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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Vargas, Jorge A., <i>M&eacute;xico and the Law of the Sea: Contributions and Compromises</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alfonso Ascencio Herrera, Gabriel Ferrer Ortega</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Leiden&#45;Boston, Martinus Nijhoff Publishers, 2011, 544 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El juez Sep&uacute;lveda escribi&oacute; "... dentro de la formulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica exterior mexicana, los asuntos del mar deben constituir un cap&iacute;tulo especial".<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese horizonte navega la obra del doctor Vargas,<sup><a href="#notas">2</a></sup> que aspira a que M&eacute;xico sea un "pa&iacute;s marino" y que incorpore a los oc&eacute;anos como parte vital de la trasformaci&oacute;n social, cultural, cient&iacute;fica, tecnol&oacute;gica y econ&oacute;mica del pa&iacute;s (pp. 483&#45;84).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra de Vargas est&aacute; estructurada en secciones introductorias y seis cap&iacute;tulos sustantivos que versan sobre diversos temas para concluir con un ap&eacute;ndice con <i>Recomendaciones para el Futuro</i><a href="#notas"><sup>3</sup></a> y una vasta bibliograf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer apartado se sumerge en lo que el autor denomina como "cap&iacute;tulo marino", contenido en los art&iacute;culos 27, 42 y 48 de nuestra Constituci&oacute;n, abordando las discusiones doctrinarias de la "propiedad" sobre las "aguas" del mar territorial y el "dominio directo" de todos los recursos naturales de la plataforma continental. La balanza se inclina a favor de internacionalistas como C&eacute;sar y Bernardo Sep&uacute;lveda, quienes han expuesto que la idea de propiedad o <i>dominium,</i> relacionada con el derecho privado, no es suficiente para aclarar el alcance real de los derechos que ejerce el Estado ribere&ntilde;o, en virtud de que son justamente los enfoques ligados al <i>ius imperium</i> los que explican de mejor manera la titularidad y autoridad sobre los espacios marinos. Vargas encuentra el enfoque constitucional centrado en la "propiedad" como contrario al derecho internacional, en lo que se refiere a las aguas interiores, mar territorial y plataforma continental, argumentando que el Estado ejerce "derechos de soberan&iacute;a" para la exploraci&oacute;n y explotaci&oacute;n de los recursos naturales y, por tanto, la Constituci&oacute;n deber&iacute;a ser reformada (pp. 38&#45;9).<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo segundo se refiere a las zonas marinas mexicanas y su r&eacute;gimen conforme a la Ley Federal del Mar (LFM), formulada con el objetivo de poner en "simetr&iacute;a" a la legislaci&oacute;n interna con la Convemar, instrumento de importancia estrat&eacute;gica para M&eacute;xico que, tal como lo sostiene el autor, su negociaci&oacute;n revela uno de los momentos m&aacute;s brillantes de la diplomacia mexicana. Vargas apunta que la LFM brind&oacute; una triple oportunidad: <i>i)</i> codifica, actualiza y sistematiza los m&uacute;ltiples instrumentos que de manera fragmentaria atienden los usos y actividades en los oc&eacute;anos; ii) intenta dotar de cierta uniformidad jur&iacute;dica a la terminolog&iacute;a relacionada con cuestiones del derecho del mar, y <i>iii)</i> cumple con la Convemar. El autor detalla los componentes de la LFM, incluyendo sus aspectos innovadores. Posteriormente, trata cada una de las zonas marinas nacionales, y, al referirse a las "aguas marinas interiores" destaca la progresiva "mexicanizaci&oacute;n" del Golfo de California,<sup><a href="#notas">5</a></sup> la cual culmina con el advenimiento de la ZEE (pp. 74&#45;86). Adem&aacute;s de analizar con cuidado al mar territorial, zona contigua y zona econ&oacute;mica exclusiva, subraya el valor energ&eacute;tico de la plataforma continental en el Golfo de M&eacute;xico y confiere especial atenci&oacute;n al Tratado entre M&eacute;xico y Estados Unidos de 2000 mediante el cual se delimit&oacute; la plataforma continental m&aacute;s all&aacute; de las 200 millas n&aacute;uticas en el denominado "Pol&iacute;gono Occidental".