaciones llamados "&eacute;tnicos" que surgen de manera simult&aacute;nea en las sociedades industrializadas y en las del tercer mundo. Hacia fines de los sesenta comienza a publicarse en la Universidad de Chicago una revista especializada para estudiar los fen&oacute;menos &eacute;tnicos: <i>Ethni&aacute;ty.</i> Y precisamente desde esta revista, investigadores de la talla de P. Brass (1976) y Van den Berghe (1976) lanzan un llamado para estudiar la etnicidad en una perspectiva comparativa y mundial. Esta preocupaci&oacute;n comparatista ya exist&iacute;a desde mediados del siglo pasado entre los antrop&oacute;logos ingleses y norteamericanos. Por ejemplo, ya en 1953 Murdock se&ntilde;alaba como tarea prioritaria la clasificaci&oacute;n de los datos que se pose&iacute;an sobre una gran cantidad de sociedades, con el objeto de identificar las semejanzas y las diferencias entre las culturas y establecer generalizaciones fundadas en las correlaciones entre diferentes rasgos de organizaci&oacute;n social. Este era el objetivo de las encuestas de tipo <i>Cross&#45;Cultural Surveys,</i> de los Atlas geogr&aacute;ficos y de los <i>Human Relations Area Files.</i> Y era tambi&eacute;n el objetivo del <i>Comit&eacute; para los estudios comparativos sobre la etni&aacute;dady la na&aacute;onalidad,</i> creado en 1972 en la Universidad de Washington para estudiar</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... la formaci&oacute;n, la transformaci&oacute;n y la persistencia de las identidades &eacute;tnicas en el tiempo entre los diferentes grupos &eacute;tnicos en diferentes partes del mundo (Poutignat y Streiff&#45;Fenart, 1995: 27).</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, este objetivo supon&iacute;a la selecci&oacute;n y la clasificaci&oacute;n previa de las unidades culturales a ser comparadas, lo que a su vez exig&iacute;a definir los criterios pertinentes para detectar la existencia de dichas unidades culturales y definir sus l&iacute;mites. Pero esta manera de plantear las cosas induc&iacute;a a considerar las etnias como entidades culturales discretas y pre&#45;constituidas, que se podr&iacute;an estudiar con un enfoque objetivista y sistem&aacute;tico, ya que eran definibles en s&iacute; mismas a partir de las caracter&iacute;sticas intr&iacute;nsecas de los grupos y de las personas pertenecientes a esos grupos. Con otras palabras, se estimulaba una concepci&oacute;n substancialista y culturalista de las etnias, como si existiera una correspondencia predecible y sistem&aacute;tica entre rasgos culturales distintivos e identidades &eacute;tnicas.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta manera de enfocar el estudio de las etnias condujo muy pronto a un callej&oacute;n sin salida. En efecto, fue imposible encontrar un conjunto de rasgos culturales objetivos que permitiera distinguir a un grupo &eacute;tnico de otros. Se postulaba, por ejemplo, criterios como la lengua, la etnonimia, la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y la contig&uuml;idad territorial, pero siempre se encontraban numerosas excepciones, es decir, casos en que tales criterios, considerados en forma aislada o combinada, no eran pertinentes para definir a determinados grupos &eacute;tnicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este es el contexto donde surge y se afirma con fuerza creciente una especie de insurrecci&oacute;n te&oacute;rica que se propone replantear de una manera radicalmente nueva la problem&aacute;tica &eacute;tnica, en oposici&oacute;n al substancialismo y a la "ilusi&oacute;n culturalista". Los protagonistas principales de esta "insurrecci&oacute;n" son tres: E. Leach (1972), M. Moerman (1968) y, por supuesto, Fredrick Barth (1970). El punto de partida es el principio sociol&oacute;gico de la determinaci&oacute;n rec&iacute;proca de los grupos sociales. En consecuencia ya no se consideran los grupos &eacute;tnicos como unidades discretas y pre&#45;constituidas definibles taxon&oacute;micamente mediante un listado de rasgos culturales observables, sino como entidades que emergen de la diferenciaci&oacute;n cultural &#151;subjetivamente elaborada y percibida&#151; entre grupos que interact&uacute;an en un contexto determinado de relaciones inter&#45;&eacute;tnicas (estructura de relaciones entre centro y periferia, situaciones migratorias, fen&oacute;menos de colonizaci&oacute;n y descolonizaci&oacute;n...) De este modo, la etnicidad definir&iacute;a al mismo tiempo el contexto pluri&#45;&eacute;tnico dentro del cual emerge.