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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Hacia d&oacute;nde vamos?</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alberto Constante*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Morales, Ces&aacute;reo, <i>&iquest;Hacia d&oacute;nde vamos?, silencios de la vida amenazada.</i> M&eacute;xico, Siglo XXI, 2010</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, UNAM, M&eacute;xic</i>o, &lt;<a href="mailto:albertoconstante@yahoo.com.mx">albertoconstante@yahoo.com.mx</a>&gt;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 24/09/2010    <br> 	Fecha de aceptaci&oacute;n: 29/09/2010</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un problema filos&oacute;fico se presenta como una perplejidad. La perplejidad es un no saber qu&eacute; camino tomar<sup><a href="#nota">1</a></sup> porque no se ve claro. Hay como una sombra que oscurece el sentido, una suerte de niebla mental,<sup><a href="#nota">2</a></sup> como dec&iacute;a Wittgenstein. Por lo pronto nociones decisivas para las pol&iacute;ticas modernas como las de igualdad, libertad y democracia, estar&iacute;an construidas sobre la base de la exigencia de fraternalizaci&oacute;n del g&eacute;nero humano, orientada por la figura imaginaria del amigo y la exclusi&oacute;n del enemigo, al cual le ser&iacute;an imputables todas las faltas a los ideales fraternales de los amigos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con ello no se ve claro el uso de nuestro lenguaje democr&aacute;tico, y aparece entonces un enigma que nos desazona, y quiz&aacute; sea &eacute;ste, entre otros, el problema del libro: <i>&iquest;hacia d&oacute;nde vamos?,</i> de Ces&aacute;reo Morales. El problema es mayor, se trata de lo pol&iacute;tico. El t&iacute;tulo apenas se descubre en medio del enigma que engendra, de la perplejidad que ocasiona, de una puesta en cuesti&oacute;n del <i>nomos</i> y de suscitar la presencia de Hobbes, como dice Ces&aacute;reo Morales: "todav&iacute;a".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la modestia del t&iacute;tulo de este libro me desazona: <i>&iquest;hacia d&oacute;nde vamos?,</i> como si con esta simple frase se quisiera marcar un territorio ignoto, una pregunta que nos deja a descampado, sin saber qu&eacute; hacer o, al menos, nos deja sabiendo eso que dejamos de hacer ya con el rumbo perdido. La pregunta tambi&eacute;n suscita en nuestro entramado esa vieja noci&oacute;n del <i>thelos.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque sabemos que la pol&iacute;tica en su dimensi&oacute;n conflictual es considerada como algo perteneciente al pasado, y el tipo de democracia que se recomienda es una democracia consensual, completamente despolitizada, estamos ante eso que se ha dado en llamar la "pol&iacute;tica sin adversario".<sup><a href="#nota">3</a></sup> Y el <i>&iquest;hacia d&oacute;nde vamos?,</i> con min&uacute;sculas, parece rechazar esa clase de pol&iacute;tica, se exhibe entonces como una m&aacute;xima de acci&oacute;n, pues la pregunta impele a resolverla, a construir una plataforma desde donde se oriente y d&eacute; cuenta de eso que se queda en la pregunta misma. La pregunta no habla de esa pol&iacute;tica sin adversario, sino de la unidad binaria de los conceptos "amigo&#45;enemigo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ces&aacute;reo Morales lee a Derrida y a Carl Schmitt. Sabe que es a partir de este par de conceptos que se cree haber encontrado las claves para la comprensi&oacute;n de las pol&iacute;ticas occidentales y el n&uacute;cleo originario de todo su andamiaje conceptual. Para Derrida, lo sabemos, nociones decisivas para las pol&iacute;ticas modernas como las de igualdad, libertad y democracia, estar&iacute;an construidas sobre la base de la exigencia de fraternalizaci&oacute;n del g&eacute;nero humano. Derrida encuentra en el lenguaje de la democracia occidental una extra&ntilde;a paradoja que marca la violencia misma de su discurso, aun desde los comienzos de su historia.