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<journal-title><![CDATA[Cultura y representaciones sociales]]></journal-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El centro comercial: &iquest;una nueva forma de "estar juntos"?</b><a href="#nota">*</a></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>In&eacute;s Cornejo Portugal</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Acad&eacute;mica&#45;investigadora de tiempo completo. Universidad Iberoamericana Plantel Santa Fe, Distrito Federal. </i>Email: <a href="mailto:ines.cornejo@uia.mx">ines.cornejo@uia.mx</a>. </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La apropiaci&oacute;n de determinados espacios de la ciudad&#45;los centros comerciales&#45;, privatizados y vividos  por las personas como lugares de encuentro y comunicaci&oacute;n parecen evidenciar las transformaciones de las formas urbanas de relacionarse, es decir, las transformaciones de los diversos modos de "estar juntos". La persistente asistencia de hombres o mujeres, j&oacute;venes o adultos, trastocan el centro comercial de lugar an&oacute;nimo a territorio construido, apropiado, &iacute;ntimo. El sentirse acompa&ntilde;ados por los "otros" percibidos como cercanos por sus caracter&iacute;sticas "similares a las propias", la sensaci&oacute;n de protecci&oacute;n y seguridad que proveen, posibilita afirmar c&oacute;mo los asistentes que concurren de manera frecuente un centro comercial se han apropiado del <i>lugar</i> como un espacio de apego y comunicaci&oacute;n que les permite reconocerse como parte de un espec&iacute;fico entorno social y cultural.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">Durante mucho tiempo hemos sido tu sal&oacute;n de clase, tu lugar de    <br> encuentro, tu sala de juntas, tu biblioteca...</font></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/crs/v1n1/a4f1.jpg"></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con este jingle Sanborns<sup><a href="#nota">1</a></sup> &#151;principal cadena mexicana de restaurantes con bar, pasteler&iacute;a y tienda integrados&#151;, promov&iacute;a, durante 2002, su oferta comercial. A la manera de este mensaje publicitario, se reiteran en estudios diversos, las descripciones, estereotipos y analog&iacute;as en torno al centro comercial como nuevo espacio de socialidad: micro&#45;ciudad, nave espacial, vientre femenino, objeto&#45;monumento, c&aacute;psula&#45;confort, localidad fortificada, templo del consumo, universo del enga&ntilde;o, signo de la modernidad o posmodernidad, centro de ciudad o lugar emblem&aacute;tico de la globalizaci&oacute;n. Pese a estas m&uacute;ltiples denominaciones, existe cierto consenso entre quienes desde la sociolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a, la historia, la geograf&iacute;a o la comunicaci&oacute;n han investigado la apropiaci&oacute;n que los <i>visitantes asiduos</i> hacen del centro comercial. Para la mayor&iacute;a de estos autores, dicha perspectiva trasciende la dimensi&oacute;n mercantil para situarse en la simb&oacute;lica.<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el presente texto damos cuenta c&oacute;mo diversos autores se han acercado desde las ciencias sociales al centro comercial en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, periodo en el cual &eacute;ste se convierte en un tema de investigaci&oacute;n emergente. Elaboramos el estado del arte destacando los trabajos emp&iacute;ricos y ensayos m&aacute;s relevantes que acad&eacute;micos en Estados Unidos, Europa, Am&eacute;rica Latina y M&eacute;xico han realizado sobre este espacio citadino.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Aportes estadounidenses y europeos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para presentar los aportes estadounidenses y europeos revisamos fundamentalmente a aquellos investigadores que, desde &aacute;mbitos amalgamados o h&iacute;bridos,<sup><a href="#nota">3</a></sup> se han propuesto abordar te&oacute;ricamente el estudio del centro comercial. Para ello, exponemos las propuestas m&aacute;s destacadas sobre el tema de autores como Fiske, Brummett, Morris, Taylor, Bauer, Miller y Rifkin.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>a. Fiske: el centro comercial como terreno para las t&aacute;cticas del d&eacute;bil</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Fiske, el centro comercial acepta dos met&aacute;foras: la religi&oacute;n o la guerra. Por un lado, el consumismo es la religi&oacute;n contempor&aacute;nea, el intercambio de dinero por bienes se torna en la nueva <i>comuni&oacute;n</i> y el centro comercial en la <i>catedral del consumo,</i> y por otro lado, de acuerdo con Pressdee (1986), Fiske reconoce el poder del consumidor o la <i>compra proletaria,</i> pr&aacute;ctica cultural de oposici&oacute;n que describe el <i>vitrineo,</i> en donde dicha <i>elecci&oacute;n</i> implica tambi&eacute;n el poder del d&eacute;bil respecto de los usos culturales de los objetos de consumo. Los poderosos esperan que los d&eacute;biles se conviertan eventualmente en consumidores, pero no tienen el control sobre su voluntad. Los centros comerciales son los lugares donde la estrategia de los poderosos es m&aacute;s vulnerable a las incursiones t&aacute;cticas de los d&eacute;biles, y las mujeres son particularmente adeptas a las guerrillas (Fiske, 1989: 18).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo a Bowlby (1987), Fiske comenta que en el centro comercial, las mujeres son p&uacute;blicas, poderosas, libres, y ocupan roles distintos a los de la familia nuclear; entonces, comprar es visto como una pr&aacute;ctica de oposici&oacute;n, fuente de autoestima y empoderamiento: el lugar de la mujer ya no es <i>la cocina</i> sino <i>el mall.</i> En la estructura de valores del capitalismo patriarcal, ganar es masculino mientras que gastar es femenino, diferencia entre trabajo y ocio, las mujeres son consumidoras y los hombres productores. Esta estructura patriarcal se resume de la siguiente manera:</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/crs/v1n1/a4t1.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, comprar permite a las mujeres cruzar esta ambigua frontera entre lo p&uacute;blico y lo privado. Las mujeres pueden encontrar fuentes de <i>empoderamiento</i> en <i>su</i> lado de la estructura de valores impuesta por el patriarcado, aunada a su habilidad de escapar de la misma. Ir de compras, si bien aparentemente fija a las mujeres como consumidoras dom&eacute;sticas sin poder, tambi&eacute;n les ofrece la oportunidad de liberarse no s&oacute;lo de esos significados, sino de la estructura de oposiciones binarias que los produce.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La producci&oacute;n es esencialmente proletaria y el consumo, burgu&eacute;s; sin embargo, la funci&oacute;n de las cosas no s&oacute;lo es satisfacer necesidades individuales, sino relacionar al individuo con el orden social. El consumo no es simplemente el punto final de la cadena de producci&oacute;n, sino un sistema de intercambio, un lenguaje con un sistema semi&oacute;tico que preexiste al individuo. El consumo se convierte en una forma de usar el sistema de art&iacute;culos que le da al consumidor cierto grado de control sobre los significados posibles. El sistema de cosas est&aacute; expuesto al poder del consumidor, porque no s&oacute;lo se ejerce dicho poder de arriba hacia abajo o del centro hacia fuera, sino en dos sentidos, siempre como un flujo de poderes y resistencias en conflicto. Siguiendo a Williamson, Fiske menciona que el consumo no necesariamente es evidencia del deseo de posesi&oacute;n de cosas en s&iacute;, sino un s&iacute;ntoma de la necesidad de control, de autonom&iacute;a cultural y de seguridad que el sistema econ&oacute;mico le niega a la gente subordinada. Por ello, una de las pr&aacute;cticas m&aacute;s comunes es la del <i>vitrineo,</i> consumo de im&aacute;genes, poder de mirar. El mirar produce significados y por lo tanto es una forma de insertarse en el orden social en general y de controlar las relaciones sociales cercanas en particular, para hacer una declaraci&oacute;n acerca de su identidad subcultural y su relaci&oacute;n con el orden social; caminar mirando de aparador en aparador es algo as&iacute; como deambular de identidad potencial a identidad potencial (Williamson, 1986 citado en Fiske, 1989: 25).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Retomando un estudio realizado por &eacute;l y sus colegas en el <i>Centre&#45;point</i>de Sydney, Fiske observa que las marcas de clase se encuentran en la localizaci&oacute;n de las tiendas y son una met&aacute;fora de las relaciones sociales. Sus tres niveles est&aacute;n determinados por procedencias de clase y usar las escaleras el&eacute;ctricas simboliza la movilidad social. Las tiendas m&aacute;s <i>democr&aacute;ticas,</i> que ofrecen art&iacute;culos baratos atractivos para todos, est&aacute;n abajo, no enfatizan su identidad, ni se diferencian entre s&iacute; o de las &aacute;reas p&uacute;blicas. Las tiendas de <i>clase media</i> se identifican como distintas, pero accesibles a todos los que tengan el gusto por la identidad que ofrecen. La importancia de la distinci&oacute;n individual aumenta conforme se sube. Las tiendas de <i>clase alta</i> son individualistas hasta la exclusividad. <i>Centrepoint</i> usa la calificaci&oacute;n vertical para materializar la diferencia de clase, una pr&aacute;ctica ideol&oacute;gica burguesa que conceptualiza a las clases espacialmente (p&uacute;blico&#45;democr&aacute;tico, privado&#45;exclusivo), m&aacute;s que relacionadas socialmente (derecha&#45;izquierda) .</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien Fiske acepta que la compra nunca ser&aacute; un acto subversivo radical, y que jam&aacute;s podr&aacute; cambiar el sistema econ&oacute;mico capitalista&#45;consumista, concluye que comprar objetos ofrece una sensaci&oacute;n de libertad, de liberaci&oacute;n. Por irracional que parezca, en comparaci&oacute;n al esfuerzo relacionado con el trabajo y el amor bajo el patriarcado, trabajar y amar son tareas dif&iacute;ciles mientras que comprar representa un escape (Fiske, 1989: 13&#45;42).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>b. Brummett: El centro comercial como texto ret&oacute;rico de la cultura capitalista</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en una observaci&oacute;n en torno al centro comercial m&aacute;s grande &#151;por el momento&#151; de Estados Unidos, el <i>Mall of America,</i> en Bloomington, Indiana, Brummett sostiene que los centros comerciales son instrumentos ret&oacute;ricos de la cultura capitalista, textos ret&oacute;ricos gigantes que hacen que la gente se convierta en el tipo de consumidores que fortalecen al capitalismo. Los centros comerciales reproducen sus propias condiciones de producci&oacute;n creando la posici&oacute;n de sujeto &#151;rol que la persona asume en relaci&oacute;n con un <i>texto,</i> en el sentido amplio del t&eacute;rmino&#151; de <i>el comprador,</i> a&uacute;n si <i>el comprador no</i> compra nada (Brummett, 1994).