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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Rosario G&oacute;mez, Adam Sellen y Arturo Taracena Arriola (eds.), <i>Di&aacute;logos sobre los espacios: imaginados, percibidos y construidos</i></b></font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Dra. Rebeca Maldonado</b></font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;rida, Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales, UNAM, 2012</b></font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>FFyL, UNAM</i>.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Di&aacute;logos sobre los espacios</i> viene a reunir distintas trayectorias, formaciones, lecturas; presenta diferentes miradas en torno al espacio, desde la filosof&iacute;a, la historia, la antropolog&iacute;a social y la geograf&iacute;a, haci&eacute;ndonos ver que ninguna disciplina puede por s&iacute; sola aprehender este vasto problema con todas sus dimensiones y estratos. aunque ser&iacute;a imposible agotar la infinita riqueza y la diversidad de ideas que se aportan sobre el tema desde las distintas perspectivas, trataremos de esbozar aqu&iacute; lo que un lector ajeno a este libro puede encontrar en medio de sus p&aacute;ginas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Perspectivas antiguas: cuatro claves para pensar el espacio en Plat&oacute;n" de Nicole Ooms, ofrece una interpretaci&oacute;n no can&oacute;nica de Plat&oacute;n, pues transgrede aquella versi&oacute;n que dice que el fil&oacute;sofo que asciende de la caverna contempla el mundo de las ideas. Ooms por el contrario sostiene que el fil&oacute;sofo que asciende desde la caverna ha accedido a otro orden estable de lo real, a un espacio diferente al de las formas o a las ideas, mismo que no podr&iacute;a interpretarse desde la conocida distinci&oacute;n entre mundo sensible y mundo inteligible. La autora se&ntilde;ala que la mayor&iacute;a de los di&aacute;logos plat&oacute;nicos se desenvuelven en el &aacute;gora o la plaza p&uacute;blica de atenas. No es fortuito que el mercado, lugar abierto con gran afluencia de varones que acuden all&iacute; para el intercambio de bienes y productos, sea a la vez escenario socr&aacute;tico del intercambio filos&oacute;fico o di&aacute;logo. Adem&aacute;s, el &aacute;gora, rodeada siempre por construcciones y dependencias encargadas de la administraci&oacute;n del Estado y dem&aacute;s actividades c&iacute;vicas que conciernen al gobierno de la ciudad, es un espacio o s&iacute;mbolo de la necesidad de una relaci&oacute;n entre el &aacute;mbito pol&iacute;tico y el quehacer filos&oacute;fico. ahora bien, S&oacute;crates no quiso enrolarse en la vida p&uacute;blica m&aacute;s que ocupando los cargos que le fuesen estrictamente designados por el estado; por lo tanto, se podr&iacute;a decir que fue un personaje apol&iacute;tico institucionalmente hablando. En otro sentido, sin embargo, en tanto que siempre procur&oacute; el cuidado de las almas de sus conciudadanos y por lo tanto la mejora del espacio que llenaban, esto es, la <i>polis,</i> se podr&iacute;a decir que s&oacute;lo las personas que actuaron como &eacute;l son verdaderamente pol&iacute;ticas. En el <i>Crit&oacute;n,</i> Plat&oacute;n describe cu&aacute;n ligado estaba S&oacute;crates a la <i>polis</i> y c&oacute;mo nunca sali&oacute; de ella m&aacute;s que en situaciones que le fueron necesarias. En el <i>Timeo,</i> se se&ntilde;ala la incapacidad del sofista &#151;n&oacute;mada que va de ciudad en ciudad sin morada fija&#151; para entender a cabalidad a pol&iacute;ticos y fil&oacute;sofos de la tierra visitada. Todo esto indica un planteamiento plat&oacute;nico de que la filosof&iacute;a se encuentra en estrecha relaci&oacute;n con el lugar o el espacio donde se lleva a cabo.