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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Vallarta Marr&oacute;n, Jos&eacute; Luis, <i>Sin protocolo. Memorias y peripecias de un oscuro</i> <i>diplom&aacute;tico de carrera</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ricardo M&eacute;ndez&#45;Silva*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Porr&uacute;a&#45;UNAM, 2012, 219 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador en el Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los testimonios de una figura p&uacute;blica dan pistas para entender con mayores elementos la realidad que le toc&oacute; vivir como testigo y protagonista. El libro que nos ofrecen del embajador Jos&eacute; Luis Vallarta Marr&oacute;n, <i>Sin Protocolo,</i> con el subt&iacute;tulo <i>Memorias y Peripecias de un oscuro diplom&aacute;tico de carrera</i> es por principio de cuentas un ejercicio riguroso de modestia, por que quienes lo conocemos, su trayectoria lejos de haber sido oscurecida se distingue por una labor seria y comprometida con sus encargos. Lleg&oacute; al m&aacute;ximo nivel de la carrera del servicio exterior, embajador, por sus merecimientos y logros. Recuerdo una an&eacute;cdota relatada por Jaime Torres Bodet. Fue secretario particular de Jos&eacute; Vasconcelos pero cuando &eacute;ste perdi&oacute; las elecciones a la presidencia en 1929 y, sin rumbo profesional a la vista, acudi&oacute; a Genaro Estrada, canciller entonces, quien le dijo: "Si me trae Usted una recomendaci&oacute;n del General Calles lo hago embajador, si no tiene que presentar su examen de ingreso al servicio exterior". "Y muy ufano, dec&iacute;a don Jaime, present&eacute; mi examen, llegu&eacute; al puesto de Embajador y fui Secretario de Relaciones Exteriores". As&iacute; pues, por el mismo camino Vallarta arrib&oacute; al honroso puesto de embajador de la Rep&uacute;blica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo ennoblece la rememoraci&oacute;n amorosa de sus ra&iacute;ces, de sus padres y abuelos, de sus hermanos y la devoci&oacute;n cari&ntilde;osa por su esposa y sus hijas. Muy de pasada, sin presunciones, alude a su bisabuelo Ignacio L. Vallarta, luminaria jur&iacute;dica del siglo XIX. Es de anotarse que su ilustre ancestro fue secretario de relaciones exteriores de Porfirio D&iacute;az durante su primer periodo de gobierno y entre sus gestiones diplom&aacute;ticas se encontr&oacute; el tr&aacute;mite del reconocimiento por Washington, sin ceder a condicionamientos, lo que fue un antecedente de la Doctrina Estrada, medio siglo despu&eacute;s, proclamada en 1930. De Ignacio Luis Vallarta destaco seg&uacute;n mi preferencia el an&aacute;lisis que realiz&oacute; sobre los derechos de M&eacute;xico sobre Belice para oponerlo a las obcecadas pretensiones de la Gran Breta&ntilde;a. Ya es un acto de masoquismo referirnos a las p&eacute;rdidas territoriales. Con respecto a Belice los derechos hist&oacute;ricos de M&eacute;xico fueron vergonzosamente abandonados en 1893 con el Tratado Mariscal&#45;Spencer Saint John.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aprendemos en el libro en comento que Jos&eacute; Luis Vallarta ingres&oacute; a la Facultad de Derecho de nuestra UNAM en la sede actual del Pedregal de San &Aacute;ngel a los pocos a&ntilde;os de haber empezado a funcionar en 1954. Dedica un sentido reconocimiento a sus maestros por la formaci&oacute;n que recibi&oacute; en las aulas, significativamente, a la influencia de Cesar Sep&uacute;lveda que le hizo despertar su inter&eacute;s por el derecho internacional y su temprana vocaci&oacute;n profesional. Al lado del maestro Sep&uacute;lveda ubica a cuatro maestros de gran talla universitaria, perm&iacute;taseme abundar en uno de ellos que, sin exagerar, es el que dej&oacute; en m&iacute; una impronta imperecedera: don Juan P&eacute;rez Abreu y de la Torre