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las categor&iacute;as te&oacute;ricas de fetichismo, voyeurismo y narcisismo propuestas por el autor, pueden resultar &uacute;tiles para entender los placeres que definen la posici&oacute;n de sujeto de <i>el comprador.</i> Respecto del fetichismo, Brummett asevera que el <i>shopping</i> o <i>ir de compras</i> es algo qu&eacute; hacer, recreativo, mucho m&aacute;s que comprar y vender. Desde que hay mercados donde la gente puede ver, tocar y oler productos nuevos y moverse entre la multitud por el placer de mirar, las sociedades han establecido lugares especiales para ello. La vieja idea de <i>vitrinear,</i> de ver el espect&aacute;culo desde afuera, ha sido realzada y trasladada a la envolvente e incluyente experiencia del centro comercial. El centro comercial es la catedral del capitalismo: un lugar donde estar, pasear por &eacute;l, estar inmerso. El espect&aacute;culo se puede experimentar visualmente, pero tambi&eacute;n a trav&eacute;s de los otros sentidos, mediante el movimiento y la colocaci&oacute;n del cuerpo. El placer del fetichismo sirve a las necesidades del capitalismo al <i>deleitar</i> a los compradores, haciendo del centro comercial mismo un placer que los seguir&aacute; atrayendo para comprar, si no hoy, ma&ntilde;ana (Brummett, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre el voyeurismo, indica que ir a un centro comercial ofrece la posibilidad de rozarse con gente con la que uno normalmente no tendr&iacute;a contacto. Este acercamiento permite examinar lo que hacen, compran y hasta lo que dicen personas de otras clases sociales, de otras razas, de otras edades. A algunos les molesta esta idea de ser examinados, pero precisamente de eso se trata el voyeurismo. Ir a un centro comercial tambi&eacute;n da cierta <i>divisa,</i> un medio que permite ver a otros. En un centro comercial a uno se le permite estar cerca de gente a la que tal vez ni siquiera dar&iacute;an acceso a su vecindario. En un centro comercial uno adquiere la divisa <i>sensual</i> de espiar, tocar, oler. En tiempos de recesi&oacute;n econ&oacute;mica, el voyeurismo faculta al comprador al facilitarle un placer, a&uacute;n en tiempos en los que el <i>otro</i> placer de comprar le sea negado. Es as&iacute; que la gente regresa al centro comercial por ese placer, y ulteriormente para apoyar al sistema econ&oacute;mico subyacente (Brummett, 1994).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto del narcisismo, el autor asegura que &eacute;ste invita al sujeto a reinventar su posici&oacute;n de sujeto, de comprador. Dado que lo que da placer a una persona no lo proporciona necesariamente a otra, un centro comercial es como un gran buffet de signos de los que cada qui&eacute;n toma lo que necesita para construir la autoimagen que desea. El narcisismo alimenta el tipo de deseo necesario para reproducir tanto al propio centro comercial como al sistema econ&oacute;mico que lo sustenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, asumir una posici&oacute;n de sujeto, a&uacute;n de <i>el comprador,</i> implica una postura pol&iacute;tica. La labor pol&iacute;tica que logra un centro comercial al hacer que alguien asuma el papel de <i>comprador</i> es la perpetuaci&oacute;n del sistema capitalista (reproducir las condiciones de producci&oacute;n). No acusamos ni elogiamos ese sistema, asevera el autor, nuestro inter&eacute;s es que est&eacute; consciente de que como <i>comprador</i> usted reproduce las condiciones de producci&oacute;n del centro comercial y sus ventas, aun si asiste a &eacute;l s&oacute;lo por diversi&oacute;n. Un buen consumidor es exactamente lo que quiere el centro comercial que usted sea, lo exhortamos a que se convierta en un sujeto consciente cuando vaya de compras, concluye.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>c. Morris: el centro comercial como espacio de diferenciaci&oacute;n desde la perspectiva feminista</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ubic&aacute;ndose en la tradici&oacute;n de los estudios culturales y desde una perspectiva feminista cr&iacute;tica y semi&oacute;tica, Morris intenta aproximarse al problema de la diferenciaci&oacute;n en los espacios comerciales, y se pregunta &iquest;los centros comerciales son los mismos en todas partes?, &iquest;cu&aacute;nto dinero debe tener para <i>amar</i> un centro comercial?, &iquest;es el centro comercial igual para un desempleado que para un empleado?, &iquest;c&oacute;mo comprender desde una lectura de g&eacute;nero el imaginario que se presenta en los centros comerciales en torno a las mujeres?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en un estudio acerca del complejo de Green Hills, ubicado en el pueblo de Maitland al este de Australia, Morris explica que la diferenciaci&oacute;n en los centros comerciales significa, entre otras cosas, ver c&oacute;mo los centros comerciales particulares producen y mantienen lo que Neville Quarry llama un "sentido &uacute;nico de lugar"; en otros t&eacute;rminos, un mito de identidad. Morris afirma que ve esto como un proyecto feminista porque implica una relaci&oacute;n afectiva con los espacios comerciales &#151;y las relaciones entre dichos espacios y otros sitios de la labor dom&eacute;stica y familiar&#151;, que son el escenario de gram&aacute;ticas entrecruzadas. Para bien o para mal, los centros comerciales se han convertido en un lugar cotidiano para las mujeres en sus comunidades locales. Los hombres, por supuesto, tambi&eacute;n tienen una relaci&oacute;n con el centro comercial. En este nivel, dice Morris, el feminismo es definido en t&eacute;rminos no pol&eacute;micos ni excluyentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un an&aacute;lisis feminista de los centros comerciales insistir&aacute; en la ambivalencia a prop&oacute;sito de los objetos por encima de un asombro simplista frente a ellos pues, en principio, el feminismo es un movimiento de descontento con lo "cotidiano"y respecto al "as&iacute; son las cosas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Morris, el centro comercial tiene una cualidad <i>dual;</i> por un lado, la estrategia del encanto, de la seducci&oacute;n y, por otro, el cambio, en muchos centros comerciales opera la habilidad de alternar sorpresa y confusi&oacute;n con familiaridad y armon&iacute;a. La tensi&oacute;n entre la estabilidad masiva de la estructura y su continua transformaci&oacute;n es el espect&aacute;culo que la gente ama de los centros comerciales. En este sentido, los centros comerciales son sitios con significado que los convierten en espacios de conflicto social pero, tambi&eacute;n, son lugares del discurso de las mujeres sobre la memoria y la historia local. Por su <i>dualidad,</i> el centro comercial parece un lugar adecuado para estudiar la producci&oacute;n cultural de la mujer en la modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La explotaci&oacute;n del sentido de <i>diferencia</i> en la cultura contempor&aacute;nea puede ser tan compleja como la construcci&oacute;n y deconstrucci&oacute;n del imaginario y sus identidades. Los sistemas de referencia culturales dados por sentados en los centros comerciales suburbanos hacen parecer a todos los centros como los mismos, sitios para la representaci&oacute;n de la vida familiar diaria, en donde las mujeres transforman el trabajo en placer. Es un estilo de vida, espacio que declara la disoluci&oacute;n de las fronteras entre el espacio p&uacute;blico y privado, entre el dominio p&uacute;blico del trabajo y la esfera privada del placer. El t&eacute;rmino <i>paseante</i> es anacr&oacute;nico para una pr&aacute;ctica moderna de las mujeres para quienes es m&aacute;s importante no ser identificadas como hero&iacute;nas o v&iacute;ctimas, sino desde una profunda ambivalencia entre roles intercambiables. En los centros comerciales suburbanos lo importante no son los productos comprados, sino el sentido &uacute;nico de lugar. En consecuencia, para el feminismo cr&iacute;tico resulta imprescindible continuar o rescribir las historias de la cultura, seguir revisando y transformando sus significados (Morris, 1993).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>d. Taylor: el centro comercial como foco de la modernidad y el consumo masivo</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde una posici&oacute;n <i>geohist&oacute;rica</i> respecto del t&eacute;rmino <i>modernidad</i>&#151;es decir, en relaci&oacute;n a la incrustaci&oacute;n de lo <i>moderno</i> en el pensamiento y comportamiento cotidianos, pero sin negar los contextos en los que dichos comportamientos y pensamientos <i>modernos</i> tienen lugar&#151;, Taylor afirma que en el siglo XX los efectos sociales de la alienaci&oacute;n han sido contrarrestados en pa&iacute;ses selectos con una distribuci&oacute;n de riqueza a la gente ordinaria, circunstancia sin precedentes hist&oacute;ricos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo a Galbraith, el autor sugiere que Estados Unidos ha sido el principal creador de esta modernidad de consumo al hacer de los suburbios y sus ubicuos centros comerciales, el lugar moderno focal. Esta modernidad se define por una relaci&oacute;n cercana y &uacute;nica entre la producci&oacute;n en masa y el consumo masivo. Las nuevas pr&aacute;cticas productivas basadas en la administraci&oacute;n cient&iacute;fica (taylorismo) y el nacimiento de la publicidad moderna en las d&eacute;cadas previas a la Primera Guerra Mundial establecieron las bases de esta nueva modernidad. Entre m&aacute;s y m&aacute;s se produce, el foco se centra claramente en el consumo para realizar el capital. En este momento que el progreso se reempaca como desarrollo, pero no pierde un &aacute;pice de su optimismo social, prometiendo "alto consumo masivo" para todos. La ciencia de la administraci&oacute;n se convierte entonces en el nuevo conocimiento habilitador, culminando en la fusi&oacute;n de las computadoras y la comunicaci&oacute;n a finales del siglo XX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, el autor precisa que la <i>modernidad</i>'no es simplemente resultado de una evoluci&oacute;n natural, sino que hay muchas discontinuidades en el surgimiento y desarrollo del mundo moderno, creando formas bastante diferentes de lo que es ser moderno. En suma, existen diferentes tiempos modernos y distintos espacios modernos en un mundo de m&uacute;ltiples modernidades (Taylor, 1999).