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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Con tinta visible.</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Traducci&oacute;n. C&eacute;sar Adri&aacute;n Reyes Hern&aacute;ndez*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Aritha van Herk, "In Visible Ink", en <i>In Visible Ink: Crypto&#45;Frictions.</i> Edmonton, Alberta, NeWest Publishers, 1991.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Es licenciado en letras inglesas por la unam. Sus intereses est&aacute;n en el estudio y pr&aacute;ctica de la fotograf&iacute;a; la creaci&oacute;n, la cr&iacute;tica literaria y la traducci&oacute;n. M&eacute;xico,</i> <a href="mailto:roccanera15@hotmail.com">roccanera15@hotmail.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 2/08/2010    <br> 	Fecha de aceptaci&oacute;n: 27/10/2010</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es mayo. En el mundo ordinario, m&aacute;s all&aacute; de estas crestas nevadas y del borde del Oc&eacute;ano &Aacute;rtico, por debajo del l&iacute;mite de la vegetaci&oacute;n arb&oacute;rea y de las l&iacute;neas imaginarias del C&iacute;rculo &Aacute;rtico, es primavera: la nieve se ha fundido y el fr&iacute;o se desvanece en espera del pr&oacute;ximo invierno; el sol es una larga luz recluy&eacute;ndose en la noche. Es la &eacute;poca del invierno endrinal,<sup><a href="#notas">1</a></sup> un fr&iacute;o metaf&oacute;rico perteneciente a la segunda semana de mayo, tan irreal como no lo es esta g&eacute;lida frontera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es la segunda semana de mayo y estoy sentada en la parte trasera de un <i>komatik,</i><sup><a href="#notas">2</a></sup> viajando a trav&eacute;s del g&eacute;lido Oc&eacute;ano &Aacute;rtico. Dondequiera que miro hay nieve deslumbrante, hielo implacable, una composici&oacute;n de mar polar blanco/ azul/blanco/azul. Lo azul no es agua sino hielo muy, muy viejo; hielo que se ha vuelto t&eacute;mpano y se ha desplazado, que continuamente se tritura a s&iacute; mismo y que nunca se ha derretido ni lo har&aacute; en mucho tiempo. Hasta donde alcanza mi vista, todo es oc&eacute;ano congelado; no es una lisa extensi&oacute;n ideal para deslizarse sino abrupta e irregular, como si fueran moldes pasteleros de una diosa n&oacute;rdica puestos boca abajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estoy surcando este accidentado mar agreste, corrugado y firme como el suelo. El <i>komatik</i> sobre el cual viajo no es un medio de transporte c&oacute;modo. El t&iacute;pico trineo Inuit, jalado por una estrepitosa y voraz motonieve, avanza dando tumbos, movi&eacute;ndose ruidosamente, se levanta peligrosamente sobre salientes nevadas para caer de golpe en la nieve. Me tiene crispada hasta la m&eacute;dula el crujir y el rechinar que produce el <i>komatik</i> sobre el mon&oacute;tono hielo lleno de surcos, cuya superficie escarpada se agrieta y se rompe.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y sin embargo, en este lejano y sobrecogedor mundo, sin escritura y en el que todo est&aacute; sobreentendido, yo, una nulidad de carne y hueso, me siento inexplicable e infinitamente feliz porque al fin me he librado de las palabras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para los <i>Inuit</i> hay poca diferencia entre la tierra y el agua. Al vivir en la zona m&aacute;s remota del &Aacute;rtico, con un oc&eacute;ano que se agrieta sobre el agua durante pocos meses del a&ntilde;o, ellos se trasladan de la tierra hacia el hielo y viceversa, asegur&aacute;ndose de tener acceso a ambos y con ello oportunidades para obtener alimento, agua e incluso refugio. Para los Inuit, <i>la tierra</i> no termina donde el oc&eacute;ano comienza; m&aacute;s bien all&iacute; empieza. El