<sup><a href="#notas">6</a></sup> Concluye el cap&iacute;tulo con sentimientos opuestos: por un lado, celebra lo que considera los objetivos primordiales de la LFM, y por el otro, lamenta que a la fecha no se ha emitido el reglamento respectivo, tal como lo se&ntilde;ala repetidamente su propio articulado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer cap&iacute;tulo constituye una reflexi&oacute;n sobre el origen y naturaleza jur&iacute;dica del concepto de la ZEE.<sup><a href="#notas">7</a></sup> En ese cap&iacute;tulo, el autor insiste en el car&aacute;cter <i>sui generis</i> de la ZEE se&ntilde;alando que dicho espacio no corresponde ni al mar territorial, ni tampoco a altamar (p. 129), y que su reconocimiento en el plano internacional constituye uno de los triunfos diplom&aacute;ticos m&aacute;s importantes de los pa&iacute;ses en desarrollo logrados a lo largo del siglo XX.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Con esa l&oacute;gica, el autor narra el desarrollo del concepto y da cuenta del papel pionero de los Estados latinoamericanos.<sup><a href="#notas">9</a></sup> En la obra se destaca que, ante la proximidad del inicio de la III CONFEMAR, es justamente en la Conferencia y Declaraci&oacute;n de Santo Domingo de 1972 donde se acu&ntilde;a el concepto de "mar patrimonial" el cual representa el anclaje de lo que posteriormente se denomin&oacute;, a iniciativa particularmente de los Estados de &Aacute;frica, como ZEE en la Convenci&oacute;n de 1982.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto cap&iacute;tulo aborda extensamente dos temas: i) el proceso interno e internacional que condujo a M&eacute;xico a establecer la ZEE mediante un Decreto de 1976, y ii) la delimitaci&oacute;n mar&iacute;tima con terceros Estados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al primer tema, el autor advierte que M&eacute;xico emprendi&oacute; en 1976 un "riesgo calculado", bas&aacute;ndose en documentos preliminares de la III CONFEMAR, en virtud de una norma de derecho internacional consuetudinario originada de un proceso de formaci&oacute;n "instant&aacute;neo" (pp. 205, 207, 210&#45;11).<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo examina tambi&eacute;n las delimitaciones mar&iacute;timas entre M&eacute;xico y sus vecinos; a saber y en ese orden: Estados Unidos, Cuba, Honduras. Menciona como temas pendientes la delimitaci&oacute;n con Guatemala y con Belice. En lo que toca a Estados Unidos, resalta la importancia de la utilizaci&oacute;n de las islas como puntos base, tanto en el Golfo de M&eacute;xico como en el Pacifico.<sup><a href="#notas">11</a></sup> Respecto a la delimitaci&oacute;n con Cuba, el autor se refiere al intercambio de Notas de 1976, que constituye un acuerdo entre ambos gobiernos para fijar los l&iacute;mites exteriores de la ZEE, celebrado tan solo tres semanas despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del Decreto de 1976.<sup><a href="#notas">12</a></sup> En cuanto a Honduras, el autor evoca los or&iacute;genes de su negociaci&oacute;n que se remontan a 2003 en el marco de la descontinuada Conferencia del Caribe sobre Delimitaci&oacute;n Mar&iacute;tima y a la propuesta formulada por M&eacute;xico de febrero de 2005, aceptada r&aacute;pidamente por Honduras suscribi&eacute;ndose dos meses despu&eacute;s el tratado en Tegucigalpa.<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor abre el cap&iacute;tulo quinto se&ntilde;alando atinadamente que "el r&eacute;gimen jur&iacute;dico que actualmente rige la conducta de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica (ICM) en zonas bajo la soberan&iacute;a o jurisdicci&oacute;n del Estado ribere&ntilde;o se ubica entre las cuestiones m&aacute;s innovadoras y delicadas que se incorporaron al <i>corpus</i> moderno del derecho del mar" (p. 281). Preludiado de extensos estudios hist&oacute;ricos, Vargas describe el nuevo r&eacute;gimen de la ICM, incorporado en la Parte XIII de la Convemar, que intenta privilegiar el consentimiento del Estado costero y no diferencia <i>prima facie</i> la investigaci&oacute;n "fundamental" y la "aplicada",<sup><a href="#notas">14</a></sup> cuya separaci&oacute;n es m&aacute;s tenue frente a las investigaciones con fines biotecnol&oacute;gicos.