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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Entrevista</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Renacimientos y humanismos</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Javier Dar&iacute;o Restrepo*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i> *Periodista de amplia trayectoria en prensa escrita (49 a&ntilde;os) y televisi&oacute;n (25 a&ntilde;os). Experto en &eacute;tica period&iacute;stica, catedr&aacute;tico de las universidades Javeriana y de los Andes.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 3/12/2007    <br>   Fecha de aceptaci&oacute;n: 15/02/2008</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la catedral de Florencia permaneci&oacute; abandonado durante 40 a&ntilde;os un gran bloque de m&aacute;rmol al que le hab&iacute;a comenzado a dar forma el escultor Agostino di Duccio. Despu&eacute;s de &eacute;l nadie se atrevi&oacute; a cincelarlo, hasta que un joven artista de 26 a&ntilde;os, llamado por los administradores de la catedral, en 1504 extrajo de aquella enorme piedra informe la figura de un adolescente desnudo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vi&eacute;ndolo aparecer gradualmente, golpe tras golpe de martillo y de cincel, el noble rostro de fuerza contenida coronado por la abundante cabellera ensortijada, el pecho amplio y fuerte, las manos al parecer desmesuradamente grandes y los brazos fuertes, las piernas atl&eacute;ticas, rematadas en unos pies grandes y bien plantados sobre el suelo, este David, de Miguel &Aacute;ngel, se convirti&oacute; en s&iacute;mbolo y expresi&oacute;n del esp&iacute;ritu del Renacimiento, cuando, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Friederich "s&oacute;lo importa el hombre. S&oacute;lo en &eacute;l se hab&iacute;a roto el anillo de la creaci&oacute;n y s&oacute;lo en &eacute;l pod&iacute;a volver a cerrarse".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donatello extrajo de sus hornos de fundici&oacute;n otra imagen de David adolescente de parecidas caracter&iacute;sticas, de exaltaci&oacute;n y loa del cuerpo humano, armonioso, fuerte y de proporciones perfectas. La audiencia de los artistas del Renacimiento no se detuvo s&oacute;lo en esa narcisista contemplaci&oacute;n del cuerpo humano. Bajo el mandato impaciente del papa Julio II, Miguel &Aacute;ngel emprendi&oacute; la decoraci&oacute;n de la capilla Sextina. Al cabo de cuatro a&ntilde;os, inspirado en la imaginer&iacute;a b&iacute;blica, entreg&oacute; una obra inmortal en la que no hay calvario ni redenci&oacute;n, pero en la que domina el esplendor de la figura humana, apenas si atenuado en unos casos por sutiles velos. El mismo Cristo Juez, que domina la escena del juicio, es otro David, de espl&eacute;ndida y soberbia desnudez, que hizo rezongar a los cr&iacute;ticos, porque seg&uacute;n ellos, se trataba de una imagen pagana. En efecto, si el David se hab&iacute;a inspirado en H&eacute;rcules, y el Cristo Juez en Zeus, toda aquella abigarrada muchedumbre que desde entonces puebla los techos y paredes de la capilla papal, reproduce en los siglos XV y XVI los dioses y diosas del Olimpo. Hab&iacute;a vuelto a nacer una imagen del hombre.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fueron los artistas de la &eacute;poca los que aportaron la mayor parte del humanismo renacentista. De Dante se dijo que en sus tercetos de <i>La divina comedia, </i>as&iacute; como el cristianismo hab&iacute;a colocado en el centro de la creaci&oacute;n, &eacute;l lo hab&iacute;a situado en el centro de su poema. &Eacute;sa fue, entre otras, la contribuci&oacute;n de los artistas del Renacimiento al proceso de humanizaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; como Fidias el escultor, y David, el adolescente jud&iacute;o, hab&iacute;an revivido en las manos y el genio de Miguel &Aacute;ngel, el pensamiento y la est&eacute;tica de los griegos renacieron despu&eacute;s de los siglos oscuros de la edad media. Seg&uacute;n las cuentas de Leonardo Broni fueron siete siglos de tinieblas; Mateo Palmieri contabiliza ocho, Giannozo Manett asegura: "per nonigentos circiter annos", o sea un siglo m&aacute;s, pero a&uacute;n se queda corto porque Biondo asegura que fueron mil a&ntilde;os que van desde el 412 hasta 1412. Para entonces ya refulg&iacute;a en Dante la luz renacentista, Manuel