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta manera de plantear el problema implica desplazar el an&aacute;lisis del contenido cultural de los grupos &eacute;tnicos en un momento determinado, al an&aacute;lisis de la emergencia y mantenimiento de las categor&iacute;as (o fronteras) &eacute;tnicas que se construyen inter&#45;subjetivamente en y a trav&eacute;s de las relaciones inter&#45;grupales. O dicho de otro modo, implica pasar del estudio de las caracter&iacute;sticas de los grupos, al estudio de su proceso de construcci&oacute;n social; de la sustancia a la forma; de los aspectos est&aacute;ticos a los aspectos din&aacute;micos y relaci&oacute;nales; de la estructura a los procesos. La cuesti&oacute;n central se define ahora en estos t&eacute;rminos: &iquest;c&oacute;mo y bajo qu&eacute; condiciones un grupo llega a existir como una constelaci&oacute;n &eacute;tnica consciente de s&iacute; misma?; &iquest;por qu&eacute; y cu&aacute;ndo la construcci&oacute;n social de la realidad se hace en t&eacute;rminos &eacute;tnicos?</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La contribuci&oacute;n de Fredrik Barth</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de este panorama quisi&eacute;ramos destacar de modo particular la contribuci&oacute;n de Fredrik Barth (1970), indudablemente uno de los autores m&aacute;s influyentes dentro de la corriente innovadora que acabamos de se&ntilde;alar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las propuestas de este autor en su famosa Introducci&oacute;n al libro <i>Los grupos &eacute;tnicos y sus fronteras</i> por &eacute;l mismo coordinado, pueden resumirse en los siguientes puntos:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>1) </i>Los grupos &eacute;tnicos deben considerarse como una forma de organizaci&oacute;n, como la organizaci&oacute;n social de las diferencias culturales. Esto quiere decir que, tanto hacia adentro como hacia afuera del grupo, las relaciones sociales se organizan a partir de diferencias culturales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>2) </i>Pero no se trata aqu&iacute; de diferencias culturales supuestamente objetivas, sino de diferencias subjetivamente definidas y seleccionadas como significativas por los actores sociales para clasificarse a s&iacute; mismos y a la vez ser clasificados por otros con fines de interacci&oacute;n. En efecto, "los rasgos que son tomados en cuenta &#151;nos dice Barth&#151; no son la suma de diferencias 'objetivas', sino solamente aquellos que los actores mismos consideran significativos" (1976: 15). De aqu&iacute; la importancia central de la autoascripci&oacute;n y de la hetero&#45;adscripci&oacute;n categorial en la teor&iacute;a de Barth.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>3) </i>La identidad &eacute;tnica se construye o se transforma en la interacci&oacute;n de los grupos sociales mediante procesos de inclusi&oacute;n&#45;exclusi&oacute;n que establecen fronteras entre dichos grupos, definiendo qui&eacute;nes pertenecen o no a los mismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>4) </i>La identidad de los grupos &eacute;tnicos se definen por la continuidad de sus fronteras, a trav&eacute;s de procesos de interacci&oacute;n inter&#45;&eacute;tnica, y no por las diferencias culturales que, en un momento determinado, marcan o definen dichas fronteras.<sup>3</sup> O dicho en t&eacute;rminos de George de Vos (1982: XIII), pueden variar los "emblemas de contraste de un grupo" sin que se altere su identidad. De lo contrario, dice Barth, no se podr&iacute;a explicar la continuidad en el tiempo de la entidad llamada etnia, ya que sus marcadores culturales han variado siempre en la historia. Por eso las categor&iacute;as &eacute;tnicas son</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... como un recipiente organizacional capaz de recibir diversas proporciones y formas de contenidos en los diferentes sistemas socio&#45;culturales (p. 16).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta tesis, a primera vista desconcertante y parad&oacute;jica, suele ser interpretada por muchos antrop&oacute;logos en un sentido banal, esto es, en el sentido de que la etnicidad implica siempre una l&iacute;nea de demarcaci&oacute;n entre miembros y no miembros, generando la organizaci&oacute;n de grupos dicot&oacute;micos de tipo Nosotros"/"Ellos" (i.e., las identidades &eacute;tnicas s&oacute;lo se movilizan por referencia a una alteridad). Pero el car&aacute;cter innovador de la noci&oacute;n de <i>ethnic boundary,</i> que explica la excepcional influencia de Barth en el campo de la antropolog&iacute;a, va mucho m&aacute;s lejos: nos est&aacute; diciendo que son en realidad las fronteras &eacute;tnicas, y no el contenido cultural interno lo que define al grupo &eacute;tnico y explica su persistencia; y nos est&aacute; diciendo tambi&eacute;n que la conservaci&oacute;n de las fronteras requiere la organizaci&oacute;n (y reglamentaci&oacute;n) de intercambios entre los grupos, (tesis &eacute;sta muy importante para dilucidar el estatuto de la identidad nacional en las franjas geogr&aacute;ficas fronterizas.)