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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as y noticias </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Del amor a la lucha por el reconocimiento</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Julieta Marcone*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><b><font face="verdana" size="3">Edgar Rodr&iacute;guez, En busca del absoluto. los escritos de juventud, proleg&oacute;menos al sistema hegeliano. M&eacute;xico, Los Libros de Homero, 2007.</font></b></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesora&#150;Investigadora de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico. <a href="mailto:marcone@unam.mx">marcone@unam.mx</a></i></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 14/05/2008    <br> Fecha de aceptaci&oacute;n: 04/06/2008</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su libro <i>En busca del absoluto</i>, Edgar Rodr&iacute;guez emprende la tarea de acercar al lector a los escritos de juventud de G. W. F. Hegel. Aunque &eacute;stos no forman parte del sistema filos&oacute;fico hegeliano, nuestro autor sostiene que es posible elucidar la continuidad entre sus escritos tempranos y sus obras m&aacute;s importantes como son la <i>Fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu</i>, los <i>Principios de la filosof&iacute;a del derecho</i>, la <i>ciencia de la l&oacute;gica </i>o la <i>Enciclopedia de las ciencias filos&oacute;ficas</i>. Incluso, asegura que las ideas maduras de Hegel pueden comprenderse mejor a luz de sus escritos de juventud, pues considera que en ambos casos el problema es el mismo: "la manera en que lo absoluto se hace presente en el mundo. Lo que cambia es el tratamiento sobre dicho problema" (p. 14). Por ello su libro constituye una invitaci&oacute;n a recorrer detenidamente el camino seguido por el joven Hegel antes de construir su consolidado sistema filos&oacute;fico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera parte se titula "Kantismo y ahistoricidad en los escritos de juventud". En ella, Edgar Rodr&iacute;guez acude a uno de los textos m&aacute;s destacados de este periodo de la vida de Hegel: <i>la historia de Jes&uacute;s</i>. Cierto es, como bien lo indica Rodr&iacute;guez, que con el tiempo Hegel dio un giro y se distanci&oacute; de estas primeras reflexiones influidas por la obra de Kant. Sin embargo, en Hegel, "la distancia respecto de Kant" no se convierte en "el abandono absoluto de Kant". Aunque con los a&ntilde;os Hegel se aleja del pensamiento del fil&oacute;sofo de K&ouml;nigsberg, lo incorpora, no obstante, como un momento m&aacute;s de su sistema (la moralidad), el cual debe ser "superado" (<i>aufgehoben</i>) en la eticidad (<i>sittlichkeit)</i>. Por eso, Rodr&iacute;guez considera importante acudir a <i>la historia de Jes&uacute;s</i>. En este texto, nos dice el autor, Hegel sostiene que el cristianismo tergivers&oacute; las ense&ntilde;anzas de Jes&uacute;s, afirmando la positividad de la religi&oacute;n y relegando su m&aacute;s importante ense&ntilde;anza: "s&oacute;lo accediendo al propio llamado interior de su raz&oacute;n podr&iacute;an &#91;los hombres&#93; ser hijos de Dios" (p. 34). Seg&uacute;n Hegel, Jes&uacute;s se opon&iacute;a a la positividad de la religi&oacute;n cristiana porque rechazaba la obediencia ciega a los textos sagrados. Desde su perspectiva, la moral deb&iacute;a nacer de la vida y del fuero interno de los individuos, esto es, de su propia conciencia. Los individuos deb&iacute;an seguir las ense&ntilde;anzas sagradas no por temor a Dios, o por apegarse a las ense&ntilde;anzas de los santos o profetas, o por la mezquindad de un reconocimiento p&uacute;blico; deb&iacute;an hacerlo obedeciendo los dictados de su conciencia moral, de su raz&oacute;n. De manera que, para Hegel, el Nazareno no hac&iacute;a m&aacute;s que exhortar a los individuos a obedecer las leyes que, desde su propia convicci&oacute;n, les resultasen v&aacute;lidas y racionales. Deb&iacute;an obrar siguiendo su propia conciencia (su "iglesia invisible") pues, s&oacute;lo as&iacute;, los contenidos de la ley moral podr&iacute;an ser asumidos subjetivamente por cada uno de ellos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y aqu&iacute; encontramos una de las tesis m&aacute;s interesantes de este trabajo. Rodr&iacute;guez sostiene que <i>la historia de Jes&uacute;s </i>revela a un Jes&uacute;s "revolucionario",<sup><a href="#notas">1</a> </sup>a una conciencia moral que busca generar una fractura con las tradiciones y formas de ser del pueblo jud&iacute;o, apelando a las condiciones subjetivas de los hombres a los que se enfrenta. No se trata por supuesto de una cuesti&oacute;n de intolerancia religiosa hacia los jud&iacute;os; se trata, simplemente, de cuestionar &eacute;sta y todas las religiones que se imponen como mandatos positivos a los sujetos, como adoraci&oacute;n de fetiches, santos y profetas antes que como una apelaci&oacute;n a la conciencia moral de cada individuo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos dice que Jes&uacute;s resulta revolucionario porque constituye la conciencia moral que se enfrenta a lo dado, a la tradici&oacute;n, desde la propia raz&oacute;n. Representa la autonom&iacute;a del imperativo categ&oacute;rico en oposici&oacute;n al car&aacute;cter heter&oacute;nomo del credo jud&iacute;o.