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, el autor intenta contribuir al marco te&oacute;rico y conceptual de la ICM distinguiendo lo que llama el "r&eacute;gimen del consentimiento soberano" aplicado en las aguas interiores y el mar territorial del "r&eacute;gimen de consentimiento convencional" respecto a la ZEE y la plataforma continental (p. 341).<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vargas cr&iacute;tica severamente la existencia del cobro de derechos a extranjeros por la colecta de recursos marinos (pp. 517&#45;18); no obstante, ello merece en el futuro un an&aacute;lisis detallado m&aacute;s all&aacute; de la simplificaci&oacute;n del problema.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sexto y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo se&ntilde;ala que "M&eacute;xico es un pa&iacute;s de islas" de gran importancia hist&oacute;rica, diplom&aacute;tica y cient&iacute;fica; sin embargo, lamenta que en la realidad se encuentran gravemente olvidadas y sin articularse al desarrollo econ&oacute;mico y comercial de la naci&oacute;n (pp. 405 y 412). Por otro lado, critica la ambig&uuml;edad del art&iacute;culo 48 de la Constituci&oacute;n en torno a qu&eacute; islas, cayos y arrecifes dependen de la Federaci&oacute;n y cu&aacute;les a la jurisdicci&oacute;n de las entidades federativas como una causa de afectaci&oacute;n al desarrollo econ&oacute;mico insular.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Vargas advierte que el t&eacute;rmino "isla"<sup><a href="#notas">18</a></sup> es de car&aacute;cter jur&iacute;dico y que la posibilidad de generar zonas marinas amplias les confiere suma importancia, lo cual ha sido aprovechado por M&eacute;xico y Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe resaltar que la inclusi&oacute;n del t&eacute;rmino "roca" utilizado en la LFM &#151;que no est&aacute; definido en la Convemar&#151; ha sido criticado en la doctrina mexicana,<sup><a href="#notas">19</a></sup> por lo que consideramos que no es deseable definirlo, en contraposici&oacute;n a lo que se&ntilde;ala el autor en su "catalogo informal de islas mexicanas" (pp. 490&#45;507).<sup>20</sup> Por otro lado, en ese cap&iacute;tulo se rese&ntilde;an algunas controversias internacionales: i) negociaciones con Estados Unidos respecto a Cayo Arenas y Arrecife Alacr&aacute;n; ii) arbitraje de <i>Clipperton; (iii)</i> "Islas del Canal de California" o las "Islas del Archipi&eacute;lago del Norte", y (iv) incidente de las Islas Coronado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como conclusiones a la presente rese&ntilde;a, si bien existen pasajes repetitivos y puntos a explorar en una segunda edici&oacute;n &#151;entre ellos la participaci&oacute;n de M&eacute;xico en la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos&#151;,<sup><a href="#notas">21</a></sup> el libro de Vargas, de tintes monumentales, constituye referencia obligada para diplom&aacute;ticos y funcionarios mexicanos, as&iacute; como para especialistas en la materia, por tres razones principales que cruzan de manera transversal la obra: i) el libro tiene un incuestionable valor como referencia del proceso hist&oacute;rico de M&eacute;xico asociado al derecho del mar y a los oc&eacute;anos de innegable utilidad en el c&iacute;rculo gubernamental y acad&eacute;mico; ii) adem&aacute;s de presentar una visi&oacute;n detallada del entorno jur&iacute;dico mexicano, el autor lamenta la falta de reglamentaci&oacute;n de la LFM y del territorio insular mexicano, y iii) aspira a que la naci&oacute;n persiga una vocaci&oacute;n y filosof&iacute;a "marinas". Cierra con el anhelo por el que se cristalice una nueva "educaci&oacute;n marina" como un elemento toral de la trasformaci&oacute;n social, cultural, cient&iacute;fica, tecnol&oacute;gica y econ&oacute;mica de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Sep&uacute;lveda Amor, Bernardo, "Derecho del Mar. Apuntes sobre el sistema legal mexicano", <i>Foro Internacional,</i> vol. XIII, octubre&#45;diciembre de 1972, p. 233.