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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El pensamiento del tiempo tr&aacute;gico</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Samuel Rosales M&aacute;rquez&#42;</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Sergio Espinosa Proa, <i>Tragedia y paradoja del ser mortal</i>, Zacatecas, Universidad Aut&oacute;noma de Zacatecas, 2008.</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#42;Universidad de Guanajuato</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/valencia/v7n13/a13i1.jpg"></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#191;Qu&eacute; se esconde tras la premisa que desde tiempos socr&aacute;ticos escuda los reveses de la raz&oacute;n, tras esa sentencia que dicta que "filosofar es aprender a morir"? La prosa desenfadada y profunda de Sergio Espinosa Proa en <i>Tragedia y paradoja del ser mortal</i> trajina un tema medular del pensamiento filos&oacute;fico: la muerte, para dilucidar que frente a su car&aacute;cter irresoluble de lo que se trata en el fondo es de un determinado posicionamiento respecto al tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia del pensamiento occidental pulula alrededor de la paradoja que significa pensar (desde) la finitud, aut&eacute;ntica tragedia del ser mortal. Ah&iacute; es donde la filosof&iacute;a bifurca su camino, por un lado al intentar salvar la muerte, por lo que usa la encrucijada del tiempo como un trampol&iacute;n a la inmortalidad, y, por otro, con un pensamiento tr&aacute;gico que acepta incondicionalmente la finitud y se sumerge en el plano del instante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin m&aacute;s, toda sentencia corresponde a algo, se dicta contra algo. Si filosofar es aprender a morir, hay inevitablemente un algo que muere a pesar del pensamiento, a saber: un cuerpo. Sin embargo, precisamente "no hay lugar para un cuerpo del lado de la muerte", esa es la tr&aacute;gica imposibilidad de guardar relaci&oacute;n alguna con la muerte, pues ella es el l&iacute;mite de lo que un cuerpo puede, merced lo cual la consciencia de la finitud adviene como una herida abierta por la que sangra y corre el cuerpo al tiempo que (se) desgasta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es la concepci&oacute;n m&iacute;tica del padre Cronos que engendra y engulle su creaci&oacute;n. El instante, que en el tiempo que acaece ha dejado de ser, porque "el tiempo no <i>es,</i> el tiempo <i>se da.</i> Al darse, <i>da lugar</i> al ser. Pero ese dar lugar es tambi&eacute;n un dejar, un cesar de dar lugar al ser &#91;...&#93; El tiempo es el paso repentino de la nada al ser. Y es justamente ese movimiento, esta transici&oacute;n, este <i>corte,</i> aquello de lo cual cada hombre, cada mortal, cobra conciencia".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante la tragedia y paradoja del instante, el ser mortal zanja un insalvable abismo entre la postura del pensamiento salvacionista y la del pensamiento tr&aacute;gico de la vida. Dependiendo del bando que se tome ser&aacute; el resultado de aceptaci&oacute;n incondicional de la finitud, o visi&oacute;n asfixiante de la huida, pues "el miedo a la muerte es el miedo al tiempo". En este segundo plano, el sistema de la fe transgrede la experiencia sacra del instante, para simbolizar la muerte como una ventana a otro mundo, purificado de finitud: el espacio divino, el alma, el orden y el progreso. El m&aacute;s all&aacute;, la plusval&iacute;a: el espacio de lo inmortalizado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hombre, no siendo capaz de soportar la existencia en su crudeza,<a href="#notes"><sup>1</sup></a> con ayuda de los sistemas teleol&oacute;gicos de medici&oacute;n dobla la realidad intentando ponerse a salvo de la finitud del cuerpo. El mayor acto de fe de la humanidad es intentar domar la existencia edificando esferolog&iacute;as: virtualidades, impresiones de sentido por la incapacidad de aceptar la crudeza del instante, lo real.