oc&eacute;ano y sus criaturas son la fuente principal de su subsistencia. Es al mar y a su abundancia hacia adonde van los pueblos del norte. No les gusta la noci&oacute;n de tierra adentro. Lo que hay es hielo y tierra. Ambos son lo mismo, a pesar de ser diferentes en esencia, est&aacute;n cubiertos de nieve. Los dos est&aacute;n superpuestos con maestr&iacute;a, tallados en la blancura de este pliego infinito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mayo es relativamente c&aacute;lido &#151;entre veinte y diez grados bajo cero&#151; y el sol del &Aacute;rtico se mantiene las veinticuatro horas, aunque desciende lento en el horizonte entre las diez de la noche y las dos de la ma&ntilde;ana. Mayo es un mes ideal para cazar focas, las cuales salen al hielo para asolearse junto a sus hoyos. Es un buen mes para viajar, antes de que el hielo comience a romperse. Viajo en <i>komatik y</i> motonieve, desde Resolute Bay, en Cornwallis Island, hacia Grise Fiord (la comunidad canadiense m&aacute;s septentrional de todas), en la isla Ellesmere. S&oacute;lo Eureka y Alert se encuentran m&aacute;s al norte que Grise Fiord, y son emplazamientos del hombre blanco (que no asentamientos, pues nadie vive ah&iacute; permanentemente): una es una estaci&oacute;n metereol&oacute;gica; la otra, una base militar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lector, tienes derecho a preguntarte por qu&eacute; hago esto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las condiciones del viaje no resultan m&aacute;s c&oacute;modas que viajar en el <i>komatik.</i> Para mantenerme caliente, llevo puestas cinco capas de ropa, me abrigo con una piel de carib&uacute; y de noche duermo sobre esa misma piel. Las prendas que visto est&aacute;n confeccionadas al modo de los Inuit, y mis <i>kamik</i> son m&aacute;s calientes que lo que cualquier calzado meridional podr&iacute;a ambicionar. A&uacute;n as&iacute;, la temperatura est&aacute; notablemente bajo cero y el viento agudiza el fr&iacute;o. Afuera, en el hielo llano, el fr&iacute;o del &Aacute;rtico aguijonea cada nervio, cada hueso. Un recordatorio del lugar donde me encuentro y de que no importa qui&eacute;n soy en este enigm&aacute;tico mundo imperecedero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El destino no es la raz&oacute;n de mi viaje, aunque parece que estoy representando uno: viajo entre Resolute Bay y Grise Fiord. Pero el punto de partida y el destino final no tienen importancia. Los seiscientos y pico kil&oacute;metros por los cuales vagamos, los cinco d&iacute;as y noches que anduvimos por Dungeness Point, en Cornwallis Island, por Wellington Channel, justo enfrente de Devon Island, a lo largo de Viks Fiord y luego por todo Jones Sound hasta South Cape, en Ellesmere Island, pueden ofrecer la ilusi&oacute;n de un desplazamiento, pero son esencialmente las medidas del hombre meridional obsesionado con la medici&oacute;n. S&eacute; que cuando regrese a mi hogar, en Calgary, ser&eacute; acribillada con preguntas sobre distancias: &iquest;Cu&aacute;nto dur&oacute; el viaje? &iquest;Qu&eacute; tan lejos llegaste? &iquest;Qu&eacute; tan fr&iacute;o era? Tales definiciones carecen de sentido aqu&iacute;; son borradas completamente por la expresi&oacute;n de la esencia de cada momento, el aqu&iacute; y el ahora, sin m&aacute;s. Estoy en el &Aacute;rtico, suspendida, no cerca del &Aacute;rtico ni en el centro del &Aacute;rtico, sino en sus confines, m&aacute;s all&aacute; de toda escritura y su romance, m&aacute;s all&aacute; de la comprensi&oacute;n racional o la experiencia geogr&aacute;fica de la mayor&iacute;a de estas personas que se hacen llamar canadienses. Simplemente estoy aqu&iacute;, reducida a ser, respirando el aire escarchado a trav&eacute;s de mi nariz y mis pulmones, dando pisotones en