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora, si en la primera parte de su trabajo Rodr&iacute;guez examina la influencia kantiana en los primeros escritos hegelianos, en la segunda explora el momento de ruptura con Kant y con sus escritos primigenios a partir de la noci&oacute;n de "historicidad". Por ello la segunda parte del libro se titula "La victoria de la historicidad".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus primeros escritos, Hegel presentaba a Jes&uacute;s como la conciencia moral que juzgaba a su tiempo desde la trascendentalidad del imperativo categ&oacute;rico. Pero, se&ntilde;ala Rodr&iacute;guez, en escritos posteriores, como en los "Esbozos sobre religi&oacute;n y amor", que Hegel se aleja de la posici&oacute;n kantiana y critica la autonom&iacute;a de la raz&oacute;n desde la historicidad y el amor. Nos dice nuestro autor refri&eacute;ndose a esta cr&iacute;tica: "a pesar de que Kant acierta a desembarazarse de toda consideraci&oacute;n metaf&iacute;sica, en el sentido te&iacute;sta, sobre el deber moral e intenta que sus principios no dependan m&aacute;s que de la voluntad de los seres racionales, dichos principios son construidos, te&oacute;ricamente, de modo trascendental y est&aacute;n desembarazados, tambi&eacute;n, del mundo y de la vida" (p. 60). Hegel observa, con el paso del tiempo, que los principios subjetivos de la moralidad kantiana (representados antes con la figura de Jes&uacute;s) son los mismos que los principios de las religiones positivas. Al objetivarse en una ley (aunque sea la ley moral), al positivizarse, los principios subjetivos de la moralidad kantiana se tornan objetivos, y as&iacute; la separaci&oacute;n entre el sujeto y el objeto queda intacta. En palabras de Rodr&iacute;guez:</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema de la autonom&iacute;a kantiana de la raz&oacute;n est&aacute; en que si bien el hombre act&uacute;a por s&iacute; mismo, lo hace no porque est&eacute; fusionado con la vida y desde ah&iacute; act&uacute;e en unidad con la objetividad del mundo, de modo que desaparezca la distancia entre el sujeto y el objeto, entre la particularidad del querer y la obligaci&oacute;n moral que demanda la pervivencia del mundo. El hombre act&uacute;a de acuerdo a leyes morales que son dictadas por el juez de su conciencia... &#91;Pero&#93; La &uacute;nica diferencia entre la heteronom&iacute;a y la autonom&iacute;a de la raz&oacute;n se encuentra en que el mandato, la vigilancia y la coerci&oacute;n son ejercidas desde la interioridad de la conciencia (p. 59).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, Hegel descubre, seg&uacute;n Rodr&iacute;guez, que tanto las religiones tradicionales como "la religi&oacute;n de la raz&oacute;n", inaugurada por Kant, se fundan en la escisi&oacute;n entre lo subjetivo y lo objetivo, entre el querer del sujeto y el deber de la ley. Porque para Kant el sujeto "debe querer" seguir la ley, pero eso no significa que realmente "quiera" seguirla. Y eso es lo que le preocupa a Hegel, quien seg&uacute;n nos dice Rodr&iacute;guez, encuentra en el amor la &uacute;nica salida a esta aparente escisi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Hegel no basta, dice el autor, que los individuos act&uacute;en correctamente si los principios de su obrar no son sus propios deseos e inclinaciones sino un deber impuesto, sea por una religi&oacute;n positiva o por la propia conciencia moral. Y esto es sumamente interesante. Ya resultaba revelador que, para Hegel, Jes&uacute;s no ense&ntilde;ara a seguir los mandatos de la instituci&oacute;n eclesi&aacute;stica, sino a buscar lo divino en uno mismo, o sea, el deber, en la propia conciencia moral. Pero ahora Hegel no est&aacute; satisfecho con eso y exige m&aacute;s. Considera que no basta con obrar correctamente porque mi conciencia (moral) as&iacute; me lo indique. Si mis deseos e inclinaciones son contrarios a mi conciencia, por m&aacute;s que yo act&uacute;e siguiendo a esta &uacute;ltima, el deber se