Cris&oacute;foros hab&iacute;a ense&ntilde;ado el griego y los cl&aacute;sicos en Florencia, Arist&oacute;teles hab&iacute;a estrenado una segunda vida en la escol&aacute;stica, y las obras de la literatura griega alentaban el renacer hel&eacute;nico en Italia. Toynbee observa, sin embargo, que el Renacimiento ejerci&oacute; una influencia m&aacute;s duradera en lo pol&iacute;tico que en lo literario y art&iacute;stico." Maquiavelo fue, quiz&aacute;, el m&aacute;s cabal representante de ese esp&iacute;ritu pol&iacute;tico de este periodo. Sorprende en su exhortaci&oacute;n a la penitencia, su invocaci&oacute;n human&iacute;stica: "todas las cosas fueron hechas y creadas para beneficio del hombre." &iquest;Es la viga maestra de su pol&iacute;tica?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Disc&iacute;pulo de los romanos, lector de Plutarco, encarna e infunde la idea pol&iacute;tica renacentista que le da prioridad a la formaci&oacute;n de hombres, antes que a la de ciudadanos; a la inteligencia, antes que a la fuerza, que debe estar al servicio de la inteligencia. Por eso la pol&iacute;tica gana en humanidad cuando se lleva a la pr&aacute;ctica como una partida de ajedrez y no como un asalto armado. Al trazar el perfil del pr&iacute;ncipe, Maquiavelo esboza a C&eacute;sar Borgia, brillante resultado de su tiempo, como hombre que se ha modelado a s&iacute; mismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho el mundo teoc&eacute;ntrico de la edad media, cuando los reyes eran mirados y acatados como dioses, y como tales dieron lugar al asombro de los reyes taumaturgos, ese mundo, digo, poblado de milagros y de santos, dio paso a una historia antropoc&eacute;ntrica, deslumbra por los prodigios de la condici&oacute;n humana. Pico della Mirandola saludaba al hombre art&iacute;fice de s&iacute; mismo y con capacidad de esculpirse en la forma que prefiera: "nada m&aacute;s admirable que el hombre, grande es milagro es el hombre, milagro grande y un animal ciertamente admirable... podr&aacute; degenerar en las cosas inferiores que son los brutos; podr&aacute; regenerarse seg&uacute;n decreto de su esp&iacute;ritu", clamaba en su oraci&oacute;n hacer de la dignidad del hombre.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tomaso Campanella, en la carta de Galileo se admiraba por la aparici&oacute;n de un nuevo hombre, de nuevas estrellas, de nuevos sistemas, de nuevas naciones que nacen en un siglo nuevo. Un siglo despu&eacute;s se manten&iacute;a el maravillamiento. Vico exclamaba: "el mundo rejuvenece, cu&aacute;ntos inventos nuevos, cu&aacute;ntas nuevas artes, cu&aacute;ntos hallazgos nuevos de la ciencia".</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; clase de hombre es el que comienza a reinar en la historia?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marshall Breenan <i>(Todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire) </i>se lo preguntaba y cree encontrar la respuesta en el mito de Fausto, el h&eacute;roe cultural que en 1587 hab&iacute;a creado Johan Spies y que Christopher Marlowe reedit&oacute; en 1588. Goethe lo recre&oacute; en 1832. Este doctor Fausto es la met&aacute;fora del hombre que quiere excederse a s&iacute; mismo como respuesta a la vocaci&oacute;n impl&iacute;cita en su condici&oacute;n humana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fausto, doctor, abogado, te&oacute;logo, fil&oacute;sofo, hombre de ciencia, profesor y administrador, todo lo ha probado, es un humanista, nada de lo humano le es ajeno; el esp&iacute;ritu de la tierra lo llama superhombre, pero el ep&iacute;teto suena a burla porque &eacute;l mismo lo sabe: no es superior a s&iacute; mismo. Es un personaje que expresa la crisis de esos a&ntilde;os y de los siglos anteriores. No es el desarrollo de las ciencias y de las artes, ni de la pol&iacute;tica lo que responder&aacute; a esa vocaci&oacute;n humana de superarse a s&iacute; mismo, tampoco ser&aacute; el sentido religioso. Es memorable la escena de Fausto a punto de darse muerte con el frasco de veneno cuando en el interior de la c&aacute;mara de su mundo interior ha roto los lazos que lo atan a la vida. En ese momento suenan las campanas de la Pascua. "Acostumbrado desde chico a o&iacute;r ese repique, me hace a&uacute;n ahora, volver a la vida," exclama. Pero Goethe se burla del contenido religioso de esas campanas porque a Fausto lo rescata su reencuentro con la infancia y con sus sentimientos perdidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todo, ni esto, ni sus logros en la ciencia o en las artes, ni siquiera su alianza con Mef&iacute;sto, ni el amor de Margarita, ni sus obras de progreso, le obtienen respuesta. Exclama, por tanto: "&iexcl;oh desdicha! Que soy yo si no puedo alcanzar la corona de la humanidad, que meramente se burla del anhelo de nuestros sentidos como una estrella".