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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Martha Elena Mungu&iacute;a Zatarain, <i>La risa en la literatura mexicana: apuntes de po&eacute;tica</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Tania Balderas Chac&oacute;n</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Iberoamericana / Vervuert / Bonilla Artigas, M&eacute;xico, 2012.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><img src="/img/revistas/valencia/v5n10/a12i1.jpg"></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Martha Elena Mungu&iacute;a Zatarain, investigadora del Instituto de Investigaciones Ling&uuml;&iacute;stico&#45;Literarias de la Universidad Veracruzana y autora de <i>La risa en la literatura mexicana: apuntes de po&eacute;tica,</i> "la risa es patrimonio universal de los seres humanos" (43); sin embargo, los estudios literarios, al privilegiar la lectura de lo grave y solemne de la literatura mexicana, no han prestado suficiente atenci&oacute;n a los tonos de la risa y el humor que coexisten con la gravedad, actitud que ha promovido que las obras escritas desde la perspectiva humor&iacute;stica se mantengan al margen de nuestro canon literario. Es por eso, y para ampliar los senderos de estudio acerca de la literatura mexicana, que la investigadora se da a la tarea de recuperar la perspectiva del humor y de la risa en algunos textos. Su selecci&oacute;n abarca desde algunos poemas escritos por Sor Juana hasta la narrativa de Enrique Serna, pasando por grandes referentes del siglo XIX, como Fern&aacute;ndez de Lizardi o Vicente Riva Palacio, y por autores obligados del siglo XX, entre los que destaca Augusto Monterroso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La risa en la literatura mexicana</i> consta de tres cap&iacute;tulos y de un art&iacute;culo final a modo de ep&iacute;logo, pues Mungu&iacute;a Zatarain se resiste a dar conclusiones, aunque sean provisionales, a favor de que su propuesta tenga eco y se trabaje en un futuro con mayor minuciosidad (e incorporando a otros autores que no fueron incluidos en su investigaci&oacute;n o que no fueron lo suficientemente analizados) para dar cuenta de las diversas formas en que puede manifestarse la risa como fen&oacute;meno est&eacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo se inicia un debate con la tradici&oacute;n cultural a trav&eacute;s de un breve y ameno repaso sociocultural acerca de la naturaleza melanc&oacute;lica del mexicano, observada y defendida a lo largo del siglo XX por autores como Julio Guerrero, Samuel Ramos, Emilio Uranga, Octavio Paz y Luis G. Urbina, naturaleza que condenaba a nuestros compatriotas a la imposibilidad de alcanzar la risa alegre, pues cualquier risa constitu&iacute;a para estos estudiosos, un mecanismo de defensa contra su triste realidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mungu&iacute;a pasa a reflexionar sobre la importancia que la oralidad ha tenido en la cultura mexicana como v&iacute;a de comunicaci&oacute;n, creaci&oacute;n y conservaci&oacute;n de im&aacute;genes art&iacute;sticas y, en esa medida, como fuente fundamental en la construcci&oacute;n de distintos tonos de humor que entran en los textos literarios. Analiza c&oacute;mo autores como Bernal D&iacute;az del Castillo o Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Fern&aacute;ndez de Lizardi han incorporado en sus textos algunos giros del habla popular y, con &eacute;stos, una nueva perspectiva frente a su mundo. De esta manera, llegamos a la primera gran categor&iacute;a relacionada con la risa y el humor que se explora en esta investigaci&oacute;n: la s&aacute;tira, forma literaria que permite la incorporaci&oacute;n de las expresiones populares al lenguaje literario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien, tradicionalmente las manifestaciones sat&iacute;ricas se han clasificado como cultas o como populares, la autora de <i>La risa en la literatura mexicana</i> aboga por