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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Somos tarascos porque hablamos purépecha: ¿podemos ser yernos sin suegro? Multitud y distopía. Ensayos sobre la nueva condición étnica en Michoacán]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Benemérita Universidad Autónoma de Puebla Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>V&aacute;zquez Le&oacute;n, Lu&iacute;s. 2010. Somos tarascos porque hablamos pu</b><b>r&eacute;pecha: &iquest;podemos ser yernos sin suegro? Multitud y distop&iacute;a. Ensayos sobre la nueva</b> <b>condici&oacute;n &eacute;tnica en Michoac&aacute;n</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>We are Tarascos because we speak the Pur&eacute;pecha language: Can we be sons&#45;in&#45;law without a father&#45;in&#45;law? Multitude and dystopia: Essays about the new ethnic</b> <b>condition in Michoac&aacute;n.</b></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ricardo F. Macip</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>UNAM. M&eacute;xico D.F.</b></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades. Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla</i> (<a href="mailto:keropedo@yahoo.com">keropedo@yahoo.com</a>)</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ensayos del libro <i>Multitud y distop&iacute;a</i> no son cap&iacute;tulos en una argumentaci&oacute;n monogr&aacute;fica. Tampoco son una colecci&oacute;n de ensayos del mismo autor como variaciones de un tema. Se trata, antes bien, de seis intervenciones cr&iacute;ticas en un debate puntual sobre la condici&oacute;n &eacute;tnica y las formas espec&iacute;ficas en que se legitima o margina a la misma en el multiculturalismo como tecnolog&iacute;a de poder, aparato trasnacional para el reconocimiento de la diferencia y administraci&oacute;n dom&eacute;stica de la miseria. Podemos usar met&aacute;foras como la de ramillete o rizoma para hacer notar que hay sobre&#45;posicionamiento entre algunos de ellos, pero por sobre todo destacan por la elecci&oacute;n de sus interlocutores tanto en la burocracia estatal y federal, tecnocr&aacute;tica y caciquil, de partidos y gobiernos, as&iacute; como los emergentes liderazgos de gestores &eacute;tnicos, <i>oenegeneros</i> (de ONG) y activistas, hechos sociedad civil y voceros de los pueblos a quienes despojan de historia para el goce de la multiculturalidad, el ejercicio de nuevos presupuestos y la interpelaci&oacute;n de sujetos. Y en estos lances cr&iacute;ticos en pos de debate, aprendemos por principio de cuentas que no hay nada arbitrario en las palabras clave elegidas para dar t&iacute;tulo al libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Multitud y distop&iacute;a son los t&eacute;rminos con los que se establecen los contornos y que dan sentido a la din&aacute;mica entre los yernos hoy d&iacute;a. Multitud se refiere principalmente a la forma de conceptualizar la disgregaci&oacute;n de grupos y poblaciones que pueden ser reconocidos diferencialmente como tarascos o pur&eacute;pechas, as&iacute; como las tensiones y procesos que dificultan y hacen indeseable el simple aglutinamiento de todas las personas a las que se les imputa el mismo marcador &eacute;tnico. Sean los mercados laborales segmentados &eacute;tnicamente, las pol&iacute;ticas educativas y de formaci&oacute;n de &eacute;lites intelectuales, el ejercicio de presupuestos contrapuestos, o bien los conflictos agrarios, antes que un pueblo al que se endilgue el compartir "cosmovisi&oacute;n", "sentir" o lenguaje, tenemos una multitud de grupos y poblaciones, as&iacute; como individuos con trayectorias diferentes y capacidad para afirmar distintas posiciones y derechos en una estructura estatal diferenciada, fragmentaria y discriminatoria. Por sobre la trinidad de clase, etnia y g&eacute;nero, tenemos procesos complejos que inhiben cualquier consistencia <i>a priori;</i> multitud de individuos y formaciones de clase, de proyectos y resabios, de comunidades y localidades enfrentadas y escindidas una y mil veces en motines y movilizaciones con profundas consecuencias. La multitud, tal y como es trabajada en el texto (pp: 262), dista de la popularizaci&oacute;n del t&eacute;rmino por M. Hardt y A. Negri (2004)<sup><a href="#nota">1</a></sup> precisamente porque los estudios