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guiado por Marshall Breenan he recogido con alg&uacute;n detalle el pasaje de Goethe porque en &eacute;l parece tomar cuerpo y significaci&oacute;n el proceso de humanizaci&oacute;n que late en el Renacimiento, comienzo de los humanismos que despu&eacute;s han mantenido esa interminable b&uacute;squeda del hombre nuevo. Entre las neblinas de la historia antigua, Homero hab&iacute;a buscado y cre&iacute;do encontrar ese paradigma en H&eacute;ctor, o en Aquiles, o en Odisea; Harold Bloom, el cr&iacute;tico literario neoyorquino, alude a David, el personaje b&iacute;blico, como un par de Aquiles, o de Hamlet; a su manera Cervantes delinea esa figura en don Quijote y Sancho; hay un af&aacute;n por encontrarlo porque se sabe que le hombre es todo eso, y que tantos brillantes hallazgos no han logrado agotar la enumeraci&oacute;n de las sorpresas que se esconde en el ser humano. Los romanos lo vislumbran en los guerreros vencedores, la iglesia lo exhibe en los santos, el racionalismo ech&oacute; mano de los cient&iacute;ficos y pensadores; nuestra era no agota su capacidad de asombro y se&ntilde;ala hacia los astronautas unas veces; otras hacia los grandes empresarios; les rinde culto a los cantantes, a los deportistas, a las modelos. Es una larga b&uacute;squeda que no ha logrado disminuir la persuasi&oacute;n sobre el misterio y la riqueza inagotable del ser humano. Con todo, al final del desfile de los paradigmas, se repite la descantada expresi&oacute;n de Fausto: "&iquest;qu&eacute; soy yo si no puedo alcanzar la corona de la humanidad?"</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia ha sido marcada por esos humanistas que reflexionan y velan por que el hombre sea humano y no inhumano, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Heidegger que Juliana Gonz&aacute;lez cita y comenta: "se trata de procurar la humanidad del hombre humano". Procura necesaria en todos los tiempos, pero m&aacute;s indispensable que siempre cuando lo humano corre el peligro de degradaci&oacute;n, como sucede en las guerras. En una guerra, la de Troya, encontr&oacute; Homero los protoh&eacute;roes, excelsa expresi&oacute;n de lo humano; en la Segunda Guerra Mundial se produjo este manifiesto de fe en el hombre, escrito por Jean&#150;Paul Sartre en el que nuevamente aparece este pensamiento caracter&iacute;stico y renovador de los humanismos de nuestro tiempo: el poder del hombre posible. Escrib&iacute;a Sartre en <i>La rep&uacute;blica del silencio:</i></font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;...&#93; jam&aacute;s hemos sido tan libres como bajo la ocupaci&oacute;n alemana. &#91;Y mencionaba la p&eacute;rdida de todos los derechos, inclusive el de hablar; recuerda deportaciones, la propaganda ub&iacute;cua y concluye, provocador&#93; a causa de todo ellos &eacute;ramos libres. Puesto que el veneno nazi se deslizaba hasta nuestro pensamiento, cada pensamiento justo era una conquista; puesto que una polic&iacute;a todopoderosa trataba de constre&ntilde;irnos al silencio, cada palabra se volv&iacute;a tan preciosa como una declaraci&oacute;n de principios; puesto que est&aacute;bamos acosados, cada uno de nuestros gestos ten&iacute;a el peso de un compromiso y la elecci&oacute;n que cada uno hacia de &eacute;l mismo era aut&eacute;ntica pues se hac&iacute;a en presencia de la muerte... As&iacute; el problema de la libertad estaba planteado y est&aacute;bamos en la frontera del conocimiento m&aacute;s profundo que el hombre puede tener de s&iacute; mismo.