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo divino es el instante trasgredido, el tiempo de la inmortalidad: la nada que por la trasgresi&oacute;n ha cobrado vida propia a fuerza de imaginaci&oacute;n y se apropia del derecho de uso del cuerpo. La carne se hace verbo. "De la palabra ha sido expulsado el cuerpo, pero esa expulsi&oacute;n no es absoluta y el cuerpo queda como embalsamado, como encofrado dentro de la palabra. Cada signo es un sarc&oacute;fago". La palabra devuelve el cuerpo a la nada de la que irrumpe, lo mata en vida: cuenta con su finitud y por ello se da el lujo de adelantar su muerte simb&oacute;licamente, de quedarse con su esencia para actualizar su potencia, en h&aacute;lito. Mec&aacute;nica de la purificaci&oacute;n de las almas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La palabra es la nada de lo dicho, el h&aacute;lito divino, la transgresi&oacute;n del instante. El hombre, animal simb&oacute;lico &#151;dir&iacute;a Ortega y Gasset&#151;, teje la infinita telara&ntilde;a con espectros num&eacute;nicos de la muerte que sofoca la vida, pues no es posible intentar invalidar la finitud sin reprimir la vida, ya que son las dos caras de Jano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias a la palabra, el cuerpo sale de s&iacute; y se hace hombre, pare el Yo y se apropia de un destino impuesto. "Merced al lenguaje los humanos pueden anticiparse a s&iacute; mismos: salir de sus cuerpos. Y tambi&eacute;n <i>imaginarse propietarios</i> de ellos". Se ense&ntilde;orea de lo real gracias a un doblez, truncando lo que de hecho acaece por lo que por derecho le pertenece. La arquitect&oacute;nica de la palabra es el se&ntilde;or&iacute;o de lo universal, pero, &#191;qu&eacute; le pertenece realmente?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Saber la muerte no le hace morir, pero le permite fincarse ilusiones de salvaci&oacute;n, refugios contra la cruda realidad, a costa de sofocar los cuerpos. As&iacute;, el cuerpo se ancla y reprime las pasiones, el esp&iacute;ritu de la pesadez invade y el Yo necesita un <i>pont&iacute;fice</i> (puente) que interceda para salvaguardar el alma. Un modelo de control social, perfeccionado por 25 siglos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sistema de lo universal emerge a borbotones del pensamiento pantanoso, hasta que paulatinamente los sedimentos petrifican las figuras estrechas que el fil&oacute;sofo toma por esculturas sint&eacute;ticas y decide sacralizarlas como imperativos morales. &#161;Cu&aacute;ntos prejuicios han sido enaltecidos como verdades a fuerza de razones! &#161;A esa asfixia del cuerpo le llaman sinceridad del pensamiento! Esta ha sido la regla hist&oacute;rica para tomar en serio el pensamiento. Bajo la lupa del desmembramiento cada parte es un absoluto y la existencia se pierde en un confrontarse seriamente. Hemos anclado la raz&oacute;n instrumental como el quid de lo real y en ella confiamos encontrar verdades angulares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal pareciera que el destino del conocimiento es la valoraci&oacute;n de la existencia, el estatismo, la seriedad intentando fijar l&iacute;mites a lo indeterminado, al instante. Mec&aacute;nica de la fe que es transferida a los sistemas correctivos del psicoan&aacute;lisis y dem&aacute;s artificios normativos del sistema capitalista contempor&aacute;neo, &uacute;tiles del Estado. "De Osiris a Lacan, de las pir&aacute;mides al div&aacute;n, todo relato y todo s&iacute;mbolo se edifica al pie de una sepultura". El sistema operativo de la moral duplica lo real, es su falsificaci&oacute;n y, por decirlo de alg&uacute;n modo, le oculta. No obstante, algo subyace a ese estatismo. De cuando en cuando el peso del ser mortal cae sobre las esculturas y las devuelve al polvo