profesor de Sociolog&iacute;a Jur&iacute;dica, a quien, a la menor provocaci&oacute;n rindo tributo de recordaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los relatos que nos obsequia el embajador sobre su recorrido en el servicio exterior van ganando en intensidad. La dificultad de escribir una rese&ntilde;a reside en seleccionar algunos pasajes entre el conjunto de episodios de inter&eacute;s a fin de motivar a los lectores. De los sucesos conocemos los desenlaces pero ni idea tenemos del entramado de las negociaciones, de los compromisos diplom&aacute;ticos para construir consensos, de la imaginaci&oacute;n de los diplom&aacute;ticos para tender puentes entre las posiciones antag&oacute;nicas en medio de intereses a menudo irreconciliables. Elogia gustoso y sin reservas a los grandes diplom&aacute;ticos con quienes colabor&oacute; y lo formaron con su ejemplo y ense&ntilde;anzas. El "self made man" no existe, somos la s&iacute;ntesis de lecciones, de ejemplos, de manos bondadosas que nos ayudan en el camino y que nosotros potenciamos con el sello de nuestro estilo original. De Alfonso Garc&iacute;a Robles dice: "Sus virtudes principales eran una inteligencia preclara, una gran experiencia, una cortes&iacute;a ilimitada y una paciencia infinita, apoyadas en una preparaci&oacute;n superior". Calificativos semejantes atribuye a otras personalidades como Francisco Cuevas Cancino, Jorge Casta&ntilde;eda y de la Rosa. A sus compa&ntilde;eros y colegas de generaci&oacute;n les rinde siempre justicia y no escatima los elogios dictados por una afectuosa objetividad, entre ellos Sergio Gonz&aacute;lez G&aacute;lvez, Antonio Gonz&aacute;lez de Le&oacute;n, Fernando Labastida &Aacute;lvarez, por ejemplo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con pertinencia diplom&aacute;tica externa sus juicios pero no abdica de la cr&iacute;tica. Manifiesta su descuerdo con la decisi&oacute;n del presidente Carlos Salinas de Gortari por haber sacado a M&eacute;xico del Grupo de los Setenta y Siete durante el sexenio en el que hab&iacute;amos accedido al Primer Mundo para jugar en las grandes ligas sobre todo cuando M&eacute;xico fue aceptado en la OCDE y se suscribi&oacute; el Tratado de Libre Comercio de la Am&eacute;rica del Norte. Opina el distinguido diplom&aacute;tico que no hubiera sido incompatible la membres&iacute;a en ambas instituciones, con un poco de habilidad y voluntad pol&iacute;tica, el pa&iacute;s se hubiera podido mantener en ambos foros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta tesitura manifiesta su desacuerdo con algunos embajadores, representantes ante organismos internacionales y uno que otro o una que otra titular de la Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores. Sus dardos m&aacute;s agudos dan en Santiago Roel, y no sin raz&oacute;n. Si se hiciera un concurso para determinar quien fue el peor canciller mexicano del siglo XX, no dudo que con ventaja y hasta por aclamaci&oacute;n ganar&iacute;a la medalla de oro este personaje, "abogado refresquero", seg&uacute;n el ep&iacute;teto que le endilga Vallarta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Destaco tres de las incontables remembranzas del embajador Vallarta. La primera relativa a las Olimpiadas del 1968 y el Apartheid. La delegaci&oacute;n de Sud&aacute;frica inscribi&oacute; para la gesta deportiva a un contingente compuesto exclusivamente de atletas blancos lo que motiv&oacute; la amenaza de los pa&iacute;ses del &Aacute;frica Negra con boicotear el evento, lo que pon&iacute;a en riesgo el lucimiento de los juegos con los que M&eacute;xico se presentaba en sociedad. En tiempos en los que ni la ciencia ficci&oacute;n so&ntilde;aba con la Internet, Vallarta hurg&oacute; en los archivos amarillentos de la Canciller&iacute;a, revisando antecedentes de resoluciones de los &oacute;rganos de Naciones Unidas, dio con la base argumental de