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La &uacute;ltima obra monogr&aacute;fica en M&eacute;xico sobre el tema se public&oacute; hace m&aacute;s de quince a&ntilde;os: G&oacute;mez&#45;Robledo Verduzco, Alonso, <i>Derecho del mar,</i> M&eacute;xico, McGraw&#45;Hill, 1997.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Al final del cap&iacute;tulo sexto figura el documento 6.4 con once recomendaciones para fomentar la cooperaci&oacute;n entre M&eacute;xico y Estados Unidos en el &aacute;mbito cient&iacute;fico y capacitaci&oacute;n en cuestiones oce&aacute;nicas. Al respecto, se recomienda que para una segunda edici&oacute;n se reubiquen esas recomendaciones, ya que poco tienen que ver con el tema del sexto cap&iacute;tulo que aborda el problema de las islas mexicanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Aunque es cierto que la noci&oacute;n de "propiedad" es cuestionable, la conclusi&oacute;n respecto al ejercicio de "derechos soberanos" tiende a obscurecer el concepto de soberan&iacute;a plasmado en el mar territorial y en aguas interiores. En cuanto a la plataforma continental, aunque la observaci&oacute;n de Vargas es acorde a lo previsto por los art&iacute;culos 76 y 77 de la Convemar (ver adem&aacute;s: <i>Dispute concerning delimitation of the maritime boundary between Bangladesh and Myanmar in the Bay of Bengal (Bangladesh/Myanmar),</i> case no. 16, ITLOS, p&aacute;rr. 455), se estima que el calificar el texto constitucional como contrario al derecho de gentes va demasiado lejos, sobre todo si se toma en cuenta que tanto la Exposici&oacute;n de Motivos a las Reformas de 1960, como la Ley Federal del Mar, reglamentaria de dichos art&iacute;culos constitucionales, y la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n (Amparo en Revisi&oacute;n 288/2010, Tesis Aislada, 2a. LXXX/2010, Semanario de la Suprema Corte de Justicia y su Gaceta, novena &eacute;poca, segunda sala, XXXII, agosto 2010, p. 461) han procurado conciliar el significado del texto constitucional con la terminolog&iacute;a del derecho internacional, fijando, para efectos internos, su equivalencia mutua. El propio autor cita (p. 54) a don Antonio G&oacute;mez Robledo, quien se&ntilde;alaba que es palpable una continua interacci&oacute;n entre la legislaci&oacute;n interna y los tratados internacionales, por lo que no puede formarse cabalmente una idea de la primera sin la inspecci&oacute;n del derecho internacional. G&oacute;mez Robledo, Antonio, <i>El derecho del mar en la legislaci&oacute;n mexicana (sinopsis hist&oacute;rico&#45;evolutiva),</i> M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores, 1974, p. 81.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> El autor dedica un espacio extenso a los antecedentes y contexto hist&oacute;rico de la aplicaci&oacute;n del sistema de l&iacute;neas de base rectas en el Golfo de California y a la protesta diplom&aacute;tica de Estados Unidos formulada en 1969. Vargas concluye que, si bien la aplicaci&oacute;n de dicho sistema no es perfecta, se ajusta en lo general al derecho internacional. Esta aseveraci&oacute;n habr&iacute;a de confrontarla, a su vez, con un an&aacute;lisis de la pr&aacute;ctica contempor&aacute;nea de los Estados a 30 a&ntilde;os de adoptada la Convemar: v&eacute;ase Schofield, Clive, "Departures from the Coast: Trends in the Application of Territorial Sea Baselines under the Law of the Sea", <i>International Journal of Marine and Coastal Law,</i> 27, 2012, Nijhoff, Leiden, pp. 723&#45;732.