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s delante Ooms observa c&oacute;mo el &aacute;gora es met&aacute;fora de la estrecha relaci&oacute;n que seg&uacute;n Plat&oacute;n debe existir entre filosof&iacute;a y su lugar de origen; pero adem&aacute;s es met&aacute;fora del progresivo desarrollo y el intercambio de ideas que constituyen la filosof&iacute;a, de manera tal que en el di&aacute;logo sus interlocutores vacilan, se equivocan, rectifican y, en muchos casos, el di&aacute;logo resulta apor&eacute;tico y nada contundente. La filosof&iacute;a entonces comparte con la met&aacute;fora del &aacute;gora un rasgo distintivo. Dice nuestra autora: "La filosof&iacute;a no es una arena cerrada de debates, sino un proceso permanentemente abierto" (p. 24).</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el apartado intitulado "Representaci&oacute;n espacial de la experiencia el s&iacute;mil de la caverna", partiendo de un an&aacute;lisis de dicho s&iacute;mil, Ooms pretende demostrar que el empleo de herramientas que no son estrictamente l&oacute;gico&#45;formales &#151;como la analog&iacute;a&#151; enriquece el poder expresivo de toda filosof&iacute;a; por lo tanto, si acudimos al estudio de estos recursos ganaremos una mayor comprensi&oacute;n del di&aacute;logo plat&oacute;nico. El s&iacute;mil de la caverna, por ejemplo, sostiene la posibilidad que tienen algunos hombres de ascender y escapar de las cadenas que los atan a aquel luar. La autora difiere de la interpretaci&oacute;n convencional de Plat&oacute;n en la que el fil&oacute;sofo, al dejar las ataduras, sube al mundo de las ideas, pues: "La <i>Rep&uacute;blica</i> especifica que quien ha sido educado hasta el punto de conocer la fuente de todo bien tiene el deber de velar por el bien de su comunidad y, en este sentido, no habr&iacute;a regreso posible si el aprendiz &#151;ahora fil&oacute;sofo&#151; se hubiese marchado de un mundo terrenal" (p. 31). Por lo tanto, para la autora, Plat&oacute;n manifiesta que el fil&oacute;sofo accede no al mundo de las <i>ideas,</i> sino a "otra faceta de lo real", no engarzada en el devenir y que le permite dar cuenta del estado de ignorancia en el que se encontraba.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte Martin Fricke en "Perspectivas modernas: Leibniz, Newton y Kant" nos ofrece una breve exposici&oacute;n del c&eacute;lebre debate entre Leibniz y Samuel Clarke (fil&oacute;sofo newtoniano) acerca de las nociones de espacio y de tiempo, y posteriormente una presentaci&oacute;n del intento de Kant de explicar al espacio y al tiempo como intuiciones puras, retomando algunos elementos de ambas concepciones (la leibniziana y la newtoniana). El autor se&ntilde;ala que "Leibniz proviene de una tradici&oacute;n racionalista en la que la relaci&oacute;n entre el hombre y Dios puede ser discernida en su integridad por el entendimiento humano, mientras que Newton y Clarke vienen de una tradici&oacute;n protestante en la que hay ciertos aspectos de la voluntad de Dios que permanecen ocultos a la raz&oacute;n humana". a continuaci&oacute;n, presentamos la pol&eacute;mica Newton&#45;Clarke vs Leibniz en la versi&oacute;n de Martin Fricke.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El espacio &iquest;es un contenedor de las cosas? O m&aacute;s bien, puede pensarse como las relaciones entre los objetos que est&aacute;n en &eacute;l, pero sin significar que sea una "sustancia" independiente de ellos? "Si es un contenedor, entonces podr&iacute;a ser que hay un espacio vac&iacute;o hacia el cual podr&iacute;amos mover el universo. Dicho de otra manera, el universo podr&iacute;a haber estado situado en otro lugar, 'un metro a mi derecha'" (p. 53 y ss.), "aunque las relaciones entre las cosas dentro de &eacute;l, fueran exactamente las mismas". Esta es la posici&oacute;n de Clarke&#45;Newton,<sup><a href="#nota">1</a></sup> y ya se alcanza a ver que Leibniz