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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">H&aacute;pax Leg&oacute;mena</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El martillo de los &iacute;dolos</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Diego I. Rosales Meana</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p> 	         <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Acerca de un ensayo titulado "De la raz&oacute;n" escrito por Charles P&eacute;guy</b></font></p> 	         <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Investigaci&oacute;n Social Avanzada.</i> <a href="mailto:diego.rosales@cisav.org">diego.rosales@cisav.org</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Ad Yearim,    <br> 	ex paupertate mea</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy es el fil&oacute;sofo y el poeta de la primera hora, piensa desde la infancia, canta a la novedad y reconoce el amanecer permanente del mundo. Fil&oacute;sofo, en su poes&iacute;a se deja ver la teolog&iacute;a entera del siglo XX. Charles P&eacute;guy naci&oacute; en Orl&eacute;ans, Francia, el 7 de enero de 1873. Recibi&oacute; del alma de su abuela su educaci&oacute;n fundamental, y asisti&oacute; a la escuela primaria del recientemente reformado sistema educativo franc&eacute;s. Estudi&oacute; filosof&iacute;a pero nunca termin&oacute; su tesis doctoral. Disc&iacute;pulo de Henri Bergson, apost&oacute; por una vida entregada a las necesidades de los corazones de los hombres y no a las aulas, los libreros y el polvo. A sus 27 a&ntilde;os inaugur&oacute; <i>Les Cahiers de la Quinzaine,</i> una revista que le traer&iacute;a la bancarrota, pero a la que entreg&oacute; su salud y sus mejores a&ntilde;os, cuya misi&oacute;n fue desde el principio proponer la conversaci&oacute;n en Francia sobre el socialismo, la literatura y la filosof&iacute;a avocada a los problemas sociales de su tiempo. Public&oacute; a varios grandes, de la estatura de Romain Rolland, Georges Sorel, Julien Benda, Anatole France o Le&oacute;n Tolstoi, as&iacute; como sus propias obras &eacute;picas de ensayo y poes&iacute;a religiosa. Aunque bautizado, fue un socialista ateo hasta 1910, cuando asumi&oacute; abiertamente su fe cristiana. No obstante, se mantuvo siempre como un hombre indefinible, fue un redomado anticlerical y, hostigado por sus mejores amigos, vivi&oacute; sin sacramentos por negarse a contraer matrimonio religioso con su esposa, que no era creyente. Anticlerical, socialista, republicano, dreyfusard, cristiano sin Iglesia. Poeta y fil&oacute;sofo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De su conversi&oacute;n &eacute;l mismo dice que no fue tal, sino un continuar por el mismo camino, una profundizaci&oacute;n en sus propias intenciones, una hondura, una excavaci&oacute;n, una persistencia en sus ideales socialistas de justicia para todo y para todos. Muri&oacute; en Villeroy el 5 de septiembre de 1914 al atravesarle la frente una bala, cuando apenas comenzaba la primera Batalla del Marne. Ten&iacute;a 41 a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su producci&oacute;n literaria comprende el teatro, la poes&iacute;a en verso libre y la m&eacute;trica estrict&iacute;sima de los alejandrinos y los cuartetos. Pero destac&oacute; sobre todo en el ensayo. La pieza que presentamos a continuaci&oacute;n es la primera traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de "<i>De</i> <i>la raison",</i> un peque&ntilde;o ensayo que prologaba los <i>Estudios socialistas</i> de Auguste Marie Joseph Jean L&eacute;on Jaur&eacute;s, un socialista que buscaba la igualdad entre las clases sociales y que, primero coraz&oacute;n del socialismo, se transformar&iacute;a en pol&iacute;tico de partido y ser&iacute;a, tambi&eacute;n en 1914, asesinado al fin.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy am&oacute; a Jaur&eacute;s porque representaba ese sector del socialismo que no apostaba por el "argumento materialista de la lucha de clases" sino por "la m&iacute;stica socialista", que no quiere tanto situar a unos hombres contra otros como poner a trabajar a unos junto con otros. Si algo quer&iacute;a P&eacute;guy era una sociedad justa, que no fuera acaparada por los excesos de una cierta Modernidad que promov&iacute;a una humanidad desencarnada, pero el motivo central de su admiraci&oacute;n hacia Jaur&eacute;s fue la postura que tom&oacute; en el <i>affaire Dreyfus.