las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad a Sud&aacute;frica por su pol&iacute;tica de discriminaci&oacute;n racial. La Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores, entonces a cargo de otro personaje estelar, don Antonio Carrillo Flores, elev&oacute; el planteamiento al Comit&eacute; Ol&iacute;mpico Internacional. Vallarta, en apego a su modestia proverbial, expresa que no sabe si sus ideas influyeron en la decisi&oacute;n de excluir a la Rep&uacute;blica Sudafricana de las Olimpiadas. Ah, y de pasada, no desaprovecha la oportunidad de darle un buen rasp&oacute;n a D&iacute;az Ordaz por su pol&iacute;tica represiva. "Yo recuerdo otro incidente sobre la misma tem&aacute;tica. En mi memoria se pierde el a&ntilde;o. M&eacute;xico organiz&oacute; un concurso de Miss Universo, creo que en Canc&uacute;n. Entre las beldades participantes desfilaba Margaret Gardiner &#151;esto s&iacute; lo retengo&#151; representante de Sud&aacute;frica y se levant&oacute; el revuelo en los medios de comunicaci&oacute;n, M&eacute;xico estaba violando las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU que entonces eran de amplitud total. Para colmo, Miss Sud&aacute;frica se hizo del cetro de Miss Universo, desconozco si el asunto lleg&oacute; a las alturas de Tlatelolco pero no hubo incidente diplom&aacute;tico alguno en esa oportunidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar subrayo la Resoluci&oacute;n 2625 (XXV) de 1970 pieza fundamental para conocer el derecho internacional positivo de nuestros d&iacute;as. Los pa&iacute;ses del Tercer Mundo, desde la Conferencia de Bandung de 1955 y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica con los aires de apertura de Nikita Jruschov hablaron de la doctrina de la convivencia pac&iacute;fica. Vallarta manifiesta que su experiencia m&aacute;s enriquecedora dentro de sus trabajos en Naciones Unidas fue precisamente su participaci&oacute;n en la elaboraci&oacute;n de la mencionada resoluci&oacute;n que oficialmente se llam&oacute; "Los Principios de Derecho Internacional referentes a las Relaciones de Amistad y a la Cooperaci&oacute;n entre los Estados de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas". Fue aprobada por la Asamblea General en el veinticinco aniversario de la Organizaci&oacute;n. En resumidas cuentas, tal como lo precisa el embajador Vallarta, la Resoluci&oacute;n persigui&oacute; esclarecer, afinar y consolidar los principios que recoge la Carta de San Francisco en el art&iacute;culo 2. Aprobada preliminarmente en la Sexta Comisi&oacute;n de la Asamblea por unanimidad, los Estados Unidos presentaron un proyecto urgiendo a los Estados miembros "a adecuar su pol&iacute;tica exterior y acciones internacionales en la medida de lo posible a los corolarios de la resoluci&oacute;n". El buen diplom&aacute;tico debe estar pendiente de los detalles, no dejarse enga&ntilde;ar por las malas intenciones recubiertas con piel de oveja y ser ducho en el arte de leer entre l&iacute;neas. Vallarta se opuso tajantemente a la iniciativa estadounidense puesto que la frase "en la medida de lo posible" abr&iacute;a una gigantesca salida de evacuaci&oacute;n para incumplir los se&ntilde;alamientos por medio de interpretaciones discrecionales. Nos ilustra Vallarta: "la Corte Internacional de Justicia en el asunto de los actos hostiles de los Estados Unidos contra Nicaragua fall&oacute; en 1986 que la hist&oacute;rica Declaraci&oacute;n 2625 (XXV) hab&iacute;a llegado a adquirir fuerza vinculante por la v&iacute;a consuetudinaria".