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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as y noticias</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Es indudable que las cosas no comienzan; o no comienzan cuando se les inventa. O el mundo fue inventado antiguo</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Gris</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Idalia Sautto. <i>Una vida tan llena de esdr&uacute;julas.</i> M&eacute;xico, Torres Asociados, 2007. ISBN: 970&#45;9066&#45;49&#45;8. </b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor del Departamento de Humanidades del Tecnol&oacute;gico de Monterrey, Campus Ciudad de M&eacute;xico.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La semana pasada fui a escuchar a Ricardo Piglia, un escritor que yo en lo particular admiro mucho. Lo primero que mencion&oacute; fue que la met&aacute;fora es el origen de la literatura, y que a &eacute;l le gustaba comenzar siempre la presentaci&oacute;n de cualquier libro diciendo eso. Ahora que lo pienso, dijo, el g&eacute;nero literario m&aacute;s concurrido por todos los escritores es la presentaci&oacute;n del libro. No s&eacute;, en mi caso es la primera vez.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me encanta hablar de este libro como el libro de Rosamunda, porque yo le hubiera puesto su nombre, pero despu&eacute;s pens&eacute; que lo mejor ser&iacute;a darle un nombre que describiera la historia misma y que fuera el puente a cualquier parte del libro. La frase "una vida tan llena de esdr&uacute;julas" naci&oacute; de un verso de Eugenio Montejo, el cual dice, "el infierno deber&iacute;a nombrarlo una palabra esdr&uacute;jula". Y yo en ese momento sent&iacute;a precisamente que mi vida era esdr&uacute;jula o salom&oacute;nica, que estas dos palabras son la arquitectura exacta de mi realidad. Es muy curioso c&oacute;mo esta historia viene a salvarme, me salv&oacute; de mis propios miedos, de ocultarme debajo de la mesa y de gatear por el pasillo de la biblioteca para esconder libros en los anaqueles. Fue tambi&eacute;n romper ese lado desde el cual las letras hab&iacute;an dejado de danzar y s&oacute;lo eran un paliativo de mi tristeza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando yo escrib&iacute; esta historia estaba trabajando en una biblioteca. Ten&iacute;a adem&aacute;s la necesidad de vivir cada d&iacute;a entre frases subrayadas, porque eso deber&iacute;a ser el tiempo, una frase que toma la direcci&oacute;n de nuestro destino. Me gusta poner en suspenso la verdad, me gusta jugar con las casualidades, me gusta creer que el mundo es un espacio en donde nada est&aacute; dado y todo puede chocar contra m&iacute; en cualquier momento. Eso busco en la literatura: el suspenso de mi propia vida, la vuelta de tuerca, el fluir de la memoria en las palabras.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora me doy cuenta que ten&iacute;a m&aacute;s bien una necesidad de leer una historia que no encontraba en mis propios autores, pero que al mismo tiempo el modo en el que yo le&iacute;a estas novelas, como el Ad&aacute;n Buenosayres y los poemas de Girondo, iban se&ntilde;alando diferentes caminos. Una historia de c&oacute;mo el lenguaje acaricia la literatura, o bien, corta transversalmente las estructuras ya conocidas. Emprender esta caminata sobre el lenguaje como si &eacute;ste fuera una cadena de frases, siempre perdiendo el equilibrio entre los humores y colores, entre sujeto y predicado, entre cartas escritas que han perdido su destinatario. Escribo para crear un surco entre el juego de im&aacute;genes y el juego que el propio lector inventa o sigue al voltear la p&aacute;gina, al intentar perseguir las palabras, creo que eso pasa siempre que me hundo en la prosa, me lleno de persecuciones, entre laga&ntilde;as y sue&ntilde;os, en el "olor a palabras que se repiten una y otra vez", en el olor de la p&aacute;jara, que no se puede tener entre las manos, como tampoco se puede tocar el lenguaje, pero acaso podemos siempre alzar la mirada hasta alcanzar su aroma, aunque sea el aroma de un recuerdo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Porque de golpe entend&iacute; que la &uacute;nica manera de huir de toda realidad era escribiendo cada peque&ntilde;o detalle que pasa, momentos ef&iacute;meros que de pronto se vuelven rituales, una cucharita de caf&eacute; que entra a la manga o cada frase que se lee muchas veces siempre como al borde de la realidad, como si de verdad pudiera existir esa ventanita de la felicidad en el agujero de una moneda, esa escultura en la tecla de un piano, o versos que simplemente aprendo de memoria, como pas&oacute; con la "coralina de Byron", de pronto ten&iacute;a la necesidad de colocar la coralina de Byron en alg&uacute;n lugar para dejar de repetirla en mi mente, en esa obsesi&oacute;n de aprender versos, de colocarlos en la punta de la nariz. Porque esta historia puede ser un laberinto para algunos lectores, o puede ser siempre el centro en donde est&aacute; el otro lado de las cosas, el relieve y la sombra que a veces se pierde en nuestra vida cotidiana, "el centro, las pesta&ntilde;as ca&iacute;das, el centro de la axila para medir la temperatura. El centro de un cuaderno pautado, un centro peque&ntilde;o, agujero de luz, carpa de circo, puntito Klee. Un centro pintado con gis en el medio, un asterisco. Aqu&iacute; hay un centro". Porque ah&iacute; estamos todos, inmersos en lo habitual, en lo acostumbrado. Arrojados, pero del otro lado de la suerte. Cuando un libro termina, cuando la hoja se acaba llena de dibujitos, la tarde se vuelve rosada, y es cuando siento que me he quedado sin arcanos ni c&iacute;clopes bes&aacute;ndose, ya nada, lo &uacute;nico es la voz que surge desde el fondo, cuando me duelen los hombros y escribo, desenredando el aliento y las cartas que a diario van cubriendo la rutina con diferentes terciopelos, creo que de ah&iacute; nace la literatura, de esos momentos en donde la memoria ha dejado escapar un recuerdo y el tiempo se detiene, ese asombro hace posible todas las casualidades y azares que necesita la vida.</font></p>      ]]></body>
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