</i> Si la humanidad de una persona se define por la postura que toma cuando hay que juzgar una injusticia, un sacrificio, alab&oacute; a Jaur&eacute;s porque, a diferencia del resto de los marxistas, quienes conceb&iacute;an a Dreyfus como un burgu&eacute;s y a quien por lo tanto no era prioritario defenderle, pensaba que la cuesti&oacute;n no era si Dreyfus era un capitalista o un explotado sino un hombre que hab&iacute;a sufrido vejaciones e injusticias; y los socialistas deb&iacute;an oponerse a cualquier injusticia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El socialismo de Jaur&eacute;s, y el de P&eacute;guy, se alejaba de lo ideol&oacute;gico, como lo muestra expl&iacute;citamente el propio ensayo "De la raz&oacute;n". Sus principios no consist&iacute;an en la fidelidad a un sistema, sino a la justicia. Si era un profundo antimoderno, su cr&iacute;tica a la Modernidad se erig&iacute;a desde la Modernidad misma. Como lo se&ntilde;ala Antoine Compagnon: "una serie de temas caracterizan la antimodernidad entendida no como neoclasicismo, academicismo, conservadurismo o tradicionalismo, sino como una forma de resistencia y ambivalencia de los aut&eacute;nticos modernos" (2005: p.23). De este estilo era P&eacute;guy. Si la Modernidad era para &eacute;l uno de los m&aacute;s grandes peligros, este juicio se emit&iacute;a por razones eminentemente modernas: la idea de libertad, de igualdad social y de naci&oacute;n. La historia entera se convert&iacute;a, a partir del abandono del <i>Ancien R&eacute;gime,</i> en la posibilidad de la humanidad de liberarse o de condenarse a s&iacute; misma y por sus propios medios. Lo que comenzaba como un gran misticismo de la libertad, podr&iacute;a terminar en la pol&iacute;tica de la esclavitud en nombre de tal libertad. Pero para P&eacute;guy hay puntos en la historia humana en los que se deja ver una verdad total y en los que los hombres debemos perseverar hasta en su &uacute;ltimo reda&ntilde;o. Si la existencia es, bergsonianamente, un fluir permanente que est&aacute; bajo la historia oficial y controlada y siempre ya demasiado interpretada, tambi&eacute;n hay en ella algunos puntos de absoluta claridad y densidad del devenir, puntos fontales, dir&iacute;a Hans Urs von Balthasar (1961: p.468), a partir de los cuales se ha de vivir una existencia. Uno de esos puntos fue el <i>affaire Dreyfus:</i> la postura que tom&oacute; P&eacute;guy ante tal acontecimiento fue oriente permanente de su existencia, pues &eacute;se era un juicio que no se agotaba en el propio Dreyfus sino que de &eacute;l depend&iacute;a el rumbo que tomara la Modernidad misma: o reinaba la libertad y, por tanto, la raz&oacute;n daba un respiro, o la bota del pensamiento sistem&aacute;tico y los valores oficiales aplastaban la realidad de las personas de carne y huesos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy era socialista porque el socialismo representaba para &eacute;l la liberaci&oacute;n del hombre de toda injusticia y desigualdad. Expresado en los t&eacute;rminos del jard&iacute;n teol&oacute;gico en el que m&aacute;s tarde desembocar&iacute;a su obra: "una religi&oacute;n que se resigna a admitir la perdici&oacute;n eterna de los hermanos y a no llorarlos eternamente es radicalmente ego&iacute;sta en el problema de la salvaci&oacute;n y, por tanto, burguesa y capitalista en su misma entra&ntilde;a" (Balthasar, 1961: p.418). P&eacute;guy era socialista por las mismas razones por las que se le dificultaba aceptar la teolog&iacute;a cat&oacute;lica hacia el a&ntilde;o de 1900 &#45;que es cuando public&oacute; "De la raz&oacute;n"&#45;: la justicia y la esperanza deb&iacute;an ser posibles para todos. Sin excepci&oacute;n. Alguna.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy escribe <i>De Jean Coste</i> (1902), una impresionante reflexi&oacute;n filos&oacute;fica sobre la pobreza y la miseria, cuando se entera de la miserable situaci&oacute;n en la que viv&iacute;a Jean Coste, un humilde profesor de aldea rural:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el miserable no recibe de su miseria la misma impresi&oacute;n parcial que el no miserable que ve la miseria del miserable; el miserable no ve el mundo como el soci&oacute;logo; el miserable est&aacute; en su miseria; la mirada perpetua que tiene sobre su miseria, es una mirada miserable; la miseria no es una parte de su vida, una parte de sus preocupaciones que examina a la vuelta y sin prejuicio del resto; la miseria es toda su vida; es una esclavitud sin excepci&oacute;n; no es solamente el cortejo conocido de privaciones, de enfermedades, de fealdades, de desesperaciones, de ingratitudes y de muertes; es un muerto viviente; es el perpetuo suplicio de Ant&iacute;gona; es la universal penetraci&oacute;n de la muerte en la vida &#91;...&#93; La condenaci&oacute;n tiene una importancia infinita para los cat&oacute;licos. La miseria social tiene una importancia infinita para nosotros &#91;...