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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sueño y éxtasis. Visión chamánica de los nahuas y los mayas]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mercedes de la Garza, <i>Sue&ntilde;o y &eacute;xtasis. Visi&oacute;n cham&aacute;nica de los nahuas y los mayas</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mario Humberto Ruz</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, UNAM y FCE, 2012, 341 pp. + ilustr. ISBN 978607&#45;02&#45;2931&#45;2</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si "so&ntilde;ar es abrir otro cauce de la mente para ampliar el conocimiento de nosotros mismos", como apunta Mercedes de la Garza en la introducci&oacute;n a su nuevo libro (p. 31), no cabe duda que a trav&eacute;s de &eacute;l la autora nos ofrece no uno sino numerosos cauces y senderos para aproximarnos al intrincado, complejo y fascinante universo de las culturas maya y nahua, pasadas y contempor&aacute;neas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Punto de particular inter&eacute;s es que los itinerarios propuestos nos obligan a transitar fuera de los espacios com&uacute;nmente frecuentados por la historia y la antropolog&iacute;a, y nos invitan a incursionar en &aacute;mbitos pocas veces entrevistos. En efecto, nuevo Virgilio mesoamericano, De la Garza nos gu&iacute;a nada menos que por cielos e inframundos y, asunto igualmente novedoso, nos invita a hacerlo no desde la exclusiva perspectiva material y corp&oacute;rea, sino arriesg&aacute;ndonos a adoptar &#151;al menos por momentos&#151; el papel de materias sutiles capaces de acompa&ntilde;ar a aquellas que, conforme a las concepciones mayas y nahuas, se externan en el sue&ntilde;o y el &eacute;xtasis; en las oscuridades de la noche y en los resplandores de albas inducidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente para efectuar el recorrido la autora no nos provee de detallados planos cartogr&aacute;ficos; imposible hacerlo. Como era de esperar trat&aacute;ndose de un periplo por oc&eacute;anos y tierras apenas entrevistas, nos ofrece sugerentes portulanos que nos permiten atisbar, desde la orilla de la otredad a que estamos irremediablemente condenados, algunas de las maravillas que contienen esos continentes culturales. Continentes distantes en tanto surgidos de procesos civilizatorios diversos al nuestro, pero a la vez pr&oacute;ximos a nosotros en tanto que creaciones humanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quien espere encontrar en el libro mapas e itinerarios bien definidos y precisos como los de un "viaje todo incluido" contempor&aacute;neo, rampl&oacute;n y tranquilizador por homog&eacute;neo, seguramente se sentir&aacute; defraudado. Acompa&ntilde;ar a nahuas y mayas en estos singulares &#151;y hasta perturbadores&#151; tiempos y espacios de que da cuenta el texto, requiere desatar las ataduras de nuestro propia corporeidad cultural y arriesgarse a transitar por senderos donde deambulan <i>tonallis</i> en vigilia, visiones espantosas convocadas por el <i>p&eacute;yotl,</i> ansias desatadas por la <i>datura,</i> sombras perdidas por susto, almas externadas por la embriaguez del <i>octli</i> o pulque, narcosis inducidas por el <i>picietl, may</i> o tabaco; visiones reflejadas en espejos <i>nen</i> sostenidos por enanos; dioses que emergen sobre la tierra vomitados por serpientes; peces bebiendo del c&aacute;liz de nen&uacute;fares que facilitan el descenso al Inframundo; sue&ntilde;os vanos, ociosos, venidos de la tentaci&oacute;n y hasta sue&ntilde;os que son meras "locuras del alma".