la gruesa nieve para reactivar la circulaci&oacute;n. Al fin estoy m&aacute;s all&aacute; del lenguaje, e instruidamente invisible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo cual confieso, lector, es el estado que idealmente deseo conseguir. Finalmente, en una vida dominada por el lenguaje, puedo librarme de &eacute;l hasta cierto punto: de tener que hablar, leer y escribir. Si le&iacute;ste <i>lugares de Ellesmere,</i> entonces sabes que el tiempo que pas&eacute; en Lake Hazen, la parte m&aacute;s septentrional de Ellesmere Island, me ense&ntilde;&oacute; la no&#45;lectura, el acto de desmantelar un texto m&aacute;s all&aacute; de todas sus lecturas y escrituras anteriores. Ese paisaje, su exquisita lejan&iacute;a y quieta inmensidad, catalizaron mi acto de lectura en algo m&aacute;s all&aacute; de la lectura, permiti&eacute;ndome desanudar las expectaciones cuidadosamente atadas de las palabras y su impresi&oacute;n, su arreglo en la p&aacute;gina, las p&aacute;ginas engavilladas juntas en una directriz narrativa, que despu&eacute;s se negaban a quedarse quietas, si no que se volv&iacute;an y empezaban a leer de vuelta, a leerme, a <i>desleer</i> mi propia lectura y mi geograf&iacute;a personal. Pero, lector, ese fue verano, a pesar de su brevedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto: siempre quiero ir m&aacute;s all&aacute;, imponer otras marcas, atravesar otra l&iacute;nea invisible. En efecto, lector, lo que voy a confesar es una herej&iacute;a, pero ansio a fin de cuentas librarme por completo de la p&aacute;gina, de la tinta y de mi instrucci&oacute;n personal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;, hay algo en la lectura que me inquieta y por eso siempre tendr&eacute; algo (lo suficiente) que leer, y que siempre tendr&eacute; por compa&ntilde;&iacute;a palabras placenteras, que nunca estar&eacute; abandonada sin un libro, una adicci&oacute;n por leer los secretos del lenguaje que todos acarician. Me preocupa la escritura, y por eso siempre encontrar&eacute; palabras para expresar mis pecados intelectuales, las ideas a las que doy vueltas y vueltas: observar y escribir. Las fuerzo a estar juntas: escribo sobre mi lectura y leo mi escritura, ya que se reh&uacute;san a funcionar si una u otra no est&aacute;n implicadas de alg&uacute;n modo, incluso si es silenciosa y secretamente, en mi cabeza. Las conjuras de la bibliofilia. Registro mi entorno, formulo todo posible choque y encuentro. Estoy encadenada al lenguaje y yo encadeno mi experiencia al lenguaje. La tinta visible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero lector, no me quejo ni estoy afligida. No desestimo al lenguaje como funci&oacute;n primaria y fundamental, ni estoy de acuerdo con de las simplistas tentaciones del anti&#45;intelectualismo. La instrucci&oacute;n es un poderoso talism&aacute;n, no menosprecio su magia, y la considero la m&aacute;s valiosa habilidad de mi vida. Mi lectura y escritura me asisten m&aacute;s all&aacute; de toda ayuda: ambas son mi vida y mi sustento. As&iacute;, es importante reconocer que debo desprenderme de ellas &#151;&iexcl;algo casi imposible!&#151;, incluso por un instante, para entender m&aacute;s a fondo su importancia en mi vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por tanto, lector, me he librado de las palabras &#151;escritas o pronunciadas, al menos&#151;. Por primera vez desde que aprend&iacute; a leer a los cinco a&ntilde;os (ahora tengo treinta y siete) llevo cinco d&iacute;as sin leer palabra alguna, y estoy en vilo. A pesar de haber tra&iacute;do libros conmigo a Resolute Bay, refunfu&ntilde;&eacute;, mascull&eacute; y los sopes&eacute; con mi mano para luego ponerlos de cabeza, y ahora estoy en la g&eacute;lida cuenca del Oc&eacute;ano &Aacute;rtico, carente de signos que me