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las situaciones de crisis el hombre se ve obligado a transitar por las estrechas cornisas de lo posible, &uacute;nica v&iacute;a de salvaci&oacute;n entre los abismos de la muerte y de la indignidad. Quiz&aacute; &eacute;sa sea la raz&oacute;n por la que aparece la feliz evidencia de que el ser humano puede ir m&aacute;s all&aacute; de sus l&iacute;mites. La literatura de guerra (Dos Passos, Hemingway, Remarque, entre otros) ha contribuido al descubrimiento human&iacute;stico de nuestros tiempos, mismo que Ortega y Gasset resaltaban: "no podemos decir que el hombre es, sino que est&aacute; en v&iacute;as de ser esto o aquello". Pappenheim, a su vez, comentaba al espa&ntilde;ol: "el n&uacute;cleo de la existencia humana es la posibilidad; dirigido hacia el futuro, el hombre est&aacute; continuamente adelantado a s&iacute; mismo".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adelantarse a s&iacute; mismo, subirse sobre los propios hombros, rebelarse contra la realidad para corregirla, dejar el ser para buscar el deber ser, son distintas formas de expresar la misma idea e id&eacute;ntica agon&iacute;a: la de estarse dando a luz todos los d&iacute;as.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay, pues, un elemento que distingue el humanismo que se est&aacute; construyendo en nuestro tiempo: el hombre no es s&oacute;lo lo que es, es lo que puede ser; estamos en la era del hombre posible.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y esto significa dejar atr&aacute;s la idea de que una persona, aqu&iacute; y ahora, se puede aceptar como algo acabado y definitivo; al ser humano se le est&aacute; mirando como proyecto, como obra en permanente construcci&oacute;n; el presente adquiere una din&aacute;mica imparable porque est&aacute; en movimiento hacia el futuro. No hay lugar para el reposo, ni para la autosatisfacci&oacute;n, ni para la resignaci&oacute;n, siempre habr&aacute; algo por construir, una posibilidad por desarrollar, una perfecci&oacute;n en proceso. Jos&eacute; Antonio Marina se detiene a comentar con alegre asombro: "la realidad no nos basta. La inteligencia inventa sin parar posibilidades reales. La realidad entera queda en suspenso esperando que el ser humano acabe de darla a luz". Y concluye: "h&iacute;bridos de la realidad y de la posibilidad, somos ciudadanos compartidos de la realidad y el deseo".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es &eacute;sta la nueva dimensi&oacute;n humana que ha develado la &eacute;tica que, a su vez ha ganado en claridad ante este desarrollo human&iacute;stico de nuestro tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debo hacer un par&eacute;ntesis necesario para compartir con ustedes el pensamiento de que no hay nada nuevo bajo el sol, ni en las ciencias ni en las artes, ni en la &eacute;tica. A lo largo de los siglos las ideas han quedado como semillas de trigo que fueron encontradas en la tumba del fara&oacute;n (&iquest;Tutankamen, quiz&aacute;?)</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El arque&oacute;logo que sin convicci&oacute;n las sembr&oacute;, crey&oacute; asistir a la explosi&oacute;n de un milagro cuando vio que despu&eacute;s de siglos, las semillas reventaron, crecieron y dieron frutos. Las ideas resisten m&aacute;s que las semillas y esta dimensi&oacute;n del hombre, que deslumbra como un hallazgo nuevo, es s&oacute;lo una vieja semilla que germina. Los fil&oacute;sofos, como los corredores de postas, entregan a su relevo las ideas para que ellas hagan su propio camino.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los viejos pensadores de la <i>&eacute;tica </i>la vincularon con la idea de la felicidad, otros con la utilidad, hubo quienes la pensaron como parte del orden del mundo, o como el camino para reinsertarse en el Uno; en alg&uacute;n momento brillante se le descubri&oacute; obediencia a la naturaleza, o se le vio brillar entre los valores, o como resultado de un imperativo categ&oacute;rico, o como el hallazgo de la comunicaci&oacute;n entre los seres humanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como quiera que se le entendiera, la aplicaci&oacute;n de la &eacute;tica a la vida de todos los d&iacute;as fue objetos de las metodolog&iacute;as que Marina llama centr&iacute;fugas y centr&iacute;petas. Al hacerla consistir en una casu&iacute;stica que va resolviendo caso por caso, con un sentido legalista que dice qu&eacute; es lo prohibido y qu&eacute; lo permitido, la atenci&oacute;n y los criterios sobre lo &eacute;tico se dispersan en la metodolog&iacute;a centr&iacute;fuga, sin una visi&oacute;n clara del conjunto de los grandes valores y criterios de donde se desprenden