una perspectiva distinta que considere el tipo de risa que trabajan los textos y el lenguaje que incorporan. As&iacute;, podr&iacute;amos analizar la s&aacute;tira desde tres vertientes distintas: la did&aacute;ctica, que posee en Fern&aacute;ndez de Lizardi a su m&aacute;ximo representante y que se manifiesta tambi&eacute;n en <i>El gallo pitag&oacute;rico,</i> de Juan Bautista Morales, obra que Mungu&iacute;a considera injustamente olvidada e imprescindible para pensar el desarrollo de la s&aacute;tira en M&eacute;xico; la cr&iacute;tica, que a diferencia de la did&aacute;ctica y su af&aacute;n redentor, ya no postula la necesidad de volver a un estadio anterior idealizado y busca que el encuentro con su lector se lleve a cabo en el mismo plano, vertiente que la investigadora identifica como la m&aacute;s productiva para la literatura contempor&aacute;nea e ilustra a trav&eacute;s de la obra de Augusto Monterroso; y la negativa, aquella que &uacute;nicamente busca la denigraci&oacute;n y la burla del objeto satirizado, propuesta de la que surge una risa "destructiva, poco solidaria, que solamente exige la anuencia del receptor para que pueda aflorar y as&iacute; el discurso cumpla el objetivo que se busca" (59), como en la serie de sonetos que Salvador Novo dedic&oacute; a Diego Rivera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras analizar la s&aacute;tira did&aacute;ctica caracter&iacute;stica del siglo XIX, Mungu&iacute;a le dedica unas l&iacute;neas a Manuel Payno y a Vicente Riva Palacio porque son escritores fundamentales de ese siglo que desarrollaron un tipo de risa diferente que rozaba y, al mismo tiempo, se distanciaba de lo sat&iacute;rico: la risa festiva. En <i>El hombre de la situaci&oacute;n</i> la voz autoritaria dominante desaparece y deja lugar a la enunciaci&oacute;n del personaje, recurso que permite resaltar el contraste entre visi&oacute;n del mundo y realidad vivida, ocasionando un jocoso desfasamiento que raya en lo absurdo. En los <i>Cuentos del general</i> se propone el desplazamiento de un narrador apegado a la est&eacute;tica rom&aacute;ntica y sentimental para darle voz a otro de car&aacute;cter malicioso, un narrador que deja caer "gota a gota &aacute;cido burl&oacute;n contra las formas que explot&oacute; hasta el cansancio la tradici&oacute;n rom&aacute;ntica" (69), seg&uacute;n lo apunta Mungu&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo est&aacute; dedicado a uno de los fen&oacute;menos que la autora considera de los m&aacute;s productivos y, a la vez, uno de los menos atendidos por la cr&iacute;tica: el relativo a la elaboraci&oacute;n estil&iacute;stica de la oralidad ligada a la risa. Para ilustrar este punto, hace referencia a los poemas de Guillermo Prieto y a <i>La feria,</i> de Juan Jos&eacute; Arreola, "un caso de excepcional maestr&iacute;a en el trabajo con los lenguajes populares" (76), en palabras de la autora. Respecto de la obra de Arreola, se expone c&oacute;mo el humor sirve para apropiarse del pasado, para contarlo de una manera diferente que desenmascare las mentiras hist&oacute;ricas, as&iacute; como para desarrollar una tonalidad l&uacute;dica que permita la celebraci&oacute;n de la sexualidad. Otra de las obras paradigm&aacute;ticas de nuestra literatura que retoma Mungu&iacute;a en este apartado es <i>Noticias del imperio,</i> de Fernando del Paso, donde m&aacute;s all&aacute; de los mon&oacute;logos de Carlota, la oralidad tiene un papel fundamental en su composici&oacute;n, pues como se&ntilde;ala la autora: "Es una obra situada siempre al filo de lo tr&aacute;gico y lo festivo, esto s&oacute;lo es posible, me parece, por la elecci&oacute;n compositiva que la preside: la recreaci&oacute;n art&iacute;stica de los tonos y visiones encarnados en la oralidad" (82).