&#93; Basta que un solo hombre sea abandonado a sabiendas, o, lo que es lo mismo, conscientemente dejado en la miseria para que el pacto social entero sea nulo; mientras haya un solo hombre fuera, la puerta que se cierra en sus narices cierra la puerta de una sociedad de odio y de injusticia (pp.1027, 1031, 1033).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy no pod&iacute;a admitir la injusticia contra absolutamente ninguno de los seres humanos aunque fuera &eacute;ste el m&aacute;s peque&ntilde;o de todos. Avizoraba agudamente el riesgo de una filosof&iacute;a del dinero, de una filosof&iacute;a del progreso, de la m&aacute;quina y la burocracia. Avizoraba de lleno el riesgo de una vida administrada que administrara tambi&eacute;n la pobreza, la moral, la vida, la muerte y la dignidad. A&ntilde;os despu&eacute;s, profeta de la Modernidad, escribir&aacute; en su &eacute;pica <i>Eva</i> (p.987):</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y&nbsp;clasificas al muerto: cuando ya est&aacute; muerto.    <br> 		Y clasificas los tiempos: cuando est&aacute;n cumplidos.    <br> 		Y clasificas los d&iacute;as: cuando son absolutos.    <br> 		Clasificas el barco: cuando est&aacute; ya en el puerto.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si P&eacute;guy no era cristiano en ese momento de su vida era porque no pod&iacute;a pensar como admisible una instituci&oacute;n que administrara lo que se llama "gracia", es decir, que administrara lo gratuito. P&eacute;guy desenmascaraba a los cristianos objet&aacute;ndoles que no pueden redimirse solamente con algunas obras de caridad, y record&aacute;ndoles que no hay redenci&oacute;n alguna si no se asumen los fondos interiores de la temporalidad, de la historia econ&oacute;mica: el mundo terreno hab&iacute;a de ser tambi&eacute;n cambiado para que tuviera alg&uacute;n sentido cualquier proposici&oacute;n sobre un posible "m&aacute;s all&aacute;". A los socialistas, por otra parte, les objeta lo contrario, y les recuerda que la revoluci&oacute;n terrena se hace por amor a la persona y no por amor a la revoluci&oacute;n o al partido o a la idea de igualdad. "La libertad que P&eacute;guy exige como archicondici&oacute;n choca directamente contra los pol&iacute;ticos de partido" (Balthasar, 1961: p.410).Y Jaur&eacute;s, lamentablemente, se convirti&oacute; en un pol&iacute;tico de partido.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si en 1900 P&eacute;guy alababa a Jaur&eacute;s &#45;tal como lo hace en el ensayo que presentamos&#45;, m&aacute;s tarde lo habr&aacute; terminado odiando y despreciando como al m&aacute;s grande de los traidores: Jaur&eacute;s transform&oacute; en pol&iacute;tica lo que era m&iacute;stica. Jaur&eacute;s abandon&oacute; el amor por su tierra en favor de un socialismo internacional, desencarnado, desengarzado de una identidad y de una proporcionalidad de la tierra. Jaur&eacute;s apost&oacute;, al final, por un socialismo que defend&iacute;a ideas y no personas (Giroux, 2014). Y esto era para P&eacute;guy el mism&iacute;simo infierno: la burocracia, la caja de ahorros, los est&aacute;ndares y la credencial de identidad: no por otra raz&oacute;n sino porque esos instrumentos de control solidifican el alma, hacen de la carne viva un madero seco y an&oacute;nimo. La Modernidad del dinero esclerotiza el alma viva del ser humano. En su vertiente racionalista y sistematizadora, la Modernidad mata las fuentes de sentido de la existencia de los hombres: que son la sencillez y el rostro singular. Para &eacute;l, era el dinero el eje del mundo moderno y &eacute;l es tan opuesto a la naturaleza como a la gracia, tanto a la libertad como a la tradici&oacute;n, tanto al saber como a la ignorancia, es la condena misma de la humanidad, pues para P&eacute;guy lo humano se da en la familia y en el pueblo, en la madera y en la roca, no en el motor, el cemento y los sistemas. Desde ese punto de vista P&eacute;guy es un antimoderno al modo de Baudelaire. Para el poeta maldito y para P&eacute;guy, la del progreso es una idea nauseabunda: "la creencia en el progreso es una doctrina de perezosos, una doctrina de belgas, es aquel individuo que cuenta con su vecino para hacer su trabajo" (Baudelaire, 1851: n.XVI; Del Prado, 2008: p.44). La idea de progreso es detestable porque es, para P&eacute;guy, sencillamente falsa. El mito moderno del progreso se alimenta de la idea de que lo mejor de la humanidad est&aacute; por venir, que el mejoramiento traer&aacute;, en el futuro, el bienestar y la alegr&iacute;a total, la igualdad y la justicia. Como si la humanidad fuera m&aacute;s humana en su edad adulta. Pero eso es para P&eacute;guy una reduplicaci&oacute;n innecesaria de los conceptos. No hace falta el futuro para afirmar la verdad sobre el hombre: &eacute;ste se realiza y tiene su verdad en la aurora y el nacimiento, en la infancia, no en el ocaso. "Lo temporal, abandonado a s&iacute; mismo, desemboca necesariamente en el automatismo y en la muerte. Las primicias de un mundo mejor no son el porvenir en cuanto tal, sino el tiempo libre y &aacute;gil de la juventud &#91;...