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>e.</b> <b><i>Bauer: la cultura material de Am&eacute;rica Latina y el neocoioniaiismo estadounidense</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Por qu&eacute; compramos lo que compramos? &iquest;Por qu&eacute; los latinoamericanos beben tanta Coca&#45;Cola? S&oacute;lo a primera vista, responde Bauer, podr&iacute;a complacernos la respuesta en torno a la satisfacci&oacute;n de necesidades b&aacute;sicas. Sabemos que el valor que atribuimos a un objeto se determina en gran medida por lo que &eacute;ste <i>nos significa:</i> por el grado en que contiene asociaciones y significados subjetivos en nuestra mente, pues los bienes materiales establecen significados p&uacute;blicos (Bauer, 2000: 23&#45;29).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como parte de su an&aacute;lisis en torno a los h&aacute;bitos que conforman actualmente la cultura material de Am&eacute;rica Latina, Bauer repasa que desde el comienzo de la intrusi&oacute;n ib&eacute;rica, pasando por los reg&iacute;menes materiales franc&eacute;s, ingl&eacute;s y, actualmente, el estadounidense &#151;Coca&#45;Cola y hamburguesas, violencia, armas y <i>shopping</i>&#151;, los cambios en la cultura material de Am&eacute;rica Latina fueron impulsados, hasta cierto grado, por la imposici&oacute;n, y a menudo entusiasta aceptaci&oacute;n, de los <i>bienes civilizadores,</i> introducidos por varios reg&iacute;menes coloniales y neocoloniales a lo largo de los &uacute;ltimos quinientos a&ntilde;os (Bauer, 2000: 33&#45;34).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>la d&eacute;cada del mall </i>en Am&eacute;rica Latina, el comercio y las personas se han desplazado de las antiguas plazas centrales en las principales ciudades al centro comercial. En los <i>mails,</i> los latinoamericanos van de <i>shopping,</i> una de las palabras anglosajonas m&aacute;s com&uacute;nmente utilizadas en el hemisferio de habla hispana. Las mercanc&iacute;as importadas constituyen el atractivo, pues la gente no acudir&iacute;a a admirar &#151;y comprar&#151; bienes de consumo producidos localmente (Bauer, 2000: 267&#45;268).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de los a&ntilde;os setenta y hasta nuestros d&iacute;as, los gobiernos descartan sin miramientos el modelo previo &#151;consumo nacionalista&#151; y han vuelto a la pr&aacute;ctica del siglo XIX del desarrollo tendiente a la exportaci&oacute;n y a los mercados libres. Las importaciones s&oacute;lo se restringen por la capacidad de compra de los fervientes consumidores. Si bien la primera ola del capitalismo liberal, en el &uacute;ltimo tercio del siglo XIX, afect&oacute; poderosamente a la cultura y al consumo de las &eacute;lites latinoamericanas, su efecto se sinti&oacute; menos conforme uno se alejaba de las ciudades y se adentraba a las capas m&aacute;s bajas del orden social. Durante las &uacute;ltimas dos o tres d&eacute;cadas de la actual &eacute;poca neoliberal, el consumo todav&iacute;a se concentra en las clases altas de la sociedad latinoamericana, en la que un elevado porcentaje de la nueva riqueza se ha asentado (Bauer, 2000:39).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy d&iacute;a, deduce Bauer, tenemos una cultura material h&iacute;brida, negociada, pero en la que los elementos importados son claramente predominantes. En el 2000 no est&aacute; claro si el retorno a los mercados libres y el consumismo sin restricciones constituye la nueva ola de una era de prosperidad o bien, el &uacute;ltimo maremoto, desesperado y salvaje, de un modelo capitalista exhausto, dominante s&oacute;lo porque no hay otra alternativa imaginable. Cualquiera que sea el resultado, el neoliberalismo de los &uacute;ltimos diez o quince a&ntilde;os ha revolucionado la cultura material de la Am&eacute;rica hisp&aacute;nica. Al entrar a este nuevo ciclo de globalizaci&oacute;n de la cultura de consumo, la actual uniformidad neoliberal, que desde el extremo norte de Sonora hasta el extremo sur de Chile parece haber ca&iacute;do sobre la tierra, resultar&aacute; tan transitoria como el resto (Bauer, 2000:263, 264, 284).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>f. Miller: las compras como forma de relaci&oacute;n (acto de amor) con la otredad</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con el estudio etnogr&aacute;fico realizado por Miller en una calle del norte de la ciudad de Londres &#151;principalmente entre compradoras femeninas puesto que son <i>la norma, g&eacute;nero natural del amor&#151;,</i> la compra no se concibe como un acto individualista o individualizante relacionado con la subjetividad del comprador. Dicho acto est&aacute; dirigido principalmente hacia dos formas de <i>otredad:</i> la primera expresa una relaci&oacute;n entre el comprador y otro individuo particular, como un hijo o compa&ntilde;ero, ya sea presente en el hogar, deseado o imaginario; la segunda es una relaci&oacute;n con una meta m&aacute;s general que trasciende cualquier utilidad inmediata y se concibe mejor como cosmol&oacute;gica, por el hecho de que no asume la forma de sujeto ni de objeto, sino de los valores a los cuales desea dedicarse la gente (Miller, 1999:28, 56&#45;57, 180).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las compras de un ama de casa en un supermercado &#151;orientadas no por las contingencias del momento, sino por aspectos de largo plazo en torno al desarrollo personal de cada miembro de la familia&#151;, son un <i>acto de amor,</i> que en su escrupulosidad cotidiana, se convierte en uno de los principales medios por los cuales se constituyen en la pr&aacute;ctica las relaciones de amor y cuidado; las compras no s&oacute;lo reflejan amor, sino que son una de las principales maneras de manifestarlo y reproducirlo. Por lo general, comprar en supermercados es una forma de <i>ofrendar el amor,</i> es decir, una pr&aacute;ctica en relaciones de largo plazo, y no s&oacute;lo una visi&oacute;n rom&aacute;ntica de un momento de cortejo idealizado. El amor como la base ideol&oacute;gica para las complejas relaciones que existen entre los miembros de un hogar que, como experiencia, incorpora tambi&eacute;n presiones coercitivas (Miller, 1999: 31, 34, 181).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El acto de comprar se vincula al acto de sacrificar &#151;constituir al otro como sujeto de deseo&#151;. El prop&oacute;sito de las compras no s&oacute;lo es adquirir las cosas que la gente quiere, sino esforzarse por estar en una relaci&oacute;n con los sujetos que desean esas cosas. Lo que la compradora anhela es que los otros deseen y aprecien lo que ella lleva a casa. En &uacute;ltima instancia, las compras como ritual se convierten en los vestigios de la b&uacute;squeda de una relaci&oacute;n con Dios. Si asociamos las compras a la meta del sacrificio, se advierten las siguientes etapas:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Discurso del exceso, una visi&oacute;n del consumo trasgresor y destructivo;</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Trasformaci&oacute;n del gasto en ahorro, devoci&oacute;n hacia la deidad; y</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Regreso del ritual a las relaciones profanas del amor y el orden social, el sacrificio de las compras como mecanismo ritual para constituir las relaciones.</font></p> </blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sacrificio implica la transformaci&oacute;n de los objetos de consumo, que dejan de consumirse mundanamente en actos profanos para transmutarse en un r&eacute;gimen de valor m&aacute;s alto, donde participan de una relaci&oacute;n que constituye lo divino. El objeto conforma la relaci&oacute;n, transcendiendo la identidad separada de ambas partes. En este sentido, las mercanc&iacute;as no tienen significado, m&aacute;s bien son significativas (Miller, 1999:179&#45;183).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque la elecci&oacute;n entre mercanc&iacute;as es importante, lo que nos interesa no es la gama de las mismas sino la explotaci&oacute;n de la elecci&oacute;n para ampliar nuestra capacidad de negociar las ambivalencias y la ansiedad de las relaciones. Las compras pueden significar muchas cosas dentro de distintos contextos. En el capitalismo, donde los individuos est&aacute;n obligados a vivir como sujetos del sistema, las compras pueden ser una pr&aacute;ctica ritual, apoy&aacute;ndose en una l&oacute;gica de sacrificio cuyo prop&oacute;sito es constituir sujetos que desean. La ofrenda se basa en ritos que transforman el consumo en devoci&oacute;n &#151;no en el sentido coloquial de ama de casa <i>sacrificada,</i> sino referida al sacrificio antiguo y al an&aacute;lisis detallado de la compleja secuencia ritual involucrada en el sacrificio tradicional&#151;. Las compras comienzan con un rito similar que niega el simple gasto, en obediencia a los m&aacute;s elevados prop&oacute;sitos del ahorro. Termina como la labor de constituir tanto la inmediatez como la din&aacute;mica de relaciones de amor espec&iacute;ficas (Miller, 1999:186&#45;188).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No todas las pr&aacute;cticas de consumo tienen que ver con el amor &#151;pues hay otras que se relacionan m&aacute;s con el ego&iacute;smo, el hedonismo la tradici&oacute;n&#151;. No obstante, Miller sostiene que el amor no s&oacute;lo es normativo sino claramente dominante como el contexto y la motivaci&oacute;n para la mayor&iacute;a de las pr&aacute;cticas de consumo reales (Miller, 1999: 39).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>g. Rifkin: el centro comercial, lugar de mercantilizaci&oacute;n de la cultura en la era del acceso</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta nueva era, la <i>era del acceso</i> &#151;que sustituye a la <i>era del mercado</i>&#151; los mercados dejan lugar a las redes, la propiedad al acceso, los vendedores y compradores se sustituyen por proveedores y usuarios, la &eacute;tica del trabajo a la &eacute;tica del juego, la geograf&iacute;a al ciberespacio, la marginaci&oacute;n de la propiedad f&iacute;sica frente al ascenso de la propiedad intelectual, el incremento de la mercantilizaci&oacute;n de las relaciones humanas, y pr&aacute;cticamente todos los productos adquieren el rasgo del acceso, en especial, la batalla entre las esferas cultural y comercial por controlar el acceso y el contenido de las actividades recreativas. La cultura es LA &uacute;ltima esfera de la actividad humana que estaba por mercantilizar; ahora, el capital intelectual es la nueva fuerza motriz, lo m&aacute;s codiciado. Todo est&aacute; desplaz&aacute;ndonos lentamente de una era en la que el intercambio de la propiedad era la funci&oacute;n clave de la econom&iacute;a, para introducirnos en un nuevo mundo donde la adquisici&oacute;n de las experiencias de vida resulta ser una aut&eacute;ntica mercanc&iacute;a (Rifkin, 2000: 16&#45;21).