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si los tonos en que se ha manifestado la risa constituyen un amplio campo de an&aacute;lisis; aquellos que han ido conformando la est&eacute;tica de lo grotesco no se quedan atr&aacute;s. La autora se adentra en una discusi&oacute;n al respecto de la mano de V&iacute;ctor Hugo, Schlegel, Kayser y, especialmente, Bajt&iacute;n, quien entendi&oacute; lo grotesco como "una est&eacute;tica forjada en la visi&oacute;n popular del mundo y de la vida" (87), y muestra c&oacute;mo algunos aspectos de la cultura popular mexicana, los alebrijes o la celebraci&oacute;n del d&iacute;a de muertos, y algunas manifestaciones literarias a cargo de autores como Hugo Arg&uuml;elles, Enrique Serna, Jos&eacute; Revueltas, Nellie Campobello, Sergio Pitol, Rosa Beltr&aacute;n, Luis Gonz&aacute;lez de Alba y Fernando del Paso poseen su buena dosis de grotesco ya sea como mecanismo festivo o como herramienta denigrante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cambio, si de irreverencia y subversi&oacute;n se trata, la parodia constituir&aacute; una de las formas m&aacute;s importantes para la introducci&oacute;n de la risa y ser&aacute; a trav&eacute;s de un di&aacute;logo con Tynianov, Hutcheon y Sklodowska, que Mungu&iacute;a se aproxime a la definici&oacute;n y proponga concebir a la parodia como "parte del gran di&aacute;logo que todo fen&oacute;meno literario implica; di&aacute;logo que en los textos par&oacute;dicos asume una faceta particular de pol&eacute;mica &#91;...&#93; una fuerza b&aacute;sica que promueve el cambio de las formas, estilos y orientaciones ideol&oacute;gicas" (105). Clarificado este punto, propone algunas vertientes par&oacute;dicas que van desde los poemas de contenido pol&iacute;tico, publicados en peri&oacute;dicos del siglo XIX, que se apropiaban de la estructura y el ritmo de obras literarias reconocidas, hasta ejemplos provenientes de la pluma de Rosario Castellanos, Abigael Boh&oacute;rquez, Juan Rulfo, Renato Leduc y Jorge Ibarg&uuml;engoitia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer cap&iacute;tulo, tras considerar lo que Pollock, Bergson, Freud, Ritcher y P&iacute;o Baroja han propuesto acerca del humor, la autora se detiene en el caso de Sor Juana, "caso paradigm&aacute;tico de los escritores humoristas mexicanos" (132), raz&oacute;n por la que el di&aacute;logo con el ensayo de Octavio Paz, <i>Sor Juana In&eacute;s de la Cruz o las trampas de la fe,</i> se vuelve inevitable. Si para la autora de <i>Los empe&ntilde;os de una casa</i> el humor fue el camino para superar toda insidia que la rode&oacute; con pretensiones de amordazarla, para Antonio L&oacute;pez Matoso constituy&oacute; un camino liberador que le permiti&oacute; aligerar su experiencia en el exilio, de ah&iacute; que su diario, intitulado <i>Viaje de Perico Ligero al pa&iacute;s de Los Moros,</i> conforme un memorable texto humor&iacute;stico, pues Mungu&iacute;a se&ntilde;ala que la mezcla de tonos tr&aacute;gicos con el acento de la risa (elementos esenciales del humor) es n&iacute;tida y le da una perspectiva original a un texto que, adem&aacute;s, posee un gran valor hist&oacute;rico, ling&uuml;&iacute;stico y literario.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro diario que tiene su lugar en esta investigaci&oacute;n es el peculiar texto <i>La letra e (fragmentos de un diario),</i> de Monterroso, donde la escritura diar&iacute;stica, m&aacute;s all&aacute; de un mecanismo de liberaci&oacute;n, como podr&iacute;a serlo en el caso de L&oacute;pez Matoso, constituye, seg&uacute;n la autora, "un di&aacute;logo consigo mismo a la vez que, sobre todo, con los otros, con la tradici&oacute;n literaria. Por tal raz&oacute;n, en el diario se cruzan los dos grandes tonos y actitudes emocionales y est&eacute;ticas: el humor y la melancol&iacute;a, fundados en una &eacute;tica de amor y solidaridad con el otro" (143&#45;144).