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para acompa&ntilde;ar esos periplos, hasta donde nos es dado acompa&ntilde;arlos, De la Garza nos provee con gu&iacute;as prehisp&aacute;nicas, coloniales y contempor&aacute;neas que facilitan acercarse a la adivinaci&oacute;n, la interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os y, sobre todo, al uso ritual de sustancias psicoactivas obtenidas de flora y fauna &#151;y no s&oacute;lo entre nahuas y mayas, pues a menudo la autora hace comparaciones con otros grupos &eacute;tnicos&#151;, y facilita nuestro recorrido a trav&eacute;s de espl&eacute;ndidas im&aacute;genes que no est&aacute;n all&iacute;, como en tantos otros libros, para meramente ilustrar al texto, sino que lo complementan, estableciendo un fruct&iacute;fero di&aacute;logo entre la palabra y la imagen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asunto de particular val&iacute;a es que en numerosos tramos el recorrido puede hacerse de la mano de los especialistas rituales, esos que, como asienta la cr&oacute;nica quich&eacute; de don Juan de Torres, eran capaces de llegar hasta el Cielo y hasta Xibalb&aacute;, para ver levantarse la luna y las estrellas en la oscuridad, o para contemplar el surgimiento de la aurora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias a la investigaci&oacute;n acuciosa y en muchos aspectos exhaustiva que a lo largo de a&ntilde;os realiz&oacute; De la Garza, espacio y tiempos mesoamericanos &#151;ejemplificado a trav&eacute;s de dos de sus exponentes m&aacute;s preclaros&#151; se despliegan ante nuestros ojos como mundo&#45;libro, universo&#45;texto que desde hace milenios no cesa de escribirse y cuya lectura var&iacute;a una y otra vez, sin dejar por ello de ser &eacute;tnicamente comprensible para quienes poseen las claves de su significado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buena parte del texto se dedica precisamente a los especialistas capaces de lograr tal interpretaci&oacute;n de espacios surcados por pasado, presente y futuro, cuyo significado &uacute;ltimo requiere de una lectura culturalmente determinada. As&iacute;, De la Garza consagra varios apartados &#151;de los m&aacute;s interesantes, en mi opini&oacute;n&#151; a revisar las fuentes coloniales y las etnograf&iacute;as contempor&aacute;neas, y logra ofrecer reflexiones inteligentes y muy propositivas acerca de la manera en que tales especialistas se forman, la parafernalia que emplean, los dones que aducen tener y los campos en que los ejercen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asistimos, gracias a ello, a ritos inici&aacute;ticos, transmutaciones y transfiguraciones, augurios y adivinaciones, diagn&oacute;sticos y terap&eacute;uticas, y asunto de particular inter&eacute;s desde una perspectiva diacr&oacute;nica, podemos ser testigos de c&oacute;mo estos herederos de un saber y una pr&aacute;ctica milenarios, tuvieron la inteligencia necesaria para variar h&aacute;bitos y pr&aacute;cticas, tras ser satanizados y perseguidos desde la conquista, lo que los hizo pasar de portadores de un conocimiento reverenciado en p&uacute;blico a celosos guardianes de un saber mantenido en la sombra y transmitido en la clandestinidad; labor que, a juzgar por su permanencia, desarrollaron con &eacute;xito precisamente por haber sido capaces de modificar y resignificar ciertos elementos, como es condici&oacute;n indispensable para toda cultura que pretenda mantenerse viva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, no obstante las reiteradas acciones y mandatos eclesi&aacute;sticos y civiles para erradicar las que desde la perspectiva cristiana fue tachado de manera chata y homog&eacute;nea como supersticiones, abusiones y brujer&iacute;as, &eacute;stas continuaron campeando en el mundo mesoamericano.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Hacia 1715, por citar un solo ejemplo, el obispo Juan &Aacute;lvarez de Toledo consideraba que el "delito" era tan "trascendental" en la Di&oacute;cesis de Guatemala, que deber&iacute;an de buscarse "todos los medios que nos sean posibles &#91;para&#93; extinguir y del todo erradicar la pest&iacute;fera pernicie de tanto mal, mayormente hall&aacute;ndonos con denuncias de estar lo m&aacute;s de la tierra contaminada de brujos, hechiceros, m&aacute;gicos, encantadores y mal&eacute;ficos, y de que hay maestros de estas artes en algunos pueblos...".