principios y normas; es una metodolog&iacute;a que sacrifica la libertad a la norma y que tiende a multiplicar los tribunales en perjuicio del tribunal &uacute;nico de la propia conciencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a esa dispersi&oacute;n se levanta la &eacute;tica centr&iacute;peta en donde se descubren las vigas maestras que sostienen toda la arquitectura &eacute;tica de la vida humana. &Eacute;sas son las que est&aacute;n emergiendo en esta dimensi&oacute;n human&iacute;stica del siglo XXI. Ya me refer&iacute;a a uno de sus grandes presupuestos: la existencia y vigencia del hombre posible. Aqu&iacute; cierro el par&eacute;ntesis que necesitaba y retomo el hilo de las reflexiones que compartimos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay una interrelaci&oacute;n tan estrecha entre &eacute;tica y humanismo, que para los fil&oacute;sofos y humanistas hablar de humanismo y reflexionar sobre &eacute;tica, hace parte del mismo ejercicio intelectual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el Renacimiento fue un principio inspirador de artistas y de fil&oacute;sofos, que sin el hombre todo carece de sentido y con &eacute;l &#151;como sucede cuando aparece la luz del amanecer&#151; todo adquiere una raz&oacute;n de ser. Para el artista como para el fil&oacute;sofo, todo gira alrededor del ser humano.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta interrelaci&oacute;n alrededor del hombre es de complementaci&oacute;n cuando el humanismo muestra las ra&iacute;ces de los valores &eacute;ticos y la &eacute;tica, al revelar la trascendencia y universalidad de esos valores, deja al descubierto el instinto de perfeccionamiento que alienta en todos los humanos. Puesto que la &eacute;tica es un saber profundo sobre el ser humano, que se ha acumulado a partir de lo mejor de la experiencia de los hombres, all&iacute; se hacen expl&iacute;citas las posibilidades del hombre, no como una teor&iacute;a o abstracci&oacute;n sino como un deber: por eso cuando se hace el inventario de las notar constitutivas de lo humano y se intenta responder qu&eacute; es lo que nos hace m&aacute;s humanos a los humanos, invariablemente derivamos hacia los valores &eacute;ticos. As&iacute; un c&oacute;digo de &eacute;tica llega a ser un cat&aacute;logo de las posibilidades que le caben al ser humano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, el hombre descubre su humanidad, toma conciencia de su ser como humano, con la ayuda de su conciencia y de su perspectiva &eacute;tica. Por eso, concluye Juliana Gonz&aacute;lez, omnipresente en estas reflexiones "lo &eacute;tico est&aacute; en el coraz&oacute;n del humanismo, tanto como &eacute;ste se halla en el de la &eacute;tica".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta identidad entre &eacute;tica y humanismo s&oacute;lo puede resultar un mutuo enriquecimiento del que quiero extraer, como quien escoge lo m&aacute;s valioso de su joyero, ideas destinadas a transformar la visi&oacute;n y la conciencia de ser humanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mencionaba antes la idea del hombre como ser posible. Es el ser de doble rostro que nuestros escultores precolombinos tallaron en sus monolitos, o el que inspira la exclamaci&oacute;n de S&oacute;focles en <i>Ant&iacute;fona: </i>"lo m&aacute;s maravilloso y terrible que hay en el mundo es el hombre, de su arte y de su ingenio surgen el bien y el mal". La misma literatura b&iacute;blica permite suponer una segunda aurora despu&eacute;s del amanecer del d&iacute;a de la creaci&oacute;n, la del d&iacute;a en que el hombre descubri&oacute;, abiertos para su voluntad, los caminos del bien y del mal; ese deslumbramiento recorre el pensamiento del hombre en la filosof&iacute;a y el arte, porque es la evidencia del universo de lo posible, puestos bajo control de la libertad humana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es s&oacute;lo la posibilidad de humanizarse o deshumanizarse en la que se detuvo, como paralizado por el terror el pensamiento de los hombres, es la posibilidad de superarse a s&iacute; mismo, que S&eacute;neca y san Buenaventura destacan con la met&aacute;fora del hombre que trepa sobre sus propios hombres. Si durante siglos el hombre ha contemplado con horror y con dolor los abismos de degradaci&oacute;n que puede cavar la voluntad torcida de los humanos; parece llegado el momento de mirar esta cara oculta de lo posible, la del ser humano que se construye a s&iacute; mismo una obra maestra. Lo suyo no es un movimiento, es un automovimiento, ni es esta tarea con plazos y t&eacute;rminos fijos, sino una recreaci&oacute;n permanente. La vida humana, desde esta perspectiva, no es algo que se recibe como un bien definitivo, sino como una materia prima que debe ser transformada y transfigurada. Vuelve, desde el siglo XV la voz de Pico della Mirandola: "ni celeste ni terreno, ni inmortal fuiste hecho, a fin de que de ti mismo te plasmes y te esculpas tu mismo en la forma que prefieras &#91;...