no puede estar de acuerdo con ella. Pues "el espacio ser&iacute;a un ser real absoluto (una sustancia) en el sentido de que ser&iacute;a independiente de las cosas contenidas por &eacute;l, y as&iacute; pues, un contenedor en el que el universo podr&iacute;a estar en este punto o en aqu&eacute;l (como si se tratara de un caj&oacute;n). Lo mismo pasar&iacute;a en el caso del tiempo. Habr&iacute;a un tiempo independiente absolutamente de los fen&oacute;menos que acontecen en &eacute;l, con lo que ser&iacute;a un contenedor de todos los instantes, y podr&iacute;a haber sido creado el universo un minuto, o un milenio antes o despu&eacute;s". Leibniz, bas&aacute;ndose en el Principio de Raz&oacute;n Suficiente, intenta refutar esta idea. "Si nada ocurre sin raz&oacute;n, entonces el universo est&aacute; en el mejor lugar y tiempos posibles, ni un mil&iacute;metro, ni un milisegundo m&aacute;s o menos, antes o despu&eacute;s. Conjeturar un espacio vac&iacute;o, supondr&iacute;a que el universo tendr&iacute;a la posibilidad de hallarse en otro sitio de ese espacio; pero ese otro espacio vac&iacute;o, en cuanto indiferente a cualquier otro, no tiene raz&oacute;n de ser mejor o peor para colocar all&iacute; el universo, con lo que Dios habr&iacute;a actuado sin raz&oacute;n para poner el universo donde lo puso efectivamente; lo cual seg&uacute;n el P. de R. S., es absurdo." Leibniz concluye: el espacio es &uacute;nicamente las <i>relaciones y el orden</i> que hay entre los cuerpos. Los objetos mismos en cuanto tales <i>constituyen</i> el espacio, pero no existe un espacio como sustancia absoluta independiente. As&iacute; tambi&eacute;n, el tiempo es s&oacute;lo el orden de sucesi&oacute;n entre los fen&oacute;menos y su relaci&oacute;n, pero nada sustancial en s&iacute; mismo. adem&aacute;s, seg&uacute;n el principio de identidad entre los indiscernibles el universo en su actual posici&oacute;n y el universo imaginado en otra posici&oacute;n, son exactamente lo mismo, ya que ninguna cualidad observable o pensable en ellos es distinta, salvo que est&aacute;n en otro lugar del espacio vac&iacute;o. El espacio es s&oacute;lo el orden en que est&aacute;n dispuestos los objetos. Pi&eacute;nsese an&aacute;logamente el tiempo y sus instantes. Ellos no existen independientemente de lo que ocurre en ellos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kant tuvo primeramente una concepci&oacute;n leibniziana del espacio. avanz&oacute; despu&eacute;s hacia una noci&oacute;n de un espacio independiente de los objetos en &eacute;l contenidos, mediante la observaci&oacute;n de que las relaciones entre dos objetos pueden ser indiscernibles, aunque ambos objetos sean de hecho diferentes, por ejemplo dos guantes (el izquierdo y el derecho). Es decir que s&oacute;lo las discernimos de acuerdo a su <i>direcci&oacute;n,</i> pero ella no es una relaci&oacute;n entre objetos, sino una orientaci&oacute;n que hace referencia a un espacio absoluto. Pero, como es sabido, en la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</i> se movi&oacute; hacia una concepci&oacute;n del espacio y del tiempo como intuiciones trascendentales de la sensibilidad, que s&oacute;lo son la forma en que aprehendemos los <i>fen&oacute;menos,</i> pero que fuera de esta forma, como cosas en s&iacute; mismas, no son nada. Es decir, tiempo y espacio se volvieron para Kant algo "absoluto &#91;s&oacute;lo&#93; en sentido epistemol&oacute;gico &#91;pero&#93; no en un sentido ontol&oacute;gico. Nuestra experiencia del mundo es newtoniana, pero el mundo en s&iacute; no lo es" (p. 74).<sup><a href="#nota">2</a></sup> As&iacute;, la posici&oacute;n de Kant tiene elementos leibnizianos, pero tambi&eacute;n newtonianos y el debate al respecto, hoy en d&iacute;a, sigue candente.