comuniquen algo, y que son imposibles de imprimir. Mientras los m&aacute;s doctrinarios argumentan que siempre existe el lenguaje, ya sea oral o mental, que portamos nuestros signos y sus significantes con nosotros, y que estoy leyendo el &Aacute;rtico en el cual estoy suspendida; y aunque quiz&aacute; est&eacute;s en lo cierto al decir que me esfuerzo por encontrar los signos apropiados para transmitir mi experiencia, en &uacute;ltima instancia esta p&aacute;gina del &Aacute;rtico no est&aacute; escrita ni le&iacute;da por un yo sin valor. No, &eacute;l (una fuerza) <i>me</i> lee y <i>me</i> escribe. Soy su texto, influenciare, sobre el cual se puede escribir, ansioso por ser contaminado, una p&aacute;gina dispuesta a ser tatuada, marcada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo describir o siquiera evocar este paisaje? Lector, eso comprende al reino de la magia, un &eacute;xtasis aterrador. El mundo es belleza sin ornamentos, yendo m&aacute;s all&aacute; de toda posibilidad imaginada hasta una fascinaci&oacute;n casi delirante. Hay una extra&ntilde;a combinaci&oacute;n de ligereza, parecida a la de un portento, y perennidad, una fluida petrificaci&oacute;n de lo f&iacute;sicamente intimidante y lo espantosamente bello. El lenguaje, tan fino y tan magro, parece estar dentro de sus funciones el de recitar esta sublimidad. Abrumado por el intimidante, indiferente y resplandeciente &Aacute;rtico, mi raqu&iacute;tico lenguaje resulta insuficiente a fin de cuentas. Siento algo que sobrepasa la fascinaci&oacute;n; estoy cegada por el asombro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A medida que nos alejamos de Cornwallis Island y nos adentramos en el hielo, Resolute Bay r&aacute;pidamente se desvanece hasta parecer un pu&ntilde;ado de polvo colorido. Fronteras invioladas, una superficie, en apariencia infinita, invitando a entrar: nos vemos reducidos a signos de puntuaci&oacute;n infinitesimales. El viento golpea mi rostro punzante. Mi aliento suplicante. El tiempo rebosante de fr&iacute;o.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las j&oacute;venes focas, asole&aacute;ndose sobre el hielo, a&uacute;n conservan su pelaje y se asoman por mera curiosidad. Sus azules agujeros circulares son dif&iacute;ciles de detectar en la nieve azul que les rodea, tan mimetizados como notorios son sus cuerpos negros. Se deslizan en esas aberturas con la fluidez y soltura de sus f&oacute;cidos cuerpos. Nuestro camino era agreste y zigzagueante, con bloques de hielo como trozos de pastel clavados en crestas verdes y azules. El <i>komatik</i> azota con fuerza contra un surco, asciende otra vez y al virar r&aacute;pidamente, se impacta contra un enorme bloque de hielo, quedando atascado el pat&iacute;n en ambos lados. La motonieve aumenta su potencia y ruido en vano; entonces nos apeamos y sacamos el <i>komatik,</i> luego lo empujamos y lo levantamos con gran esfuerzo del surco. El pat&iacute;n derecho, hecho de madera, se ha quebrado debido al impacto. Seguimos andando y en el siguiente lugar seguro nos detenemos. Pijamini aserrucha cuidadosamente una pieza de madera contrachapada del tama&ntilde;o adecuado, extrae clavos de una lata y repara el pat&iacute;n hasta que est&aacute; como nuevo. El agreste hielo. Nos esforzamos m&aacute;s de lo que avanzamos, ape&aacute;ndonos y montando de nuevo en el <i>komatik,</i> un suplicio con montones de ropa encima, fr&iacute;o implacable y un sol inclemente. <i>Bannock</i> remojado en t&eacute; caliente.