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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De cómo los libaneses conquistaron la península de Yucatán: Migración, identidad étnica y cultura empresarial]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora Área de Historia Política ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ramirez Carrillo, Luis Alfonso, <i>...De c&oacute;mo los libaneses conquistaron la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n. Migraci&oacute;n, identidad &eacute;tnica y cultura empresarial</i></b></font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Marisa Margarita P&eacute;rez Dom&iacute;nguez</b></font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="3">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#45;Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales, M&eacute;rida, 2012, 258 pp.</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&Aacute;rea de Historia Pol&iacute;tica instituto de investigaciones Dr. Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora.</i></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/treh/n59/a11i1.jpg"></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1989 Juan Villoro, en su libro <i>Palmeras de la brisa r&aacute;pida. Un viaje a Yucat&aacute;n</i>, escribi&oacute; que, mientras esperaba le sirvieran una horchata en la llamada "Ciudad Blanca", le&iacute;a en el <i>Diario de Yucat&aacute;n</i> un "sinf&iacute;n" de esquelas a prop&oacute;sito de la muerte del empresario de ascendencia libanesa, Salom&oacute;n D&aacute;maso Mena Abraham. En &eacute;stas se daba cuenta del parentesco "exacto" que el fallecido ten&iacute;a con gerentes generales, presidentes del consejo de administraci&oacute;n y ejecutivos de importantes empresas yucatecas que reflejaban el vasto poder econ&oacute;mico de la familia de Mena Abraham, al grado de que "casi parec&iacute;a un acto de ternura que tambi&eacute;n controlara Guayaberitas de Yucat&aacute;n". Tambi&eacute;n llam&oacute; la atenci&oacute;n del escritor que entre las esquelas se anunciara una cena de beneficencia en el Deportivo Liban&eacute;s, donde se subastar&iacute;an las m&aacute;s "regias antig&uuml;edades", pues seg&uacute;n refiere, despu&eacute;s del colapso del mercado henequenero, la porcelana de Limoges y los <i>bibelots</i> cambiaron de manos y los &aacute;rabes eran ya los "reyes del comercio", es decir, los due&ntilde;os virtuales de un estado donde la industria, la agricultura y la ganader&iacute;a eran pr&aacute;cticamente inexistentes o inoperantes. En ese sentido, menciona: "La Casta Beduina ha comprado su prestigio y hoy en d&iacute;a se habla de ella con respeto", incluso entre los descendientes de la otra casta, la "Divina", o lo que es lo mismo, los henequeneros de la "&eacute;poca de oro" del Yucat&aacute;n porfiriano.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al leer lo anterior, surge la siguiente pregunta: &iquest;c&oacute;mo lograron los libaneses <i>conquistar</i> la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n? Me parece que precisamente el libro de Luis Alfonso Ram&iacute;rez Carrillo responde a &eacute;sa y a otras interrogantes relacionadas con esta migraci&oacute;n que lleg&oacute; para quedarse, adapt&aacute;ndose a un entorno totalmente ajeno al suyo, trabajando muy duro hasta adquirir una sobresaliente presencia econ&oacute;mica y distinci&oacute;n social en la sociedad peninsular , en solo un poco m&aacute;s de un siglo. As&iacute;, desde una perspectiva antropol&oacute;gica, el autor nos adentra en la historia migratoria de origen &aacute;rabe, al tiempo que realiza una aproximaci&oacute;n tanto al proceso de adaptaci&oacute;n como al territorio y la sociedad receptora desde el final del siglo XIX hasta los albores del siglo XXI.