&#93; Suma liberalidad de Dios, felicidad del hombre a quien es dado tener lo que elija, ser lo que quiera". Es una muy antigua intuici&oacute;n que el pensamiento contempor&aacute;neo recupera haciendo eco a la cl&aacute;sica y misteriosa sentencia: hombre, s&eacute; lo que eres, en este siglo XXI Jos&eacute; Antonio Marina lo afirma: "el ser humano es lo que es, y lo que puede ser". No hay hombres que, como los productos acabados, ya se consideran definitivos. Todo hombre es un proyecto en construcci&oacute;n, obra que se adelanta y progresa d&iacute;a a d&iacute;a. Enriquece esta idea la citada filosof&iacute;a Juliana Gonz&aacute;lez: "al ser humano corresponde la vieja tarea de adquirir humanidad, lo cual significa que el hombre no tiene un ser dado sino que tiene que hacer su propio ser, producirlo y formarlo. En esto se cifra su grandeza o su divinidad: hacerse un hombre nuevo, ser distinto, para ser s&iacute; mismo".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el Renacimiento nos dej&oacute; la imagen de aquellos gigantes capaces de expresar la gloria del hombre en el m&aacute;rmol, en el bronce, en el lienzo o en las paredes de un monumento, este siglo nuestro est&aacute; creando condiciones para otra obra de gigantes: la del ser humano, escultor de s&iacute; mismo y creador de la obra maestra dise&ntilde;ada en la &eacute;tica. Este humanismo &eacute;tico, o esta &eacute;tica humanista, ve al hombre como ser inacabado, como proyecto vivo, como persona siempre en construcci&oacute;n. &Eacute;sta es la segunda perla madre, de nuestro joyero.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Que va acompa&ntilde;ada por el renacer de las utop&iacute;as. Tom&aacute;s Moro al unir las dos palabras griegas, la <i>U </i>que es negaci&oacute;n, y <i>topos </i>que es el sustantivo lugar, denomin&oacute; al lugar que no existe porque tiene que ser creado. Fuera de su hallazgo verbal, extrajo la antigua certeza de que al hombre no le basta lo real porque necesita ir m&aacute;s all&aacute; de lo real, ah&iacute; donde aparecen los linderos de lo posible, que es donde el hombre se libera de la tiran&iacute;a de lo que es, para alzar el vuelo hacia lo que debe ser.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &eacute;tica, que es el compendio de todas las posibilidades del ser humano, como ya qued&oacute; dicho, adquiere la din&aacute;mica de la utop&iacute;a y el car&aacute;cter de una subversi&oacute;n contra la realidad, no porque exija otra realidad inexistente o imposible, sino una realidad llevada al m&aacute;ximo de sus posibilidades, no por una fuerza externa o ajena, sino por la acci&oacute;n del hombre al que la utop&iacute;a mantiene en una insatisfacci&oacute;n permanente, en un proceso de crecimiento sin final porque ninguna meta resulta suficiente o satisfactoria para el hombre.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La utop&iacute;a se presenta bajo la forma de mito &#151;ese recurso de las culturas que, como la met&aacute;fora, expresa lo que no puede ser dicho sin transgredir la l&oacute;gica del lenguaje&#151;. Por eso Homero habl&oacute; de dioses que no eran dioses y de hombres que no eran humanos, porque ten&iacute;a en mente la utop&iacute;a del ser superior, que sin ser absoluto como Dios, tampoco desciende al nivel del hombre vulgar. El h&eacute;roes fue esa encarnaci&oacute;n de lo posible, ese gui&ntilde;o de la utop&iacute;a; y siempre que en el horizonte humano destell&oacute; esa estrella, la humanidad salud&oacute; como un triunfo la aparici&oacute;n de alguien cercano a la utop&iacute;a del humano perfecto. Cada vez que esto ha sucedido se ha fortalecido nuestra convicci&oacute;n de que la utop&iacute;a es posible.