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Todos ellos expresi&oacute;n de la amistad originaria &#151;de la fraternidad&#151; y, extra&ntilde;amente, de la enemistad m&aacute;s ferozmente absoluta. As&iacute; comienza la historia de la humanidad y la tensi&oacute;n dial&eacute;ctica de las pol&iacute;ticas de Occidente entre lo propio y lo extra&ntilde;o, tradici&oacute;n de la cual derivan los conceptos "amigo&#45;enemigo". Conocemos que Derrida alcanza un espacio en donde la definici&oacute;n del amigo se hace imposible. Y justo es aqu&iacute; donde cree hallar la causa de la indeterminaci&oacute;n de un lenguaje de principios universalmente v&aacute;lidos para hablar de la pol&iacute;tica en Occidente; la indeterminaci&oacute;n del amigo, como noci&oacute;n b&aacute;sica que soporta y da sentido a los valores humanos, significar&iacute;a la innecesaria obstinaci&oacute;n de prolongar un discurso sobre la democracia, la igualdad y la libertad &#151;el discurso de la fraternidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando leemos el t&iacute;tulo del primer ensayo del libro <i>&iquest;hacia d&oacute;nde vamos?,</i> la afirmaci&oacute;n que abre todo el texto nos resulta inaudita: "Lo pol&iacute;tico &#151;dice&#151; se abre como un enigma existencial",<sup><a href="#nota">5</a></sup> &iquest;un enigma?, &iquest;un enigma para la existencia? &iquest;Lo pol&iacute;tico? No nos queda ninguna duda del lugar que ocupa la noci&oacute;n dual del amigo&#45;enemigo en la definici&oacute;n de lo pol&iacute;tico. Por esto, la lectura de Ces&aacute;reo nos arrebata en medio de esta uni&oacute;n entre lo pol&iacute;tico y lo ontol&oacute;gico donde se nos revela de pronto paradigm&aacute;tico, porque tal vez la indeterminaci&oacute;n de la categor&iacute;a del "amigo" s&oacute;lo nos impone el criterio de pensar que la pol&iacute;tica s&oacute;lo es posible porque la imposibilidad constitutiva de la sociedad s&oacute;lo puede representarse a s&iacute; misma a trav&eacute;s de la producci&oacute;n de significantes vac&iacute;os.<sup><a href="#nota">6</a></sup> No lo s&eacute;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior me dice entonces que el t&iacute;tulo del libro s&oacute;lo es una representaci&oacute;n de ese problema mayor, acaso el de an&aacute;lisis respecto de la tensi&oacute;n universal&#45;particular. En el texto, de manera lateral, se profundiza en la historia las diferentes formas en que fueron pensadas la articulaci&oacute;n entre estos dos polos. Esta tensi&oacute;n permanente entre particular y universal es la lucha por imposici&oacute;n de un universal, lo que instituye la lucha pol&iacute;tica moderna en t&eacute;rminos de hegemon&iacute;a. Posiblemente, y digo esta palabra como una defensa, porque Morales s&oacute;lo va indicando la problem&aacute;tica que trata, es decir, me parece que el problema de lo pol&iacute;tico Ces&aacute;reo lo plantea como el problema de la instituci&oacute;n de lo social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero vuelvo al t&iacute;tulo del primer ensayo: "Perplejidad". El tono, la cadencia de la sem&aacute;ntica utilizada me lleva a una desaz&oacute;n. Porque esta palabra ya es en s&iacute; misma una provocaci&oacute;n, un desaf&iacute;o, una querella, pareciera que el primer requisito del filosofar es la desconfianza en lo que nos rodea, esta actitud supone situar como punto de partida la perplejidad. &iquest;Y en la pol&iacute;tica? Quiero creer que tambi&eacute;n o, con mayor raz&oacute;n, la perplejidad aparece porque al intentar decir lo que no puede ser dicho, y esto parece una tendencia natural, se llega a los antagonismos. Y lo pol&iacute;tico en su dimensi&oacute;n antag&oacute;nica est&aacute; muy