<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, Barth desplaza el inter&eacute;s de la investigaci&oacute;n hacia la frontera &eacute;tnica, porque para &eacute;l la etnicidad resulta de un proceso continuo de dicotomizaci&oacute;n entre miembros del grupo y <i>outsiders,</i> que exige ser expresado y validado en la interacci&oacute;n social. En consecuencia, la etnicidad ya no puede concebirse como un conjunto intemporal e inmutable de "rasgos culturales" transmitidos de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n en la historia del grupo, sino como el resultado de acciones y reacciones entre los grupos dentro de un contexto m&aacute;s amplio de organizaci&oacute;n social que no deja de evolucionar. Dentro de esta perspectiva se produce un desplazamiento de la problem&aacute;tica y la gran pregunta se formula ahora en los siguientes t&eacute;rminos: &iquest;c&oacute;mo los grupos &eacute;tnicos logran mantener la frontera que los distingue de otros grupos a trav&eacute;s de los cambios sociales, pol&iacute;ticos y culturales que jalonan su historia?</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>En b&uacute;squeda de la especificidad</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tesis de Barth fueron recibidas como una verdadera revoluci&oacute;n te&oacute;rica no s&oacute;lo por los antrop&oacute;logos, sino tambi&eacute;n por muchos estudiosos de otras &aacute;reas de las ciencias sociales.</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta obra &#151;dice, por ejemplo, George de Vos&#151; fue percibida en cierto grado como revolucionaria por muchos antrop&oacute;logos, sobre todo porque plantea en forma clara y directa la subjetividad de la etnicidad (1982: XII).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y no falt&oacute; quien afirmara que los estudios sobre etnicidad tienen que dividirse en dos periodos: antes y despu&eacute;s de Barth (Despress, 1975).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero en la actualidad nos percatamos de que tiene una debilidad: la falta de especificidad en la definici&oacute;n de las fronteras &eacute;tnicas. Como dice Philippe Poutignat (1995: 12), los conceptos muy generales que Barth desarrolla acerca de la organizaci&oacute;n y de la interacci&oacute;n sociales son aplicables al an&aacute;lisis de cualquier forma de identidad colectiva (religiosa, profesional, corporativa, pol&iacute;tica, familiar, de clase social, de generaci&oacute;n, de club o de sindicato, de secta o de congregaci&oacute;n), es decir, siempre que aparezca una frontera entre "Nosotros" y "Ellos". Pero queda sin respuesta la pregunta acerca de lo que es espec&iacute;ficamente &eacute;tnico en la oposici&oacute;n entre "Nosotros" y "Ellos", y en los criterios de pertenencia que fundan esta oposici&oacute;n. Barth admite que son "rasgos culturales distintivos" los que trazan la l&iacute;nea de demarcaci&oacute;n, pero no le importa especificar cu&aacute;les, porque pueden variar en el tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, trat&aacute;ndose de fronteras &eacute;tnicas no estamos hablando de cualesquiera "rasgos culturales distintivos", sino de aquellos</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... que se formaron en el curso de una historia com&uacute;n que la <i>memoria colectiva</i> del grupo no ha cesado de transmitir de manera selectiva y de interpretar, convirtiendo ciertos acontecimientos y ciertos personajes legendarios en <i>s&iacute;mbolos</i> significativos de la identidad &eacute;tnica mediante un trabajo del imaginario social; y esa identidad &eacute;tnica remite siempre a un <i>origen</i> supuestamente com&uacute;n (Lapierre,1995: 13) .<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">He aqu&iacute; entonces la respuesta a la especificidad &eacute;tnica: la referencia a un origen supuestamente com&uacute;n (o a una com&uacute;n "ancestr&iacute;a"). De este modo se produce un retorno subrepticio a Max Weber, aunque pocas veces se reconozca. En efecto, en el Cap. IV de <i>Econom&iacute;a y Sociedad Max</i> Weber define a los grupos &eacute;tnicos como</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... aquellos grupos humanos que, f&uacute;nd&aacute;ndose en la semejanza del h&aacute;bito exterior y de las costumbres, o de ambos a la vez, o en recuerdos de colonizaci&oacute;n y migraci&oacute;n, abrigan una creencia subjetiva en una procedencia com&uacute;n (1944: 318).