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Hubiese sido deseable que detallara con m&aacute;s profundidad el proceso que M&eacute;xico sigui&oacute; en su primera presentaci&oacute;n parcial respecto al Pol&iacute;gono Occidental ante la Comisi&oacute;n de L&iacute;mites de la Plataforma Continental (CLPC). Cabe se&ntilde;alar que en diciembre de 2011, M&eacute;xico someti&oacute; a la CLPC su segunda presentaci&oacute;n parcial, ahora respecto al "Pol&iacute;gono Oriental" en el Golfo de M&eacute;xico. Debido a la carga de trabajo que experimenta la CLPC, se espera que trascurran algunos a&ntilde;os antes de que se emitan las recomendaciones del caso sobre esas &aacute;reas submarinas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Vargas indica que la ZEE, as&iacute; como la "Zona" &#151;cuyos recursos forman parte del Patrimonio Com&uacute;n de la Humanidad&#151; son las instituciones modernas en el derecho del mar contempor&aacute;neo (pp. 127 y 174).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> El autor menciona que el concepto va aparejado a sus necesidades de utilizaci&oacute;n de los recursos marinos en los mares adyacentes a fin de promover su desarrollo econ&oacute;mico y social (p. 128).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> En la obra se se&ntilde;ala que si bien M&eacute;xico fue una pieza importante en el proceso de formulaci&oacute;n y refinamiento del contenido normativo del concepto, particularmente en la Conferencia de Santo de Domingo (p. 152), opt&oacute; seguir una ruta de mayor cautela y no emprender "aventuras mar&iacute;timas de naturaleza jur&iacute;dica" (pp. 136&#45;37) hasta asegurarse que la aceptaci&oacute;n internacional de la nueva zona marina era ya una realidad irreversible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> El invocar el derecho consuetudinario instant&aacute;neo resulta problem&aacute;tico, habida cuenta que el autor se refiere a la pr&aacute;ctica de varios Estados para justificar la formaci&oacute;n de una norma (pp. 209&#45;10). Una mejor hip&oacute;tesis es que la consagraci&oacute;n se dio por "la v&iacute;a de una vertiginosa formaci&oacute;n de una nueva costumbre internacional" o seguida de un proceso de "pr&aacute;ctica acelerada". V&eacute;ase a Higgins, Rosalyn, <i>Problems and Process: International Law and How We Use It,</i> Oxford, Clarendon Press, 1994, p. 23; Anthea Elizabeth Roberts, "Traditional and Modern Approaches to Customary International Law: a Reconciliation", 95 <i>AJIL,</i> 2001 pp. 759 y 760; Sz&eacute;kely, Alberto, <i>Derecho del Mar,</i> M&eacute;xico, UNAM, 1991, p. 29. Particularmente Higgins cita la opini&oacute;n disidente del juez Tanaka en el <i>South West Africa Case</i> y se refiere posteriormente de modo espec&iacute;fico a la ZEE.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> La obra suministra los pormenores del Acuerdo Provisional de 1976 y el Tratado de L&iacute;mites del 4 de mayo de 1978, el cual entr&oacute; en vigor despu&eacute;s de casi una veintena de a&ntilde;os (13 de noviembre de 1997), ante la reticencia del Senado estadounidense.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> El autor indica que la l&iacute;nea de delimitaci&oacute;n corre a lo largo de 352 millas n&aacute;uticas partiendo del Mar Caribe a trav&eacute;s del Canal de Yucat&aacute;n, cuya importancia estrat&eacute;gica para la navegaci&oacute;n mar&iacute;tima merecer&iacute;a para una segunda edici&oacute;n un an&aacute;lisis de su naturaleza <i>vis&#45;&agrave;&#45;vis</i> la Convemar, a fin de clasificarlo dentro de los estrechos a los que no se aplica la Parte III de la Convenci&oacute;n y, por ende, el concepto de "Paso en Tr&aacute;nsito". Ver art&iacute;culo 36 de la Convemar y L&oacute;pez Mart&iacute;n, Ana G., <i>International Straits: Concept, Classification and Rules of Passage,</i> Springer, 2010, pp. 82&#45;85 y especialmente p. 88.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Hubiera sido conveniente enunciar la protesta de Guatemala en contra de ese Tratado (v&eacute;ase <i>Law of the Sea Bulletin,</i> n&uacute;m. 71, 2010, p. 46). Tambi&eacute;n ser&iacute;a deseable un an&aacute;lisis del aparente "efecto pleno" dado a las Islas del Cisne de Honduras, formaciones de 1.5 millas de ancho ubicadas a casi 100 millas n&aacute;uticas del litoral hondure&ntilde;o. Para ello podr&iacute;a valerse de la jurisprudencia internacional y la pr&aacute;ctica reciente de Estados de la regi&oacute;n del Caribe, a la luz de la celebraci&oacute;n en 2012 del Tratado de delimitaci&oacute;n Cuba&#45;Honduras en el que, aparentemente, se les confiri&oacute; &uacute;nicamente un "efecto parcial". <i>Cfr.