vivo. Los antagonismos pol&iacute;ticos a&uacute;n est&aacute;n con nosotros; &iquest;hacia d&oacute;nde vamos? No por suerte al "fin de la pol&iacute;tica", como muchos pretenden al envolver a la pol&iacute;tica en el registro de la moralidad. En el texto hay una perplejidad, no hay esperanza de que las cosas podr&iacute;an ser de otra manera. No hay vanas esperanzas ilusorias basadas en falsas premisas y en mecanismos inaceptables de exclusi&oacute;n, quiz&aacute; pr&oacute;logos a la p&eacute;rdida de la dimensi&oacute;n de lo pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabr&iacute;a a&ntilde;adir que la funci&oacute;n de lo pol&iacute;tico, como se&ntilde;ala Ces&aacute;reo Morales al hablar de Carl Schmitt, descansa en esa posici&oacute;n de una decisi&oacute;n originar&iacute;a constituyente, la de agrupar al pueblo en torno a un determinado contenido fundamental, y defenderlo frente a los que no comparten esa identidad, ya procedan del interior o del exterior. Es radicalmente una postura no democr&aacute;tica en los t&eacute;rminos que hoy conocemos. Pero como base conceptual sobre lo pol&iacute;tico muy esclarecedor en su aporte para la compresi&oacute;n de dicho concepto. En consecuencia, define lo pol&iacute;tico como contraposici&oacute;n de las categor&iacute;as de amigo&#45;enemigo, y comprende que &eacute;stas ejercen, respecto de la pol&iacute;tica, el mismo papel constitutivo que en la moral las categor&iacute;as de los buenos y lo malo. En s&iacute;, lo pol&iacute;tico se define para &eacute;l, por su intensidad y, en un &uacute;ltimo extremo, por la posibilidad de que en la pol&iacute;tica se llegue al uso de la coacci&oacute;n de la fuerza del Estado para controlar los apetitos de poder de los privados. La decisi&oacute;n pol&iacute;tica del Estado debe ser incondicionada para que su posici&oacute;n sea f&aacute;ctica, en consecuencia autoritaria. Un uso com&uacute;n en todo dictador en la historia pol&iacute;tica. Las comparaciones son diversas. Pero qu&eacute; sucede cuando estos fundamentos est&aacute;n en un punto en el que no podr&iacute;an revertirse, esto es, en un punto en el que no hay un "&iquest;hacia d&oacute;nde?".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto, en la pol&iacute;tica no hay resguardo, "Un desasosiego absoluto le revela que la vida es desabrigo", nos dice.<sup><a href="#nota">7</a></sup> Si el comienzo de la filosof&iacute;a es la perplejidad, su t&eacute;rmino es la claridad. En la pol&iacute;tica, &iquest;cu&aacute;l es el fin buscado? Desde luego que no es la paz, sino el <i>p&oacute;lemos,</i> como lo cita Ces&aacute;reo con Her&aacute;clito, tal vez la profundizaci&oacute;n en el desasosiego, hacerlo absoluto como nos ha dicho. La filosof&iacute;a pretende terminar en la claridad, se acaba en ella. La pol&iacute;tica &iquest;d&oacute;nde? El Anal de la filosof&iacute;a es la desaparici&oacute;n de la desaz&oacute;n filos&oacute;fica. El Anal de la pol&iacute;tica es el incremento de la desaz&oacute;n pol&iacute;tica, &iquest;no son acaso estas palabras el reforzamiento de ese &iquest;hacia d&oacute;nde vamos? del t&iacute;tulo del libro cuando Ces&aacute;reo se pregunta de manera dram&aacute;tica, citando a Meier: "&iquest;qui&eacute;n salva? &iquest;qu&eacute; salva? No ser&aacute; el poder. &iquest;Lo har&aacute; el impotente? 'Ser hombre sigue siendo, sin embargo, una decisi&oacute;n'. Esta ser&aacute; mi &uacute;ltima palabra". En su disyunci&oacute;n esas dos proposiciones acompa&ntilde;an la advertencia sobre el 'fin de la pol&iacute;tica' y responden a la pregunta '&iquest;libres para qu&eacute;?' La situaci&oacute;n, contin&uacute;a Ces&aacute;reo, lo manda, libres por lo imposible, libres por la pasividad del don, libres ante la no&#45;decisi&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo hombres? &iquest;Y qu&eacute; es ser hombre? &iquest;Y qu&eacute; es ser hombre con y contra nosotros?".