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "El espacio y las representaciones ling&uuml;&iacute;sticas", Rosario G&oacute;mez plantea la relaci&oacute;n que existe entre el espacio y el lenguaje, Tras una presentaci&oacute;n te&oacute;rica de las relaciones entre ambos, la autora explora la interrelaci&oacute;n entre el espacio social y nuestra manera de articularlo mediante el lenguaje (y viceversa). Considerando algunas "variables socioling&uuml;&iacute;sticas" (p. 93),<sup><a href="#nota">3</a></sup> G&oacute;mez piensa que las terminolog&iacute;as y la sem&aacute;ntica en muchas culturas tienden a variar de acuerdo al sexo al que se aplican, o al sexo del hablante, privilegiando por lo regular la figura masculina (por ejemplo, la palabra "zorro" que quiere decir "astuto", pero que en su forma femenina quiere decir "prostituta"). Es m&aacute;s aceptado que un hombre utilice un lenguaje vulgar, mientas que en la mujer esto es mayormente censurado. Explica adem&aacute;s que los grupos sociales que se encuentran entre los 25 y los 50 a&ntilde;os de edad son los que m&aacute;s tienden a autocorregirse y prefieren estandarizar su lenguaje, puesto que ello implica una mayor aceptaci&oacute;n en el espacio social que les interesa, as&iacute; como la posibilidad de ascender en la escala social. adem&aacute;s explica que los grupos marginados tienden a utilizar formas ling&uuml;&iacute;sticas "no estandarizadas", o "vulgares", mientras que las clases medias&#45;altas prefieren las formas aceptadas, llegando incluso a ser diferente la forma de los &oacute;rganos de fonaci&oacute;n. La forma de hablar es un reflejo de la clase social, y viceversa (p. 97 y ss).<sup><a href="#nota">4</a></sup> Desde la ling&uuml;&iacute;stica y la socioling&uuml;&iacute;stica, G&oacute;mez muestra que el lenguaje tambi&eacute;n configura el espacio.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arturo Taracena Arriola y Rosa Torras Conangla, en "El espacio en la historia", advierten que la descripci&oacute;n hist&oacute;rica suele olvidar la importancia que la dimensi&oacute;n de lo espacial adquiere para la explicaci&oacute;n de todo proceso socio&#45;cultural. Sin embargo, la geograf&iacute;a hist&oacute;rica muestra diversos tipos de espacios. Los hay <i>producidos,</i> es decir, realidades espaciales concretas construidas por el hombre en la naturaleza; <i>percibidos y representados</i> &#151;lugares simb&oacute;licos, como el cielo, el infierno y otros que se pueden encontrar en la mitolog&iacute;a&#151; ; <i>vividos,</i> aquellos cotidianos, a los que un individuo o grupo acude con frecuencia, por ejemplo, cocinas, aulas, etc., y <i>sociales,</i> donde se desenvuelven determinadas relaciones especializadas &#151;las iglesias y escuelas son una muestra de ello&#151; Estos diversos escenarios pueden llegar a ser el lugar espec&iacute;fico de un acontecimiento hist&oacute;rico determinado.<sup><a href="#nota">5</a></sup> Adem&aacute;s, la noci&oacute;n de frontera es primordial para entender la dimensi&oacute;n del espacio en su relaci&oacute;n a la historia. Todas las delimitaciones implican conflictos, no s&oacute;lo sociales (a nivel de la poblaci&oacute;n que las conforma), sino que principalmente suscitan cuestiones te&oacute;ricas que son siempre objeto de estudio e interpretaci&oacute;n; es decir, el estudio de una frontera nos abre un campo muy interesante de din&aacute;micas socio&#45;culturales de todo tipo en estrecha relaci&oacute;n con el espacio f&iacute;sico del que surgen. As&iacute;, para estos autores, todo estudio hist&oacute;rico debe vincularse con el enfoque cronol&oacute;gico&#45;temporal de la dimensi&oacute;n espacial sobre la cual el primero se desenvuelve.