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente aludo a su labor destacad&iacute;sima en el campo espec&iacute;fico pero basto y complejo del r&eacute;gimen revolucionario de los fondos marinos y oce&aacute;nicos, ubicado por supuesto en el contorno de la negociaci&oacute;n y confecci&oacute;n del nuevo derecho del mar cuya expresi&oacute;n m&aacute;xima es la Convenci&oacute;n de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, por sus siglas Convemar o Carta Magna de los Oc&eacute;anos como ha sido bautizada elegantemente por los estudiosos. Precedente capital de esta regulaci&oacute;n son, primeramente, el multicitado discurso del representante de Malta en la Asamblea General de la ONU en 1967 que propuso que el suelo y subsuelo submarino m&aacute;s all&aacute; de las jurisdicciones estatales fuera declarado herencia com&uacute;n de la humanidad, t&eacute;rmino cambiado por el de patrimonio com&uacute;n de la humanidad ya que en ingl&eacute;s, seg&uacute;n nos conf&iacute;a el autor, la palabra no correspond&iacute;a a satisfacci&oacute;n para la definici&oacute;n de un r&eacute;gimen jur&iacute;dico territorial. Y en segundo lugar la celebre Resoluci&oacute;n de 1970 de la Asamblea General que declar&oacute; una moratoria en los fondos marinos para impedir reivindicaciones territoriales de los Estados sobre estos espacios submarinos. Los reg&iacute;menes jur&iacute;dicos solo se parecen a los cuentos de hadas en los villanos y en las brujas, se lee un texto y uno queda convencido de estar frente a un final feliz vigente para toda la eternidad. El embajador Vallarta nos pone al tanto de los obcecados rechazos de los pa&iacute;ses avanzados al principio del patrimonio com&uacute;n de la humanidad a la hora de discutir la resoluci&oacute;n y que se trasladaron a la III Conferencia, al punto de que Estados Unidos persiste todav&iacute;a en su ac&eacute;rrima intransigencia a aceptar esta normatividad. Dentro de la III Conferencia don Jos&eacute; Luis Vallarta Marr&oacute;n fue elegido en virtud de sus m&eacute;ritos y trayectoria presidente del Grupo de Trabajo sobre la Preservaci&oacute;n del Medio Marino, hizo gala de talento y paciencia diplom&aacute;tica, recordando a Alfonso Garc&iacute;a Robles y sus otros mentores. Su destacada labor influy&oacute; para que Jorge Casta&ntilde;eda y de la Rosa cuando lleg&oacute; como canciller a "desfacer entuertos" lo ascendiera al nivel de embajador. Comenta que no estuvo presente en la &uacute;ltima fase de las negociaciones que se extendieron durante once a&ntilde;os, la diplomacia lo hab&iacute;a llevado a asumir otras responsabilidades. Uno de los miembros de la Delegaci&oacute;n me coment&oacute; que al momento de la firma de la Convenci&oacute;n en Montego Bay, Jamaica, se tribut&oacute; una calurosa aclamaci&oacute;n a la delegaci&oacute;n mexicana que hab&iacute;a destacado por su actividad negociadora y profesional, a no dudarlo, una parte de los aplausos ten&iacute;a dedicatoria para el buen trabajo del embajador Vallarta.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un amigo me coment&oacute; recientemente que en Alemania hicieron una curiosa investigaci&oacute;n para saber cu&aacute;les eran los secretos del talento de las personas reconocidas como las m&aacute;s inteligentes en distintos campos del saber, la singular b&uacute;squeda concluy&oacute; que uno de los ingredientes comunes en los cinco m&aacute;s destacados era que tocaban un instrumento musical. Creo que ese nivel superior no deriva solo de la sensibilidad y de la inspiraci&oacute;n sino del trabajo de la mente conforme a una disciplina distinta a la que exigen otras aplicaciones de la inteligencia. Y sucede que el embajador es un notable violinista como puede verse en una fotograf&iacute;a de la p&aacute;gina 142 en un recital en uni&oacute;n de su nieta. As&iacute;, inteligencia, sensibilidad y car&aacute;cter han definido una vida fruct&iacute;fera y luminosa, que no obscura. Vallarta le ha hecho honor a los tres elementos del Tr&iacute;pode Vital que nos ense&ntilde;&oacute; nuestro inolvidable maestro Juan P&eacute;rez Abreu y de la Torre hace muchos ayeres.</font></p>      ]]></body>
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