&#93; el privilegio de la juventud consiste en que el tiempo no ha pasado a&uacute;n por ella" (Moeller, 1965: p.584). El tiempo hace envejecer y crea costumbre, y la costumbre engorda. El progreso es, para P&eacute;guy, "un sistema adiposo" incapaz de ver el mundo como un constante milagro, es una idea de burgueses adultos, de corbata y de cintura ancha. La acumulaci&oacute;n de tiempo no es lo que crea historia y cultura, sino la gracia de ver en el transcurrir del tiempo lo intemporal mismo. Como los ni&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para P&eacute;guy hay una verdad constatable: toda posesi&oacute;n humana es siempre el pron&oacute;sitco de su misma p&eacute;rdida. Por eso hay que mantener siempre los pies en la tierra, lo que no solamente quiere decir ser realistas, sino amar la tierra propia. Por eso, contra el internacionalismo de Jaur&eacute;s y los otros socialistas P&eacute;guy reclamaba "nuestra patria", la patria de cada qui&eacute;n, pero la patria al fin y al cabo, pues es de ese c&eacute;sped o terregal de donde uno al fin se nutre y lo que posibilita la germinaci&oacute;n y el enraizamiento de cualquier idea que busque el cielo. Jaur&eacute;s transform&oacute; la m&iacute;stica dreyfusiana y republicana en pol&iacute;tica burguesa, demagogia y voluntad de poder. Se convirti&oacute; en un progresista (Compagnon, 2008: p.11).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy era un nacionalista. Aunque es verdad que por momentos se acerca a un cierto chauvinismo moderado, ciertamente est&aacute; lejos de todo fascismo nacional. Francia representaba para &eacute;l los valores de la vida rural, campesina, la sencillez medieval de las parroquias de pueblo <i>&aacute; la</i> Bernanos o al estilo de Ignacio M. Altamirano. Esa vida es la que permite crear familia, promueve el trabajo manual en el vergel de la Lorena, la Breta&ntilde;a y las regiones del R&oacute;dano: alaba a Francia por lo que ella anuncia m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; misma. Podr&iacute;a decirse que P&eacute;guy profesaba un "naturalismo" que ten&iacute;a en el campo y en la vida humilde su mejor expresi&oacute;n. El modelo de la existencia al que todo uso de la raz&oacute;n ha de ajustarse se asienta para P&eacute;guy en lo rural y en el ambiente familiar que lo rural puede hacer crecer. Nunca en los partidos, nunca en el mito del progreso. La verdadera pol&iacute;tica y la verdadera filosof&iacute;a son las que tienen su asiento en la comunidad primera del hogar. Por eso el verdadero h&eacute;roe moderno no es para P&eacute;guy el pol&iacute;tico, ni el caudillo, ni el monje ni el santo, sino el padre y la madre de familia. Al d&iacute;a de hoy, P&eacute;guy estar&iacute;a mucho m&aacute;s cerca de una especie de anarquismo apartidista que de cualquier izquierda o derecha institucionalizada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque P&eacute;guy termin&oacute; detestando a Jaur&eacute;s por su tibieza como socialista, lo que le alaba en el texto que presentamos lo alabar&aacute; por siempre, y no precisamente por haberlo encarnado Jaur&eacute;s en un momento determinado sino porque esa idea de raz&oacute;n, esa racionalidad abierta al acontecimiento y a la precariedad del mundo, esa racionalidad que es tambi&eacute;n martillo de todos los &iacute;dolos y busca siempre el manantial m&iacute;stico de la infancia del ser humano es la &uacute;nica capaz de reanudar los caminos desandados y de dejarse interpelar por la realidad. S&oacute;lo una raz&oacute;n liberada de sus &iacute;dolos puede encontrar el mundo como lo encuentra un ni&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy nos presenta en su ensayo una raz&oacute;n libre de pagar cualquier tributo. O al menos una racionalidad nutrida de la tensi&oacute;n que se dirige hacia tal liberaci&oacute;n. Cada opci&oacute;n por un &iacute;dolo ahoga la realidad y termina luego ahogando a la raz&oacute;n. Pero la raz&oacute;n de P&eacute;guy est&aacute; fundada en la experiencia de la "exactitud", es una raz&oacute;n exacta, una raz&oacute;n axial, pero no por ello matem&aacute;tica o geom&eacute;trica, en el sentido descarnado de la palabra, sino exacta porque logra conseguir la combinaci&oacute;n exacta &#45;para decirlo con Pascal&#45;, entre un esp&iacute;ritu de geometr&iacute;a y uno de fineza, entre lo carnal y lo espiritual, lo eterno y lo temporal, el cielo y la historia. Al ser una raz&oacute;n exacta, hace pender de ella todo uso y toda derivaci&oacute;n, toda analog&iacute;a, autoridad y ley.