<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la lectura del libro que hoy presentamos se desprende claro que buena parte de lo que logr&oacute; preservarse lo hizo gracias a mantenerse como lenguaje cifrado y en &aacute;mbitos de dif&iacute;cil acceso para la actitud inquisitorial hispana, como era el de los sue&ntilde;os, cuyo asalto se revel&oacute; infructuoso pese a adoctrinamiento, sermones y hasta interrogatorios espec&iacute;ficos en el confesionario: "&iquest;Por ventura has cre&iacute;do en el canto del p&aacute;jaro o en tus sue&ntilde;os?", inquir&iacute;an los frailes de la &eacute;poca, mientras que alguno, como fray Antonio Aguilar, en el ocaso del siglo XVII, insist&iacute;a en la necesidad de ir m&aacute;s all&aacute; preguntando al penitente tzeltal acerca del aprendizaje "de abusos de los antiguos",<sup><a href="#nota">3</a></sup> entre los cuales, nos ilustran los diccionarios de la &eacute;poca, se encontraba el empleo de "suertes", como granos de <i>tzite'</i> y ma&iacute;z, ca&ntilde;as, y la interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os y del canto de algunas aves.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mercedes de la Garza interrog&oacute; tambi&eacute;n a los vocabularios coloniales, y de su lectura desprende, entre otras varias cosas, la frecuencia de la interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os entre nahuas y varios grupos mayas prehisp&aacute;nicos. Tales textos, en efecto, nos hablan sobre los campos sem&aacute;nticos de voces que dan cuenta de la diferenciaci&oacute;n entre el sue&ntilde;o com&uacute;n <i>(uayel)</i> y el profundo <i>(ziacal uayel)</i> &#151;diferenciaci&oacute;n vecina a las fases rem y nrem de los neurofisi&oacute;logos contempor&aacute;neos&#151;, lo diverso de un "sue&ntilde;o que so&ntilde;amos durmiendo" y la "visi&oacute;n &#91;que se tiene&#93; estando despierto", acciones que, sabemos, se llaman respectivamente <i>uaychil</i> y <i>naalcitil,</i> que dan referencia clara de su distinta naturaleza pues mientras que el &uacute;ltimo t&eacute;rmino muestra relaci&oacute;n con <i>na:</i> saber, acordar y <i>citil:</i> ojo, cara, superficie, el primero se forma con la ra&iacute;z <i>uay,</i> que entra en la composici&oacute;n de admirarse, so&ntilde;ar, visi&oacute;n de sue&ntilde;os, nigromancia, brujo y brujer&iacute;a. As&iacute; pues, parecer&iacute;a que &uacute;nicamente las visiones producto del sue&ntilde;o, aquellas que provocan admiraci&oacute;n, eran sujeto de interpretaci&oacute;n por parte de los <i>uayaghom,</i> especialistas a quienes los frailes tildaron de brujos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El c&oacute;mo ciertas visiones tenidas por "externas", a la manera de <i>nawales,</i> pod&iacute;an llegar a <i>incorporarse,</i> y a formar parte incluso de la persona, como ocurre con el <i>lab</i> de los tzeltales coloniales y contempor&aacute;neos, es asunto tratado con detalle y sutileza por la autora, quien nos recuerda la relaci&oacute;n nochenagualismo y sue&ntilde;o&#45;pron&oacute;stico, ya que seg&uacute;n los mayas actuales es a lo largo del sue&ntilde;o cuando los naguales tratan de apoderarse de los alientos vitales de quienes duermen, pues &eacute;ste es el momento en que el esp&iacute;ritu, libre ya de las trabas corporales, vaga por el paisaje y es capaz de trascender el tiempo, mientras que su animal compa&ntilde;ero se pasea lejos del seguro refugio que le protege durante el d&iacute;a, exponi&eacute;ndose. No en balde los mayas peninsulares llaman al sue&ntilde;o <i>hitzim cim&iacute;,</i> hermano menor de la muerte, mientras que alg&uacute;n quich&eacute; apuntaba: "Cuando uno sue&ntilde;a, su <i>uw&atilde;ch uk'ij</i> (rostro o destino) sale y se va fuera del cuerpo, como si uno hubiera muerto. Es lo mismo".