me aparecer&aacute; como algo extra&ntilde;o, algo "objetivo" que obedezco "porque debo hacerlo", pero "no por convicci&oacute;n subjetiva"; y es as&iacute; como la escisi&oacute;n entre el sujeto y el objeto se hace patente nuevamente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estos escritos Hegel consideraba que s&oacute;lo el amor permit&iacute;a acotar la separaci&oacute;n entre la convicci&oacute;n del sujeto y el deber objetivo, entre el querer y el deber moral. En palabras de Rodr&iacute;guez:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Hegel, en el amor los hombres se encuentran en la totalidad arm&oacute;nica en la que no caben las separaciones entre lo subjetivo y lo objetivo. No hay ninguna desgarradura entre la conciencia y el mundo, entre los deseos y las inclinaciones subjetivas, y los principios del deber moral. A partir de ahora el Jes&uacute;s hegeliano m&aacute;s que como un kantiano aparece como un cr&iacute;tico del pensamiento kantiano.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como bien lo indica Edgar Rodr&iacute;guez, en los "Esbozos sobre religi&oacute;n y amor" Hegel sostiene que el amor es el &uacute;nico camino que permite superar la escisi&oacute;n entre el querer y el deber. M&aacute;s a&uacute;n, el amor hace posible la presencia del absoluto en la unidad indiferenciada de las individualidades que se hallan en el mundo y en la historia. A trav&eacute;s del amor las subjetividades se vinculan arm&oacute;nicamente, entre s&iacute; y con la totalidad, por lo que toda escisi&oacute;n o conflicto desaparece. De esta forma, el sujeto no encuentra diferencia entre lo que quiere y lo que debe hacer, pues sus deseos e inclinaciones (insertos en el mundo y en la historia) coinciden con el deber. De manera que, en definitiva, Rodr&iacute;guez concluye que es en esta segunda etapa de su juventud, cuando Hegel comienza a alejarse de la moralidad kantiana para comenzar a pensar, si no en el concepto de eticidad, s&iacute; en un interesante antecedente que es "la historicidad".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora, antes de concluir su libro, en un &uacute;ltimo apartado de la segunda parte, Edgar Rodr&iacute;guez anticipa la manera en que Hegel superar&aacute; (en el sentido hegeliano del t&eacute;rmino) estos escritos de juventud, sustituyendo la noci&oacute;n de <i>amor </i>como <i>unidad indiferenciada </i>por la noci&oacute;n de <i>reconciliaci&oacute;n </i>como <i>unidad diferenciada</i>. Desafortunadamente, nuestro autor no abunda demasiado en este punto (que en mi opini&oacute;n es importante), pero s&iacute; indica que con el tiempo Hegel considerar&aacute;, en sus escritos sistem&aacute;ticos, que en el amor&#150;pasi&oacute;n rom&aacute;ntico no hay posibilidad de reconocimiento ni del otro ni de m&iacute; mismo por la simple raz&oacute;n de que en &eacute;ste no hay lugar para la diferencia. Por ello en la <i>Fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu </i>Hegel no nos habla ya del amor, sino de la lucha por el reconocimiento. Nos dice Rodr&iacute;guez: "el motor de la reconciliaci&oacute;n no puede ser la unidad indiferenciada del amor&#150;pasi&oacute;n rom&aacute;ntico, sino la relaci&oacute;n intersubjetiva de individualidades que se encuentran, una frente a la otra, y entablan una lucha a muerte por el reconocimiento de su libertad en detrimento de la libertad del otro". Hegel se aleja del ideal de la unidad indiferenciada que ofrec&iacute;a la noci&oacute;n de amor para enfatizar la diferencia que supone la lucha por el reconocimiento en la dial&eacute;ctica del amo y el esclavo. Reconocimiento de la diferencia entre dos subjetividades que se encuentran en el mundo y en la cultura como parte del desenvolvimiento de la libertad a trav&eacute;s del trabajo. Y es as&iacute;, a decir de nuestro autor, como Hegel pasa de la unidad amorosa de los escritos de juventud a la dial&eacute;ctica hist&oacute;rica que habr&aacute; de atravesar todo su sistema: la unidad diferenciada de la identidad y la no&#150;identidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, Rodr&iacute;guez consigue mostrar con su libro que en los escritos de juventud del fil&oacute;sofo de Sttutgart est&aacute;n presentes ideas y conceptos que constituyen los proleg&oacute;menos de su obra sistem&aacute;tica. El libro no s&oacute;lo tiene el m&eacute;rito de aventurarse a estudiar a un autor que en nuestros d&iacute;as es com&uacute;nmente censurado por la desafortunada asociaci&oacute;n de su pensamiento con reg&iacute;menes totalitarios (asociaci&oacute;n que debemos en gran medida a Karl Popper).