</i> Prescott, Victor y Schofield, Clive, <i>The Maritime Political Boundaries of theWorld,</i> 2a. ed., Nijhoff, 2005, p. 349, y <i>Anglo&#45; French Continental Shelf Arbitration 54ILR,</i> p&aacute;rr. 200, en el que se otorga un efecto parcial o medio <i>(half effect)</i> a las Islas Scilly; <i>Case Concerning the Continetal Shel (Libya/T&uacute;nez)</i> ICJ Reports, 1982, p&aacute;r. 225, en el que se dota de medio efecto <i>(haf effect)</i> a las Islas Kerkennah., y <i>Maritime Delimitation in the Black Sea (Romania</i> v<i>.Ukraine)</i>, Judgment, I.C.J. Reports 2009, p&aacute;rr. 149; en el que la Corte descont&oacute; a la Isla de las Serpientes para los efectos de la l&iacute;nea de delimitaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> V&eacute;ase art&iacute;culo 246(3) y 5(a) de la Convemar, adem&aacute;s Nordquist, Myron H. (ed.), <i>United Nations Convention on the Law of the Sea: A Commentary,</i> vol. IV, Nijhoff, Dordrecht, 1991, p. 553. Cabe se&ntilde;alar que M&eacute;xico expres&oacute; durante las negociaciones de la III CONFEMAR que la <i>distinci&oacute;n entre investigaci&oacute;n fundamental e investigaci&oacute;n aplicada era artificial, en tanto que no eran sino dos nociones que correspond&iacute;an a diferentes fases del mismo proceso.</i> De manera interesante el autor plantea una "relaci&oacute;n estrecha" poco observada en la doctrina y pr&aacute;ctica entre el r&eacute;gimen de la ICM y la Parte XIV de la Convemar que trata sobre el Desarrollo y Transmisi&oacute;n de la Tecnolog&iacute;a Marina (p. 332); sobre ambas cuestiones ver G&oacute;mez&#45; Robledo Verduzco, Alonso. "R&eacute;gimen Jur&iacute;dico de la Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica Marina", <i>Temas selectos de derecho internacional,</i> UNAM, 1999, pp. 409 y 411.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Esta distinci&oacute;n que no est&aacute; expresamente incluida en los "siete principios" que rigen la ICM conforme al art&iacute;culo 22 de la LFM, pero s&iacute; en una publicaci&oacute;n de la Secretar&iacute;a de Relaciones Exteriores (SRE) titulada <i>Normatividad para la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica por extranjeros en zonas marinas mexicanas</i> de 1999, aparentemente no se aplica en la pr&aacute;ctica administrativa mexicana, a diferencia de pa&iacute;ses como Jap&oacute;n que en principio proh&iacute;ben la colecta de especies marinas en el mar territorial. Esta falta de distinci&oacute;n se acent&uacute;a en vista de que la Embajada de Estados Unidos suele remitir solicitudes de autorizaci&oacute;n de ICM respecto a "aguas mexicanas", sin precisar la zona marina en que se ejecutar&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Particularmente las colectas podr&iacute;an tener "importancia directa para la exploraci&oacute;n y explotaci&oacute;n de los recursos naturales vivos" en t&eacute;rminos de art&iacute;culo 249(5)(a) de la Convenci&oacute;n. Siguiendo esa l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n y teniendo en cuenta conjuntamente el art&iacute;culo 249(2), parecer&iacute;a que el Estado costero guarda cierto margen para fijar condiciones establecidas por sus leyes y reglamentos para el ejercicio de la facultad discrecional de dar o rehusar su consentimiento, lo que podr&iacute;a incluir el cobro de derechos, aunado a que es una realidad el potencial comercial de la biotecnolog&iacute;a marina en industrias como la farmac&eacute;utica. No hay que olvidar que M&eacute;xico es parte del Convenio sobre la Diversidad Biol&oacute;gica de 1992 (CDB) que se&ntilde;ala en su art&iacute;culo 15(1) que "la facultad de regular el acceso a los recursos gen&eacute;ticos incumbe a los gobiernos nacionales y est&aacute; sometida a la legislaci&oacute;n nacional." Se ha argumentado que una manera viable de instrumentar tanto la Convemar como el CDB, es justamente a trav&eacute;s de su armonizaci&oacute;n a nivel nacional; <i>cfr.