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el objetivo de explorar los modos en los que se puede dar la relaci&oacute;n entre arte y juego, as&iacute; como de las implicaciones de sentido que se crean en este cruce. Mungu&iacute;a propone entender el juego como un espacio m&aacute;gico que permite ver conexiones inusitadas entre las cosas o entre los conceptos. El juego en la literatura produce as&iacute; lo que la investigadora identifica como escritura l&uacute;dica, escritura que "se mira a s&iacute; misma", como en los textos de Salvador Elizondo, pues como se&ntilde;ala Mungu&iacute;a, si bien se alejan de la risa festiva de car&aacute;cter popular, poseen un gui&ntilde;o hacia la risa snob que siempre est&aacute; presente. La escritura tambi&eacute;n es l&uacute;dica cuando, a trav&eacute;s de la iron&iacute;a, destruye mitos, patetismos y sentimentalismos, como lo hace Julio Torri en textos como "Estampa antigua". Un tercer ejemplo de escritor juguet&oacute;n se encuentra en Efr&eacute;n Hern&aacute;ndez, quien, observa la autora, al enfocar sus escritos desde la visi&oacute;n del ni&ntilde;o o la del tonto hace que el alma vuelva a ver aquello que "s&oacute;lo los ni&ntilde;os en su inocencia, o los tontos, en su ajenidad a la convenci&oacute;n" (160) pueden aprehender.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, Mungu&iacute;a dedica el &uacute;ltimo apartado de este cap&iacute;tulo a la incansable labor cron&iacute;stica de Carlos Monsiv&aacute;is, pues "en su escritura est&aacute;n cifrados todos los tonos posibles que la risa puede asumir: desde el humor negro y amargo, hasta el m&aacute;s festivo y regocijante, pasando por la risa sat&iacute;rica, la par&oacute;dica, la grotesca, la ir&oacute;nica" (163), caracter&iacute;stica que lo posiciona como el irreverente por antonomasia de nuestra literatura sin que por ello se le pueda considerar un esc&eacute;ptico que descreyera de todo valor, pues como agrega la autora, "Monsiv&aacute;is ejerci&oacute; un magisterio cultural porque hay una lista de valores &eacute;ticos que guiaron su trabajo cr&iacute;tico y creativo" (166).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto que se presenta a modo de ep&iacute;logo en esta investigaci&oacute;n, "La risa inaudible en <i>Pedro P&aacute;ramo",</i> fue publicado por primera ocasi&oacute;n en un libro colectivo del 2008, intitulado <i>Pedro P&aacute;ramo. Di&aacute;logos en contrapunto (1955&#45;2005),</i> y busca desvelar los mecanismos que dan cuenta de una risa subyacente en toda esta historia que la cr&iacute;tica insiste en apreciar &uacute;nicamente desde su gravedad. Mungu&iacute;a propone que la perspectiva humor&iacute;stica en la obra de Juan Rulfo permite que el mundo de ultratumba no sea configurado como un lugar t&eacute;trico y desesperanzador, que los personajes gocen con los chistes que se cuentan aunque el lector nunca los alcance a escuchar, que la muerte sea una experiencia liberadora o que la separaci&oacute;n del alma y el cuerpo pueda entenderse como un efecto positivo para la corporalidad, como en el caso de Susana San Juan, personaje clave en este an&aacute;lisis, puesto que "puede ser leg&iacute;timo ver la locura como una burla contra el deseo hasta ahora omnipotente de Pedro P&aacute;ramo, precisamente porque la demencia de Susana se manifiesta en un delirio sensual que no reconoce las ansias de posesi&oacute;n del cacique" (177).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para la autora, es gracias a la risa inaudible que rige la construcci&oacute;n de <i>Pedro P&aacute;ramo,</i> que esta novela trasciende el tono sombr&iacute;o que podr&iacute;a imperar a lo largo de sus p&aacute;ginas, va m&aacute;s all&aacute; de lo sat&iacute;rico y lo aleg&oacute;rico, y se ofrece sugerente a nuevas lecturas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es as&iacute; como, a trav&eacute;s de <i>La risa en la literatura mexicana,</i> Martha Elena Mungu&iacute;a Zatarain no pretende regodearse en el ya lugar com&uacute;n de que la risa es un asunto serio sino que busca convencer a su lector de que la risa es una actitud est&eacute;tica y que, como tal, merece ser estudiada.</font></p>      ]]></body>
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