<sup><a href="#notas">4</a></sup> Adem&aacute;s posee la virtud de remitirse a un segmento menos estudiado de la obra de este importante fil&oacute;sofo (en comparaci&oacute;n con la cantidad de estudios acerca de su obra sistem&aacute;tica): sus escritos de juventud. Por ello recomiendo ampliamente su lectura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para finalizar, debo hacer una observaci&oacute;n que tiene que ver con la estructura del libro y con lo que yo considero que es una deuda del autor con los lectores. En las "Consideraciones finales"<sup><a href="#notas">5</a></sup> Rodr&iacute;guez indica que en este trabajo s&oacute;lo hace referencias generales al sistema hegeliano, porque no es su prop&oacute;sito trabajar sobre ello. En lo personal considero que es un error no haberse propuesto tambi&eacute;n ese objetivo. &iquest;Por qu&eacute;? Porque la hip&oacute;tesis central del libro es que entre los escritos de juventud y el sistema hegeliano hay un hilo conductor que nos permite observar los mismos problemas tratados de diferente manera. El autor nos habla de los problemas y de la manera en que &eacute;stos se abordan en los <i>Escritos de juventud</i>. Anuncia la manera en que se tratar&aacute;n en la obra sistem&aacute;tica, <i>pero no lo explica ni profundiza</i>, lo cual hace dif&iacute;cil comprobar la hip&oacute;tesis de la continuidad entre los escritos tempranos y la obra sistem&aacute;tica. Podr&iacute;a arg&uuml;irse, como lo hace el autor, que &eacute;l s&oacute;lo se interesa por los escritos primigenios. Es v&aacute;lido hacer un recorte de la obra de un autor y ce&ntilde;irse a una fracci&oacute;n de ella. Pero, para sostener una hip&oacute;tesis como la que se sostiene en este trabajo, que involucra tanto a los escritos primigenios como a los de la madurez hegeliana, el libro de Rodr&iacute;guez necesariamente tendr&iacute;a que contar con una tercera parte en la cual nos demostrara, a partir del estudio de la obra sistem&aacute;tica, lo que en este trabajo apenas anuncia: que efectivamente conceptos juveniles como el "amor" se traducen m&aacute;s tarde en conceptos como "esp&iacute;ritu" y "reconciliaci&oacute;n". El autor lo plantea en su libro (p. 84), pero no lo desarrolla. Ahora, esto no lo puedo considerar un dem&eacute;rito del trabajo. Al contrario, creo que es una invitaci&oacute;n que como lector uno puede hacerle al autor a que nos entregue la tercera parte de su trabajo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> "Es aqu&iacute; donde ubicamos el proyecto teol&oacute;gico&#150;pol&iacute;tico presente en la juventud de Hegel, pues el Jes&uacute;s del que nos habla es introducido como un elemento de ruptura en las tradiciones y formas de ser del pueblo jud&iacute;o. Jes&uacute;s aparece como un sujeto <i>revolucionario </i>&#91;las cursivas son m&iacute;as&#93; que, desde una postura te&oacute;rica concreta sobre la virtud y el deber ser moral, intenta generar una fractura en las condiciones subjetivas de los hombres a los que enfrenta" (p. 46).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Quiz&aacute; en este punto hubiera sido interesante que Edgar Rodr&iacute;guez explorara la posibilidad de establecer un parang&oacute;n entre la figura del Nazareno y otra importante figura del pensamiento maduro hegeliano: Ant&iacute;gona, a fin de subrayar esa continuidad que sostiene que hay entre los escritos de juventud y la obra madura de Hegel.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> E. Rodr&iacute;guez, <i>op. cit</i>., p. 63. En el mismo tenor dice m&aacute;s adelante: " 'El amor en s&iacute; mismo no expresa ning&uacute;n deber '; y no lo hace porque se trata de esa unidad indiferenciada en la que la individualidad no est&aacute; de ninguna manera disociada de la totalidad a la que pertenece, sino que se encuentra en identidad directa con ella. S&oacute;lo en dicha totalidad los deseos e inclinaciones del sujeto se hacen uno con los contenidos del deber ser, de manera que ya no sabe pensar en ning&uacute;n tipo de reuni&oacute;n porque no habr&iacute;a ninguna fractura entre lo que el sujeto quiere y lo que debe hacer" (p. 74).</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Kart Popper, <i>la sociedad abierta y sus enemigos</i>. Barcelona, Paid&oacute;s, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3213309&pid=S1870-879X200900020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Edgar Rodr&iacute;guez, <i>En busca del absoluto. los escritos de juventud, proleg&oacute;menos al sistema hegeliano</i>, M&eacute;xico, Los Libros de Homero, 2007, p. 92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3213311&pid=S1870-879X200900020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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