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante siglos, la plaza p&uacute;blica se ha considerado un bien cultural com&uacute;n, un espacio abierto donde la gente se reun&iacute;a, se comunicaba, compart&iacute;a su experiencia y se involucraba en diversos intercambios culturales, como festivales, desfiles, ceremonias, deportes, entretenimiento y compromiso ciudadano. Aunque tradicionalmente el comercio tambi&eacute;n se desarrollaba en ella, siempre se consider&oacute; una funci&oacute;n derivada. La principal actividad ha sido la creaci&oacute;n y preservaci&oacute;n del capital social, no el mercantil. La plaza p&uacute;blica ha estado abierta a cualquiera, rico o pobre, sin vigilantes ni peajes. Todos conven&iacute;an en que era el lugar donde la cultura, en todas sus formas, crec&iacute;a y se reproduc&iacute;a. Ahora, en menos de treinta a&ntilde;os, la plaza p&uacute;blica &#151;el lugar de encuentro de la cultura&#151; no ha hecho sino desaparecer. En nuestros d&iacute;as, las actividades culturales que antes ten&iacute;an lugar en la plaza p&uacute;blica se han recluido en centros comerciales cerrados, convirti&eacute;ndose en una mercanc&iacute;a a la venta, donde la cultura existe en forma de experiencia mercantilizada (Rifkin, 2000: 206&#45;207).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los centros comerciales se est&aacute;n convirtiendo en lugares donde se puede comprar el acceso a experiencias de todo tipo: asistir a clases, espect&aacute;culos, conciertos o exposiciones, dejar al ni&ntilde;o en la guarder&iacute;a, pasar a una revisi&oacute;n m&eacute;dica, comer, hacer deporte, asistir a celebraciones religiosas, a un desfile, pasar la noche en un hotel, comprar electrodom&eacute;sticos y reunirse con los amigos. Los centros comerciales son complicados mecanismos de comunicaci&oacute;n, pensados para reproducir partes de una cultura, en formas comerciales simuladas. Estudios de mercado identifican distintas clases de clientes y de experiencias al hacer sus compras: <i>a)</i> los <i>conseguidores:</i> consumidores tradicionales, trabajan duro, materialistas, alto nivel educativo, l&iacute;deres en la compra de productos de lujo; <i>b)</i> los <i>emuladores:</i> consumidores conspicuos, j&oacute;venes, conscientes de su estatus; <i>c)</i> los <i>sufridores:</i> pobres que luchan por ascender, y <i>d)</i> los <i>socios:</i> compradores de clase media, conservadores, ingreso bajo o medio (Rifkin, 2000: 207&#45;210).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La diferencia m&aacute;s importante, por supuesto, es que los centros comerciales son una propiedad privada con sus propias reglas de acceso. Aunque sus paseos, bancos y &aacute;rboles les den una apariencia de espacio p&uacute;blico, no lo son. La actividad cultural que se desarrolla en ellos no es nunca un fin en s&iacute; mismo, es instrumental con respecto a su principal objetivo: la mercantilizaci&oacute;n de experiencias de vida a trav&eacute;s de la compra de bienes y entretenimiento (Rifkin, 2000: 208).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, los megacentros se integran en un nuevo ambiente competitivo donde el &eacute;xito se mide por la posibilidad de acceder a la producci&oacute;n cultural y a las formas de mercantilizaci&oacute;n de experiencias de vida. La cuesti&oacute;n del <i>acceso</i> no es s&oacute;lo qui&eacute;n tiene o no tiene acceso; se trata m&aacute;s bien de preguntarnos en qu&eacute; mundos merece la pena implicarse, a qu&eacute; tipos de experiencia vale la pena acceder (acceso a diversas culturas locales). De la respuesta a estas preguntas depender&aacute; en gran medida la naturaleza de la sociedad que iremos construyendo durante el siglo XXI (Rifkm, 2000:214, 336).</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Aportes latinoamericanos: desde la sociedad, la cultura y la comunicaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los a&ntilde;os noventa, los estudiosos latinoamericanos problematizan al centro comercial como lugar de entretenimiento adem&aacute;s de espacio estigmatizado y controlado por la l&oacute;gica del consumo y los inversionistas, pero sin dejar de reconocer a dicho espacio comercial como un lugar significativo y de encuentro para los usuarios. Autores como Hiernaux, L&oacute;pez Levi, Ram&iacute;rez Kuri, Medina, Capr&oacute;n, Ariovich, Sarlo, Molina y Monnet se suscriben en esta perspectiva.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>a.</b> <b><i>Hiernaux: funci&oacute;n socializante y l&uacute;dica del centro comercial</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las funciones l&uacute;dicas parecen regresar a los centros comerciales, bajo la forma de actividades de paga, pero que no se remiten s&oacute;lo a la compra de objetos sino de servicios. La presencia de cines, ciber&#45;caf&eacute;s, salas de juegos electr&oacute;nicos, caf&eacute;s, salones de t&eacute; o espacios de comida r&aacute;pida, entre otros, han provocado un reforzamiento de la funci&oacute;n de socializaci&oacute;n de los individuos (Hiernaux, 2000: 16).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El retorno al espacio del <i>pasaje</i> del Par&iacute;s decimon&oacute;nico benjaminiano es evidente, pese a que numerosas caracter&iacute;sticas est&aacute;n presentes. Por una parte, la fragmentaci&oacute;n empresarial en unidades menores de venta favorece el regreso a la galer&iacute;a; y por otra, las tiendas ancla tienden a desaparecer como tales, pues son colecciones de espacios individualizados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas ejemplos medulares: primero, la nueva introducci&oacute;n de las funciones de recreaci&oacute;n en forma central, tanto a trav&eacute;s de restaurantes, bares, cibercaf&eacute;s, librer&iacute;as (que son cada vez m&aacute;s salas de lectura y cafeter&iacute;as que s&oacute;lo puntos de venta de libros), salas de juegos electr&oacute;nicos, cines multiplex. Segundo, la reaparici&oacute;n de ciertos negocios de lujo destinados a una clase pudiente, como florer&iacute;as elegantes, guanter&iacute;as, b&aacute;sicamente objetos de consumo suntuario no disponibles para todos. Destinados a ciertos grupos <i>yuppies,</i> estas instalaciones toman sus distancias de las franquicias y ventas repetitivas de marcas, que aparecen en los centros comerciales tradicionales. Algunos de estos espacios tienen circulaciones lineales, que las asemejan a pasajes, m&aacute;s aun cuando tienen cobertura de vidrio, particularmente en los pa&iacute;ses desarrollados donde la luz falta, sobre todo en invierno (Hiernaux, 2000: 17).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La recuperaci&oacute;n de los centros de las ciudades o de espacios degradados, antes de uso industrial, aunada al "deseo de ciudad" propio de cierto tipo de clase media, induce una recuperaci&oacute;n o nueva construcci&oacute;n adecuada de espacios comerciales&#45;recreativos de gran &eacute;xito (Hiernaux, 2000: 17&#45;18).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>b. L&oacute;pez Levi: el centro comercial como espacio fant&aacute;stico de simulaci&oacute;n</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el contexto de una sociedad <i>posmoderna,</i> el t&eacute;rmino <i>hiperrealidad</i> se asocia con la concreci&oacute;n f&iacute;sica de una simulaci&oacute;n, ya sea referida a una fantas&iacute;a o a otra realidad. Es tambi&eacute;n un tipo de relaci&oacute;n objeto&#45;sujeto (o espacio&#45;sujeto) en la cual se ve involucrada la satisfacci&oacute;n del individuo, as&iacute; como su credibilidad con respecto al objeto mismo. La hiperrealidad se halla en la frontera entre la realidad y la ficci&oacute;n, y por tanto, lleva a la confusi&oacute;n entre ambas. Una de las caracter&iacute;sticas de la hiperrealidad es que el individuo o la sociedad termina por aceptar dicho objeto o espacio como una realidad; se borran las fronteras con lo imaginario (L&oacute;pez Levi, 1999: 19&#45;25).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un centro comercial es un conjunto arquitect&oacute;nico que rebasa las fronteras de la realidad e incorpora elementos provenientes de la imaginaci&oacute;n y los deseos. Es un paisaje organizado para promover la fantas&iacute;a y el placer. Los centros comerciales se presentan de forma ambigua como espacios que navegan entre la realidad y la ficci&oacute;n. Es tal el &eacute;nfasis que generalmente se da a los aspectos f&iacute;sicos&#45;concretos, que los juegos de ficci&oacute;n quedan ocultos (L&oacute;pez Levi, 1999: 21&#45;24).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas de las ambig&uuml;edades del centro comercial son: el lugar simula un centro urbano, lo privado simula ser p&uacute;blico, el deseo simula necesidad, cada quien simula ser alguien m&aacute;s, el consumo simula esparcimiento, la soledad simula compa&ntilde;&iacute;a, lo nacional simula ser extranjero, lo local simula ser global, un grupo social fragmentado simula comunidad, entre otros. El centro comercial es la construcci&oacute;n de un mundo alternativo y totalmente controlado por la l&oacute;gica del consumo y los inversionistas. Los centros comerciales como espacios de manipulaci&oacute;n o creaci&oacute;n de necesidades sup&eacute;rfluas no facilitan, ni apoyan el desarrollo creativo de una persona (o sociedad) y sin ello no tiene sentido ser un individuo (L&oacute;pez Levi, 1999: 199&#45;201, 212&#45;220, 230&#45;231).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico, los centros comerciales no son tan diferentes a los que hay en los pa&iacute;ses anglosajones, pero la situaci&oacute;n humana, social, econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y cultural s&iacute; var&iacute;a. Se trata de un mundo aparte, una fortaleza que deja fuera a un gran porcentaje de la sociedad y se convierten en lugares de evasi&oacute;n de lo nacional y/o local. El establecimiento de centros comerciales en nuestro pa&iacute;s, ha relegado a otros espacios de cultura urbana, y ha cambiado los patrones de consumo de ciertos sectores de la poblaci&oacute;n. Mientras las clases medias y altas se pasean por los <i>malls,</i> el resto de la sociedad y los turistas ocupan las plazas p&uacute;blicas, los jardines, los parques y otros espacios urbanos que ir&aacute;n perdiendo el apoyo gubernamental para su subsistencia. Los grupos que antes ocupaban estos espacios han ido disminuyendo, y cada vez m&aacute;s se hace patente la segregaci&oacute;n en los distintos &aacute;mbitos urbanos (L&oacute;pez Levi, 1999: 231&#45;233).