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema de la migraci&oacute;n &aacute;rabe a nuestro pa&iacute;s, y en particular a Yucat&aacute;n, ha sido objeto de m&uacute;ltiples trabajos de car&aacute;cter acad&eacute;mico y de divulgaci&oacute;n. El propio Ram&iacute;rez Carrillo, dentro de su vasta producci&oacute;n, ha dado cuenta de este fen&oacute;meno en otros momentos, y lo ha hecho en virtud de la importancia que tiene este tema, porque muchos de los descendientes de este proceso migratorio constituyen hoy en d&iacute;a un n&uacute;cleo muy relevante para la econom&iacute;a, la cultura, la pol&iacute;tica y la sociedad, no s&oacute;lo de Yucat&aacute;n sino del M&eacute;xico actual.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro parte de una explicaci&oacute;n sobre las diferencias en la identidad de los inmigrantes libaneses: hasta muy avanzado el siglo xix la zona mediterr&aacute;nea de donde proven&iacute;an fue un protectorado del imperio otomano, conocida como la Gran Siria, raz&oacute;n por la cual en muchos pa&iacute;ses latinoamericanos fueron llamados sirios. Por otra parte, el apelativo de turcos provino de los pasaportes y papeles de identidad expedidos por dicho protectorado, y el de &aacute;rabes, como tambi&eacute;n son denominados, se relaciona con el idioma que hablaban.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n se apunta que un factor decisivo para que los habitantes de esta zona optaran por la inmigraci&oacute;n fue la compleja situaci&oacute;n pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y religiosa que desde mediados del siglo XIX se viv&iacute;a en aquella parte del Medio oriente: el momento en que comenz&oacute; a registrarse un significativo movimiento migratorio hacia Am&eacute;rica. En esta din&aacute;mica, el contingente m&aacute;s numeroso se dirigi&oacute; a Estados Unidos, pero pa&iacute;ses como Brasil, Chile y Argentina, y zonas como Am&eacute;rica Central y el Caribe, tambi&eacute;n fueron receptores de un n&uacute;mero importante de migrantes. Estos contingentes de familias de origen sirio y liban&eacute;s, si bien tuvieron sus particularidades y especificidades, siguieron la misma tendencia de movilidad social, que estuvo acompa&ntilde;ada con la formaci&oacute;n de asociaciones que legitimaron su presencia en los pa&iacute;ses anfitriones.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso mexicano, los puertos del Golfo fueron los puntos de entrada de estos grupos desde finales del siglo XIX. En la pen&iacute;nsula yucateca, el entonces nuevo puerto de Progreso fue testigo de quienes arribaron con la esperanza de una vida mejor. Su llegada coincidi&oacute; con una coyuntura particular: el inicio de la bonanza henequenera, resultado de la exportaci&oacute;n de esta fibra que comenzaba a prestigiarse en los mercados internacionales y cuyo beneficio comenzaba a ser visible en lo que entonces se dio por llamar "el progreso". En este contexto, el desarrollo econ&oacute;mico de M&eacute;rida, la ciudad capital, la convirti&oacute; en un polo de atracci&oacute;n en que los primeros libaneses se asentaron y comenzaron a trabajar en el comercio informal como buhoneros. Una actividad que al poco tiempo les permiti&oacute; establecer peque&ntilde;os negocios en torno a los mercados de esa regi&oacute;n: el primer paso para el establecimiento de un comercio formal de mayor tama&ntilde;o.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Yucat&aacute;n, la comunidad libanesa tuvo, como lo se&ntilde;ala bien Ram&iacute;rez Carrillo, un gran dinamismo en t&eacute;rminos de movilidad pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y social. Por ello, este autor se aboca a utilizar fuentes que le permiten realizar un an&aacute;lisis no s&oacute;lo de algunos de los aspectos fundamentales de la comunidad, sino tambi&eacute;n de la movilidad colectiva y la estructura familiar. De esa labor se desprende un registro que brinda informaci&oacute;n valiosa de los migrantes de primera generaci&oacute;n: su lugar de origen, su asentamiento en Yucat&aacute;n, Campeche o Quintana Roo, o bien, acerca de la cadena migratoria que se extendi&oacute; por prolongados periodos de tiempo.