</i> Cataldi, G., "Biotechnology and Marine Biogenetic Resources: The Interplay Between UNCLOS and the CBD", en Francioni, Francesco y Scovazzi, Tullio, <i>Biotechnology and International Law,</i> Oxford, Hart Publishing, 2006, pp. 99&#45;109, en particular p. 101.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> El autor esgrime podr&iacute;a solucionarse mediante una ley reglamentaria de los art&iacute;culos 42 y 48. Posterior a la publicaci&oacute;n de la obra del doctor Vargas apareci&oacute;, en febrero de 2012, la <i>Estrategia Nacional para la Conservaci&oacute;n y el Desarrollo Sustentable del Territorio Insular (cfr.</i> p. 438), la cual es el fruto del trabajo interstitucional de varios actores, incluyendo la Semarnat, la Segob y la Semar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Aunque el autor encuentra inconsistencias en la terminolog&iacute;a entre "islas", "cayos" y arrecifes" (pp. 445&#45;446 y 482), se estima que no es pertinente tratar de extraer conclusiones de car&aacute;cter legal en vista de lo expresado en 2007 por la Corte Internacional de Justicia en el <i>Caso Nicaragua v. Honduras,</i> en la que se&ntilde;al&oacute; que formaciones mar&iacute;timas como Cayo Bobel, entre otros, corresponden a la definici&oacute;n jur&iacute;dica de "isla" conforme al art&iacute;culo 121(1) de la Convemar y que, por ende, la Corte los llamar&iacute;a "islas", <i>Case concerning Territorial and Maritime Dispute between Nicaragua and Honduras in the Caribbean Sea</i> (Nicaragua v. Honduras), sentencia del 8 octubre de 2007, p&aacute;rr. 137.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> V&eacute;ase G&oacute;mez Robledo V., Alonso, "M&eacute;todos de delimitaci&oacute;n en Derecho internacional del mar y problema de las islas", <i>Bolet&iacute;n Mexicano de Derecho Comparado,</i> n&uacute;m. 93, septiembre&#45;diciembre de 1998, p. 679. Dicho jurista se&ntilde;ala: "al transcribir fidedignamente lo prescrito en la Convenci&oacute;n de 1982 sobre Islas y Rocas, est&aacute; comprometiendo seriamente nuestras reivindicaciones sobre dichas figuras mar&iacute;timas... El problema reside lisa y llanamente en que, con excepci&oacute;n de M&eacute;xico, ning&uacute;n otro pa&iacute;s establece en absoluto una distinci&oacute;n entre las diferentes categor&iacute;as de islas, ni entre &eacute;stas y las rocas, ni entre las rocas aptas para mantener habitaci&oacute;n o vida econ&oacute;mica, y rocas no aptas a tales fines".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Relacionado con ello, resulta poco claro en que por un lado, llame a "Los Alijos" islas (p. 476) y que por otro, los incluya en una categor&iacute;a de "no islas" (p. 504). Ser&iacute;a &uacute;til que en una segunda edici&oacute;n dedique m&aacute;s espacio a esa cuesti&oacute;n, examin&aacute;ndola en el contexto de la jurisprudencia y pr&aacute;ctica internacionales en la materia. En ese sentido veas pr&aacute;ctica, <i>&iacute;nter alia,</i> de: Australia <i>(Heard Island</i> y <i>McDonald Island),</i> Francia <i>(Clipperton</i> y <i>Kerguelen),</i> Jap&oacute;n <i>(Okinotorishima),</i> Ucrania <i>(Serpents' Island).</i> V&eacute;ase tambi&eacute;n Schofield, Clive, "The Trouble with Islands:The Definition and Role of Islands and Rocks in Maritime Boundary Delimitation", en Hong, Seoung&#45;Yong y Van Dyke, John M., <i>Maritime Boundary Disputes, Settlement Processes, and the Law of the Sea,</i> Nijhoff, Leiden, 2009; pp. 27&#45;31</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Sobre la Autoridad v&eacute;ase <i>Responsibilities and obligations of States sponsoring persons and entities with respect to activities in the Area</i> (Request for Advisory Opinion submitted to the Seabed Disputes Chamber), Case No. 17, ITLOS, y Lodge, Michael, "The Common Heritage of Mankind", <i>International Journal of Marine and Coastal Law,</i> 27, 2012, pp. 733&#45;742.</font></p>      ]]></body>
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