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>c.</b> <b><i>Ram&iacute;rez Kuri: los centros comerciales como "espacios privados de uso colectivo"</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El consumo es un elemento de diferenciaci&oacute;n social y de su estructuraci&oacute;n al interior de los centros comerciales. Estos son espacios privados de uso colectivo, de car&aacute;cter semip&uacute;blico que, en la Ciudad de M&eacute;xico, adem&aacute;s de trazar a trav&eacute;s del tiempo las fronteras de la modernizaci&oacute;n, han impulsado el desarrollo de relaciones socioculturales asociadas al consumo. Los procesos que dan sentido a estos lugares de consumo se explican por la manera como &eacute;stos se incorporan a la organizaci&oacute;n del espacio social y por el significado que han adquirido a lo largo del tiempo como escenarios de interacci&oacute;n para las poblaciones que los legitiman socialmente (Ram&iacute;rez Kuri, 1998: 322&#45;323).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los centros comerciales est&aacute;n asociados a la transformaci&oacute;n del entorno urbano de las ciudades, a saber: <i>1</i>. la circulaci&oacute;n de mercanc&iacute;as y el flujo mismo de significados dentro de la estructura de mercado, y el consumo mismo como elemento de diferenciaci&oacute;n socio cultural; <i>2.</i> el surgimiento y desarrollo de conceptos arquitect&oacute;nicos que articulados a esquemas comerciales han modificado, en distintos momentos y en contextos espec&iacute;ficos, la fisonom&iacute;a de la ciudad, pasando a formar parte de la experiencia urbana de sus habitantes; y <i>3.</i> las formas de vida de los usuarios y consumidores, as&iacute; como con los v&iacute;nculos existentes entre estos lugares de consumo y la gente que los usa (Ram&iacute;rez Kuri, 1998: 323).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, los centros comerciales son sitios donde se recrea y transita "la moda como ciclo de consagraci&oacute;n muy corto" que, mediante la "magia de la firma", se valora, se expresa y se redefine continuamente en los escenarios del consumo. En el curso del tiempo se han transformado en lugares de interacci&oacute;n social, significativos para quienes los usan y legitiman socialmente, vincul&aacute;ndose a las formas de vida e influyendo en los gustos de quienes los visitan (Ram&iacute;rez Kuri, 1998: 327).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presencia de los centros comerciales es resultado de transformaciones espaciales impulsadas por procesos de modernizaci&oacute;n urbana. Estos espacios se han constituido como entornos de diferenciaci&oacute;n social, tanto para los usuarios como para las poblaciones que no acceden o que no se identifican con ellos. M&aacute;s all&aacute; de su funci&oacute;n generadora de actividad econ&oacute;mica, los macrocentros comerciales son espacios privados de uso colectivo, que influyen en el desarrollo de conductas culturales asociadas al consumo, transcienden l&iacute;mites pol&iacute;tico&#45;administrativos y trazan fonteras socioculturales. Al incorporarse al entorno urbano, satisfacen necesidades de consumo ya existentes e impulsan el surgimiento de otras nuevas, acordes con los estilos de vida e intereses de las poblaciones que convocan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los centros comerciales est&aacute;n orientados a impulsar el consumo masivo fundamentalmente de los grupos sociales de ingresos medios y altos. Sin embargo, los usos que les dan los destinatarios y beneficiarios los transforman en espacios con legitimidad social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son las formas de vida p&uacute;blica desarrolladas en sus interiores lo que hace que los centros comerciales sean sedes de interacciones sociales vinculadas al consumo, pero en donde el acto de comprar es s&oacute;lo una parte de la experiencia compartida. Los centros comerciales como lugares semip&uacute;blicos de reuni&oacute;n y encuentros, asociados con los significados que tienen para sus usuarios (Ram&iacute;rez Kuri, 1998: 362&#45;363).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>d. Medina: el centro comercial como espacio de consumo, sociabilidad y distinci&oacute;n</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Medina, el centro comercial no es una continuaci&oacute;n de las formas tradicionales del comercio ni del pasaje comercial, no es un espacio abierto al uso, sino un recinto cerrado, un territorio aislado y segregado de la estructura participativa de la ciudad; es un espacio encerrado sobre s&iacute; mismo que no corresponde a la idea de la calle urbana, ni a su fluir, ni a la concentraci&oacute;n vital y social de la plaza por su alejamiento de la trama y del centro de la ciudad. Aunque despiertan en el visitante la nostalgia por la calle tradicional (publicidad, microciudad), las personas encuentran en su interior la unidad perdida entre ellas y la ciudad, entre la ciudad y la naturaleza, entre la ciudad y la comunidad. El centro comercial no reproduce en peque&ntilde;a escala los grandes esquemas participativos urbanos, ni la vida en comunidad que le da sentido a la ciudad (Medina, 1997: 113).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a la ciudad construida en el tiempo, el centro comercial es un territorio que se independiza de las tradiciones urbanas de su entorno hist&oacute;rico; no se acomoda a la ciudad, sino &eacute;sta se acomoda a su presencia. En los nuevos sectores urbanos, la ciudad inventa un "presente ahist&oacute;rico, acultural y amn&eacute;sico". El <i>mall </i>no es el nuevo centro de la ciudad, a la manera de las urbes tradicionales, sino uno de los nuevos centros de la gran ciudad, representa las nuevas costumbres urbanas. En la mayor&iacute;a de las nuevas ciudades o barrios, el centro comercial es el punto central del territorio, el lugar m&aacute;s concurrido y significativo en el plano mental que el habitante se ha hecho de la localidad en donde vive, es el mercado y el &aacute;gora de las ciudades actuales: es el espacio central de cohesi&oacute;n social; es el espaci&oacute; significante donde se fusionan el mercado y las actividades de relaci&oacute;n (Medina, 1997: 114).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El centro comercial es un espacio social privatizado que en su consolidaci&oacute;n como nuevo territorio refleja una crisis del espacio p&uacute;blico donde es dif&iacute;cil construir sentidos. Este nuevo escenario urbano nace cuando las ciudades crecen y albergan en su interior grupos cada vez m&aacute;s heterog&eacute;neos y se hace necesario diferenciarlos. El <i>shopping center</i> es un &iacute;ndice de la nueva estratificaci&oacute;n, es un territorio en el que la ciudad expresa las diferencias sociales y las nuevas formas de la distinci&oacute;n; es un lugar cerrado, organizado bajo los nuevos rituales de la moda y el consumo (Medina, 1997: 115).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante una falsa vivencia de la homogeneidad y el desconocimiento de las barreras simb&oacute;licas, Medina se&ntilde;ala que es preciso recordar que en la nueva espacialidad urbana, los centros comerciales son espacios restringidos donde operan procesos sutiles de segregaci&oacute;n o de exclusi&oacute;n. El centro comercial permite un juego simult&aacute;neo de intercambios y distinciones, de un lado, a su exterior, el consumo funciona como un "sistema de interacci&oacute;n y comunicaci&oacute;n" que favorece la sociabilidad de los integrantes del grupo, y de otro, es una forma de "diferenciaci&oacute;n social y de distinci&oacute;n simb&oacute;lica" entre grupos. El centro comercial permite el espect&aacute;culo de diferencias. El consumo es una forma de resaltar en las sociedades democr&aacute;ticas, basadas en la premisa de la igualdad natural entre los hombres, las diferencias sociales. La sociedad de consumo funciona como un proceso de clasificaci&oacute;n y de diferenciaci&oacute;n; el consumo de los bienes materiales por el contenido simb&oacute;lico que encierran contribuye a mantener la desigualdad entre las clases sociales, la jerarqu&iacute;a y el dominio (Medina, 1997: 124&#45;126).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>e.</b> <b><i>Capr&oacute;n: el centro comercial como lugar de "intermediaci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado"</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la &uacute;ltima d&eacute;cada, el proceso de globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a ha tenido fuerte impacto sobre la reorganizaci&oacute;n territorial interna de metr&oacute;polis que van configurando un "sistema urbano transnacional". Unas de las consecuencias de ese proceso es la redefinici&oacute;n de los centros urbanos alrededor del consumo, particularmente del consumo cultural, de las actividades de ocio y del comercio suntuario, en respuesta a la demanda emergente de sectores sociales concentrados. La internacionalizaci&oacute;n y la modernizaci&oacute;n del comercio involucran a su vez la difusi&oacute;n de productos y de marcas id&eacute;nticos y la producci&oacute;n por el sector empresarial de lugares estandarizados como los <i>shopping centers.</i> En Argentina, el <i>shopping center </i>ha sido percibido como un s&iacute;mbolo urbano de los cambios que ha experimentado la ciudad y de la integraci&oacute;n a una sociedad&#45;mundo (Capr&oacute;n, 1997: 1&#45;2).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El comercio, antes de significar una forma de intercambio comercial y el lugar f&iacute;sico donde se efect&uacute;a, designa tanto la manera de comportarse en sociedad como las relaciones que se establecen. Los lugares comerciales son sitios de intercambio tanto social y cultural como mercantil. Como espacio p&uacute;blico, es decir, como lugar de "experiencia de alteridad", de "exposici&oacute;n de s&iacute; mismo a la mirada del otro", constituyen lugares de intermediaci&oacute;n en la relaci&oacute;n p&uacute;blico/privado. La ciudad est&aacute; compuesta por espacios de estatus variados, a veces mal definidos, donde los usos p&uacute;blicos y privados se entremezclan estrechamente. El comercio, como espacio p&uacute;blico (o semi&#45;p&uacute;blico), representa entonces un elemento esencial de la identidad urbana. En consecuencia, el comercio, como lugar de intercambio, es un lugar ideal para estudiar la urbanidad, cuando los procesos de globalizaci&oacute;n de las econom&iacute;as y de crecimiento descontrolado de las ciudades ponen en cuesti&oacute;n tanto la calidad de la vida urbana y de los lazos sociales como las identidades (Capr&oacute;n, 1997:5&#45;6, 12).