<sup><a href="#nota">4</a></sup> Son &eacute;stos, pues, tiempos y espacios particularmente riesgosos y para cuya salvaguarda se hace a menudo imperiosa la asistencia de especialistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es por tanto de extra&ntilde;ar que ante la presencia de &eacute;stas u otras se&ntilde;ales, los nahuas recurrieran a los <i>tonalpouhque,</i> los "lectores de los destinos", quienes proporcionaban auxilio a los hombres preocupados por distintas se&ntilde;ales, aconsej&aacute;ndoles ofrendas propiciatorias. Las se&ntilde;ales, se consigna, pod&iacute;an presentarse tambi&eacute;n en sue&ntilde;os y para ello los especialistas &#151;los <i>temiquiximati</i> o <i>temicnamictiani</i>&#151; se auxiliaban con los libros de sue&ntilde;os, los <i>temic&aacute;matl.</i><sup><a href="#nota">5</a></sup> Y, como nos muestra el texto de Mercedes, los mayas hac&iacute;an otro tanto, pues considera que "los naguales pod&iacute;an comunicarse con los muertos y con los dioses, pose&iacute;an una gran fuerza f&iacute;sica y una visi&oacute;n tan aguda y penetrante que les permit&iacute;a ejercer la adivinaci&oacute;n", bien bas&aacute;ndose en el sistema calend&aacute;rico y en sus inscripciones hist&oacute;ricas, con el apoyo de una parafernalia espec&iacute;fica (contenida en sus bultos sagrados, algunos de los cuales aparecen representados en ciertas vasijas) y, a juzgar por fuentes citadas por la autora, empleando tambi&eacute;n libros. &Eacute;stos parecen haber desaparecido, pero otras t&eacute;cnicas se utilizan hasta hoy.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Junto con las t&eacute;cnicas, d&aacute;ndoles raz&oacute;n de ser, perviven creencias y conceptos, con particular fuerza, por ejemplo, en el caso de los sue&ntilde;os, que mantienen una significaci&oacute;n especial&iacute;sima en tanto que, para muchos mayas, los que ocurren en el mundo on&iacute;rico son considerados acontecimientos reales; hechos que durante el sue&ntilde;o vive el alma, esp&iacute;ritu o aliento vital, o, como apunta Laughlin para el caso de los zinacantecos, " visiones del alma en acci&oacute;n real, en directa comunicaci&oacute;n con las almas de los otros mortales y con la divinidad" (1980: 405).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Establecer cu&aacute;l es el sentido &uacute;ltimo de los mensajes obtenidos durante tales comunicaciones es en ocasiones tarea que s&oacute;lo puede realizar el especialista ritual, pues si bien algunas interpretaciones parecer&iacute;an compartir un elemento sociocultural estereotipado para cada etnia, al grado que ciertos autores (v.g. Bruce, Tedlock y Laughlin y Karasik) arriesgaron ofrecer listados interpretativos, hay en los sue&ntilde;os una sutil combinaci&oacute;n de tiempos, espacios, emisores, receptores y polisemias posibles de un mismo signo, que hace dif&iacute;cil hablar de modelos un&iacute;vocos, como lo muestra tambi&eacute;n el hecho de que los propios mayas aludan a la peligrosidad de conformarse con la sola interpretaci&oacute;n personal o familiar, pues si los elementos a elucidar son confusos, podr&iacute;an arriesgarse la vida de los seres queridos o la propia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Trat&aacute;ndose a menudo de sue&ntilde;os premonitorios, cuyo contenido bien interpretado puede ayudar a prevenir o conjurar da&ntilde;os, se comprende por qu&eacute; los tzotziles aseguren que los hombres sue&ntilde;an "para vivir una vida completa; sue&ntilde;an para mantenerse vivos", y agreguen que los motivos que explican los escollos para gozar de una vida "completa" (como la pobreza, el hambre y la muerte) "no se encuentran 'en la superficie de la tierra' sino en el 'alma'. Los sue&ntilde;os son el medio para 'ver en nuestra alma' o 'para ver con nuestra alma'."<sup><a href="#nota">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y para ello resulta imprescindible acudir a un especialista, que sea capaz de diferenciar y leer sus mensajes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre ha sido as&iacute;; ya en la antig&uuml;edad cl&aacute;sica griegos y romanos, como Macrobio, se esforzaban por diferenciar los sue&ntilde;os "falsos" <i>(insomnium</i> et <i>visum)</i> "sin utilidad ni significaci&oacute;n", de los "reales", que inclu&iacute;an a su vez las categor&iacute;as de <i>visio,</i> que revela "una imagen de futuro que se realizar&aacute; tal cual", <i>somnium,</i> que anuncia el futuro de manera velada, y <i>oraculum,</i> sue&ntilde;os en que los parientes, personas tenidas por "santas" o incluso la propia divinidad, mostraban claramente un acontecimiento futuro (Le Goff, 1985: 270&#45;281).