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Y de nuevo, hielo escabroso, enormes trozos garabateados por los que incre&iacute;blemente atravesamos, intrincadas lecturas de un pasaje, un recuerdo de que no estamos en movimiento sino est&aacute;ticos, detenidos aqu&iacute; a fin de cuentas, en el paisaje polar. Y las huellas de osos polares que se cruzan con las nuestras, l&iacute;neas que se intersecan, notorias por su rareza;<sup><a href="#notas">4</a></sup> pero aqu&iacute; no lo son, un camino aut&eacute;ntico para la soberan&iacute;a blanco&#45;dorada <i>(Thalarctus ma&#45;ritimus)</i> patrullando las rotas crestas en busca de focas dormidas o distra&iacute;das.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asombrosamente grandes, completamente fornidos y cubiertos de pelambre, se mueven sin esfuerzo a trav&eacute;s del hielo &aacute;spero. Aminora la marcha, camina, nos mira, hurga en la nieve con su hocico y se aleja con toda tranquilidad. Huellas y rastros de un oso, de algunos d&iacute;as atr&aacute;s; una madre y dos oseznos hace algunas horas. Huellas y rastros, las l&iacute;neas de sus patas almohadilladas son tan n&iacute;tidas como un car&aacute;cter impreso sobre la nieve. Marcas de zarpas en la parte sobresaliente de un t&eacute;mpano. Huellas y rastros de osos polares seguidas por las de zorros, que buscan la oportunidad de hallar focas dormitando, con sus marcas de aletas alrededor de sus orificios respiratorios. Las huellas de nuestro <i>komatik se</i> siguen a s&iacute; mismas hacia lo inexplorado y lo invisible. Una escritura inici&aacute;tica. La presi&oacute;n forma crestas, l&iacute;neas donde el oc&eacute;ano se funde consigo mismo y se obliga a desplazar su fuerza hacia arriba. Hay una corriente bajo el hielo, corrientes bajo esa solidez. Colofones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Duermo sobre este enigm&aacute;tico e indiferente oc&eacute;ano. No hay barrera entre nosotros, &uacute;nicamente hielo muy, muy s&oacute;lido y la fina lona de una tienda de doble pared. Debajo de m&iacute; hay una bolsa de dormir con relleno de plumas, luego una piel de carib&uacute;, un recubrimiento esponjoso, el piso de la tienda, cuatro pulgadas de nieve, seis pies de hielo y quinientos pies de g&eacute;lido oc&eacute;ano polar extremadamente fr&iacute;o. Y, sin embargo, es rico en peces, focas, ballenas y camarones, los cuales se dan de bruces contra mi piel somnolienta, de este sue&ntilde;o sin sue&ntilde;os, sin signos ni referencias, insondable y profundo. El aqu&iacute; o el ahora son invisibles, inconmensurables. S&oacute;lo hay letargo. Escritos en el sopor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>komatik</i> cruje y gru&ntilde;e, como un vetusto nav&iacute;o en laborioso viaje en altamar. Ahora est&aacute;n hechos de madera (alguna vez de hueso, musgo, piel, tendones y hielo), pero a&uacute;n se atan con cuerdas, nada de clavos. Maleable y el&aacute;stico, parece &aacute;gil y flexible cuando sigue a la motonieve, cediendo en las irregulares inclinaciones y descensos del hielo accidentado. No hay suelo m&aacute;s suave en sus hondonadas, curvas y mont&iacute;culos amonton&aacute;ndose debajo de los patines que Devon Island, h&uacute;meda y pesada por la nieve, que allana los precipicios dentados. Y las puntiagudas pezu&ntilde;as del elegante carib&uacute;, raudas como una frase, como una conjunci&oacute;n distante. Posados en una colina, unos bueyes almizcleros bajan sus cabezas al divisarnos, se dan la vuelta y se alejan desganados. Hay musgo bajo la nieve; hay roca y pedregal subiendo hacia los agrestes acantilados, tan cincelados como el Abu Simbel,<sup><a href="#notas">5</a></sup> en Egipto, y de nuevo hay hielo, de una distinta fonaci&oacute;n, resonando d&eacute;bilmente debajo de nuestros patines.