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el autor identifica cuatro etapas en el proceso migratorio en el sureste mexicano: la etapa formativa, que comienza a principios del porfiriato y se extiende hasta 1927. El periodo durante el cual los libaneses pioneros generaron los mecanismos para ganarse la vida y comenzaron a ocupar de manera escalonada nuevos espacios econ&oacute;micos, que demandaban cadenas de venta integradas. Esta situaci&oacute;n gener&oacute; una mutua dependencia a trav&eacute;s del cr&eacute;dito y la cobranza; de esta manera, su endogamia contribuy&oacute; particularmente a la cohesi&oacute;n interna, y la colonia tuvo un referente espacial al crear un barrio propio en la capital yucateca.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo momento fue la etapa de consolidaci&oacute;n, entre 1927 y 1950, y correspondi&oacute; a la multiplicaci&oacute;n de la primera generaci&oacute;n nacida en M&eacute;xico: se sumaron asentamientos de Campeche y de Chetumal, en Quintana Roo. En este periodo se puede constatar que los libaneses comerciaban en toda la pen&iacute;nsula y que ten&iacute;an una estratificaci&oacute;n interna, que diferenciaba a las familias m&aacute;s ricas de las dem&aacute;s. El mantenimiento de la identidad &eacute;tnica como estrategia les permiti&oacute; no s&oacute;lo subsistir, sino tambi&eacute;n acumular y capitalizar mediante el cr&eacute;dito, la confianza y la ayuda mutua. Sin embargo, la endogamia continuaba siendo una pr&aacute;ctica com&uacute;n y apellidos como Macari, xacur, Jorge, Mena y Rafful, entre otros, comenzaron a tener presencia importante en el ramo cordelero, ganadero, azucarero, lo mismo que en la loter&iacute;a clandestina conocida como "bolita" y empresas camaroneras.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ram&iacute;rez ubica el tercer periodo o de integraci&oacute;n, entre mediados del siglo XX y hasta 1990. En &eacute;l se puede observar que la comunidad libanesa tuvo un avance notable que si bien les permiti&oacute; incorporarse culturalmente a otros segmentos altos de la poblaci&oacute;n yucateca, tambi&eacute;n favoreci&oacute; cierto grado de disoluci&oacute;n de la identidad &eacute;tnica como grupo. En estos a&ntilde;os, nuevas familias, como los Abraham y los Chapur se sumaron al grupo de los grandes empresarios a nivel regional, dedicados al comercio y el turismo en la Riviera Maya. La movilidad social de las nuevas generaciones, su socializaci&oacute;n y su escolaridad creciente en esta etapa, facilitaron finalmente los matrimonios mixtos, con lo cual se complet&oacute; el proceso de mestizaje e integraci&oacute;n.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor se&ntilde;ala como un cuarto momento el de asimilaci&oacute;n, que va de 1990 a 2012. En estas poco m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, distingue que las nuevas generaciones nacidas en estos a&ntilde;os, al igual que sus padres, asimilaron los valores y conductas de la clase media y alta yucateca. Los procesos de transformaci&oacute;n en la identidad empresarial y &eacute;tnica concluyeron, al tiempo que la identificaci&oacute;n como "paisanos" comenz&oacute; a ser sustituida por una que apelaba a un origen cultural m&aacute;s general y abstracto, en un proceso que algunos autores han denominado "libanismo".</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concluida la primera d&eacute;cada del siglo XXI, Ram&iacute;rez se&ntilde;ala que la et&#45;nicidad libanesa forma parte ya m&aacute;s de las historias familiares que de su organizaci&oacute;n como grupo social, y es asimilada como un mito de origen relacionado con el esfuerzo, el trabajo y el &eacute;xito. Los apellidos comienzan a adquirir valor por s&iacute; mismos, por ser parte de una elite econ&oacute;mica y pol&iacute;tica pujante. En estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, el reconocerse como de origen liban&eacute;s ha dejado de ser una identidad exclusivista dentro de las pautas de interacci&oacute;n social, de cercan&iacute;a privilegiada a un colectivo o trato solidario. Ahora es &uacute;nicamente uno entre otros referentes identitarios.