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de raz&oacute;n de P&eacute;guy tiene de Bergson que todo elemento r&iacute;gido, consumado o abstracto es una forma declinada de lo verdaderamente vivo y originario: lo existente no est&aacute; fijado de ning&uacute;n modo, siempre es evoluci&oacute;n creadora. Como el <i>semper magis</i> ignaciano, la <i>raison</i> de P&eacute;guy es una raz&oacute;n que siempre busca algo m&aacute;s porque su destino final no es una filosof&iacute;a sistem&aacute;tica sino un esp&iacute;ritu encarnado, una carne espiritual. "Encarnamiento", dir&aacute; en un curioso neologismo. Pero esto significa tambi&eacute;n que la raz&oacute;n de P&eacute;guy es una raz&oacute;n exiliada: su hogar, su habitaci&oacute;n, no es nunca una idea ni un concepto ni un sistema ni la afirmaci&oacute;n de un partido, una iglesia o grupo social alguno. La raz&oacute;n, que habita plenamente solamente en la verdad, se cuida de no tomar por verdad lo que es solamente una imagen o una participaci&oacute;n de ella. La raz&oacute;n de P&eacute;guy, con la que construye socialismo y pol&iacute;tica, con la que defiende a Dreyfus y ataca a Maurras ("los cristianos de derecha son intratables", habr&aacute; de decir alguna vez), con la que afirma en la pobreza la verdad definitiva del ser humano es una raz&oacute;n, en &uacute;ltima instancia, teol&oacute;gica, es decir, carnal: "antes del comienzo ser&aacute; el Verbo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero aunque el fondo sea, en &uacute;ltima instancia, teol&oacute;gico, la base sobre la que se monta cualquier aventura de la raz&oacute;n es una constataci&oacute;n filos&oacute;fica en la m&aacute;s pura l&iacute;nea de S&oacute;crates. El hombre es un ser intermedio, que no lo sabe todo, que ignora m&aacute;s de lo que conoce, que no puede hacer m&aacute;s que amar por saberse precario. Como vieron Agust&iacute;n, Pascal y Kierkegaard, la existencia humana es paradoja, misterio, apuesta, y no tanto sistema, prueba o geometr&iacute;a. La raz&oacute;n que P&eacute;guy nos presenta no comienza su discurso desde s&iacute; misma: la raz&oacute;n responde a una llamada, el ejercicio de la raz&oacute;n es siempre respuesta y quiere perder el aliento por la nueva hora, por el alba permanente del mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta medida, la raz&oacute;n de P&eacute;guy es una raz&oacute;n del acontecimiento (<i>&eacute;v&eacute;nement</i>). Piensa la historia como el campo de batalla de los hechos, las interpretaciones y las huellas, pero sobre todo como el lugar en el que el hombre puede conocer de vez en vez lo eterno. P&eacute;guy piensa el acontecimiento como el hecho que sale de lo intramundano o que apunta hacia lo intramundano y muestra as&iacute; de alg&uacute;n modo lo intemporal, un horizonte m&aacute;s all&aacute; del mundo aunque no se tenga de ello experiencia al modo de lo emp&iacute;rico. Y esto no sucede nunca en la &eacute;poca adulta, como quiere el mito del progreso, sino en el nacimiento y en la aurora. Anticipa as&iacute; a Claude Romano y a Jean&#45;Louis Chr&eacute;tien. El primero, que pronuncia una palabra sobre el nacimiento, afirma: "el hecho de que la aventura sea algo cuya posibilidad reposa en &uacute;ltima instancia en el acontecimiento del nacimiento significa para el viniente que &eacute;l mismo no es el origen de su propia aventura y de los posibles que articula. Anterior a &eacute;l es el acontecimiento impersonal de nacer, por el cual se le entrega la posibilidad de advenirse a s&iacute; mismo, justamente como (<i>ad</i>)<i> viniente</i>." (Romano, 1998: pp. 108&#45;109). Para Romano el acontecimiento de nacer es la condici&oacute;n de posibilidad de toda aventura, y su sentido impersonal no significa que uno no nace siendo nadie, sino que habr&aacute; que apropiarse, m&aacute;s tarde, de esa existencia &#45;pura pregunta&#45; que le ha sido dada. Y ah&iacute; est&aacute; el trabajo filos&oacute;fico: es en el nacimiento, en esa primera infancia, en donde el mundo puede experimentarse tambi&eacute;n &eacute;l como un acontecimiento o, mejor dicho, es la existencia de un nuevo ser humano lo que con propiedad puede decirse que "acontece", pues todo nacimiento trastoca el orden del mundo ya establecido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Chr&eacute;tien, por otra parte, la historia est&aacute; posibilitada no solamente por la memoria sino tambi&eacute;n por el olvido. El proceso de lo hist&oacute;rico constituye identidad no porque recoja