<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya que no existen, pues, equivalencia directas entre signo so&ntilde;ado y significado posible, y es atributo exclusivo del especialista establecerlo, es comprensible que la autora no se haya detenido mayor cosa en la interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os, pero s&iacute; destaca la simultaneidad de los tiempos que transcurren en esa otra dimensi&oacute;n de la realidad que para nahuas y mayas son los sue&ntilde;os (lo que denomina "visi&oacute;n sint&eacute;tica de la temporalidad", p. 264) y la diversa interpretaci&oacute;n que ha de darse a un mismo sue&ntilde;o cuando quien lo experimenta es un hombre com&uacute;n o cuando se trata de un especialista ritual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aspecto que, como se desprende del libro, requiere mayor an&aacute;lisis es el &aacute;mbito potencial de acci&oacute;n de lo so&ntilde;ado, ya que se registran ciertos sue&ntilde;os provistos de lo que podr&iacute;amos considerar una dimensi&oacute;n familiar, cuando no incluso comunitaria, que los hace, por cierto, m&aacute;s accesibles a la interpretaci&oacute;n colectiva. As&iacute;, apunta la misma Tedlock, en Momostenango los sue&ntilde;os son compartidos informalmente con familiares y amigos, y formalmente en los grupos sociales, pero aquellos que tienen que ver con la deidad se cuentan en c&iacute;rculos m&aacute;s restringidos y se discuten en detalle s&oacute;lo con los "cuidadores de los d&iacute;as", que son los int&eacute;rpretes oficiales de sue&ntilde;os (1992: 116).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esos mensajes on&iacute;ricos se suman a otras numerosas se&ntilde;ales y avisos de la naturaleza percibidos durante la vigilia, como los que emiten esos entes provistos de <i>tomojchi',</i><sup><a href="#nota">8</a></sup> portadores de "salaci&oacute;n", vaticinadores de cosas malas; <i>labah,</i> ag&uuml;eros, en cakchiquel, o <i>ac&aacute; chamel,</i> "echadores de enfermedad o da&ntilde;o", como los denominan tzotziles y tojolab'ales, entre los que se cuentan aves agoreras de enfermedad y muerte: b&uacute;hos, tecolotes, mochuelos o tapacaminos, a m&aacute;s de algunas con propiedades fant&aacute;sticas (como esa especie de lechuza (<i>xoch)</i> que vuela de noche, boca arriba, por los cielos yucatecos, y va llorando como ni&ntilde;o, capaz de enfermar a los peque&ntilde;os que duermen tambi&eacute;n boca arriba, pues les roba el aliento vital), ciertos tipos de sapos, algunas clases de serpientes, gatos de monte, comadrejas que se atraviesan y "cortan" el camino, coyotes y ciervos que de pronto irrumpen en un poblado; cuando no se trata de mantis religiosas, mariposas, murci&eacute;lagos y r&iacute;os de hormigas que entran a una vivienda y comienzan a fabricar la suya, como era ya costumbre de esos animales de mal augurio desde tiempos prehisp&aacute;nicos en los altiplanos centrales, a decir de Bernardino de Sahag&uacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal espectro se vio enriquecido con animales aportados por Occidente, como gatos que y ma&uacute;llan en forma particularmente lastimera, o canes que "se arrastran de fundillo" hacia su amo, como "midi&eacute;ndole su sepultura". Y no est&aacute; de m&aacute;s recordar la asociaci&oacute;n continua, nos recuerda De la Garza, que se hizo entre los gatos y los especialistas rituales de antiguo, para mejor acabalar la asociaci&oacute;n de &eacute;stos con los brujos europeos. &iquest;No figuran acaso gatos, perros, burros o marranos &#151;animales tra&iacute;dos de Occidente&#151; entre los recept&aacute;culos favoritos de los naguales de Tepoztl&aacute;n? (p. 126).