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un poco m&aacute;s adelante especifica: "creencia en una comunidad de sangre" (p. 320), e incluso atribuye a estos grupos el sentimiento de "un honor espec&iacute;fico, el honor &eacute;tnico" (p. 319). Y hasta podemos encontrar en Max Weber alusiones claras al car&aacute;cter artifificial y construido de las tribus y de los grupos &eacute;tnicos (p. 323).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un trabajo reciente, el politic&oacute;logo italiano Dimitri D'Andrea (2000: 83&#45;102) resume en forma l&uacute;cida y pedag&oacute;gica este enfoque weberiano, destacando la actualidad pol&iacute;tica del paradigma &eacute;tnico en Europa y, particularmente, en Italia. En su opini&oacute;n, es una respuesta posible a la dificultad de las naciones modernas para asegurar la integraci&oacute;n y el desarrollo y por consiguiente, de dar un sentido a la acci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>  	  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su propuesta de definici&oacute;n, evidentemente inspirada en Max Weber, se apoya en la idea de una consanguinidad imaginaria: el grupo &eacute;tnico ser&iacute;a "aquel grupo humano dentro del cual la pertenencia se funda, en &uacute;ltima instancia, en la representaci&oacute;n colectiva de un v&iacute;nculo de parentesco". O m&aacute;s precisamente:</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es el grupo que, a partir de ciertas semejanzas entre sus miembros <i>cree</i> en la descendencia de antepasados comunes y se demarca de los dem&aacute;s grupos en virtud de la representaci&oacute;n de un v&iacute;nculo de sangre.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, por lo tanto, de una creencia, de una convicci&oacute;n subjetiva, de una opini&oacute;n no demostrada ni demostrable. Sin embargo, la "consanguinidad imaginaria" puede argumentarse &#151;dice D'Andrea&#151; alegando como prueba todas las semejanzas que parecen revelar un "pasado compartido": rasgos som&aacute;ticos, lengua, cultura y tradiciones compartidas, religi&oacute;n, mitos y memoria. Es decir, todos los "rasgos distintivos" presentados inicialmente como una lista taxon&oacute;mica por los antrop&oacute;logos, pueden cobrar sentido s&oacute;lo en la medida en que se esgrimen como "argumentos" para afirmar un origen com&uacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta manera de definir los grupos &eacute;tnicos explica, siempre seg&uacute;n D'Andrea, muchas de las caracter&iacute;sticas que suelen atribuirse a los mismos, como, por ejemplo, la consideraci&oacute;n del grupo como un grupo natural y objetivo, la naturaleza adscriptiva y no voluntaria de la pertenencia al mismo, el car&aacute;cter jer&aacute;rquicamente superior de la identidad &eacute;tnica con respecto a otras formas identidad, sus fronteras tendencialmente r&iacute;gidas, la amplitud de su horizonte temporal y finalmente, la biologizaci&oacute;n de la tradici&oacute;n. Incluso as&iacute; se explicar&iacute;a la naturaleza peculiar de la <i>solidaridad</i> entre los miembros del grupo, paragonable con la solidaridad familiar, ya que, al igual que &eacute;sta, es incondicional y pretende fundarse en relaciones de consanguinidad. Esta &uacute;ltima observaci&oacute;n nos lleva de la mano al t&oacute;pico del siguiente apartado: la naturaleza peculiar de los <i>v&iacute;nculos primordiales.</i></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El retorno del primordialismo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A nuestro modo de ver, el primordialismo tantas veces criticado es una consecuencia natural de la definici&oacute;n de la etnicidad en t&eacute;rminos de "consanguinidad imaginaria".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sabemos que en el debate contempor&aacute;neo las concepciones de la etnicidad se distribuyen entre dos polos extremos y opuestos: las teor&iacute;as primordialistas, por un lado, y las teor&iacute;as instrumentalistas, por otro.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, el punto de partida obligado de todas las corrientes que se proponen la reelaboraci&oacute;n te&oacute;rica de la etnicidad &#151;incluido, por supuesto, el transaccionalismo de Barth&#151; suele ser la cr&iacute;tica del primordialismo. Uno de los autores m&aacute;s vapuleados bajo este aspecto suele ser Clifford Geertz, quien en su libro <i>Old Societies and New States</i> (1963) presenta una dr&aacute;stica distinci&oacute;n entre "v&iacute;nculos primordiales" y "v&iacute;nculos civiles", siguiendo una antigua propuesta de E. Shils (1957). Seg&uacute;n Geertz, los v&iacute;nculos primordiales revisten ciertas caracter&iacute;sticas t&iacute;picas: <i>1) se</i> presentan como "datos" <i>a priori</i> rebeldes a todo an&aacute;lisis; <i>2)</i> son percibidos como algo inefable, poderoso