de caso y el examen de las condiciones reales de producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de la vida en el Michoac&aacute;n agroindustrial, con sus jornaleros y empresarios agr&iacute;colas, de comunidades de talamontes y pueblos originarios, as&iacute; como de los liderazgos burocr&aacute;ticos y de <i>inteligentsia</i> ind&iacute;gena dejan escaso margen al optimismo. Si bien se invoca la misma genealog&iacute;a en Spinoza para dar peso al t&eacute;rmino, la forma en que se trabaja no puede ser m&aacute;s contrastante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta multitud de potenciales tarascos o pur&eacute;pechas que habitan el sujeto sea voluntaria o a rega&ntilde;adientes, en que algunos tratan de monopolizarlo en beneficio propio y a nombre de todos y otros han rechazado sin &eacute;xito, constituye un excelente ejemplo del goce pol&iacute;tico en una distop&iacute;a. Y el goce no es simple placer sino la manera en que se vive y habita la relaci&oacute;n entre el objeto imposible de posesi&oacute;n y habitado, que en este caso es la del nuevo sujeto ind&iacute;gena, preconizado global, nacional y regionalmente por poderosos aparatos ideol&oacute;gicos del Estado y tecnolog&iacute;as de poder trasnacional. Frente a la utop&iacute;a del sujeto ind&iacute;gena hiper&#45;real o completo se afirma una condici&oacute;n dist&oacute;pica en tantos niveles de realidad como personas y situaciones se producen, mismas que son trabajadas por el autor en su discusi&oacute;n sobre Niveles &eacute;tnicos. La relaci&oacute;n del individuo con el grupo social es, por principio de cuentas, clara y respaldada por el derecho. Para que una persona sea parte del grupo debe no s&oacute;lo compartir rasgos culturales y marcadores &eacute;tnicos, sino que debe poder adscribirse libremente y ser reconocido por el mismo. Las condiciones reales de producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de la etnicidad son menos claras y se dan sobre relaciones sociales cambiantes. Para el caso mexicano se enmarcan en una serie de desplazamientos en los aparatos ideol&oacute;gicos del Estado, el surgimiento de tecnolog&iacute;as trasnacionales y procesos sociales regionales y locales. El m&aacute;s duro de todos es sin duda el criterio censal que pas&oacute; del hablante de lengua ind&iacute;gena al ind&iacute;gena &eacute;tnico&#45;por auto adscripci&oacute;n, mismo que se deriv&oacute; de un desplazamiento en la pol&iacute;tica: de un indigenismo integrador a la gesti&oacute;n &eacute;tnica del orgullo por la mera diferencia, que es sintom&aacute;tico del abandono de una ciudadan&iacute;a pol&iacute;ticamente igualitaria por una ciudadan&iacute;a culturalmente diferenciada. Y en estos desplazamientos aparecen diferentes actores sociales, tanto nuevos como duraderos, pugnando por hacerse del sentido de la historia y las formas de articular voluntades colectivas en ella. Actuarios y tecn&oacute;cratas debatiendo las formas de identificar n&uacute;meros confiables sobre ind&iacute;genas a trav&eacute;s de los instrumentos del INEGI, enfrentados a bur&oacute;cratas y l&iacute;deres en otras dependencias estatales y federales, debatiendo el hecho que no todos los que hablan lengua ind&iacute;gena se reconocen como sujetos &eacute;tnicos, mientras que hay quienes sin hablar lengua ind&iacute;gena si se reconocen como tales. En otro nivel tenemos gestores &eacute;tnicos y a la <i>inteligenstsia</i> ind&iacute;gena que se afana en definir y dictar sobre un imaginado "pueblo originario pur&eacute;pecha" en foros acad&eacute;micos, organizaciones de la sociedad civil y secretar&iacute;as estatales de asuntos ind&iacute;genas para ser desfondados por la contundente frase de unos modestos jornaleros: "somos tarascos porque hablamos pur&eacute;pecha". Tanto la elocuencia como la iron&iacute;a de la frase demanda la lectura del libro. No es posible dar una sola dimensi&oacute;n o nivel a la contundencia de este enunciado sin poner atenci&oacute;n a las condiciones y posiciones de su infelicidad, tanto para los jornaleros como para quienes hablan en nombre suyo, como al aparato estatal que reproducen. Los contrastes entre "nuevo indigenismo", "indianismo", "neo&#45;indigenismo", "postindigenismo" son claros frente a los viejos proyectos indigenistas del Estado posrevolucionario