originario. El instante irrumpe y profana los templos de lo inmortal. Entonces, el pensamiento se convierte en aliado de lo abierto, de lo indeterminado, de lo indecible, eternamente retornante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contraparte por antonomasia de la moral (el doblez, el <i>plus ultra)</i> no es la inmoralidad, sino la realidad (lo &uacute;nico, lo insignificante). Al sincerarnos con la crudeza de los cuerpos, nos vienen a pelar los dientes todos los constructos morales. "La muerte es esa imposibilidad que en cada instante abre la vida como un abanico, como una herida tierna, como una flor: como un mundo de posibles". La experiencia mortal es la experiencia de la insignificancia, la aprehensi&oacute;n de que no estamos en el tiempo como seres hist&oacute;ricos, sino que somos tiempo escurri&eacute;ndose(nos), somos cuerpos con todo y su mortal fetidez y el cuerpo "s&oacute;lo pide otro cuerpo para acompa&ntilde;arse, acaso para frotarse", para saciar apetitos y hacer sangrar la herida de la vida, para acompa&ntilde;ar su particularidad, ante los <i>pont&iacute;fices</i> que buscan beatitud e imploran la introyecci&oacute;n de la universalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Merced la metonimia del eterno retorno, las teleolog&iacute;as quedan en <i>off side,</i> pues en el juego del tiempo no hay nada m&aacute;s all&aacute; del instante sangrante, crudo y real, porque "arrojado al tiempo, el cuerpo no quiere perder el tiempo", quiere aceptarlo, vivirlo y gastarlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Estrictamente inesenciales, las cosas cuelgan de la realidad como si el pasar no fuera un brinco a la nada", seg&uacute;n nos cuenta Gabriel M&aacute;rquez de Anda en <i>El peritoneo de las pipas l&iacute;vidas.</i> Aceptar el advenimiento de esa Idiotez de lo Real requiere de un buen ejercicio de embriaguez, una ontolog&iacute;a sustentada en lo ef&iacute;mero de la existencia, en la indeterminaci&oacute;n del advenir, una literatura acerca de c&oacute;mo fincar castillos sobre la efervescencia de un tarro de cerveza: un pensamiento tr&aacute;gico que celebra bacanales con la alegr&iacute;a de vivir y que, al encontrarse con los prestidigitadores de lo real, aseste la estocada al indagarles: &#191;a qu&eacute; se juega cuando la carne sangra desde la idea? Tal vez sea ese el enigma del <i>ser mortal.</i> "No hay nada que aprender de la muerte, como dice Jank&eacute;l&eacute;vitch, pero s&iacute; del <i>ser mortal.</i> Y lo que all&iacute; se aprende es a pensar, a mirar las cosas de otra manera, a vivir con m&aacute;s intensidad y con menos culpas y terrores".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal es el viaje al que nos incitan las letras de <i>Tragedia y paradoja del ser mortal,</i> dando revisi&oacute;n a posturas de autores de la talla de Nietzsche, Hegel, Blanchot, Schopenhauer, Kant, Plat&oacute;n, Lezama Lima, Pessoa, Verlaine y Borges. Un libro con la ventaja de una pluma ligera y la riqueza de un pensador enigm&aacute;tico, que en los siete apartados que componen el libro va sembrando la cuesti&oacute;n del <i>ser mortal</i> en campos tan variados como la filosof&iacute;a, poes&iacute;a, psicolog&iacute;a y pol&iacute;tica, ofreciendo un panorama de revisi&oacute;n hist&oacute;rica certera, pero centrado en el coraz&oacute;n de nuestro tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notes"></a>Nota</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> "<i>Cruor,</i> de donde deriva <i>crudelis</i> (cruel), as&iacute; como <i>crudus</i> (crudo, no digerido, indigesto), designa la carne despellejada y sangrienta: o sea, la cosa misma desprovista de sus atav&iacute;os o aderezos habituales, en este caso, la piel, y reducida de ese modo a su &uacute;nica realidad, tan sangrante como indigesta".</font></p>      ]]></body>
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