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el "El espacio en el papel: los mapas", de Ana Garc&iacute;a de Fuentes y David Romero, se describe el concepto de mapa desde la geograf&iacute;a, como una representaci&oacute;n que puede contener esferas de informaci&oacute;n, no s&oacute;lo gr&aacute;fica, sino pol&iacute;tica, social, econ&oacute;mica, etc. Los autores afirman que la necesidad de tener documentos geogr&aacute;ficos ha sido una necesidad universal en todas las culturas (p. 119) y que esta necesidad ha experimentado una evoluci&oacute;n en la manera de ser satisfecha, gracias a la tecnolog&iacute;a, que siempre ha supuesto revoluciones en las metodolog&iacute;as implicadas. Consideran el mapa como un important&iacute;simo logro del pensamiento abstracto. Se encuentran vestigios cartogr&aacute;ficos en todas las culturas, desde China y Babilonia, hasta los pueblos incas y mexicas, pasando por Grecia. El texto es una breve rese&ntilde;a de la evoluci&oacute;n de la cartograf&iacute;a y sus m&eacute;todos, as&iacute; como de sus implicaciones extra&#45;geogr&aacute;ficas en la historia del ser humano; los autores concluyen: "El trabajo del cart&oacute;grafo tiene una fuerte vinculaci&oacute;n con su &eacute;poca y cultura &#91;...&#93; Los mapas se revelan como un reflejo de la civilizaci&oacute;n destacando &#91;...&#93; formas particulares de definir el espacio" (p. 143).</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Espacios sagrados", Enrique Javier Rodr&iacute;guez Balam parte de datos y testimonios etnogr&aacute;ficos relacionados a ciertos espacios sagrados o profanos al interior de algunos asentamientos mayas contempor&aacute;neos, para explicar el modo en que dichos pueblos se relacionan con el mundo a trav&eacute;s del mundo religioso. Para los mam del pueblo Todos Santos Cuchumat&aacute;n en Guatemala, los rincones y esquinas de las casas son la morada de ciertos due&ntilde;os, una especie de esp&iacute;ritus "que escuchan los chismes de los habitantes y se encargan de sancionar las malas acciones" (148). Las calles son el objeto de temor para los habitantes de Kaua, municipio de Yucat&aacute;n: "Esto ocurre particularmente en las calles de las afueras, las m&aacute;s alejadas del centro, ya que el peligro de encontrarse con personas malintencionadas y diversos seres oscuros del pante&oacute;n maya, aumenta en estas zonas" (p. 149). Afuera de las ciudades mayas existen tambi&eacute;n espacios dignos de consideraci&oacute;n: "Es com&uacute;n creer que en los cenotes y cuevas se guardan malos aires que pueden da&ntilde;ar a las personas o incluso matarlas" (p. 151). Tambi&eacute;n en Kaua el pante&oacute;n adquiere ciertas connotaciones negativas, pues su entrada le est&aacute; prohibida a mujeres embarazadas que podr&iacute;an poner en riesgo a sus beb&eacute;s, "que nacer&aacute;n sin fuerza para poder sostener su cabeza" (p. 155). Los cerros para los todosanteros no son s&oacute;lo parte del relieve geogr&aacute;fico, sino tambi&eacute;n lugar habitando por entidades an&iacute;micas que en ocasiones traspasan los umbrales de la ciudad.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de dichos testimonios el art&iacute;culo deja en claro la importancia que adquiere el an&aacute;lisis de los espacios y los modos en que una comunidad se vincula con ellos, para comprender su cultura. Con esto queda manifiesto el papel pr&iacute;stino que obtiene cada espacio en particular &#151;f&iacute;sico o imaginario&#151; como medio de relaci&oacute;n entre el hombre y la naturaleza; relaci&oacute;n que suele expresarse en t&eacute;rminos religiosos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Entre el infierno y el inframundo: espacios del mal entre los mayas yucatecos", David de &Aacute;ngel Garc&iacute;a refiere distintos datos etnogr&aacute;ficos de ciertas localidades mayas como Nunkin&iacute;, Tankuch&eacute; y Santa Cruz en la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n, para hablar de ciertos espacios como los <i>cuyos</i> (restos de ruinas mayas) y cavernas, entre otros, de gran