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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La m&uacute;sica de las emociones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Adri&aacute;n Acosta Silva</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Eric Hobsbawm. <i>Un tiempo de rupturas. Sociedad y cultura en el siglo</i> <i>XX</i>. Barcelona: Cr&iacute;tica, 2013</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Guadalajara.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">...mientras, se destru&iacute;a a s&iacute; misma, cantaba,    <br> 	discordante, profunda, desgarradora. Es    <br> 	imposible no llorar por ella. O no odiar el    <br> 	mundo que hizo de ella lo que fue.    <br> 	Eric Hobsbawm, "Billie Holiday"</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertos sonidos, palabras e im&aacute;genes dominan desde hace tiempo el &aacute;nimo p&uacute;blico en una era de la historia que, como sugiri&oacute; hace algunos a&ntilde;os el gran historiador brit&aacute;nico Eric Hobsbawn, "ha perdido el norte" y que en los primeros a&ntilde;os del nuevo milenio "mira hacia adelante sin gu&iacute;a ni mapa, hacia un futuro irreconocible". Este tono sombr&iacute;o, un tanto dram&aacute;tico pero tambi&eacute;n realista, es un buen punto de partida reflexivo para un historiador, como lo podr&iacute;a ser para un soci&oacute;logo o un antrop&oacute;logo preocupado por examinar la m&uacute;sica de las emociones sobre el presente y el futuro de las sociedades. Combinado con el espectacular ascenso de la sociedad gerencial, dominada por los m&aacute;s variados espec&iacute;menes de consultores, publicistas y empresarios o pol&iacute;ticos que encumbran la gesti&oacute;n de negocios, la b&uacute;squeda de la calidad y el &eacute;xito como sin&oacute;nimos de la felicidad, la planeaci&oacute;n estrat&eacute;gica de las vidas de los individuos, grupos e instituciones y las relaciones entre emociones, sociedad, cultura y poder han relocalizado sus contactos, sus potencialidades, sus tensiones. La dimensi&oacute;n simb&oacute;lica de la vida social ha transformado sus referentes, sus c&oacute;digos interpretativos y sus pr&aacute;cticas cotidianas. En el transcurso de estos a&ntilde;os confusos, turbulentos, la noci&oacute;n de la alta cultura, el viejo canon burgu&eacute;s de la distinci&oacute;n &eacute;tica y est&eacute;tica respecto del resto de los mortales (los no burgueses, desde luego), se ha perdido en la nube de instaladores, mercenarios y manipuladores de im&aacute;genes expertos en Photoshop, en donde la m&uacute;sica cl&aacute;sica se nutre de "un repertorio muerto" y la m&uacute;sica popular no es encabezada por el vanguardismo del jazz ni por la naturaleza expansiva del rock, sino por una mezcla extra&ntilde;a de ritmos de linajes diversos difundidos globalmente mediante el uso intensivo de las nuevas tecnolog&iacute;as de informaci&oacute;n, instrumentos que de alg&uacute;n modo han transformado las pr&aacute;cticas, los gustos y las est&eacute;ticas del consumo cultural masivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#191;Qu&eacute; implicaciones tiene esto para la cultura contempor&aacute;nea? El declive de la sociedad burguesa que domin&oacute; el siglo XIX y la primera mitad del XX trajo consigo la alteraci&oacute;n no solamente de las formas en que se produce y aprecia el arte y la cultura, sino tambi&eacute;n de los procesos en que se consumen globalmente. Debajo y al fondo de esos cambios est&aacute; la rebeli&oacute;n de las masas, el crecimiento econ&oacute;mico, el ascenso de las clases medias, la expansi&oacute;n de la educaci&oacute;n superior y la democratizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Esas fuerzas impactaron de manera irreversible el perfil de las &eacute;lites del poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico en las sociedades contempor&aacute;neas, haciendo de la cultura un vasto campo poblado por intereses, creencias, impulsos creativos y apreciaciones diversas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas cuestiones aparecen retratadas magistralmente en el libro p&oacute;stumo de Hobsbawm titulado <i>Un tiempo de rupturas. Sociedad y cultura en el siglo</i> <i>XX</i>, el cual re&uacute;ne un conjunto de sus ensayos, rese&ntilde;as y art&iacute;culos aparecidos en diversas publicaciones acad&eacute;micas y period&iacute;sticas. Seleccionados y ordenados por el propio autor, los textos responden al inter&eacute;s por explorar diversos fen&oacute;menos asociados a las relaciones entre econom&iacute;a, sociedad y cultura a lo largo del siglo pasado. El argumento central de esta selecci&oacute;n es que "la l&oacute;gica tanto del desarrollo capitalista como de la civilizaci&oacute;n burguesa en s&iacute; estaba destinada a destruir sus cimientos: una sociedad y unas instituciones gobernadas por una &eacute;lite minoritaria y progresista, tolerada (y quiz&aacute; incluso aprobada) por la mayor&iacute;a". Una sociedad que no pudo resistir el "triple golpe" combinado de la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica del siglo XX, la sociedad de consumo de las masas generada por la explosi&oacute;n en el potencial econ&oacute;mico y "por el decisivo ingreso de las masas en la escena pol&iacute;tica, como clientes y como votantes" (p. 12).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este argumento se despliega en varias direcciones y con distintos matices a lo largo de 22 ensayos breves sobre temas como el futuro de las artes, el declive de los manifiestos, las relaciones entre pol&iacute;tica y cultura, el papel de los intelectuales, las perspectivas de la religi&oacute;n p&uacute;blica, la cuesti&oacute;n jud&iacute;a o el mito del vaquero estadounidense. Discute con otros historiadores e intelectuales acerca de los alcances de las visiones historiogr&aacute;ficas contempor&aacute;neas o sobre la dificultad de examinar las "texturas emocionales del pasado" como el eje de an&aacute;lisis de los periodos de auge, de estancamiento o de crisis de las sociedades (p. 157). Pero tambi&eacute;n se arriesga a especular y debatir respecto de la era de la cibercivilizaci&oacute;n, ese periodo que hoy caracteriza la peculiar modernidad de la econom&iacute;a, la pol&iacute;tica y las sociedades del espect&aacute;culo. La mirada cuidadosa pero clara y apasionada del hombre que naci&oacute; en Alejandr&iacute;a, Egipto, en 1917 y muri&oacute; en Londres en el 2012, nos ofrece un recorrido excepcional sobre las distintas expresiones del declive de la sociedad burguesa y su tr&aacute;nsito a la sociedad de masas, que es tambi&eacute;n una sociedad de clases, desigual y conflictiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#191;Qu&eacute; tipo de cambios han ocurrido al pasar del siglo XX al XXI? Quiz&aacute; la met&aacute;fora del caballo que utiliza Hobsbawm en "&#161;Pop! El estallido del artista y de nuestra cultura" (pp. 247&#45;255) sirva para ilustrar la magnitud de lo ocurrido. El caballo, durante un largo tiempo, fue un s&iacute;mbolo de poder, de riqueza y de distinci&oacute;n social. Desde los principios de la civilizaci&oacute;n y hasta la invenci&oacute;n del autom&oacute;vil, la posesi&oacute;n de un caballo simbolizaba estatus y poder pr&aacute;cticos, es decir, poder econ&oacute;mico y militar con aplicaciones productivas como medio de transporte, arma de guerra y capital econ&oacute;mico. Con la revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica el caballo fue desplazado hacia funciones puramente ornamentales, capricho de ricos y resignaci&oacute;n de los pobres, generalmente campesinos; su uso como arma de guerra, medio de transporte e instrumento de trabajo pr&aacute;cticamente desapareci&oacute; entre la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobsbawm apunta que a las artes &#150;en especial las visuales&#150; les ocurri&oacute; m&aacute;s o menos lo mismo. La llegada de la fotograf&iacute;a cambi&oacute; la representaci&oacute;n pict&oacute;rica de la realidad con im&aacute;genes realistas "puras", sin paralelo en la historia. Poco a poco, la pintura y la escultura