desarrollista y el dominante multiculturalismo neoliberal. Anta&ntilde;o fracas&oacute; la integraci&oacute;n y asimilaci&oacute;n en una ciudadan&iacute;a pol&iacute;tica igualitaria para el goce de derechos en el aparato desarrollista. Hoga&ntilde;o son los desprop&oacute;sitos de empoderamiento ps&iacute;quico en ausencia de mejoras materiales y goce respecto a la diferencia sin derechos universales pero en continua escisi&oacute;n por conflictos agrarios, violencia &eacute;tnica y compulsi&oacute;n a la indianizaci&oacute;n. En perspectiva no es posible tener nostalgia por el pasado ni celebrar nada del presente. De hecho son los mismos procesos de escisi&oacute;n y competencia entre poblaciones ind&iacute;genas por recursos estrat&eacute;gicos, tanto naturales en la forma de bosques, aguas y tierras, como ret&oacute;ricos en los &iacute;ndices de indianidad para la asignaci&oacute;n de presupuestos multiculturales los que hacen que algunos antrop&oacute;logos se disculpen y otros marquen su raya suspendiendo toda justificaci&oacute;n frente a la distop&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los seis ensayos del volumen nos dejan con una certeza espec&iacute;fica sobre cada debate al que contribuyen espec&iacute;ficamente. En cada uno se identifica un problema o contradicci&oacute;n respecto a la condici&oacute;n &eacute;tnica en el Michoac&aacute;n contempor&aacute;neo, los interlocutores con los que se traba discusi&oacute;n, los puntos contenciosos y la contribuci&oacute;n tentativa as&iacute; como el encuadre del problema. Sin embargo, la suma de ellos nos produce incertidumbre y v&eacute;rtigo respecto a la producci&oacute;n del sujeto ind&iacute;gena multicultural en la constante negaci&oacute;n del estado como garante de derechos individuales y colectivos para su disfrute, como la afirmaci&oacute;n empresarial no en competencia capitalista sino en depredadora apropiaci&oacute;n por despojo de recursos. La especulaci&oacute;n no es un efecto del mercado, sino de Estado enmascarada como justicia &eacute;tnica que no duda en pervertir el derecho positivo con el supuesto natural. Divorciado de la historia y maridado con el oportunismo empresarial, engendra territorios de excepci&oacute;n y exclusividad sobre una autocton&iacute;a imaginada pero proyectada con fuerza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los yernos est&aacute;n en una encrucijada no demasiado distinta del resto del mundo pero la viven dentro de condiciones hist&oacute;ricas, espaciales y estructurales espec&iacute;ficas. Yerno es la traducci&oacute;n literal de la voz "tarascue" y figurativamente se refiere al hecho que los l&iacute;deres de los se&ntilde;or&iacute;os michoacanos, al momento del contacto, entablaban alianzas por parentesco haciendo yernos a los extra&ntilde;os que reconociesen su autoridad. Hoy d&iacute;a se disputa el t&eacute;rmino pol&iacute;ticamente correcto para identificar a la poblaci&oacute;n que se ostenta como tarasca o pur&eacute;pecha, incluyendo los significados de ambas (yerno o macehual de manera correspondiente). No hay falta de razones para la confusi&oacute;n y quisiera se&ntilde;alar que, si bien en principio todos podemos ser a&uacute;n yernos, es menos claro qui&eacute;nes pueden ser los suegros y en ese caso cu&aacute;l es la ley del padre a que se someter&iacute;an. M&aacute;s que una digresi&oacute;n sicoanal&iacute;tica quiero subrayar el fin del trabajo productivo como condici&oacute;n dominante para defenestrar al padre real, simb&oacute;lico e imaginario. No hay m&aacute;s tata mand&oacute;n en figura hist&oacute;rica alguna, no hay ya un estado que promueva el desarrollo de vocaciones productivas, como tampoco hay l&iacute;mites al agandalle por recursos entre sociedades pol&iacute;tica y civil. Estamos pues ante una situaci&oacute;n en que todos podemos tomar, pero ya no es posible reciprocar por el hecho indudable que no estamos produciendo m&aacute;s all&aacute; de la distop&iacute;a en multitud.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Nota</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Multitud. Harvard University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=468591&pid=S1870-5472201100030000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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