y coercitivo; <i>3)</i> y sobre todo, son capaces de generar fuertes emociones y afectos. La tesis de Geertz es que uno de los problemas de los nuevos Estados surgidos de la descolonizaci&oacute;n es la persistencia de v&iacute;nculos primordiales que dificultan la adhesi&oacute;n a un Estado percibido como burocr&aacute;tico, fr&iacute;o y abstracto que s&oacute;lo puede generar v&iacute;nculos civiles. Se trata, por lo tanto, de un cl&aacute;sico problema de lealtades en competencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pues bien, la idea de "v&iacute;nculos primordiales", referida evidentemente a los grupos &eacute;tnicos (aunque Geertz no se propon&iacute;a hacer una teor&iacute;a de la etnicidad bajo este aspecto), concit&oacute; de inmediato fuertes cr&iacute;ticas, entre ellas la de Jack Eller y Reed Coughland, quienes en un art&iacute;culo virulento denunciaron "la pobreza del primordialismo" alegando su anti&#45;intelectualismo y su falta de soporte emp&iacute;rico. Ambos autores alegan que ning&uacute;n fen&oacute;meno cultural puede ser considerado como un "dato a priori", substra&iacute;do a toda posibilidad de an&aacute;lisis racional por su car&aacute;cter supuestamente inefable y su fuerte coeficiente emocional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero Eller y Coughland nunca entendieron que Geertz s&oacute;lo dijo que los v&iacute;nculos primordiales eran <i>percibidos</i> por los sujetos en ellos implicados como "datos a priori", inefables, coercitivos y cargados de emotividad, y no que fueran intr&iacute;nsecamente tales y por eso mismo realmente no analizables. Es decir, no entendieron la importancia sociol&oacute;gica de las <i>creencias</i> que funcionan como componentes de la conciencia colectiva de un grupo orientando virtualmente sus pr&aacute;cticas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es esto mismo lo que les echa en cara Steven Grosby en un art&iacute;culo igualmente virulento titulado "Los v&iacute;nculos inexpunables de la primordialidad" (1994: 164&#45;172). Grosby a&ntilde;ade que el reconocimiento de la existencia de v&iacute;nculos primordiales, siempre referidos a la necesidad de reverenciar y proteger las fuentes vitales de la reproducci&oacute;n, del bienestar y de la seguridad de las personas (la familia, el parentesco, la localidad, la aldea y por extensi&oacute;n, la patria), no es algo nuevo en las ciencias sociales. T&oacute;nnies, por ejemplo, reconoce el significado que los seres humanos atribuyen a la descendencia y al terru&ntilde;o; y Max Weber atribuye una importancia carism&aacute;tica a las relaciones de sangre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Walter Connor (1994: 196&#45;206), quien tercia en este debate, dir&aacute; m&aacute;s tarde que sin el concepto de "v&iacute;nculos primordiales" no entender&iacute;amos, por ejemplo, la fuerza irresistible de los etno&#45;nacionalismos tan frecuentes en los Estados multinacionales. En efecto, la naci&oacute;n se construye siempre seg&uacute;n el paradigma de la "comunidad &eacute;tnica", ya que se sustenta, como dice Benedict Anderson (2000: 4&#45;7), en el sentimiento de una "camarader&iacute;a horizontal" fundada en "mitos fraternales".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad el debate entre los primordialistas y sus cr&iacute;ticos parece, en el fondo, un falso debate. En efecto, no se puede negar la especificidad de los v&iacute;nculos &eacute;tnicos en comparaci&oacute;n con otros v&iacute;nculos, como los civiles, los pol&iacute;ticos y los de clase, por ejemplo. Y esa especificidad s&oacute;lo puede consistir en que se los percibe realmente como v&iacute;nculos primordiales, debido a la creencia en un parentesco de sangre. Es el anclaje de la identidad &eacute;tnica en un grupo de parentesco ampliado &#151;no importa que sea real o ficticio&#151; lo que le confiere la fuerza coercitiva del deber moral de solidaridad para con "los suyos" y la fuerza emocional que despierta el simbolismo de los v&iacute;nculos de sangre y de familia (Isaacs, 1975).