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay escarcha sobre la nieve, cristales de nieve brotando sobre la nieve, amarillo y azul deslumbrantes bajo el sol. Compleja y delicada escarcha, de una est&eacute;tica criol&oacute;gica,<sup><a href="#notas">6</a></sup> con hojas de a veces una pulgada de largo. Cada copo de nieve consta de una exquisita construcci&oacute;n. Y las manchas de niebla helada, los contornos de la tierra y el hielo en surreal desaparici&oacute;n, el <i>komatik</i> flotando quietamente a trav&eacute;s del silencio. Veo elevadores de grano, setos de Caragana, las zonas verdes alrededor de Battle River: espejismos en esta regi&oacute;n &aacute;rtica. Lector, por poco me olvido de m&iacute;, y en esta niebla helada leo mi propia obliteraci&oacute;n que, escrita y grabada a prisa, el lenguaje al cual estoy esclavizada hizo invisible. Nos deslizamos de forma inquietante y no estoy segura si dorm&iacute;a o estaba despierta; si estamos suspendidos o en movimiento. De todos modos, cuando me inclino hacia un lado del <i>komatik,</i> el aire golpea mi rostro, y puedo escuchar el constante silbar, harto diferente, de los patines sobre la nieve.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los parhelios se reflejan por todo el contorno cegador del sol que mis gafas no pueden reducir. Seguramente un augurio, una lectura de la nieve y su par&#45;helio polar, son su actividad constitutiva. &iquest;Es una advertencia o bendici&oacute;n, una gu&iacute;a o direcci&oacute;n? No se vislumbra nada. &iquest;Es un cuerpo polar, una coordenada, una codeclinaci&oacute;n? &iquest;D&oacute;nde me encuentro? Estoy desaparecida, anulada, no&#45;escrita. Invisible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;, lector, he mencionado al espacio y la medici&oacute;n, al tiempo y a las acciones cotidianas, todo en vano. No puedo entender estos alcances. No tengo palabras para <i>&aacute;rtico,</i> pues es imposible transmitirte la sensaci&oacute;n de salir de una bolsa de dormir, tibia por el aliento nocturno, hacia un bar&oacute;metro profundamente glacial. No puedo medir las pisadas de los osos polares ni describirte el comportamiento de las focas al asolearse. Simplemente no me es posible escribir acerca o a trav&eacute;s de este hechizo polar. En su lugar, me inscribe, toma el control de mi prescindible imaginaci&oacute;n y de su capacidad para generar palabras: me inventa para su &uacute;nico placer distra&iacute;do. Suprime mi referencialidad, una transformaci&oacute;n sin continuidad ni cronolog&iacute;a. Soy re&#45;inventada por una gran p&aacute;gina en blanco. No es <i>aislamiento</i> sino completa invisibilidad, todas las causas y fines son borrados por razones distintas a las que creo conocer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero ahora s&eacute; que no (lo) s&eacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s extrema es la ilusi&oacute;n de ausencia que es la verdadera presencia, formidable presencia, que no necesita manifestarse a s&iacute; misma de forma narcisista, en su sobrada condici&oacute;n de <i>aqu&iacute;.</i> Este espacio, este paisaje, esta temperatura, cuestionan todo <i>documento</i> y su lugar, me documentan, sin referencia alguna a otro; soy di&aacute;fana como un cristal y fr&aacute;gil como cualquier otra voz acallada, un trazo de la esencia &aacute;rtica. No es posible comparar, no hay contraste que permita la medici&oacute;n o una escala para la diversidad. El norte es la medida, y todo lo dem&aacute;s divergencia. Estoy anulada, me he convertido en un campo enunciativo, en una p&aacute;gina virgen, sin un registro ni historia. Afortunadamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ah, lector, &iquest;qu&eacute; disertaci&oacute;n es esta? &iquest;Un atenuado zumbido de la motonie&#45;ve? &iquest;Es el silbar de los patines al pasar por la nieve, el quejido y gru&ntilde;ido de un <i>komatik</i> bamboleante, rebotando sobre algo que no es una tersa hoja hecha de nieve sino una extensi&oacute;n irregular toscamente dentada, constantemente rota e interrumpida por ella misma? Ahora me encuentro sumamente impedida, despojada de todo cuanto ubica mi letrado ser. Derrotada por texto y lenguaje, me convierto al fin en s&oacute;lo un texto que ha de ser escrito. Un alfabeto fr&aacute;gil. Podr&iacute;a creer que he encontrado el norte en mi propia cabeza.