en s&iacute; todo lo ocurrido, sino por saber reconocer qu&eacute; de ello es acontecimiento y qu&eacute; no lo es; distinguir cu&aacute;ndo se avizora, en el polvo de lo terreno, la eternidad y cu&aacute;ndo el hecho es mera corrupci&oacute;n. As&iacute; Chr&eacute;tien: "&iquest;hay todav&iacute;a lo memorable si no llamamos nada al olvido? Respetar es, para empezar, mirar alguna cosa o a alguien en su propio ser, pero esto puede ser tambi&eacute;n girar los ojos. El pudor respeta. En este sentido, podemos y debemos confiar al olvido lo que lo necesita como forma de respeto. La p&eacute;rdida del discernimiento entre lo memorable y lo olvidable revela la barbarie, porque mantenerlo todo es, en este sentido, una manera de destruir, es el caos de la indiferencia, negando as&iacute; todo sentido" (Chr&eacute;tien, 1991: p. 90). La historia, que no el progreso, es as&iacute; el lugar del <i>kair&oacute;s</i> donde ocurre lo inolvidable y lo inesperado, y por eso la raz&oacute;n ha de ser flexible y evitar siempre erigirse en sistema, mantenerse joven en la primera mirada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de concebir a la juventud como la promesa que hace la historia, la concepci&oacute;n de P&eacute;guy de ella permite dar su lugar a acontecimientos como el perd&oacute;n. Para que tenga lugar el florecimiento de lo humano ha de tener lugar la reconciliaci&oacute;n y ella solamente ocurre cuando podemos a&uacute;n distinguir entre lo inolvidable y lo inesperado, entre lo que debe ser recordado, fijado, establecido tal cual, y lo que ha de atender m&aacute;s bien al advenimiento de un nuevo sentido redimido. Para P&eacute;guy, "toda realizaci&oacute;n con miras a una posible sistematizaci&oacute;n es ya una desviaci&oacute;n a lo irreal, mientras toda filosof&iacute;a verdadera (realista) es un constante esfuerzo por permanecer cabe la realidad y se hace a s&iacute; misma superflua en cuanto concepto y expresi&oacute;n" (Balthasar, 1961: p.469). La filosof&iacute;a es para P&eacute;guy mantenerse cerca de las energ&iacute;as primordiales, es mantenerse en la alfaguara y el venero del sentido, es la tensi&oacute;n que &#45;habiendo abandonado la infancia&#45; busca la inocencia del alba de la primera hora.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como le sucedi&oacute; a Jaur&eacute;s, las relaciones de poder devoran el esp&iacute;ritu que dio origen al movimiento humano. La filosof&iacute;a es volver, siempre, al manantial del que brota la vida, la filosof&iacute;a es la renuncia al poder y a la lucha de clases, o de hermanos. Por eso, aunque "De la raz&oacute;n" tenga por momentos el tono de un panfleto, es m&aacute;s bien un texto filos&oacute;ficamente program&aacute;tico: busca el origen del que ha de brotar todo uso de la raz&oacute;n como dimensi&oacute;n antropol&oacute;gica, abertura humana que permite al ser humano ser herido por la realidad. Y digo "ser herido" por cuanto Agust&iacute;n de Hipona entend&iacute;a as&iacute; la idea de raz&oacute;n (<i>verbum, l&oacute;gos</i>): "todo lo que significa algo y brota por la articulaci&oacute;n de la voz, hiere el o&iacute;do, para poder despertar la sensaci&oacute;n y se transmite a la memoria para poder dar origen al conocimiento &#91;...&#93; una de estas dos cosas ha sido llamada <i>verbum,</i> y la otra <i>nomen,</i> porque el t&eacute;rmino <i>verbum</i> se deriva de <i>verberare</i> (herir), y el t&eacute;rmino <i>nomen</i> se deriva de <i>noscere</i> (conocer)" (Agust&iacute;n de Hipona, <i>De magistro:</i> V, 12).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vulnerabilidad, pobreza, humildad; sencillez campesina. La filosof&iacute;a es, pues, para P&eacute;guy, piedad, pues consiste en el reconocimiento de la pobreza esencial del hombre y del mundo, de la vida como un milagro. Ella, la piedad, ha de ser la nota primordial de la racionalidad y de la filosof&iacute;a. Su pregunta es en este sentido la misma que la que Franz Rosenzweig se hac&iacute;a veinte a&ntilde;os despu&eacute;s: "casi no queremos creer que hubo un tiempo, y nada lejano, en el que el milagro no era un engorro para la teolog&iacute;a, sino, por el contrario, su aliado m&aacute;s contundente y de mayor confianza. &iquest;Qu&eacute; ha pasado entretanto? &iquest;Y c&oacute;mo ha pasado eso que ha sucedido?" (Rosenzweig, 1921: p.135). Esta pregunta es llevada por P&eacute;guy a registro filos&oacute;fico y po&eacute;tico. Filosofar consiste en el esfuerzo por reconocer el mundo como una contingencia permanente, como una precariedad que, si se toma en serio, transforma todo acto de conocimiento y toda noticia de la existencia en un milagro al que s&oacute;lo la mirada asombrada de la infancia hace justicia. Si la filosof&iacute;a antes se dejaba interpelar por el acontecimiento y ten&iacute;a como fundamento la maravilla y la sorpresa, la Modernidad sistematizada, administrada, interpretadora, no hace sino integrar tal acontecimiento en el anonimato de los libros de cuentas, las urnas y el derecho exacerbado (P&eacute;guy, 1902b).