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Para concluir</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A veces se pasa por alto el hecho de que "etnia" y "etnicidad" son etiquetas cient&iacute;ficas clasificatorias, es decir, son t&eacute;rminos forjados por los cient&iacute;ficos sociales para caracterizar a ciertos grupos humanos muy espec&iacute;ficos. Pero hay que advertir que estos grupos no se conciben a s&iacute; mismos ni se autonombran en estos t&eacute;rminos, sino simplemente como pueblos dotados de un nombre propio (yaquis, mayos, mixtecos, zapotecos...), cuyos miembros se sienten vinculados entre s&iacute; por un (supuesto) origen gen&eacute;tico com&uacute;n. Esto quiere decir que en el trasfondo de la etnicidad campea el modelo de la familia como principio organizador de la comunidad. Dicho de otro modo: los grupos &eacute;tnicos se perciben a s&iacute; mismos &#151;imaginariamente&#151; como grupos de parentesco, como familias extensas. Sabemos que se trata de una creencia, y no de una realidad gen&eacute;tica cient&iacute;ficamente comprobable. Pero tambi&eacute;n sabemos que las creencias, sobre todo cuando son ampliamente compartidas y emocionalmente motivadas, pueden "mover las monta&ntilde;as" e incidir con tremenda fuerza sobre la realidad social. De aqu&iacute; el dicho sociol&oacute;gico: "no es lo que la gente <i>realmente es,</i> sino lo que la gente <i>cree ser</i> lo que influye sobre las actitudes y los comportamientos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, los llamados grupos &eacute;tnicos se representan y se perciben a s&iacute; mismos como "comunidades primordiales" a imagen y semejanza de la familia y de los grupos de parentesco. Por eso exigen de sus miembros formas de lealtad y solidaridad que son t&iacute;picas de los v&iacute;nculos familiares. Y tambi&eacute;n por eso emplean frecuentemente el vocabulario y la sintaxis de la familia ("nuestros antepasados", "la herencia de nuestros mayores", "nuestros hermanos de sangre", "nuestra tierra ancestral").</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los antrop&oacute;logos y los psicoanalistas ya hab&iacute;an se&ntilde;alado la importancia del modelo familiar como analogante principal y paradigma obligado de toda entidad colectiva que se concibe y se vive como una comunidad. Dir&iacute;ase que las relaciones de parentesco tienden a funcionar como</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">... una estructura mental de aprenhensi&oacute;n general que incorpora a las personas y a los grupos en modos de distribuci&oacute;n y encadenamiento geneal&oacute;gicos (Gallisot, 1987: 19).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, la familia &#151;"grupo b&aacute;sico de identidad", seg&uacute;n H. Isaacs (1975)&#151; es la comunidad primordial por excelencia a cuya imagen y semejanza se construyen comunidades m&aacute;s amplias, como los grupos &eacute;tnicos, los grupos emigrados y la misma naci&oacute;n. Todo parece indicar que el arquetipo familiar tiende a expandirse en c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos cada vez m&aacute;s amplios, integrando sucesivamente en su aura de primordialidad a colectividades m&aacute;s extensas y complejas como el linaje, el clan, la tribu, la etnia, los grupos migrantes, la ciudad&#45;Estado de la antig&uuml;edad y la naci&oacute;n moderna. Estas colectividades est&aacute;n regidas por un mismo principio de analog&iacute;a y se definen por su mayor o menor proximidad con respecto a su analogante principal, que es la familia. La naci&oacute;n, por ejemplo, se presenta como una "super&#45;etnia", o, como dice W Connor (1994: 71), como "la familia plenamente extendida".</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Autores citados</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anderson, Benedict (2000). <i>Imagined Communities.</i> London &#151; New York: Verso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579686&pid=S2007-8110200600010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barth, Fredrik &#151;ed.&#151; (1970). <i>Ethnic Groups and Boundaries: The Social Organisation of Culture Difference.</i> London: George Allen &amp; Unwin. Traducci&oacute;n espa&ntilde;ola: 1976, <i>Los grupos &eacute;tnicos y sus fronteras.</i> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579688&pid=S2007-8110200600010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brass, P. (1976). "Ethnicity and Nationality Formation. <i>Ethnicity,</i> n&deg; 3, pp. 225&#45;241.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579690&pid=S2007-8110200600010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Connor, Walter (1994). <i>Ethno&#45;nationalism. The Quest for Understanding.</i> Pricepton: Pricepton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579692&pid=S2007-8110200600010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">D'Andrea, Dimitri (2000). "Le ragioni dell'etnicit&aacute;traglobalizzazione e declino della politica". En: Furio Cerruti y Dimitri D'Andrea (eds.). <i>Identit&aacute; e conflitti.</i> Mil&aacute;n: Franco Angeli, pp. 83&#45; 102</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579694&pid=S2007-8110200600010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despress, L., &#151;ed.&#151; (1975). <i>Ethnidty and Resource Competition in Plural Societies.