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>f. Ariovich, Parysow y Varela: el shopping como lugar de juego y elecci&oacute;n para los j&oacute;venes</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los j&oacute;venes se relacionan con el centro comercial como seres capaces de elegir. Si lo disfrutan, no s&oacute;lo es porque lo perciben como un lugar libre de la mirada de los adultos, sino porque esta libertad va acompa&ntilde;ada de otra: la libertad de elegir &#151;aunque sea imaginariamente&#151; entre una multiplicidad de bienes y servicios; elecci&oacute;n que muchas veces conlleva una identificaci&oacute;n con un estilo de personalidad. Para ellos, el <i>shopping</i> resulta mucho m&aacute;s que un lugar abierto al p&uacute;blico donde se les permite jugar. Los j&oacute;venes consumen lo que el <i>shopping</i> ofrece en tanto centro de consumo, aunque no realicen ninguna compra (Ariovich <i>et al,</i> 2000: 39, 46).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rechazando el t&eacute;rmino <i>no lugares</i> de Marc Aug&eacute; respecto del centro comercial, puesto que &eacute;ste se encuentra lejos de ser vivido como un &aacute;mbito impersonal, an&oacute;nimo y ajeno, los autores describen c&oacute;mo los j&oacute;venes se apropian del centro comercial como centro de diversi&oacute;n. Desafiando la mirada de los guardias, los j&oacute;venes improvisan en las instalaciones del <i>shopping</i> un parque de diversiones en el que todo, desde las escaleras mec&aacute;nicas, los ascensores, los concurrentes adultos y hasta la ropa misma de los negocios, puede ser empleado para jugar. La presencia de los elementos de seguridad no es percibida por ellos como una fuente de l&iacute;mites a la libertad que experimentan en el <i>shopping,</i> pese a que, en ocasiones, se les llama la atenci&oacute;n. En cambio, a los vendedores s&iacute; los consideran una amenaza puesto que se ha generado una relaci&oacute;n conflictiva con ellos (Ariovich <i>et al,</i> 2000: 38&#45;39).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Partiendo de la premisa de que en el centro comercial existen condiciones para la interacci&oacute;n entre los j&oacute;venes, los autores se preguntan qu&eacute; recursos y qu&eacute; destrezas adquieren &eacute;stos en tal situaci&oacute;n social. Pareciera que ciertos <i>shoppings</i> constituyen para ellos espacios en los que internalizan recursos que les permiten, a la vez, clasificar a los dem&aacute;s y clasificarse a s&iacute; mismos. Las marcas proveen un sistema de clasificaci&oacute;n de las personas: a trav&eacute;s de los objetos que usa o que le gustan, se puede distinguir a una persona de otras y a la vez, colocarla en una posici&oacute;n de mayor, igual o menor jerarqu&iacute;a con respecto a las dem&aacute;s. En el <i>shopping,</i> el car&aacute;cter de signos connotativos de las mercanc&iacute;as se refuerza por sobre su car&aacute;cter de objetos de intercambio (Ariovich <i>et al,</i> 2000: 33, 40).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conocimiento acerca de las marcas y su referencia a estilos de personalidad se va convirtiendo en un saber compartido, que es discutido, cotejado, ejemplificado e incrementado en cada encuentro, en cada conversaci&oacute;n. En la medida en que adquieren informaci&oacute;n acerca de marcas y estilos, los j&oacute;venes tambi&eacute;n aprenden cu&aacute;l es la posici&oacute;n que cada uno de ellos ocupa en el sistema de clasificaci&oacute;n incorporado. Se asumen entonces como depositarios de un gusto y se habit&uacute;an a exteriorizarlo en elecciones de bienes enmarcados en tal o cual estilo. Reconocerse como poseedor de un gusto identificado con un cierto estilo implica incluirse en un sistema de diferencias jerarquizadas; uno define su gusto y lo valora en oposici&oacute;n a los gustos de los dem&aacute;s. En el <i>shopping</i> los j&oacute;venes aprenden a utilizar las marcas como base de un sistema de clasificaci&oacute;n de las personas. Al mismo tiempo, se familiarizan con saberes pr&aacute;cticos, tales como la capacidad de exteriorizar el propio gusto en bienes ajustados a la o las t&eacute;cnicas de encubrimiento y enmascaramiento necesarios para controlar su propia imagen (Ariovich <i>et al,</i> 2000: 40&#45;44).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/crs/v1n1/a4f3.jpg"></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>g. Sarlo: el shopping center como nave espacial o refugio antiat&oacute;mico, refleja la crisis del espacio p&uacute;blico</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>shopping </i>presenta el espejo de una crisis del espacio p&uacute;blico donde es dif&iacute;cil construir sentidos, pero el espejo devuelve una imagen en la que fluye un torrente de significantes. Ir al centro no es lo mismo que ir al <i>shopping center,</i> aunque el significante <i>centro</i> se repita en las dos expresiones. El <i>shopping center</i> es un simulacro de ciudad, de servicios en miniatura, donde todos los extremos de lo urbano han sido liquidados, como la intemperie, los ruidos, el claroscuro, la gran escala, los monumentos o los escritos (letreros, anuncios, se&ntilde;alizaci&oacute;n de tr&aacute;nsito o graffiti). El <i>shopping</i> propone su c&aacute;psula especial acondicionada por la est&eacute;tica del mercado, donde es posible realizar todas las actividades reproductivas de la vida: se come, se bebe, se descansa, se consumen s&iacute;mbolos y mercanc&iacute;as seg&uacute;n instrucciones no escritas pero absolutamente claras (Sarlo, 1994: 14&#45;16, 23).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un buen <i>shopping</i> responde a un ordenamiento total pero, al mismo tiempo, debe dar una idea de libre recorrido: se trata de la ordenada deriva del mercado. Quienes usan el <i>shopping</i> para entrar, llegar a un punto, comprar y salir inmediatamente, contradicen las funciones de su espacio &#151;p&eacute;rdida de noci&oacute;n de tiempo y sentido de orientaci&oacute;n&#151;. Como nave espacial, el <i>shopping</i> tiene una relaci&oacute;n indiferente con la ciudad que lo rodea. En el <i>shopping</i> no s&oacute;lo se anula el sentido de orientaci&oacute;n interna sino que desaparece por completo la geograf&iacute;a urbana. La ciudad no existe para el <i>shopping,</i> que ha sido construido para reemplazar a la ciudad. El <i>shopping</i> se incrusta en un vac&iacute;o de memoria urbana porque representa las nuevas costumbres y no tiene que rendir tributo a las tradiciones; all&iacute; donde el mercado se despliega, el viento de lo nuevo hace sentir su fuerza. El <i>shopping</i> es todo futuro en tanto construye nuevos h&aacute;bitos, se convierte en punto de referencia, acomoda la ciudad a su presencia, acostumbra a la gente a funcionar en el <i>shopping.</i> Evacuada la historia como <i>souvenir,</i> el <i>shopping</i> sufre una amnesia necesaria a la buena marcha de sus negocios (Sarlo, 1994: 16&#45;19).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>shopping</i> es un artefacto perfectamente adecuado a la hip&oacute;tesis del nomadismo contempor&aacute;neo; cualquiera que haya usado alguna vez un espacio comercial puede usar otro, en una ciudad diferente y extra&ntilde;a de la que ni siquiera conozca la lengua o las costumbres. Despu&eacute;s de una traves&iacute;a por ciudades desconocidas, el <i>shopping</i> es un oasis donde todo marcha exactamente como en casa. Los puntos de referencia son universales (logotipos, siglas, letras, etiquetas) y no requieren que sus int&eacute;rpretes est&eacute;n afincados en ninguna cultura previa o distinta de la del mercado. El <i>shopping</i> produce una cultura extraterritorial de la que nadie puede sentirse excluido, incluso los que menos consumen se manejan perfectamente en &eacute;l o inventan algunos usos no previstos (por ejemplo, un <i>picnic</i> en el <i>fast food);</i> paradoja curiosa de libertad plebeya. Como espacio extraterritorial, no exige visados especiales, sin embargo, los diversos usos impiden la colisi&oacute;n de dos pretensiones diferentes: los pobres van los fines de semana cuando los menos pobres y los m&aacute;s ricos prefieren estar en otra parte (Sarlo, 1994: 19&#45;21).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De especial fascinaci&oacute;n para los j&oacute;venes, el <i>shopping center,</i> espacio sin referencias urbanas, est&aacute; repleto de referencias neoculturales &#151;marcas, etiquetas, productos, estilos, est&eacute;ticas, valores&#151; donde los que no saben pueden aprender un <i>knom&#45;how</i> que se adquiere en el estar ah&iacute;. El mercado, potenciando la libertad de elecci&oacute;n (aunque s&oacute;lo sea de toma de partido imaginario), educa en saberes que son, por un lado, funcionales a su din&aacute;mica y, por otro, adecuados a un deseo joven de libertad anti&#45;institucional. En ciudades que se fracturan y se desintegran, este refugio antiat&oacute;mico es perfectamente adecuado al tono de una &eacute;poca. Donde las instituciones y la esfera p&uacute;blica ya no pueden construir hitos que se piensen eternos, se erige un monumento que est&aacute; basado precisamente en la velocidad del flujo mercantil (Sarlo, 1994: 22&#45;23).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>h. Molina: el vitr&iacute;neo como elemento mediador en busca de identidad compartida</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ir a <i>vitrinear</i> &#151;consumo simb&oacute;lico, visual no material, que se da al mirar aparadores, recorrer las calles, ver qu&eacute; se encuentra&#151; no es una expresi&oacute;n que se use com&uacute;nmente en M&eacute;xico, sin embargo, es una actividad que realizan sobre todo los sectores de clase media y alta. El ver los aparadores es un acto en algunos momentos solitario, pero a la vez compartido. Las vitrinas son elementos mediadores, pantallas donde el receptor busca el reflejo de su propia imagen. Los contenedores de los aparadores son lugares y no&#45;lugares, pues son espacios de identidad compartida aunque se d&eacute; ef&iacute;meramente, espacios donde se establecen relaciones contractuales pero no identidades constituidas hist&oacute;ricamente sino de manera adscriptiva (Molina, 1997: 112).