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro cierra con un anexo biogr&aacute;fico de la autor&iacute;a de Gustavo Abud Pav&iacute;a, quien a partir del censo de 1948, presenta una relaci&oacute;n de matrimonios mixtos como ejemplo del proceso de asimilaci&oacute;n cultural de los migrantes libaneses. Asimismo, a manera de galer&iacute;a comentada, organiza en tres rubros (actividades relacionadas con los espect&aacute;culos, profesionistas y otras ocupaciones, y personajes) y en orden alfab&eacute;tico, un conjunto de testimonios de vida e integraci&oacute;n que resultan ilustrativos de todo lo que el autor ha sostenido a lo largo del texto.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, se trata de un libro que aporta elementos anal&iacute;ticos y herramientas interpretativas para el conocimiento de la migraci&oacute;n libanesa en Yucat&aacute;n, aunque tambi&eacute;n resulta de gran utilidad para entenderla en otros espacios de M&eacute;xico, Am&eacute;rica Latina y el Caribe. Es, desde luego, una lectura obligada y a ratos regocijada, para todo aqu&eacute;l que pretenda entender la conformaci&oacute;n social del Yucat&aacute;n contempor&aacute;neo y sus similitudes y diferencias con otras regiones de nuestro pa&iacute;s.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, como el propio autor lo se&ntilde;ala, todav&iacute;a queda camino por andar, pues faltan por explorar acervos documentales que seguramente arrojar&aacute;n nuevas pistas que hagan posible conocer mejor el proceso de mestizaje y asimilaci&oacute;n de las familias libanesas; nuevos enfoques con metodolog&iacute;as distintas que enriquezcan y complementen los trabajos existentes; trabajos comparativos que nos permitan establecer rupturas y continuidades en procesos similares en otras regiones y a&uacute;n dentro de la propia pen&iacute;nsula yucateca.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura de esta obra trae a la mente innumerables im&aacute;genes que identifican a los libaneses y su lucha cotidiana por conquistar los espacios sociales, casi siempre vedados a los advenedizos, de los pa&iacute;ses a los que llegaron huyendo del muy convulso Medio Oriente de su tiempo. Es pr&aacute;cticamente imposible leerlo sin que vengan a la imaginaci&oacute;n y al recuerdo escenas cinematogr&aacute;ficas, que han quedado como arquetipos de esta inmigraci&oacute;n. Como ejemplo m&aacute;s evidente, durante la "&eacute;poca de oro del cine mexicano", hacia los a&ntilde;os cuarenta del siglo pasado, la figura de los comerciantes libaneses y su lucha por integrarse a la sociedad mexicana fue llevada a la pantalla de forma magistral por Joaqu&iacute;n Pardav&eacute;. Con su genial forma de actuar, en "El baisano Jalil" y "El barchante Ne&#45;guib" represent&oacute; la lucha del d&iacute;a a d&iacute;a de esos inmigrantes, y el rechazo de una sociedad que los considera "extranjeros arribistas", a la vez que los cubre de burla y desprecio.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El t&iacute;tulo del libro de Luis Alfonso Ram&iacute;rez es todo un homenaje a la <i>conquista</i> que estos inmigrantes llevaron a cabo. Es una forma de compararlos con la aventura m&aacute;s grande que se haya vivido en territorio mexicano a lo largo de los siglos: con la compleja haza&ntilde;a de encuentro y fusi&oacute;n de dos pueblos &#151;el espa&ntilde;ol y los pueblos prehisp&aacute;nicos&#151; en el siglo XVI. Es, a lo mejor, una premonici&oacute;n sobre el resultado final de la migraci&oacute;n libanesa en M&eacute;xico, que ha producido, en las regiones donde se asent&oacute; en mayor n&uacute;mero, cambios culturales significativos, de percepci&oacute;n de cosas tan importantes, por ejemplo, como el trabajo o el dinero.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cambios de los que ha sido dif&iacute;cil asumir su origen porque quiz&aacute;, los que no somos de origen liban&eacute;s, preferimos identificarlos con una influencia de los modelos de los pa&iacute;ses desarrollados y no acabamos de aceptarlos como estupendas aportaciones de este grupo de migrantres a una nueva y moderna manera de ser de los yucatecos y de los mexicanos en general.</font></p>     ]]></body>
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