</i> The Hague: Mouton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579695&pid=S2007-8110200600010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Vos, George y Lola Romanucci&#45;Rossi (1982). <i>Ethnic Identity.</i> Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579697&pid=S2007-8110200600010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eller, Jack y Reed Coughlan (1993). "The poverty of primordialism: the demystification of ethnic attachments". <i>Ethnic and Racial Studies,</i> 16: 2, pp. 187&#45;201.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579699&pid=S2007-8110200600010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gallissot, R. (1987). "Sous l'identit&eacute;, le proc&eacute;s d'identification&raquo;. <i>E'Homme et la so&aacute;et&eacute;,</i> num. 83, (Paris : Editions LHarmattan), pp. 12&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579701&pid=S2007-8110200600010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Geertz, Clifford &#151;ed.&#151; (1963). <i>Old Societies and New Status.</i> New York: Free Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579703&pid=S2007-8110200600010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Glazer, Nathan y Daniel Moynihan &#151;eds.&#151; (1975). <i>Ethnidty: Theory and Experience.</i> Cambridge, Mass.: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579705&pid=S2007-8110200600010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grosby, Steven (1994). "The verdict of history: the inexpungeable tie of primordiality &#151; a response to Eller and Coughlan". <i>Ethnic and Racial Studies,</i> 17: 2, pp. 164&#45;171.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579707&pid=S2007-8110200600010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hughes E.C. y Mac Gill Hughes H. (1952). <i>Where people meet. Racial and ethnic frontiers.</i> Wesport, Connecticut: Greenwood Press Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579709&pid=S2007-8110200600010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hutchinson, John y Anthony D. Smith &#151;eds.&#151; (1996). <i>Ethnidty.</i> Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579711&pid=S2007-8110200600010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Isaacs, Harold R. (1975). <i>Idols of the Tribe, Group Identity and Political Change.</i> New York: Harper &amp; Row Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579713&pid=S2007-8110200600010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Isajiw, Wsevolod W (1974). "Definition of Ethnicity". <i>Ethnidty,</i> vol. 1, pp. 111&#45;124 (University of Chicago Press)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579715&pid=S2007-8110200600010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lapierre, Jean&#45;William (1996). "Preface". En : Philippe Poutignar y Jocelyne Streiff&#45;Fenart, 1995. <i>Th&eacute;ories de l'ethnidt&eacute;.</i> Par&iacute;s : PUF, pp. 9&#45;14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579716&pid=S2007-8110200600010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leach, E. (1972) &#91;1954&#93;. <i>Les syst</i>&egrave;<i>mes politiques de hautes terres de Birmanie.</i> Par&iacute;s : M&aacute;spero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579718&pid=S2007-8110200600010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moerman, M. (1968). &laquo;Being Lue. Uses and Abuses of Ethnic Identification &raquo;. En: J. Helms (ed.), <i>Essays on the Problem of Tribe.</i> Washington: University of Washington Press, pp, 153&#45;169.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579720&pid=S2007-8110200600010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Naroll R. (1964). "On ethnic unit classification". <i>Current Anthropology,</i> n&deg; 5, pp. 283&#45;291.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579722&pid=S2007-8110200600010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poutignat, Philippe y Jocelyne Streiff&#45;Fenart (1995). <i>Th&eacute;ories de l'ethnicit&eacute;.</i> Par&iacute;s : PUF.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579724&pid=S2007-8110200600010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shils, W (1957). &laquo; Primordial, personal, sacred and civil ties &raquo;. <i>British journal of Sociology,</i> n&deg; 8, pp. 130&#45;147.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579726&pid=S2007-8110200600010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Spicer, Edward (1971). "Persistent Cultural Systems: A Comparative Study of Identity Systems that can adapt to Contrasting Environements". <i>Science,</i> num. 4011, pp. 795&#45;800.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579728&pid=S2007-8110200600010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Van den Berghe P. L. (1976). "Ethnic pluralism in plural societies: a special case?" <i>Ethnicity,</i> n&deg; 3, pp. 242&#45;255.