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante tan inmenso abanico de se&ntilde;ales, cambiantes adem&aacute;s conforme al tiempo y espacio en que ocurren, es comprensible que el hombre com&uacute;n se sienta desbordado. No basta con transcurrir por el paisaje atento a la m&aacute;s leve variaci&oacute;n, a la excepci&oacute;n m&aacute;s insignificante en el comportamiento natural del entorno que puede ser indicio de un suceso, de un cambio, pues si bien es cierto que existe una impronta social ancestral para "leer" la naturaleza que rodea la cotidianeidad diurna y on&iacute;rica, e intentar interpretarla en el marco del tejido memorioso, en ocasiones el texto exhibe escrituras abigarradas, que hacen su lectura particularmente intrincada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es entonces cuando se recurre a los especialistas rituales: <i>h&#45;meno'ob, balbastix, chuchka&#45;jau, nahualli</i> o como quiera se llamen, para que recurriendo a c&oacute;digos que s&oacute;lo ellos conocen por haberlos aprendido de otros "sabios" que los precedieron, interpreten las variantes comunes y extraordinarias de la cotidianeidad, provocando el di&aacute;logo con la naturaleza, quienes la habitan y aquellos que la se&ntilde;orean; hablan y escuchan, piden y ofrecen cuando saben que de dones y contradones se trata.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, y por varias otras caracter&iacute;sticas, dichos especialistas fungen no s&oacute;lo como adivinos y terapeutas, sino que bien pueden considerarse guardianes privilegiados de la memoria cultural colectiva: "archivo de todas sus costumbres y ceremonias antiguas", como los calificaba Margil de Jes&uacute;s en pleno siglo XVIII. Parte imprescindible de ese conocimiento, celosamente resguardado y exitosamente mantenido hasta nuestros d&iacute;as pese a frailes coloniales e ilustrados liberales decimon&oacute;nicos , lo conforman las experiencias registradas durante los estados de &eacute;xtasis y el sue&ntilde;o, porque unos y otros son tambi&eacute;n saber y memoria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Saber y memoria que, con la espl&eacute;ndida pluma que caracteriza sus escritos, nos recuerda Mercedes de la Garza en este libro. Aunque apuntar "nos recuerda" no es el verbo justo, en tanto que el texto no es mera compilaci&oacute;n ordenada y armoniosa de cosas ya sabidas. De hecho, la autora nos "devela" significados hasta ahora ocultos u ofrece nuevas lecturas de significantes que conoc&iacute;amos de antiguo. D&iacute;ganlo si no propuestas novedosas como aquella de que manos, ojos y otras partes del cuerpo que aparecen en la iconograf&iacute;a maya colocados en vasijas, lejos de representar canibalismo, como se ha interpretado hasta ahora, aludan a iniciaciones de desmembramiento; o aquella otra que postula que las representaciones de esqueletos con restos de carne y piel en ciertas partes del cuerpo constituyen un recurso pict&oacute;rico para representar procesos de transmutaci&oacute;n de los especialistas rituales (pp. 163&#45;165).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como en toda investigaci&oacute;n que transcurre por senderos no hollados, ciertos aspectos quedan a nivel de propuesta y, como la propia autora puntualiza, ameritan mayor investigaci&oacute;n. Ciertamente no faltar&aacute; quien se pregunte por qu&eacute;, pudiendo advertirse en representaciones iconogr&aacute;ficas prehisp&aacute;nicas, en los textos coloniales mayas muy rara vez se alude al empleo de psicotr&oacute;picos &iquest;Es acaso porque su empleo estaba restringido a ciertos estratos altos y su conocimiento reservado a los grandes especialistas rituales, que fueron los primeros en sucumbir ante el embate persecutorio? &iquest;O estamos ante otra estrategia de ocultamiento, de &eacute;sas que abundaron en la resistencia cotidiana? &iquest;Qu&eacute; tanto persiste de ese saber en sitios apartados, como los del &aacute;rea de Los Cuchumatanes, basti&oacute;n indiscutible de especialistas rituales mayas?