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &eacute;tica se ha encargado de mantener a la vez la tensi&oacute;n de quien se enfrenta a diario a la obligaci&oacute;n de ser hoy mejor que ayer y de llegar a ma&ntilde;ana siendo mejor que hoy; y la certeza de que el hombre no naci&oacute; para resignarse, sino para creer sobre s&iacute; mismo, obediente al llamado de la utop&iacute;a es posible.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &eacute;tica se ha encargado de mantener a la vez la tensi&oacute;n de quien se enfrenta a diario a la obligaci&oacute;n de ser hoy mejor que ayer y de llegar a ma&ntilde;ana siendo mejor que hoy; y la certeza de que el hombre no naci&oacute; para resignarse, sino creer sobre s&iacute; mismo, obediente al llamado de la utop&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Agregar&eacute; a las anteriores, y como joya final de este humanismo &eacute;tico, la idea consignada por Ana Arendt cuando escribi&oacute; que "el hombre no nace para morir sino para renacer".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo presintieron en el Renacimiento los fil&oacute;sofos que proclamaron la aparici&oacute;n de un nuevo Ad&aacute;n; lo desearon con pasi&oacute;n los revolucionarios que anunciaron el nacimiento del hombre nuevo; las religiones que en sus ritos saludan la llegada y el establecimiento de una vida nueva. Bajo una forma u otra el hombre ha alimentado la certeza de que la vida que se recibe al nacer es apenas el comienzo en bruto de una obra que tiene que ser continuada porque est&aacute; incompleta, porque su perfecci&oacute;n y belleza apenas si est&aacute;n esbozadas. Los educadores entendieron que su tarea era extraer de ese material primario un ser humano enriquecido con los aportes de la cultura. Lo que hoy est&aacute; revelando este humanismo &eacute;tico es que cuando el hombre asume la responsabilidad de sus posibilidades emprende una acci&oacute;n equivalente a un segundo nacimiento; que en esto consiste la aventura vital del ser humano. Anota Juliana Gonz&aacute;lez: "la <i>humanitas </i>est&aacute; puesta precisamente en la capacidad creadora de la libertad, en la fuerza de la virtud que permite al hombre trascender lo dado, vencer al destino, transformar el mundo externo e interno". Tal es el nuevo nacimiento, ese en que nos damos a luz a nosotros mismos. A esto llamamos, ahora s&iacute; y con un sentido literal, un renacimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un tallador de esmeraldas de mi pa&iacute;s, viejo y experimentado artesano y descubridor de piedras de valor millonario, frente a unos impactantes clientes japoneses, le daba vueltas una y otra vez a una piedra en bruto, que acababan de extraer en el socav&oacute;n. Al fin uno de los &aacute;vidos compradores, contrari&oacute; su impasibilidad oriental:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;&iquest;Qu&eacute; pasa? &#151;Pregunt&oacute;&#151;. &iquest;Por qu&eacute; no comienza la talla? </font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El viejo esmeraldero lo mir&oacute; indulgente.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Lo que pasa &#151;dijo&#151; es que debo estar seguro del posible de esta piedra.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;&iquest;Es posible?, &#151;preguntaron casi en coro.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;S&iacute;, toda piedra tiene un posible, o sea una piedra perfecta. Y es la que trato de descubrir antes de comenzar a romper.</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es la gran tarea que ha acometido la humanidad con diversa fortuna: encontrar el posible de cada ser humano con ayuda de una gu&iacute;a que es la visi&oacute;n &eacute;tica de la excelencia humana. Cada era hist&oacute;rica ha elaborado y acumulado pistas para hacerlo. Y as&iacute; como el esmeraldero buscaba la piedra perfecta, convencido de que existe, y como Miguel &Aacute;ngel emprendi&oacute; en el enorme bloque de m&aacute;rmol, la b&uacute;squeda de la imagen perfecta del ser humano, el humanismo de hoy contin&uacute;a en esa tarea. Pero el ser humano perfecto no saldr&aacute; del m&aacute;rmol, ni del bronce, ni de la piedra; saldr&aacute; de &eacute;l mismo, porque naci&oacute; con un posible, como un incancelable desaf&iacute;o &eacute;tico.</font></p>      ]]></body>
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