carga simb&oacute;lica para los habitantes de dichos poblados. En estos lugares "es factible que se produzcan encuentros con personajes o entidades tenidas por mal&eacute;ficas y peligrosas, en tanto que el contacto con los humanos puede derivar en enfermedades graves, que desemboquen en la muerte, o en desgracias para la econom&iacute;a familiar" (p. 166). De &Aacute;ngel Garc&iacute;a quiere dejar en claro que esta consideraci&oacute;n es el resultado de viejas pr&aacute;cticas prehisp&aacute;nicas mezcladas con el catolicismo producto de la acci&oacute;n evangelizadora. Y es que aquellas "entidades mal&eacute;ficas" desde la colonia son caracterizadas como seres diab&oacute;licos causantes de da&ntilde;o, sin embargo dependiendo del modo en que el hombre se dirija a ellos, pueden resultar &uacute;tiles otorgando riquezas o ciertos dones, lo cual nos remite a viejas pr&aacute;cticas prehisp&aacute;nicas. Ejemplo de ello son los <i>h&#45;men,</i> curanderos o sabias personas que han adquirido poderes de sanaci&oacute;n tras haber enfrentado ciertas fuerzas que habitan las cavernas. El <i>alux,</i> principal due&ntilde;o de los cuyos o cerros (otro modo de referirse a los vestigios arqueol&oacute;gicos), puede aparecerse a un infante para enfermarlo o ense&ntilde;arle estas artes curativas que lo convertir&aacute;n a&ntilde;os despu&eacute;s en un <i>h&#45;men.</i> El art&iacute;culo plantea la necesidad de despojarse de la muy arraigada concepci&oacute;n de maldad judeo&#45;cristiana para poder entender aquellos rasgos prehisp&aacute;nicos esenciales que a&uacute;n est&aacute;n presentes en las pr&aacute;cticas y la religiosidad de los mayas yucatecos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Los caminos mayas como espacios de interacci&oacute;n", Mar&iacute;a Soledad Ortiz Ruiz analiza ciertos paisajes arqueol&oacute;gicos en el norte de Yucat&aacute;n enfoc&aacute;ndose en la presentaci&oacute;n de los antiguos caminos mayas o mejor dicho los <i>sacbeo'ob</i> (plural de sacb&eacute;, "camino blanco"). Lo anterior para dar cuenta de c&oacute;mo el uso y la disposici&oacute;n de los espacios en las culturas es el claro reflejo de sus interacciones socio&#45;econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, en "Memoria, identidad y espacio residencial de Yaxun&aacute;, Yucat&aacute;n", H&eacute;ctor Hern&aacute;ndez &Aacute;lvarez nos dice que los estudios antropol&oacute;gicos y etnogr&aacute;ficos han hecho &eacute;nfasis en el estudio de &aacute;mbitos de configuraci&oacute;n de la memoria, como las viviendas (arquitectura vern&aacute;cula), el espacio residencial y los objetos dom&eacute;sticos. Estos elementos configuran, codifican y condicionan tanto la experiencia del espacio como la identidad y la historia de los habitantes y pueblos que los integran, as&iacute; como su cultura material: "el espacio dom&eacute;stico y la arquitectura constituyen el mejor lugar en el que se plasman las ideas sobre el orden, la familia, la sociedad, el poder y el cosmos" (p. 213). Estos veh&iacute;culos materiales de memoria, recuerdan no s&oacute;lo las pr&aacute;cticas y las costumbres de un lugar, sino tambi&eacute;n hechos catastr&oacute;ficos, como matanzas o desastres naturales. Las formas que se dan a los objetos manifiestan la relaci&oacute;n entre la memoria y la materia. A falta de registros escritos, los edificios y objetos relativos al espacio cobran una importancia especial para el relato hist&oacute;rico, aunque a veces esos objetos ya no existan f&iacute;sicamente, pero s&iacute; en el discurso y la memoria. La casa tiene una relevancia primordial, pues en sus cambios, evoluciones o arruinamientos, se guardan memorias espec&iacute;ficas (migraciones, sequ&iacute;as, desgracias, sucesos religiosos o familiares). Esta arquitectura vern&aacute;cula se caracteriza por ser