cedieron el paso a la fotograf&iacute;a, y la mercadotecnia y las nuevas tecnolog&iacute;as cambiaron el estatus y la posici&oacute;n de las artes visuales por todos lados, dejando a las viejas formas art&iacute;sticas como polvos de los viejos lodos de la est&eacute;tica burguesa. El consumo elitista privado cedi&oacute; el paso al consumo masivo de im&aacute;genes y el resultado fue que las viejas formas de representaci&oacute;n art&iacute;stica han quedado confinadas en museos y colecciones privadas, mientras que las nuevas formas visuales han alcanzado un p&uacute;blico que jam&aacute;s pudo ni quiso conquistar la est&eacute;tica burguesa. Como la derrota de la era del caballo, las artes tambi&eacute;n se rindieron a la fuerza de la tecnolog&iacute;a, la mercantilizaci&oacute;n y la masificaci&oacute;n del consumo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura del libro de Hobsbawm resulta fascinante y conmovedora; la mirada l&uacute;cida de este historiador can&oacute;nico tambi&eacute;n era profundamente pol&eacute;mica y, en ocasiones, &aacute;cida. Su s&oacute;lida defensa del financiamiento p&uacute;blico sobre las artes cl&aacute;sicas &#150;que incluye la preservaci&oacute;n de museos, festivales, edificios, obras y creadores&#150; y su apuesta vigorosa por el reconocimiento de las culturas subalternas como expresiones leg&iacute;timas y valiosas de amplios grupos sociales, forman parte de un reclamo intelectual y pol&iacute;tico sostenido frente a los discursos de endiosamiento del mercado y la difusa nostalgia de un canon burgu&eacute;s que parece haberse extraviado para siempre, y con ello la gu&iacute;a y los mapas que dieron cierto sentido a la aspiraci&oacute;n de construir un mundo cultural hecho a imagen y semejanza de sus &eacute;lites dirigentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de todo, este profesor em&eacute;rito de Historia Social y Econ&oacute;mica del colegio Birkbeck de la Universidad de Londres no s&oacute;lo era un historiador erudito e ilustrado, sino tambi&eacute;n un apasionado del jazz (g&eacute;nero que fue objeto de an&aacute;lisis en varios de sus escritos y que aparece intermitentemente a lo largo de los ensayos reunidos en este libro), una combinaci&oacute;n que probablemente explica la disciplina del cient&iacute;fico y la fuerza intelectual de un pensador libre. Ya hab&iacute;a escrito en 1986, con la fuerza demoledora de sus palabras, aquello de que "en alg&uacute;n momento del decenio de 1950, la m&uacute;sica estadounidense cometi&oacute; parricidio. El rock asesin&oacute; al jazz".<sup><a href="#nota">1</a></sup> Pero como &eacute;l mismo apunta en <i>Un tiempo de rupturas...</i>, su obra se construy&oacute; entre el ruido y las voces que dominaron la m&uacute;sica de las emociones a lo largo de su vida, casi un siglo caracterizado por un mundo "saturado de m&uacute;sica", en donde "la sociedad de consumo considera el silencio como algo delictivo" (p. 27). Ah&iacute;, entre las sombras y los silencios que acompa&ntilde;aron su vitalidad pol&iacute;tica e intelectual, Hobsbawm, el viejo, formul&oacute; preguntas clave surgidas de su propia experiencia acad&eacute;mica, profesional y personal para tratar de construir respuestas de cara a un futuro no s&oacute;lo irreconocible sino, tal vez, inh&oacute;spito. Un futuro que no podr&iacute;a ser la reinvenci&oacute;n de un pasado imposible ni de un presente extraviado, sino una complicada obra colectiva de imaginaci&oacute;n sociol&oacute;gica, de ruptura, de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica y de determinaci&oacute;n intelectual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota" id="nota"></a>Nota</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1 Eric Hobsbawm. "Count Basie". <i>Gente poco corriente. Resistencia, rebeli&oacute;n y jazz</i>. Barcelona: Cr&iacute;tica, 1999, p. 220.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4400984&pid=S2007-4964201500020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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