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no. Fue &eacute;l quien me encontr&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la ma&ntilde;ana, me despierta la voz de Pijamini hablando por radio en la cocina de campa&ntilde;a. Habla con Annie, de quien es marido en Grise Fiord. Las s&iacute;labas del <i>Inuktitut</i>,<sup><a href="#notas">8</a></sup> suaves y roncas, tienden un puente entre el sue&ntilde;o y la vigilia, y denotan la ma&ntilde;ana. &iquest;O ser&aacute; la tarde? &iquest;La noche? Tampoco el tiempo se puede medir: parece que nos levantamos cerca de las dos de la tarde y viajamos toda la noche; pero el reloj no tiene importancia. La voz de Pijamini me devuelve a la existencia, re&#45;crea mis o&iacute;dos. Toscamente sibilante, su lenguaje, en sus aumentos y decrementos tonales, demarca dos cosas: d&oacute;nde estoy y qui&eacute;n soy, siendo yo una t&aacute;cita presencia en el grueso hielo azul del Oc&eacute;ano &Aacute;rtico. Pijamini es bajo de estatura y fornido, casi diminuto; pero su fuerza es totalmente evidente a pesar de su edad, sesenta y cuatro, dice sonri&eacute;ndose. &Eacute;l est&aacute; al mando, siendo la persona m&aacute;s experimentada en este viaje est&aacute;tico. Yo viajo en el <i>komatik</i> tirado por su motonieve. Cu&aacute;n bien sabe leer este mundo invisible, su cuerpo mismo es una se&ntilde;alizaci&oacute;n, <i>lo polar</i> y el <i>norte</i> est&aacute;n contenidos en su pose. Escala t&eacute;mpanos para reconocer el norte, para despu&eacute;s proceder con certeza a trav&eacute;s de las banquisas m&aacute;s inexpugnables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entiende y habla un ingl&eacute;s muy sencillo (&iquest;Qu&eacute; significa eso? &iquest;B&aacute;sico? &iquest;Despejado?), aunque al principio es t&iacute;mido y silencioso. Tras muchas horas de haber empujado el <i>komatik</i> sobre el hielo &aacute;spero y de haber visto al primer oso polar, apenas si habla. Me siento apenada de tener que utilizar mi brusco y b&aacute;rbaro lenguaje, de que s&oacute;lo pueda hablar con &eacute;l en la frialdad del ingl&eacute;s y de no saber <i>Inuktikut.</i> No quiero hablar con &eacute;l en ingl&eacute;s; quiero hablar con &eacute;l en su lengua, la lengua de este sobrecogedor mundo helado. No digo nada, s&oacute;lo sonr&iacute;o y empujo el <i>komatik</i> cuando se atasca. Y, en un momento de repentino deseo, le pregunto c&oacute;mo se dice "sol" en lengua Inuit. Me lo dice, con rostro inexpresivo, con cierta curiosidad. Y cuando lo repito, r&iacute;e. Mi holand&eacute;s, salido de la epiglotis, por &uacute;nica vez me da cierta ventaja cuando pronuncio. "Hablas muy bien el <i>Inuktikut",</i> me dice. "Muy bien".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lector, incluso si pasas inadvertido por el lenguaje, uno produce los signos que se pueden. Coloco mi pie empeque&ntilde;ecido en las huellas impresas por un oso polar. Trazo un c&iacute;rculo alrededor de cada t&eacute;mpano tres veces, hacia mi derecha, repiti&eacute;ndome un hechizo. Y Pijamini nombra su mundo para m&iacute;: nube, sol, nieve cayendo, nieve en el suelo, hielo, oso, huellas, carib&uacute;, buey almizclero, perihelios, t&eacute;mpano, foca. Me dice los nombres de su familia, de sus siete hijos y de los hijos de sus hijos. Nombra las puntas, los promontorios, los bordes de la isla cuando pasamos junto a ellas. Repito sus palabras con cuidado, mi boca y mi lengua cambian de forma de acuerdo a sus inflexiones y contornos. Y Pijamini r&iacute;e. "Muy bien, muy bien. Deber&iacute;as venir a Grise Fiord y estudiar <i>Inuktikut".