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;En qu&eacute; medida cavernas, cenotes y otros espacios naturales compartieron, e incluso cedieron, parte de su sacralidad a espacios creados de antiguo como los asentamientos prehisp&aacute;nicos hoy deshabitados? &iquest;No aseguran los herbolarios de Dzotch&eacute;n que las plantas con acci&oacute;n terap&eacute;utica realmente efectiva son las que crecen en las ruinas, porque se nutren de la sabidur&iacute;a de los antiguos? &iquest;No es a trav&eacute;s de los mont&iacute;culos prehisp&aacute;nicos que tachonan la comunidad campechana de Nunkin&iacute;, por donde se accede a espacios en que se ejercitan aquellos seleccionados para recibir el don de curar?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Hasta qu&eacute; punto la estancia en cavernas como parte de la etapa de la iniciaci&oacute;n, que marcan algunas fuentes coloniales (Francisco N&uacute;&ntilde;ez de la Vega, Antonio Margil de Jes&uacute;s, etc.), halla correspondencia en los relatos actuales de los ni&ntilde;os atrapados por los <i>aluxo'ob</i> en ese mismo Nunkin&iacute;, donde se asegura que tras su estancia bajo tierra emergen sabiendo curar?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;l es el v&iacute;nculo &uacute;ltimo entre los enanos que figuran en las vasijas, las "personas en figura pigmea" de que hablan algunos documentos coloniales; los hombrecitos, enanitos o ni&ntilde;os que encarnan a hongos y otras plantas en &aacute;reas monta&ntilde;osas de Puebla y Morelos, los <i>tlakatsitsin</i> de los nahuas veracruzanos y los <i>aluxo'ob</i> que aparecen en la mitolog&iacute;a maya contempor&aacute;nea?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puesto que, como apunta De la Garza, entre los mayas "los sue&ntilde;os, antes que ser realizaciones ps&iacute;quicas de deseos insatisfechos o reprimidos, o rememoraciones de traumas pasados, como los interpret&oacute; Sigmund Freud, son concebidos... como una realidad vivida por el esp&iacute;ritu humano <b>fuera</b> del cuerpo, es decir espacialmente fuera...", datos como el que se menciona acerca de la posibilidad de pedir a otra persona que "sue&ntilde;e" en lugar de uno &#151;como ocurre cuando un cazador de venados chort&iacute; precisa enterarse, a trav&eacute;s de un sue&ntilde;o (que no llega), cu&aacute;l es la ofrenda que pide el dios de los venados para concederle una buena cacer&iacute;a&#151;, resultan una invitaci&oacute;n a estudiar con mayor detalle cu&aacute;les son los componentes an&iacute;micos que experimentan sensaciones que nosotros tenemos por on&iacute;ricas, al menos en aquellos grupos cuya concepci&oacute;n del cuerpo va m&aacute;s all&aacute; de la simple dicotom&iacute;a alma/cuerpo occidental, pues resulta claro que ni siquiera entre los pueblos mayas hay coincidencias. Al respecto, cabe recordar que ciertos yucatecos arguyen que la que sue&ntilde;a es una "parte mala" de la persona (su <i>t&ugrave;ukul</i> "pensamiento, intenci&oacute;n") que sale a caminar en particular durante la noche,<sup><a href="#nota">9</a></sup> y que los quich&eacute;s que narraron sus experiencias on&iacute;ricas a Tedlock las atribuyeron, m&aacute;s que al aliento vital <i>(uxlab),</i> a otro componente de la persona, denominado <i>nawal,</i> que la autora califica como un <i>"detachablefree&#45;soul",</i> lo que explicar&iacute;a, apunta, por qu&eacute; tachonan sus narraciones con referencias a "&eacute;l", "ella", "dijo"; voces que se acostumbra emplear en caso de an&eacute;cdotas y mitos que no tienen estrictamente que ver con experiencias acaecidas al narrador.<sup><a href="#nota">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos y otras varias interrogantes surgen del libro aqu&iacute; presentado; un texto, que como todos aquellos de valor permanente, se caracteriza no s&oacute;lo por la solidez de sus argumentos, sino por posibilitar la apertura de nuevos espacios para la investigaci&oacute;n. Una investigaci&oacute;n que, como la realizada por Mercedes de la Garza, necesariamente ha de arriesgarse a ir m&aacute;s all&aacute; de un mero bordar sobre temas y conceptos ya conocidos, y tener el valor intelectual y el ingenio necesarios para urdir nuevas metodolog&iacute;as, que permitan incluir en la trama de la objetividad cient&iacute;fica los trasiegos y las transmutaciones que sufren ciertos componentes de la persona, recept&aacute;culos de la conciencia, la emoci&oacute;n y la experiencia humana, al externarse en otras dimensiones que, por m&aacute;s ajenas que puedan parecernos, para otros pueblos forman parte de lo real.