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy sigue aqu&iacute; a Pascal, otro de los grandes cl&aacute;sicos de la Francia que, moderna, puede presentarse tambi&eacute;n como lo contrario: "lo que me asombra m&aacute;s es ver que nadie en el mundo est&aacute; asombrado de su debilidad. Se act&uacute;a seriamente y cada qui&eacute;n seg&uacute;n su situaci&oacute;n, pero no porque sea bueno en efecto sino porque es la moda, cada qui&eacute;n act&uacute;a como si supiera certeramente en d&oacute;nde est&aacute;n la raz&oacute;n y la justicia" <i>(Pens&eacute;es,</i> L.G. 31, Br. 374, Laf. 33/34). La pobreza, la debilidad, la fragilidad, son la gran belleza de la condici&oacute;n humana, su m&aacute;s grande verdad y aquello de donde hay que partir y ah&iacute; a donde hay que ir a parar. No la miseria, pero s&iacute; la pobreza. De ah&iacute; la importancia tan grave de un texto como <i>De Jean Coste,</i> que introduce una diferencia sutil e important&iacute;sima entre ambas. Si la miseria, como ya lo hemos visto, es absolutamente intolerable siempre y en todo nivel, la pobreza se constituye virtud. Y la diferencia radical est&aacute; en que la primera vive abandonada a la tragedia del destino miserable y la otra tiene, en cambio, un horizonte de esperanza, econ&oacute;mica, pol&iacute;tica, social. La miseria es el abandono de los hombres, la pobreza es libre elecci&oacute;n. Compara P&eacute;guy a la miseria con el infierno y a la pobreza con el purgatorio: en ambos casos las penas son las mismas. Pero en el segundo caso hay un horizonte de salvaci&oacute;n. En el primero s&oacute;lo hay perdici&oacute;n completa (P&eacute;guy, 1902: p.1018).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque P&eacute;guy es un inclasificable, un "raro" en el sentido de Rub&eacute;n Dar&iacute;o (1905), podemos al menos decir que fue un socialista y un cristiano sin Iglesia, que penetr&oacute; en los hondos manantiales de lo humano, que abraz&oacute; entera esa humanidad que encontr&oacute;, y que provoc&oacute; en ese abrazo una propuesta filos&oacute;fica, po&eacute;tica y &#45;hacia el final de su vida&#45; teol&oacute;gica con miras solamente para la esperanza: quiso ser un h&eacute;roe y amaba el hero&iacute;smo, pero su hero&iacute;smo fue el de retraer la existencia al &aacute;mbito convivencial y proporcional de la casa, del encuentro encarnado y las virtudes heroiqu&iacute;simas del campesino que, arando, hace la verdadera pol&iacute;tica y vive filos&oacute;ficamente. Por eso en 1906, L&eacute;on Bloy &#45;de poqu&iacute;simos amigos e implacable inquisidor de toda la intelectualidad francesa&#45; no dud&oacute; en escribirle: "uno de sus amigos me ha hecho leer su estudio sobre <i>Jean Coste</i> y me ver&iacute;a obligado a sentir v&oacute;mitos de m&iacute; mismo, si no lo felicitara. En nuestra &eacute;poca de automovilismo y de cretinismo a ultranza, es sorprendente encontrar, en un rinc&oacute;n de un folleto un demostrador tan met&oacute;dico, un dial&eacute;ctico de precisi&oacute;n tan impecable y, al mismo tiempo, &iexcl;oh prodigio, un alma tan joven, un talento tan pat&eacute;tico!" (Bloy, 2007: p. 303).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Agust&iacute;n de Hipona. <i>De magistro</i> en <i>Obras completas III.</i> Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. Traducci&oacute;n de Manuel Mart&iacute;nez O. S. A. Revisado y corregido por Santos Santamarta del R&iacute;o O. S. A. Introducci&oacute;n y notas de Victorino Cap&aacute;.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Balthasar, Hans Urs von. 1961. "P&eacute;guy", en <i>Gloria. Una est&eacute;tica teol&oacute;gica, 3. Estilos laicales.</i> Madrid: Editorial Encuentro, 2000. Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Luis Albizu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732450&pid=S2007-2406201400020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Baudelaire, Charles. 1851. <i>Mi coraz&oacute;n al desnudo</i> en <i>Diarios &iacute;ntimos.</i> Buenos Aires: Editorial Bajel. Traducci&oacute;n de Rafael Alberti.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732452&pid=S2007-2406201400020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bloy, L&eacute;on. 2007. <i>Diarios (1892&#45;1917).