</i> Me da <i>sus</i> palabras. De este modo, me nombra, escribe mi ser, invisible y carente de lengua, dentro de su iconograf&iacute;a. Estoy escrita, al fin, en ese lenguaje n&oacute;made.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lector, ley&eacute;ndote, s&eacute; que quieres que escriba esas palabras aqu&iacute; y revele su m&aacute;gico encanto. Eso jam&aacute;s. No me pertenecen; son las palabras de Pijamini. Y si tuve la oportunidad de escucharlas e imitarlas, fue s&oacute;lo por intervenci&oacute;n suya. No las allanar&eacute; ni las repetir&eacute; m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites del mar &aacute;rtico, m&aacute;s all&aacute; de los secretos del mundo de hielo. Ellas me dieron una interpretaci&oacute;n, me leyeron en ese espacio donde, tratando de leer de nuevo, fui escrita al fin. Lector, dicho amuleto de la primera y la &uacute;ltima de todas las cripto&#45;fricciones es aquel que puede ser borrado y re&#45;escrito en un lenguaje que va m&aacute;s all&aacute; del propio. Aqu&iacute; radica la &uacute;ltima ilusi&oacute;n del texto: no est&aacute;s ley&eacute;ndome, sino escribi&eacute;ndome, y no a m&iacute;, sino a ti; no est&aacute;s leyendo y escribiendo sino siendo le&iacute;do, eres un texto viviente en el mundo del lenguaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, lector, en este helado mes de mayo, donde al fin me he librado de las palabras, me han dado un texto diferente para llevar conmigo al sur, hacia ese tan visible lugar repleto de palabras gritadas por todas partes, exigiendo ser le&iacute;das. En el silencio que sigue a la muerte del texto, escuchar&eacute;, en alg&uacute;n lugar de mi o&iacute;do polar enterrado la suave voz Inuit de Pijamini nombrando al mundo en <i>Inuktikut.</i> Y riendo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El invierno endrinal o invierno del endrino <i>(Blackthorn Winter)</i> es un periodo de fr&iacute;o que se da a inicios de la primavera cuando el endrino, arbusto espinoso de frutos azules, florece antes de que sus hojas broten. En regiones del hemisferio norte es creencia popular que el florecimiento del endrino se&ntilde;ala la llegada de una ola de fr&iacute;o al inicio de la primavera. (N. del trad.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Trineo utilizado por los pueblos Inuit, provisto de esqu&iacute;es y barras de madera, anudados con cuero. (N. del trad.)</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Pan hecho con harina de avena o cebada usualmente horneado sin levadura. (N. del trad.)</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Rudy Wiebe, <i>Playing Dead, a contemplation concerning the arctic.</i> Alberta, Newest Publisher, 2003, p. 50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3223766&pid=S1870-879X201100010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Emplazamiento arqueol&oacute;gico ubicado a orillas del Nilo, al sur de Asu&aacute;n, en el Alto Egipto. Consta de dos templos cincelados en roca arenisca hacia el a&ntilde;o 1250 a.C., y con una impresionante fachada compuesta por cuatro sedentes estatuas del fara&oacute;n Rams&eacute;s II. (N. del trad.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Neologismo de la autora, compuesto por dos t&eacute;rminos: <i>crio</i> (fr&iacute;o) y <i>logos</i> (raz&oacute;n, discurso). (N. del trad.)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> R. Wiebe, <i>op. cit.,</i> p. 113.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Lengua hablada por los <i>inuit,</i> grupo &eacute;tnico diseminado por Alaska, Canad&aacute; y el sur de Groenlandia. (N. del trad.)</font></p>      ]]></body><back>
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