popular, aut&oacute;ctona, portadora de un conocimiento no&#45;acad&eacute;mico y que organiza sus espacios de acuerdo a la identidad cultural. En este caso, el autor se enfoca en las viviendas mayas de la peque&ntilde;a comunidad de Yaxun&aacute;, pueblo campesino y ganadero de 600 habitantes. El poblado fue un recinto prehisp&aacute;nico hasta el siglo XIX, cuando fue abandonado; en 1915 fue reocupado. Arquitect&oacute;nicamente consiste de solares cercados por albarradas, un importante sitio arqueol&oacute;gico, una iglesia, un cenote, restos de una hacienda y plazas. El autor encontr&oacute; que en la disposici&oacute;n del espacio de las casas, predomina la tradici&oacute;n pero la intervenci&oacute;n del gobierno y de una arquitectura moderna, as&iacute; como la migraci&oacute;n y los prejuicios de status social, amenazan latentemente la conservaci&oacute;n de dicha tradici&oacute;n. Y es que mucha gente piensa que una casa moderna es de mayor prestigio que una tradicional e incluso ocultan rasgos de la historia y se inventa una narraci&oacute;n del pasado desde la perspectiva del "progreso" moderno, por lo cual resulta de gran importancia atender al papel que desempe&ntilde;an los nuevos elementos en la constituci&oacute;n y transmisi&oacute;n de la memoria.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, en "Del mito a la evidencia: construcci&oacute;n del espacio patag&oacute;nico" de Carolina Depetris, se analiza c&oacute;mo la f&aacute;bula y la verdad aparecen muchas veces entremezcladas en las narraciones hist&oacute;ricas. Ellas construyen lugares que pueden ser totalmente ficticios, o con elementos reales e imaginarios. Am&eacute;rica, desde su descubrimiento hasta hoy, ha consentido este tipo de mezcla, como un lugar "maravilloso" en el que convergen mitos y leyendas, si bien poco a poco este car&aacute;cter maravilloso se contrast&oacute; con una Am&eacute;rica "cada vez m&aacute;s real". Muchos viajes de exploraci&oacute;n ten&iacute;an como fin, no su conocimiento, sino el sortear la barrera que ella supon&iacute;a para llegar a oriente. Magallanes hall&oacute; en la Patagonia un paso hacia el mundo oriental. La autora intenta desentra&ntilde;ar algunas de las caracter&iacute;sticas m&iacute;ticas e hist&oacute;ricas del relato sobre la Patagonia, analizando dos mitos surgidos en el s. xvi: el de los "gigantes de la Patagonia", y el de "la ciudad de los C&eacute;sares". Los gigantes est&aacute;n presentes en todas las mitolog&iacute;as y eran considerados reales en la Europa de aquel siglo, gracias a los testimonios de los exploradores <i>(v. gr.</i> Am&eacute;rico Vespucio, Pedro Sarmiento de Gamboa) que aseguraban haberlos visto en Patagonia, llegando a atribuirles hasta 3.65 m de altura <i>(cfr.</i> p. 243). Este mito se prolonga hasta el s. xvill. El segundo mito describe una sierra rica en oro y plata, y tiene su origen en una narraci&oacute;n de Sebastiano Caboto, basada a su vez en la de dos supervivientes de una expedici&oacute;n previa. Caboto envi&oacute; al capit&aacute;n Francisco C&eacute;sar a buscar tal regi&oacute;n, que nunca encontr&oacute;. C&eacute;sar, basado en rumores indios, reforz&oacute; la creencia en una regi&oacute;n de enorme riqueza. Esta informaci&oacute;n se difundi&oacute; hasta las regiones incas y dio lugar a otro mito, el de la ciudad de los C&eacute;sares Blancos, supuestamente fundada por unos n&aacute;ufragos espa&ntilde;oles y habitada s&oacute;lo por ellos. La <i>historia</i> tiene todos los elementos de una utop&iacute;a: organizaci&oacute;n pol&iacute;tica ideal, riqueza, cristianismo, etc&eacute;tera.