</i> Barcelona: Acantilado. Traducci&oacute;n de Crist&oacute;bal Serra con la colaboraci&oacute;n de Fernando G. Corugedo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732454&pid=S2007-2406201400020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chretien, Jean&#45;Louis. 1991. <i>L'inoubliable et l'inesp&eacute;r&eacute;.</i> Paris: Descl&eacute;e de Brower (Nouvelle &eacute;dition augment&eacute;e, 2014).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732456&pid=S2007-2406201400020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Compagnon, Antoine. 2005. <i>Los antimodernos.</i> Barcelona: Acantilado, 2007. Traducci&oacute;n de Manuel Arranz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732458&pid=S2007-2406201400020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Compagnon, Antoine. 2008. "Beaux comme des hussards noirs" en Charles P&eacute;guy. <i>L'Argent.</i> Paris: Editions des &Eacute;quateurs.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732460&pid=S2007-2406201400020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dar&iacute;o, Rub&eacute;n. 1905. <i>Los raros.</i> Barcelona/Buenos Aires: Casa editorial Maucci/Maucci hermanos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732462&pid=S2007-2406201400020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del Prado, Javier. 2008. "Introducci&oacute;n. Charles P&eacute;guy: una obra intempestiva" en Charles P&eacute;guy, <i>Los tres misterios. El misterio de la caridad de Juana de Arco. El p&oacute;rtico del misterio de la segunda virtud. El misterio de los santos inocentes,</i> 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732464&pid=S2007-2406201400020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Giroux, Matthieu. 2014. "Charles P&eacute;guy et Jean Jaur&eacute;s: mystique, patriotisme et affaire Dreyfus" en <i>Philitt. Philosophie, litt&eacute;rature et cin&eacute;ma</i> en <a href="http://philitt.fr/2014/01/02/charles-peguy-et-jean-jaures-mystique-patriotisme-et-affaire-dreyfus/" target="_blank">http://philitt.fr/2014/01/02/charles&#45;peguy&#45;et&#45;jean&#45;jaures&#45;mystique&#45;patriotisme&#45;et&#45;affaire&#45;dreyfus/</a> consultado por &uacute;ltima vez el 1 de junio de 2014.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732466&pid=S2007-2406201400020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moeller, Charles. 1965. "Charles P&eacute;guy y la esperanza de la resurrecci&oacute;n" en <i>Literatura del siglo XX y cristianismo IV. La esperanza en Dios nuestro padre.</i> Madrid: Editorial Gredos. Traducci&oacute;n de Valent&iacute;n Garc&iacute;a Yebra, pp. 559&#45;642.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732468&pid=S2007-2406201400020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pascal, Blaise. <i>Pens&eacute;es.</i> Paris: Editions Gallimard. Edition de Michel Le Guern.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy, Charles. 1901. <i>De la raison</i> en <i>&#338;uvres en prose completes I.</i> Paris: Editions Gallimard, Biblioth&eacute;que de La Pl&eacute;iade, 1987, pp.834&#45;853.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732471&pid=S2007-2406201400020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy, Charles. 1902. <i>De Jean Coste</i> en <i>&#338;uvres en prose completes I.</i> Paris: Editions Gallimard, Biblioth&eacute;que de La Pl&eacute;iade, 1987, pp. 1011&#45;1058.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732473&pid=S2007-2406201400020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy, Charles. 1902b. <i>Les Elections</i> en <i>&#338;uvres en prose completes I.</i> Paris: Editions Gallimard, Biblioth&eacute;que de La Pl&eacute;iade, 1987, pp.954&#45;996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732475&pid=S2007-2406201400020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">P&eacute;guy, Charles. 1941. <i>Eve</i> en <i>&#338;uvres po&eacute;tiques completes.</i> Paris: Editions Gallimard, Biblioth&eacute;que de La Pl&eacute;iade, 1975, pp. 933&#45;1174.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732477&pid=S2007-2406201400020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Romano, Claude. 1998. <i>El acontecimiento y el mundo.</i> Salamanca: Ediciones S&iacute;gueme, 2012. Traducci&oacute;n de Fernando Ramp&eacute;rez.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732479&pid=S2007-2406201400020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosenzweig, Franz. 1976. <i>La Estrella de la Redenci&oacute;n.</i> Salamanca: Ediciones S&iacute;gueme, 1997. Edici&oacute;n y traducci&oacute;n de Miguel Garc&iacute;a&#45;Bar&oacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732481&pid=S2007-2406201400020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     ]]></body>
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