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas vitrinas, aparentemente sin sentido, se encuentra toda una construcci&oacute;n social de la realidad propuesta por un sector de la poblaci&oacute;n, y que no corresponde a lo que cotidianamente viven todos los sectores, aunque est&aacute;n a disposici&oacute;n de todos. Las caracter&iacute;sticas de las vitrinas son las siguientes:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Una de las cartas de presentaci&oacute;n de tiendas, almacenes y algunos centros comerciales;</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Puntos que buscan atraer a los transe&uacute;ntes;</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Grandes pantallas en las que el receptor puede buscar el reflejo de su imagen, o bien, buscar un estereotipo que posteriormente pueda retomar en su vida cotidiana o en una fecha especial;</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Tienen una temporalidad que permiten que se pueda recurrir a la imagen presentada en ellos las veces que sea necesario;</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5. El aparador enmarca, impone l&iacute;mites y subraya ciertas formas simb&oacute;licas;</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">6. En t&eacute;rminos simb&oacute;licos y f&iacute;sicos, el consumo de los aparadores y su circulaci&oacute;n tiene una dimensi&oacute;n diferente a la de otros consumos;</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">7. Los aparadores se desbaratan, pero los elementos que ah&iacute; se exhiben contin&uacute;an en la tienda por un tiempo m&aacute;s; el aparador es un sintagma que puede ser desbaratado;</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">8. En el aparador se da un intercambio simb&oacute;lico entre productor y receptor, hay un movimiento s&iacute;gnico constante; y</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">9. Una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s importantes de los aparadores consiste en que son elementos mediadores dirigidos a los diferentes n&uacute;cleos que conforman nuestra sociedad (Molina, 1997:60&#45;62).</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>i. Monnet: el centro comercial como "publicizaci&oacute;n del espacio privado"</i></b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El comercio, como elemento del paisaje mental de los ciudadanos, parte significativa de las modalidades de relaci&oacute;n social en la cidad, elemento regulatorio de las relaciones entre lo p&uacute;blico y lo privado (o colectividad/individualidad, sociedad/intimidad), no ha sido estudiado. El comercio parece tener en todas las civilizaciones una funci&oacute;n social peculiar: asegurar la presencia de lo privado en el espacio p&uacute;blico (la privatizaci&oacute;n mercantil de la calle, del cruce, de la plaza, de la ciudad o del monumento) y la de lo p&uacute;blico en el espacio privado (lo que se podr&iacute;a llamar la publicizaci&oacute;n de los establecimientos con entrada libre, tiendas o plazas comerciales) (Monnet, 1996:12).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que considerar lo p&uacute;blico/privado no como coincidente con lo pol&iacute;tico/econ&oacute;mico sino como materializaci&oacute;n de lo compartido/ reservado o de lo social/&iacute;ntimo. Desde este punto de vista, la ciudad podr&iacute;a entenderse como una concretizaci&oacute;n de lo p&uacute;blico, no como mera casualidad de un espacio abierto a cualquier paseante, como suele ocurrir en el campo o en el monte, sino como manifestaci&oacute;n del orden social, de una voluntad/manera de vivir juntos. Se trata de entender el espacio p&uacute;blico como un instrumento producto del intercambio fundador del v&iacute;nculo social. Pero desarrollar la funci&oacute;n de espacio p&uacute;blico es mucho m&aacute;s que ocultar la intenci&oacute;n mercantil; las empresas que desarrollan plazas comerciales (<i>centres commerdaux</i> en franc&eacute;s, <i>shopping centers,</i> en ingl&eacute;s) son agentes de la elaboraci&oacute;n parcialmente voluntaria de nuevas formas de centralidad en competencia con el centro urbano tradicional y los n&uacute;cleos pueblerinos de la periferia (Monnet, 1996: 12,15).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sea en Francia, M&eacute;xico o Estados Unidos en los <i>shopping centers</i> o <i>centres commerciaux</i> prevalece la publicizaci&oacute;n del espacio privado, es decir, la presencia de lo p&uacute;blico en el espacio privado. Mientras que en Francia la valoraci&oacute;n social de la calle pasa por una defensa conjunta del peque&ntilde;o comercio, del centro hist&oacute;rico, de la est&eacute;tica urbana y del humanismo en contra de la gran empresa, en California tal vez no exista m&aacute;s la calle, sino calles que no tienen nada que ver las unas con las otras, ya sean ejes de tr&aacute;nsito o calles comunitarias (lo que simboliza la superposici&oacute;n sin conexiones de las redes de autopistas urbanas y de calles secundarias) y el comercio ya tiene poco que ver con el espacio p&uacute;blico, estando reservado a espacios cerrados arquitect&oacute;nica <i>{shopping centers</i> y <i>malls)</i> o &eacute;tnicamente (Monnet, 1996: 20).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En M&eacute;xico, el valor de la calle la convierte en el mayor punto de conflicto entre una tradici&oacute;n rechazada por ser s&iacute;mbolo de subdesarrollo y rusticidad &#151;el comercio callejero&#151; y un conjunto de fuerzas normalizadoras que van desde la empresa capitalista ap&aacute;trida &#151;que promueve uniformes, plazas comerciales y grandes tiendas&#151; hasta el <i>lobby</i> de protectores del patrimonio, que inventa una <i>tradici&oacute;n</i> de barrios antiguos despoj&aacute;ndose de sus m&aacute;s viejas funciones comerciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La competencia por la privatizaci&oacute;n de los espacios m&aacute;s p&uacute;blicos de la sociabilidad&#45;espacialidad mexicana enfrenta a los ambulantes y los establecidos (ambulantes&#45;establecidos y tradici&oacute;n&#45;modernidad). Parece as&iacute; que el conflicto mayor en torno al comercio y al espacio no se estructura seg&uacute;n una oposici&oacute;n centro&#45;periferia como en otras ciudades (privatizaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico, publicizaci&oacute;n del espacio privado en la periferia urbana), sino m&aacute;s bien entre distintas modalidades de apropiaci&oacute;n del centro y de identificaci&oacute;n de la centralidad. Cabe preguntarse sobre la emergencia de una centralidad perif&eacute;rica socialmente segregativa en las plazas comerciales de los suburbios donde los espacios p&uacute;blicos son de acceso restringido a individuos identificados no como ciudadanos sino como consumidores (Monnet, 1996:16&#45;17). Las oposiciones sem&aacute;nticas por tipos de comercio en M&eacute;xico son:</font></p>  	    <p align="center"><img src="/img/revistas/crs/v1n1/a4t2.jpg"></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><i>A manera de conclusi&oacute;n</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El centro comercial aparentemente tan estructurado en un sentido, tiene en realidad una serie de capas superpuestas o pliegues de significados que se entretejen en una red intrincada de relaciones donde diversas met&aacute;foras &#151;vientre femenino, c&aacute;psula&#45;confort, universo del enga&ntilde;o, objeto&#45;monumento, localidad fortificada, micro&#45;ciudad, catedral del consumo, ciudad perfecta, lugar emblem&aacute;tico de la globalizaci&oacute;n&#151; puedan aplicarse para su lectura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Expresado en t&eacute;rminos generales, los autores revisados trascienden la dimensi&oacute;n mercantil del centro comercial para situarse en la simb&oacute;lica. As&iacute;, para Fiske estar en un centro comercial ofrece sensaci&oacute;n de libertad y de escape, pero nunca ser&aacute; un acto subersivo frente al sistema capitalista consumista; por su parte, Brummet define la posici&oacute;n de "comprador" aunque &eacute;ste no adquiera nada, pese a que los placeres del narcisismo, voyerismo y fetichismo le permitan disfrutar sensorialmente m&aacute;s all&aacute; de la compra de cualquier objeto o producto. Tanto Morris como Taylor sugieren que el centro comercial es el "lugar moderno focal". Bauer al igual que Miller, reclaman el valor de los objetos en dicho espacio, ya que &eacute;stos nos significan por el grado en que contienen asociaciones y significados p&uacute;blicos, esto es, Miller se&ntilde;ala que en el centro comercial se expresa el ritual del amor, la ofrenda para la <i>otredad,</i> sea &eacute;sta para un individo particular, un hijo o un compa&ntilde;ero, es la forma de manifestar el afecto hacia el <i>otro.</i> Rifkin, por el contrario, llama la atenci&oacute;n sobre la mercantilizaci&oacute;n de la actividad humana, incluso de actividades recreativas como estar en un espacio comercial. Hiernaux asevera que el centro comercial ofrece no s&oacute;lo la compra de objetos sino de servicios; adem&aacute;s, acota L&oacute;pez Levi, de ser el lugar para la imaginaci&oacute;n y los deseos organizados; si bien son espacios privados de uso colectivo constituyen tambi&eacute;n lugares de intermediaci&oacute;n en la relaci&oacute;n de lo p&uacute;blico y lo privado, menciona Ram&iacute;rez Kuri. Capr&oacute;n y Monnet coinciden al afirman la presencia de lo privado en el espacio p&uacute;blico a trav&eacute;s del comercio. Sarlo denomina a los centros comerciales como los lugares asc&eacute;pticos donde es posible realizar todas las actividades reproductivas de la vida; mientras que Molina afirma que son espacios de identidad compartida aunque ef&iacute;meramente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s del aporte de estos autores, lo que se observa es que el centro comercial, como objeto de estudio, convoca a la antropolog&iacute;a, sociolog&iacute;a, comunicaci&oacute;n, semi&oacute;tica, es decir, constituye un terreno amalgamado o h&iacute;brido que requiere de la intersecci&oacute;n de fragmentos de disciplinas contiguas donde conceptos, teor&iacute;as, m&eacute;todos establezcan puntos de confluencia para aprehender anal&iacute;ticamente dicho objeto. Como se&ntilde;alan Dogan y Pahre (1983), al transgredir las fronteras o los l&iacute;mites naturales de una disciplina los investigadores tienen mayores posibilidades de ser innovadores y creativos. El centro comercial como problema de investigaci&oacute;n se ubica en un campo amalgamado o h&iacute;brido que demanda el intercambio o la recuperaci&oacute;n de zonas marginales de dos o m&aacute;s disciplinas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, abordamos al centro comercial desde la relaci&oacute;n