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el s. XVIII se empieza a desestimar que un testimonio sea verdadero s&oacute;lo porque quien lo narra afirme que lo "vio con sus propios ojos", y estos relatos se van desmitificando. Se define as&iacute; una nueva actitud epistemol&oacute;gica y ret&oacute;rica. La actitud se hace ilustrada: se enuncian las caracter&iacute;sticas del lugar con ayuda de datos duros imparciales, diarios y mapas. Al testigo debe subyacer una actitud realista&#45;cient&iacute;fica (objetiva). Pero esta actitud es tambi&eacute;n una ret&oacute;rica y una ilusi&oacute;n. Se pretende que sea objetiva, pero el sujeto que narra, siempre necesario, es a&uacute;n un seleccionador de infinitas posibilidades sem&aacute;nticas que caben en su "observaci&oacute;n imparcial": reconstruye siempre el paso del tiempo en una <i>narraci&oacute;n.</i> Este discurso no admite inestabilidad sem&aacute;ntica y presupone el lenguaje como medio neutral que hace referencia inequ&iacute;voca a las cosas, noci&oacute;n que es cuestionable. En realidad "siempre la b&uacute;squeda de una verdad geogr&aacute;fica ha estado acompa&ntilde;ada de ilusi&oacute;n: primero una ilusi&oacute;n libresca unida a mitos y leyendas urticantes para la curiosidad; luego certezas epistemol&oacute;gicas sostenidas por simulaciones ret&oacute;ricas" (p. 257).</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos estos art&iacute;culos como vemos enriquecen la multiplicidad de perspectivas para entender la relaci&oacute;n con los espacios, con los lugares, con los terru&ntilde;os, marcados por los seres humanos con palabras, con historias, con im&aacute;genes y la memoria. Lejos de una posible actitud neutral hacia ellos, en ellos vivimos, por ellos transitamos, les tememos, nos hacen ser y nos lanzan a un pasado desconocido. Sin embargo, recientemente le&iacute;a un libro tambi&eacute;n de reciente publicaci&oacute;n, de Juan Arnau, <i>Cosmovisiones de India,</i> quien a &eacute;stas ya ricas disquisiciones sobre los espacios agregar&iacute;a que, desde la cosmovisi&oacute;n budista, los distintos &aacute;mbitos de existencia son como espacios temperamentales, donde los diferentes estados mentales y las diferentes posibilidades de experiencia de sus habitantes son la raz&oacute;n de su realidad sustantiva, pues "el espacio es para el budismo escol&aacute;stico, no tanto un espacio neutro desprovisto de cualidades sino la consecuencia natural del estado mental de sus habitantes. Un espacio hecho de posibilidades cognitivas, vocaciones, temperamentos y car&aacute;cter".<sup><a href="#nota">6</a></sup> Los espacios reflejan nuestros deseos, nuestros odios, nuestra luminosidad o nuestro deseo de despertar.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Fricke toma la posici&oacute;n de Clarke como enteramente fiel a la concepci&oacute;n del famoso f&iacute;sico.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Fricke hace referencia a la teor&iacute;a kantiana que sostiene la <i>realidad emp&iacute;rica</i> del espacio (como forma de los fen&oacute;menos) pero a la vez su <i>idealidad trascendental</i> (pues no es nada en cuanto cosa en s&iacute;).</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Estas variables son relaciones sociales que determinan (y son determinadas por) ciertos comportamientos ling&uuml;&iacute;sticos, que pueden ser desde usos gram&aacute;ticos y sem&aacute;nticos, hasta condiciones pol&iacute;ticas o hist&oacute;ricas.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> G&oacute;mez aduce en estas p&aacute;ginas algunos ejemplos significativos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Una revoluci&oacute;n puede empezar en las aulas de una universidad (este ejemplo es nuestro).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Juan Arnau. 2012. <i>Cosmovisiones de la India.</i> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica: 121.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5836969&pid=S1870-5766201200020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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