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579730&pid=S2007-8110200600010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weber, Max (1944). <i>Econom&iacute;a y Sociedad,</i> Vol. I. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2579732&pid=S2007-8110200600010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Un art&iacute;culo de Isajiw publicado en la revista <i>Ethnicity</i> en 1974 (pp. 111&#45;124) refleja muy bien esta manera de plantear las cosas. Este autor emprende una revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica de 65 investigaciones realizadas por antrop&oacute;logos y soci&oacute;logos en torno a la problem&aacute;tica de lo &eacute;tnico, y selecciona 27 propuestas de definici&oacute;n espigadas en trabajos fundamentalmente te&oacute;ricos. A partir de estas definiciones Isajiw extrae 12 atributos que definir&iacute;an la naturaleza de la etnicidad. Si se toma en cuenta la frecuencia con que aparecen citados, los atributos principales ser&iacute;an los siguientes: un origen ancestral com&uacute;n, una misma cultura, la religi&oacute;n, la raza y el lenguaje. Con el prop&oacute;sito evidente de lograr un acuerdo entre los antrop&oacute;logos y soci&oacute;logos, Isajiw propone primero una definici&oacute;n "combinada" de la etnicidad que incorpora todos estos atributos, y luego la reformula elegantemente en t&eacute;rminos de g&eacute;nero y diferencia espec&iacute;fica, concluyendo que 'la etnicidad se refiere a grupos involuntarios de gentes que comparten una misma cultura" (p. 120). Pero mucho antes que Isajiw, un antrop&oacute;logo llamado N.Narroll (1964) hab&iacute;a intentado tambi&eacute;n lograr un consenso proponiendo el concepto de <i>cult&#45;unit,</i> que seg&uacute;n &eacute;l ser&iacute;a aplicable a todas las sociedades y en cualquier contexto cultural. El <i>cult&#45;unit</i> se defin&iacute;a como una poblaci&oacute;n que comparte un mismo territorio, utiliza una misma lengua o dialecto, y pertenece a un mismo Estado o a un mismo grupo de contacto. Esta propuesta se hizo famosa, no porque hubiere resuelto las dificultades en torno a la definici&oacute;n de lo &eacute;tnico, sino por el casi un&aacute;nime rechazo que recibi&oacute; por parte de los antrop&oacute;logos, lo cual contribuy&oacute; a poner al descubierto la crisis te&oacute;rica por la que atravesaban ya en esos momentos los estudios sobre etnicidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Barth aduce el ejemplo de los Pathanes (afganos) por &eacute;l estudiados, quienes, a pesar de la extrema diversidad de sus estilos de vida derivados de la diversidad ecol&oacute;gica de las regiones donde habitan y objetivamente discernibles, se conciben a s&iacute; mismos como una unidad &eacute;tnica dotada de fronteras sociales. Y a la inversa, un observador externo puede comprobar la indudable homogeneidad cultural atribuible a un grupo, pero resulta que &eacute;ste no se percibe como un solo grupo &eacute;tnico, porque tiene otra "teor&iacute;a" de la diversidad &eacute;tnica. Incluso en algunos casos, nos dice Barth, las diferencias radicales son minimizadas o negadas por los actores (Barth, 1976: 48).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> En efecto, "gran parte del contenido cultural que en un momento determinado es asociado con una comunidad &eacute;tnica no est&aacute; restringido por estos l&iacute;mites; puede variar, puede ser aprendido y modificarse sin guardar ninguna relaci&oacute;n cr&iacute;tica con la conservaci&oacute;n de los l&iacute;mites del grupo &eacute;tnico" (Barth, 1976:</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Esto es, la multiplicaci&oacute;n y densificaci&oacute;n de las interacciones entre individuos y grupos de diferente nacionalidad en las &aacute;reas fronterizas, lejos de diluir el sentido de la identidad nacional, es la condici&oacute;n para afirmarla y fortalecerla.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Con otras palabras, lo que queda sin respuesta en Barth es, seg&uacute;n Lapierre, la siguiente pregunta: &iquest;c&oacute;mo se explica el hecho de que se pueda decir "cuando yo era cat&oacute;lico", o "antes de que me convirtiera en protestante o ateo", o "cuando yo era de izquierda", o "cuando yo era ciudadano de tal Estado", o "cuando era empleado de banco", o "antes de recibirme de abogado"; pero en cambio nunca se puede decir: "cuando yo era bret&oacute;n" (o val&oacute;n, o acadiano, o tutsi), ni "antes de llegar a ser corzo (o flamenco, o jud&iacute;o o hutu")?</font></p>      ]]></body><back>
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