experiencial y simb&oacute;lica que se establece en la interacci&oacute;n con los otros en dicho espacio; por lo cual es pertinente mencionar dos &aacute;mbitos anal&iacute;ticos asociados a esta propuesta; por un lado, las pr&aacute;cticas culturales de apropiaci&oacute;n simb&oacute;lica <i>(vitrinear,</i> territorializar, comprar, socializar) y, por otro, las representaciones sociales (lugar afectivo y de encuentro) que elaboran los visitantes asiduos frente a los lugares comerciales de la ciudad. Este entramado de dimensiones anal&iacute;ticas nos permite aprehender al centro comercial desde la perspectiva experiencial, es decir, desde sus significados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A manera de palimpsesto, una propuesta comercial exige la colaboraci&oacute;n del lector, del espectador para ser completada y resignificada desde escenarios socioculturales espec&iacute;ficos. En este sentido, la relaci&oacute;n que establece el <i>visitante asiduo</i> con determinada oferta o propuesta comercial&#45;cultural es selectiva y adem&aacute;s productiva, esto es, discrimina, recrea, negocia y reinterpreta significados desde las diversas instancias microsociales en las cuales se encuentra comprometido. En otras palabras, nuestra reflexi&oacute;n se concentra en aquello que convierte a "echar relajo con los amigos, observar el ir y venir de los paseantes, vagar o circular por un centro comercial, mirar escaparates y ver qu&eacute; se encuentra", en una comunicaci&oacute;n que atiende a la construcci&oacute;n e intercambio de significados. Consideramos entonces de manera operativa que el centro comercial es un espacio de car&aacute;cter p&uacute;blico&#45;mercantil que puede ser transformado en privado/ simb&oacute;lico. Sostenemos as&iacute; que las personas, visitantes frecuentes, lo transforman de manera espont&aacute;nea, siempre en relaci&oacute;n con los dem&aacute;s, en espacio simb&oacute;lico, afectivo y de encuentro.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ariovich, Laura, Parysow, Javier y Alejandro, Varela (2000). "Juegos en el shopping center". En: Mario Margulis. <i>La juventud es m&aacute;s que una palabra.</i> Buenos Aires: Biblios.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580032&pid=S2007-8110200600010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brummett, Barry (1994). <i>Rhetoric in Popular Culture.</i> Boston: Bedford/St. Martin's.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580034&pid=S2007-8110200600010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bauer, Arnold J. (2002). <i>Somos lo que compramos: historia de la cultura material en Am&eacute;rica Latina.</i> M&eacute;xico: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580036&pid=S2007-8110200600010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Capr&oacute;n, Gu&eacute;nola (1997). "Urbanidad y modernizaci&oacute;n del comercio: Un an&aacute;lisis a partir del caso de los shopping centers en Buenos Aires", VI Encuentro de Ge&oacute;grafos de Am&eacute;rica Latina: Territorio en Redefinici&oacute;n. Lugar y Mundo en Am&eacute;rica Latina, Instituto de Geograf&iacute;a, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad de Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580038&pid=S2007-8110200600010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Capr&oacute;n, Gu&eacute;nola (1998). "Commerce et espace public a Buenos Aires". En: <i>Villes et territoires.</i> Toulouse: Press Universitaires de Muiail.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580040&pid=S2007-8110200600010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1997). "Les noveaux espaces publics de la ville de la fin du XX&egrave;me si&egrave;cle: les centres commerciaux &agrave; Buenos Aires". En: <i>Les Annales de la Recherche Urbane.</i> Toulouse: Press Universitaires de Muiail.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580042&pid=S2007-8110200600010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dogan, Matei y Roberth Pahre (1993). <i>Las nuevas ciencias sociales. La marginalidad creadora.</i> M&eacute;xico: Editorial Grijalbo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580044&pid=S2007-8110200600010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hiernaux&#45;Nicolas, Daniel (2000). "El reencantamiento de los espacios de consumo en las ciudades". IV Encuentro Ciudades y Culturas Contempor&aacute;neas. M&eacute;xico: ENAH,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580046&pid=S2007-8110200600010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> .</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1999). "Gesti&oacute;n y planificaci&oacute;n metropolitana en los tiempos de la globalizaci&oacute;n: algunas reflexiones". <i>Revista Quivera,</i> a&ntilde;o 1, no. 1, Toluca: UAEM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580048&pid=S2007-8110200600010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&oacute;pez Levi, Liliana (1999). <i>Centros comerciales: Espacios que navegan entre la realidad y la ficci&oacute;n.</i> M&eacute;xico: Nuestro Tiempo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580050&pid=S2007-8110200600010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Medina Cano, Federico (1997). "El Centro Comercial: Una burbuja de cristal". En: <i>Di&aacute;logos de la Comunicaci&oacute;n,</i> no. 50. Lima: FELAFACS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580052&pid=S2007-8110200600010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Miller, Daniel (1999). <i>Ir de compras: una teor&iacute;a.</i> M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580054&pid=S2007-8110200600010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Molina Rosales, Dolores Ofelia (1997). <i>Marcas del consumo en la Ciudad de M&eacute;xico. Puesta en escena del consumo comercial en el Distrito Federal.</i> Tesis de Maestr&iacute;a en Antropolog&iacute;a Social. M&eacute;xico: ENAH.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580056&pid=S2007-8110200600010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Monnet, J&eacute;rome (1996). "Espacio p&uacute;blico, comercio y urbanidad en Francia, M&eacute;xico y Estados Unidos". <i>Alteridades,</i> no. 11. M&eacute;xico: UAM&#45;Iztapalapa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580058&pid=S2007-8110200600010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morris, Meaghan (1993). "Things todo with Shopping Centres". En: During, Simon. <i>The Cultural Studies deader.</i> London&#45;New York: Routiedge/ Simon During.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580060&pid=S2007-8110200600010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&uuml;ller, Jan Marco (2004). <i>Grandes centros comerciales y recreacionales en Santaf&eacute; de Bogot&aacute;. Origen, caracter&iacute;sticas y tendencias de desarrollo,</i> (en l&iacute;nea), disponible en  <a href="http://lablaa.org/blaavirtual/letra-c/centros/presen.htm" target="_blank">http://lablaa.org/blaavirtual/letra&#45;c/centros/presen.htm</a> &#91;Fecha de consulta: 13 de abril, 2004&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580062&pid=S2007-8110200600010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ram&iacute;rez Kuri, Patricia (1998). "Coyoac&aacute;n y los escenarios de la modernidad". En: Garc&iacute;a Canclini, N&eacute;stor. <i>Cultura y comunicaci&oacute;n en la ciudad de M&eacute;xico. Primera parte. Modernidad y multiculturalidad: la dudad de M&eacute;xico a fin de siglo.</i> M&eacute;xico: Grijalbo/UAM&#45;Iztapalapa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580064&pid=S2007-8110200600010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1995). "Entorno, consumo y representaciones urbanas en la Ciudad de M&eacute;xico". <i>Ciudades,</i> no. 27. M&eacute;xico: SEP/UAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580066&pid=S2007-8110200600010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1993). "Transformaciones espaciales y modernizaci&oacute;n urbana: la Ciudad de M&eacute;xico y los macro&#45;proyectos comerciales. Centro Comercial Coyoac&aacute;n (1989&#45;1993)". Tesis de Maestr&iacute;a en Estudios Regionales. M&eacute;xico: Instituto de Investigaciones Dr. Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580068&pid=S2007-8110200600010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rifkin, Jeremy (2000). <i>La</i> <i>era del acceso: la revoluci&oacute;n de la nueva econom&iacute;a.</i> Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580070&pid=S2007-8110200600010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sarlo, Beatriz (2000). <i>Siete ensayos sobre Walter Benjam&iacute;n.</i> Buenos Aires: FCE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580072&pid=S2007-8110200600010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;  (1994). <i>Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina.</i> Buenos Aires: Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580074&pid=S2007-8110200600010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Taylor, Peter J. (1999). <i>Modernities: A Geohistorical Interpretation.</i> Minneapolis: University of Minnesota Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2580076&pid=S2007-8110200600010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* El presente texto forma parte de una investigaci&oacute;n mayor que pr&oacute;ximamente aparecer&aacute; publicada bajo el t&iacute;tulo: <i>El lugar de los encuentros: comunicaci&oacute;n y cultura en un centro comercial.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Sanborns es la compa&ntilde;&iacute;a que opera cadenas de tiendas al menudeo que captan una porci&oacute;n importante del mercado de consumidores en M&eacute;xico, adem&aacute;s participa en el negocio de restaurantes y bares, en el negocio de la venta discos al menudeo y mayoreo, pasteler&iacute;as y panader&iacute;as. En 1903, fue fundada por Sanborn Hermanos S.A.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup><i>&nbsp;Cfr.</i> Patricia Ram&iacute;rez Kuri (1993, 1995, 1998), J&eacute;r&oacute;me Monnet (1996), Gu&eacute;nola Capr&oacute;n (1997, 1998), Federico Medina (1997), Dolores Molina (1997), Rafael Mu&ntilde;oz (1998), Liliana L&oacute;pez Levi (1999), Daniel Miller (1999) y Daniel Hiernaux (2000).</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> V&eacute;ase Cornejo Portugal, In&eacute;s. 2005. "El centro comercial como objeto cultural". Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales. Tesis doctoral. In&eacute;dito. Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</font></p>      ]]></body><back>
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