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acompa&ntilde;ar a esas materias sutiles en su trasponer umbrales ajenos a la realidad ordinaria, requiere obligadamente poseer una materia sutil capaz de atreverse a abrir portales de mundos paralelos donde los espacios se interpenetran y los tiempos se cabalgan. Un don que a pocos acad&eacute;micos les es dado y que a Mercedes de la Garza se le concedi&oacute; con largueza suficiente como para compartirlo y recordarnos, como le asegur&oacute; Manuel Arias Sojom a Calixta Guiteras, que, b&aacute;sicamente, aprendemos "por el alma".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Y en ciertas regiones, como la maya, parecieron incluso acrecentarse, gracias en parte a que se amalgamaron con elementos de la tradici&oacute;n cultural espa&ntilde;ola durante la &eacute;poca colonial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> AHAG, Tramo 1, caja 21 (Antiguo A 4&#45;29). "&#91;Expedientes&#93; contra varios indios y ladinos, por haver hechizado a otras personas", 1677&#45;1718.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Ruz, Mario Humberto y Dolores Aramoni, "Los anexos de fray Antonio Aguilar al diccionario tzeltal de Ara", <i>Revista de la</i> <i>UNACH,</i> 2<sup>a</sup> &eacute;poca, n&uacute;m. 2, pp. 39&#45;81. Tuxtla Guti&eacute;rrez, UNACH. 1986, p. 75.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Traducido de Tedlock, Barbara (ed.), <i>Dreaming. Anthropological and Psychological Interpretations,</i> Santa Fe, School on American Research, 1992: 115.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> <i>Augurios y abusiones,</i> Introducci&oacute;n, versi&oacute;n, notas y comentarios de Alfredo L&oacute;pez Austin (ed.), M&eacute;xico, UNAM, IIH (Fuentes ind&iacute;genas de la cultura n&aacute;huatl 5, Textos de los informantes de Sahag&uacute;n 4), 1969: 11 y 197. V&eacute;ase tambi&eacute;n, del mismo L&oacute;pez Austin, "Cuarenta clases de magos del mundo n&aacute;huatl", <i>Estudios de Cultura N&aacute;huatl</i> 7: 87&#45;118. M&eacute;xico, UNAM, IIH, 1968: 107. Asienta Dur&aacute;n que los adivinadores convocados por Moctezuma para interpretar ciertos augurios emplear&iacute;an "principalmente... sue&ntilde;os y visiones" <i>(APUD</i> Mercedes de la Garza, <i>Sue&ntilde;o y alucinaci&oacute;n en el mundo n&aacute;huatl y maya.</i> M&eacute;xico, UNAM, IIFL, Centro de Estudios Mayas, 1990: 41).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Laughlin, Robert M. y Carol Karasik (eds.), <i>Zinacant&aacute;n, canto y sue&ntilde;o,</i> traducci&oacute;n de Iliana Beatriz G. y Elisa Ram&iacute;rez C. M&eacute;xico, CONACULTA, Instituto Nacional Indigenista. (Colecci&oacute;n Presencias), 2a ed. 1992: 19.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Por su parte, el neoplat&oacute;nico Chalcidius, al comentar el <i>Timeo</i> de Plat&oacute;n, distingui&oacute; tres categor&iacute;as: 1) la de los sue&ntilde;os que tienen su origen en el alma, 2) aquellos que contienen informaci&oacute;n trasmitida por &aacute;ngeles y demonios enviados por Dios, y 3) los que provienen directamente de la deidad (Le Goff, Jacques, <i>L'imaginaire m&eacute;di&eacute;val. Essais.</i> Paris, Gallimard, ibid.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> De tay: cosa grave, may: se&ntilde;al o signo y chi': boca, mensaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> El <i>hw&aacute;ay</i> ser&iacute;a una manifestaci&oacute;n de ese potencial malo de <i>t&ugrave;ukul</i> cuando se convierte en animal (William Hanks, com. pers.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Tedlock, <i>op. cit.:</i> 120.</font></p>      ]]></body>
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