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dec&iacute;amos que la forma de un problema filos&oacute;fico es la perplejidad: "no s&eacute; que camino seguir". La perplejidad, la confusi&oacute;n y los malentendidos que aparecen en el filosofar no son producto del azar, o de un paso en falso, sino que son consecuencia directa de la actitud filos&oacute;fica. Igual que en la pol&iacute;tica. Esa pregunta que se enuncia dram&aacute;ticamente y que califica todos los ensayos, "&iquest;hacia d&oacute;nde vamos?" nos habla del cierre de caminos, del punto cero que se&ntilde;al&oacute; Maurice Blanchot. Porque en rigor, la perplejidad aparece porque hay algo errado en la pol&iacute;tica y en lo pol&iacute;tico mismo; cuando se pretende explicar ese punto cero de la pol&iacute;tica; cuando todo aquello que singulariza la pol&iacute;tica cree desaparecer, y en su lugar s&oacute;lo se produce la violencia, se pierde la justicia, la ley, la salvaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que intenta Ces&aacute;reo Morales es situarnos ante esa perplejidad de lo que infringe lo pol&iacute;tico, contra todo aquello que pretende el fin de la pol&iacute;tica como podr&iacute;a ser "un mundo organizado por completo sobre bases t&eacute;cnicas".<sup><a href="#nota">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al parecer, para Ces&aacute;reo, hoy no se puede ver lo pol&iacute;tico como referencia al amigo&#45;enemigo, sino m&aacute;s bien la de amigo&#45;adversario, y que donde surgen los llamados a la amistad y a la concordia, a la pacificaci&oacute;n y al consenso, ah&iacute; crecen los otros medios por los que contin&uacute;a la pol&iacute;tica, ante la falta de una esfera p&uacute;blica pol&iacute;tica democr&aacute;tica, en la cual podr&iacute;a tener lugar una confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica, se hace responsable al sistema legal de organizar la coexistencia humana; todo ello bajo el amparo de un discurso moralizador y justiciero monopolizado por un centro que no se halla ahora en ninguna parte, pero que se hace m&aacute;s presente que nunca en un lenguaje absolutamente excluyente del Otro, del enemigo: el discurso de las pol&iacute;ticas de la amistad con Occidente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Ludwin Wittgenstein, <i>Philosophical Investigations,</i> p. 123.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3225834&pid=S1870-879X201300010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> L. Wittgenstein, <i>The Mu&eacute; and Brown Books,</i> p. 17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3225836&pid=S1870-879X201300010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Aqu&iacute; es recomendable la perspectiva de Chantal Mouffe, <i>The Democratic Paradox,</i> cap. 5, Londres, 2000,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3225838&pid=S1870-879X201300010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Tanto en las poderosas y tr&aacute;gicas figuras de la fratr&iacute;a de la tradici&oacute;n hel&eacute;nica, como en la hebrea, por ejemplo, Atreo y Tiestes, Abel y Ca&iacute;n.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Ces&aacute;reo Morales, <i>&iquest;hacia d&oacute;nde vamos?</i> M&eacute;xico, Siglo XXI, 2010, p. 11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3225841&pid=S1870-879X201300010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Ernesto Laclau, <i>Emancipaci&oacute;n y diferencia.</i> Buenos Aires, Ariel, 1996, p. 84.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3225843&pid=S1870-879X201300010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Ces&aacute;reo Morales, <i>op. cit.</i> p. 62.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> <i>Ibid.,</i> p. 51.</font></p>      ]]></body><back>
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